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  ›   [Misión Simple] ¡Queen Bee y El Vestido Desaparecido! rango:E
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¡Queen Bee y El Vestido Desaparecido! rango:E
Akira Hyuuga
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06-07-2026, 03:22 PM
[Imagen: GdS9OxI.jpeg]

● Rango y Tipo de la Misión: Rango E — Misión Normal

● Fecha y Lugar: 2 de Verano, Año 150 — Konohagakure

● Cantidad de Usuarios: 1 usuario y 1 narrador

● Cantidad máxima de horas por ronda: A acordar con el narrador


Mision aprobada :Aqui[url=https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13848][/url]

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La Sala de Asignaciones de Misiones de Konohagakure es un espacio que parece haber sido diseñado para que el tiempo se detenga y la esperanza de una jornada productiva se desvanezca en la penumbra. El aire aquí es denso, cargado con el olor rancio de papeles envejecidos, el polvo que baila en los haces de luz que se filtran por ventanas estrechas y el rastro acre de café recalentado cientos de veces. 

Las paredes, cubiertas de paneles de madera que alguna vez fueron elegantes, ahora lucen un tono amarillento, adornadas con mapas de la región que tienen los bordes descascarados. Filas interminables de archivadores metálicos, algunos con los cajones entreabiertos como bocas sedientas de datos, se alzan como monolitos en un laberinto burocrático donde los ninjas, incluso los de mayor rango, parecen encogerse ante la magnitud del papeleo acumulado.En el corazón de este caos organizado, el Teniente Kitsunai se encuentra encorvado tras un escritorio de caoba que ha visto mejores días, sepultado bajo una montaña de pergaminos y formularios que amenazan con derrumbarse sobre él en cualquier momento. Kitsunai es una figura que parece haber olvidado lo que significa el descanso desde hace una década; sus ojos, ocultos tras unas ojeras profundas y violáceas, recorren frenéticamente un documento tras otro con una intensidad que roza la desesperación. 

Su uniforme, que alguna vez fue el orgullo de la guardia, ahora luce arrugado y descuidado, destacando una mancha de café seca e indeleble en su hombro izquierdo, una marca de batalla contra el agotamiento diario. A su lado, una taza de té humeante solo en apariencia descansa sobre una pila de informes, rodeada de pergaminos que sostiene con un brazo mientras intenta, sin éxito, mantener el orden en su escritorio con el otro.  El Teniente lanza un suspiro que resuena en toda la sala, un sonido cargado de cansancio existencial. 

Cada pocos minutos, levanta la mirada hacia la puerta con una mezcla de aburrimiento y aprensión, esperando a que el próximo candidato interrumpa su letargo administrativo. Cuando finalmente la puerta se abre y Momo “Queen Bee” Aburame cruza el umbral, Kitsunai no se molesta en enderezar su postura. 

Se limita a remover una pila de papeles con el codo para despejar un espacio mínimo y le lanza una mirada fugaz, una expresión que comunica claramente que su presencia es una interrupción inoportuna a su tedio habitual.  —Ah, otra ninja... ¿Buscas trabajo? —masculla con un tono monótono y quejumbroso, sin dejar de revisar un formulario que parece contener la respuesta a todos sus problemas—. Escucha, la aldea está llena de civiles que no tienen el más mínimo sentido de la responsabilidad ni la capacidad de seguir las normas básicas que a nosotros nos cuesta tanto mantener. 

Tengo entre manos un problema en una sastrería de la zona comercial; un vestido de gala, la pieza principal de su exhibición de verano, desapareció de la nada durante la noche. No hay señales de robo, no hay cerraduras forzadas, nada. Un verdadero dolor de cabeza, y sinceramente, mis piernas no están para otra inspección bajo el sol de verano.  Kitsunai deja caer el formulario sobre la mesa con un golpe seco. 

Su mirada se vuelve hacia la joven, esperando que ella entienda lo que él no está dispuesto a decir explícitamente: su interés es puramente administrativo.

—Voy a registrar esto como una misión de rango E para que puedas sumar experiencia oficial, aunque, para serte honesto, esto huele a un problema de nivel C que alguien debería resolver antes de que el dueño de la sastrería empiece a llorar frente a los supervisores de la aldea. Si logras recuperar ese vestido sin romper nada más, y si de paso logras traer un par de bollos de la panadería de la esquina antes de que se enfríe mi té—, tal vez olvide mencionar en el reporte oficial que llegaste unos minutos tarde, o cualquier otra nimiedad que pueda aparecer en tu expediente. ¿Trato hecho? —pregunta, volviendo su atención a los pergaminos antes de que ella pueda siquiera articular una respuesta completa.  

