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[Rango D] Tumbas Inquietas
Yūgen Sarutobi
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05-07-2026, 09:35 PM
Día 20 de Verano
Cementerio de Konoha
Hora: 22:00

Decenas de reportes sobre vandalismo en el cementerio de Konoha había llenado las mesas de registros en la Academia Shinobi, lo que obligó a los funcionarios a hacer algo al respecto. Estos habían asignado a un joven Nara a una misión de patrullaje sobre las calles alrededor y dentro del mismo cementerio. Si este veía la oportunidad también debía de capturar a o los responsables de todos aquellos problemas, llevándolo directamente a la Academia donde sería oficialmente puesto tras las rejas e interrogado por las autoridades. 

La noche ya había caído sobre Konoha y las calles gozaban de un silencio casi absoluto alrededor del cementerio. Una de las pocas excepciones era uno que otro borracho pasando por allí queriendo orinar en los muros del cementerio para echarse a correr luego de darse cuenta donde andaba parado. El cementerio era un lugar sagrado, temido y respetado a partes iguales por todos en Konoha. Lamentablemente había alguien o algo que no pensaba así de aquél lugar y era tarea del joven Nara encontrar al culpable.
 
El cementerio podía ser fácilmente dividido en tres zonas, la entrada, la zona media y la zona trasera del cementerio. En la entrada había un viejo conserje que mucho no podía ver u oír, pasando la mayor parte del rato durmiendo que haciendo su trabajo. Según te contaron este se llamaba Kosho y era muy querido y respetado en la comunidad.
 
En la zona media había una intersección que se abría hacia ambos lados del cementerio, nada especial sobre esa parte realmente, más allá de una lápida con orine que rápidamente captó tu mirada. Aquello olía a infierno, pero dejaba algo claro, el que estuviera haciendo los destrozos ya estaba tomando acción. En la parte trasera había una pequeña casa donde se guardaban todas las herramientas pero parece que el bandido se te había adelantado nuevamente; una plasta de estiércol se encontraba justo delante de aquella puerta a la casa de herramientas.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Yagami Nara
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05-07-2026, 11:18 PM
Última modificación: 05-07-2026, 11:20 PM por Yagami Nara.
—«Qué absoluto fastidio de misión», murmuró Yagami para sí mismo en un susurro apenas audible, ajustándose el protector frontal alrededor del cuello mientras daba el primer paso dentro del recinto. «Un estratega militar persiguiendo vándalos en un camposanto. Seguro que el Hokage duerme mucho mejor esta noche sabiendo que una de sus mentes más brillantes está custodiando lápidas».

Con el farolillo apagado para no delatar su posición y la mente ya conectada en modo analítico, Yagami comenzó a inspeccionar minuciosamente el perímetro de la entrada. Sus ojos, acostumbrados a buscar anomalías en el terreno, recorrieron los bordes de la verja de hierro forjado y la parte superior de los muros de piedra. Buscaba marcas de calzado, raspaduras de metal, ramas rotas en los arbustos colindantes o algún jirón de ropa que delatara una entrada forzada. Nada. El perímetro estaba aparentemente limpio, abriendo un abanico de posibilidades: o el intruso conocía a la perfección los puntos ciegos de la guardia, o tal vez se trataba de alguien con el descaro suficiente para entrar caminando por la puerta principal como si fuera un visitante más.

Al pasar junto a la garita de vigilancia, Yagami se detuvo unos segundos a observar la escena. El viejo Kosho roncaba plácidamente en una desvencijada silla de mimbre, con la cabeza ladeada sobre el pecho y un hilo de saliva asomando por la comisura de los labios. El Nara negó con la cabeza, esbozando una sonrisa cargada de su habitual y afilado sarcasmo.

—Kosho-san, eres un hombre entrañable y sin duda un pilar respetable de esta comunidad —murmuró de forma condescendiente—. Pero para custodiar un lugar sagrado, un topo ciego, sordo y con parálisis cerebral habría resultado notablemente más útil que tú ahora mismo. Sigue vigilando el mundo de los sueños, viejo, que yo me encargo de la realidad.

