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El tablero de la discordia [Akira Hyuuga]
Shun
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 4
Estadísticas
Generales
Fuerza6(1)
Destreza13(1)
Ctrl. de Chakra13(1)
Inteligencia13(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu10
Sigilo10
254
271
Enlace al Post
05-07-2026, 12:41 PM
30 de primavera del 150

El crujido de la madera vieja siempre emitía el mismo tono sordo, un eco monocorde que a oídos de cualquiera pasaría desapercibido, pero que en la mente de Shun resonaba con la precisión de un metrónomo. Sentado en un banco de piedra, bajo la sombra de un arce, el ninja sostenía una pieza de madera entre los dedos índice y corazón. Frente a él, un tablero de Shōgi desgastado por el uso servía como su único interlocutor. Para una mente dotada de un coeficiente intelectual tan elevado, aquel juego no era un pasatiempo; era un espejo simplificado de la realidad. Un mapa de causas, efectos, sacrificios calculados y peones predecibles que se movían por el tablero creyendo tener libre albedrío, cuando en realidad cada uno de sus pasos ya había sido anticipado. Un claro paralelismo de la vida real.

El viento de finales de primavera soplaba con una parsimonia casi insultante entre los muros encalados y los tejados tradicionales de la zona residencial de Konoha. Era un barrio pulcro, silencioso y asfixiante, diseñado para que las familias de alcurnia exhibieran su estatus a través de jardines zen perfectamente podados y fachadas inmaculadas. A Shun le resultaba fascinante la hipocresía que flotaba en el aire de este vecindario. Mientras que en los barrios bajos la brutalidad humana era honesta y predecible, allí la gente se ocultaba tras máscaras de cortesía, rígidos dogmas e impecables linajes. Su pasado le había enseñado a evaluar la realidad desprovisto de cualquier atadura emocional. No había espacio para el luto o el respeto por la tradición; el orden preestablecido solo era un escenario idóneo para desmenuzar, observar y utilizar en su propio beneficio.

El eco rítmico de unos pasos rompió la monotonía del camino de piedra pavimentada. Shun no necesitó levantar la vista para saber que la pulcra sintonía del sector residencial acababa de verse alterada por una energía densa, pesada y carente de toda la finura que los ancianos de la zona solían exigir. 

Un joven de complexión atlética y una imponente altura de casi un metro noventa avanzaba por la calle principal. Shun, manteniendo su rostro varonil y anguloso completamente imperturbable, realizó su primer análisis. El recién llegado poseía rasgos faciales afilados y aristocráticos, un largo cabello castaño oscuro que caía por debajo de sus hombros y, lo más llamativo de todo, una frente completamente limpia de cualquier marca o sello que delatara sumisión. Aquello, sumado a las esferas perladas de sus ojos, era un diagnóstico inequívoco: un Hyūga de la rama principal. Un "pura sangre" destinado a heredar el elitismo del clan, pero que caminaba de una forma que desafiaba cualquier protocolo noble.

«Parece una persona impaciente e impulsiva. El heredero de un linaje de la élite atrapado en la jaula de oro de su propio clan. ¿Estará buscando como escapar?», reflexionó mientras una sutil y gélida media sonrisa se dibujaba en sus labios. Apenas un par de segundos habían bastado para diseccionar a aquel espécimen. El sujeto en cuestión no era como sus congéneres, eso estaba claro.

Con un movimiento pausado y deliberado, Shun dejó caer su pieza sobre el tablero, provocando un chasquido limpio que cortó el silbido del viento entre los muros residenciales. Sin levantar la cabeza, permitiendo que su voz varonil, pausada y arrastrada viajara con perfecta nitidez por el espacio abierto que los separaba, habló en dirección al castaño.

