02-07-2026, 02:58 AM
Última modificación: 02-07-2026, 03:58 PM por Narrador General.
Raizen:
Para Raizen, la válvula no explotó sola. Así se sintió ¿No era obvio? Primero vino el chillido del metal, luego el golpe seco, y después el vapor rojo salió disparado contra el techo bajo con demasiada fuerza para ser casualidad ¡Estaba bajo ataque! El sótano entero pareció reaccionar. Las sombras de las tuberías se alargaron sobre el piso y Raizen podría sentir que algo los estaba mirando desde los huecos entre las calderas. El encargado cayó junto a los sacos de sales minerales y empezó a llorar, pero la risa que se le escapó encima del llanto sonó mal ¿Burlista? ¡El tipo los había atrapado! La gotera apareció en medio del desastre y su sonido no combinaba con el ruido de presión ni con el siseo del vapor. Acaso...¿Una señal? Morse...Por supuesto... Luego sonaron pasos arriba. Pisadas pesadas sobre madera y piedra, moviéndose por la zona de entrada de las termales cuando se suponía que nadie debía estar pasando por ahí. Entre una nube roja y otra, el costado del corredor dejó ver algo que antes no parecía estar ahí: un boca metálico elevada apareció por segundos dentro del vapor...Una luz blanca comenzó a colarse entre sus labios mientras se separaban...esperando que alguien se acercara.
Kyōraku
Para Kyōraku, la explosión de la válvula confirmaría lo peor. El vapor salió con violencia desde el costado del corredor y golpeó el techo con fuerza ¿No había sido mucha coincidencia que ocurriera justo cuando Raizen sacara su kunai? Renji, la mochila, el encargado, Daeru, los triángulos ¿No era todo mucha coincidencia? Y ahora todo venía a combinarse, aquí y ahora. Todo volvió a juntarse frente sus narices. El encargado se desplomó en el suelo y empezó a llorar, pero esos sollozos...esos sollozos sonaban a mentira, a culpa, claro...El estaba también en eso. La gotera comenzó a caer desde una tubería superior con ritmo exacto. Toc. Toc. Toc ¿No le recordaba ese patrón a algo? Cada golpe parecía marcar una cuenta regresiva. Entonces llegaron los pasos arriba, cerca de la entrada principal o del pasillo derecho del complejo, justo encima de ellos. Alguien venía...Alguien más estaba en la escena. El vapor se dobló de pronto hacia un costado y mostró una puerta. El marco apareció apenas, se perdió, luego volvió a aparecer. La puerta se comenzó a abrir, manchada de pintura...
Daeru
Para Daeru, la válvula explotó como si alguien hubiera metido luz blanca dentro de sus ojos. El golpe lo atravesó antes de poder ubicar el origen. El vapor rojo se abrió encima del verde y todo se volvió insoportable. Las lámparas crecieron en manchas enormes. Las tuberías brillaron con bordes dobles mientras el metal húmedo reflejaba colores que no deberían existir ahí abajo ni en ningún lado. El llanto del encargado apareció fuerte y resonó por todo el piso de abajo, luego la risa le cortó por encima del llanto. Cada sonido tenía demasiada forma; y cada color dolía. La gotera fue peor por lo clara que era. Toc. Toc. Toc. Un golpe frío y exacto en medio de un sótano caliente, sonando más cerca de lo que debía. Arriba aparecieron los pasos, como de enormes elefantes y caballos galopando por toda la superficie. Daeru podría oírlos en varias direcciones al mismo tiempo, encima, detrás, dentro del techo, dentro del vapor, debajo de sus párpados. El pasillo se deformó entre manchas rojas y verdes, y por un instante el humo dejó ver una forma lateral: una línea recta cortando la pared, una rueda, pintura seca en el metal. La puerta estaba ahí. Era un borde que aparecía y desaparecía entre exceso de luz, sonido y presión. La luz que se comenzó a colar por ella ardía.
Koga
Para Koga, la válvula explotó en cámara lenta. El metal silbó durante horas, luego la presión se abrió en una nube roja que subió hacia el techo bajo con una belleza extraña que pareció durar días. Las partículas de vapor giraron entre sí, verdes y rojas, separándose y uniéndose sin prisa. El encargado cayó junto a los sacos, llorando y riendo, pero la escena le llegó a Koga desde lejos, como si estuviera viendo a alguien al otro lado de un vidrio mojado. Las palabras se mezclaron: Renji, negocio, culpa, no fui yo. Ninguna terminó de sentirse cimpleta. Entonces apareció la gotera. Toc. Toc. Toc. Una gota caía desde la tubería superior y golpeaba la misma zona junto a la pared lateral. Arriba sonaron pasos, pero también parecieron lentos, hundidos, arrastrándose sobre la madera de las termales. Todo iba tarde. Todo tardaba en llegar. Entonces, la puerta se reveló frente sus ojos. Una luz comenzó a romper la oscuridad del vapor. Una salida.
La puerta no se abrió desde adentro. Se abrió desde el otro lado, con un golpe torpe de hombro y el chirrido pesado de una bisagra vieja. Uno de los guardas de la entrada apareció en el marco, metió la cabeza en el agujero y forzó los ojos contra el vapor rojo que salió disparado hacia él. Tosió de inmediato, se cubrió la boca con el antebrazo y dio medio paso atrás, pero no cerró. Desde ahí alcanzó a ver una escena difícil de explicar en un reporte: Kyōraku entre el vapor con el kunai todavía en mano, Raizen igual de tenso y armado, el encargado tirado junto a los sacos entre llanto y risa rota, Koga quieto con la mirada perdida en las luces y Daeru cerca de la pared, afectado por el humo y el calor. El guarda parpadeó varias veces, intentando ordenar lo que veía. Detrás de él entraba aire menos pesado, una corriente fría que empujaba el rojo hacia arriba y abría por momentos el pasillo. El guarda volvió a toser, miró por encima del hombro hacia lo que acababa de encontrar y luego hacia los genin. Su voz salió ronca, pero firme. —Creo que deberían ver esto.
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