Dejando atrás al durmiente, Yagami se internó en la zona media del cementerio, moviéndose como un espectro entre las filas de tumbas. Al llegar a la gran intersección que dividía el terreno hacia ambos lados, se agachó de cuclillas bajo la sombra de un ciprés. Desplegó un mapa táctico del lugar sobre sus rodillas y, utilizando un pequeño trozo de carboncillo, comenzó a trazar cruces y líneas vectoriales para intentar conectar los incidentes descritos en los informes de la Academia.

Su análisis se vio interrumpido por un hedor insoportable. Se levantó y avanzó unos pasos hasta toparse con la lápida ultrajada. Aquello, efectivamente, olía a auténtico infierno. Lejos de apartarse por el asco, Yagami arrugó la nariz y se inclinó para examinar el impacto del fluido en la piedra caliza, utilizando una pequeña regla de madera de su equipo de medición.

«Treinta y cinco centímetros exactos desde la base», calculó en su monólogo interno, entornando los ojos y sopesando los datos. «El ángulo de dispersión y la altura abren múltiples escenarios. Podríamos estar ante un animal, un niño problemático de la Academia o incluso un hombre adulto. Las tres variables encajan perfectamente en este rango físico».

Agachándose aún más, barrió la tierra suelta con la yema de los dedos, buscando señales de huellas de calzado humano o marcas de garras. El suelo alrededor de la tumba estaba demasiado pisoteado por los civiles que habían visitado el cementerio durante el día, lo que complicaba enormemente aislar un rastro limpio.

Guardó el plano y se desplazó con un sigilo impecable hacia la zona trasera, donde la arboleda se volvía más densa. Sus botas apenas rozaban el musgo húmedo mientras se aproximaba a la pequeña caseta de herramientas. Y allí, justo delante de la puerta de madera, divisó la plasta de estiércol.

Yagami recogió una rama seca del suelo y la hundió ligeramente en la masa con total desapego, evaluando la resistencia y observando el sutil vaho que se desprendía en el aire frío de la noche.

—Vaya, una delicia gastronómica recién horneada —comentó con humor negro, desechando la rama—. Esto sigue templado. Podría significar que nuestro artista ha estado trabajando aquí hace menos de diez minutos, o tal vez que el tipo de sustancia retiene el calor mucho más tiempo de lo normal. Una bonita incógnita temporal.

Con extrema precaución para no borrar posibles indicios, empujó la puerta de la caseta, que carecía de cerradura. Utilizando el reflejo de la luna, registró el interior en busca de algo que faltase o no cuadrara con el inventario habitual de palas y rastrillos.

Al salir de la caseta, Yagami se arrodilló de nuevo, buscando minuciosamente huellas o garras que conectaran con el estiércol de la entrada. Cruzando los datos de su mapa mental con los signos físicos del terreno, empezó a vislumbrar varias posibilidades. Las gamberradas podían ser actos aleatorios de vandalismo para causar el caos, o tal vez seguían una trayectoria en línea recta desde la intersección de la zona media hasta el almacén trasero, calculada para evitar el ángulo de visión de la garita de Kosho. ¿Un vándalo con suerte o alguien que conocía las rutinas de patrulla de la aldea?¿O tal vez había algún patrón oculto que no había detectado aún?

«Vaya, vaya... las piezas se están moviendo en el tablero», pensó Yagami, limpiándose los guantes y trazando una serie de líneas posibles en su mapa que apuntaban tanto hacia los monumentos y lapidas más antiguas como hacia la salida lateral de la zona trasera. «Hay demasiadas variables sueltas para una mente entrenada. A ver hacia dónde me lleva realmente este hilo». Pensó mientras trataba de buscar un rastro que saliera de la caseta.
Yūgen Sarutobi
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06-07-2026, 04:08 AM
Hasta aquél momento solo habían dos pistas principales en el caso de vandalismo en el cementerio, la plasta de estiércol y el rastro de pis. Aquello tenía pinta de haber estado hecho a propósito, como una burla tanto a la aldea como a los muertos que se encontraban enterrados allí debajo. A decir verdad las pistas no eran demasiado y a su alrededor tampoco había mucho con lo que contar. Si Yagami quería hacerse de mas mismas debía pensar bien dónde mirar.
 
