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[Side Quest] — Fuego en el Gran Mercado
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
Nivel 12
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01-07-2026, 04:23 AM
El guardia apenas terminó de confirmar que seguía habiendo movimiento en el segundo piso cuando alcé la vista hacia la rampa de hielo. Hayato ya había encontrado una forma de continuar y el puente que acababa de crear nos daba la oportunidad que necesitábamos. —¡Subimos! ¡No podemos dejar a esa familia ahí arriba!— exclamé antes de echar a correr. Comencé a ascender por mi propia estructura de hielo con cuidado de no perder el equilibrio. El calor seguía castigándonos desde todos los ángulos y cada respiración quemaba un poco más que la anterior. Sentía el pecho pesado y el humo se colaba incluso a través de la tela que cubría mi rostro. Tras de mí escuché al guardia reaccionar de inmediato y seguirme por la rampa.

Mientras alcanzábamos el puente improvisado por Hayato, algo extraño volvió a invadir mis sentidos. Aquel olor dulzón regresó con mucha más intensidad. Era desagradable... pero al mismo tiempo tenía algo extrañamente familiar. Sacudí la cabeza intentando despejarme. 'No... ahora no...' Por un instante tuve la impresión de que las llamas danzaban de una forma absurda, casi divertida. Una pequeña risa escapó de mi garganta antes de que pudiera evitarlo. —...Je...— Abrí mucho los ojos, sorprendida por mi propia reacción, y me llevé una mano a la boca. —¿Qué...?—  Negué con fuerza. No era momento para aquello.

—Concéntrate, Sayuri...— Di un par de palmadas contra mis propias mejillas, intentando despejar la mente mientras retomaba el paso. El puente de hielo crujía bajo nuestros pies y el segundo piso parecía sostenerse únicamente por orgullo.

Al llegar arriba distinguí por fin a la familia. Un adulto protegía con su cuerpo a dos pequeños, todos acurrucados contra una pared mientras apenas conseguían respirar. —¡Kirigakure! ¡Ya estamos aquí!— grité con toda la fuerza que me permitieron mis pulmones. Corrí hasta ellos sin perder un segundo. Me arrodillé frente al niño más cercano y lo levanté con cuidado entre mis brazos. —Tranquilo... ya nos vamos de aquí.— Noté que el pequeño apenas reaccionaba, agotado por el humo. Volví la mirada hacia Hayato y luego hacia el guardia que había subido conmigo. —¡Hayato, lleva al otro niño! ¡Guardia, ayuda al adulto! ¡No nos separemos! Bajaremos todos juntos.— Otra risa corta amenazó con escaparse de mi garganta mientras volvía a incorporarme. —Je...—  Apreté los labios con fuerza hasta hacerme daño, esta verga no era para nada normal. El humo... ese maldito olor... estaba empezando a hacer efecto. Pero todavía podía caminar, asi que mientras pudiera mantenerme en pie, pensaba sacar a aquella familia de allí.
Resumen
-Tirada 4 en el dado para la droja... jiji
-Subo con el guardia e intento sacar a uno de los niños.
-El guardia intenta sacar al mayor.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
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01-07-2026, 09:18 AM
Última modificación: 01-07-2026, 09:19 AM por Orión Hoshigaki.
La puerta terminó por ceder con un estruendo metálico. El humo contenido en la oficina escapó con violencia, envolviendo el pasillo en una mezcla sofocante de ceniza, madera quemada y aquel perfume dulzón que ya comenzaba a resultarle demasiado familiar. Orión no celebró haber abierto el paso. Apenas echó un vistazo al interior para confirmar lo único que realmente importaba. Respiraban. Débilmente, pero respiraban.

El guardia se arrodilló junto a uno de los oficinistas mientras el Hoshigaki dirigía la vista hacia el segundo hombre, desplomado cerca de una mesa volcada. Dio un paso para acercarse cuando una nueva bocanada del aroma invadió sus pulmones. Esta vez fue distinta. Más pesada. Más persistente.

El mundo pareció perder nitidez durante un instante. Las llamas comenzaron a ondular de una forma extraña, como si respiraran al mismo compás que él. El crujido de la madera recordó por un segundo a una carcajada lejana y el olor del mar apareció donde no debía existir. Orión cerró los ojos. No luchó contra aquella sensación. La reconoció.

-No sos el mar, solo sos un hongo, los tiburones no comemos hongos. 

