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  ›   [Evento] [Side Quest] — En búsqueda del Kiri Daibune
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[Side Quest] — En búsqueda del Kiri Daibune
Narrador General
Rango Genin
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23-06-2026, 07:43 PM
Última modificación: 23-06-2026, 07:44 PM por Narrador General.
[Side Quest] — En búsqueda del Kiri Daibune.
Año: 150
Lugar: Artilleros Funatos - Isla del Norte
Hora: 6:00am
(Este tema ocurre después de los SideQuest anteriores)

[Imagen: a2f95b92-dfad-4127-b824-7d8ed5637e2c.png]


Había pasado una semana desde el desastre en Kiriminato y la aldea todavía no había terminado de tragarse la noticia. El Kiri Daibune desaparecido ya no era solo un problema de oficiales, guardias y capitanes encerrados con papeles mojados. Ahora estaba en los periódicos, en las esquinas del Gran Mercado, en las filas de la Lonja Hoshigaki, en los pasillos del Cuartel General y hasta en las mesas donde la gente fingía hablar de otra cosa. Unos decían que había sido sabotaje. Otros, que el Daibune salió por orden secreta y que el puerto estaba tapando algo. También estaban los que hablaban de guerra, de traidores, de piratas, de monstruos marinos y de cualquier estupidez que sonara bien con una taza caliente en la mano. Lo único seguro era que una nave enorme de Kirigakure seguía perdida, los Kiri Hayate destruidos aún no habían sido reemplazados del todo y nadie quería admitir en voz alta que el Kirishiro había quedado herido.

En los Astilleros Funato, Kaito Hoshigaki estaba de pie frente a una mesa larga de madera, con la misma cara de mal humor de la semana pasada y menos paciencia todavía. Frente a él, el capitán Isamu Funato dejó caer una serie de papeles, mapas de ruta, permisos de salida, bitácoras copiadas y una lista corta de nombres posibles. No hubo discurso largo. Isamu no era de esos. —Tienes un Daibune, tres Hayate y autorización para revisar el perímetro donde se perdió la nave —dijo empujando los documentos hacia Kaito. Kaito bajó los ojos a los papeles. El capitán ya estaba girándose antes de que pudiera responder y se marchó entre obreros, capataces y personal Funato que ya preparaba las embarcaciones. En el muelle principal esperaba un Kiri Daibune armado para salida larga, pesado y oscuro, con la cubierta húmeda por la madrugada. A sus lados, tres Kiri Hayate se mecían sobre el agua, pequeñas, rápidas y listas para moverse delante, detrás o por los costados.

Kaito se quedó sentado sobre una caja de suministros, con los papeles doblados en una mano y la mirada puesta en la niebla que cubría el puerto. Faltaban pocos minutos para las seis de la mañana. El astillero ya estaba despierto, pero no ruidoso. Había pasos, cuerdas tensándose, barriles siendo cargados, madera crujiendo bajo botas y el golpe seco de herramientas contra metal. Buscar un Daibune perdido significaba salir con calma, revisar rutas, rastrear señales, seguir marcas en el agua y meterse donde el mar no siempre dejaba volver entero. Kaito miró hacia la entrada del astillero, esperando a su tripulación. No sabía quiénes llegarían ni qué tan útiles serían. Solo sabía una cosa: si venían con ganas de hablar más de la cuenta, la mañana iba a empezar mal para todos.

Código:
Requisitos: Ninguno
Frecuencia: Se posteará 1 vez cada 48 horas o cada vez que todos los usuarios hayan posteado.
Recompensa: Solo para quienes participen en todas las rondas.
No se puede unir al Sidequest luego de finalizada la primera ronda

時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Issei
Rango Genin
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23-06-2026, 08:36 PM
Desde aquel día en Kiriminato no había dejado de darle vueltas a lo ocurrido. Había intentado encajarlo en algún patrón lógico, buscando una causa clara, una explicación que pudiera desmontar pieza a pieza como suelo hacer con casi todo, pero esta vez no había nada sólido a lo que aferrarme, y precisamente eso era lo que me resultaba más molesto de todo el asunto. Por eso, cuando recibí la orden de volver a embarcar con Kaito Hoshigaki, no tardé en aceptar: si realmente había algo detrás de lo ocurrido, aquella era la forma más directa de volver a acercarme a ello sin perderme en suposiciones.

Los astilleros Funato ya estaban en plena actividad cuando llegué, con el sonido constante de cuerdas tensándose, madera golpeando y metal chocando en un ritmo casi mecánico que la niebla se encargaba de amortiguar, como si el propio puerto intentara mantener todo a medio despertar. El Daibune esperaba amarrado junto a los Hayate, pesado y silencioso, con esa presencia incómoda de algo que aún no ha decidido si pertenece más al muelle o al mar. No me detuve más de lo necesario; avancé directamente hacia Kaito, que seguía con los papeles en la mano y la misma expresión cerrada de siempre, como si nada de lo anterior hubiera cambiado realmente las cosas.

Me quedé frente a él un instante, observándolo con calma antes de hablar, más por inercia que por verdadera intención de iniciar una conversación larga—. Veo que sigues con la misma cara de siempre —murmuré al final, sin darle demasiada carga a las palabras, casi como si fuera una observación que se me hubiera escapado sin querer—. ¿Esta vez también vamos a navegar juntos en el mismo barco?

No esperé respuesta. Simplemente aparté la mirada hacia el Daibune, como si aquello fuera suficiente intercambio para dar por iniciado el trabajo, y me quedé a la espera de la orden de embarque.
[Imagen: xd.png]
Kaguya Kuren
Rango Genin
Clan Kaguya
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23-06-2026, 09:01 PM
Había pasado una semana desde el desastre en Kiriminato y yo todavía no estaba seguro de cuánto me importaba todo aquello.
El Daibune desaparecido, los Hayate destruidos, la tormenta, la cueva costera deshaciéndose en la mano de Kaito y los bordes rotos de la aldea seguían apareciendo de vez en cuando en mi cabeza. No demasiado. Ni de cerca lo suficiente como para quitarme el sueño.
Aunque, claro, aquella mañana casi nada podía quitarme el sueño porque apenas había dormido.
«Seis de la mañana...»
Me froté un ojo con el dorso de la mano.
«¡¿Qué clase de enfermo organiza una misión a esta hora?!»
Caminé hacia los Astilleros Funato con los ojos pesados, el pelo algo revuelto y un humor que empeoraba a cada paso. La niebla de la madrugada se pegaba a la ropa. La madera del muelle estaba húmeda. Los obreros ya se movían entre cuerdas, barriles y herramientas.
La respuesta, por desgracia, parecía estar sentada sobre una caja de suministros, con papeles doblados en una mano y la misma cara de siempre. Kaito Hoshigaki. Más cansado, quizá. Más malhumorado, seguro. Cerca de él también estaba Issei Heizu, cuya voz era solo otra forma más de empeorar la mañana.
El Daibune esperaba en el muelle principal, pesado y oscuro. A sus lados, tres Hayate se mecían sobre el agua, pequeños y rápidos. Era más despliegue que la vez anterior.
«La paga era buena», me recordé. «Y quizá esta vez haya más acción que la anterior.»
Me acerqué sin demasiada prisa, bostecé sin molestia alguna en ocultarlo y me detuve junto a ellos.
—Vaya —dije, mirando primero a Issei y luego a Kaito—. Qué alegría ver tantas caras conocidas tan temprano. ¿Cómo has estado, Issei? No nos vemos desde el entrenamiento de aquellos novatos. ¿Ya te ascendieron?
Pregunté con sarcasmo.
—¡Vamos, somos compañeros del mar! Seguro que puedes hacerme algún favorcito que otro con tu nueva jerarquía. Ah, ¿que no te ascendieron? Qué pena, ¡jajajaja!
Volví la mirada hacia las embarcaciones. Un Daibune y tres Hayate para buscar otro Daibune. Esta vez no parecía una patrulla improvisada alrededor de la aldea.
—Supongo que si nos hicieron venir a esta hora, al menos tendremos algo interesante que hacer.
Me crucé de brazos y volví a bostezar.
—No se preocupen, no tengo sueño, no tengo sueño. Estoy alerta.
Dejé escapar otro bostezo sin pudor alguno.
Arako Heizu
Rango Genin
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24-06-2026, 06:51 PM
Habían pasado un par de días desde aquel desastre en la plaza y ya había mas revuelo que en fiesta de quinceañera (¡Que envidia!), las palabras iban y venían en las calles, murmullos de que indicaban que algo malo había ocurrido ¡Y como no! Yo tenia que estar parada ahí a primera hora de la mañana, con mas sueño que persona dentro de mí, es que me presentaba con mis ropajes ninja (¡Ya sabes! con bandana en el cuello y uniforme para abajo), junto a aquel grupo que ojalá fuese desconocidos…

-Iugh… - Me quejaría en una breve salida de lugar de las mías… Después de todo, fue cosa de mirarlo en cuanto al girar por una de las calles del puerto, para notar su presencia… Issei el peor bastardo que había parido nuestro clan ¿Qué tanto le odiaban los superiores como para enviarme en una misión con aquel papanatas? ¡Sabían lo mal que se llevaban el resto de Heizu conmigo! Y aun así… ¡Decidieron enviarme al peor! El más horrible y el con peor historial, espero… Que tan solo no me traiga una serpiente con él.

La mera idea me hizo sentir un escalofrió y pasar un mal rato… Siendo que vi a ese otro chico hablando tan a gusto con él decidiría entonces que debía pasar de largo y directamente ponerme a esperar a cualquier otra persona dentro del lugar, por lo que al ver que entre las tres opciones que tenia ninguna era positiva, y ver que aquel “especialito” probablemente noto mi presencia… Es que apretando los puños me acerque al guapo que estaba con aquel bastardo, como si nada nunca hubiera pasado… Todo mientras mi cara de asco era evidente -Creo nos toca trabajar a todos juntos de nuevo... – Expresaría mirando a Kuren que no conocía para nada… Suspirando para agregar ahora mirando a Issei -No seas un idiota esta vez, es una misión importante. – Diría mirando al tarado como queriendo que simplemente no fuese el quien contestase para simplemente suspirar acto seguido... Se me notaba incomoda y lo admito lo estaba, pues como no estarlo con el bully de mi escuela.

