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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
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[Misión D] Supervisar el mercado.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
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03-07-2026, 02:23 PM
Última modificación: 03-07-2026, 05:23 PM por Orión Hoshigaki.
Konohagakure - Zona Comercial
 Día 13 Primavera Año 150


El sol del primavera caía sutil sobre Konohagakure, calentando los tejados de madera y arrancando destellos de las tejas que cubrían las viviendas del distrito comercial. Desde primeras horas de la mañana el calor ya comenzaba a hacerse notar, obligando a muchos comerciantes a extender amplios toldos de tela sobre sus puestos para proteger tanto las mercancías como a los clientes que se detenían a negociar. La brisa era escasa, apenas suficiente para mover las banderas que colgaban entre los edificios y aliviar por momentos la sensación de bochorno que se acumulaba entre las calles más estrechas. Aun así, el mercado semanal nunca se detenía. Era uno de esos días en los que la aldea parecía respirar con más fuerza que de costumbre. 

Las avenidas se encontraban completamente abarrotadas. Agricultores llegados desde las afueras ofrecían enormes cestas repletas de verduras recién cosechadas, frutas de todos los colores y sacos de arroz aún perfumados por el campo. Muy cerca, pescadores limpiaban las capturas de la madrugada mientras discutían entre ellos cuál había sido la mejor zona del río para faenar aquella semana. Artesanos golpeaban el metal con precisión frente a los curiosos, vendedores de especias permitían probar pequeñas mezclas aromáticas y cocineros removían enormes ollas cuyo contenido perfumaba varias calles a la redonda. El sonido de las conversaciones terminaba mezclándose con el de las monedas, el rechinar de las ruedas de las carretas y los constantes llamados de quienes intentaban atraer compradores hacia sus negocios.

-Hay maní, maní… ¡El maniseeero!

Niños corrían despreocupados entre la multitud persiguiendo pelotas improvisadas o jugando a esconderse detrás de los puestos, provocando que más de un adulto tuviera que detenerse para evitar llevárselos por delante. Varias familias recorrían el mercado con tranquilidad, comparando precios antes de decidir dónde comprar, mientras viajeros recién llegados preguntaban constantemente por direcciones o lugares importantes de la aldea. Era un caos perfectamente organizado. Un caos al que los habitantes de Konoha ya estaban acostumbrados cada vez que el mercado semanal abría sus puertas.

Precisamente por ello, la administración del distrito comercial había solicitado apoyo shinobi. No porque existiera una amenaza concreta ni porque se esperaran ataques, sino porque bastaba un pequeño altercado para bloquear una calle entera o desencadenar una cadena de problemas difíciles de controlar entre semejante cantidad de personas. Una discusión por un precio, un carro atravesado en mitad del camino, un niño perdido o algún oportunista intentando sacar provecho del gentío eran situaciones más comunes de lo que cualquiera imaginaba.

Varios encargados recorrían continuamente las calles principales. Algunos conversaban con los comerciantes para asegurarse de que respetaran los espacios asignados, otros despejaban cruces donde las carretas comenzaban a formar embotellamientos y unos pocos simplemente caminaban observando que nada llamara demasiado la atención. Uno de ellos, un hombre de mediana edad con el rostro curtido por años organizando aquel mismo mercado, terminó acercándose al joven gennin asignado para colaborar durante la jornada. Llevaba una tablilla repleta de anotaciones bajo el brazo y el cansancio ya comenzaba a reflejarse en su expresión pese a que todavía faltaban varias horas para el mediodía.

- ¡Ah, perfecto, perfecto! Un gennin. Excelente, porque si hay algo que no soporto son los improvisados, ni los vendedores que creen que un metro más de puesto no hace diferencia.

El hombre acomodó por enésima vez una tablilla bajo el brazo y señaló la avenida principal con un gesto exageradamente preciso.

- Escucha bien. Si un carro queda atravesado, la gente se amontona. Si la gente se amontona, nadie camina. Si nadie camina, nadie compra. Y cuando nadie compra, todos vienen a quejarse conmigo. Así que, por favor, evita que lleguemos a ese punto.

Sin darle tiempo a responder, continuó enumerando con los dedos.

- Nada de discusiones entre comerciantes, nada de niños corriendo donde pasan las carretas, nada de cajas ocupando media calle, nada de animales sueltos mordiendo verduras. el año pasado un cerdo entró en el puesto de un florista. Tres días de reclamos. Tres.

Soltó un largo suspiro, claramente reviviendo el traumático recuerdo.

- Y si ves a alguien con cara de estar pensando en hacer una tontería, convéncelo de que no la haga. No importa si quiere discutir, empujar, colarse en una fila o vender nabos en la zona de las especias. Todo tiene su lugar. ¡Todo!

Apenas terminó de hablar, observó cómo un comerciante había adelantado una mesa apenas unos centímetros sobre la línea marcada en el suelo.

