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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
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[Rango E] El Anillo Perdido
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01-07-2026, 04:28 AM
[Rango E] El Anillo Perdido
Tema Solicitado: Aquí
Fecha: 150, Verano 11

Misión Asignada
[Imagen: image.png]


La Zona Comercial estaba en plena hora de movimiento, con vendedores gritando precios, clientes regateando y el olor de comida caliente mezclándose con polvo, madera vieja y humo de parrillas. Entre la Tienda de Dulces, los puestos de dango y los callejones estrechos que se abrían detrás de los locales, Shun y Daeru fueron citados sin mucho ruido por la aldea por solicitud del dueño de una joyería pequeña, de fachada limpia y cortina medio cerrada. El hombre no los recibió en el mostrador, sino en la parte trasera, con la cara pálida y la voz baja. Sobre una mesa tenía una cajita vacía de terciopelo negro. Ahí debía estar un anillo de bodas carísimo, encargado por alguien con suficiente influencia para convertir un error privado en un problema enorme para medio distrito.

El joyero explicó rápido, sin adornar demasiado la vergüenza del asunto. Un comerciante ilegal de los bajos fondos había estado vendiendo "mascotas ninja" falsas en un local abandonado cercano, animales normales alterados con jutsus de camuflaje baratos para parecer exóticos, raros o entrenados. La estafa se le fue de las manos cuando una de esas criaturas, un gallo "gigante" hiperactivo llamado Don Picotazos, se soltó durante la entrega, saltó sobre el mostrador, picoteó la cajita abierta y se tragó el anillo antes de salir disparado por la puerta trasera. El dueño no quería guardias, no quería alboroto y no quería que el cliente se enterara. Por eso pidió genins: resolver rápido, discreto y sin destrozar la zona.

El rastro empezó justo detrás de la joyería. Había plumas blancas pegadas en una caja de verduras, marcas de garras sobre el barro seco y una línea de puestos volcados que se metía hacia la red de callejones del distrito. A ratos, el gallo se veía de golpe: enorme, de pecho ancho, cresta roja y ojos desquiciados. Luego desaparecía a medias cuando el camuflaje barato le cubría el cuerpo con manchas del color de la pared, de una lona o de una caja cercana. No era invisible ni gigante de verdad; el jutsu fallaba, parpadeaba y dejaba partes sueltas al descubierto. Una pata flotando, una cresta roja moviéndose sola, un pico brillante saliendo de ninguna parte. Cada vez que alguien se acercaba demasiado, Don Picotazos soltaba un cacareo brutal y arremetía contra lo primero que tuviera enfrente.

El callejón principal terminaba en una zona más cerrada, entre barriles de comida, jaulas vacías y una puerta trasera golpeando contra la pared. Ahí el olor a animal mojado era más fuerte. También había señales del comerciante: cuerdas cortadas, sellos mal hechos pegados en las jaulas y una lona negra tirada sobre mercancía falsa. Don Picotazos estaba cerca. Se escuchaban sus uñas raspando madera, su respiración agitada y, de vez en cuando, un sonido metálico muy leve desde su garganta o buche, prueba suficiente de que el anillo seguía dentro. El problema era que el gallo no estaba quieto, el camuflaje seguía fallando y el callejón ya empezaba a llenarse de curiosos atraídos por el ruido. La misión apenas comenzaba, y el escándalo estaba a pocos cacareos de explotar.
Shun
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01-07-2026, 09:30 PM
Sus capacidades superaban con creces las exigidas para llevar a cabo una misión de rango E.

Era de dominio público que a los shinobis de menor rango les eran asignados encargos de baja dificultad que solían estar relacionadas con labores cotidianas o comunitarias que, en su opinión, podían ser realizadas por personas normales y corrientes ya que no se necesitaba dominar ningún tipo de técnica para llevarlas a cabo. No obstante, que le hubiesen encomendado realizar aquella misión tan ridícula y que, aún por encima, su compañero fuese un adolescente, le había dejado patidifuso. No sabía si debía tomárselo como un halago o como una ofensa hacia su persona.

