Konohagakure
El verano había sido especialmente generoso con los agricultores de Konohagakure. Las lluvias llegaron cuando debían hacerlo, el sol acompañó sin castigar la tierra y los canales de riego mantuvieron los cultivos en condiciones ideales durante toda la estación. Como resultado, los campos que rodeaban la aldea se encontraban rebosantes de vida. Filas interminables de tomates, nabos, pepinos, calabazas y coles se extendían hasta encontrarse con el límite del bosque, donde los primeros árboles comenzaban a teñirse con los tonos anaranjados del atardecer.
Sin embargo, aquella imagen de abundancia escondía un problema que llevaba varias noches inquietando a los campesinos. Al amanecer, numerosas hortalizas aparecían arrancadas del suelo sin un motivo aparente. Algunas desaparecían por completo, otras permanecían abandonadas a pocos metros del lugar donde habían sido cultivadas y no era extraño encontrar varias completamente destrozadas, como si quien las hubiera arrancado hubiese perdido el interés antes de llevárselas.
Pero aquello no era lo más extraño. Cada mañana, uno o varios espantapájaros aparecían en un lugar distinto. No se trataba de unos pocos centímetros ni de simples postes inclinados por el viento. Los agricultores insistían en que ellos mismos los recolocaban al finalizar cada jornada y, aun así, al amanecer volvían a encontrarlos varios metros más allá, siempre orientados hacia una dirección diferente.
La situación había comenzado a extender rumores entre los vecinos. Algunos aseguraban que se trataba únicamente de un bromista con demasiado tiempo libre. Otros afirmaban haber visto una silueta recorriendo los sembradíos antes del amanecer. Incluso había quienes empezaban a culpar a espíritus del bosque o antiguas historias transmitidas entre generaciones de agricultores.
Fuera cual fuera la verdad, los daños aumentaban con cada noche. Tres campesinos aguardaban junto al sendero principal cuando Ran llegó al lugar. Sus expresiones reflejaban más agotamiento que miedo. Dormían poco, vigilaban los cultivos durante horas y, aun así, cada mañana encontraban el mismo resultado. Uno de ellos caminó hasta un viejo espantapájaros vestido con ropas remendadas. Lo sujetó por el poste y lo sacudió ligeramente para demostrar que permanecía firmemente enterrado.
- No importa cuánto lo revisemos, siempre aparece en otro sitio.
Otro agricultor señaló varias hortalizas desperdigadas entre los surcos.
- Si alguien quisiera robar, simplemente se las llevaría. Pero esto, esto parece no tener ningún sentido.
La única mujer del grupo abrazó con fuerza la cesta que sostenía entre sus brazos.
- Mi padre juró haber visto una sombra caminar entre las plantas justo antes de salir el sol. Cuando intentó seguirla, desapareció.
El tercero soltó una risa nerviosa.
- Yo solo sé que todas las noches escucho algo entre los cultivos, pero cuando voy a mirar, no encuentro absolutamente nada.
El silencio volvió a adueñarse del lugar. La brisa agitó lentamente las hojas de las hortalizas mientras los primeros sonidos del bosque comenzaban a reemplazar el bullicio del día. Todavía quedaban unas horas antes de que la oscuridad cubriera completamente los campos. Si existía alguna explicación para lo que estaba ocurriendo, aquel sería el mejor momento para comenzar a buscarla.
Ran deberá elegir una de las tres líneas de investigación.
Línea 1
Las hortalizas dañadas continúan dispersas entre los sembradíos desde primeras horas de la mañana. A simple vista parecen simples destrozos, pero un examen detenido podría revelar marcas, huellas o pequeños detalles capaces de reconstruir lo ocurrido durante las noches anteriores antes de que el paso de los agricultores termine por borrar cualquier rastro.
Los agricultores insisten en que todos los espantapájaros son recolocados al finalizar cada jornada y, sin embargo, vuelven a aparecer desplazados al amanecer. Analizar los postes, el estado de la tierra que los rodea o cualquier signo de manipulación podría ayudar a comprender cómo se produce aquel extraño fenómeno.
Todavía faltan varias horas para que caiga la noche. Ran puede aprovechar ese margen para estudiar el terreno, elegir un punto estratégico, preparar un escondite o cualquier otro método que le permita observar discretamente los cultivos cuando la misteriosa silueta vuelva a aparecer.
![[Imagen: l93r50D.png]](https://i.imgur.com/l93r50D.png)