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[D] Medicina Robada
Koga
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24-06-2026, 11:36 PM
La tarde de verano comenzaba a rendirse ante el anochecer cuando Kyōraku llegó al Hospital de Konohagakure. A diferencia del bullicio que dominaba las calles principales de la aldea, el edificio parecía vivir bajo un ritmo distinto, uno más contenido y silencioso. Algunas lámparas ya habían sido encendidas detrás de las ventanas de papel, varias siluetas cruzaban los corredores con la prisa tranquila propia de los médicos y enfermeros, y el tenue aroma de hierbas medicinales impregnaba el ambiente incluso antes de atravesar la entrada.

El asunto que lo había llevado hasta allí parecía, a simple vista, de poca importancia. No se habían activado alarmas, ningún paciente había resultado perjudicado y tampoco existían señales de un robo violento. Sin embargo, la preocupación en los rostros del personal dejaba claro que el problema llevaba varios días repitiéndose y que, precisamente por su aparente insignificancia, comenzaba a convertirse en algo inquietante.

El encargado de los inventarios del hospital fue quien salió a recibirlo. Llevaba varios pergaminos y hojas de registro bajo el brazo y, sin perder tiempo, comenzó a explicarle la situación.

— Lleva ocurriendo varias noches seguidas. Cantidades pequeñas cada vez. Vendas, ungüentos antisépticos, algunas hierbas medicinales, agujas esterilizadas e incluso unas cuantas botellas de supresores para la fiebre. Nada lo bastante valioso como para atraer a un ladrón profesional y nunca en una cantidad suficiente para que podamos notarlo de inmediato.

Desenrolló una de las hojas y la mostró, revelando varias anotaciones, correcciones y números tachados.

— Al principio pensamos que era un error de contabilidad. Después creímos que alguien del personal había extraviado algunos suministros. Pero las cifras siguen cambiando. Cada mañana falta algo distinto. —El hombre soltó un suspiro cansado antes de continuar.— Quien está haciendo esto sabe exactamente qué tomar. Nunca vacía una estantería, nunca fuerza una cerradura. Se limita a llevarse un poco y desaparece.

Algunos de los trabajadores que se encontraban cerca intercambiaron miradas de inquietud.

— Una de las enfermeras cree que podría tratarse de alguien robando medicinas para un familiar enfermo. Otro piensa que es un aprendiz vendiendo suministros fuera de la aldea. La verdad es que no lo sabemos. Lo único que sabemos es que continúa ocurriendo. —El intendente enrolló nuevamente los documentos y los sostuvo bajo el brazo.— Por eso se ha solicitado la ayuda de un gennin. Necesitamos respuestas antes de que esto se convierta en un problema mayor.

Entonces señaló hacia los corredores que se internaban en el edificio.— Si lo desea, podemos concederle acceso al hospital durante la noche. Puede permanecer aquí después del cierre y patrullar personalmente las salas de almacenamiento. Francamente, quizá sea nuestra mejor oportunidad de atrapar al responsable. —La expresión del hombre se endureció un poco al decir aquello, y durante unos instantes guardó silencio antes de continuar.— Pero debes entender también nuestra posición. Si te permitimos permanecer dentro del hospital y mañana descubrimos que han desaparecido más suministros mientras no encontraste a nadie... entonces solo habrá una persona que haya tenido acceso libre al edificio durante toda la noche.

— No deseamos acusar a un ninja de la aldea, mucho menos a alguien enviado para ayudarnos. Pero si las cosas siguen desapareciendo bajo esas circunstancias, no tendremos otra opción que responsabilizarlo hasta que la situación se aclare. —Su tono se suavizó ligeramente, aunque sus palabras no perdieron firmeza.— También puede realizar la investigación desde el exterior y limitarse a vigilar los alrededores. La decisión es suya. Pero si decide permanecer entre estas paredes esta noche, deberá aceptar el riesgo de que las sospechas recaigan sobre usted si el ladrón vuelve a actuar y sigue sin haber respuestas.
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Kyōraku Senju
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26-06-2026, 05:31 AM
Kyoraku escucho en silenció. No interrumpió al encargado mientras hablaba de vendas, ungüentos, hierbas y frascos desaparecidos en cantidades demasiado pequeñas para parecer importantes.