El bullicio de la Zona Comercial era el usual aquel día de la semana a esa hora, un escenario perfecto para no llamar demasiado la atención. El informe dejaba bien claro que el cliente deseaba total discreción y anonimato y no iba a ser él quien fallase antes de empezar siquiera. Su capa permitía ocultar todo aquello que pudiese delatar que estaba de servicio, incluso su protector (que solía llevar atado en su frente). Su compañero también tomó las medidas oportunas, a pesar de su juventud, parecía saber lo básico sobre como hacer su trabajo y eso era de agradecer.

Ambos llegaron a la joyería sin levantar sospechas.

Como era de esperar, fueron recibidos tras entrar por la "puerta de atrás". Hecho un manojo de nervios el sujeto que había solicitado el encargo les dio los detalles del desafortunado suceso que había vivido y tras realizar unas cuantas preguntas para tener una reconstrucción de los hechos lo más detallada posible, los ninja se pusieron manos a la obra.

—Daeru, mira eso... —susurró cuando ya estaban solos, señalando una caja de verduras —. Detectar a "Don Picotazos" no va a ser difícil, ese no es el problema. Debemos capturarlo sin llamar la atención y el alboroto ya está atrayendo miradas indiscretas. Demos idear un plan. El fracaso no es una opción.
Daeru Uchiha
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02-07-2026, 04:27 AM
Era un día cálido. La brisa apenas se sentía y el calor, por momentos, era asfixiante, típico del verano. La zona comercial rebosaba de movimiento. Personas iban y venían entre los distintos puestos mientras varios trabajadores descargaban mercancías.

Allí se encontraba Daeru con un pergamino en la mano que contenía los detalles de una nueva misión. Esta vez sería distinta a las anteriores. El solicitante había pedido extrema discreción y anonimato, por lo que el Uchiha permanecía frente al lugar indicado sin su protector frontal, tal como le habían ordenado. Se sentía extraño. Aquel objeto siempre le recordaba que era un shinobi y, al no llevarlo puesto, la inseguridad que normalmente ocultaba parecía hacerse todavía más evidente. «Se siente raro...» Pensó mientras acomodaba inconscientemente el cabello sobre su frente.

Se ubicó junto a la puerta trasera y, poco después, llegó su compañero. Se llamaba Shun. Lo primero que llamó su atención fue uno de sus ojos. Era completamente blanco, muy parecido al de un Hyūga. «¿Será ciego?» Se preguntó por un instante, aunque no alcanzó a darle muchas vueltas al asunto. El encargado apareció visiblemente afectado y comenzó a explicarles la situación. Entre nervios y gestos apresurados les entregó las pocas pistas que tenía sobre el extraño gallo que se había tragado el anillo.

Cuando el hombre se retiró, ambos quedaron solos. Daeru hizo una leve reverencia antes de hablar. —Un gusto... Shun.— Murmuró con cierta vergüenza. Era la primera vez que compartiría una misión con otro genin.

Su compañero preguntó cómo proceder. El Uchiha guardó silencio unos segundos mientras observaba el callejón. —¿Un plan...? Supongo que podríamos seguir por ese callejón... y ver, con cuidado, qué encontramos.— Respondió llevándose una mano a la barbilla. No estaba acostumbrado a proponer ideas.

Reuniendo algo de valor, tomó la iniciativa y comenzó a caminar. Con cada paso el bullicio de la zona comercial iba quedando atrás. El estrecho callejón estaba repleto de cajas apiladas, barriles y mercancías abandonadas, dejando apenas espacio para avanzar.

No tardó en encontrar las primeras plumas blancas esparcidas sobre el suelo. Algunas incluso permanecían atrapadas entre las astillas de una vieja caja de verduras.