Murmuró con una media sonrisa cansada. Llenó sus pulmones una última vez y expulsó el aire lentamente, obligándose a separar cada aroma uno por uno. Humo. Madera. Hierro caliente. Sudor. Sangre. Waraitake. Los clasificó como había aprendido desde niño con el olfato de un Hoshigaki.
Uno por uno. Hasta que el perfume dulzón dejó de ser una presencia dominante para convertirse nuevamente en un olor más dentro del incendio.

Entonces abrió los ojos. El guardia seguía luchando por levantar a uno de los hombres y una risa breve escapó de su garganta. No sonaba natural. Orión no perdió tiempo preguntando. Se inclinó junto al segundo oficinista y deslizó un brazo por debajo de su espalda mientras el otro sujetaba sus piernas. Con un único movimiento lo cargó sobre los hombros, procurando mantener la cabeza elevada para facilitarle la respiración.

-Dormirse después, primero salir. Tiburón no cobra por subir. 

Fue casi un murmullo dirigido al hombre inconsciente. Afirmó el peso sobre su espalda y volvió la vista hacia el pasillo abierto. El edificio seguía crujiendo a su alrededor, pero ya no veía llamas danzando ni escuchaba risas en la madera. Solo un camino. Y una vida que todavía podía sacar de aquel infierno.

Resumen
Tirada de dados = 9.

Rescato al otro oficinista sobre mi lomo.
 
Hayato Miyashi
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 5
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01-07-2026, 03:31 PM
Última modificación: 01-07-2026, 03:44 PM por Hayato Miyashi.
Sayuri fue la primera en cruzar el puente de hielo.

Aprovechando el camino que Hayato había creado, avanzó con rapidez hasta alcanzar el segundo piso. El aire era mucho más pesado allí arriba. Apenas dio unos pasos, una bocanada de humo caliente le golpeó el rostro y la obligó a girar ligeramente la cabeza mientras contenía la respiración. El calor parecía haberse quedado atrapado en aquella habitación, intensificándose con cada segundo que el incendio seguía consumiendo el edificio.

Detrás de ella, Hayato terminó de subir.


—¡Cuidado, Hayato! ¡Las escaleras siguen siendo inestables! —había advertido Ryudan desde abajo.


—¡Lo sé! ¡No subiré por las escaleras! ¡Mantengan libre el camino! —respondió el genin sin detenerse, siguiendo a Sayuri sobre el puente de hielo.
Durante un breve instante, una corriente desplazó parte del humo, permitiéndoles distinguir mejor la escena. Al fondo de la habitación permanecía una mujer adulta abrazando a dos niñas pequeñas. Las tres estaban agachadas junto a la pared, cubriéndose la boca con las manos mientras tosían sin descanso. Apenas les quedaban fuerzas para mantenerse conscientes.


Sayuri no perdió tiempo y se adelantó hasta la familia. Se arrodilló junto a una de las niñas para sostenerla con cuidado, procurando mantenerla tranquila mientras comprobaba rápidamente que aún seguía consciente.
Hayato, por su parte, giró el cuerpo hacia el borde del segundo piso para que quienes permanecían abajo pudieran escucharlo.
—¡Aquí hay tres civiles! ¡Dos menores y un adulto!


El aviso descendió entre el humo hasta la planta inferior antes de que el joven volviera a concentrarse en el rescate.
El ambiente era demasiado denso para acercarse sin protección. Cada respiración quemaba la garganta y el olor dulzón del Waraitake se mezclaba con la ceniza suspendida en el aire. Entonces recordó una medida básica enseñada durante su formación.
Sacó un kunai y rasgó ambas mangas de su haori blanco y azul. Con rapidez improvisó dos trozos de tela y se cubrió la boca con uno mientras recorría los últimos metros hasta alcanzar a Sayuri y a la familia.


La mujer apenas conseguía mantenerse erguida. Las niñas respiraban con dificultad, con los ojos completamente irritados por el humo.
Hayato retiró la tela de su rostro y la colocó con cuidado sobre la boca y la nariz de la madre.


—Respire despacio... No se detenga.


La mujer asintió entre accesos de tos.
Después entregó el segundo trozo de tela a una de las niñas, permitiéndole cubrirse parcialmente el rostro. La otra permanecía sin ninguna protección, por lo que Hayato decidió colocarse junto a ella, utilizando su propio cuerpo para mantenerla lo más alejada posible del humo que ascendía desde el suelo.