-¡Eh, eh, eh! ¡La pata de esa mesa está fuera del límite autorizado! ¡Cinco centímetros! ¡Cinco centímetros hoy son medio metro mañana!

Sin esperar respuesta, salió prácticamente trotando hacia el vendedor mientras seguía gesticulando con las manos y murmurando por lo bajo.

-Después dicen que el mercado se desordena solo, claro, solo, como si las mesas caminaran.

El mercado continuaba funcionando con absoluta normalidad. Un comerciante de cerámicas renegaba porque un puesto vecino ocupaba parte del espacio que le correspondía. Una mujer cargaba tantas bolsas que apenas podía avanzar sin tropezar. Dos niños discutían por una cometa atrapada sobre un tejado. Un anciano permanecía inmóvil frente a un puesto de herramientas contando una y otra vez las monedas que llevaba dentro de una pequeña bolsa de cuero, como si comprobara que el dinero siguiera allí antes de realizar una compra importante. Sin embargo, no todo transmitía la misma tranquilidad.

En un rincón de la avenida, una vendedora de telas hablaba en voz baja con el propietario del puesto contiguo mientras lanzaba miradas nerviosas hacia la multitud.
Contenido Oculto
- Otra vez desaparecieron cosas, Ya van tres semanas.



- Shhh. No levantes la voz.



-Primero fueron frutas después bolsitas de monedas, incluso una cartera. Nadie ve nada. Nadie escucha nada.



-Dicen que es un chico.



-Otros dicen que son varios.



-Sea quien sea, siempre actúa cuando la calle está llena.



La conversación terminó tan rápido como había comenzado al notar que algunos clientes se acercaban al puesto. Ambos comerciantes recuperaron inmediatamente la sonrisa propia de cualquier vendedor dispuesto a cerrar una buena venta, como si aquella charla nunca hubiera existido.
A unos metros de allí, una figura pequeña cruzó fugazmente entre dos grupos de personas. Apenas fue un instante. Un muchacho de baja estatura, gorra de tela gastada y ropa demasiado amplia para su cuerpo, que desapareció entre la multitud con la misma facilidad con la que había aparecido. Nadie pareció prestarle atención. Nadie salvo un anciano que, al verlo pasar, sujetó con fuerza la bolsa de cuero que colgaba de su cinturón antes de continuar caminando como si aquel simple gesto fuese fruto de una vieja costumbre.

La primavera seguía latiendo sobre Konohagakure. Las risas, las compras y el bullicio ocultaban perfectamente cualquier pequeño secreto que pudiera esconderse entre cientos de rostros desconocidos. Solo hacía falta observar con suficiente atención para descubrir que, bajo la apariencia de un mercado completamente normal, algo llevaba semanas ocurriendo sin que nadie hubiera conseguido ponerle fin.

Mecánicas
Esta misión posee una complejidad de 10. Todos los avisos de rol con una tirada de resultado superior a 10 desbloquearán contenido oculto, proporcionando información adicional que podrá ayudar al jugador en el desarrollo de la misión. Al finalizar la misión, todo el contenido oculto será revelado para enriquecer el desarrollo narrativo y permitir una visión completa de los acontecimientos. 
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
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04-07-2026, 12:06 PM
Kuroto permaneció inmóvil unos instantes mientras el encargado del mercado desaparecía entre los puestos, completamente absorbido por una nueva discusión. Kuroto recorrió con su mirada lentamente la avenida principal. El bullicio era constante. Comerciantes ofreciendo sus productos, clientes negociando precios, niños corriendo de un lado a otro y el incesante ir y venir de carretas componían una escena caótica que, sin embargo, parecía funcionar con sorprendente equilibrio. Kuroto respiró hondo antes de comenzar a caminar. No tardó en intervenir en un par de pequeños incidentes. Ayudó a una mujer que apenas podía avanzar entre la multitud cargada con varias bolsas, acompañándola hasta una zona menos concurrida.

- Déjeme ayudarla señora. -Dijo mientras agarraba algunas bolsas con cuidado.- Soy un Gennin de la Aldea, hoy estoy aquí para ayudar en el mercado.

Poco después llamó la atención a dos niños que perseguían una cometa entre las ruedas de una carreta.