Antes de poder seguir patrullando un ruido fuerte se logró escuchar no muy lejos de donde se encontraba el Nara. Al principio sonó como un pedazo de madera rompiéndose y luego como si un shinobi golpeara un saco de arena con gran fuerza. A decir verdad aquellos ruidos tampoco eran de gran ayuda para adivinar que los hizo, así que solo quedaba una cosa por hacer... ir a por él!
 
— ¡¡AAAAHHHHHHHH!! —

Un grito? Se trataba de Kosho? Había despertado? Quién era?! El grito provenía del lado este del cementerio, una de las puntas de ese lugar. Podía ser que el vándalo se hubiera tropezado con un palo? 
 
Cuando Yagami llego al lugar se llevaría una buena sorpresa, pues no se trataba ni de Kosho ni de un vándalo. Se trataba de una pobre señora, tirada en el suelo mientras gritaba de dolor. Aparentemente su bastón se había roto y esta había caído en aquél lugar. Esa pobre mujer parecía ser mayor que hasta Kosho, tanto así que su cuerpo y brazos no paraban de temblar y de su boca no salía mas que sonidos de dolor, sin ningún sentido.
 
Puede que tu misión era patrullar la zona, pero como el shinobi que eras también debías ayudar a tu gente. Debías llevar a la mujer con un oficial y así que se encarguen de enviarla al hospital. Para bien o para mal, el oficial mas cercano era... Kosho-san, quien no parecía estar en su silla!
[Imagen: VDdYHBx.png]
Yagami Nara
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06-07-2026, 11:07 AM
Última modificación: 06-07-2026, 11:08 AM por Yagami Nara.
«Esto se está complicando de mala manera», pensó Yagami, agazapándose tras la silueta de un mausoleo familiar mientras sus ojos procesaban la dramática escena.

La anciana seguía en el suelo, temblando y emitiendo gemidos lastimeros. El impulso civil dictaba correr hacia ella, pero el manual de supervivencia mental de Yagami Nara operaba bajo una frecuencia muy distinta. Su mente analítica comenzó a barajar variables a la velocidad del rayo, sopesando las prioridades de la misión frente a la cruda realidad que tenía ante los ojos.


«A ver, repasemos el panorama estratégico», se dijo en su fuero interno, manteniendo la respiración contenida. «Hipótesis alfa: la anciana es una víctima colateral. Su bastón se quiebra, cae y se lesiona. Una trágica coincidencia veraniega. Hipótesis beta: la maniobra de distracción perfecta. Un vándalo con recursos la utiliza como cebo para que yo abandone mi posición de sigilo, me exponga en mitad del claro y caiga de lleno en una emboscada. E incluso existe una hipótesis gamma, la más retorcida: ¿y si esa venerable anciana es el mismísimo enemigo disfrazado para hacerme bajar la guardia? En este mundo, hasta una abuela puede ocultar un fajo de sellos explosivos bajo la ropa».


Miró sus propias manos y soltó un bufido interno cargado de su habitual sarcasmo. «Además, seamos realistas. Yo soy un estratega, un ninja táctico que maneja las sombras. Mis conocimientos de primeros auxilios se limitan a saber dónde presionar para que alguien se desmaye, no a recolocar la cadera de una civil octogenaria. Si intento moverla sin tener ni idea de medicina, lo más probable es que agrave su lesión. No, la acción médica directa está descartada por pura lógica».


Su mirada se desvió inmediatamente hacia el perímetro, buscando desesperadamente el rastro del vigilante oficial. Kosho-san debería estar en su garita, o al menos haber reaccionado ante semejante alboroto. El hecho de que su desvencijada silla de mimbre estuviera vacía encendía una nueva y alarmante señal de alarma en su mapa mental.


«¿Dónde demonios se ha metido el topo?», se preguntó Yagami, escudriñando la penumbra del ala este en busca de alguna señal, una pisada o un objeto tirado que delatara la ruta del anciano. «Kosho no se movería de su puesto a menos que ocurriera algo grave. Si todo esto forma parte de un plan a gran escala, cabe la preocupante posibilidad de que el vigilante haya sido atacado o neutralizado primero para dejar el cementerio completamente desprotegido. Si logro encontrar un rastro de Kosho y averiguar qué ha sido de él, podré resolver el misterio del vándalo y poner a salvo al viejo. Necesito que ese hombre esté operativo para que dé la alarma oficial y vaya a buscar la ayuda médica que esta mujer necesita urgentemente».