La instrucción es escueta, casi desdeñosa, diseñada para que el ejecutor —Momo— se encargue de la complejidad de la tarea sin que él tenga que invertir más energía de la necesaria. Ella deberá dirigirse a la sastrería, el lugar donde la exhibición se ha transformado en un escenario de incertidumbre, para comenzar a seguir las pistas de una desaparición que desafía toda lógica ninja. Kitsunai, volviendo a su papel de funcionario quemado, no le ofrece más detalles que la dirección y la advertencia implícita de que su éxito es, en última instancia, una forma de evitarle a él un papeleo adicional. Para el Teniente, el mundo ninja se reduce a formularios, café frío y genins dispuestos a hacer el trabajo sucio, y para Momo, el desafío apenas comienza, cargado con la ilusión de una tarea que, según sus expectativas, debería involucrar mucho más glamour del que el Teniente está dispuesto a reconocer.
[Imagen: JK2RddW.png]
Momo Aburame
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06-07-2026, 05:08 PM
La Sala de Asignaciones de Misiones necesitaba urgentemente tres cosas: ventanas más grandes, una limpieza profunda y alguien con el valor suficiente para tirar la mitad de aquellos archivadores a la basura. El olor a papel viejo y café recalentado me golpeó apenas abrí la puerta. Uno de los kikaichū ocultos bajo el lazo de mi cabello movió las antenas con visible desagrado.
—Sí, ya lo sé. Es espantoso.
Entré con cuidado, procurando no rozar ninguna de las pilas de documentos que se acumulaban junto a las paredes. Algunas parecían llevar allí desde antes de la fundación de Konoha. Francamente, no me habría sorprendido encontrar un esqueleto sepultado debajo de una montaña de formularios. El hombre detrás del escritorio tampoco mejoraba demasiado el aspecto general de la sala. Tenía el uniforme arrugado, unas ojeras capaces de competir con el maquillaje de una obra trágica y una mancha seca de café sobre el hombro. Me quedé mirándola durante un instante. Aquello no podía ser accidental. Nadie llevaba una mancha de ese tamaño sin notarla. Quizá era parte del uniforme. Una especie de insignia burocrática. «He sobrevivido quince años rellenando formularios y lo único que obtuve fue esta mancha».
—Soy Momo Aburame —aclaré, acercándome al escritorio—. Aunque quizá todavía no hayas oído hablar de mí. No pasa nada. Algunas personas tardan más que otras en enterarse de las tendencias importantes.
El teniente Kitsunai no pareció impresionado. Ni siquiera levantó la cabeza del formulario que estaba revisando. Qué hombre tan desconectado de la realidad. Me dispuse a explicarle que no podía asignarme cualquier misión sin considerar primero mi imagen pública, pero entonces escuché las palabras adecuadas. Sastrería. Exhibición de verano. Vestido de gala. Pieza principal. Mis ojos se iluminaron. Al fin. Al fin alguien dentro de la administración había reconocido mi verdadero potencial. Me acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja y adopté una postura ligeramente más elegante, por si había algún ilustrador escondido detrás de los archivadores.
—Podrías haber empezado por ahí —dije—. Si necesitan a alguien para modelar la pieza principal, entiendo perfectamente que hayan solicitado mi presencia. Aunque deberían haberlo hablado conmigo con algo más de anticipación. Necesito saber el color del vestido, el corte, el tipo de tela y, sobre todo, qué clase de iluminación van a usar durante la exhibición.
Kitsunai continuó hablando. Desaparecido. Durante la noche. Sin señales de robo. Recuperarlo. Mi sonrisa fue perdiendo fuerza poco a poco.
—Esperá.
Incliné ligeramente la cabeza.
—¿El vestido desapareció?
Escuché el resto de la explicación con una creciente sensación de injusticia.
—Entonces... ¿no quieren que me lo ponga?
No hubo ninguna corrección inmediata. Aquello era grave. Muy grave. Me habían enviado a buscar un vestido que ni siquiera estaba garantizado que pudiera usar después.
—Eso debería estar especificado en el formulario —protesté—. El título de la misión es engañoso. «Vestido desaparecido» puede significar muchas cosas. Podría tratarse de una exhibición conceptual. Una campaña misteriosa. Una sesión artística sobre la ausencia de la moda en la sociedad contemporánea.
Uno de los insectos salió de mi manga y avanzó por mi muñeca. Lo observé durante un momento.
—No pongas esa cara. Tenía sentido en mi cabeza.
El kikaichū no tenía una cara especialmente expresiva, pero después de tantos años conviviendo con ellos una aprendía a reconocer cuándo estaban siendo insolentes. Kitsunai dejó caer el formulario sobre la mesa y comentó que el asunto olía a un problema de rango C. Me quedé inmóvil. Rango C. Mi segunda misión oficial era una misión de rango E que, según el propio teniente, podía ser secretamente de rango C. Eso sonaba peligroso. Aunque también sonaba bastante prestigioso. Y no podía permitir que aquel hombre con una mancha de café pensara que me había intimidado.
—Por supuesto que parece de rango C —respondí, cruzándome de brazos—. Han robado la pieza principal de una colección de verano. Esto podría afectar la industria de la moda de toda Konoha.
No sabía cuántas personas componían exactamente la industria de la moda de Konoha, pero no era el momento de preocuparse por detalles.
—Además, si no hubo cerraduras forzadas, entonces hay varias posibilidades. Alguien tenía acceso al establecimiento, el vestido nunca salió por una entrada convencional o la desaparición fue organizada por una persona que conocía bien el lugar.
Me detuve. Aquello había sonado sorprendentemente profesional. Me aseguré de compensarlo de inmediato.
—O quizá el vestido era tan horrible que escapó por voluntad propia. También pasa.
Tomé el formulario y revisé la dirección de la sastrería. Mientras lo hacía, Kitsunai añadió su petición sobre los bollos de la panadería. Levanté lentamente la mirada.
—¿Los bollos forman parte de la misión?
No respondió antes de regresar a sus papeles.
—Porque no veo ningún apartado que diga «servicio de desayuno para funcionarios agotados».
Nada.
—¿Y quién va a pagarlos?
Silencio. Entrecerré los ojos. El hombre estaba intentando aprovecharse de una genin joven, inocente y económicamente vulnerable. Bueno, inocente quizá era exagerar. Pero económicamente vulnerable era completamente cierto. Tenía una deuda de tres mil ryōs y gustos demasiado refinados para semejante situación. No podía permitirme financiar los malos hábitos alimenticios de un funcionario público.
—Voy a traer los bollos —concedí—, pero quiero que conste que esto es corrupción administrativa.
Doblé el formulario y lo guardé cuidadosamente entre los compartimentos de mi bolso.
—Y no llegué tarde. Hice una entrada estratégicamente demorada.
Kitsunai seguía sin mirarme.
—La puntualidad excesiva transmite desesperación —añadí—. Una futura figura pública tiene que cuidar esas cosas.
Esperé unos segundos por si finalmente reaccionaba. Nada. Qué audiencia tan difícil. Me giré hacia la puerta, aunque antes de salir volví a mirar la mancha de su uniforme.
—Tenés café en el hombro.
Seguí caminando.
—Mucho café.
Cerré la puerta detrás de mí antes de que pudiera decidir asignarme una misión adicional por insolencia. La panadería se encontraba, efectivamente, a poca distancia. Recogí una bolsa de bollos procurando no pensar demasiado en quién terminaría pagando por ellos. El aroma dulce hizo que varios kikaichū comenzaran a moverse bajo mi ropa.
—Ni lo piensen. Son evidencia de un posible delito administrativo.
También compré una pequeña pieza cubierta de azúcar para mí. Continué hacia la zona comercial mientras revisaba mentalmente la información disponible. Un vestido de gala había desaparecido durante la noche. No había daños. No había señales evidentes de entrada forzada. La exhibición comenzaría pronto. Eso significaba que debía hablar con el propietario, averiguar quién había visto la prenda por última vez y revisar accesos, ventanas, almacenes y cualquier lugar por donde pudiera haberse transportado sin llamar la atención. También tendría que inspeccionar el espacio donde había estado expuesto. Cabellos. Hilos. Polvo alterado. Marcas en el suelo. Olores extraños. Una buena investigación dependía de observar aquello que los demás pasaban por alto. Por suerte, yo tenía una capacidad natural para detectar imperfecciones. Especialmente en ropa.
Cuando llegué a la dirección indicada, me detuve frente al escaparate de la sastrería. Antes de entrar, comprobé mi reflejo en el cristal y corregí ligeramente uno de los lazos de mi cabello. Una investigación seria no era excusa para presentarse desarreglada. Detrás del vidrio podían verse varios maniquíes vestidos con prendas de verano, rollos de tela y adornos que evidentemente formaban parte de los preparativos de la exhibición. Pero la pieza principal no estaba.
Uno de mis kikaichū asomó desde el interior de mi manga. Extendí un dedo y dejé que subiera sobre él.
—Bien. Primero escuchamos. Después miramos. Y nadie toca ninguna tela cara sin mi permiso.
El insecto agitó las antenas.
—Eso también va por vos.
Guardé la bolsa de bollos dentro del bolso, respiré profundamente y empujé la puerta de la sastrería.
—¡La modelo ha llegado!
Hice una pausa.
—La kunoichi —me corregí con menos entusiasmo—. La kunoichi ha llegado.
Akira Hyuuga
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07-07-2026, 01:27 AM
La campanilla sobre la puerta de "El Hilo Dorado" emitió un tintineo agudo, casi histérico, al ser golpeada por la puerta. El interior de la sastrería, lejos de ser el escenario pulcro y luminoso que una exhibición de verano exigiría, se presentaba como un caos de texturas y sombras. El aroma era una amalgama sofocante de sándalo, cera caliente y el rastro metálico de máquinas de coser antiguas que reposaban cubiertas por mantas de lino, como si fueran grandes bestias metálicas en hibernación.