- ¡Eh, vosotros! Alejaos del paso de las carretas, no podéis jugar aquí es peligroso. -Dijo con rostro serio alzando la voz para ser escuchado por los niños.-

Ambos se disculparon antes de salir corriendo en otra dirección. Kuroto continuó patrullando sin apresurarse. Más que buscar problemas evidentes, observaba cómo se comportaban las personas. Quién parecía tranquilo, quién discutía, quién evitaba llamar la atención... Fue entonces cuando recordó algo, apenas unos minutos antes, un muchacho de baja estatura había atravesado la multitud con mucha rapidez. Kuroto no le habría dado importancia de no ser por la reacción de aquel anciano, que había sujetado instintivamente la bolsa de cuero que llevaba al cinturón en cuanto el joven pasó cerca de él. No era una reacción habitual. Su mirada volvió a recorrer lentamente los alrededores y el muchacho ya había desaparecido, sin embargo, otra escena seguía resultándole extraña. La vendedora de telas continuaba hablando en voz baja con el comerciante del puesto contiguo mientras, cada pocos segundos, dirigía discretas miradas hacia la multitud. No parecía estar atendiendo clientes... Daba la impresión de estar a otra cosa. Kuroto cambió su trayectoria y se acercó al puesto sin prisas, procurando no llamar la atención.

- Buenos días. -Dijo esperando a que la mujer desviara la vista hacia él.- Soy Kuroto Uchiha, gennin de la Aldea. Me han asignado colaborar con la supervisión del mercado durante esta jornada.

Luego hizo una breve pausa mientras observaba la expresión de ambos comerciantes.

- Antes de acercarme he visto que parecían preocupados por algo. ¿Ha ocurrido algún problema?

Mientras esperaba la respuesta, Kuroto dejó que su atención siguiera dividida entre la conversación y el movimiento constante del mercado. Sus ojos recorrían de vez en cuando la multitud, buscando de nuevo aquella pequeña figura que había desaparecido entre la gente pocos minutos antes. Kuroto sabía que, en lugares tan concurridos como aquel, los problemas rara vez permanecían ocultos para quien sabía dónde mirar.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Orión Hoshigaki
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05-07-2026, 10:15 AM
Última modificación: 05-07-2026, 10:17 AM por Orión Hoshigaki.
La mujer abrió ligeramente la boca al escuchar la pregunta del joven gennin. Durante un instante cruzó una rápida mirada con el comerciante del puesto vecino, como si ambos debatieran en silencio quién debía hablar primero. La expresión de los dos era idéntica, cansancio, preocupación y esa resignación propia de quien llevaba demasiado tiempo conviviendo con un problema sin encontrar la forma de resolverlo. El comerciante apoyó ambas manos sobre el mostrador de madera y suspiró profundamente.

- Verás, muchacho, hace unas.

No llegó a terminar la frase.

-¡Hay maní, maní. ¡El maniseeero!

El pregón de un vendedor ambulante atravesó la avenida principal con una energía contagiosa, arrancando más de una sonrisa entre los clientes. Empujando un pequeño carro de madera adornado con cintas rojas y una campanilla de bronce, el vendedor avanzaba lentamente entre los compradores. Era un hombre bajo y extremadamente delgado, de bigote fino perfectamente recortado y expresión permanentemente risueña. Vestía un saco negro algo ajustado, pantalones ligeramente cortos que dejaban ver unos calcetines desparejos y zapatos de cuero gastados pero impecablemente lustrados. Sobre la cabeza llevaba un pequeño bombín oscuro que parecía demasiado elegante para un simple vendedor ambulante. Caminaba con un paso curioso, balanceando ligeramente el bastón de bambú que utilizaba más como accesorio que como apoyo, saludando con exagerada cortesía a todo aquel que cruzaba su camino. El aroma del maní recién tostado se mezcló con el resto de los olores del mercado, haciendo que varias personas abandonaran momentáneamente los puestos para acercarse a comprar un cucurucho. Entre sonrisas, bromas y una educación casi teatral, el hombre parecía ser una de esas figuras pintorescas que todos reconocían y nadie cuestionaba, tan habitual en el mercado como el sonido de las campanas o el pregón de los comerciantes.

-¡¡¡Me robaron!!!

El grito fue tan desgarrador que pareció apagar el mercado entero. Las conversaciones cesaron casi al unísono. Los comerciantes dejaron de ofrecer sus productos. Incluso el manisero interrumpió su pregón, girando sobresaltado hacia el origen de la voz mientras su campanilla terminaba de sonar con un último tintineo metálico.

- ¡¡Mi bolsa!! ¡¡Se llevó mi bolsa!!

El anciano que minutos antes había permanecido frente al puesto de herramientas contaba desesperadamente los pliegues de su cinturón con manos temblorosas. Sus dedos buscaban una bolsa de cuero que ya no estaba allí. El rostro, antes sereno y concentrado en sus monedas, se había tornado completamente pálido.

- ¡Atrápenlo! ¡Por favor!