- Cualquier infracción porque pequeña que sea, es una afrenta a la ley – expresó el Senju al escuchar que el encargado del inventario se refería al problema, que los tenía reunidos allí, como un inconveniente menor.

De hecho, eso no hacia la investigación más fácil. Por lo general los robos grandes eran torpes, llamaban la atención, dejaban huecos visibles y rastros fáciles de seguir.

Aquello, en cambio, era distinto. Pequeño. Repetido. Casi cuidadoso. Alguien no estaba tomando lo que podía, estaba tomando lo que necesitaba. Y eso dirigía la atención hacia alguien relacionado con las artes curativas, o al menos con conocimientos suficientes para saber que tomar y qué dejar atrás.

Cuando el intendente terminó de explicar las condiciones, Kyōraku permaneció unos segundos más sin responder. Su mirada se desvió a los corredores del hospital, hacia las lámparas ya encendidas, las puertas interiores y las sombras que comenzaban a estirarse sobre los pasillos con el anochecer.

Después volvió los ojos al hombre – No debería incriminar a quien han enviado a ayudarle – No había enojo ni recriminación en sus palabras. Solo señalaba la ironía contenida en aquella advertencia.

Suspiró profundamente y continuó sin darle tiempo a su interlocutor de responder - Me quedare adentro – La respuesta fue simple, no parecía una petición ni una negociación – Si el responsable entra desde fuera, tendrá que cruzar el edificio. Si ya esta adentro, vigilar la calle no servirá de nada.

Dio un paso hacia los corredores, pero se detuvo antes de avanzar más, como si un pensamiento le hubiera atravesado la mente.

– ¿Han detectado algún patrón en los insumos faltantes? – Le preguntó al intendente antes de que se marchara.

Aunque pertenecía al clan Senju, Kyōraku no era médico, ni pretendía serlos. Sus conocimientos sobre medicina eran limitados, pero incluso alguien ajeno a las artes curativas podría entender que una venda, una aguja, un ungüento y un supresor de fiebre no desaprecian de la misma manera que una moneda.

– Me refiero… a que si lo desaparecido puede utilizarse para alguna herida o enfermedad en particular –

No era loco pensar en ello, al fin y al cabo, fue una de las hipótesis de algunos trabajadores de la institución

– Si así fuera, podríamos anticipar cuales son los próximos elementos que el culpable buscará… - Hizo una pausa para dejar pensar y responder al encargado.

Luego volvió la mirada hacia el interior del hospital. - Muéstreme las salas de almacenamiento donde se han perdido la mayoría de los objetos – No añadió más.

La noche aún no había empezado del todo, pero el tiempo ya había comenzado a correr. Y aunque no había existido hostilidad abierta, si se había proferido una amenaza en su contra. La misión debía resolverse.
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26-06-2026, 06:08 PM
El intendente permaneció en silencio unos instantes después de escuchar las preguntas del Senju. Era evidente que había dedicado más de una noche a pensar en el asunto y que, pese a no haber llegado a ninguna conclusión definitiva, había comenzado a elaborar ciertas hipótesis. Terminó por asentir lentamente.

— Nos hicimos la misma pregunta hace dos días. —Se acercó a una mesa cercana y desplegó de nuevo uno de los registros de inventario. Esta vez no parecía interesado en las cantidades, sino en los nombres de los materiales desaparecidos.— Hay dos posibilidades —Su dedo se deslizó sobre las anotaciones.— La primera es que sí exista un patrón médico. Las vendas, los antisépticos y las agujas podrían indicar el tratamiento de una herida. Quizá alguien esté atendiendo a un paciente en secreto, alguien que no puede acudir al hospital por sus propios medios o que no desea ser visto aquí. En ese caso, los supresores de fiebre podrían apuntar a una infección provocada por una lesión mal tratada.

