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¿Quién ha hecho llorar al crío? [priv.Yocko y Arako]
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
15-07-2026, 10:14 PM
Última modificación: 19-07-2026, 10:18 AM por Issei.
32 de Verano del 150

El silencio de aquella casa me estaba resultando insoportable. Un pergamino permanecía abierto sobre la mesa desde hacía más de una hora, aunque ya había terminado de leerlo varias veces. No necesitaba volver a recorrer aquellas líneas para recordarlas; las conocía de memoria. Cada palabra había quedado grabada en mi cabeza con una claridad enfermiza.
Archivo interno del Clan Heizu
Clasificación: Reservado

Acceso restringido al Consejo Principal

Asunto: Seguimiento y neutralización del miembro Raizen Heizu.

A partir de diversos testimonios y registros históricos relativos a la Marea Roja, el miembro Raizen Heizu ha desarrollado una interpretación cada vez más radical de aquellos acontecimientos.

Según su criterio, los miembros del clan que abandonaron las tácticas empleadas por la rama norte durante la guerra cometieron una traición imperdonable contra la familia. Desde entonces sostiene que los descendientes de quienes compartieron o apoyaron aquella decisión conservan una responsabilidad moral que el tiempo no ha borrado.

Durante los últimos años ha intentado difundir esta visión entre distintas familias del clan, afirmando que la historia oficial ha blanqueado unos hechos que jamás debieron ser perdonados y que el honor de los Heizu solo podrá restaurarse cuando dichas ramas sean apartadas de toda posición de influencia.

Aunque esta interpretación carece de respaldo institucional, algunos miembros han comenzado a simpatizar con sus argumentos, generando tensiones internas innecesarias y un clima de creciente desconfianza.

Las investigaciones realizadas durante los últimos meses concluyen que Raizen mantiene reuniones privadas con otros miembros afines y continúa recopilando información genealógica sobre diversas ramas familiares. Su discurso ha evolucionado desde una discrepancia ideológica hacia planteamientos cada vez más radicales, insinuando la necesidad de emprender acciones directas contra aquellos a quienes considera herederos de aquella supuesta traición.

El Consejo considera que dicha deriva representa un riesgo inaceptable para la estabilidad del clan.

No se autoriza su eliminación mientras no exista una vulneración directa de las leyes de Kirigakure. Sin embargo, se aprueba la Operación Niebla Serena.

Las acusaciones deberán resultar lo bastante verosímiles como para provocar su descrédito entre los miembros del clan, pero no lo suficientemente graves como para justificar una investigación oficial por parte del Mizukage.

La prioridad será provocar su aislamiento.




Informe complementario (Año siguiente)

La Operación Niebla Serena ha producido resultados superiores a los previstos.

El sujeto presenta un acusado deterioro psicológico.

Se han registrado episodios de paranoia, agresividad y pérdida de autocontrol.

Diversos miembros del clan han informado de que Raizen comienza a sospechar de prácticamente cualquier Heizu con el que interactúa.

Se recomienda mantener la presión y no intervenir.

El deterioro natural resulta más conveniente que una ejecución.



Última anotación

La situación ha escapado parcialmente a las previsiones iniciales.

Raizen ha abandonado toda conducta racional y ya no distingue entre enemigos reales y supuestos colaboradores.

Su hijo continúa residiendo con él. No se considera necesaria una extracción del menor.

En caso de que Raizen termine actuando contra el clan o contra Kirigakure, la responsabilidad recaerá únicamente sobre él.

Aprobado por unanimidad.

Consejo Principal del Clan Heizu.
Apoyé ambos codos sobre mis rodillas, con las manos entrelazadas delante del rostro mientras mantenía la vista fija en el suelo de madera. Durante años me había repetido que mi padre era un imbécil, un hombre débil que había perdido el control, incapaz de sostener sus propias convicciones. Me había prometido que jamás terminaría como él. Ahora resultaba que quienes le señalaron como una vergüenza habían preparado aquella caída con sus propias manos.

Solté una risa seca—. Qué hijos de puta...

Volví a mirar el informe y los nombres escritos sobre el papel parecían burlarse de mí. Todos eran ancianos respetados o jefes de familia, personas que todavía caminaban por las calles de la aldea con la cabeza bien alta mientras otros seguían repitiendo la historia que ellos mismos habían fabricado. Siempre hablaban del honor del clan, del legado, de proteger el apellido Heizu. Todo era mentira, lo único que habían protegido era su propio poder.

Apreté el pergamino con tanta fuerza que el papel comenzó a arrugarse entre mis dedos. Durante un instante tuve la tentación de hacerlo pedazos, pero me obligué a soltarlo antes de romperlo. No, aquello era demasiado importante, era una prueba de que existía una enfermedad dentro del clan.

Mi respiración empezó a acelerarse. Podía sentir cómo la rabia me subía desde el estómago hasta la garganta. En ese instante empecé a comprender algo que nunca antes había tenido tan claro. No me bastaba con ser fuerte, tampoco con convertirme en Mizukage o simplemente alcanzar un puesto alto. Mientras esa gente siguiera respirando, el clan jamás dejaría de pudrirse.