Luego de esa presentación ¿Si es que podía llamarse así? Prefería alejarme para ver quien llegaba… Por lo que simplemente me fui para irme a esperar las órdenes del jefe Funato, junto al posible embarque a alta mar... Mientras yo solo quería no zarpar.

Interraciones y virtudes con defectos

Interaccion breve con Issei y Kuren

Virtudes
V002: Tendencia Elemental
V008: Atractivo
V010: Ninja Prodigio II
V029: Rasgo Diferente II
V030: Buen Aprendiz
V037: Médium
Total: 19 puntos

Defectos
V052: Comprador Impulsivo III
V065: Lealtad
V057: Fobia III
V067: Pasado Oscuro II
V068: Sangre Caliente
V080: TDAH
V083: Traicionable
V073: Solo Uno
Total: -19 puntos


Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=OHAjc-ay...rt_radio=1]
Hayato Miyashi
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 5
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24-06-2026, 08:13 PM
Última modificación: 24-06-2026, 08:16 PM por Hayato Miyashi.
La noticia del desastre en Kiriminato se había extendido por Kirigakure con una facilidad irritante. A esas alturas ya daba igual qué calle tomara uno o en qué esquina se detuviera: siempre había alguien hablando del Kiri Daibune desaparecido, de los Hayate hundidos o de la clase de estupidez que la gente inventaba cuando no tenía respuestas. Hayato no era precisamente alguien atento a los rumores de la aldea, pero incluso manteniéndose al margen había terminado escuchando lo suficiente como para hacerse una idea general del asunto. Un barco perdido, el puerto revuelto y demasiada gente opinando más de la cuenta.
La mañana tampoco estaba ayudando.

Se había levantado antes del amanecer con esa pesadez desagradable de quien no ha descansado bien, y para empeorar las cosas el desayuno le había caído fatal. No sabía si había sido el pescado, el caldo o simplemente el hecho de haber comido con el estómago todavía dormido, pero desde que salió de casa llevaba una molestia insistente en el cuerpo, una mezcla entre náusea y fastidio que no terminaba de asentarse. No era incapacitante, pero sí lo bastante molesta como para volverle la paciencia más corta de lo normal.

Así que cuando recibió la orden de presentarse en los Astilleros Funato antes de las seis, se limitó a obedecer sin hacer preguntas, con la esperanza de que el aire del puerto al menos le despejara la cabeza.
No lo hizo.

El olor a sal, madera mojada y humedad vieja solo consiguió empeorar un poco el malestar. Hayato avanzó entre obreros, marineros y gente del astillero con las manos metidas en las mangas, esquivando charcos y cajas mal puestas mientras intentaba ignorar la sensación incómoda en el estómago. A esa hora el puerto ya estaba despierto, aunque no del todo ruidoso; había movimiento, sí, pero también esa clase de silencio tenso que se instala cuando todos saben que algo va mal y nadie tiene ganas de comentarlo en voz alta.

No tardó en entender por qué lo habían llamado.

El Daibune estaba ahí, inmóvil junto al muelle, con esa presencia pesada que tenían las embarcaciones grandes incluso cuando no se movían. A sus lados, tres Hayate se mecían sobre el agua, preparados para salir. Cerca de ellos había provisiones, papeles, personal moviéndose de un lado a otro y suficientes caras largas como para dejar claro que aquello no era una salida cualquiera.

A unos metros, un shinobi de rango superior estaba recibiendo a los genin que iban llegando al astillero, revisando nombres y repartiendo indicaciones con la cara cansada de quien llevaba despierto más de la cuenta. Hayato se dirigió hacia allí sin apurar el paso. De camino notó lo de siempre: un par de miradas que se quedaban un poco más de la cuenta en la cicatriz de su rostro, un marinero que apartó la vista tarde, uno de los obreros cuchicheando algo que se cortó apenas Hayato pasó a su lado. Nada nuevo. A esa altura ya sabía que había gente que veía una cicatriz y una cara seria y decidía por su cuenta que uno debía ser un problema.
No tenía energía para molestarse por eso.

Se detuvo frente al superior y desvió un momento la vista hacia el Daibune, como si quisiera confirmar una vez más que realmente pensaban mandarlos a mar abierto tan temprano.

—Hayato Miyashi—se presentó al fin, con voz baja, llevándose una mano al estómago por un instante antes de volver a esconderla dentro de la manga—. Me enviaron a presentarme aquí. No me dieron demasiados detalles, pero tampoco hacía falta. Llevo una semana escuchando a media aldea hablar de esto.
Hizo una pausa breve, más para contener el malestar mientras su cara mostraba su claro desagrado por aquella situación.

—Si soy sincero, preferiría que esta mañana empezara con menos barcos desaparecidos y menos olor a puerto —murmuró, mirando de reojo la niebla sobre el agua—. El desayuno decidió declararme la guerra y no está ganando precisamente el mejor momento para eso.
Volvió a mirar al shinobi.

—Así que agradecería saber qué esperan encontrar ahí fuera antes de que me toque subir a uno de esos.
Dijo cansado, algo irritable y con pocas ganas de fingir que estaba de buen humor a esa hora. Después de eso guardó silencio, esperando la respuesta mientras el muelle seguía crujiendo a su alrededor y el agua golpeaba suavemente contra la madera, con la paciencia insoportable de siempre.
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
Nivel 12
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25-06-2026, 03:30 AM
La desaparición del Kiri Daibune llevaba una semana siendo el tema de conversación de media aldea. Era imposible caminar por una calle, entrar a una tienda o pasar cerca de cualquier puerto sin escuchar a alguien hablando del asunto. Algunos parecían convencidos de que había sido un accidente. Otros aseguraban que detrás había algo mucho peor. A mí me molestaba especialmente la facilidad con la que la gente inventaba historias cuando no tenía respuestas. Un Daibune no desaparecía todos los días, y menos uno de Kirigakure.

Mientras avanzaba por las calles todavía cubiertas por la humedad de la madrugada, mantuve las manos dentro de los bolsillos de mi abrigo ligero y observé la niebla que se extendía sobre los canales. Aquello no era una misión cualquiera. Lo había entendido desde el momento en que recibí la asignación. Si una embarcación tan importante se había perdido sin dejar rastro, alguien tendría que encontrar respuestas.  Además, si era sincera conmigo misma, la idea de salir al mar tampoco me disgustaba. Nunca me había disgustado. Crecí escuchando historias de navegación, rutas lejanas e islas que apenas aparecían en los mapas. Incluso después de convertirme en kunoichi seguía sintiendo cierta emoción cada vez que una misión implicaba abandonar la costa y adentrarse en aguas abiertas. Era una sensación difícil de explicar, pero siempre estaba ahí.

Cuando finalmente llegué a los Astilleros Funato, el lugar ya se encontraba completamente despierto. Obreros, marineros y personal de apoyo iban de un lado a otro entre cajas, cuerdas y barriles mientras el sonido de la madera crujiendo acompañaba el movimiento constante del puerto. 

Mis ojos se dirigieron inmediatamente hacia las embarcaciones preparadas para partir. Y ahí estaba, el Daibune era imposible de ignorar. Grande, oscuro y sólido. A sus lados se balanceaban los tres Hayate asignados a la expedición. Una pequeña sonrisa apareció bajo mi mascarilla. Definitivamente aquello era más interesante que una misión rutinaria.

Continué caminando hasta localizar al grupo reunido cerca del muelle. Reconocí algunas caras de inmediato y otras apenas me resultaban familiares. También reconocí algo más: nadie parecía especialmente feliz de estar allí.

Me acerqué con tranquilidad y terminé por detenerme junto al grupo, acercándome a espaldas de los mismos y extendiendo mis brazos hacia los lados, agarre a un par de ellos para abrazarles por detrás de manera amable. Obviamente, con la total intención de hacerme notar.  —Empiezo a pensar que soy la única persona aquí que tiene ganas de subir a ese barco.— Mi mirada se desplazó hacia el Daibune durante un momento antes de volver al resto. —Vamos muchachos, tampoco puede ser tan malo. Piensen en esto.— Me separo del par que habia abrazado y me formo delante de ellos, con total entusiasmo. —Si encontramos el barco perdido antes que nadie, seguro que toda Kirigakure estará hablando de nosotros durante semanas.—

Luego miré a Kaito por un momento. La sonrisa desapareció un poco, aunque mi tono siguió siendo tranquilo. —Y si resulta que alguien de fuera tuvo algo que ver con esto... espero que lo encontremos.— Crucé los brazos mientras volvía la vista hacia el mar cubierto por la niebla. —Porque una cosa es perder un barco. Otra muy distinta es que alguien crea que puede hacerle algo así a Kirigakure y marcharse sin consecuencias.—
Resumen
Me acerco al grupo y abrazo a dos de ustedes por la espalda, quienes sean, no importa. Asi que narren que los abrazo, putos♥. Doy una charlita para despertarlos y yap
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
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25-06-2026, 01:34 PM
La madrugada no había decidido entregarse del todo al sol cuando Orión salió de su barrio. Lo transitó, lo habitó tranquilo, respirando bocanadas de aire fresco. Aunque frio no era desagradable; tenía esa dulzura propia de las primeras horas, cuando hasta las bestias parecen caminar con menos urgencia. Las manos a los costados acompañaban su andar sereno, sin apuro, contando cada huella como pequeñas migajas que le permitirían volver a casa. “Ciento treinta y seis,ciento treinta y siete”

Los tablones del muelle respondían con un agónico crujido bajo el peso de su bestial anatomía. A un costado despertaba el mundo de las primeras horas. Pescadores destripaban las primeras víctimas del día y los comerciantes estibaban pedidos que parecían llegar desde el confín de los tiempos. Poleas tensas, cuerdas arrastrándose, madera quejándose. Era un idioma único, uno que el tiburón comprendía mejor que las palabras.

La misión era bastante clara. Bastó ver el Daibune aguardando inmóvil junto al embarcadero para comprender que aquella herida todavía seguía abierta. La desaparición del otro navío había sobrevivido una semana entera en boca de toda la aldea. Rumores había escuchado cientos mientras caminaba por Kirigakure. Jamás se detuvo a recoger ninguno. El mar nunca hablaba por quienes permanecían en tierra.

Su marcha continuó sin variar un solo paso. No miró demasiado los rostros de los presentes, que parecían haber sido citados igual que él. Nunca lo hacía. Las caras eran todas similares y se le mezclaban desde hacía ya unos años. Algunos olores o fragancias lo ayudaban a unir nombres dentro de su memoria. Apenas distinguió una paleta de aromas que le resultaron conocidos; gente con la que se había cruzado en otras misiones. Nada más. No era suficiente para distinguir a ninguno. Tampoco habló.