El hombre levantó la vista, pensativo.

— Si esa teoría es correcta, entonces es posible que el próximo objetivo sean más hierbas desinfectantes, hilos de sutura o incluso algunos analgésicos. Cosas necesarias para continuar un tratamiento prolongado.

Luego volvió la atención al inventario y su expresión cambió ligeramente.

— La segunda posibilidad es que no haya ningún patrón en absoluto. Las cantidades robadas son tan pequeñas que podrían ser simplemente lo que el ladrón encuentra cada noche. Tomar un poco de aquí y otro poco de allá para evitar que la desaparición de cualquier objeto destaque demasiado. —Guardó unos segundos de silencio antes de continuar.— Si ese es el caso, entonces no estamos buscando a alguien que sepa de medicina. Estamos buscando a alguien prudente.

Enrolló los pergaminos una vez más y exhaló lentamente.

— He pensado mucho en esto, muchacho. Y he llegado a algunas teorías. —Levantó un dedo.— La primera ya la has mencionado tú mismo. Un familiar enfermo. En el hospital recibimos gente de todos los distritos de la aldea; algunos no tienen dinero, otros tienen demasiado orgullo para pedir ayuda. Si alguien cuida a un enfermo en casa, podría haber comenzado robando unas pocas vendas y haber continuado después.

Levantó un segundo dedo.

— Otra posibilidad es que se trate de un aprendiz de médico o de un estudiante. Alguien que quiera practicar tratamientos por su cuenta, o que haya cometido un error y ahora necesite suministros sin dar explicaciones. —Finalmente levantó un tercero.— Y está la teoría que menos me agrada.

Su mirada se desvió hacia los oscuros corredores del hospital.

— Que el responsable sea alguien de aquí dentro. —La sola idea pareció pesar en el ambiente.— Alguien que conoce los horarios, las salas de almacenamiento y sabe exactamente cuánto puede desaparecer sin que nadie lo note. Alguien que no necesita forzar una puerta porque tiene permiso para abrirla.

El intendente guardó silencio durante un momento antes de volver a mirar al Senju.

— Si yo fuera tú, vigilaría las entradas… pero no me confiaría únicamente de ellas. Si el ladrón es un extraño, tarde o temprano tendrá que entrar. Pero si es uno de los nuestros, puede que ya esté aquí antes de que cierren las puertas. — Finalmente hizo un gesto para que lo siguiera.— Ven. Te mostraré los almacenes.

Comenzó a caminar por uno de los pasillos interiores, cuya iluminación se volvía más tenue a medida que se internaban en el edificio.

— La mayoría de las pérdidas se han producido en dos lugares. El almacén principal de suministros y una pequeña despensa junto a las salas de recuperación. Curiosamente, nunca en la misma noche.

Aquello también era un detalle a considerar. Si las desapariciones alternaban entre un lugar y otro, podía significar cautela… o podía significar que el responsable conocía demasiado bien el funcionamiento del hospital.
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Kyōraku Senju
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29-06-2026, 07:18 PM
Kyōraku escuchó en silencio. No interrumpió al intendente mientras este desplegaba sus teorías sobre la mesa, señalando nombres, cantidades y posibles patrones. Todo en pequeñas cantidades. Lo suficiente para sostener un tratamiento discreto. Lo bastante poco para no llamar la atención de inmediato.

El intendente era alguien bastante inteligente, con un pensamiento deductivo desarrollado, como era de esperarse para alguien relacionado con las artes curativas. Sus hipótesis cerraban bastante bien las posibilidades y estaban sustentadas con firmeza en los hallazgos que se presentaban ante ellos.

El problema ya no era únicamente qué estaba pasando. Había una explicación razonable para eso, o por lo menos teorías aun abiertas. La verdadera intención era identificar quien los estaba haciendo, cómo lo hacía y por qué.

Aunque para el Senju, el último punto tenía menor importancia. La razón podía explicar el crimen, pero no lo anulaba. Su prioridad seguía siendo atrapar al responsable y finalizar la misión.