Determinando que avanzar a ciegas hacia la mujer era un suicidio táctico, Yagami retrocedió un paso, fundiéndose de nuevo con el claroscuro de los árboles. Decidió priorizar la búsqueda de indicios sobre el paradero del conserje, rastreando el suelo en busca de cualquier señal que aclarara si el viejo se había marchado por su propio pie o si había sido arrastrado hacia la oscuridad.


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07-07-2026, 03:38 AM
La anciana seguía quejándose de aquel terrible dolor de caderas, rezando por algo de ayuda. Para bien o para mal esta no parecía haberse percatado del joven Nara a pocos metros de su lugar de caída y tampoco tenía pinta de que lo fuera a hacer. La prioridad del estratega era encontrar al oficial a cargo del cementerio, Kosho-san, quién se habría esfumado como por arte de magia.
 
Una densa niebla empezaba a tomar forma por todo el cementerio, dándole una pinta tenebrosa y desde la cual un ataque sorpresa podía ser fatal para cualquiera. Yagami rápidamente encontraría su primera prueba sobre el paradero del viejo, un rastro de pisadas mojadas. Incluso con aquella niebla uno podía darse cuenta que aquellas pisadas eran de una persona y estas parecían dirigirse al lateral izquierdo del cementerio, el extremo contrario a donde la anciana se habría caído.
 
Yagami tendría que volver hacia el centro del cementerio, siguiendo aquél rastro de pisadas húmedas. Pero lo que el Nara se encontraría en el centro de aquél fúnebre lugar no era a la dolida señora, si no que en su lugar solo había un bastón roto...
 
El aire alrededor del shinobi se hacía más frío y la repentina ausencia de la señora y Kosho ya estaba pareciendo un evento... paranormal. Desde aquél instante cualquier ruido por mínimo que fuera se volvía una fuente de peligro, provocando que el Nara estuviera dando vueltas en el lugar. Pero todo aquello pararía luego de un fuerte golpe en el lateral izquierdo del cementerio, un sonido, como si hubiera sido provocado por una pequeña campana.
 
Yagami debía apresurarse y descubrir que demonios estaba ocurriendo en aquél lugar y con algo de suerte capturar al responsable de todo aquél jaleo. Por suerte la niebla no era tan densa, permitiendo ver lo que había a dos metros delante de uno.
[Imagen: VDdYHBx.png]
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07-07-2026, 02:20 PM
Última modificación: 07-07-2026, 02:22 PM por Yagami Nara.
Un sudor frío recorrió su espalda mientras sentía cómo se le erizaba el vello de la nuca. Yagami observaba en todas direcciones; el rastro de pisadas lo había llevado de nuevo hasta allí. La sensación de estar cazando sombras empezaba a resultar asfixiante. Se acercó con cautela para examinar de cerca el bastón de madera que yacía en el suelo. ¿Lo habían serrado a propósito? ¿Se había partido de forma natural debido al desgaste? ¿O acaso lo habían estrellado con violencia contra las lápidas de piedra del cementerio?

«Están jugando conmigo», pensó, apretando los puños con frustración. «Si hay un bastón real entre mis manos, significa que no me enfrento a un fantasma. Y luego está la misteriosa desaparición del topo... Todo esto es una farsa. Estoy interpretando un papel en la obra de alguien más, y detesto bailar al son de un titiritero invisible».

Decidido a tomar el control de la situación, Yagami echó mano a su bolsa de herramientas y sacó un puñado de tetsubishi, trazando mentalmente su contraofensiva. «La densa niebla será un arma de doble filo esta noche. Si decides volver por aquí, te vas a llevar una desagradable sorpresa. Además, este punto exacto cruza las dos arterias principales del lugar. Si de verdad sois los ancestros iracundos de la aldea, os pasearéis de forma inofensiva como espíritus que sois; pero si se trata de un vándalo, un ladrón de tumbas o una simple manada de perros callejeros, vais a recibir una dolorosa lección».