Se agachó para observarlas con atención. No parecían llevar demasiado tiempo allí. Un poco más adelante distinguió varias marcas de garras impresas sobre el barro seco, como si el animal hubiera cruzado corriendo sin preocuparse de ocultar el rastro. «Al menos vamos por buen camino...»

Continuó avanzando con cautela. Poco a poco el ambiente fue cambiando. El aire se volvió más húmedo y un fuerte olor a animal impregnó el callejón. Daeru frunció ligeramente el ceño mientras recorría el lugar con la vista. Jaulas vacías, cuerdas cortadas y una lona negra abandonada sobre un montón de mercancías parecían confirmar la historia que les había contado el joyero.

Entonces se detuvo.

Un fuerte cacareo rompió el silencio.

Daeru permaneció inmóvil durante unos segundos. Intentó descubrir de dónde provenía el sonido, girando lentamente la cabeza hacia ambos lados. A simple vista no había rastro del gallo. «Está cerca...» Volvió a recorrer los alrededores con la mirada. Todas las pistas apuntaban al mismo lugar.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
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02-07-2026, 03:53 PM
La cautela de Daeru les compró unos segundos útiles. El joven Uchiha avanzó sin su protector visible, todavía incómodo por esa discreción obligada, pero logró concentrarse en lo que tenía enfrente: plumas frescas entre las astillas, marcas de garras en el barro seco, cajas raspadas y ese olor fuerte a animal encerrado que se iba metiendo cada vez más profundo en el callejón. No había duda... Don Picotazos había pasado por ahí hacía poco, corriendo y dejando media escena marcada a su paso. Shun, mientras tanto, mantuvo la voz baja y la atención puesta en el verdadero problema... Ya había entendido que detectar al gallo no era lo difícil; lo difícil era atraparlo sin que el asunto se volviera un espectáculo. Su advertencia a Daeru quedó flotando entre ambos con bastante peso: necesitaban un plan, porque el fracaso no era una opción y el ruido ya estaba atrayendo curiosos. Así avanzaron, uno siguiendo las señales del callejón y el otro midiendo el desastre que podía armarse si actuaban mal. Entonces el cacareo volvió a sonar, más grave y más cerca, rebotando entre las paredes estrechas.

Al fondo del pasillo, detrás de varias jaulas vacías y una lona negra tirada sobre mercancía falsa, apareció el obstáculo real. Un montón de cajas de frutas estaba apilado contra la pared trasera de un local, formando una torre torcida bajo un toldo desgarrado. La estructura no tenía nada de firme: algunas cajas estaban partidas, otras apenas se sostenían por el peso de las de arriba, y varias manzanas aplastadas ya rodaban por el suelo. Entre los huecos se veía una cresta roja que aparecía y desaparecía por parpadeos, seguida de una pata gruesa que arañaba la madera desde dentro. Don Picotazos se había metido en medio del montón, atrapado a medias, pero todavía con fuerza suficiente para sacudirlo todo. El camuflaje barato le cubría partes del cuerpo por ratos, pegándole colores de madera, lona y sombra, pero fallaba a cada movimiento. Una ala flotaba suelta. El pico salía de pronto entre dos cajas. Un ojo desquiciado brillaba y luego se perdía otra vez. Cada golpe del animal hacía crujir la torre y empujaba una jaula hacia el borde. Si se asustaba demasiado, podía reventar la pila entera y salir disparado hacia la calle principal. Si la torre caía, el golpe iba a escucharse desde los puestos. Y justo detrás, entre dos locales, había una rendija baja y sucia que conectaba con otro tramo de callejones. Era angosta para una persona, pero suficiente para un gallo desesperado.