La banda brillando sobre su frente, la piel azulada y los colmillos que se colaban entre sus labios bastaban para anunciar su linaje. No necesitaba presentación cuando su clan hablaba por él. Sus ojos descendieron lentamente hacia la embarcación preparada para dominar las crestas del mar. Era un barco hermoso, gigantesco, postrado en un silencio solemne, meciéndose con un despreocupado vaivén. Discretamente apoyó la diestra sobre la madera, no para inspeccionarla; era más bien un ritual, un saludo. La madera devolvió un frío húmedo que parecía conservar la memoria de todas las mareas que había combatido. “Volveremos.” No era una promesa. Era un deseo.

Las conversaciones alrededor continuaban. Bromas, saludos, quejas por la hora y comentarios que el Hoshigaki dejó pasar. No tenía nada que añadir. Las palabras ocupaban espacio; el silencio permitía escuchar.

Se detuvo a pocos metros del Hoshigaki mayor, erguido, inmóvil, con las manos detrás de la espalda. Esperó. Ni un gesto de impaciencia, ni una pregunta, ni una sola palabra. Llevó distraídamente un pequeño trozo de madera hasta la boca. La fibra seca se dobló y estalló en un crujido suave entre sus fauces. Una costumbre que siempre necesitaba aparecer, una muletilla que lo devoraba desde la abstinencia.

Sus ojos regresaron al Daibune. Después al horizonte. Y por último otra vez al barco. Cuando el silencio terminó de acomodarse, Orión levantó apenas la cabeza y dejó escapar, con aquella solemnidad ridícula que convertía sus rimas en algo imposible de olvidar.

-Barco perdido

La pausa fue escueta.

-pez escondido.

La sombra de una sonrisa apenas inclinó las comisuras de sus labios.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Ryudan
Rango Genin
Clan Terumi
Nivel 4
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25-06-2026, 01:48 PM
Tras el incidente en el mercado, Ryudan estaba seguro de que la misión que le habían asignado para hoy podía guardar alguna relación con lo ocurrido. Muchas conspiraciones sobre un enemigo desconocido que, de ser cierto, no parecía que fuera a regalar señales de vida. No obstante aceptó la tarea, como parte de su obligación shinobi. Y como un gato curioso, tampoco iba a rechazar la misión que había despertado su curiosidad tras escuchar los rumores que circulaban por la aldea. Ryudan no solo estaría ahí por su deber, sino también por el afán de disolver sus sospechas.

La cita estaba programada a las seis de la mañana, en una madrugada que haría olvidar a cualquiera de que fuera verano. El viento, la niebla y la previa puesta de sol amaneciente formaban las condiciones necesarias para que el tiempo en el archipiélago fuera más fresco de lo normal. Los vientos no paraban de agitar la copa de los árboles, mientras que la brisa característica de las costas recargaba a todos los seres vivos con su esencia marina. No existía mejor lugar para meditar en la naturaleza, y tampoco le cabía duda de que el país del agua fuera la geolocalización perfecta para meditar los sentidos.

Llegó al lugar citado, con una capa negra que lo resguardaba del frío mañanero y que usaría de forma temporal hasta que el temporal volviese a la normalidad. Debajo, una camiseta holgada de color azul marino con las mangas del antebrazo ajustadas por unas vendas que servían como unos brazaletes de adorno. Y un pantalón negro, también holgado, ajustado por otro nudo disimulado de vendas, desde los tobillos hasta la mitad de la tibias. —Vaya... —Pensó tras recorrer su mirada por todo el puerto.

El lugar estaba plagado de guardias, trabajadores civiles, marineros y personal de apoyo. Para él, era la primera vez que veía tantos efectivos reunidos y esperando a que una misión diese comienzo. Por lo que, sin más, aceleró el paso con sus típicas sandalias ninja e hizo presencia frente a quien parecía el líder. Alguien que, por lo visto, compartía rasgos físicos de un Hoshigaki.—Ryudan, Presente.— Dijo con una voz calmada y segura. Sin embargo, el joven de linaje híbrido no esperaba recibimiento alguno, solo quería confirmar su asistencia para cuando fuese supervisado por sus superiores.

También prestó atención de reojo a los demás presentes, y casi todos parecían molestos por algo. Y por eso y por más motivos, el joven votó por el silencio mientras estaba a la espera, a su vez que el grupo interactuaba entre sí. Al mismo tiempo, y a diferencia del resto, él procuraba evitar cualquier reacción o comentario que entorpeciese el curso del encuentro dejándolo así en manos del Hoshigaki. Ni siquiera el abrazo que recibió por la espalda perturbó su concentración, que empleaba para observar detenidamente el navío de combate Kiri Daibune. —¿Acaso se perdió una flota igual que esta?... —Pensó.

La flota naval que tenía frente a sus ojos era impresionante. Era la primera vez que Ryudan veía semejante nivel de preparación a nivel militar y marinero así que, aunque no esperaba dar la talla, procuraría hacer todo lo que estuviese en su mano para estar a la altura de la misión.
[Imagen: 31Hpgjx.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
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Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
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Tenketsu9
Sigilo15
390
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25-06-2026, 06:06 PM
Issei apareció con esa calma seca de siempre, mirándolo de frente y soltando un comentario sobre su cara, porque claro, aparentemente eso era lo que hacía falta antes de zarpar a buscar una nave perdida. Kaito solo lo miró de arriba abajo, sin gastar respuesta todavía. Luego llegó Kuren, bostezando, con el pelo revuelto y ese humor de perro mojado que ya le había conocido en el Daibune anterior. El Kaguya abrió la boca para burlarse de Issei, habló de ascensos y jerarquías, y Kaito sintió que la vena de la sien quería volver a trabajar temprano. Al menos habían sido esos dos y no los otros dos. Después apareció Arako Heizu, incómoda desde el primer paso, con una cara de asco y una tensión clara cada vez que miraba a Issei. Hayato Miyashi llegó más callado, pálido de estómago y con ganas de que el puerto oliera menos a puerto; preguntó qué esperaban encontrar ahí fuera, y Kaito le dio un vistazo rápido, conteniéndose de hacer lo mismo con una bofetada, y solo lo ignoró. Sayuri Yuki fue lo contrario: llegó con entusiasmo, abrazando gente por detrás y hablando de encontrar el barco antes que nadie. Kaito no supo si eso era ánimo o falta de instinto de supervivencia... Decián que la ignorancia era bendita y ella era ejemplo perfecto: Ignorante y alegre. Orión Hoshigaki se quedó más quieto, más pesado, oliendo el muelle y saludando la madera con una seriedad rara. Kaito creyó ver él una versión madura del tal Brolk y tuvo miedo por un segundo; pero cuando soltó lo de “barco perdido, pez escondido”, Kaito cerró los ojos un segundo y respiró por la nariz...¿ Era peor? Finalmente Ryudan se presentó sin hacer ruido. Al menos uno parecía entender que aquello no era paseo. A un lado también había tripulación civil y marinera: gente de astillero, timoneles auxiliares, encargados de motor, cuerdas, señales y carga, todos callados, todos esperando orden. Kaito repasó las caras conocidas. Issei. Kuren. Y por alguna bendición amarga del mar, Soma no estaba. Eso le quitó un peso del pecho. Si el Hozuki de la bufanda hubiera aparecido de nuevo, Kaito habría tenido que amarrarlo a cubierta para que no muriera del susto antes de salir. Cuando varios mencionaron que toda la aldea hablaba del Daibune perdido, Kaito miró de reojo a Issei y Kuren. No dijo nada, pero la pregunta se le notaba en la cara: cuánto habían abierto la boca después de lo de la cueva.

Se levantó de la caja de suministros y golpeó los papeles contra su propia palma para cortar las conversaciones. —Buenos días —dijo, aunque sonó más a amenaza que a saludo—. Formen línea. Ahora. -.Cuando los tuvo frente a él, miró uno por uno unos segundos. —La misión es simple. Vamos a buscar el Kiri Daibune desaparecido. Vamos a revisar rutas, señales, restos, y cualquier mierda que explique cómo una nave grande desapareció. Su trabajo es escuchar órdenes y no estorbar...

Kaito giró y caminó hacia el Kiri Daibune. La pasarela estaba lista, la cubierta húmeda y el personal Funato terminaba de ajustar barriles, cajas y sellos de salida. A los lados, los tres Kiri Hayate esperaban con cascos angostos y banderas recogidas. —Decidan rápido —ordenó sin detenerse—. Ya hay tripulación asignada en cada barco. Los ninjas van donde hagan falta. Ocupamos cinco en el Daibune y otros dos irán en aquel Hayate.  En ese momento, los tripulantes que no eran ninjas empezaron a moverse hacia sus navíos: marineros del Daibune subieron por la pasarela con rollos de cuerda al hombro, dos operarios cargaron una caja de señales, otros tres se repartieron hacia los Hayate con bolsas de herramientas y tubos de navegación. Dos de los Hayate soltaron amarras primero y salieron del muelle con suavidad, uno hacia la boca norte del canal y otro hacia una ruta lateral de patrulla. Sus cascos pequeños se perdieron rápido entre la niebla. Quedaron anclados el Daibune y un solo Hayate, el que esperaría a los dos ninjas restantes. Kaito subió la pasarela del Daibune, pero antes de entrar del todo giró apenas la cabeza. —Issei. Kuren. Ustedes vienen conmigo. Muevan el culo.


