01-07-2026, 01:32 AM
¿Eh? No, no tiene nada que ver. Ahora eres parte del juego. ¡Tú y tus hermanos son parte del juego, ahora todos somos parte del juego! ¡Deberás decir "perdí" cada vez que te acuerdes! ¡Muajajaja! - La pequeña Inuzuka rio triunfante por su brillante incorporación de nuevos jugadores... aunque aquella victoria duró exactamente hasta que Keisuke apareció. O, al menos, eso creyó ella. En algún momento él la empujó con decisión hacia el enorme saco de comida y, para el extraño mundo interior de Ibuki, aquel empujón fue prácticamente un flechazo. Su corazón dio un pequeño vuelco. Por un brevísimo instante creyó que el tiempo se había detenido, y al siguiente ya estaba de cabeza entre semillas sin comprender absolutamente nada. - ¿Eh...? - murmuró, completamente confundida, sin entender en qué momento había pasado de un posible momento romántico a convertirse en el ingrediente principal del desayuno de medio aviario. Ni siquiera alcanzó a procesar qué era exactamente lo que Keisuke pretendía hacer con aquello. Tanuki-san, por su parte, caminó tranquilamente hasta él y levantó una pequeña patita para saludarlo con toda la educación del mundo.
Entonces todo ocurrió demasiado rápido. La enorme pluma negra emergió desde el interior del saco y comenzó a deshacerse bajo la luz del sol mientras una extraña sensación recorría el ambiente. Tanuki-san dio un pequeño paso hacia atrás, su cuerpo se tensó, sus orejas descendieron y una expresión de profundo malestar apareció en su rostro, haciendo un caracteristico aullido. Algo no estaba bien. Ibuki lo escucho e instintivamente salto al rescate, salió de entre las semillas tan rápido como pudo, corrió hasta él y le apoyó suavemente una mano sobre la espalda, dándole pequeñas palmaditas de ánimo - Vamos, amigo... tú puedes... - susurró con una sonrisa tranquilizadora.
El pequeño tanuki respiró profundamente. Tembló. Frunció el hocico. Parecía estar librando la batalla más importante de toda su existencia. Hizo un esfuerzo monumental y, de pronto...
Plof.
Un pequeño tronquito quedó abandonado en medio del aviario. Ibuki abrió los ojos como platos y llevó ambas manos a la boca - ¡Uff! ¡Amigo! ¡Pensé que no lo lograrías! ¡Ya llevabas varios días estreñido! - Tanuki-san dejó escapar un larguísimo suspiro de alivio y, orgulloso de su hazaña, se secó el sudor de la frente con una de sus pequeñas patas mientras recuperaba lentamente la compostura.
Lamentablemente, el resto del mundo había decidido desmoronarse mientras tanto. Las aves comenzaron a escapar en todas direcciones y, antes de que pudiera reaccionar, una chocó contra su máscara, otra le rozó la cabeza y una tercera golpeó con fuerza su espalda. Ibuki descendió inmediatamente hasta quedar prácticamente en cuatro patas, avanzando agachada para reducir todo el daño posible mientras las aves seguían cruzando sobre ella y se cubría con sus brazos como podia, a ella y a su Tanuki. A diferencia de muchos de los presentes, el caos no lograba desorientarla del todo. Su oído distinguía perfectamente las voces conocidas entre aquel escándalo y su olfato seguía funcionando como siempre. El fuerte aroma de las aves inundaba todo el aviario, sí, pero entre plumas, semillas y madera todavía podía distinguir con claridad el intenso olor de la pintura que marcaba aquel extraño triángulo.
¡Ibuki-senpai! - La voz de Akira consiguió abrirse paso entre el estruendo. Sin siquiera detenerse, levantó apenas la cabeza para responderle - ¡Estoy bien! ¡Preocúpate por ti, bebé!
Casi al mismo tiempo notó que Keisuke intentaba ponerla a salvo. Ibuki sonrió con dulzura, tomó a Tanuki-san entre sus brazos y prácticamente se lo entregó al Uchiha - No... cuídalo a él.
El pequeño mapache miró primero a Ibuki, luego a Keisuke, completamente confundido por aquel repentino cambio de tutor temporal. Aun así, estaba sano y salvo. Y eso era suficiente.
Porque Ibuki ya tenía una misión. Uno de sus husbandos había lanzado una idea al aire, y ella la había escuchado perfectamente. La marca seguía allí. Sin pensarlo dos veces, continuó avanzando prácticamente en cuatro patas, zigzagueando entre las aves mientras esquivaba cuanto podía. Alguna seguía golpeándole la espalda, otra rozaba su máscara y varias pasaban peligrosamente cerca de su cabeza, pero el olor de aquella pintura seguía guiándola como un faro entre todo el caos.