Afuera, las voces del mercado seguían vivas, pero ahora algunas se acercaban con curiosidad. Alguien preguntó desde la entrada del callejón si todo estaba bien. Otro niño intentó asomarse entre dos barriles antes de que una vendedora lo jalara del brazo. Dentro, Don Picotazos soltó un cacareo ronco, golpeó el pico contra una caja y dejó escuchar otra vez aquel tintineo débil desde su buche. El anillo seguía ahí. Cerca de la lona negra, los sellos baratos pegados a las jaulas temblaban con restos de chakra mal aplicado, suficiente para causar fallos visuales, sombras falsas y pequeñas confusiones alrededor del animal. Nada peligroso por sí solo, pero sí molesto en un espacio tan estrecho. La misión seguía siendo simple en papel: recuperar una joya sin escándalo. Frente a ellos, sin embargo, había una torre inestable, un gallo camuflado, una posible ruta de escape y una Zona Comercial demasiado cerca para permitir errores grandes.
Shun
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03-07-2026, 12:22 AM
«Estupendo. Me han asignado como compañero una persona que no tiene ningún tipo de capacidad analítica, sin ningún tipo de dote estratégica e inseguro. Si lo hubiese sabido no le habría dado la oportunidad de poder opinar», reflexionó a la vez que mostraba su conformidad temporal con la forma de actuar de aquel adolescente. Debía duplicar su esfuerzo para que la misión fuese a buen puerto, no estaba dispuesto a tolerar el fracaso y, mucho menos, por culpa de un camarada incompetente. Las indicaciones de su cliente habían sido claras, el sigilo era fundamental.

Shun siguió a Daeru de cerca, más preocupado por solucionar cualquier tipo de error que pudiese realizar que por el cumplimiento de la misión en si misma. Él creía que el adolescente estaba siendo bastante descuidado teniendo en cuenta la información que les había sido entregada. Dicho y hecho. Un fuerte cacareo del animal rompió el silencio y atrajo curiosidades indiscretas como moscas a la miel. «No conforme con haberla cagado de una forma magistral ni siquiera tiene capacidad de reaccionar para intentar solucionar el problema que el mismo creó», un pensamiento intrusivo que no hizo más que acrecentar su enfado cruzó fugaz su mente mientras buscaba una forma de darle la vuelta a la tortilla.

—Daeru, busca la forma de atrapar a ese pájaro de mierda antes de que sea demasiado tarde. Yo intentaré desviar la atención de la gente hacia otro lugar —ordenó de forma imperativa, sin darle la oportunidad de poner algún pero. Había llegado el momento de que tomase las riendas de la misión porque sabía cual sería el desenlace de la misma de lo contrario.

Las voces de la zona comercial seguían escuchándose pero cada vez el sonido procedía de más cerca. Desanduvo sus pasos y echó a correr en dirección opuesta a la de su compañero. La idea que se le había ocurrido no le hacía demasiada gracia pero había estudiado durante años el comportamiento de muchas personas y sabía que la mejor forma de redirigir la atención de alguien hacia otra cosa era que el nuevo estímulo fuese mayor. Había manipulado, fingido y mentido muchas veces a lo largo de su vida. Para un experto en la materia hacer algo como lo que tenía en mente era pan comido aunque fuese una situación ridícula y que no le habría gustado tener que pasar.

—¡Damas y caballeros, atención por favor! ¡¡¡Quiquiriquí!!!—gritó a pleno pulmón cuando se encontró en el radio de acción perfecto para llamar la atención de aquellos que podrían mirar a donde no debían —Hoy van ser partícipes de un espectáculo que van a poder disfrutar en primicia y de una forma totalmente gratuita de mano de un servidor. ¿Están preparados para disfrutar de la canción del verano?

Esperó el tiempo mínimo imprescindible para tener algún tipo de reacción por parte de su "público" y sin ningún tipo de vergüenza, como cualquier beodo en la plaza de cualquier pueblo a altas horas de la madrugada, se puso a cantar desafinando la canción que decía así:

Y llegó.
¡Eso!, el polvorete.
Y dice así.

Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo.
El gallo sube.
Echa su polvorete (ay).
Rakatapun-chinchin y se sacude.

