06-07-2026, 09:30 PM
La niebla de Kirigakure no era solo un fenómeno meteorológico que se pudiese destacar... Realmente hablamos de algo que sucedía incluso en los días de verano donde como si fuese arte de nigromancia o como se le pudiese decir a la magia negra peruana en vez de desaparecer, la misma lluvia y niebla que rodeaba la vida de Ao terminaba siendo más caliente que olla hirviendo (exageramos), una presencia viva?, una entidad que envolvía la aldea?, no bueno, si quisieses transportarnos a Londres en juegos como FGO te la compro, pero no era así. Lo canales donde el agua podría moverse libremente debido a las lluvias intensas eran visibles en las calles y las almas de sus habitantes con la misma indiferencia con que el mar devora la costa rígida y espesa de su propia soledad, tanto como... Lo que perdió su narrador en el Parley de ayer por apostarle a México e.e... Por eso muchachos nunca apuesten porque me quitarán la casa en unos días (en realidad no hice nada pero quise hacer el chiste de cómo teniendo Dios, afición y guión en contra Inglaterra todavía ganó :v). Dejando las quejas de lado, Ao, una joven geisha que había nacido en esa niebla, como todos sus habitantes había aprendido a moverse por esta como pez en el agua, desde los entrenamientos rigurosos que lograba imitar gracias a su padre quien como miembro del clan Heizu debía de inculcar ya que había algo que la negación jamás podría quitarle a Al por las que lo pidiesen a los cielos... La pensión alimentaria digo digo, los genes de los Heizu. Esos ojos no eran mentira o si quieren pregúntele quien fue el pelagato que la quitaron los ojos para ponérselos a una jovencita e.e.
Tremenda hilera de fantasías: su primera misión en soledad desde que le recetaron a 2 pendejos más desviados de la personalidad común de un ser humano común y corriente, graduada con honores en la Academia de la Niebla, y su primera acción, pasar por el hospital y ser chica de los recados por un día, que bonita chica de recados con comportamientos comunes entre las geishas en un hospital, nada podía salir mal cierto?.
— NOOOOOOOOOO —
Sin incidentes pero aún así se quejaba en la entrada. Como si ser ella una mensajera fuese el castigo peor diseñado para una kunoichi novata que había entrenado durante meses para servir a su aldea, había aprendido a lanzar kunais directo a muñecos de prueba, ahora pareciendo que solo lo haría para mostrar dotes exóticos en fiestas. Ao asintió antes de que pudiese saber de qué trataba el encargo y eso la decepcionó profundamente, veía la vida Shinobi como entretenida, nah, necesitaba era palo.
Al entrar, fueron obvias sus siguientes acciones...
Se dirigió al mostrador de recepción, donde una mujer de cabello canoso y ojos cansados la miró sin expresión, con decepción, era fanática de Brasil en el mundial seguramente y le cagó el perder con noruega, joder el Joga Vikingo es más que el Jogo Bonito, que hermoso.
Se puso algo nerviosa pero se le quitó al instante al poner cara al asunto. — Señora, soy la kunoichi que fue asignada a su encargo. Espero nos llevemos bien —. Incluso como prueba un pergamino que lo indicaba. Con una sonrisa, a diferencia de la bruja quien como buen recepcionista tomó el pergamino que Ao le dió, lo leyó con indiferencia. Urgencias, farmacia, pediatría y ortopedia, cuatro lugares de los cuales creía que iba a ser sencillo acceder, hablamos de un hospital, lógicamente necesitaba indicaciones. La señora sin espera le dió lo que parecía un pergamino desplegado, pero no, era un pequeño mapa.
"Necesitas eso, no quiero tener que buscarte. Ya nos pasó una vez con novatos"
El tono era cortante, esperable, pero Ao no se ofendió. Por mera cortesía... En realidad... Una geisha estaba para complacer.
Empezando...