¡¡¡YO ME HAGO CARGOOOOO!!! mi amorcito - Gritó con absoluta determinación al dar el último impulso. Entonces levantó una pierna y descargó una enorme patada contra el tablón que sostenía el triángulo rojo, utilizando toda la fuerza de su cuerpo en el impacto. Quizá apenas conseguiría arañarlo con las garras. Quizá movería el tablón. O quizá saldría despedido de una sola patada. No tenía la menor idea. Pero si aquella extraña marca estaba detrás de todo ese desastre... Ibuki iba a empezar por darle una patada con todas sus fuerzas. Lo único que si o si ocurriría con aquel triangulo, es que si no era destruido, al menos, seria tachado con una enorme marca de mierda fresca que se había pegado en la suela del zapato de Ibuki, cortesía del mapache cagon.
![[Imagen: 9NUo9td.gif]](https://i.imgur.com/9NUo9td.gif)
Entonces todo ocurrió demasiado rápido. La enorme pluma negra emergió desde el interior del saco y comenzó a deshacerse bajo la luz del sol mientras una extraña sensación recorría el ambiente. Tanuki-san dio un pequeño paso hacia atrás, su cuerpo se tensó, sus orejas descendieron y una expresión de profundo malestar apareció en su rostro, haciendo un caracteristico aullido. Algo no estaba bien. Ibuki lo escucho e instintivamente salto al rescate, salió de entre las semillas tan rápido como pudo, corrió hasta él y le apoyó suavemente una mano sobre la espalda, dándole pequeñas palmaditas de ánimo - Vamos, amigo... tú puedes... - susurró con una sonrisa tranquilizadora.
El pequeño tanuki respiró profundamente. Tembló. Frunció el hocico. Parecía estar librando la batalla más importante de toda su existencia. Hizo un esfuerzo monumental y, de pronto...
Plof.
Un pequeño tronquito quedó abandonado en medio del aviario. Ibuki abrió los ojos como platos y llevó ambas manos a la boca - ¡Uff! ¡Amigo! ¡Pensé que no lo lograrías! ¡Ya llevabas varios días estreñido! - Tanuki-san dejó escapar un larguísimo suspiro de alivio y, orgulloso de su hazaña, se secó el sudor de la frente con una de sus pequeñas patas mientras recuperaba lentamente la compostura.
Lamentablemente, el resto del mundo había decidido desmoronarse mientras tanto. Las aves comenzaron a escapar en todas direcciones y, antes de que pudiera reaccionar, una chocó contra su máscara, otra le rozó la cabeza y una tercera golpeó con fuerza su espalda. Ibuki descendió inmediatamente hasta quedar prácticamente en cuatro patas, avanzando agachada para reducir todo el daño posible mientras las aves seguían cruzando sobre ella y se cubría con sus brazos como podia, a ella y a su Tanuki. A diferencia de muchos de los presentes, el caos no lograba desorientarla del todo. Su oído distinguía perfectamente las voces conocidas entre aquel escándalo y su olfato seguía funcionando como siempre. El fuerte aroma de las aves inundaba todo el aviario, sí, pero entre plumas, semillas y madera todavía podía distinguir con claridad el intenso olor de la pintura que marcaba aquel extraño triángulo.
¡Ibuki-senpai! - La voz de Akira consiguió abrirse paso entre el estruendo. Sin siquiera detenerse, levantó apenas la cabeza para responderle - ¡Estoy bien! ¡Preocúpate por ti, bebé!
Casi al mismo tiempo notó que Keisuke intentaba ponerla a salvo. Ibuki sonrió con dulzura, tomó a Tanuki-san entre sus brazos y prácticamente se lo entregó al Uchiha - No... cuídalo a él.
El pequeño mapache miró primero a Ibuki, luego a Keisuke, completamente confundido por aquel repentino cambio de tutor temporal. Aun así, estaba sano y salvo. Y eso era suficiente.
Porque Ibuki ya tenía una misión. Uno de sus husbandos había lanzado una idea al aire, y ella la había escuchado perfectamente. La marca seguía allí. Sin pensarlo dos veces, continuó avanzando prácticamente en cuatro patas, zigzagueando entre las aves mientras esquivaba cuanto podía. Alguna seguía golpeándole la espalda, otra rozaba su máscara y varias pasaban peligrosamente cerca de su cabeza, pero el olor de aquella pintura seguía guiándola como un faro entre todo el caos.
¡¡¡YO ME HAGO CARGOOOOO!!! mi amorcito - Gritó con absoluta determinación al dar el último impulso. Entonces levantó una pierna y descargó una enorme patada contra el tablón que sostenía el triángulo rojo, utilizando toda la fuerza de su cuerpo en el impacto. Quizá apenas conseguiría arañarlo con las garras. Quizá movería el tablón. O quizá saldría despedido de una sola patada. No tenía la menor idea. Pero si aquella extraña marca estaba detrás de todo ese desastre... Ibuki iba a empezar por darle una patada con todas sus fuerzas. Lo único que si o si ocurriría con aquel triangulo, es que si no era destruido, al menos, seria tachado con una enorme marca de mierda fresca que se había pegado en la suela del zapato de Ibuki, cortesía del mapache cagon.
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