—Es una lástima ensuciar unos pantalones tan blancos en mitad de la calle principal. Aunque supongo que cuando la sangre hierve con tanta fuerza, lo último que importa es cuidar los modales que tanto os exigen en vuestras familias —de la forma más lenta y calculada posible, elevó la mirada. Sus ojos, marcados por la heterocromía de su mestizaje, se clavaron con una autoconfianza absoluta y desbordante en las esferas blancas del desconocido. El ojo negro lo escaneaba con frialdad matemática; el blanco permanecía inmóvil, ajeno a la tensión. Shun se inclinó sutilmente hacia delante, apoyando los antebrazos sobre el tablero de Shōgi, adoptando una postura magnética y enigmática que contrastaba con la rígida rectitud de las casas señoriales que los rodeaban —. Dime, ¿el dojo familiar se os ha quedado pequeño u os habéis quedado sin sirvientes a los que sermonear sobre el linaje? Es curioso ver que tanto refinamiento acumulado sirva para terminar paseando por la calle principal con cara de querer prenderle fuego al vecindario.

Shun ladeó ligeramente la cabeza, evaluando la microrreacción del castaño bajo la pálida luz del día. Sabía perfectamente qué cuerdas estaba tocando de manera sutil. No buscaba un choque directo de puños, al menos no todavía; prefería tantear el terreno con un sarcasmo afilado, obligando al impulsivo Hyūga a decidir si prefería ignorar la burla o rebajarse a cruzar palabras con un desconocido en mitad del vecindario.
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
Enlace al Post
06-07-2026, 12:48 PM
La figura de Akira se detiene en seco. El sonido de las pisadas sobre la piedra se apaga, dejando solo el susurro del viento entre los arces. No hay tensión en sus hombros, ni ese estallido de energía ofensiva que Shun probablemente esperaba encontrar en alguien de su linaje. Akira simplemente se queda ahí, envuelto en su shinobi shozoku blanco, con las marcas de los golpes recientes visibles en su piel, sin la máscara que antes habría usado para ocultar el desdén o la rabia.

Akira gira el torso lentamente hacia Shun. Sus ojos, los Byakugan que han visto más de lo que nadie debería, están apagados, enfocados en un punto muerto a pocos centímetros del tablero. No busca los puntos de presión de su interlocutor; no busca diseccionarlo. Sus manos, que antes habrían estado listas para un Jūken letal, descansan inertes a los lados de sus muslos.

Se acerca al banco de piedra con pasos pesados, carentes de la elegancia marcial que define a los Hyuuga. Al llegar a la altura de Shun, en lugar de adoptar una postura de guardia o responder con el filo de la lengua que el otro parece estar buscando, Akira baja la cabeza en una reverencia sincera, corta y desprovista de cualquier protocolo aristocrático. Es un gesto de alguien que ha dejado de intentar demostrar quién es.

Tras erguirse, sus ojos perlados se encuentran con los de Shun, pero no hay frialdad ni desafío en ellos. Hay un cansancio insondable.

—Tienes razón —responde Akira. Su voz es grave, plana, sin los adornos de la arrogancia de antaño—. Los pantalones se ensucian. La casa se siente pequeña. Y los sirvientes... no tienen la culpa de mi propia incapacidad para controlar lo que llevo dentro.

Se queda observando el tablero de Shōgi durante unos segundos, pero no analiza la jugada. Parece estar mirando a través de las piezas, viendo solo el material inerte del que están hechas.

—No busco prenderle fuego al vecindario. Ni tampoco busco sermonearte sobre nada —añade, y hay una honestidad brutal en sus palabras, una ausencia total de fachada que resulta casi más perturbadora que cualquier insulto—. Simplemente no tengo a dónde ir y este camino... este camino es tan silencioso como lo que siento ahora.

Akira se desplaza un poco, tomando distancia del tablero, y se sienta en el borde del banco, sin invadir el espacio personal de Shun, dejando un vacío prudente entre ambos. Se queda ahí, mirando hacia el horizonte, con las manos apoyadas en sus rodillas, dejando que el silencio vuelva a reinar, esperando a ver si el extraño frente a él tiene algo más que decir, o si simplemente se conformará con la respuesta de alguien que ya no tiene interés en jugar el juego de las apariencias.
[Imagen: JK2RddW.png]
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