El Daibune se sentía distinto con tripulación completa. Ya no era esa bestia medio vacía de la vez anterior, donde cuatro genin intentaban no romper nada mientras Kaito hacía cuentas con la paciencia. Ahora había gente en movimiento real: un timonel auxiliar revisaba la rueda secundaria, dos marineros tensaban líneas gruesas cerca del mástil, un encargado de carga marcaba barriles con tiza, otro revisaba los seguros de las escotillas y un par de tripulantes probaba las lámparas de señal del costado. Kaito caminó por la cubierta sin detenerse demasiado. —Issei, arriba. Mismo puesto que la vez pasada. Vigía.  Kuren, defensa. Mismo sector. Revisa seguros, palancas, proyectiles y soportes. Los otros tres , no me sé sus nombres...se reparten velas y amarras, carga, y señales internas. Familiarícense con su área... y no rompan nada . Tenemos unos minutos antes de salir. Úsenlos. Dicho eso, Kaito siguió hacia el timón y dejó que la nave empezara a hablarles por su cuenta. Desde arriba, el puesto de vigía no daba una vista limpia todavía: la grúa Funato, la torre norte y la boya de salida aparecían y desaparecían entre capas de niebla, obligando a Issei a calcular referencias antes de que el Daibune se moviera. En defensa, Kuren encontraría una palanca lateral endurecida por sal, demasiado rígida para forzarla sin saber si estaba trabada, asegurada o muerta. En velas y amarras, una línea de proa estaba cruzada bajo tensión con otra cuerda más oscura del mástil; no era grave en reposo, pero en el primer giro podía volverse un problema feo. En carga, los barriles con sello rojo estaban bien apilados a primera vista, aunque una caja de herramientas tenía el cierre flojo y sonaba por dentro cada vez que alguien pisaba cerca. Y en señales internas, el tablero de banderas y lámparas parecía sencillo hasta que uno notaba que había filtros de colores, placas numeradas y códigos cortos para comunicarse con el Hayate sin gritar en medio de la niebla. Kaito no explicó nada de eso...Y para él no hacía falta. En un barco, el que miraba bien encontraba trabajo rápido.

En el Kiri Hayate restante esperaba Toru Heizu, de brazos cruzados, rostro serio y postura limpia. Tenía cuarenta y cinco años y su rostro lo reflejaba, el pelo recogido sin una hebra fuera de lugar y esa mirada profunda. No era capitán de guerra, pero sí un hombre de señales. Coordinaba torres, luces, banderas y rutas cuando la niebla se cerraba sobre la aldea. A sus pies, el Hayate se mecía apenas. Era pequeño, bajo, rápido, con el casco oscuro pegado al agua y una cabina estrecha llena de mecanismos compactos. Cuando los dos ninjas asignados subieran, Toru los recibiría sin sonrisa. —Tomen asiento —diría, señalando dos bancos laterales con correas de seguridad—. Mucho gusto, me llamo Toru. Estamos por partir, por ahora, solo acomódense y preárense. Él mismo soltaría el ancla corta, liberaría el amarre de popa y activaría el sistema de salida con una secuencia de palancas bajas. El Hayate no tenía la fuerza pesada del Daibune... Tenía respuesta rápida, bajo calado y un sistema de navegación hecho para la niebla: brújula sellada, lámparas frontales con filtros de color, placas de señal que vibraban con códigos cortos, tubos de sonido para avisos cercanos y potencia...mucha potencia. La embarcación salió primero, cortando el agua del astillero con velocidad limpia. Toru no miró atrás. Su trabajo era adelantarse, alcanzar a los otros Hayate, confirmar la ruta hacia el tercer anillo y esperar al Daibune en el Kirishiro. 

時
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Arako Heizu
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25-06-2026, 06:45 PM
Última modificación: 25-06-2026, 06:49 PM por Arako Heizu.
De repente sentí llegar más gente llegar de golpe, una mujer en sus veinte años comento atrás mío que… Ella pensaba era la única que estaba feliz de estar ahí… Estaba completamente equivocada, yo me encontraba contentísima ¡Pero no me gustaba que aquel tarado estuviera también en la misión! Por lo que pondría una sonrisa algo enroscada cuando me abrazo junto a Issei -Sabes que… - Expresaría quitándome esa cara de preocupación en cuanto menciono que seriamos reconocidos por ello -Tienes razón ¡Encontraremos el barco en lo que suenan las primeras gaviotas! – le sonreiría amigable pues, mientras aquella chica cuyo nombre aun desconocía seguía con su chachara soltándonos, mientras yo por mi parte mire a Issei y le dije…

-Así que ni sueñes en llevarte todo el crédito. – sonreiría como declarando mi futura victoria, mientras inmediatamente aquel hombre a cargo de nuestra misión iba dejando en claro que todos debíamos ponernos serios… -Si señor. – Diría formándome la primera de izquierda a derecha, mientras miraba quienes otros llegaron, poniendo una mueca de duda… Solo conocía a uno y desde la vez que me choco en aquella plaza ¡Por lo que podría ser muy útil para hacerme amiga suya! Cosa que por ahora debía esperar, porque lo menos que quería era estorbar en el proceso de recuperación de aquel barco… Aunque sabia en el fondo que lo de seguir ordenes jamás fue tan mi estilo.

Entonces llego el momento de embarcar siendo la decisión mas obvia de mi vida -¡Yo me voy en el de allí! - Expresaría motivada subiéndome la primera al barco opuesto al de la mayoría, después de todo, lo que menos quería era toparme con el “Favorito de la misión” Después de todo, si tenían preferían por Issei estábamos bien jodidos, arriba vi a otro compañero de clan el cual nos haría tomar asiento…

-Buenas- Expresaría mientras Toru también nos saludaba… Haciéndome sacar una leve sonrisa, el clan supongo que jamás me dejaba sola… Pero, si algo no negaba era que esta vez mi odio a mi rival le ganaba al odio que sentían por mí… Por lo que decidí seguir el ritmo y ayudar en lo que pudiera en el Hayate junto a mi otro compañero que se subiese, mire a Toru entonces y comente -¿Me presento igualmente?- Me apuntaria dudosa, despues de todo, tenia mala fama en el clan.

resumen

Arako sube al Hayate (el barco opuesto a que se sube Issei que es bastante mas pequeño...) Ahi saluda a Toru a sabiendas que tiene mala reputacion dentro de su clan... Preguntando si debe presentarse.

Issei
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25-06-2026, 07:18 PM
El primero en aparecer fue Kuren, no necesité que dijera nada para reconocerlo. Le delató su forma de caminar, esa calma exagerada que parecía rozar la falta de preocupación y, sobre todo, esa expresión de alguien que daba la impresión de haberse despertado hacía apenas unos minutos. Seguía teniendo la misma actitud despreocupada que me había asqueado la primera vez que lo escuché hablar, aunque después de coincidir con él durante la clase en la academia mi impresión había cambiado ligeramente. Seguía pareciéndome un completo idiota en muchos aspectos, pero al menos había demostrado que detrás de esa forma de actuar había algo más que simple inutilidad.

Escuché su comentario y me limité a mirarlo durante unos segundos, dejando escapar una ligera expresión de molestia. No porque realmente me hubiera enfadado, sino porque parecía incapaz de llegar a una situación sin intentar molestar a alguien—. Aunque me ascendieran, nunca ayudaría a un tarado como tú —la respuesta salió por reflejo, con ese tono seco que utilizaba normalmente cuando alguien conseguía sacarme una reacción. Aun así, no había una verdadera intención de atacarlo. Si de verdad me hubiera resultado insoportable, probablemente ni siquiera habría gastado tiempo en contestarle. Supongo que, después de haberlo visto actuar, al menos había dejado de verlo únicamente como una pérdida de tiempo.

La siguiente llegada, en cambio, sí consiguió sorprenderme. No esperaba encontrarla allí. Durante unos instantes me quedé observando a Arako, más por la inesperada coincidencia que por otra cosa. Por su expresión parecía que ella tampoco había previsto encontrarse conmigo, y la tensión entre ambos apareció casi de inmediato, como si ninguno de los dos necesitara decir nada para recordar lo ocurrido. Aun así, no dejé que aquello ocupara demasiado espacio en mi cabeza. Había una misión por delante, y en ese momento mis prioridades estaban claras.

Cuando finalmente dirigió unas palabras hacia mí, noté cómo esa vieja irritación intentaba volver a aparecer. No era exactamente enfado, era más bien la molestia de tener que volver a lidiar con algo que ya había quedado atrás. Sin embargo, por mucho que me pesara admitirlo, ahora mismo había algo mucho más importante.

La miré apenas un instante antes de apartar la vista—. Cierra la boca, yo no te he dicho nada.

Después de eso decidí ignorarla por completo. No porque hubiera olvidado lo ocurrido entre nosotros, ni mucho menos, sino porque no pensaba desperdiciar una oportunidad como aquella por una disputa personal. El misterio del Daibune seguía sin resolverse y, por encima de cualquier otra cosa, quería descubrir qué había ocurrido realmente en aquellas aguas.

Poco a poco fueron llegando más personas que no conocía. No les presté demasiada atención; como mucho, respondí con un simple gesto de cabeza cuando coincidíamos la mirada, mientras mi mente seguía atrapada en las mismas preguntas de los últimos días. Demasiadas piezas seguían sin encajar, y cuanto más intentaba encontrar una explicación lógica, más evidente era que faltaba información.

Entonces apareció una chica rubia cuya energía contrastaba completamente con el ambiente del resto. Su entusiasmo era tan exagerado que casi parecía estar en un lugar diferente al nuestro. Antes de que pudiera reaccionar, se acercó con demasiada confianza y terminó apoyándose sobre Arako y yo como si aquello fuera lo más normal del mundo.

Mi cuerpo se tensó por pura reacción, no estaba acostumbrado a ese tipo de cercanía, y mucho menos por parte de alguien que apenas conocía. Sin pensarlo demasiado, la aparté con un empujón suave, simplemente lo suficiente para recuperar espacio.

— ¿Por qué me tocas? —No esperé una respuesta. Tampoco era algo que me interesara especialmente, así que volví a centrarme en lo que importaba: la misión.

Por suerte, Kaito tomó el control poco después y consiguió cortar cualquier intento de que aquello se convirtiera en una conversación interminable. Su forma de dar órdenes dejó claro que no estábamos allí para perder el tiempo, así que cuando indicó que formáramos línea, obedecí sin retrasarme y ocupé mi posición junto al resto.

Escuché sus indicaciones en silencio y cuando llegó el momento de embarcar, seguí al capitán junto a Kuren hacia el Daibune. La diferencia respecto a la vez anterior era evidente. Ahora no era una nave sostenida por la improvisación de unos cuantos shinobi intentando no cometer errores; había una tripulación completa moviéndose con un propósito claro, revisando cada detalle antes de salir.