Quién, quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo.
El gallo sube.
Echa su polvorete (ay).
Rakatapun-chinchin y se sacude.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

¡Eso!
Y todo el mundo como el gallo.

Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo.
El gallo sube.
Echa su polvorete (ay).
Rakatapun-chinchin y se sacude.

Quién, quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo.
El gallo sube.
Echa su polvorete (ay).
Rakatapun-chinchin y se sacude.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Y eh-eh, arriba.
Ay, fuerte el polvorete, mi niño.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

¡Así!
¡Eso, eso, dale al polvorete!
Hey, yo ya no estoy pa eso, mi niño.
Y dice.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Ya verás, paloma, que no hay gavilán.
Que a ti te coma.

Ay, fuerte el polvorete, mi niño.
Daeru Uchiha
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04-07-2026, 01:10 AM
El cuerpo comenzó a temblarle y las manos a sudar. Su compañero le había dejado la parte más complicada de la misión: atrapar al gallo. No solo debía encontrar la forma de hacerlo, sino además evitar que todo terminara convirtiéndose en un espectáculo. Aquello no le gustaba para nada. Siempre había seguido las decisiones de otros; esta vez le tocaba actuar por su cuenta.

Dubitativo comenzó a avanzar mientras veía a Shun alejarse. «Solo necesito que me compre unos segundos...» Sacudió levemente la cabeza. No debía distraerse pensando en su compañero; ahora era él quien tenía que encontrar la forma de atrapar al ave. Recorrió el lugar con la mirada. La torre de cajas, la estrecha rendija por donde podía escapar y el gallo, que seguía ocultándose torpemente entre el improvisado camuflaje.

—¿Pero qué...?—

Una voz completamente desafinada rompió el silencio del callejón. Era una canción... sobre un gallo. Daeru giró la cabeza con incredulidad y allí estaba Shun, cantando con todas sus fuerzas mientras varias personas comenzaban a mirar hacia la entrada.

El rostro del Uchiha se puso rojo de inmediato. Sintió cómo la vergüenza recorría todo su cuerpo al presenciar semejante escena. Bastaron apenas un par de versos para llegar a una conclusión. Cantar definitivamente no era una de las virtudes de su compañero.

«Quiere distraerlos...» Pensó mientras volvía la vista hacia el animal. «Si todos lo miran a él...»

Aprovechando la distracción, comenzó a avanzar con extremo cuidado. Se agachó lentamente procurando no hacer crujir las cajas. Con una mano apartó algunos trozos de madera que bloqueaban el paso y empezó a deslizarse hacia la rendija, intentando colocarse justo frente a la única vía de escape del gallo.

Entonces, el rojo volvió a cubrir lentamente sus pupilas.

—Sharingan...— Murmuró casi en un susurro. Su respiración comenzó a tranquilizarse mientras fijaba la vista en Don Picotazos. Entre los huecos del improvisado escondite y el constante movimiento del ave, aquellos ojos le permitían seguir con facilidad cada movimiento de la cresta, el pico o las patas que asomaban entre las cajas.

off
✔Aprendida · 17-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
#ID: UCHI101B
◔Coste
40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

Chakra: 235/275
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
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04-07-2026, 09:03 PM
La decisión de Shun tuvo efecto inmediato, aunque no de la forma limpia que cualquiera hubiera esperado. Su voz salió del callejón y golpeó la Zona Comercial con la fuerza de una campana rota. Los curiosos que ya estaban buscando asomarse hacia el desastre dejaron de mirar las cajas para girarse hacia él. Primero fue silencio. Poco a poco comenzaron las risas, los murmullos, las caras de confusión y hasta un par de vendedores se acercaron con los brazos cruzados, tratando de entender por qué un tipo encapuchado estaba cantando sobre gallos en mitad del distrito. Shun consiguió lo que quería: la atención se movió hacia él. El callejón quedó menos expuesto y los ojos indiscretos se alejaron de Daeru. Pero la distracción también empezó a crecer. Lo que antes eran tres o cuatro curiosos, ahora era un pequeño grupo con ganas de ver hasta dónde llegaba aquel espectáculo absurdo.