Con un brazo extendido señaló hacia la corriente de personas que atravesaba la avenida principal. Entre decenas de cuerpos apareció fugazmente aquella pequeña silueta. Un muchacho de no más de doce años, delgado hasta parecer frágil, vestido con una chaqueta varios talles más grande que él cuyos puños ocultaban casi por completo sus manos. Llevaba unos pantalones remendados sostenidos por tirantes gastados, zapatos viejos exageradamente grandes que parecían heredados de un adulto y una pequeña gorra oscura ladeada sobre la cabeza. Su aspecto despertaba más compasión que sospechas. No corría con desesperación. Se movía con una sorprendente elegancia entre la multitud, esquivando personas con pequeños cambios de dirección y pasos rápidos que parecían formar parte de una improvisada danza. Aprovechaba cada hueco que dejaba el gentío, desapareciendo detrás de una carreta para surgir inmediatamente al otro lado de un puesto de frutas. Saltó un cajón abandonado, pasó bajo el brazo de un hombre que cargaba una enorme cesta de verduras y volvió a perderse entre los compradores antes de que cualquiera pudiera anticipar cuál sería su siguiente movimiento.

En medio de aquella confusión, una niña de no más de diez años avanzaba tranquilamente en sentido contrario. Vestía un sencillo kimono claro y llevaba entre sus brazos una cesta repleta de pequeñas flores silvestres cuidadosamente acomodadas. Caminaba despacio, procurando no tropezar con nadie mientras ofrecía discretamente algunos ramilletes a quienes pasaban cerca. Parecía completamente ajena al caos que acababa de desatarse a pocos metros de ella. Los gritos comenzaron a multiplicarse, los empujones la hicieron caer al suelo y en un instante logra recomponerse sola. 
Contenido Oculto
Mientras la persecución comienza a abrirse paso entre el gentío, un detalle rompe por un instante el caos del mercado. Al cruzarse con la niña que cargaba la cesta de flores, el muchacho realiza un movimiento casi imperceptible con la mano derecha. El gesto dura menos de un segundo y queda oculto por el paso de varios compradores, pero alcanza a parecer un intercambio más que un simple roce.
La niña no muestra sorpresa alguna. Continúa caminando con absoluta naturalidad, como si nada hubiera ocurrido, hasta detenerse pocos metros más adelante frente al manisero.

-Un cucurucho, por favor.

El vendedor sonríe con la misma simpatía de siempre mientras comienza a envolver el maní en un cono de papel, sin que nada en la escena parezca fuera de lo común.

- ¡Va por allí!

- ¡No, dobló entre los puestos!

- ¡Ciérrenle el paso!

Un par de civiles intentaron perseguirlo, pero apenas consiguieron avanzar unos metros antes de chocar contra el flujo constante de compradores. Una mujer dejó caer una bolsa de naranjas que rodaron por el suelo, obligando a varias personas a detenerse para no pisarlas. Una carreta cargada de sacos bloqueó momentáneamente un cruce mientras su conductor intentaba comprender qué estaba sucediendo. Los encargados del mercado comenzaron a dar órdenes a los gritos, tratando de evitar que el pánico provocara un accidente mayor. La vendedora de telas observó la escena con evidente frustración y negó lentamente con la cabeza.

- Otra vez.

El comerciante a su lado cerró los ojos durante un instante.

- Siempre igual. roba, desaparece, y cuando alguien reacciona ya se perdió entre la multitud.

El mercado, que apenas unos segundos antes rebosaba tranquilidad, acababa de convertirse en un laberinto de personas, mercancías y callejones donde cada instante que pasaba jugaba a favor del escurridizo ladrón.
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
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06-07-2026, 01:51 PM
Kuroto no reaccionó al griterío. Mientras varios civiles intentaban abrirse paso atropelladamente entre la multitud, permaneció inmóvil un instante. Sus ojos recorrieron el mercado buscando un patrón en lugar de perseguir una silueta que aparecía y desaparecía entre decenas de personas.

- Otra vez... Siempre igual. roba, desaparece, y cuando alguien reacciona ya se perdió entre la multitud.

Las palabras de la vendedora de telas terminaron de confirmar sus sospechas. No era un robo improvisado. Quien se había llevado aquella bolsa conocía demasiado bien el mercado. Los gritos seguían señalando direcciones distintas.

- ¡Por allí! 

- ¡No, dobló a la izquierda! 

- Demasiadas voces y demasiada gente... No podré seguirle desde aquí... pero él solo puede esconderse entre la multitud si yo permanezco dentro de ella. Así que...

Kuroto rápidamente miró hacia arriba, se acercó a unas cajas apiladas, apoyó un pie sobre una caja de madera y, con un impulso preciso, alcanzó el tejado del puesto más cercano. Desde aquella posición el mercado cambiaba por completo. El laberinto de personas se convertía en un entramado de calles visibles. Entonces cerró los ojos durante una fracción de segundo, se concentró en su chakra y en como este se concentraba en sus ojos.

- ¡Sharingan...! 