No tardó demasiado en llegar la orden que esperaba, debía tomar el puesto de vigía, subí sin discutir. Desde allí arriba volvía a tener la mejor posición para observar el recorrido, aunque esta vez la situación era diferente. La niebla cubría gran parte del puerto y las referencias del entorno aparecían y desaparecían constantemente, obligándome a depender más de pequeños detalles que de una visión completamente clara. Me acomodé en el puesto, dejando que mis ojos se acostumbraran poco a poco al movimiento del barco mientras repasaba la zona que teníamos por delante. Debido a la visibilidad, tendría que construir la ruta a partir de pequeñas referencias. La posición de la torre del puerto, la silueta de los edificios que apenas sobresalían entre la bruma, las boyas de señalización y hasta la dirección en la que se movían las corrientes me servían para calcular nuestra trayectoria. No era tan diferente a seguir un rastro en tierra, solo que aquí todo estaba en constante movimiento y un error de cálculo podía significar acabar en una zona complicada. Mientras el Daibune empezaba a prepararse para abandonar el muelle, fui memorizando cada punto posible, intentando crear un mapa mental de la salida antes de que la niebla terminara de ocultarlo todo.
[Imagen: xd.png]
Brolk
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25-06-2026, 07:39 PM
Estar despierto a esa hora de la madrugada debería ser completamente ilegal, pero gracias a los gritos ensordecedores de su madre, Brolk había logrado salir de la cama y llegar a tiempo.

A pesar de todo ese sinsentido de madrugar a las seis de la mañana con un frío que calaba los huesos, el gennin se encontraba camino al puerto para cumplir con aquella importante misión de búsqueda que le habían encomendado. Se le había hecho un poco tarde, por lo que llegó al lugar algo agitado con un sudor frío que le recorría la frente.

Al llegar al muelle principal, comenzó a subir por la rampa y logró observar al gran grupo de genin que ya se encontraba reunido. ¿Qué demonios iban a hacer tantos de ellos allí? En otro momento, al ver a tanta juventud, hubiese pensado que se trataba de alguna especie de excursión alegre, paseo o un entrenamiento de campo. Sin embargo, dentro de él sabía perfectamente que algo muy malo estaba pasando en Kirigakure.

Discretamente, Brolk se miró los enormes brazos azulados. Todavía le dolían y le punzaban un poco por las quemaduras y el calor extremo de aquel terrible incendio que casi acaba con el Gran Mercado. Si no fuera porque estaban en el País del Agua, seguramente todo hubiese sido mucho peor. Entre la roca que vio desmoronarse con Kaito y el fuego del mercado, la aldea se sentía herida.

Brolk observó a sus compañeros. Mientras caminaba hacia ellos levantando una mano para saludarlos a todos en general, empezó a buscar activamente con los ojos a su primo Soma, esperando encontrarlo entre la multitud. Le extrañó no ver su cabellera por ningún lado, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello.

Justo en ese momento, la hiperactiva Yuki apareció de la nada por la espalda del grupo, atrapando a un par de compañeros en un repentino abrazo mañanero para romper el hielo. A Brolk se le iluminó el rostro de inmediato. ¡Eso era exactamente lo que se necesitaba para quitar el frío de la Niebla!

—¡Esooo! ¡Abran espacio para el abrazo de oso! —dijo alegre el joven Hōzuki, con una risa contagiosa.

Brolk dio un par de pasos largos que hicieron mover la embarcación, extendió sus brazos y se lanzó de cabeza a unirse al grupo, envolviendo a Sayuri y a los demás en un gigantesco, apretado y asfixiante abrazo colectivo que por poco los hace caer a todos.

Tras liberar a sus víctimas con una enorme sonrisa, Brolk se acomodó la gran calabaza de agua en la cintura y giró el cuerpo para mirar fijamente al capitán Kaito. Intercambió una mirada seria con el superior, recordando el secreto que compartían sobre la isla, y se plantó con firmeza sobre la cubierta.

—¡Brolk, presente y bien hidratado, capitán! —concluyó el gennin, mientras se paraba para empezar con aquella misión de rescate.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.png]
Orión Hoshigaki
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26-06-2026, 09:31 AM
Última modificación: 26-06-2026, 04:38 PM por Orión Hoshigaki.
La voz de Kaito cayó pesada sobre la cubierta, un golpe duro, poco conciliador, propio de un tiburón. Por momentos veía en aquel hombre dejos del clan, dejos de su abuelo, que no podía caminar sin su bastón heredado, ordenando el movimiento con la misma firmeza con la que un ancla encuentra el fondo. Dos nombres fueron llamados sin vacilar. Alguna aventura pasada los había presentado, no como favoritos, sino como seres que ya habían tripulado junto a semejante capitán. Después llegó el resto. Cinco en el Daibune y los demás a las pequeñas embarcaciones.

Orión no respondió de inmediato. Sus ojos viajaron lentamente entre las embarcaciones mientras los demás comenzaban a decidir casi por instinto. Algo, pese a las bromas y al desagrado, los unía. Unos avanzaban antes de terminar de escuchar las órdenes; otros buscaban compañeros conocidos; alguno parecía más interesado en con quién navegaría que en el motivo por el que había sido convocado. Él no. Jamás había entendido esa necesidad de caminar junto a un rostro familiar. Todos somos parte de la aldea, todos debemos protegernos, todos somos fraternidad.

Las caras eran un rompecabezas imposible. Cambiaban, se confundían, se mezclaban unas con otras hasta convertirse en una misma expresión vacía. Por eso nunca había aprendido a recordarlas. Prefería las voces. Los silencios. Las maneras de pisar. Los olores que permanecían adheridos a la ropa después de una misión. Aquello sí sobrevivía en su memoria.

Sus branquias se abrieron y cerraron lentamente, degustando la fragancia de la aldea, las diferencias, los ecos de las voces en la madrugada. Eso era lo suyo. Quería recuperar el barco y encargarse de que esa esencia jamás se perdiera. Carcajeó con júbilo, no por felicidad, sino para dejar en el ambiente una risa desinteresada, sin objetivo alguno. Solo risa.

La decisión no dependía de quién estuviera a bordo. Sus ojos regresaron al Daibune. Grande. Pesado. Silencioso. No entendía de aparejos ni de maniobras marítimas. Ignoraba profundamente la diferencia entre los tamaños de las velas, entre una maniobra y otra. Lo criaron pescadores. La guerra hizo el resto. Sabía que desde aquel gigante, desde esa cubierta imponente, nacería el peso de la misión. Si había una respuesta, surgiría desde allí; las decisiones nacerían desde Kaito y era importante, no por él, sino por todos, comprenderlo todo. También sería el primer lugar donde harían falta manos.

Llevó el pequeño trozo de madera hasta la boca. La fibra seca cedió lentamente entre sus colmillos mientras observaba cómo uno de los Hayate comenzaba a llenarse de movimiento. Era rápido. Liviano. Era necesario para ganar tiempo y recorrer distancia. El gigante de madera era más lento, más paciente, como si aceptara la importancia del tiempo igual que él.

-Pez grande, problema grande.

Resopló por la nariz, divertido únicamente consigo mismo. Después apoyó el pie sobre la pasarela sin apresurarse. La madera respondió con un crujido grave bajo su peso mientras comenzaba a subir. No buscó aprobación. No preguntó si sobraba un sitio. Tampoco volvió la vista hacia quienes elegían el otro barco. Simplemente siguió avanzando. Las decisiones necesitan dirección.

Solo cuando estuvo arriba bramó con el peso de la madrugada en la garganta y la cabeza de pescado que había desayunado.

-Sé aprender.

Avanzo hasta la velas.
Kaguya Kuren
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26-06-2026, 04:18 PM
Arako Heizu estaba allí y eso solo podía significar una cosa: la suerte me había abandonado una vez más. Después del incidente de la Plaza de la Fuente, yo había empezado a asociar a aquella chica con el infortunio. Quizá los rumores que corrían sobre ella eran ciertos y, si ese fuera el caso... «trabajar juntos...». Volví a dirigir mi atención a Issei.
—No le caes muy bien, ¿eh? —dije—. Bueno, es normal. Tú eres muy... tú.
Hice una pausa, todavía sonriendo.
—Es broma. Hasta yo sé reconocer a un shinobi decente cuando lo veo.
Me alejé después de decir esas palabras.
Justo después de Arako, llegó otro sujeto. Nunca había hablado con él, pero sí que lo recordaba de la Academia. Aquella presencia imponente y la cicatriz eran inconfundibles. Hayato Miyashi. Decidí que era mejor no hablarle.
Después de Hayato, se hizo presente la jodida princesa de la aldea: Sayuri Yuki. Por supuesto que había oído hablar de ella: bonita, importante, carismática... «y desesperada por llamar la atención». En resumen, una mujer de lo más irritante. Sin embargo, en algo tenía razón: si encontrábamos el Daibune y a los culpables de su desaparición, nuestros nombres estarían en las bocas de muchos. A mí ser un héroe me importaba un comino, pero tenía la esperanza de que la fama viniera acompañada de misiones más acordes a mis... intereses.
Dos Heizu, dos Yuki, ¿quién seguiría? Ya estábamos empezando a ser demasiados para mi gusto. Y entonces apareció el gigante azul de dos metros, piel azul y colmillos que había ayudado a rescatar civiles durante el colapso de la Plaza de la Fuente. Era un Hoshigaki, eso saltaba a la vista y era lo único que sabía de él. «Contando a Kaito, ahora hay dos Heizu, dos Yuki y dos Hoshigaki. Je, a lo mejor provengo de un clan incompetente. Kenji Kaguya tampoco me pareció demasiado impresionante...».
¿Ryudan? No me sonaba de nada, con lo que solo podía esperar que no fuera un lastre.
Miré a mi alrededor en busca de Soma y Brolk, pero no estaban por ninguna parte. «Esos no han venid-». Unos brazos enormes me abrazaron de la nada. Brolk. No, por favor. Cualquiera menos Brolk.
—¡Brolk! ¡No me abraces, infeliz! Ugh, no me puedo creer que te hayan llamado a ti también...
Entonces Kaito me miró con unos ojos que claramente preguntaban: “¿Hablaste?”. ¡Ja! ¿Y qué si lo hice? ¿Qué vas a hacer? ... No, no lo hice. Literalmente salió en La Voz de la Niebla, imbécil. Kaito nos hizo formar línea y explicó la misión. «Revisar rutas, restos y señales. En otras palabras, nos va a tener dando vueltas a la isla como la otra vez. Ugh. Y para colmo Kaito me quería en la nave más grande y lenta».
Me tocó otra vez el sector de defensa. Eso sí era algo bueno. Muy preferible a cualquier otra posición... hasta que me encontré con la palanca trabada con sal endurecida. Sí, me había olvidado de que el puesto de defensa no consistía en disparar cañones sino en encargarse de estas cosas. Dejé escapar un suspiro, saqué un kunai y empecé a raspar la sal de la juntura, primero alrededor del eje y luego bajo la ranura donde el metal desaparecía hacia el interior del mecanismo. Necesitaba ver si había una clavija, un seguro o alguna pieza que no debía moverse. Después pedí aceite, grasa o cualquier cosa que usaran los marineros para que sus cacharros no sonaran como huesos viejos. Cuando la base estuvo lo bastante libre, até hilo metálico alrededor de la palanca y aseguré el otro extremo a una pieza firme del costado. Metí el mango del kunai entre las vueltas y empecé a girarlo despacio, como un torniquete. «Si esto se rompe, es culpa de Kaito por mandarme a hacer tareas de mantenimiento».
Hayato Miyashi
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26-06-2026, 06:04 PM
Última modificación: 26-06-2026, 06:14 PM por Hayato Miyashi.
La cabeza de Hayato seguía completamente perdida. El suave vaivén de la marea, que para el resto de la tripulación apenas parecía existir, para él se había convertido en una auténtica pesadilla. Cada pequeño balanceo del Daibune hacía que el estómago se le revolviera un poco más, obligándolo a concentrar toda su atención en una batalla que nadie más podía ver.