Mientras tanto, Sayuri sostuvo a la niña que había alcanzado primero, ayudándola a incorporarse y manteniéndola cerca de ella para que no se separara del grupo mientras iniciaban la evacuación.
Hayato permitió que la madre se apoyara sobre uno de sus hombros mientras sujetaba con firmeza una de sus manos para evitar que perdiera el equilibrio.


—¡Señora! Vamos a avanzar en línea recta. No se apoye en las estructuras; podrían derrumbarse. Manténgase cerca de nosotros y no suelte a las niñas. Las sacaremos de aquí.


El pequeño grupo comenzó a desplazarse lentamente entre vigas ennegrecidas y tablones que crujían bajo el calor. Cada paso era medido. Sayuri avanzaba junto a la niña que había auxiliado primero, guiándola con cuidado y vigilando el estado del suelo, mientras Hayato permanecía ligeramente detrás, asegurándose de que la otra menor no quedara rezagada y sosteniendo a la madre cuando el cansancio amenazaba con hacerla caer

.
Finalmente alcanzaron el extremo del puente de hielo.


—¡Tres civiles van en camino! —
gritó Hayato hacia la planta inferior.


Fue entonces cuando reparó en el estado de una de las niñas. Respiraba de forma entrecortada, incapaz de dejar de toser. Sus ojos estaban completamente enrojecidos y las lágrimas corrían por sus mejillas mientras luchaba desesperadamente por tomar aire.
Hayato levantó inmediatamente la vista hacia Ryudan.


—¡Ryudan! ¡Necesito un pedazo de la tela de tu turbante! ¡Mójala con el hielo, rápido!
Toda su atención se centró en mantener a la pequeña respirando. Si conseguían proporcionarle un paño húmedo y descender por el puente antes de que el humo se volviera aún más denso, todavía tenían posibilidades de sacar con vida a toda la familia.
Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
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01-07-2026, 10:11 PM
Oh, este caso estaba tomando ruedas. Una cosa eran las teorías de Yabei y Jinbei, y otra era tener un indicio concreto de parte de la oficial a cargo respecto a la eventual criminalidad detrás de la evidencia en la escena. Los hermanos ahora sí que estaban inmersos en el caso. 

No obstante, no había aún tiempo para resolver lo importante cuando estaban plagados de lo urgente. Cuando Yabei iba a esbozar un reporte, su superior miró hacia otro lado y se percató de que las llamas sólamente empeoraban, con personas de carne y hueso aún atrapadas y en riesgo de morir. Yabei reaccionó con estupor, mientras que Jinbei crujió los dientes y los puños de rabia. Este no era solamente un desperdicio de alimentos, sino también de vidas humanas.

Los Akizu asintieron y prácticamente corrieron hacia la zona segura para dejar la gran carga de material inflamable en un espacio libre de brasas. Tal carreta era como manejar una bomba. Si el incendio hubiera alcanzado todo ese combustible, la crisis sería inimaginable. El hermano mayor agitaba su pierna con cierta ansiedad mientras el del medio parecía hacer algunas anotaciones en un papel con su pluma de tinta portátil.

Tras un minuto que pareció eterno, Jinbei le interrogó: — ¿Qué haces? —
— Registrando la cantidad de aceite y otros productos. Después hay que ver qué se perdió, qué se salvó, quién reclama, qué se llevaron-... — Yabei comentó como si fuer algo totalmente normal.
Su hermano le dedicó una mirada furtiva, juzgándolo. No obstante, era más bien un retroceso en su imaginación, pues sentía la tentación de llevarse una caja de aceite; misión que, finalmente, no cumpliría, por inoportuna.

— Vamos, nos espera la jefa.... — Recordó el shinobi mayor, causando que el otro guardase sus escrituras y se prestasen raudos a buscar donde se encontraba la Hozuki dando órdenes a la multitud. La dupla se le plantó de forma casi invasiva, interrumpiendo su labor organizativa con el vozarrón de dos familiares que hablan casi al mismo tiempo.

— ¡Había una caja entera de Waraitake! —
— ¡Prepararon una zona de material para avivar el incendio! —
— ¡Bajo una lona semiquemada, cerca del incendio! —
— ¡Habían barriles de aceite y bolsas de carbón en hileras para conectar el fuego al área central! —
— ¡Tela apilada! ¡Demasiada coincidencia! —
— ¡Barril de aceite volcado! ¡La estela conectaba el pasillo entero! ¡Del ala este al centro! —
— ¡Es un acto planificado! ¡Y no puede ser solo uno! ¡Hay una agrupación queriendo destruir el mercado! ¡Piromaniacos, drogadictos! ¡Motivados por oscuras intenciones y alucinógenos! —
— ¡Traficantes! ¡Quieren tapar sus actos! ¡Agentes de Konoha saboteando nuestra aldea! ¡Nos traen sus drogas y después queman nuestra comida! —
— ¿¡Agentes de-!? — Yabei no lo había pensado así, pero la paranoia nacionalista de Jinbei le hizo, repentinamente, todo el sentido del mundo. Drogas que intoxican a la población, un acto terrorista deliberado para destruir el corazón económico de la aldea...