Al volver a abrirlos, el rojo sustituyó al amarillo de sus iris. Una única tomoe apareció alrededor de cada iris. Kuroto tenía una respiración tranquila mientras su visión comenzaba a registrar cada pequeño movimiento con una claridad distinta. Desde arriba no buscaba al ladrón directamente, sino aquello que delataba su presencia. Durante apenas un instante volvió a distinguir la gorra oscura perdiéndose entre dos puestos de fruta. Sin perder tiempo, Kuroto echó a correr por los tejados. Sus pasos apenas producían ruido sobre las tejas mientras avanzaba en paralelo al recorrido del muchacho. Desde aquella altura ya no necesitaba abrirse paso entre la gente; solo mantenerlo a la vista. No pretendía alcanzarlo de inmediato. Si realmente conocía tan bien el mercado como parecía, terminaría conduciéndolo hasta algún lugar donde la multitud dejara de protegerlo. Kuroto continuó siguiéndolo desde las alturas, sin apartar la mirada de aquella pequeña figura que seguía deslizándose entre el incesante flujo de compradores y vendedores.

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Chakra: 270/320

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
#ID: UCHI101B
◔Coste
40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Yin
✦Nivel: Cero
#ID: UCHI003R
◔Coste
10 de Chakra
▣Descripción

El ojo del usuario ha desarrollado una agudeza visual extraordinaria, capaz de percibir incluso las intenciones más sutiles del enemigo. Toda técnica ofensiva ejecutada dentro de su campo de visión, ya sea física, elemental, ilusoria o incluso invisible, se ve afectada por esta percepción refinada.

El Sigilo de dichas ofensivas se reduce, permitiéndole reaccionar con mayor eficacia. Esta disminución solo se aplica si la técnica detectada es de igual o menor nivel que esta técnica sensorial del Sharingan.

✧Efecto
5 (MINT) de Reducción al Sigilo Oponente

-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
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Generales
Fuerza100(5)
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Salud11
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06-07-2026, 04:24 PM
Última modificación: 06-07-2026, 04:26 PM por Orión Hoshigaki.
La persecución comenzaba a transformar el mercado en un auténtico caos. Los compradores se apartaban sobresaltados al ver pasar al muchacho, mientras otros intentaban señalar direcciones completamente distintas, convencidos de haberlo visto doblar por diferentes calles. Las voces se superponían unas con otras, haciendo imposible distinguir cuál de todas era la correcta. Carretas detenidas bloqueaban parcialmente algunos cruces, varios comerciantes protegían apresuradamente sus mercancías y los encargados del distrito trataban de abrir paso entre la multitud sin demasiado éxito.

Aun así, desde las alturas el panorama era completamente distinto. Los tejados dibujaban un recorrido limpio sobre el laberinto de puestos y toldos. La pequeña figura continuaba deslizándose entre las calles con una facilidad casi insultante. No corría con desesperación ni parecía improvisar sus movimientos; cada giro, cada cambio de dirección y cada obstáculo sorteado transmitían la sensación de formar parte de un trayecto perfectamente conocido. En ningún momento buscó abandonar el mercado. Por el contrario, continuó internándose entre los puestos como si supiera exactamente hacia dónde debía dirigirse, aprovechando el gentío para romper constantemente la línea de visión de quienes intentaban perseguirlo desde el suelo.
Contenido Oculto
Mientras el muchacho atraviesa nuevamente la avenida principal, una escena pasa completamente desapercibida para quienes permanecen entre la multitud. Frente al carro del manisero la niña de las flores deja entrever por un brevísimo instante la pequeña bolsa de cuero. Un rápido tirón basta para hacerla desaparecer entre los pliegues del cono de papel, sin que nadie entre la multitud alcance a percibir la maniobra.



- Disculpe. Creo que me dio poco.



El vendedor sonríe con la misma amabilidad de siempre. 



- ¿Poco? Veamos eso.



Con toda naturalidad toma el cucurucho para comprobarlo. Mientras aparenta acomodar el maní con una pequeña pala de madera, sus manos realizan un movimiento limpio y perfectamente ensayado. La bolsa de cuero desaparece bajo el mostrador del carro y el cucurucho regresa inmediatamente a las manos de la niña, ahora con algunos maníes más.



- Ahora sí. Que lo disfrutes, pequeña.



- ¡Muchas gracias!



Sin dejar de sonreír, el hombre vuelve a empujar su carro mientras hace sonar la campanilla. Ninguno de los compradores parece advertir que, entre un simple ajuste de maní y una sonrisa amable, el verdadero botín acaba de cambiar de dueño.
-¡Hay maní, maní ¡El maniseeero!

Ajeno a todo aquello, el muchacho continuó corriendo. Saltó una pila de cajones, cruzó entre dos almacenes y desapareció durante apenas un par de segundos bajo un viejo corredor cubierto. Cuando volvió a quedar a la vista, ya no buscaba zigzaguear entre grandes avenidas. Sus pasos comenzaron a dirigirse hacia una estrecha calle secundaria donde el movimiento de personas disminuía considerablemente.