En esos momentos maldecía no haber salido de casa en ayunas. ¿Quién demonios desayunaba un ramen frío acompañado de té helado antes de subir a un barco? Él, al parecer. Una decisión que unas horas atrás había parecido perfectamente razonable y que ahora se estaba cobrando cada una de sus consecuencias.
Su rostro había perdido casi todo el color habitual. Estaba tan pálido que por momentos sentía que terminaría alcanzando el mismo tono azulado que tenía Arako. Incluso llegó a levantar la vista hacia ella por unos segundos, observándola fijamente.

"...¿Siempre fue tan azul?"

Parpadeó un par de veces.

"...No... creo que soy yo el que está empezando a perder la pelea."

La voz de Kaito terminó por sacarlo de sus pensamientos.

—¡Formen línea. Ahora.! 

Sin protestar, Hayato obedeció de inmediato, colocándose junto al resto de los genin. Respiró hondo, cerró los ojos y comenzó a repetir una frase para sí mismo una y otra vez, como si estuviera ejecutando algún extraño ejercicio de concentración.

—El mareo es solo mental... el mareo es solo mental... no me quiero marear... el mareo es solo mental...
 Se decía en un mantra una y otra vez en su cabeza.

Desde fuera cualquiera habría pensado que estaba meditando antes de una misión importante.

La realidad era bastante menos digna.

Estaba intentando convencer a su propio estómago de que ambos podían llegar al menos hasta abandonar el puerto sin montar un espectáculo delante de toda la tripulación.

Mientras Kaito repartía los grupos y las tareas, Hayato apenas abría un ojo de vez en cuando para asegurarse de seguir escuchando las órdenes. Cuando comprendió que permanecería en el Daibune, un suspiro de alivio escapó de su pecho casi por instinto.

No es que aquella embarcación fuera precisamente estable... pero al menos no era uno de los Hayate.

Tal y como se encontraba, ya estaba librando una misión bastante complicada por su cuenta.
Entonces unos gritos llenos de entusiasmo rompieron el ambiente del puerto.
Hayato giró lentamente la cabeza.

Allí estaba Brolk.

Sonriendo de oreja a oreja, saludando a todo el mundo y rebosando una energía que parecía completamente fuera de lugar para aquella hora de la mañana.
Hayato se quedó mirándolo unos segundos en absoluto silencio.

Qué envidia.

De verdad habría lanzado a más de uno por la borda si con eso pudiera conseguir aunque fuera la mitad de la vitalidad que tenía su compañero en esos momentos.

Negó despacio con la cabeza antes de volver a cerrar los ojos.

—No estoy mareado... no estoy mareado... no estoy mareado...

Continuó obedeciendo las órdenes de Kaito casi por inercia, caminando hacia la zona que le habían asignado mientras seguía recitando su improvisado mantra. Desde fuera parecía un monje en plena meditación; por dentro, en cambio, aquello se estaba convirtiendo en una discusión bastante desigual contra su propio cuerpo.

La diferencia es que ahora el mareo lo hacia divagar repintiendo el mantra en voz alta.

—No estoy mareado...

Dos pasos.

—No estoy mareado...

Otros dos.

El barco volvió a balancearse. Ahora sus pensamientos se mezclaban con su voz al no estar pensado con claridad.

—...Estoy dando vueltas...

Silencio.

—....¿Quién mierda me mandó a comer ramen frío con té helado en la mañana...?"
Otra punzada le atravesó el estómago.

—Voy a quemar este puto barco.


Se quedó inmóvil durante un instante.
Frunció ligeramente el ceño.

"...Espera..."

Levantó apenas la cabeza, mirando al frente con expresión confundida mientras pensaba.

"...¿Estoy hablando en voz alta?"

Guardó silencio unos segundos, esperando una respuesta que, evidentemente, nunca llegó.
Entonces, completamente convencido y sin darse cuenta de la ironía, respondió él mismo en voz alta.

—Creo que no.

Reanudó la marcha con la misma seriedad de siempre.

Un paso.

Luego otro.

Hasta que algo hizo clic en su cabeza.
Se detuvo nuevamente.
Parpadeó una vez.
Luego otra.

"..."

Lentamente giró la cabeza hacia un lado, observando de reojo a los marineros y a sus compañeros, como si intentara averiguar si alguno lo había escuchado.
"..."

Su expresión permanecía completamente seria.

"¿...Acabo de responderme en voz alta.?" Meditó en su cabeza.

Otro breve silencio.

—Bueno... ahora también acabo de decir eso en voz alta.

Dejó escapar un largo suspiro por la nariz.

—Definitivamente estoy perdiendo esta pelea...

Se pasó una mano por el rostro con resignación antes de seguir caminando hacia su puesto, todavía pálido, con el estómago convertido en su peor enemigo en cada balanceo del Daibune.
Sayuri Yuki
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26-06-2026, 11:45 PM
La reacción del chico no tardó en llegar. Apenas me apoyé sobre él y sobre la otra kunoichi, sentí cómo recuperaba su espacio con un pequeño empujón mientras me preguntaba por qué lo había tocado. Lo miré un segundo y no pude evitar dejar escapar una pequeña risa. —Buaah buah, qué serio eres... relájate un poquito. Prometo que los abrazos no matan a nadie.— No insistí más. Había personas que simplemente eran así y tampoco tenía sentido darle más vueltas. Cada uno empezaba las mañanas como podía. Aun así, cuando escuché a la chica de cabello azul responder con tanto entusiasmo a mi idea de encontrar el Daibune, una sonrisa apareció bajo mi mascarilla. —Si que si, esa es la actitud. Aunque creo que tendremos que competir un poco para ver quién termina llevándose más reconocimiento.—

Antes de poder seguir hablando, una enorme sombra cayó sobre nosotros. —¡Esooo! ¡Abran espacio para el abrazo de oso!— No tuve tiempo de reaccionar. Los enormes brazos de Brolk terminaron envolviéndonos a todos en un abrazo que casi nos hacía perder el equilibrio. Solté una risa mientras intentaba mantenerme de pie. Cuando por fin nos dejó libres, acomodé nuevamente mi ropa con toda la dignidad que pude recuperar y terminé colocándome junto a Arako, todavía divertida, le dije en tono bajito, para que los demas no escucharan. —Al final parece que las dos sí tenemos ganas de estar aquí. Eso ya nos pone un paso por delante del resto.—

No pasó mucho más antes de que la voz de Kaito terminara con cualquier conversación. Su orden fue suficiente para que dejara las bromas de lado y ocupara mi lugar junto al resto del grupo. Escuché con atención cada una de sus indicaciones, especialmente cuando mencionó que dos de nosotros embarcaríamos en el Hayate. Casi sin pensarlo di un paso al frente. Desde pequeña había escuchado a mi padre decir que las embarcaciones más pequeñas eran las primeras en encontrar aquello que los grandes barcos todavía buscaban. Eran rápidas, podían adelantarse y abrir camino. Si existía la posibilidad de ser los primeros en localizar una pista del Daibune desaparecido, quería estar allí.
 
Me dirigí directamente hacia el Hayate, donde Arako parecía haber tomado exactamente la misma decisión. —Parece que las dos queremos llegar primero.— Subí a bordo con cuidado y, al encontrarme frente al hombre que nos esperaba, hice una pequeña inclinación de cabeza por respeto. —Sayuri Yuki. Es un placer navegar con usted, señor Toru.— Después tomé asiento donde nos indicó, ajustando la correa de seguridad mientras recorría la pequeña embarcación con una mirada curiosa. Era mucho más compacta que un Daibune, pero precisamente por eso transmitía la sensación de estar hecha para abrirse paso entre la niebla antes que nadie. Y esa idea me gustaba bastante.
Resumem
-Interactuo un poco con Issei y mucho mas con Arako. 
-Recibo bien el abrazo del oso de Brolk. 
-Me voy en el Hayate.
Ryudan
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27-06-2026, 05:19 PM
Los días malos eran costumbre en el país del agua. Hasta el mal tiempo podía reconocerlo, con sus días nublados y frescos incluso a pesar de ser verano. La desaparición de un navío de combate tan importante como lo era el Daibune era una pérdida de dinero sin precedentes, sabiendo que la economía del mundo shinobi giraba principalmente entorno a la carrera armamentística de las aldeas ocultas. Nada podía empeorar, salvo que se perdiera este Daibune también...

En cuanto a los responsables para que aquello no ocurriese, no prestaría mucha atención a sus presentaciones. No conocía a nadie de ellos, salvo de vista. Es cierto que coincidió con alguno que otro en el infortunio del incendio en el gran mercado de Kirigakure, sin embargo no entabló ningún tipo de vínculo. Además, Ryudan era un ninja estrictamente profesional. No dejaba que las emociones y las conexiones interfiriesen en su trabajo. Él prefería permanecer cauto y reservado.