Con movimientos quirúrgicos, lanzó el puñado de tachas metálicas tratando de no hacer el menor ruido, esparciéndolas por toda la intersección del camino. Antes de avanzar hacia el lado este del cementerio, se detuvo a buscar cualquier nueva señal de pisadas sobre la tierra húmeda. Si se trataba de un asaltante que intentaba llamar su atención, lo más probable era que quisiera arrastrarlo hacia una trampa. No cometería ese error. Buscó una ruta alternativa para acercarse bordeando el viejo muro de piedra, arrastrándose al amparo de las sombras mientras oteaba a través de la densa y fantasmal neblina.

Aprovechando un breve instante de cobertura, desplegó el mapa del sector en busca de alguna estructura clave: una capilla con campana, una tumba señorial o algún monumento metálico que pudiera haber desatado ese extraño eco que escuchó antes. O tal vez, pensó con cinismo, estaban utilizando una campana de mano para seguir jugando a las escondidas con él.

Siguió avanzando agazapado, manteniendo la respiración contenida. De pronto, se le ocurrió una forma de acercarse al claro con cierta seguridad. Cuando se encontró cerca del extremo izquierdo del sendero, se quitó la chaqueta con suavidad y la dejó en el suelo. Se ocultó rápidamente tras unos densos arbustos que le ofrecían una vista perfecta de la zona oriental e invocó su kage mane. Forzó a su propia sombra a levantarse del suelo, tomar la chaqueta y avanzar con paso firme hacia el claro. Era un farol burdo, pero efectivo. «Si me está viendo hacer esto desde algún árbol, va a resultar ridículo», admitió para sus adentros, «pero al menos la sombra me servirá de defensa ante un ataque sorpresa».
Yūgen Sarutobi
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08-07-2026, 04:33 AM
Última modificación: 08-07-2026, 04:59 AM por Yūgen Sarutobi.
Por un momento parecía que la principal estrategia de prevención del joven Nara tendría efecto, pues un grito le pondría en alerta. Aquél grito era muy diferente al de la señora fantasmal, esta vez el grito parecía venir de un hombre y justo de donde Yagami había esparcido aquellas herramientas puntiagudas cerca del centro del cementerio. Este debía correr ua vez más o se podía perder lo ocurrido. La precaución en aquél instante seguía siendo una gran prioridad, pues el vándalo podía ser más de uno.
 
— ¡Aaaaaaaahhhhhhiaiaiaiaiaiaiaia! —

Aquél cementerio era realmente una locura hecha realidad y lo bueno estaba aún por verse. Al llegar al lugar Yagami vería algo a lo que este le daría poca o nula credibilidad. Se trataba de Kosho-san, pero este tenía el pantalón hasta sus tobillos. El viejo topo tenía mierda en su trasero y aún parecía estarse orinando encima. 
 
— ¿¡Pero que demonios?! ¡Yo solo estaba durmiendo y de pronto se me clavan estas cosas en mis pies! —
 
Como un balde de agua fría por las mañanas todo el rompecabezas parecía armarse por si solo. El viejo topo era un jodido sonámbulo y se pasaba las noches yendo al baño... sobre las tumbas de los difuntos de Konoha. El viejo se recuperaría de aquellas herramientas shinobi y hablaría en total confusión. Este parecía genuinamente confundido y atacado, no había chance de que este lo hubiera hecho con malicia pero el nombre de alguien debía ser escrito en tu reporte.
 
— N-no se, yo solo me tomé una pequeña siesta en la entrada y nada más, lo juro. ¡Ehhhhhhhh! ¿Porqué mis pantalones están llenos de mierda y mis zapatos huelen a orina? —
 
Bueno, ni falta hacía seguir argumentando con el viejo topo y su sonámbulismo. Aquél parecía ser el fin del caso de vandalismo, terminando con un viejo y sus problemas de sueño. Ya tenías todo para llenar tu informe y entregarlo a la academia shinobi... aunque lo de la abuela y su bastón serían algo que te acompañarían por el resto de tus días...
Yagami Nara
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08-07-2026, 10:18 AM
Última modificación: 08-07-2026, 10:19 AM por Yagami Nara.
Yagami contempló la dantesca escena parpadeando con lentitud, sintiendo cómo su afilado intelecto sufría un cortocircuito temporal ante lo que veía.