  - ¿Cuál fue el último almacén robado? – preguntó cuando tuvo ocasión de intervenir – Si esta alternando entre uno y otro, convendría vigilar primero el que no fue robado la última vez – Hizo una pausa esperando la respuesta.

- Como fuera, continue actuando con normalidad – le indicó al encargado – deje las cosas como normalmente lo haría. No queremos que el criminal piense que está siendo observado o perseguido.

Una vez termino la conversación, Kyōraku se dispuso a esperar oculto entre las sombras formadas por la noche, en un pasillo cercano que le ofrecía un punto de observación sobre la puerta del almacén o depósito vigilados.

No necesitaba ver solo si alguien entraba. También era importante descubrir cómo lo hacía.
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08-07-2026, 10:39 AM
El intendente asintió lentamente ante la observación del Senju, como si aquella posibilidad hubiera cruzado por su mente anteriormente sin llegar a formularla de manera tan directa. El hombre permaneció unos instantes observando las anotaciones antes de levantar la vista.

— Tiene sentido. Si alguien está intentando distribuir las pérdidas para que parezcan errores de inventario, repetir la misma ubicación dos noches seguidas sería arriesgado. —La indicación posterior fue recibida con otra inclinación de cabeza.— Lo entiendo. Nada de cambios de horario, nada de guardias adicionales y nada de comentarios al personal. Seguiremos exactamente igual que las noches anteriores.

No parecía gustarle la idea de mantener al personal ajeno a la situación, pero comprendía perfectamente la lógica detrás de la decisión. Un ladrón prudente podría detectar rápidamente cualquier modificación en las rutinas habituales del hospital y decidir no actuar aquella noche.

— Haré que el cierre se realice exactamente como siempre.

Y así fue. Poco a poco el hospital comenzó a vaciarse. Los últimos pacientes ambulatorios abandonaron el edificio acompañados por familiares y asistentes, mientras las luces de varias salas eran apagadas una tras otra. Los pasos apresurados que durante el día recorrían los pasillos fueron desapareciendo hasta convertirse en movimientos ocasionales y aislados pertenecientes únicamente al personal de guardia nocturna. El verano de Konoha envolvió el edificio en un silencio particular, uno que no era absoluto, sino compuesto por pequeños sonidos dispersos: el roce de las hojas de los árboles del patio exterior movidas por el viento nocturno, el lejano murmullo de alguna conversación proveniente de una sala de observación, el ocasional chirrido de la madera al asentarse bajo el descenso de la temperatura y el débil tintinear del instrumental médico que alguien acomodaba en una habitación distante.

Las horas comenzaron a transcurrir lentamente. Primero llegó la primera ronda del personal nocturno. Después la segunda. Más tarde incluso las conversaciones desaparecieron casi por completo. El hospital parecía dormido.

Fue entonces cuando el sonido apareció... Eran pasos. No eran rápidos ni torpes. Tampoco pertenecían al recorrido habitual de los médicos de guardia, cuyos desplazamientos terminaban siendo fáciles de reconocer después de suficiente tiempo observando el edificio. Aquellos eran distintos: lentos, medidos y extraordinariamente cuidadosos. Se aproximaban desde uno de los corredores secundarios.

La figura apareció pocos instantes después. Llevaba la cabeza cubierta por una capucha oscura que ocultaba completamente sus facciones bajo la escasa iluminación de los pasillos. Sus movimientos carecían de prisa, pero también de vacilación. No parecía alguien perdido ni alguien que dudara de hacia dónde dirigirse. Sabía exactamente adónde iba. Al llegar frente al almacén principal, la figura se detuvo apenas unos segundos para comprobar los alrededores antes de introducir una mano bajo la tela de la capa. Un leve sonido metálico rompió el silencio.

Una llave.