Desde el fondo, entre una maraña de estanterías que sostenían rollos de seda, lana y brocados, una figura surgió con una agilidad inusual para alguien de su edad. Era el Maestro Sato. Llevaba una cinta métrica rodeando su cuello como un collar de castigo y su rostro, marcado por años de precisión artesanal, reflejaba un nivel de ansiedad que rozaba el colapso nervioso. Sus ojos se fijaron en ti, Momo, barriendo tu figura con una mirada que buscaba desesperadamente una validación que no estaba seguro de encontrar.

—¿La modelo? —Sato dejó escapar un sonido que oscilaba entre un sollozo y una risa amarga, agarrándose al borde de su mostrador de roble con tanta fuerza que sus nudillos perdieron el color—. ¡Por los dioses, dígame que esa banda ninja significa que usted es una investigadora de élite! ¡La exhibición, señorita... eh,Cual me dijo que es su nombre? Es en unas pocas horas, y mi pieza central, "El Suspiro de Verano", ha sido arrancada de la existencia.

El sastre señaló hacia el centro del salón. Allí, bajo un foco de luz cenital que destacaba la motas de polvo en suspensión, se alzaba un podio de caoba pulida. Sobre él, el maniquí principal lucía un vacío desolador. La seda y los hilos de plata que debían estar allí, reflejando la luz del mediodía que se avecinaba, simplemente no estaban. El silencio en la tienda era absoluto, roto solo por el zumbido casi imperceptible de tus kikaichū, que parecían inquietos ante la carencia absoluta de restos orgánicos en el podio.

Sato caminó hacia ti, con pasos irregulares, señalando el maniquí con un temblor en el dedo.

—Estaba aquí. A las diez de la noche, cerré cada pestillo. Revisé las ventanas, verifiqué las cerraduras magnéticas y los sellos de seguridad básicos. A las seis de la mañana... nada. Ni una hebra de seda, ni una pisada. Es como si el vestido se hubiera convertido en aire. ¿Cómo puede alguien entrar, llevarse una pieza de tres metros de tela delicada y salir sin dejar ni una huella de polvo?

De caminar hacia el podio, con tus sentidos analizando el espacio con la precisión que solo un Aburame podía ofrecer. Verias el suelo. No había raspaduras, ni marcas de arrastre. El podio mismo parecía intacto, como si el vestido hubiera sido desmaterializado en lugar de robado. A tu lado, el Maestro Sato comenzaria a enumerar, casi para sí mismo, las personas con acceso a la tienda: su aprendiz, Kenji, un chico joven que, según el sastre, "tenía manos de seda y un corazón de hierro", y un puñado de proveedores de telas que apenas habían pisado el almacén durante la última semana.

Tu entorno es un lienzo de posibilidades. A la derecha, un pasillo estrecho conduce al almacén privado donde se guardaban los tintes y los restos de temporadas pasadas (o eso puedes suponer); a la izquierda, una pequeña oficina con un escritorio lleno de recibos y una ventana que daba a un callejón trasero. La atmósfera esta cargado de una tensión inusual. ¿Qué buscas primero, Momo? La impecable limpieza del lugar sugería algo metódico, casi profesional, pero tus insectos, siempre más agudos que tus ojos, vibran con una intensidad creciente al acercarse a las juntas de madera cerca del podio. Algo en la estructura de la tienda no estaba del todo bien, y el Maestro Sato, con sus nervios al límite y su insistencia en la inocencia de su aprendiz, guardaba una postura que bien podría ser la de un hombre aterrorizado o la de alguien que ocultaba una verdad mucho más mundana que un robo ninja.