—A ver, Kosho-san... por el amor de los Seis Caminos, súbase los pantalones —articuló el Nara, frotándose las sienes con profunda pesadez mientras ayudaba al viejo a retirarse con cuidado las herramientas shinobi que se habían colado entre las tiras de sus sandalias tradicionales.


Mientras el conserje balbuceaba justificaciones en un estado de total confusión y espanto, las piezas del rompecabezas encajaron en la mente de Yagami con la sutileza de un golpe de martillo. «No puede ser», pensó en su fuero interno, conteniendo una mueca de absoluto desdén. «El estratega de Konoha, el genio de las sombras, montando un despliegue táctico digno de una guerra ninja... para terminar descubriendo que el peligroso terrorista del cementerio es un viejo sonámbulo con incontinencia urinaria y problemas estomacales». La reproducción de la escena en su mente era ridícula: Kosho levantándose dormido, deambulando en la penumbra con sus sandalias puestas, aliviando sus necesidades sobre las sagradas lápidas y el almacén trasero sin tener la más mínima conciencia de sus actos. El caso del vandalismo estaba resuelto. No había malicia, solo un grave trastorno del sueño.


Aprovechando el desconcierto del viejo topo, Yagami se agachó metódicamente para recuperar cada uno de los kunais, shurikens y abrojos que había esparcido estratégicamente por el terreno como parte de su trampa. Limpió el metal con una mueca de desagrado antes de guardarlo en sus portarmas; no estaba dispuesto a dejar equipo valioso tirado, y mucho menos en un escenario tan deprimente.


Con un suspiro dramático, Yagami escoltó al tembloroso anciano de regreso a la seguridad de la garita de entrada. Sin embargo, cuando el alivio de terminar la misión parecía rozarlo, una punzada gélida le recorrió la espina dorsal. Sus pasos se detuvieron en seco al pasar nuevamente cerca del ala este. Sus ojos se clavaron en el suelo.


El bastón roto seguía allí. Pero la anciana había desaparecido. Una fuerte sensación de intranquilidad le heló las entrañas, evaporando cualquier rastro de sarcasmo. Se acercó despacio y recogió los pedazos de madera. No había huellas de arrastre, ni pisadas de oficiales, ni rastro de sangre. Nada. ¿De quién demonios era ese bastón? ¿Qué había sido ese sonido seco, similar al de un shinobi golpeando un saco de arena, seguido de los gritos de dolor?


Con el corazón latiéndole con una fuerza inusual, Yagami comenzó a buscar entre las tumbas circundantes. Activó su linterna a ras de suelo, barriendo los nombres inscritos en la piedra desgastada, buscando el apellido de alguna anciana que cuadrara con la aparición. No tuvo éxito. Las inscripciones eran antiguas, mudas ante sus propios temores.


«Un espíritu atrapado...», conjeturó en un escalofrío interno, mirando la negrura del bosque. «Una entidad atrapada en este lugar, condenada a reproducir el trágico instante de su muerte por el resto de los siglos. Me usó para llamar mi atención, o quizás solo era un eco del pasado atrapado en el aire húmedo de Konoha». Aquel misterio sobrenatural lo acompañaría, como una sombra real, por el resto de sus días.


Antes de marchar, Yagami juntó las manos en una breve y respetuosa plegaria por los muertos, rompiendo por una vez su fachada de frialdad.
Horas después, en la Academia, redactó el informe oficial con su pulcra caligrafía:


Cita:Informe de Patrullaje: Incidente en el Cementerio.

Se confirma que los actos de vandalismo (fluidos y desechos orgánicos en el sector medio y trasero) fueron provocados de manera involuntaria por el conserje Kosho durante episodios severos de sonambulismo nocturno. No se aprecian daños materiales de origen enemigo. Se recomienda encarecidamente retirar al pobre Kosho de sus funciones por razones de dignidad personal y salud pública. Nota adicional: El ala este presenta anomalías energéticas residuales no clasificadas. Misión cumplida.
Moderador 2
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09-07-2026, 03:40 AM
Recompensas entregadas:
Yagami Nara: 500 Ryos, 5 Tobis, 70 de Exp
y
Yogen Sarutobi (Narrador): 500 Ryos, 50 de Exp, un Pergamino Rango E y dos chetos

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