La cerradura giró con suavidad. Ni forzó la puerta ni utilizó herramientas para abrirla. Simplemente la abrió. La hoja apenas produjo un pequeño crujido al separarse del marco antes de desaparecer lentamente en la oscuridad del interior del almacén. Aquello eliminaba algunas teorías y fortalecía otras. Quienquiera que fuese aquella persona disponía de acceso legítimo al edificio o, al menos, acceso a una llave capaz de abrir una de las salas de suministros más importantes del hospital.

Ahora existían dos posibilidades claras. Intervenir inmediatamente significaría impedir cualquier desaparición adicional y descubrir la identidad del intruso antes de que pudiera escapar. Esperar unos minutos más permitiría averiguar exactamente qué buscaba, cómo actuaba y si realmente estaba allí para robar suministros médicos o para algo completamente distinto.
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Kyōraku Senju
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09-07-2026, 05:36 AM
Las horas fueron consumiendo la espera.

Poco a poco, el hospital adquirió ese estado de suspensión temporal en el que aún existe, pero cae lentamente en un vacío donde casi nadie lo habita. Solo permanecían los residentes de estancias prolongadas y el personal sanitario de turno, desplazándose de un lugar a otro con tareas, pendientes, fichas y pacientes no entendían de horarios.

Para Kyōraku no era difícil guardar quietud y dejar pasar los segundos. De hecho, encontraba en la meditación una forma de ordenar sus pensamientos mediante el riguroso control de la respiración.

El aire entraba lentamente. Frio. Expandía los pulmones y elevaba el tórax en busca de una salida. La exhalación llegaba después, caliente, despaciosa, desocupando la cavidad de tensiones y presiones innecesarias. El chakra fluía como un rio calmado cuando las piedras que causaban turbulencia en su cause se limpiaban con el paso de los segundos, de los minutos, de los milenios.

Así esperó tras haber finalizado su conversación con el encargado, abrigado por las sombras de una intersección de tres corredores en forma de T. Solo uno recibía la luz de la luna a través de una ventana frontal. En una de sus paredes laterales se encontraba la puerta del almacén vigilado.

Kyōraku permaneció recostado contra la pared, con las escapulas firmes sobre la superficie fría, los brazos cruzados al frente y los ojos cerrados con suavidad. Pero aun atento, siempre atento.

Con el paso de la noche, casi dejó de ser una presencia para convertirse en parte de la estructura del edificio. Amparado por la penumbra, ni médicos, ni otro personal de repararon en él cuando pasaron cerca con la cabeza hundida en fichas, papeleos y preocupaciones más urgentes.

Pad…
Pad…
Pad…


Las pisadas irrumpieron en la penumbra antes de delatar visualmente a su dueño. Eran distintas a las de cualquier persona que hubiera pasado por allí esa noche. Cuidadosas. Vigilantes. Atentas al entorno. No tenían prisa, pero tampoco duda. Cada paso parecía medir el suelo antes de tocarlo.

El silencio del hospital volvía las pisadas todavía más claras. La figura no tardó en aparecer. Dispuesta. Tan misteriosa como sus pisadas.
Vestía una capucha que ocultaba el rostro y, con él, las intenciones. Se detuvo frente a la puerta del almacén principal. Una mano salió bajo la capa. Algo metálico brilló apenas en la escasa luz.

El clic de la cerradura rompió la quietud con una suavidad casi ofensiva. La puerta se abrió sin resistencia, con la naturalidad reservada a la herramienta consorte de la cerradura.

Los ojos de Kyōraku ya no permanecían cerrados. Habían observado el desarrollo de la escena desde el fondo del pasillo, todavía ocultos en la penumbra.

El Senju dejó que el intruso avanzara lo suficiente. Le concedió el tiempo necesario para creer que aquella era otra noche habitual, otra entrada limpia, otro saqueo discreto de suministros médicos. Dejó que el individuo se internara en el almacén aún sin revelar su presencia.

Cuando la noche pareció continuar como cualquier otra, Kyōraku se deslizo desde su escondite. Atravesó el pasillo con pasos silenciosos hasta la puerta del almacén, sin cruzar todavía el umbral.