La oportunidad esta ahí, frente a ti, esperando a que decidas qué hilo tirar para desentrañar el misterio de "El Suspiro de Verano" antes de que la exhibición se convirtiera en un fracaso sin precedentes.
[Imagen: JK2RddW.png]
Momo Aburame
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07-07-2026, 02:27 AM
Última modificación: 07-07-2026, 02:28 AM por Momo Aburame.
La palabra modelo murió en los labios del Maestro Sato con una crueldad completamente innecesaria. En su lugar apareció investigadora de élite, una descripción bastante más apropiada y que decidí aceptar sin obligarlo a repetirla.
—Momo Aburame —respondí, levantando ligeramente el mentón—. Queen Bee para compromisos públicos. Investigadora de élite cuando la situación exige discreción, buen gusto y una tolerancia extraordinaria hacia clientes al borde del colapso. Procure no desmayarse de la emoción antes de darme la información importante.
Contemplé el interior de El Hilo Dorado. Había imaginado una sastrería luminosa, delicada y preparada para reconocer inmediatamente el potencial de mi figura. En cambio, encontré rollos de tela apretados en estanterías, máquinas cubiertas como cadáveres particularmente industriales y un sastre que parecía estar a una mala noticia de convertirse él mismo en material de costura. El aroma a cera, madera y metal era tan denso que incluso mis kikaichū se removieron con cierta incomodidad bajo la ropa.
—No es exactamente la recepción que esperaba —comenté, recorriendo el salón con la mirada—. Pero supongo que una desaparición misteriosa justifica cierta decadencia visual.
El maniquí vacío ocupaba el centro del salón con la solemnidad de una viuda. El Suspiro de Verano había desaparecido entre las diez de la noche y las seis de la mañana sin cerraduras rotas, ventanas abiertas ni un solo arrastre sobre el polvo. Una tragedia para la moda y, de forma secundaria, una circunstancia ligeramente sospechosa.
—¿Quién fue la última persona que vio el vestido sobre el maniquí? —pregunté.
Avancé hacia el podio sin tocarlo. La insistencia de Sato en la inocencia de su aprendiz era interesante, pero no demostraba nada. Las personas culpables defendían a otros para desviar la atención; las inocentes lo hacían porque estaban aterradas; y los sastres podían hacerlo simplemente porque sustituir a un aprendiz antes de una exhibición resultaba administrativamente molesto. Aquello no reducía demasiado las posibilidades.
—También quiero saber dónde está Kenji ahora.
Me incliné cerca de la base. No había marcas de arrastre ni raspaduras visibles, y el polvo alrededor parecía demasiado tranquilo para haber soportado una huida con tres metros de tela delicada. El ladrón no había cruzado el salón cargando el vestido, o había conseguido hacerlo sin rozar absolutamente nada.
Los kikaichū volvieron a agitarse al acercarme a las juntas de madera. No estaban resolviendo el caso por mí; carecían de razonamiento propio y no podían comunicarme que un culpable se ocultaba debajo del suelo con una confesión escrita y una pésima elección de calzado. Pero su reacción sí me indicaba que aquella zona merecía atención. Pasé los dedos cerca de las uniones sin introducirlos todavía y observé la separación entre dos piezas de madera, buscando cambios en el polvo, bordes manipulados o cualquier abertura que permitiera acceder al interior de la estructura.
—Curioso —murmuré—. Mi equipo de producción considera que su podio está ocultando algo.
Separé al Insecto Explorador del resto y lo dejé aparecer sobre la punta de mi dedo. Elegí la junta más cercana al punto donde los kikaichū se habían mostrado inquietos y acerqué la mano a la abertura.
—Entrá por aquí, Paparazzi. Observá el espacio bajo el podio y la estructura inmediatamente conectada. Después regresá por la misma ruta. Y no te distraigas con el polvo; ya hemos establecido que el lugar tiene problemas más graves.
El Explorador abandonó mi dedo, avanzó por el borde de la madera y desapareció dentro de la junta. No recibiría información mientras estuviera allí. Primero tendría que completar la inspección y volver; solo entonces podría entregarme las imágenes de lo que hubiese encontrado. Hasta ese momento, el podio podía ocultar un mecanismo secreto, un hueco vacío o varias décadas de limpieza negligente.
Me incorporé lo suficiente para mirar nuevamente a Sato.
—Mientras mi asistente trabaja, empiece desde las diez de la noche. Quiero la última vez que vio el vestido, quién estaba presente y qué hizo después de cerrar. En orden, por favor.
No estaba acusándolo. Pero alguien había retirado una pieza enorme sin dejar marcas en una tienda cerrada, y la madera bajo el maniquí estaba provocando una reacción en mis insectos. Antes de revisar recibos, perseguir aprendices o revolver almacenes ajenos, pensaba descubrir qué había debajo del escenario del crimen.
Después de todo, cualquier modelo competente sabía que los verdaderos problemas casi siempre comenzaban bajo la pasarela.

✔Aprendida · 01-07-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: ABUR101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Los Aburame albergan en su interior a los Kikaichū, una especie de insectos simbióticos que viven dentro del cuerpo del usuario y pueden salir o entrar a voluntad. Estos insectos, aunque vivos, son utilizados como armas a través de comandos mentales emitidos por el usuario, ejecutando instrucciones sin razonamiento propio ni iniciativa, actuando únicamente por órdenes preestablecidas. Cada enjambre de Kikaichū se comporta como un arma de tamaño pequeño, y siempre se movilizan en grupo, no de forma individual. Por sistema, pueden considerarse tanto armas como técnicas de Ninjutsu, funcionando con propiedades únicas y siendo capaces de dañar directamente los tenketsus del enemigo.

El usuario puede mantener activos tantos enjambres como tenketsus posea, y su capacidad para controlarlos de forma simultánea depende directamente de su estadística de Destreza, aplicada al manejo de insectos. Si un enjambre es destruido, ya sea por un choque, una técnica enemiga u otra causa, el usuario puede optar por sacrificar la regeneración natural de chakra de ese turno para generar un nuevo enjambre en su lugar. Además, los Kikaichū pueden ser utilizados como armas arrojadizas en cualquier técnica de Bukijutsu. Sin importar cuántos enjambres impacten al oponente dentro de una misma técnica, solo se aplicará un único efecto de Bloqueo de tenketsu por técnica realizada, incluso si esta es mantenida en el tiempo.