Daeru aprovechó esos segundos. La vergüenza le quemó la cara, pero bueno... Había que aprovechar... Avanzó agachado entre las cajas, apartó madera rota con cuidado y se movió hacia la rendija por donde Don Picotazos podía escapar. La idea era buena. Al colocarse cerca de la única salida baja, cerraba el camino más peligroso sin tener que lanzarse de frente contra el animal. Cuando el rojo del Sharingan encendió sus pupilas, el caos visual empezó a ordenarse para él: la cresta que parpadeaba, el pico que salía entre las frutas, las patas que rascaban la madera, el ala que se confundía con la lona. Cada movimiento del gallo quedó más claro. El problema fue que los sellos baratos pegados a las jaulas reaccionaron mal al chakra activo del animal. Eran basura de mercado negro, mal trazada y peor cargada. En cuanto el Sharingan fijó la atención sobre Don Picotazos, el camuflaje del animal comenzó a fallar con más violencia, soltando manchas falsas, duplicados torcidos y sombras cortadas contra las paredes del callejón.

Don Picotazos se agitó. No entendía lo que pasaba, pero sintió presión, vio movimiento cerca de su escape y escuchó el escándalo de Shun afuera. El gallo golpeó la caja con el pecho y toda la torre se inclinó hacia un lado. Varias frutas cayeron rodando hacia los pies de Daeru, varias jaulas vacías resbalaron desde arriba y quedóaron colgando apenas por una cuerda vieja. El tintineo del anillo volvió a sonar dentro del buche del animal, más claro esta vez, pero también más inquietante. Si el gallo empujaba otra vez, la pila podía venirse abajo y aplastar la rendija, o abrirle un hueco más grande para salir disparado. Afuera, la canción de Shun ya tenía público suficiente para tapar el ruido menor, pero no un derrumbe completo. La misión seguía en pie gracias a la distracción y al movimiento de Daeru, pero el margen se había vuelto mínimo. Don Picotazos estaba encerrado a medias, asustado y listo para romper todo si daban un paso mal.
Shun
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05-07-2026, 07:32 PM
El crujido de la madera vieja y el sordo impacto de las frutas rodando por el suelo del callejón no pasaron desapercibidos para Shun. Aunque su cuerpo permanecía de cara a su improvisada audiencia, manteniendo una postura falsamente distendida y ridícula, sus sentidos de shinobi seguían operando a máxima capacidad. Su oído, entrenado para filtrar el ruido ambiental y detectar amenazas en mitad del campo de batalla, captó el sutil pero peligroso bamboleo de la torre de cajas. Por si fuera poco, el rabillo de su ojo izquierdo registró unos destellos erráticos en la penumbra del callejón: sombras que se cortaban de forma antinatural, duplicados imperfectos y manchas de camuflaje que parpadeaban con violencia.

«¿Se puede saber a qué diantres está esperando? Tampoco creo que atrapar un gallo sea una tarea tan difícil, por mucho que pueda imitar de una forma burda técnicas de camuflaje shinobi...», se preguntó, sintiendo como su temperatura interna iba en aumento, fruto de la creciente irritación que había comenzado a recorrer cada rincón de su ser. Daeru había encendido una mecha que amenazaba con dinamitar toda la operación por los aires.

Lo que había comenzado como un truco de prestidigitación rápido, limpio y audaz, se estaba transformando en un circo de tres al cuarto a punto de derrumbarse. Había logrado desviar la atención de el pequeño grupo de curiosos, pero su intervención había hecho que se convirtiese en una pequeña multitud. Muecas de desdén, morbo y carcajadas habían sido reclamos suficientes para convertirse en la atracción del momento. El margen de maniobra se había reducido a cero. Si llegase a desatar el estrépito en el callejón se rompería el hechizo de su absurda actuación improvisada y todos los ojos se volverían hacia al callejón, descubriendo todo el percal.

