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Dia de Entrenamiento
Adarel
Rango Genin
Clan Hyuga
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra85(4)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu9
Sigilo9
340
460
Enlace al Post
19-07-2026, 02:32 AM
El sol de la tarde caía con plomo sobre los tejados de la zona comercial de Konoha, tiñendo las calles empedradas de un tono anaranjado y denso. Adarel avanzaba entre la multitud con su habitual paso medido y silencioso, manteniendo una postura impecable que denotaba la rigidez propia de su cuna. A su alrededor, el bullicio de los mercaderes pregonando telas y el aroma a comida callejera inundaban el ambiente, pero el joven Hyūga permanecía ajeno a las distracciones, cruzando los brazos bajo su chaleco con una expresión de sutil suficiencia. Para alguien que apreciaba el silencio, el ajetreo del distrito comercial era un mal necesario, un espacio que transitaba con paso firme pero sin menor intención de demorarse más de lo estrictamente requerido.

Al alcanzar una esquina más despejada, protegida por el alero de una tienda de vasijas de barro, Adarel se detuvo. Deslizó los dedos con parsimonia en uno de los bolsillos de su indumentaria y extrajo una de sus valiosas cajetillas. Con un movimiento fluido y ensayado, encendió uno de sus cigarrillos premium. Dio una primera calada profunda, permitiendo que el reconfortante aroma a cedro inundara sus sentidos antes de soltar una densa nube de humo gris que se disipó lentamente en el aire caliente de la tarde. Sosteniendo el cigarrillo entre los dedos, observó el flujo de personas con sus ojos claros, disfrutando de ese breve instante de aislamiento en medio del desorden.

—Buenas tardes, joven Hyūga —dijo una voz anciana a su costado. Era el dueño de la tienda de vasijas, un hombre mayor de ropas gastadas que acomodaba unos cuencos en el mostrador exterior—. Veo que el calor no parece afectarle. ¿Va de camino a una misión?

Adarel desvió la mirada hacia el civil de manera pausada. Su rostro no mostró emoción alguna, manteniendo la distancia formal que consideraba adecuada, aunque suavizó apenas el tono para no resultar innecesariamente descortés.

—Buenas tardes —respondió el Genin, exhalando un último hilo de humo—. No hay misión hoy. Simplemente me dirijo a los campos del clan. Procure mantener la arcilla a la sombra; el sol directo agrietará el acabado antes de que pueda venderlas.

Sin esperar una respuesta prolongada, Adarel le dio una sutil inclinación de cabeza a modo de despedida y continuó su marcha, dejando atrás al comerciante que asentía pensativo. Apagó la colilla del cigarrillo con cuidado antes de arrojarla en un contenedor y apresuró el paso, alejándose por fin del ruido comercial hacia las zonas más reservadas y solemnes de la aldea.

Minutos después, cruzó el umbral del dojo de entrenamiento. El marcado contraste del silencio y el olor a madera pulida le devolvieron de inmediato su centro. Sin perder tiempo en contemplaciones superfluas, Adarel se despojó de sus accesorios exteriores y tomó posición en el centro del tatami. Durante las siguientes horas, se enfocó por completo en una intensa sesión de práctica. Sus movimientos se volvieron una coreografía de precisión quirúrgica, ejecutando ráfagas de golpes y desplazamientos rápidos que hacían zumbar el aire del recinto. Estuvo entrenando sin descanso, puliendo los ángulos de su técnica y midiendo la velocidad de su respuesta física hasta que el sudor comenzó a correr por su frente y sus músculos exigieron un respiro.

Una vez terminada la extenuante jornada, Adarel recogió sus pertenencias con la misma parsimonia de siempre. Salió del dojo con el cuerpo cansado pero la mente en perfecta calma, dispuesto a buscar un rincón verdaderamente solitario en los lindes de la aldea para encender un último cigarrillo antes de que la noche cayera por completo.
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