El bullicio del mercado iba quedando poco a poco atrás. Las fachadas de madera sustituían a los coloridos puestos de venta y las calles comenzaban a estrecharse hasta convertirse en simples pasajes utilizados por los comerciantes para transportar mercancías. Un último giro. Luego otro. Finalmente, el muchacho irrumpió en un angosto callejón delimitado por altos muros de piedra y la parte trasera de varios almacenes. Frente a él no había más salida que una vieja empalizada de madera reforzada y varios barriles apilados que cerraban completamente el paso. Por primera vez desde que comenzó la persecución, el niño redujo ligeramente la velocidad. Había quedado completamente a la vista. Y, salvo por el mismo camino por el que había entrado, no parecía existir ninguna ruta de escape.

Dato
Debido a los efectos de Meikō Tomoe, el requisito para desbloquear el contenido oculto se reduce en un punto ya que tienes MINT 1. A partir de este momento, bastará con obtener una tirada superior a 9.
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
Estadísticas
Generales
Fuerza45(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia100(5)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo17
675
695
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07-07-2026, 01:30 PM
Kuroto no perdió de vista al muchacho cuando abandonó las calles más concurridas. Desde los tejados resultaba evidente que ya no buscaba confundirse entre la multitud, sino alcanzar un punto concreto. El bullicio del mercado iba quedando atrás a medida que las callejuelas se estrechaban entre almacenes y edificios de madera. Cuando el muchacho giró por última vez y se internó en el angosto callejón, Kuroto redujo ligeramente el ritmo. Desde su posición comprobó el entorno. Muros altos. Barriles apilados. Una empalizada cerrando el fondo. No había salida. Con un impulso corto descendió del tejado, aterrizando con suavidad justo en la entrada del callejón. El sonido de sus sandalias sobre el suelo fue suficiente para anunciar su presencia. El muchacho frenó en seco. Kuroto permaneció inmóvil, dejando unos metros de distancia entre ambos. Sus ojos, aún teñidos del rojo del Sharingan, permanecían fijos sobre él, atentos a cualquier movimiento.

- Se acabó. -Dijo con voz tranquila-. No tienes adónde ir.

No adoptó una postura agresiva ni llevó la mano hacia la empuñadura de la katana. No la necesitaba ni quería asustar al chico.

- Devuelve la bolsa. -Dijo estirando su maano abierta-

Guardó silencio después de aquellas palabras. No pretendía acorralarlo más de lo necesario. Observaba su respiración, la posición de sus manos y la forma en que distribuía el peso sobre los pies. Había aprendido que una persona acorralada podía reaccionar de muchas maneras: atacar, rendirse... o intentar escapar de la forma más desesperada. Kuroto estaba preparado para cualquiera de ellas. Sin apartar la vista del muchacho, dio un único paso al frente, lento y firme.

- No compliques más las cosas, por favor.



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Chakra: 240/320

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
#ID: UCHI101B
◔Coste
40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Yin
✦Nivel: Cero
#ID: UCHI003R
◔Coste
10 de Chakra
▣Descripción

El ojo del usuario ha desarrollado una agudeza visual extraordinaria, capaz de percibir incluso las intenciones más sutiles del enemigo. Toda técnica ofensiva ejecutada dentro de su campo de visión, ya sea física, elemental, ilusoria o incluso invisible, se ve afectada por esta percepción refinada.

El Sigilo de dichas ofensivas se reduce, permitiéndole reaccionar con mayor eficacia. Esta disminución solo se aplica si la técnica detectada es de igual o menor nivel que esta técnica sensorial del Sharingan.

✧Efecto
5 (MINT) de Reducción al Sigilo Oponente
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
07-07-2026, 04:50 PM
El muchacho permaneció inmóvil. Su respiración, hasta entonces acelerada por la carrera, comenzó a volverse irregular. Frente a él ya no había una salida posible. El estrecho callejón terminaba en una empalizada de madera reforzada y, tras de sí, la única vía de escape estaba ocupada por el joven gennin, que permanecía firme, con la mano extendida y sin adoptar una sola postura ofensiva. Aquello desconcertó por completo al pequeño. Esperaba gritos. Esperaba amenazas. Quizá incluso un golpe. Pero encontró exactamente lo contrario. La serenidad de Kuroto terminó pesando mucho más que cualquier arma.

Las pequeñas manos del muchacho comenzaron a temblar bajo las enormes mangas de la chaqueta. Sus labios intentaron articular alguna respuesta, pero únicamente consiguieron emitir un sonido ahogado antes de quebrarse por completo. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
Negó lentamente con la cabeza.

-No... no la tengo.

Su voz era poco más que un susurro. Retrocedió un paso hasta que la espalda chocó contra uno de los barriles apilados al fondo del callejón. Bajó la mirada con vergüenza, incapaz de sostener los ojos rojizos del Sharingan.

- Yo... yo solo corro.

Respiró hondo varias veces, intentando contener el llanto. No lo consiguió. Las palabras comenzaron a salir atropelladas.