Shun tomo una decisión en una fracción de segundo, casi de forma inconsciente. No estaba dispuesto a tolerar el fracaso, no podía permitírselo en una misión como aquella. Si el estímulo anterior no había sido suficiente para sepultar el ruido del inminente desastre, tendría que duplicar la apuesta. Para ello estaba dispuesto a convertirse en la aberración más ruidosa, molesta e inolvidable que esa plaza hubiera presenciado en toda su historia. Despojado de cualquier atisbo de orgullo, el shinobi se sumergió por completo en su papel de bufón improvisado una vez más. En esa ocasión iba a poner toda la carne en el asador.

—¡Y para el gran final de esta actuación inolvidable!... —bramó a pleno pulmón, forzando sus cuerdas vocales hasta un tono tan agudo y estridente que raspó las paredes del distrito comercial—. ¡Una dedicatoria especial para las fuerzas del orden de nuestra amada villa! ¡El remix definitivo del gallo loco!... ¡Todos conmigo!

Sin darles tiempo a reaccionar, soltó un berrido ensordecedor que pretendía eclipsar cualquier crujido de madera, tintineo de anillos o aleteo desesperado que viniera desde las sombras. Estaba completamente seguro de que aquel episodio llegaría a convertirse, algún día, en una leyenda urbana del lugar.

—¡¡¡QUIQUIRIQUÍÍÍÍÍ!!! ¡¡¡RAKATAPUN-CHIN-CHIN Y SE SACUDE, MI NIÑO!!! —gritó, sazonando el estruendo con una serie de aplausos rítmicos y exagerados, incitando a la multitud a unirse al coreo.

Comenzó a dar saltos de un lado a otro, moviendo los codos como si fuesen alas y arrastrando los pies por el polvo en una coreografía improvisada que rayaba en la demencia. La multitud estalló en vítores y risas renovadas; el escándalo era absoluto. Nadie, absolutamente nadie en aquella plaza, tendría motivo para prestar atención a lo que ocurría a espaldas del artista.

Mientras mantenía el clímax de su vergonzoso espectáculo, su mente seguía fría como el hielo, trazando la ruta de escape. Aprovechando los amplios movimientos de las mangas de su indumentaria y el vuelo de su capa, su mano izquierda se deslizó con la velocidad y precisión de un reptil hacia la parte posterior de su cinto. Sus dedos palparon el frío metal y la textura rugosa de una pequeña esfera: una bomba de humo. No iba a esperar a que la canción terminara, ni mucho menos a que los lugareños recuperaran el sentido común y le exigieran explicaciones. Sus ojos se desviaron un milisegundo hacia la penumbra del callejón, esperando la señal. En cuanto escuchara el impacto final de las cajas o viese el destello de que Daeru había asegurado el bulto, desataría el caos visual.

—¡Que el polvorete guíe sus pasos, damas y caballeros! ¡Esto ha sido todo! —exclamó, tensando los músculos de sus piernas, listo para azotar la bomba contra el suelo, romper el contacto visual con la multitud y desaparecer en un parpadeo hacia los tejados antes de que el humo se disipara. Solo esperaba que su camarada hubiese sido capaz de hacer algo útil antes de que la paciencia del público se agotase por completo.
Daeru Uchiha
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07-07-2026, 09:04 PM
Daeru sintió que todo el peso de la misión recaía sobre él. No podía permitirse fallar. Si el gallo escapaba o provocaba un desastre en plena Zona Comercial, toda la operación habría sido en vano. ¿Qué le diría a Shun después de todo lo que estaba haciendo para darle una oportunidad?