¿Cómo podían conectarse los dos?

— ¡Agentes enemigos de la aldea! ¡Narcotraficantes y terroristas! ¡Hay que cazarlos! —

Pasando de la paranoia a la histeria y de la histeria a la persecusión, tal vez están involuntariamente desordenando aún más los esfuerzos de rescate y emergencia. Sobre todo considerando que, al menos así lo teoriza Yabei, este tipo de delincuentes suelen estar cerca de los crímenes que cometen. Para Jinbei era igualmente lógico: si el incendio había comenzado hace poco, los perpetradores no podían estar demasiado lejos.

Resumen
Haciendo caso a Mizuki, los Akizu dejan la carreta en la zona segura antes de volver para explicarle caóticamente las dos evidencias paralelas que encontraron: presencia del hongo Waraitake y de una operación planificada de incendio dirigida a extender este desde el ala este al área central del mercado. Los hermanos teorizan que serían "agentes enemigos de la aldea" detrás de ambos crímenes por igual, y que deberían buscarlos y ajusticiarlos, emitiendo bastante ruido al respecto.
[Imagen: AhAOZ2C.png]
— Jinbei, Yabei, Kihei —
Kyūso Kyōdai
Ryudan
Rango Genin
Clan Terumi
Nivel 4
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02-07-2026, 09:42 AM
La sugerencia del genin podría haber sonado un poco cobarde, teniendo en cuenta que todavía había una familia atrapada en el segundo piso. Supongo que el almacén no se abandonaba ni para tomar un respiro de aire limpio mientras aún seguían personas en condiciones de ser salvadas, pero eso no quitaba el hecho de que en cualquier momento el almacen fuera a derrumbarse. De hecho las llamas se intensificaban a medida que el tiempo transcurría. La madera carbonizada también amenazaba a los presentes, y a cualquiera que pensara que aún quedaba tiempo para buscar a más heridos.

Por otro lado, un hombre robusto de piel azul había logrado derribar la puerta de donde provenían los gritos que previamente habían conducido a Ryudan hasta el lugar en el que se encontraban todos. Cuando vio que todos estaban reunidos ahí comprendió al instante que ellos también estaban ayudando, incluso al propio genin que los había visto por primera vez. Su compañero Hayato, en cambio, ya había tomado la iniciativa de ayudar a los restantes. Se abalanzó sobre las escaleras mediante un puente de hielo improvisado, anticipándose a su advertencia sobre las escaleras.

Ryudan tenía que actuar rápido, y teniendo en cuenta que su mano ya estaba ardiendo de dolor, se había quitado aquella toalla de la cabeza en cuanto se había convertido en una molestia. Luego aprovechó el hielo que se derritía lentamente por el calor de las llamas para mojarlo. Acto seguido cortó cuatro pedazos de tela de la toalla y los empapó en la rampa de hielo mientras avanzaba detras de Hayato. Los cuatro pedazos de tela tenían la medida y la forma adecuada para poder usarlos como máscaras para la nariz y la boca. Y eso hizo Ryudan con una de ellas, aprovechando que todavía estaban humedas y frescas. En principio la intención era repartirlas entre sus compañeros, olvidando a los que había dejado atrás ya que estaban más cerca de la salida que Hayato, él o la rubia.

Avanzó sin olvidar contar con la cuerda que todavía seguía tendida desde el techo, agarrándose a ella con la mano que menos le dolía para no resbalar sobre el puente de hielo. Otro de los paños mojados que había cortado lo había atado a la mano que había lastimado. Después se acercó a la zona donde Hayato había encontrado a los heridos atrapados que buscaban, esperando ver como iba a proceder para poder ayudarle. En cuanto preguntase por un paño de tela húmedo, este le tiró directamente 2 desde su posición esperando que él las agarrase en el aire. Ambas estaban muy mojadas y frescas.