✧Efecto
2 (MDES) de Enjambres Simultaneos - 1 (MCCK) de Bloqueo

✔Aprendida · 02-07-2026
◈Yang
✦Nivel: 1
#ID: ABUR003R
◔Coste
30 de Chakra
▣Descripción

El usuario ha desarrollado la capacidad de manipular dos tipos especiales de insectos individuales dentro de sus enjambres, manteniendo los mismos requisitos que los Kikaichū normales. La primera variante es el Insecto Explorador, un único insecto capaz de desplazarse a una zona específica para observarla y luego regresar al usuario para transmitir información visual detallada. Este viaje debe realizarse en dos turnos distintos, uno de ida y otro de vuelta, y el insecto tarda aproximadamente 2 segundos en entregar la información tras su retorno. Gracias a esto, el usuario puede reconocer el terreno o detectar enemigos sin exponerse directamente.

La segunda variante es el Insecto Reina, una unidad completamente inmóvil que actúa como punto de referencia para el resto de los insectos, guiándolos mediante la emisión constante de feromonas. Esta Reina no puede moverse por sí sola, por lo que debe ser colocada manualmente sobre una superficie, objeto, persona o estructura por el propio usuario. Tanto los enjambres como los Exploradores pueden localizar y regresar a su posición, y sus movimientos o ataques pueden ser dirigidos para que siempre se orienten hacia donde ella se encuentre. Además, gracias al rastro de feromonas, el Insecto Explorador puede informar al usuario de la dirección exacta en la que se encuentra la Reina sin necesidad de acercarse a ella. La Reina tiene un tiempo limitado fuera del cuerpo del usuario, y tras cualquier interacción con los insectos, al menos un enjambre prioriza su retorno seguro al cuerpo del Aburame. Si la Reina muere, no podrá ser reemplazada durante el resto del tema.

✧Efecto
1 (MCCK) de Turnos para la Reina Fuera del Cuerpo - 20 (MDES) de Rango Máximo


Vida: 240/240

Chakra: 255/285
Akira Hyuuga
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07-07-2026, 02:45 AM
La tensión en la sala alcanzó un punto álgido cuando tu insecto, ese pequeño "Paparazzi" en el que confiabas tanto como en tu propia capacidad de deducción, se deslizó por la junta de madera como si el propio material fuera agua. El Maestro Sato, incapaz de mantenerse quieto ante la visión de tus kikaichū operando con una disciplina que superaba cualquier instrucción de costura que hubiera dado en su vida, se pasó las manos por los bigotes, dejando trazos de tiza de sastre sobre su rostro a medida que comenzaba a hablar.

—A las diez de la noche... sí. Estábamos los dos aquí, Kenji y yo. Terminamos de ajustar el bajo del vestido de seda. Fue la última vez que lo vi. El brillo de la plata sobre la tela... era irreal, Momo-san. Kenji fue el encargado de poner el candado de la entrada principal y yo aseguré la ventana trasera del almacén. Los dos salimos por la puerta delantera a las diez y cuarto. Kenji se despidió; tenía prisa por llegar a casa para ayudar a su hermana con los preparativos de la boda. Yo me quedé un momento más, solo para comprobar que el foco cenital estuviera bien centrado. Nada más. Salí, cerré la puerta y me fui a mi habitación en la parte de arriba del edificio.

Sato bajó la mirada hacia tus dedos.

—No oí nada en toda la noche. Ni un golpe, ni una pisada. Y sobre Kenji... él vive a diez minutos de aquí. Es un chico metódico, quizás demasiado. A veces creo que preferiría morir antes que dejar una puntada fuera de lugar. ¿Cree que él...? —Sato se detuvo, su voz temblando—. No, es imposible. Él sabe lo que este vestido significa para la exhibición.

Justo en ese momento, el insecto "Paparazzi" emergió de la junta con la misma precisión con la que había entrado. Su vuelo de regreso hacia ti fue breve y, al posarse en tu piel, transmitió la información necesaria a través de tu conexión sensorial.

No había un mecanismo secreto diseñado para el robo, ni tampoco un hueco de gran tamaño. Sin embargo, el espacio bajo el podio no estaba vacío. Había un rastro. Un rastro de algo que definitivamente no era polvo acumulado durante décadas. Había una acumulación de finas partículas de metal —limaduras de hierro, pequeñas, casi invisibles a simple vista— que seguían un patrón circular alrededor de la base del podio, como si el propio soporte hubiera sido movido o arrastrado con una precisión quirúrgica, y luego devuelto a su posición original mediante un sistema de raíles ocultos que ya no estaban allí. Peor aún, bajo la madera, el insecto detectó un olor: una mezcla de aceite de máquina de coser, pero con una nota amarga, química, que se parecía mucho al aroma de los disolventes industriales que se usan para limpiar piezas metálicas.

Pero había algo más que llamó tu atención. Cerca del borde interior del podio, atrapado en una de las esquinas de la estructura, tu explorador había localizado un trozo de tela. No era la seda de "El Suspiro de Verano". Era un retazo pequeño, de un color azul industrial, con una textura rugosa, si se la muestras a sato puede que el te pudiera decir algo mas de ella.

Empiezas a armar una hipotesis quizas alguien había modificado el podio para que pudiera girar o deslizarse hacia una escotilla oculta bajo el suelo, permitiendo sacar el vestido sin tener que cargarlo por la tienda. Alguien que conocía la estructura de la madera y que tenía acceso a herramientas industriales para manipular el mecanismo.