- Él... él decía que nadie sospecha de un niño.

Una lágrima cayó sobre el polvo del callejón.

- Me daba comida, algunas monedas, decía que si hacía lo que él pedía podría dormir bajo techo, que nunca tendría que volver a pasar hambre.

El muchacho dejó escapar un sollozo.

- Yo nunca me quedo con nada.

Lentamente abrió ambas manos, vacías.

-Solo las llevo.

Se arrodilló sobre el suelo. Ya no quedaba rastro del pequeño ladrón escurridizo que había burlado a medio mercado. Solo quedaba un niño. Un niño asustado.

- La bolsa.

Tragó saliva.

- Ya no está conmigo.

Su brazo se levantó lentamente señalando en dirección al mercado.

- Se la llevó. el manisero.

Durante unos segundos nadie pronunció una sola palabra. El único sonido que llegaba desde el exterior era el murmullo lejano del mercado. Y, perdido entre él, un pregón que comenzaba a alejarse poco a poco.

- ¡Hay maní, maní! ¡El maniseeero!

La voz se fue apagando lentamente. Cada vez más lejana. Cada vez más difícil de distinguir. Para cuando varios encargados del mercado y algunos comerciantes consiguieron llegar hasta el callejón siguiendo el rastro de la persecución, el vendedor ambulante ya se había desvanecido entre las calles de Konohagakure. Varios testigos recordaban haberlo visto abandonar tranquilamente la avenida principal empujando su pequeño carro. Otros aseguraban que una niña con una cesta de flores caminaba alegremente a su lado, comiendo maní como cualquier cliente. Nadie había sospechado de ellos. Nadie les había prestado atención. Habían desaparecido exactamente igual que habían llegado, confundidos entre la multitud.

El encargado del mercado apareció finalmente jadeando, con la tablilla bajo el brazo y el sombrero completamente torcido por la carrera. Apenas cruzó el callejón observó al muchacho arrodillado y después dirigió la mirada hacia Kuroto. Durante unos segundos permaneció completamente en silencio. Luego dejó escapar un largo suspiro.

- Sabía que ese condenado mercado iba a darme otro dolor de cabeza.

Se acomodó la ropa casi por costumbre y caminó hasta situarse junto al gennin.

- Pero hiciste un gran trabajo.

Observó nuevamente al pequeño.

- Muchos se habrían limitado a perseguir al primer culpable que encontraran.

Volvió la vista hacia Kuroto.

- Tú conseguiste algo mucho más importante.

Hizo una breve pausa.

- Descubrir que detrás del ladrón había alguien utilizándolo.

El hombre se acercó despacio hasta el niño. Este ni siquiera levantó la cabeza. Seguía llorando en silencio.

- ¿Cómo te llamas?

El pequeño dudó unos instantes. Terminó respondiendo con voz temblorosa.

-Ren.

El encargado asintió lentamente.

- Escúchame bien, Ren.

Se agachó hasta quedar a su altura.

- Lo que hiciste está mal. Muy mal.

El niño cerró los ojos esperando escuchar el resto.

- Pero también sé reconocer cuándo un niño roba porque quiere y cuándo roba porque un adulto decidió convertirlo en una herramienta.

Ren rompió a llorar con más fuerza.

- Yo, yo no quería

- Lo sé.

El hombre apoyó una mano sobre su hombro.

- Y precisamente por eso vas a tener una oportunidad.

El muchacho levantó lentamente la cabeza.

- ¿Una... oportunidad?

- Sí.

Se incorporó nuevamente.

-Mañana me ayudaras.

Ren tragó saliva.

- ¿Para... trabajar?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del encargado.

- Exactamente.

Señaló los numerosos puestos que comenzaban a recuperar la actividad.

- Siempre hacen falta manos para descargar mercancías, barrer las calles o ayudar a montar los puestos antes del amanecer. 

Después miró nuevamente al niño.

- Será un trabajo duro. Pero será honrado.

Ren permaneció completamente inmóvil. Las lágrimas seguían cayendo, aunque ya no eran de miedo. Con ambas manos se secó torpemente el rostro. Después inclinó profundamente la cabeza.

- Lo prometo.

Su voz apenas consiguió sostenerse.

- No volveré a robar nunca más.

El encargado sonrió satisfecho antes de asentir una última vez. Poco a poco el mercado recuperó su ritmo habitual. Los comerciantes regresaron a sus puestos. Las carretas volvieron a circular por las avenidas despejadas. Los compradores retomaron sus conversaciones y el aroma del pan, las especias y el maní recién tostado volvió a mezclarse con el aire cálido del verano, como si el caos de unos minutos antes jamás hubiera existido. Solo quedó un detalle imposible de ignorar. Por primera vez en semanas. No volvió a escucharse el alegre pregón del manisero recorriendo las calles de Konohagakure. El hombre había escapado. La niña de las flores había desaparecido junto a él. Quizá algún día volverían a cruzarse en el camino de un shinobi. Pero aquella jornada terminaba con una victoria diferente. No se había detenido al verdadero responsable. Sin embargo, se había rescatado a un niño antes de que terminara convirtiéndose en uno más de quienes viven ocultándose entre la multitud. Y, para Kuroto, aquella podía ser la clase de victoria que realmente merecía ser recordada.