Y así fue, durante todo el encuentro. Solamente se limitó a escuchar y obedecer las órdenes del capitán, el cual dio inicio a la embarcación. Y a pesar de que a Ryudan le hubiese gustado viajar en el gran Daibune, no tuvo más remedio que ir en el último Hayate en zarpar. Lo bueno es que en el Hayate había un señor, cuya presencia compensaría la compañía de las dos Kunoichis. Sí, la presencia de las mujeres es incómoda para Ryudan. Pero no por ello iba rendir más o menos en la misión.

Ryudan fue el último en moverse, y caminó hasta el hayate con cierta ligereza. Esperó a que la rubia subiese a bordo en un acto de cederle el paso, para proceder él mismo acto seguido. —Buenas, señor.—Saludó con voz tranquila. Un poco de cortesía y educación no haría mal a nadie. El joven tomó asiento en el lado opuesto de los asientos ocupados por las kunoichis, el único asiento que quedaba al parecer, de tal manera que estuviesen situados uno frente a otro. El contacto visual era opcional.

Sin más, agarró la correa de seguridad y la utilizo como hicieron las demás y, esperó que se pusiera todo en marcha. Ryudan ya estaba preparado. Incluso tenía una botella de agua y un aperitivo, bajo la capa para cuando lo necesitase, cubierto por un papel de aluminio en un pequeño bolso ajustado en la cintura. Y aunque solo fuese un bocadillo de atún y ensalada, era perfecto para saciar el hambre.
[Imagen: 31Hpgjx.png]
Narrador General
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27-06-2026, 07:39 PM
Última modificación: 27-06-2026, 07:41 PM por Narrador General.
Kaito miró la cubierta del Daibune y confirmó, con una molestia bastante tranquila para sus estándares, que al menos todos habían encontrado un lugar donde no estorbar demasiado. Issei ya estaba arriba, en vigía, tomando referencias entre la grúa Funato, la torre del puerto y la boya de salida, armándose su mapa mental antes de que la nave siquiera abandonara el muelle. Kuren estaba en defensa, raspando sal con un kunai y tratando la palanca trabada con más cuidado del que su cara admitía. Orión había subido y directo hacia velas y amarras con esa calma pesada de los Hoshigaki que a Kaito le resultaba familiar y molesta a la vez. Brolk llegó tarde, sudado, feliz, enorme y “bien hidratado”, abrazando gente antes de plantarse con una seriedad que casi compensaba el desastre de su entrada. Kaito lo mandó a carga con la mirada antes de que se le ocurriera abrazar un barril también. Hayato, por su parte, se quedó en el Daibune, pálido, hablando solo y perdiendo una guerra privada contra su propio desayuno; Kaito lo observó un segundo y decidió ponerlo en señales internas, porque al menos allí podía estar sentado, mirar luces y no vomitar sobre las cuerdas. En el Hayate, Toru Heizu recibió a Arako, Sayuri y Ryudan: dos con energía de sobra y uno con una reserva silenciosa que le vino bien al ambiente. Arako preguntó si debía presentarse, Sayuri lo saludó con respeto y Ryudan tomó asiento con calma. Toru solo los midió con la vista, calculando cuánto de ese grupo podía convertirse en ayuda real cuando la niebla cerrara la boca del mar.

El Kiri Hayate de Toru salió primero. El casco bajo cortó el agua del astillero con una velocidad limpia, mucho más rápida que cualquier movimiento que el Daibune pudiera intentar. No usaba magia rara ni nada que un buen marinero no pudiera entender: remos cortos de apoyo plegados bajo cubierta, una vela menor recogida para cambios de viento, un sistema de palancas que ajustaba aletas de dirección, cuerda encerada para transmitir tirones al timón, campanas pequeñas para códigos internos, lámparas de fuego con filtros de vidrio rojo y verde, una brújula protegida en una caja sellada y tubos de voz hechos de metal y bambú para pasar órdenes sin gritarse la garganta. La niebla se espesó apenas dejaron atrás los muelles Funato. Adelante, el Kiri Hayate #1 ya esperaba en posición de guía; detrás quedaría el de Toru (Kiri Hayate #2), luego el Daibune, y al final el tercer Hayate (Kiri Hayate #3) cerraría la formación. Era una línea sencilla, pero útil: uno veía primero, uno repetía, el grande seguía y el último vigilaba que nada los mordiera por la espalda. Toru señaló hacia el frente sin levantar mucho la voz. —Ok chicos, ruta simple. Seguiremos el tercer anillo hasta el extremo norte. Ahí salimos en línea recta hacia el segundo anillo y después de unas horas al primero.  —Miró a Arako y Sayuri— Ustedes dos, les asignaré trabajo de luz. Una observa al Hayate delantero. Téngalo por seguro que la niebla va a tragárselo por ratos. Así que atentas. Si ven luz roja, significa alto. Si ven verde, continuar. Una transmite la orden y la otra la repite con nuestra lámpara para que el Daibune la vea detrás. A Ryudan, Toru le señaló una palanca baja junto al costado derecho de la cabina, conectada por varillas de madera y metal hacia unas aletas pequeñas bajo el casco. No era el timón principal, pero ayudaba a que el Hayate no derrapara cuando giraba a alta velocidad —. —Tú vas con las aletas de corrección —le dijo Toru, sin quitar los ojos del frente—. Cuando yo diga “derecha”, bajas medio punto. Cuando diga “izquierda”, subes medio punto. Tienes que ser cuidadoso. Si la mueves más o menos... Bueno...hazlo bien

El Daibune tardó más en salir. Primero crujieron los amarres, luego los marineros empujaron la pasarela hacia atrás y Kaito giró el timón con paciencia. El casco se separó del muelle, empujando el agua en ondas anchas. Cuando por fin tomó velocidad, alcanzó la línea de los Hayate y quedó en formación. El primer tramo fue la ruta conocida: bordeando el Kirishiro en sentido del reloj, con Kirigakure a la derecha, la costa cubierta por niebla baja y las boyas del tercer anillo apareciendo a ratos entre el agua gris. Casi una hora después, al llegar al extremo norte, el Hayate delantero dobló a la izquierda y salió del anillo hacia aguas más abiertas. En el segundo Hayate, un comando en voz alta advirtió al ninja -  Izquierda- dijo Toru mientras comenzaba el giro del Hayate. En el Daibune; Issei tenía que mantener vista sobre la formación, la costa norte y cualquier boya que se perdiera entre la bruma.

¡Kuren! Nos dirigimos al segundo anillo. Carga la munición. —indicó Kaito con fuerza, sin apartar una mano del timón ni la vista de la ruta que se abría entre la niebla.  El Kaguya tenía que dejar listo el mecanismo defensivo antes de que hiciera falta, no cuando el problema ya estuviera encima; las tres ballestas navales del Daibune estaban montadas en los laterales, pesadas, húmedas por la bruma y pensadas para responder rápido si algo se acercaba demasiado. A un costado, los proyectiles seguían asegurados en sus soportes de madera y cuerda, esperando que alguien los liberara, revisara el encaje y cargara al menos una de las ballestas antes de que el avance hacia el segundo anillo los metiera en aguas menos amables. 

Mientras tanto; Orión tenía que revisar que las amarras de proa no estuvieran cruzadas y que la cuerda negra del mástil no se tensara mal durante el desvío. Brolk tenía que asegurar la carga pesada, en especial los barriles con sello rojo y las cajas que sonaban demasiado para gusto de cualquier marinero. Hayato debía seguir el tablero de señales internas, repetir hacia Kaito cualquier color recibido desde el Hayate de Toru y no confundir una lámpara verde con una náusea personal. Kaito no iba a estar encima de cada uno. Tenía el timón, la ruta y una aldea entera a la espalda. Si querían demostrar que servían, ese era el momento.

Entonces, al frente, el primer Hayate desapareció casi por completo en la niebla. Primero se perdió el casco, luego el mástil pequeño, luego solo quedó una sombra baja entre la niebla. Un segundo después, una luz se encendió a lo lejos. Débil. Temblorosa. A ratos parecía verde, a ratos la niebla la ensuciaba hasta volverla casi roja, pero era verde. Toru se inclinó hacia adelante dentro del Hayate y apretó la mandíbula. —Atentas —dijo, seco—. Ahí está la primera. En el Daibune, Kaito también la vio, pero demasiado tarde y demasiado sucia para confiar solo en sus ojos. La formación entera dependía ahora de que la cadena de señales no se rompiera. Y justo entonces el mar empezó a cambiar. Primero fueron gotas pequeñas sobre la madera. Luego una lluvia fina y molesta. Después el viento empujó la niebla contra los barcos y el agua comenzó a levantarse en golpes más cortos. El norte no los estaba recibiendo con calma. Kaito apretó el timón y alzó la voz hacia la cubierta. —¡Señales claras! ¡No me adivinen colores! ¡Vigía, ojos al frente! ¡Velas, no quiero tensión cruzada! ¡Carga, todo quieto! ¡Defensa, dime si ese costado sirve! ¡Y señales, si ves rojo o verde, lo quiero saber antes de que esa luz desaparezca!


Mecánica — Cadena de Señales en la Niebla

Instrucciones antes de postear
  1. Van a tirar en el canal de discord de dados
  2. Comando: /rol 1d10
  3. Deben taggearme al tirar.
  4. Cada jugador tira para resolver su obstáculo del puesto durante la salida hacia el segundo anillo. Pueden sumar a cada dado **MINT**, **MFUE** o **MCCK**, según cómo narren la acción.