Te incorporaste, con una idea, sato esperaba tu veredicto con la respiración contenida. La realidad se volvía más clara: el robo fue un acto técnico, una coreografía de precisión mecánica ejecutada por alguien que no solo conocía el diseño del vestido, sino el diseño de la sastrería misma.
[Imagen: JK2RddW.png]
Momo Aburame
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07-07-2026, 03:24 AM
Última modificación: 07-07-2026, 03:26 AM por Momo Aburame.
El Explorador regresó por la misma junta con gran puntualidad. Lo recibí sobre la mano y esperé los breves segundos necesarios mientras las imágenes recorrían mi conexión con él: oscuridad estrecha, madera, polvo y, debajo del podio, un patrón circular de limaduras metálicas demasiado ordenado para ser accidental. No había una enorme madriguera secreta ni un ladrón encogido bajo la tarima esperando para realizar su entrada dramática, lo cual me decepcionó profundamente como espectadora, pero resultaba bastante útil como investigadora.
También había un pequeño retazo azul atrapado en una esquina interior. Era áspero, grueso y completamente distinto de la seda que debía vestir al maniquí.
—Excelente trabajo —murmuré al insecto mientras regresaba al interior de mi cuerpo—. Breve, preciso y sin una sola crisis nerviosa. Maestro Sato, observe con atención. Todavía está a tiempo de mejorar.
Me incliné otra vez y acerqué el rostro a la junta señalada por las imágenes. Ahora que sabía dónde concentrarme, pude distinguir bajo la cera y la madera el olor del aceite utilizado en las máquinas, mezclado con una nota amarga y química. No procedía del salón en general. Estaba acumulado bajo el podio, como si alguien hubiera limpiado o manipulado piezas metálicas allí abajo. Industrial, reciente y completamente inapropiado para cualquier cosa llamada El Suspiro de Verano.
—Aceite, metal y disolvente debajo de un vestido de gala —comenté—. Una combinación tan atrevida como los escotes que gusta de usar mi madre.
Utilicé la punta del kunai con cuidado para alcanzar el borde del retazo sin empujarlo más adentro. Lo extraje lentamente y lo sostuve frente a la luz, procurando no alterar más de lo necesario la tela ni las partículas que pudiera conservar. Después lo levanté entre dos dedos para que Sato pudiera verlo.
—Dígame qué es. No pertenece al vestido y, salvo que su colección de verano esté inspirada en operarios de alcantarillado, tampoco parece material de exhibición.
Giré apenas el retazo, observando el tejido desde ambos lados.
—¿Delantal? ¿Bolsa de herramientas? ¿Uniforme de mantenimiento? ¿Proveedor con un gusto criminal? Quiero nombres, no metáforas. Ya tenemos un vestido llamado El Suspiro de Verano; ¡la cuota poética del día está cubierta, Sato! ¡Cubierta!
Las limaduras formaban un recorrido circular alrededor de la base. El podio no mostraba marcas exteriores porque probablemente no había sido arrastrado sobre el salón de la forma habitual. Algo en su estructura había girado, deslizado o sido desmontado con suficiente precisión para devolverlo casi exactamente a su sitio. No podía asegurar todavía que existiera una escotilla bajo el suelo, pero sí que aquella base había tenido contacto con piezas metálicas móviles que ya no estaban a la vista.
—Su vestido no se convirtió en aire —dije, incorporándome—. Admito que habría sido mucho más elegante, pero no. Alguien manipuló el podio, retiró lo que necesitaba y después volvió a colocarlo. Con bastante precisión, aunque no la suficiente para limpiar las limaduras. Un criminal técnico, pero sin atención al detalle. Trágico. Nada petit, nada demure.
Incliné la cabeza hacia el techo. 
—Vamos progresando —anuncié—. Hace cinco minutos tenía un vestido evaporado. Ahora tiene un podio manipulado, residuos metálicos y una persona con un gusto preocupante por el azul industrial. No es una mejora para la exhibición, pero sí para mi reputación.
Crucé los brazos y esperé su respuesta.
Akira Hyuuga
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07-07-2026, 03:50 AM
-Es una fibra de sarga reforzada, tratada con impermeabilizante industrial. Se utiliza exclusivamente en los delantales de protección que usan los operarios en los talleres de mantenimiento de la central. Kenji... él insistió en comprar un lote de esos delantales hace dos meses. Dijo que quería "proteger su ropa de calle" mientras trabajaba en los arreglos pesados de las máquinas de coser antiguas. Yo no le di importancia, ¡es un muchacho precavido! Pero esto...


El Maestro Sato, visiblemente superado por la situación, se limitó a seguir tus movimientos con la mirada, incapaz de procesar el alcance de lo que tus sentidos y tus kikaichū estaban revelando. Mientras él permanecía sumido en su propia confusión, la sastrería comenzó a hablarte a través de las pistas que tú, con precisión quirúrgica, Haz ido desenterrando.

Tras extraer el retazo de fibra azul sintética —ese material tosco, cargado de residuos metálicos que brillaban con una tonalidad opaca bajo la luz—, te desplazaste hacia la zona que tus insectos habían marcado con mayor insistencia con su vibracion. Al retirar una gruesa pila de rollos de terciopelo que acumulaban una capa de polvo sospechosamente intacta, tus ojos dieron con una trampilla de servicio.

No estaba forzada. De hecho, parecía haberse abierto con una suavidad mecánica impropia de una sastrería antigua. Al inclinarte para inspeccionarla, los detalles empezaron a acumularse:

En la superficie de la trampilla: Una mancha tenue, un rastro de aceite de máquina de coser que, a diferencia del que se usaba en el taller de Sato, tenía una viscosidad distinta, más densa, similar a los lubricantes industriales de alto rendimiento(esto lo notas si decides tocarlo).

En los bordes de madera: Pequeñas marcas de presión que sugerían el uso de una herramienta con una punta afilada, diseñada para hacer palanca sin astillar el material, dejando una huella casi idéntica a la forma de una llave de paso estándar.

En el interior del pasadizo: en el espacio de aqui podria entar facimente una persona puedes decidir bajar y observar o de nuevo usar tus simbioticos amigos a ver por ti.