Su primera parada fue la sala de urgencias justo en la planta baja, donde entregó vendas, gasas y frascos de desinfectante a un médico que le contestó con gestos de agradecimiento antes de volver a su paciente, un hombre con el brazo vendado. La segunda parada fue la farmacia, en el primer piso, donde una enfermera le dió una lista de medicamentos a buscar en el almacén.
— Y cuando subas, lleva esto a pediatría. Necesitas apresurarte un poco mi niña te caerá la tarde encima —
Ao asintió, guardó el papel justo debajo de las vendas que cubrían su pecho (bendecido quien reciba ese papel (?), por mera casualidad el pequeño mapa también estaba acompañando a su nuevo compañero de cuarto junto a las instrucciones de la recepcionista, junto a todo el peso de ser jugo la primera vez que hacía este tipo de cosas, estaba algo nerviosa. Pero más nerviosa empezó a ponerse cuando lo vió.
Justo bajando las escaleras, sentado en uno de la escalones, más exactamente la parte más cercana a la pared, había un joven. De rasgos destacados, una muy buena representación del ejemplar masculino donde sus rasgos más llamativos eran los más visibles. Piel blanca, cabello blanco arreglado, sin sentirse artificial, la inclinación de los cabellos hasta uno de los lados tenía algunos cabellos sueltos, indicando el desorden que estaba presentando, ojos escarlata con una sombra en ellos que te podía penetrar el alma, junto a una pequeña sonrisa que se le podía notar cuando más te acercabas a él.
Pero había algo más. Algo que la Heizu no pudo ignorar, que se clavó en su mente como una kunai atravesando si cabeza. El joven llevaba una camisa holgada de manga larga, pero en el borde de la manga derecha, asomaba el borde de una venda blanca que se extendía hasta los dedos. Y en su cuello, apenas visible bajo el cuello de la camisa, había una mancha oscura que podría ser un moretón... o algo peor. Un pequeño destello de floración morada/negra que no se movía con la luz, indicando que no eran engaños de su memoria. Había escuchado historias sobre gente que... Simplemente no podía con el mundo en que nacían, pero había decidido ignorarlas porque no creía que nadie pudiera odiarse tanto a si mismo como para cometer tal acto.
Ao se detuvo en seco al darse cuenta que el joven la miraba sin parpadear, pareciendo reírse un poco del trabajo que ella estaba realizando.
—Tienes un mapa —. Ulala Sherlock Holmes, gracias por destacar lo obvio con flojas palabras. — Pero no veo que lo uses mucho —
Se quedó estupefacta, asustando se casi que tiraba los frascos y se echaba a correr, pero se mantuvo firme y encaró, sorprendida de que le hablara. Si bien parecía tener una buena condición física (si, Ao es de las pocas personas que se fijaría en tus brazos y pecho para distinguir de tu condición física), no parecía estar muy bien, a no ser que las vendas sea algo como con ella, ocultar cierta parte importante, pero en un brazo?.
— Te ves ciertamente corpulento... Quiero decir... — Se congeló unos instantes al tratar de hablar mejor. Apartando la mirada hacia la izquierda. — No tengo tiempo para perderlo con... —.
—¿Con un fantasma? —. La interrumpió él, esbozando una sonrisa tenue, una sonrisa que apenas curvaba sus labios. — Podrías llamarme así. Pero prefiero Mu. Solo Mu —
El nombre le sonó extraño, como si estuviera incompleto. Digo... Le faltaba una sílaba completa o incluso mucho más como acostumbraba a ver nombres exageradamente largo, bueno no eran nombres como los de sus compañeros: Yukine Sekki, Douma Kodon... Enserio que tan fanáticos del anime serán sus padres para llamarlos así de manera tan pendeja e.e (esto último es nota del narrador). Mu parecía mayor que ella, no sabía por cuánto, pero no había una diferencia amplia, quizás por unos 2 años, sus expresiones faciales le parecían extrañas, pero no hizo caso a estas suposiciones y siguió dudando. — ¿Mu?. ¿De verdad? —
— Murasaki —. Lo dijo manteniendo la sonrisa y ahora rascándose la cabeza. — Prefiero que sea simple, tanto que se te olvide después de minutos —
Ese "olvidar", había resonado con ella más de lo que pudiese haber imaginado, más con lo anterior que había visto en su cuerpo, las marcas visibles que esperaría de un muchacho así pero de otro contexto mucho más, pasional. Suspiró y como toda buena Geisha dejó los suplementos de lado para intentar quitarse la incomodidad que llevaba, usando uno de sus abanicos para repeler el aire directo hacia su cara.