Su mano descendió hacia la empuñadura de la katana y cerro los dedos sobre ella. Su presencia se instalo bajo el marco de la puerta.

Por un momento no hablo. No interrumpió. Solo observó las acciones del ladrón de medicinas que aun no se percataba de que el gennin estaba allí. Esperaron que sus manos revelaran la verdad antes que su rostro.

El acero se deslizó de la vaina con un siseo bajo y elegante. Fue un susurro frio, suficiente para quebrar el silencio del almacén. La katana se irguió hacia el frente, extendida por completo en horizontal, con la punta del filo dirigida hacia la figura encapuchada.

- No te muevas. – Fue tajante - Explícate
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12-07-2026, 09:48 PM
a figura se congeló en el lugar con una rigidez que no parecía propia de alguien entrenado para enfrentamientos. Durante un instante no hubo movimiento alguno dentro del almacén, salvo el leve balanceo de la tela de la capucha al detenerse de golpe. La mano que hasta ese momento sostenía uno de los pequeños frascos permaneció suspendida a medio camino entre la estantería y la bolsa de tela que descansaba abierta sobre una mesa cercana.

— N-No me haga daño...

La voz surgió temblorosa desde debajo de la capucha, más asustada que desafiante, y completamente desprovista de la dureza que cabría esperar de un criminal acostumbrado a enfrentarse a shinobi.

— Por favor... —Las manos comenzaron a elevarse lentamente, alejándose de los suministros y colocándose a la vista.— No intentaba pelear... ni escapar... —Durante unos segundos pareció debatirse entre guardar silencio o continuar hablando. Finalmente, el peso del momento terminó imponiéndose.

— Lo siento. —La confesión llegó acompañada de una resignación cansada, como si aquellas palabras hubieran sido pronunciadas muchas veces antes, aunque nunca frente a otra persona.— Sé que está mal. Sé que es un delito. Pero no sabía qué más hacer. —La figura bajó ligeramente la cabeza.— Mi madre lleva semanas enferma. La fiebre apareció primero y después empezó la tos. Los tratamientos del hospital funcionan, pero cuestan dinero... y yo ya no tengo más.

Su mirada permanecía fija en el suelo del almacén.

— Al principio solo tomé unas pocas vendas y algo para bajar la fiebre. Pensé que sería una única vez. Después necesité más medicinas. Luego aparecieron las agujas, los desinfectantes y las hierbas. —La mano tembló ligeramente al señalar los objetos que descansaban sobre la mesa.— Nunca tomé demasiado. Siempre intenté coger solo lo necesario para unos pocos días. Pensé que si desaparecía muy poco cada vez nadie lo notaría.

Una amarga ironía parecía impregnar las palabras, había funcionado durante un tiempo.

— No soy médico —continuó— pero seguí las indicaciones que escuchaba aquí. Observaba qué utilizaban los enfermeros para pacientes con síntomas parecidos y volvía las noches siguientes a buscar solo aquello que necesitaba.

La explicación encajaba con una de las teorías formuladas horas atrás, no se trataba de alguien enriqueciendo en secreto o de un empleado corrupto del hospital. Era exactamente una de las posibilidades que habían considerado desde el principio: alguien intentando mantener con vida a una persona enferma sin disponer del dinero necesario para hacerlo por medios legítimos.

La figura permaneció inmóvil durante varios segundos antes de reunir el valor suficiente para volver a hablar.

— Por favor... —La voz sonó más baja esta vez.— No se lo diga a nadie.

Los dedos se aferraron nerviosamente a la tela de la bolsa abierta.

— Si el hospital se entera... si los administradores se enteran... no sé qué harán conmigo. Pero si me detienen, ella se quedará sola. —El silencio del almacén solo parecía volverse más pesado con cada segundo que pasaba.— Devolveré lo que pueda. Buscaré trabajo. Haré cualquier cosa. —La cabeza permanecía inclinada bajo la capucha.— Solo... no la abandone por mi culpa.

