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[Autonarrada Grado E] Algo huele mal en el Misune
Yagami Nara
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Clan Nara
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400
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29-06-2026, 05:37 PM
Última modificación: 29-06-2026, 07:23 PM por Moderador 6.
Verano 12, Año 150

El despacho del Hokage solía ser el epicentro de crisis mundiales, pero aquella mañana el pergamino de misión tenía un aroma diferente: a caldo de pescado rancio y reputación herida. Hiraki Oda, el respetado y colérico chef del restaurante Mifune, había acudido a las altas esferas de Konoha desesperado por una racha de incidentes con comida en mal estado que amenazaba con hundir su negocio. Yagami Nara, arrastrando los pies y maldiciendo internamente su suerte, fue el encargado de asumir el caso. Un Nara investigando pescado podrido. El colmo de la ironía.


Al llegar al Mifune, un establecimiento tradicional de madera de cedro y cortinas noren desgastadas, Yagami no se dejó guiar por las apariencias, sino por el olfato. Activó su mente analítica, recorriendo la cocina como si fuera un mapa táctico de la última Gran Guerra Ninja. Examinó los sacos de arroz, los barriles de sake y las neveras selladas con pergaminos de preservación térmica.

«El viejo Hiraki es un maniático de la limpieza; las superficies están impolutas», dedujo Yagami, agachándose junto a la despensa trasera. «Si la comida se pudre, no es por negligencia. Es una intervención externa». Fue entonces cuando sus ojos captaron un detalle minúsculo: una serie de marcas húmedas cerca de las cajas de verduras. No eran huellas de ratas, sino restos de algas y una finísima arenilla grisácea, tal vez procedente del rio. Un rastro.

Siguiendo el sutil sendero de pisadas secas y olor a muelle, Yagami salió por el callejón trasero y cruzó el bullicio de la calle principal de Konoha. Para su sorpresa, el rastro lo condujo directamente hasta las puertas del Sabor de la Niebla, un ostentoso restaurante de la competencia ubicado justo en el distrito comercial, frente a la zona de transportes y almacenes del puerto fluvial de la aldea.

Yagami curvó los labios con su habitual suficiencia. «Demasiado evidente. Un clásico sabotaje comercial», pensó. Decidió que la confrontación directa era para los brutos como los Akimichi; un Nara prefería el engaño. Ajustándose la banda ninja y adoptando una postura encorvada y una mirada cómplice de mercenario de tres al cuarto, se coló por la puerta de servicio del restaurante rival. Localizó al gerente en el almacén y, recostándose contra la pared con descaro, le guiñó un ojo.

—Buenas noches, jefe —susurró Yagami, bajando la voz con misterio—. Vengo de parte del "proveedor discreto". El trabajo en el Mifune está hecho; el pescado de hoy ya huele a muerto desde la entrada. Venía a cobrar el resto de la jugada, tal y como acordamos.
El gerente lo miró de arriba abajo, parpadeando con absoluta estupefacción.

—¿De qué demonios estás hablando, mocoso? —exclamó el hombre, indignado—. ¡Bastante trabajo tengo con mi propio negocio como para pagar a un ninja vago para que ensucie la cocina de ese viejo cascarrabias! ¡Lárgate antes de que llame a la policía militar!

Yagami mantuvo su máscara de indiferencia, pero internamente bufó. El tipo no mentía; su ritmo cardíaco y su lenguaje corporal eran de genuina confusión. Su perfecta hipótesis de espionaje industrial se acababa de desmoronar como un castillo de naipes. «Qué molestia», pensó mientras se retiraba con una fingida disculpa. «Si no es la competencia, el enemigo está en casa».

Regresó al Mifune entrada la noche. El local debía estar cerrado, pero Yagami divisó un tenue resplandor dorado filtrándose por las rendijas de las ventanas superiores. El sospechoso había regresado. Moviéndose con la fluidez de un espectro, Yagami trepó por la fachada de madera y se deslizó por el tejado, asomándose al tragaluz de la despensa.
Abajo, una silueta saboteaba un cargamento fresco de marisco, vertiendo un hatillo de algas podridas que estropearían todo el producto. Era Akatsu Oda, el mismísimo hijo del chef.

Yagami no esperó más. La luna llena proyectó su silueta con nitidez.
—¡Kagemane no Jutsu!—las palabras se deslizaron por sus labios con sutileza.

La sombra de Yagami se estiró como un látigo negro por el suelo, conectándose instantáneamente con la de Akatsu. El joven se quedó congelado a mitad de movimiento, con las algas hediondas en la mano suspendida en el aire sobre el marisco fresco. Entonces el joven Nara se descolgó del techo con total parsimonia, aterrizando frente a él con las manos manteniendo el sello y una sonrisa de absoluta superioridad.

—Vaya, vaya. El crimen perfecto arruinado por la física básica —se burló Yagami, obligando a Akatsu a imitar su postura erguida—. ¿Explicaciones? Y más vale que sean buenas, porque tu padre da bastante miedo con un cuchillo de cocina en la mano.

Akatsu, con los ojos llenos de lágrimas de frustración, comenzó a hablar atropelladamente al notar la presión del jutsu que se aflojaba.
—¡No lo entiendes! —gimoteó el chico cayendo de rodillas, estrujando las algas contra el suelo—. ¡No soporto más trabajar en el Mifune! Mi padre quiere que herede el restaurante, ¡pero yo odio el maldito pescado! ¡Huele a desesperación! Solo quería que el negocio quebrara para que mi padre se cansara, cerrara el local y me dejara en paz. ¡Mi verdadera pasión es el mar, quiero salir a navegar, ser libre en el océano! Por eso me paso el día en el puerto fluvial...

Yagami parpadeo, procesando la información. La arenilla gris y el salitre del rastro cobraron sentido de golpe: el chico venía directo de los muelles antes de cometer sus fechorías.

—A ver si lo entiendo —concluyó Yagami, frotándose la sien con evidente fastidio—. Para huir del olor a pescado del restaurante... ¿te vas al puerto a oler a pescado de río, y luego saboteas la comida volviendo a usar pescado podrido? El intelecto de los civiles nunca dejará de asombrarme. Es fascinante.

Yagami suspiró, deshecha por completo la técnica de sombra, mientras el viejo Hiraki quien se acercó al local tras haber sido alertado por los ruidos escuchaba la confesión. El joven Nara se dio la vuelta, dispuesto a entregar su informe de misión cumplida. Su mente ya estaba calculando la jugosa recompensa y, sobre todo, las horas de siesta que se tomaría al día siguiente lejos de cualquier cocina de la aldea.
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30-06-2026, 10:24 PM
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