— Muy bien Mu. Gracias por la preocupación pero sé dónde ir y que hacer, lo siguiente que debo hacer es... —
— ¿Ir a la sala de Pediatría? —. Comentó, haciendo una seña hacia su derecha.
— Al final de este pasillo, subes un tramo más de escaleras, cruzas el pasillo que conecta traumatología con cirugía, vas recto, y y giras a la izquierda. La puerta tiene un dibujo de un pez. No te confundas con la de maternidad, que tiene un dibujo de una ola —
Okey... Cuanto tiempo lleva ese sujeto ahí que parece que anda muy al pendiente de todos los anillos en intersecciones que conectan las distintas habitaciones del hospital, duerme ahí quizás para... Bueno ejem... Si si, si es un enfermo pues duerme ahí lógicamente, pero ese no es el punto. Al de dispuso a revisar minuciosamente el mapa que le habían otorgado en recepción, y era increíble la precisión con la que había logrado acertar el camino desde donde estaba.
— Cuatro meses confinado aquí, he aprendido con el tiempo el recorrido —
Ao se quedó bastante callada después de esa confirmación,. Ciento veinte días era demasiado para cualquier persona cuerda de la cabeza y lo peor es que se veía tan sereno que daba hasta miedo como su expresión no estaba cambiando, pero no era solo eso. Una curiosidad yendo hacia lo detectivesco, se apoderó de ella.
—¿Por qué estás aquí? —
Pero Mu no pareció ofendido. Al contrario, sus ojos rojo no parecieron cambiar con la pregunta que resurgió desde el diafragma.
— ¿A que nos referimos?. Porque estoy aquí o sigo aquí? —.
Hizo una pequeña pausa riéndose un poco ya que había entendido perfectamente, pero quería saber el porqué de su pregunta.
— Fue un accidente —
La palabra "accidente" salió de sus labios con una ligereza que no encajaba con el tono de su voz, aprendida y ensayada diría yo, como si hubiera disipado pa pregunta así tantas veces que ya era visible la mentira, pero bueno esto sería hablado mucho después...
Mu sonrió, pero era una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una sonrisa que era más un gesto que una emoción.
Tremenda hilera de fantasías: su primera misión en soledad desde que le recetaron a 2 pendejos más desviados de la personalidad común de un ser humano común y corriente, graduada con honores en la Academia de la Niebla, y su primera acción, pasar por el hospital y ser chica de los recados por un día, que bonita chica de recados con comportamientos comunes entre las geishas en un hospital, nada podía salir mal cierto?.
— NOOOOOOOOOO —
Sin incidentes pero aún así se quejaba en la entrada. Como si ser ella una mensajera fuese el castigo peor diseñado para una kunoichi novata que había entrenado durante meses para servir a su aldea, había aprendido a lanzar kunais directo a muñecos de prueba, ahora pareciendo que solo lo haría para mostrar dotes exóticos en fiestas. Ao asintió antes de que pudiese saber de qué trataba el encargo y eso la decepcionó profundamente, veía la vida Shinobi como entretenida, nah, necesitaba era palo.
Al entrar, fueron obvias sus siguientes acciones...