¿Cómo decides proceder tras este hallazgo, Momo?
[Imagen: JK2RddW.png]
Momo Aburame
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07-07-2026, 06:57 PM
Kenji había insistido en comprar aquellos delantales industriales apenas dos meses atrás, y ahora una pieza de ese mismo material aparecía atrapada bajo el podio manipulado.
—Entiendo. Ese tal Kenji compró ropa de protección industrial, sabía trabajar con las máquinas antiguas y, casualmente, dejó una muestra debajo del vestido desaparecido —resumí—. Empieza a ser una situación bastante comprometida.
Entonces recordé el motivo por el que Kenji había salido con tanta prisa: los preparativos para la boda de su hermana. Un vestido de gala de seda y plata había desaparecido pocas horas antes de una exhibición, mientras se acercaba la boda de la hermana del principal sospechoso. Podía ser una coincidencia. También podía ser una solución económica extremadamente creativa y moderadamente criminal.
—Maestro Sato, ¿la hermana de Kenji ya tenía vestido de novia? —pregunté, mirándolo directamente—. Quiero saber si usted lo vio, si Kenji habló de él o si alguien de esta tienda participó en su confección.
Levanté el retazo azul entre dos dedos.
—¿Cuándo es la boda? ¿Y cuál es la situación económica de la familia de Kenji? Con delicadeza, por supuesto. No estoy intentando humillarlos.
Incliné un poco la cabeza, repasando las posibilidades. Kenji podía haber tomado el vestido para adaptarlo, venderlo y financiar la boda o incluso utilizar parte de sus materiales. También podía estar siendo incriminado por alguien que conocía su ropa de trabajo y sus circunstancias familiares.
—¿Kenji le pidió recientemente un adelanto, retazos caros, hilo de plata o permiso para utilizar el taller fuera de horario? ¿Mencionó que el vestido de su hermana no estaba terminado, que no podían pagarlo o que necesitaba solucionar algún problema antes de la ceremonia?
Hice una pausa antes de añadir:
—Y una pregunta profesional: ¿El Suspiro de Verano podría transformarse en un vestido de novia sin destruirlo por completo?
Aparté los rollos de terciopelo hasta dejar expuesta la trampilla. La capa de polvo sobre las telas había permanecido sospechosamente intacta, pero la tapa se abría con una suavidad incompatible con el resto del edificio. Acerqué la punta del kunai a la mancha y recogí una cantidad mínima de aceite. Después lo toqué con los dedos, frotándolo con cuidado entre el índice y el pulgar.
Era más denso que el lubricante habitual de las máquinas de coser. Persistía sobre la piel con una viscosidad pesada, propia de maquinaria industrial sometida a un esfuerzo mayor. Naturalmente, también acababa de instalarse en mis dedos con la determinación de una mancha que pretendía arruinarme toda la mañana.
—Aceite industrial —dije, observando mi mano con desaprobación—. El caso progresa y mi manicura paga el precio. Como siempre, el talento femenino sostiene las instituciones.
Las marcas de los bordes tampoco parecían producto del desgaste. Alguien había utilizado una herramienta estrecha para levantar la trampilla sin astillar la madera. Una llave de paso podía dejar una señal semejante y, convenientemente, pertenecía al mismo universo del mantenimiento industrial que los delantales y el lubricante.
El pasadizo era lo bastante ancho para permitir el descenso de una persona, pero meterme de inmediato en un túnel desconocido, con aceite todavía pegado a los dedos, me pareció una decisión excesivamente heroica. El heroísmo era admirable siempre que otra persona lo realizara primero.
Separé nuevamente al Explorador y lo sostuve sobre la yema de mi dedo.
—Bajá por la trampilla, Paparazzi. Observá el espacio inmediatamente inferior y el primer tramo conectado al pasadizo. Después regresá por la misma ruta. Nada de perseguir sospechosos; para eso existen los adultos mal pagados.
Lo dejé sobre el borde. El insecto descendió por la madera y desapareció en la oscuridad. No recibiría imágenes hasta que regresara, así que cualquier revelación dramática tendría que esperar. Mientras tanto, Sato podía responder preguntas que empezaban a incomodar bastante más que un podio vacío.
Me incorporé y limpié el aceite de mis dedos con un retazo sin valor, procurando no tocar ninguna de las telas importantes.
—No estoy diciendo que Kenji robó el vestido —aclaré—. Pero tenemos su tela de trabajo, herramientas compatibles con el acceso, conocimientos mecánicos y una boda familiar que podría proporcionar un motivo.
Crucé los brazos.
—Hábleme de la hermana, del vestido y del dinero, Maestro Sato.

✔Aprendida · 01-07-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: ABUR101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Los Aburame albergan en su interior a los Kikaichū, una especie de insectos simbióticos que viven dentro del cuerpo del usuario y pueden salir o entrar a voluntad. Estos insectos, aunque vivos, son utilizados como armas a través de comandos mentales emitidos por el usuario, ejecutando instrucciones sin razonamiento propio ni iniciativa, actuando únicamente por órdenes preestablecidas. Cada enjambre de Kikaichū se comporta como un arma de tamaño pequeño, y siempre se movilizan en grupo, no de forma individual. Por sistema, pueden considerarse tanto armas como técnicas de Ninjutsu, funcionando con propiedades únicas y siendo capaces de dañar directamente los tenketsus del enemigo.

El usuario puede mantener activos tantos enjambres como tenketsus posea, y su capacidad para controlarlos de forma simultánea depende directamente de su estadística de Destreza, aplicada al manejo de insectos. Si un enjambre es destruido, ya sea por un choque, una técnica enemiga u otra causa, el usuario puede optar por sacrificar la regeneración natural de chakra de ese turno para generar un nuevo enjambre en su lugar. Además, los Kikaichū pueden ser utilizados como armas arrojadizas en cualquier técnica de Bukijutsu. Sin importar cuántos enjambres impacten al oponente dentro de una misma técnica, solo se aplicará un único efecto de Bloqueo de tenketsu por técnica realizada, incluso si esta es mantenida en el tiempo.

✧Efecto
2 (MDES) de Enjambres Simultaneos - 1 (MCCK) de Bloqueo

✔Aprendida · 02-07-2026
◈Yang
✦Nivel: 1
#ID: ABUR003R
◔Coste
30 de Chakra
▣Descripción

El usuario ha desarrollado la capacidad de manipular dos tipos especiales de insectos individuales dentro de sus enjambres, manteniendo los mismos requisitos que los Kikaichū normales. La primera variante es el Insecto Explorador, un único insecto capaz de desplazarse a una zona específica para observarla y luego regresar al usuario para transmitir información visual detallada. Este viaje debe realizarse en dos turnos distintos, uno de ida y otro de vuelta, y el insecto tarda aproximadamente 2 segundos en entregar la información tras su retorno. Gracias a esto, el usuario puede reconocer el terreno o detectar enemigos sin exponerse directamente.