FIN
¡Con este post damos por finalizada la misión! Felicitaciones, has superado con éxito esta aventura.
Aunque el manisero y su pequeña cómplice consiguieron escapar entre la multitud, el objetivo principal de la misión fue cumplido. El mercado recuperó la tranquilidad, protegiste a los civiles, atendiste distintos incidentes durante la jornada y lograste descubrir la red que se escondía detrás de los robos. No siempre una misión termina con todos los culpables entre rejas, y precisamente ahí nace una buena historia.
A partir de este momento queda completamente en tus manos decidir si este episodio termina aquí o si Kuroto decide convertir al manisero en un objetivo personal. Puedes investigarlo, seguir su rastro, intentar capturarlo o incluso darle el destino que consideres adecuado para tu personaje.
Procederé a desbloquear todos los contenidos ocultos para que puedas apreciar cada una de las pistas que fueron apareciendo a lo largo de la misión y cómo todas ellas conducían al desenlace.
Una vez publiques tu cuarto y último post, podrás solicitar las recompensas correspondientes.
Espero de corazón que hayas disfrutado la misión tanto como yo disfruté narrándola.
¡Besitos, besitos de un tiburón!

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
Estadísticas
Generales
Fuerza45(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia100(5)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo17
675
695
Enlace al Post
10-07-2026, 12:46 PM
El callejón fue quedando en silencio conforme los curiosos regresaban poco a poco al mercado. Los comerciantes retomaban sus puestos, las voces volvían a mezclarse con el sonido de las carretas y el bullicio recuperaba el lugar que apenas unos minutos antes había ocupado el caos. Kuroto permaneció inmóvil observando cómo el encargado del mercado hablaba con Ren. El muchacho seguía con la cabeza baja, todavía secándose las lágrimas. Ya no parecía el chico escurridizo que había recorrido medio mercado burlando a cuantos intentaban alcanzarlo, ahora solo veía a un niño que había terminado donde no debía por culpa de alguien que había sabido aprovecharse de él. Kuroto cerró los ojos lentamente. El chakra dejó de concentrarse en ellos y, al volver a abrirlos, el rojo del Sharingan desapareció hasta devolver a sus iris el habitual color dorado. La tensión que había mantenido durante toda la persecución se desvaneció al mismo tiempo. Se acercó unos pasos hasta el encargado, que acababa de terminar de hablar con Ren.

- Me alegra que le haya dado una oportunidad.

El hombre levantó la vista hacia Kuroto antes de esbozar una sonrisa cansada.

- No todos la aprovechan... pero merece la pena intentarlo. Es un niño. Todavía está a tiempo de elegir un camino distinto.
Kuroto dirigió una breve mirada hacia Ren. El muchacho seguía sin atreverse a levantar la cabeza.

- Espero que así sea.

Antes de abandonar el callejón volvió la vista hacia la avenida principal. Desde allí el mercado parecía exactamente igual que al comenzar la mañana. Los vendedores pregonaban sus productos, los compradores negociaban precios y los niños corrían entre los puestos como si nada hubiera ocurrido. Solo había una diferencia. El pregón del manisero ya no estaba. Aquella ausencia resultaba casi tan evidente como su presencia unas horas antes.

-Escapó... -Pensó mientras recorría lentamente la avenida con la mirada.

No sentía rabia por ello. Tampoco frustración. Había descubierto demasiado tarde que el verdadero responsable nunca había sido el muchacho al que perseguía, sino quien permanecía oculto tras él moviendo los hilos. Aun así, aquella derrota estaba lejos de parecerle completa. Había protegido a los civiles. Había evitado que el mercado terminara sumido en el pánico. Y, sobre todo, había impedido que un niño continuara siendo utilizado como una simple herramienta. Guardó aquel pensamiento para sí mientras comenzaba a alejarse. Quizá el manisero volviera algún día. Quizá no. Konohagakure era una aldea demasiado grande para creer que aquella sería la última vez que alguien intentara aprovecharse de los más débiles. Si ese momento llegaba, Kuroto estaba convencido de que volvería a reconocer aquella voz entre el bullicio.

-¡Hay maní, maní...!

Una parte de él dudaba que fuera la última vez que escucharía aquel pregón. Con esa idea abandonó el distrito comercial, perdiéndose entre las calles de Konohagakure mientras la vida de la aldea continuaba exactamente igual que siempre. La misión había terminado, pero aquella historia, en algún lugar de la cabeza de Kuroto, seguía abierta...
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