Se dirigió al mostrador de recepción, donde una mujer de cabello canoso y ojos cansados la miró sin expresión, con decepción, era fanática de Brasil en el mundial seguramente y le cagó el perder con noruega, joder el Joga Vikingo es más que el Jogo Bonito, que hermoso.
Se puso algo nerviosa pero se le quitó al instante al poner cara al asunto. — Señora, soy la kunoichi que fue asignada a su encargo. Espero nos llevemos bien —. Incluso como prueba un pergamino que lo indicaba. Con una sonrisa, a diferencia de la bruja quien como buen recepcionista tomó el pergamino que Ao le dió, lo leyó con indiferencia. Urgencias, farmacia, pediatría y ortopedia, cuatro lugares de los cuales creía que iba a ser sencillo acceder, hablamos de un hospital, lógicamente necesitaba indicaciones. La señora sin espera le dió lo que parecía un pergamino desplegado, pero no, era un pequeño mapa.
"Necesitas eso, no quiero tener que buscarte. Ya nos pasó una vez con novatos"
El tono era cortante, esperable, pero Ao no se ofendió. Por mera cortesía... En realidad... Una geisha estaba para complacer.
Empezando...
Su primera parada fue la sala de urgencias justo en la planta baja, donde entregó vendas, gasas y frascos de desinfectante a un médico que le contestó con gestos de agradecimiento antes de volver a su paciente, un hombre con el brazo vendado. La segunda parada fue la farmacia, en el primer piso, donde una enfermera le dió una lista de medicamentos a buscar en el almacén.
— Y cuando subas, lleva esto a pediatría. Necesitas apresurarte un poco mi niña te caerá la tarde encima —
Ao asintió, guardó el papel justo debajo de las vendas que cubrían su pecho (bendecido quien reciba ese papel (?), por mera casualidad el pequeño mapa también estaba acompañando a su nuevo compañero de cuarto junto a las instrucciones de la recepcionista, junto a todo el peso de ser jugo la primera vez que hacía este tipo de cosas, estaba algo nerviosa. Pero más nerviosa empezó a ponerse cuando lo vió.
Justo bajando las escaleras, sentado en uno de la escalones, más exactamente la parte más cercana a la pared, había un joven. De rasgos destacados, una muy buena representación del ejemplar masculino donde sus rasgos más llamativos eran los más visibles. Piel blanca, cabello blanco arreglado, sin sentirse artificial, la inclinación de los cabellos hasta uno de los lados tenía algunos cabellos sueltos, indicando el desorden que estaba presentando, ojos escarlata con una sombra en ellos que te podía penetrar el alma, junto a una pequeña sonrisa que se le podía notar cuando más te acercabas a él.
Pero había algo más. Algo que la Heizu no pudo ignorar, que se clavó en su mente como una kunai atravesando si cabeza. El joven llevaba una camisa holgada de manga larga, pero en el borde de la manga derecha, asomaba el borde de una venda blanca que se extendía hasta los dedos. Y en su cuello, apenas visible bajo el cuello de la camisa, había una mancha oscura que podría ser un moretón... o algo peor. Un pequeño destello de floración morada/negra que no se movía con la luz, indicando que no eran engaños de su memoria. Había escuchado historias sobre gente que... Simplemente no podía con el mundo en que nacían, pero había decidido ignorarlas porque no creía que nadie pudiera odiarse tanto a si mismo como para cometer tal acto.
Ao se detuvo en seco al darse cuenta que el joven la miraba sin parpadear, pareciendo reírse un poco del trabajo que ella estaba realizando.
—Tienes un mapa —. Ulala Sherlock Holmes, gracias por destacar lo obvio con flojas palabras. — Pero no veo que lo uses mucho —
Se quedó estupefacta, asustando se casi que tiraba los frascos y se echaba a correr, pero se mantuvo firme y encaró, sorprendida de que le hablara. Si bien parecía tener una buena condición física (si, Ao es de las pocas personas que se fijaría en tus brazos y pecho para distinguir de tu condición física), no parecía estar muy bien, a no ser que las vendas sea algo como con ella, ocultar cierta parte importante, pero en un brazo?.
