Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Hachibi vs Daeru y Chota
忍 SG
知
¿Sabías que… los Hoshigaki llegaron a construir comunidades completamente submarinas?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Residencial
« Anterior 1 2 3 4 5 6 Siguiente »
  ›   [Solitario] La Paz Frágil de Konoha
Responder
La Paz Frágil de Konoha
Adarel
Rango Genin
Clan Hyuga
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra85(4)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu9
Sigilo9
340
460
Enlace al Post
11-07-2026, 01:10 AM
El humo grisáceo se elevó en volutas lentas, disolviéndose en el aire templado del atardecer. Desde lo alto del monumento de los Hokage, la perspectiva de Konoha era total. Para cualquiera, la vista plasmaba una pintura perfecta: los niños corrían por las calles comerciales, las luces de los faroles comenzaban a encenderse en un suave goteo dorado y el murmullo de las risas flotaba como una melodía de fondo. Paz. Una absoluta y reconfortante paz.

Adarel sostuvo el cigarro entre los dedos, con la mirada afilada y fija en el horizonte, analizando cada patrón del flujo urbano. Su mente, una máquina biológica que procesaba variables a velocidades vertiginosas, no encontraba anomalías superficiales. El comercio fluía, las patrullas ninja mantenían su ritmo estándar y los civiles se entregaban a la comodidad de una rutina sin sobresaltos. Sin embargo, para él, la escena carecía de solidez. Parecía una ilusión. Una fina capa de cristal colocada sobre un abismo.

Dentro de Adarel, una certeza silenciosa y fría le dictaba que la guerra era inevitable. No era una corazonada —él no creía en la suerte ni en las suposiciones abstractas—, sino el resultado de un cálculo geopolítico y del análisis minucioso de la información que recolectaba a diario. Los hilos del mundo shinobi se tensaban en las sombras, invisibles para la masa que celebraba la tranquilidad. Sabía, con fría premeditación, que pronto todo cambiaría.

Un leve crujido sobre la piedra interrumpió el hilo de sus pensamientos. Adarel no se movió; hablar o reaccionar sin necesidad era un desperdicio de energía. A través de la periferia de su visión, notó una silueta pequeña. Un gato callejero, de pelaje descuidado y orejas rasgadas por viejas peleas, se asomaba con extrema precaución. Por la rigidez de sus patas y la tensión en su lomo, era evidente que el animal arrastraba un pasado de maltrato; estaba acostumbrado a huir de los humanos, a verlos como depredadores.

El felino se detuvo a dos metros del Hyūga, olfateando el aire con desconfianza. Adarel mantuvo su postura rígida, el rostro inexpresivo y la mirada al frente, manteniendo el control absoluto de su chakra y de su presencia para no proyectar hostilidad. El gato avanzó un paso. Luego otro. Contra todo pronóstico y lógica de supervivencia, el animal pareció encontrar una extraña comodidad en la severa pero estable energía del shinobi. Con un maullido sordo, se acercó hasta rozar el costado de la pierna de Adarel, buscando el calor de su ropa antes de enroscarse a sus pies.

El rostro del joven no reflejó la más mínima emoción, manteniendo esa fachada de indiferencia que el resto solía confundir con arrogancia. Sin embargo, por dentro, algo se conmovió profundamente. Aquel pequeño acto de confianza rompió su severidad analítica por un segundo. Se dio cuenta de que el mundo no se limitaba a los conflictos del ser humano, a los tratados de las grandes aldeas o a los orgullos de los clanes. Había otros seres inocentes que compartían ese espacio; criaturas que también debían vivir en un mundo reinado por la paz, aunque la guerra y el sacrificio de los shinobi fuera el precio necesario para garantizársela. Su rectitud inquebrantable reafirmó su propósito: proteger el bienestar común, incluso el de los más indefensos.

Bajo esa misma línea de fría lucidez, la mente de Adarel se desvió hacia una información reciente y sumamente problemática que acababa de llegar a sus manos: su hermano menor, Akira, casi había matado a un compañero de Konoha durante lo que se suponía que era un combate amistoso dentro de la academia. Lo hizo a sangre fría, a la vista de todos los demás estudiantes, desatando el caos y provocando que las autoridades intervinieran de inmediato para encerrarlo durante cuatro días en la comisaría de Konoha. Adarel procesó el incidente con su habitual distancia estratégica, evaluando las repercusiones políticas dentro de su propio clan y el estigma que caería sobre ellos, pero también con una punzada oculta de decepción y preocupación genuina. El descontrol de Akira no formaba parte de ningún plan preconcebido y ponía en riesgo la estabilidad que tanto se esforzaba por mantener. Para un estratega que calculaba cada movimiento basándose en la concentración y la preservación de la vida, la impulsividad violenta de su hermano era un cabo suelto inaceptable que debía ser corregido de inmediato.

Dio una última calada al cigarro, dejando caer el humo mientras la última luz del sol moría tras las montañas. El gato se desperezó a sus pies cuando Adarel, con un movimiento fluido, apagó la colilla contra la suela de su sandalia ninja. No había tiempo para seguir contemplando la ilusión de la aldea. Con el paso firme y premeditado, se alejó del borde del monumento y comenzó el descenso hacia las calles sombrías, yendo directamente en camino a visitar a su hermano menor a la comisaría, listo para confrontar la realidad y reajustar las piezas del tablero familiar.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)