Off
Con tu siguiente respuesta, ya puedes dar la misión por terminada y poner el tema en el tema de recompensas!
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13-07-2026, 05:50 AM
Kyōraku escucho con atención sin moverse de su posición. Seguía interpuesto entre la figura encapuchada y la salida.

La punta de la Katana permaneció extendida hacia ella, firme, inmóvil, sin temblor. El acero no necesitaba moverse para mantener la distancia. Bastaba con existir entre ambos.

El Senju observó las manos que se alzaban lentamente, alejándose de los frascos. Luego miró la bolsa abierta sobre la mesa. Vendas. Desinfectantes. Agujas. Hierbas. Medicinas tomadas en pequeñas cantidades, con la precisión torpe de quien no buscaba enriquecerse, sino aplazar una pérdida.

Su mirada permanecía inquisidora, fría. No interrumpió la confesión. Tampoco mostró compasión.

El hospital dormía alrededor, ignorante todavía de aquella confesión. Afuera, los corredores conservaban su silencio frágil de madera, luna y guardias cansados. Dentro del almacén, la diferencia entre delito y necesidad acababa de volverse demasiado estrecha para algunas personas. No para Kyōraku.

La punta de la katana descendió apenas.

- El hurto del material hospitalario es un crimen – La frase cayó tajante, sin rabia – Uno mayor, si afecta el correcto tratamiento de aldeanos y shinobis de la Hoja.

El filo seguía marcando la distancia entre ambos, como una línea de ley trazada en metal. Como un sabueso que cuida pacientemente a su dueño ante la posibilidad de la amenaza.

- Mi trabajo no es juzgar tus motivos – Su rostro permanecía impasible – Ni justificarlos – Concedió una pausa breve – Tampoco dictar castigo – La confesión podía explicar el acto. No borrarlo.

Para el Senju, una vez cruzada la línea no bastaba con nombrar el dolor para volver atrás. Si cada necesidad abría una excepción, si cada desesperación autorizaba una fractura del orden, entonces la ley dejaría de ser límite y pasaría a ser simple sugerencia.

Y Kyōraku no entendía el mundo de esa manera. – Has cometido un delito – La Katana no tembló – Serás dispuesta a disposición del organismo correspondiente. -  No añadió consuelo. No prometió silencio. No ofreció absolución.

Extendió la mano libre hacia el mecanismo de aviso acordado y activó la alarma para llamar al intendente. El sonido rompió el silencio del almacén con una claridad seca, administrativa, inevitable.

Cuando el encargado llegó, Kyōraku no se apartó de inmediato. Solo mantuvo al intruso bajo la punta de su Katana y habló con la misma economía de siempre.
- Aquí esta – sus ojos no abandonaron la capucha – El criminal que saqueaba los almacenes.

Para Kyōraku, su parte estaba cumplida. Nada justificaba el delito. Nada justificaba el quebrantamiento de la disciplina y la ley. La imagen de su padre y su hermano, consumidos por la corteza de la madera, cruzó su mente como un relámpago. Kyōraku cerró los ojos con fuerza. Una violación a la naturaleza. Al orden. Al deber ser.

Por loable que pareciera la intención, toda transgresión traía consecuencias. Algunas podían perdurar toda la vida. O acabar con ella. Solo existía una fortaleza capaz de impedir que el mundo fuera devorado por el caos, el seguimiento tajante de la ley. Sin concesiones, sin segundas miradas. Sin permitir que el dolor de una persona se convirtiera en permiso para quebrar el límite de todas.

Las personas dudaban. Mentían. Se torcían bajo el peso de sus deseos, sus miedos y sus pérdidas. La ley, en cambio, debía permanecer. Absoluta, limpia, Impersonal. Justa, precisamente, porque no podía permitirse sentir.
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Ficha de Kyōraku Senju

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13-07-2026, 06:19 AM
Recompensas entregadas
Koga: 500 Ryos, 50 de Exp y un Pergamino Rango E

Kyoraku: 500 Ryos, 5 Tobis, 70 de Exp


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