La segunda variante es el Insecto Reina, una unidad completamente inmóvil que actúa como punto de referencia para el resto de los insectos, guiándolos mediante la emisión constante de feromonas. Esta Reina no puede moverse por sí sola, por lo que debe ser colocada manualmente sobre una superficie, objeto, persona o estructura por el propio usuario. Tanto los enjambres como los Exploradores pueden localizar y regresar a su posición, y sus movimientos o ataques pueden ser dirigidos para que siempre se orienten hacia donde ella se encuentre. Además, gracias al rastro de feromonas, el Insecto Explorador puede informar al usuario de la dirección exacta en la que se encuentra la Reina sin necesidad de acercarse a ella. La Reina tiene un tiempo limitado fuera del cuerpo del usuario, y tras cualquier interacción con los insectos, al menos un enjambre prioriza su retorno seguro al cuerpo del Aburame. Si la Reina muere, no podrá ser reemplazada durante el resto del tema.

✧Efecto
1 (MCCK) de Turnos para la Reina Fuera del Cuerpo - 20 (MDES) de Rango Máximo


Vida: 240/240

Chakra: 225/285
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
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07-07-2026, 07:24 PM
El Maestro Sato se quedó un instante en silencio, con la mirada clavada en el trozo de sarga azul que sostenías, como si las palabras de Momo estuvieran hilvanando una realidad que él se había resistido a ver hasta ese preciso momento. El ambiente en la sastrería, ya denso por el aroma a cera y metal, pareció enfriarse al escuchar la conexión que acababas de trazar entre el robo y los preparativos nupciales.

—La boda... —Sato tragó saliva, sus manos jugueteando nerviosamente con el borde de una estantería—. Es el próximo domingo. Kenji ha estado distraído, sí, pero pensé que era el estrés normal de un joven ayudando en los detalles finales. Nunca mencionó un vestido, ni pidió retazos. Siempre dijo que su hermana ya tenía uno comprado en un almacén del distrito central... algo sencillo, prefabricado.

El sastre negó con la cabeza, cada vez más pálido, mientras sus dedos buscaban refugio en los pliegues de su propio delantal de trabajo, comparándolo inconscientemente con el que habías extraído del suelo.

—¿Adelantos? —continuó, con un hilo de voz—. Me pidió un pequeño préstamo hace tres semanas. Dijo que la familia tenía gastos médicos imprevistos, pero no mencionó nada de la boda. Pensé que era un muchacho honorable, Momo-san. Le di el dinero sin dudarlo. Pero si me dice que el aceite de esta trampilla... si este mecanismo de giro bajo el podio coincide con sus herramientas... —Sato se interrumpió, mirando la trampilla abierta—. Él conocía el valor de "El Suspiro de Verano" mejor que nadie. Sabía que la seda, una vez desarmada y vuelta a ensamblar, podría pasar por la tela de un vestido nupcial de alta costura, algo que su familia nunca podría permitirse comprar. Si lo que sugiere es cierto, no solo ha destruido mi exhibición, ha estado planeando esta "remodelación" mientras yo le pagaba el sueldo.

El sastre se dejó caer sobre un taburete cercano, con los hombros hundidos por la revelación. La duda técnica que lanzaste —sobre si el vestido podría transformarse— pareció golpearlo como una verdad absoluta.

—Transformarlo... es posible —susurró Sato, mirando al vacío—. La estructura de los paneles de seda permitiría una reconfiguración total sin comprometer la integridad del tejido. Si alguien tuviera el tiempo y la precisión técnica necesaria, podría convertir esa pieza de pasarela en una túnica de novia de ensueño en cuestión de días.

Justo en ese momento, un leve zumbido rompió el silencio tenso de la sastrería. Tu "Paparazzi" emergió de la oscuridad de la trampilla, volando con una trayectoria rectilínea y estable antes de posarse sobre tu dedo. La información fluyó hacia tu mente, clara y desprovista de cualquier subjetividad:

Entorno inferior: El tramo inicial bajo la trampilla es un corredor de servicio estrecho, reforzado con vigas metálicas que muestran marcas frescas de fricción, como si se hubieran utilizado recientemente para deslizar un objeto voluminoso y pesado.

Huellas: Sobre el suelo de cemento frío, hay un rastro de huellas de botas que coinciden con el calzado industrial de los trabajadores de la central. No son huellas antiguas; el polvo desplazado revela que el paso fue transitado hace apenas unas horas.

El hallazgo: A pocos metros de la base de la trampilla, el insecto captó una superficie metálica que no debería estar allí: un bastidor improvisado de acero que sostiene un maniquí de madera básico. No hay rastro de la seda plateada, pero sí hay un pequeño ovillo de hilo de plata, olvidado o descartado, que brilla con la misma intensidad que el material de tu vestido desaparecido.

Sonido: El sonido sincopado que escuchabas antes se intensifica aquí abajo; no es un mecanismo automático, sino el ritmo rítmico de un pedal de máquina de coser industrial operando en un taller clandestino, más profundo en el pasadizo.

La escena está montada: el "taller" no es un mito, es una realidad subterránea, y la proximidad del sonido sugiere que el trabajo de transformación podría estar ocurriendo en este mismo instante. Con la confirmación de que hay actividad mecánica justo debajo de la trampilla y que el hilo de plata ya ha sido desplazado, la situación ha dejado de ser una sospecha para convertirse en una persecución en tiempo real.


OFF
¿Qué decisión toma Momo ahora que el rastro físico conduce directamente hacia el sonido de la maquinaria y los restos de hilo de plata?

¡Gracias por elegirnos! Pueden seguir la historia de Momo, nuestra modelo e investigadora de élite, y descubrir el desenlace de esta misión en el próximo capítulo:

¡Queen Bee y la Pasarela de las Sombras: Carrera contra el Hilo!

PUEDES CERRARLA Y SI QUIERES SEGUIMOS PUEDE SER UNA CLASE D SI YA TIENES EL NIVEL

[Imagen: JK2RddW.png]
Moderador 2
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09-07-2026, 04:06 AM
Momo Aburame... espero grandes cosas de ti, recompensas otorgadas
Momo Aburame: 250 Ryos, 2 Tobis, 50 de Exp
Akira Hyuga: 250 Ryos, 35 de Exp y un Pergamino Rango E



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