" ... Hay que arrancar la parte enferma "

Aquella idea apareció en mi mente de una forma tan natural que me hizo sonreír, como si acabara de encontrar por fin la respuesta a una pregunta que llevaba años persiguiéndome. Me levanté despacio, enrollé el pergamino con cuidado y lo guardé bajo varias tablas sueltas del suelo de la habitación, nadie debía encontrarlo.

Cuando salí de casa, la niebla parecía más densa de lo habitual. Caminé sin rumbo fijo durante varios minutos, con las manos enterradas en los bolsillos y la cabeza llena de voces que ya no sabía distinguir si eran recuerdos o pensamientos nuevos. En algún momento terminé entrando en una calle casi vacía, estrecha y húmeda, donde el sonido del agua cayendo desde los tejados era lo único que rompía el silencio.

Al final me detuve cuando vi a un grupo de niños jugando a lanzar kunais contra una diana de entrenamiento apoyada junto a un muro. Se reían entre ellos, demasiado concentrados en acertar el centro como para darse cuenta de que yo me había acercado. Me quedé observándolos unos segundos, hasta que uno de ellos dejó un kunai mal clavado y otro fue a sacarlo con torpeza. Sin decir una sola palabra, me acerqué y les arranqué el arma de las manos con un gesto brusco, casi violento. El más pequeño dio un salto hacia atrás, otro se quedó mirándome con los ojos muy abiertos y el tercero soltó un quejido ahogado al ver cómo le arrebataba también el suyo antes de que pudiera protestar.

Uno de los niños empezó a temblar al instante y no tardó en romper a llorar. Yo, sin embargo, ni siquiera me molesté en mirarlo.

Tomé los kunais uno tras otro, como si fueran míos, y me giré hacia la diana. El primero se clavó con violencia en el centro. El segundo rozó la madera y astilló el borde. El tercero atravesó la tabla con un golpe seco que hizo vibrar el muro. Seguí lanzando hasta vaciarme casi por completo, respirando cada vez más rápido, con una sonrisa que no tenía nada de amable.

Detrás de mí, los niños seguían retrocediendo. Uno lloraba ya sin disimulo, con la voz rota por el miedo, mientras los otros dos apenas se atrevían a moverse. Yo no les presté atención, me limité a observar la diana destrozada, con el último kunai que me quedaba todavía en la mano y la madera convertida en un amasijo de agujeros y astillas. Después de unos segundos dejé escapar una risa breve y seca, completamente fuera de lugar, y apoyé la frente contra el muro con los ojos cerrados.
Yocko
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza6(1)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra59(3)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad18
Tenketsu11
Sigilo9
421
544
Enlace al Post
16-07-2026, 12:21 AM
Última modificación: 16-07-2026, 12:22 AM por Yocko.
La niebla siempre era una buena compañía en cualquier tarde de verano; amaba la sensación de mimetizarse y permanecer sigilosa, expectante. 
Había pasado los últimos minutos observando a un grupillo de niños juguetear con kunais; eran armas peligrosas en manos inexpertas. Podía asegurar que conocía al menos a dos de ellos, tal vez de la academia, quizás los había visto cerca del muelle robando pescado para no morir de hambre.
En cualquier caso, de pronto uno un poco más robusto que ellos se acercó al grupo, entre tirones obtuvo las armas y luego las lanzó contra la diana con una fuerza descomunal. Los niños eran demasiado pequeños para comprender lo que ocurría. Yocko, por su parte, era demasiado adolescente para querer comprenderlo.

La madera se había quebrado producto del frenesí que protagonizó el recién llegado. Mientras este se ensañaba contra su objetivo, alguno de los niños empezó a llorar a gritos, el cuerpecillo le temblaba desde los hombros hasta la planta de los pies. La kunoichi no podía ver la expresión facial del desconocido ni adivinar sus intenciones, pero tampoco quería esperar a que algo irreparable ocurriera en su presencia.

Se levantó sin mucha prisa y pensó en avanzar lentamente hacia el grupo, calculando su siguiente movimiento, no quería ser inoportuna. Pero antes de que pudiese hacerlo, el desconocido soltó una risa repentina y puso casi de golpe su frente contra la pared. ¿Estaba llorando?
Ella caminaba arrastrando los pies como si tuviese pereza de avanzar; no porque fuera así, sino porque quería que su presencia fuese notada. Recogió uno de los kunai y lo extendió hacia el pequeño que lloraba, ofreciéndole el mango del arma. Cuando el niño logró calmarse un poco, la miró a los ojos sin apresurarse a recibir el objeto; al contrario, juntó sus manos en el pecho e intentó recuperar el aliento entre chillidos entrecortados por su respiración.
Realmente no le interesaba devolver el arma, solamente quería tratar de calmar al niño y averiguar lo que pasaba sin entrometerse de forma peligrosa. Después de todo seguía siendo una simple genin con un poco de entrenamiento.

Miró de reojo al sujeto, tratando de observar mejor sus facciones. No podía descifrar si era alguien haciendo algún tipo de catarsis o si era un desquiciado buscando problemas. Hacía apenas unos minutos le importaba un comino, pero de alguna manera ahora parecía involucrada.
[Imagen: q0yojli.png]
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