— Te ves ciertamente corpulento... Quiero decir... — Se congeló unos instantes al tratar de hablar mejor. Apartando la mirada hacia la izquierda. — No tengo tiempo para perderlo con... —.
—¿Con un fantasma? —. La interrumpió él, esbozando una sonrisa tenue, una sonrisa que apenas curvaba sus labios. — Podrías llamarme así. Pero prefiero Mu. Solo Mu —
El nombre le sonó extraño, como si estuviera incompleto. Digo... Le faltaba una sílaba completa o incluso mucho más como acostumbraba a ver nombres exageradamente largo, bueno no eran nombres como los de sus compañeros: Yukine Sekki, Douma Kodon... Enserio que tan fanáticos del anime serán sus padres para llamarlos así de manera tan pendeja e.e (esto último es nota del narrador). Mu parecía mayor que ella, no sabía por cuánto, pero no había una diferencia amplia, quizás por unos 2 años, sus expresiones faciales le parecían extrañas, pero no hizo caso a estas suposiciones y siguió dudando. — ¿Mu?. ¿De verdad? —
— Murasaki —. Lo dijo manteniendo la sonrisa y ahora rascándose la cabeza. — Prefiero que sea simple, tanto que se te olvide después de minutos —
Ese "olvidar", había resonado con ella más de lo que pudiese haber imaginado, más con lo anterior que había visto en su cuerpo, las marcas visibles que esperaría de un muchacho así pero de otro contexto mucho más, pasional. Suspiró y como toda buena Geisha dejó los suplementos de lado para intentar quitarse la incomodidad que llevaba, usando uno de sus abanicos para repeler el aire directo hacia su cara.
— Muy bien Mu. Gracias por la preocupación pero sé dónde ir y que hacer, lo siguiente que debo hacer es... —
— ¿Ir a la sala de Pediatría? —. Comentó, haciendo una seña hacia su derecha.
— Al final de este pasillo, subes un tramo más de escaleras, cruzas el pasillo que conecta traumatología con cirugía, vas recto, y y giras a la izquierda. La puerta tiene un dibujo de un pez. No te confundas con la de maternidad, que tiene un dibujo de una ola —
Okey... Cuanto tiempo lleva ese sujeto ahí que parece que anda muy al pendiente de todos los anillos en intersecciones que conectan las distintas habitaciones del hospital, duerme ahí quizás para... Bueno ejem... Si si, si es un enfermo pues duerme ahí lógicamente, pero ese no es el punto. Al de dispuso a revisar minuciosamente el mapa que le habían otorgado en recepción, y era increíble la precisión con la que había logrado acertar el camino desde donde estaba.
— Cuatro meses confinado aquí, he aprendido con el tiempo el recorrido —
Ao se quedó bastante callada después de esa confirmación,. Ciento veinte días era demasiado para cualquier persona cuerda de la cabeza y lo peor es que se veía tan sereno que daba hasta miedo como su expresión no estaba cambiando, pero no era solo eso. Una curiosidad yendo hacia lo detectivesco, se apoderó de ella.
—¿Por qué estás aquí? —
Pero Mu no pareció ofendido. Al contrario, sus ojos rojo no parecieron cambiar con la pregunta que resurgió desde el diafragma.
— ¿A que nos referimos?. Porque estoy aquí o sigo aquí? —.
Hizo una pequeña pausa riéndose un poco ya que había entendido perfectamente, pero quería saber el porqué de su pregunta.
— Fue un accidente —
La palabra "accidente" salió de sus labios con una ligereza que no encajaba con el tono de su voz, aprendida y ensayada diría yo, como si hubiera disipado pa pregunta así tantas veces que ya era visible la mentira, pero bueno esto sería hablado mucho después...
Mu sonrió, pero era una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una sonrisa que era más un gesto que una emoción.