El tintineo metálico volvió a escucharse desde el interior del animal. Daeru tragó saliva. El anillo seguía allí. «Solo... una oportunidad...»

Permaneció inmóvil unos instantes. Sus ojos rojizos seguían cada movimiento del gallo entre las cajas inclinadas. La cresta aparecía. Desaparecía. El pico golpeaba la madera. Las patas buscaban apoyo para impulsarse hacia la rendija.

Esperó.

Cuando Don Picotazos volvió a empujar la torre para abrirse paso, Daeru reaccionó. Dio un rápido paso al frente, cerrando por completo la salida con su propio cuerpo. Aprovechando el instante en que el ave estiró el cuello, extendió ambas manos con decisión para sujetarla firmemente bajo las alas, inmovilizando el aleteo antes de que pudiera ganar impulso. —¡Quieto...!—

El gallo se revolvió con todas sus fuerzas, sacudiendo plumas y golpeándole los brazos con desesperación. Daeru apretó los dientes y reforzó el agarre, procurando mantener las alas pegadas al cuerpo del animal para impedir que volviera a escapar. El tintineo del anillo resonó una vez más, esta vez mucho más cerca de él. «Por favor... quédate quieto...»
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
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08-07-2026, 09:51 PM
Daeru alcanzó a cerrar la rendija justo antes de que Don Picotazos se lanzara por ella. El gallo empujó con todo el cuerpo, pero el agarre bajo las alas lo frenó en seco. Pataleó, sacudió plumas y golpeó los brazos del Uchiha con una fuerza ridícula para un animal de corral, aunque ya no tenía espacio para ganar impulso. Las cajas crujieron una última vez, varias frutas rodaron por el suelo y una jaula cayó con un golpe seco, pero el derrumbe grande no llegó. Afuera, el escándalo de Shun hizo su parte. Su grito final, los aplausos exagerados y el humo que reventó contra el suelo taparon el forcejeo justo en el momento necesario. Los curiosos quedaron entre risas, tos y confusión, más pendientes del espectáculo absurdo que de cualquier ruido venido del callejón.

Con Don Picotazos inmovilizado, el resto dejó de ser persecución y pasó a ser trámite incómodo. El joyero, que llevaba todo el rato al borde de un infarto, mandó traer una jaula reforzada desde la parte trasera de la tienda y un paño limpio para revisar al animal sin armar más desastre. El gallo siguió cacareando, furioso, con el camuflaje barato fallando por parpadeos cada vez más débiles hasta apagarse por completo. Los sellos pegados a las jaulas quedaron sin carga, reducidos a papeles mal dibujados y olor a tinta barata. El tintineo dentro del buche volvió a sonar una vez más, claro y cercano. El anillo estaba ahí, entero, y solo hizo falta paciencia, agua, comida y varios minutos desagradables para que la joya terminara fuera del animal, sucia pero intacta sobre el paño.

La cajita de terciopelo volvió a cerrarse con el anillo dentro. El dueño de la joyería casi no pudo disimular el alivio; tenía la cara sudada, las manos temblando y una gratitud demasiado grande para una misión tan absurda. Afuera, la Zona Comercial recuperó poco a poco su ritmo normal, aunque algunos vendedores ya repetían fragmentos de la canción y un niño imitaba el baile del gallo sin entender nada. Nadie importante llegó a enterarse del encargo, la joyería no sufrió daños mayores y Don Picotazos quedó retenido junto con las jaulas falsas y los sellos defectuosos del comerciante ilegal. El reporte para la Oficina de Misiones quedó simple: anillo recuperado, escándalo contenido, daños evitados.

Misión cumplida.
Moderador 2
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13-07-2026, 05:16 PM
Recompensas entregadas:
Narrador general (Narrador): 500 Ryos, 35 de Exp y un Pergamino Rango E
Daeru: 250 Ryos, 2 Tobis, 50 de Exp
Shun: 250 Ryos, 2 Tobis, 50 de Exp



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