—Ahí tienes dos.—Dijo, agachado mientras apretaba su pequeña húmeda y fresca máscara hecha a partir de la misma toalla.—¿En que más puedo ayudaros chicos?—Preguntó mientras observada a cada uno cargar una persona a cuestas para llevarlos hasta la salida.
[Imagen: 31Hpgjx.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
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Fuerza0(1)
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Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
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300
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04-07-2026, 08:29 PM
Última modificación: 04-07-2026, 08:29 PM por Narrador General.
Nota antes de leer
Retomo el final de la sidequest para darle cierre.

Sayuri, Hayato y Ryudan lograron sacar a la familia del segundo piso antes de que el puente de hielo empezara a quebrarse por el calor. Sayuri bajó con uno de los niños pegado al pecho, apretando los dientes contra esa risa sucia que el Waraitake le quería arrancar. Hayato sostuvo a la madre y a la otra niña, usando los paños húmedos que Ryudan le lanzó justo a tiempo para que la pequeña no terminara ahogada por el humo. Ryudan, con la mano lastimada y la tela mojada contra la boca, mantuvo el paso abierto lo suficiente para que todos cruzaran. Abajo, los guardias los recibieron entre gritos y brazos extendidos. Orión salió poco después desde la oficina del fondo, cargando a uno de los comerciantes sobre los hombros mientras el guardia sacaba al otro. El humo les dejó la garganta rota y los ojos rojos, pero los dos hombres respiraban. Por la parte trasera, Brolk logró levantar las vigas ardientes y sacar al cargador que había quedado atrapado bajo la madera. Salió cubierto de vapor, hollín y tos, con las manos ardiendo y la cara hecha un desastre, pero el hombre salió vivo. Los Kyūso, por su parte, terminaron de cortar el camino del fuego. Sacaron aceites, telas, carbón, lonas y todo lo que hubiera convertido el pasillo central en una mecha larga hacia el resto del mercado. Entre eso encontraron envoltorios, restos quemados y suficiente Waraitake para que Mizuki dejara de mirar aquello como un accidente.

El almacén no aguantó mucho más. Cuando el último grupo cruzó la línea de seguridad, una parte del segundo piso cedió hacia dentro con un golpe seco. Las llamas subieron de golpe, tragándose ventanas, vigas y el cuarto donde antes estaba atrapada la familia. Los guardias cerraron el paso y Mizuki ordenó retirar a todos, reforzar la cadena de cubos y dejar que los equipos con agua trabajaran desde fuera. El fuego siguió vivo durante un rato largo...Pero afortunadamente no avanzó hacia el centro del Gran Mercado. El cortafuegos improvisado de los Akizu, las rutas abiertas por los Yuki, la fuerza de Orión, el rescate de Brolk y la ayuda de Ryudan dejaron al incendio encerrado en el ala este. Al final, por pura insistencia lograron apagar el incencio. Quedó entonces un almacén negro, reventado por dentro. Quedaron puestos calcinados, cajas convertidas en ceniza, pescado perdido, telas quemadas, aceite derramado y varios cuerpos que nadie pudo sacar porque ya estaban muertos antes de que los shinobi llegaran. A los vivos los llevaron junto al canal, envueltos en mantas húmedas, tosiendo, llorando o mirando el mercado sin decir nada.

Cuando el humo empezó a subir más claro, el silencio pegó peor que los gritos. La gente del Distrito Comercial se quedó frente a lo que quedaba de sus puestos, con las manos vacías y la cara manchada de ceniza. Algunos preguntaban quién había hecho eso. Otros ni siquiera preguntaban. Solo se miraban los unos a los otros buscando una respuesta que nadie tenía lista. Se mencionaron los Kiri Hayate destruidos, el hundimiento de la plaza, el rumor sobre las costas en desgaste, se mencionó como cada invierno mordía más fuerte y como ya no alcanzaba con llamar mala suerte a todo. Y es que esto era solo uno más de los muchso eventos "desafortunados" que Kiri llevaba años aguantando. Eran años perdiendo barcos, comida, casas, rutas, suelo y calma. Ese incendio era otra grieta en una aldea que seguía de pie porque no sabía hacer otra cosa. Mizuki guardó los restos de Waraitake y los envoltorios como evidencia. Miró el mercado quemado, apretó la tablilla contra el pecho y dio la orden final: atender heridos, contar pérdidas y cerrar la zona...La gente había sido salvada. Pero Kirigakure volvió a dormir esa noche con menos de lo que tenía en la mañana.

Cita:Sidequest Terminada
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