Estas son las mecánicas:
  • Arako y Sayuri: una debe detectar el color del Hayate delantero y la otra debe repetirlo correctamente hacia el Daibune. Pueden decidir quién observa y quién transmite.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. No logran ver la señal/reportar la señal.
    • Si el dado sale 4-6. Apenas logran ver la señal/reportar la señal pero con torpeza.
    • Si el dado sale 7-10. Logran hacerlo sin problemas
  • Ryudan: 
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. En vez de subir medio punto, subes punto y medio y el Hayate pierde control en el giro.
    • Si el dado sale 4-6. Aceptable. En vez de subir medio punto, subes un punto y el Hayate gira bruscamente.
    • Si el dado sale 7-10. Subes la palanca medio punto y el Hayate gira sin problemas
  • Issei: mantener ruta visual, ubicar formación, boya y Hayate delantero entre la niebla.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. No logras ver nada. Pierdes de vista el Hayate al frente tuyo.
    • Si el dado sale 4-6. Apenas logras a ver el Hayate antes de que desaparezca por completo
    • Si el dado sale 7-10. Logras verlo sin problema
  • Kuren: revisar o asegurar el mecanismo defensivo antes de que el mar empeore.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. No logras entender como cargar el proyectil.
    • Si el dado sale 4-6. Cargas el proyectil pero no sabes si quedó bien (Tiraremos dado luego)
    • Si el dado sale 7-10. Lo entiendes fácilmente y cargas el proyectil.
  • Orión: corregir tensión en velas y amarras durante el desvío hacia el norte.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. No logras corregir la tensión a tiempo y una cuerda queda cruzada, haciendo que la vela tire mal durante el giro.
    • Si el dado sale 4-6. Aceptable. Corriges parte del problema, pero una línea queda demasiado tensa y el Daibune gira con dificultad.
    • Si el dado sale 7-10. Logras ajustar las amarras sin problema y la vela acompaña bien el giro del Daibune.
  • Brolk: asegurar carga pesada y evitar que barriles o cajas se suelten.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. La carga se mueve con el giro; un barril se suelta y la caja de herramientas se abre, dejando objetos rodando por cubierta o bodega.
    • Si el dado sale 4-6. Aceptable. Logras sujetar lo más pesado, pero la caja queda mal cerrada y algunas herramientas quedan sueltas.
    • Si el dado sale 7-10. Aseguras la carga sin problema. Los barriles quedan firmes y la caja de herramientas no se abre durante el movimiento.
  • Hayato: recibir y repetir señales internas sin confundir colores, orden o timing.
    • Si el dado sale 1-3. Fallido. Confundes la señal o tardas demasiado en reportarla, dejando a Kaito sin información clara durante unos segundos importantes.
    • Si el dado sale 4-6. Aceptable. Logras reportar la señal, pero con duda o retraso; Kaito recibe la información tarde y debe corregir con menos margen.
    • Si el dado sale 7-10. Lees y repites la señal sin problema. Kaito recibe el color y la orden a tiempo para mantener la formación.

Modificadores sugeridos:
MINT: Puedes sumar tu modificador si justificas que usas la cabeza en tu post para darte ventaja.
MFUE: Puedes sumar tu modificador si justificas que usas tus músculos en tu post para darte ventaja.
MCCK: Puedes sumar tu modificador si justificas que usas algún jutsu en tu post para darte ventaja.
MDES: Puedes sumar tu modificador si justificas que usas algún arma en tu post para darte ventaja.
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
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27-06-2026, 10:17 PM
El Daibune ya no era una novedad para mí. Había navegado en él antes, así que conocía perfectamente su ritmo: era una nave grande, pesada y mucho menos ágil que un Hayate. Cada giro requería más tiempo, más coordinación y más paciencia, pero precisamente por eso resultaba interesante compararlo con las embarcaciones pequeñas que se movían por delante de nosotros. Ver cómo el Hayate cortaba el agua mientras nosotros avanzábamos con esa fuerza más lenta y constante dejaba bastante clara la diferencia entre ambos.

Además, la salida del puerto tampoco era desconocida. En la misión anterior ya había tenido que tomar referencias desde el puesto de vigía, así que al principio todo fue relativamente sencillo. La torre del puerto, la grúa Funato y las boyas del tercer anillo seguían siendo mis puntos de referencia mientras el Daibune se alejaba del muelle. No necesitaba pensar demasiado para saber dónde estábamos ni hacia dónde debíamos dirigirnos; simplemente tenía que ajustar la información que ya tenía a las nuevas condiciones.

A medida que nos alejábamos de la zona protegida, la niebla empezó a ganar terreno y la costa fue desapareciendo poco a poco. Fue entonces cuando mi trabajo empezó a ser realmente importante. Desde arriba tenía una perspectiva que nadie más en cubierta podía permitirse, así que mantuve la vista fija en el Hayate delantero, calculando su posición y comprobando que nuestra formación no se rompiera.

— Mantenemos la trayectoria. El Hayate sigue por delante, pero estamos perdiendo un poco de distancia —indiqué, observando cómo la silueta del barco aparecía y desaparecía entre la bruma.

No era complicado seguirlo todavía, aunque sabía que la situación podía cambiar en cualquier momento. El mar tenía la mala costumbre de volverse impredecible justo cuando uno empezaba a confiarse, lo había vivido de primera mano.

Mientras permanecía en silencio, mis pensamientos terminaron volviendo a Arako. No esperaba encontrarla en esta misión, y aunque al principio mi reacción había sido más de sorpresa que de otra cosa, después de verla de nuevo no pude evitar recordar nuestra pelea. Recordé perfectamente el momento en el que había dejado de verla como un simple obstáculo y había llegado a considerar que debía eliminarla.

No sentía arrepentimiento por ello. Desde mi punto de vista, había llegado a ese punto porque ella había demostrado algo que me irritaba profundamente: alguien que yo consideraba la personificación de la debilidad había encontrado la manera de seguir avanzando. No era algo que me resultara fácil de aceptar. Sin embargo, también era cierto que después de aquel enfrentamiento había cambiado ligeramente mi valoración sobre ella. Seguía creyendo que tenía demasiadas carencias y que todavía estaba lejos de ser alguien realmente fuerte, pero ya no podía reducirla simplemente a alguien incapaz de levantarse, y eso podía tener utilidad, la cuestión era si esa utilidad me convenía. Quizá lo más inteligente sería fingir que aquello había quedado atrás. Mantener una relación mínimamente funcional, aprovechar lo que pudiera aportar y dejar que creyera que las cosas estaban mejor de lo que realmente estaban. No porque me importara arreglar nada con ella, sino porque nunca había tenido sentido desperdiciar una herramienta potencialmente útil.

Aparté esos pensamientos y volví a centrarme en el mar, no estaba allí para resolver asuntos personales. El misterio del Daibune seguía siendo la prioridad.

El viento comenzó a cambiar poco después y la lluvia empezó a golpear la cubierta con más fuerza. La niebla se volvió más espesa, empujada por las corrientes, y durante unos segundos la silueta del Hayate delantero desapareció casi por completo. Entrecerré los ojos, ajustando la mirada mientras buscaba cualquier señal entre la bruma. Por suerte, no tardé en encontrarla. Entre la niebla apareció primero una pequeña luz a la distancia, débil y temblorosa por la lluvia, pero lo bastante clara como para confirmar su posición. Poco después conseguí distinguir también la silueta del Hayate, apenas visible entre la bruma, avanzando con el rumbo correcto. La formación seguía intacta; el primer barco mantenía la guía, el resto continuaba detrás y, por ahora, el mar todavía no había conseguido separarnos.

— Tengo localizado el Hayate delantero. La señal sigue siendo verde, continúa avanzando —informé desde mi posición, no porque fuera mi responsabilidad controlar las comunicaciones, sino porque desde allí arriba tenía una visión mucho más clara de lo que ocurría entre la niebla. Sabía que el encargado de señales se ocuparía de transmitir la información necesaria, pero mientras pudiera aportar una referencia adicional, no tenía sentido quedarme callado.

El mar empezaba a complicarse, pero esta vez no estábamos navegando a ciegas, y mientras pudiera seguir viendo el camino, no dejaría que la niebla nos quitara la ventaja.
[Imagen: xd.png]
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
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28-06-2026, 07:23 PM
El Daibune abandonó lentamente el abrigo del puerto y, con cada metro que dejaba atrás la costa, algo dentro de Orión comenzó a relajarse. La mayoría de las personas caminaban distinto cuando el suelo dejaba de ser firme; buscaban equilibrio, medían cada paso y desconfiaban del vaivén constante que nacía bajo sus pies. Él no. Su cuerpo parecía recordar aquel movimiento mucho antes que su memoria. Las rodillas acompañaban cada inclinación sin esfuerzo, los hombros corregían el peso antes de que la cubierta terminara de moverse y su respiración encontró un ritmo nuevo, uno que solo aparecía cuando el agua sostenía el mundo. Siempre le había parecido extraño que hubiera personas capaces de temerle al mar. Él jamás lo había hecho. Le inquietaba mucho más una habitación sin ventanas que una tormenta en aguas abiertas, o un pestillo en madrugada. Allí todo parecía sincero. Las olas nunca prometían nada. El viento jamás mentía. La lluvia no castigaba; simplemente existía.

Mientras el Daibune avanzaba hacia el segundo anillo, la lluvia comenzó a endurecerse y el viento dejó de soplar para empezar a empujar. La voz de Kaito atravesó la cubierta con la misma firmeza con la que un arpón rompe la superficie del agua. “¡Velas, no quiero tensión cruzada!” Orión levantó apenas la cabeza. No respondió. No porque ignorara la orden, sino porque no tenía palabras que pudieran ayudar más que sus manos. Se dirigió hacia las amarras con la calma pesada que siempre parecía fuera de lugar cuando todos los demás corrían. El barco continuaba moviéndose bajo sus pies y él se dejó llevar por ese balanceo.

No entendía de barcos. Jamás había aprendido el nombre de aquellas cuerdas ni la diferencia entre una vela y otra. Su abuelo nunca le enseñó esas cosas. Lo preparó para sobrevivir. Sin embargo, al apoyar ambas manos sobre el grueso cabo sintió algo imposible de explicar. La cuerda vibraba. No era una vibración cualquiera. Era una resistencia viva que viajaba por las fibras hasta perderse dentro de sus brazos. Frunció ligeramente el ceño. Cerró los ojos apenas un instante y dejó que sus dedos escucharan aquello que su cabeza todavía era incapaz de comprender.

Entonces ocurrió. Una ola levantó suavemente la proa y el barco respiró hacia arriba. Casi al mismo tiempo el viento cambió apenas su dirección. No fue una ráfaga poderosa ni un milagro evidente. Apenas un suspiro. La tensión sobre la vela disminuyó durante un instante tan breve que cualquiera podría haberlo perdido. Orión no supo por qué, pero sintió que aquel era el momento. No razonó el movimiento. No recordó una enseñanza. Ni siquiera creyó estar haciendo algo correcto. Sus manos simplemente acompañaron al mar.

Apoyó el peso de su cuerpo sobre una de las amarras mientras la otra mano liberaba lentamente parte de la tensión. No luchó contra la cuerda, las escamas de su cuerpo eran nacidas para lidiar con la fricción. Esperó. El viento terminó el trabajo que sus brazos habían comenzado. Después corrigió apenas unos centímetros el recorrido del segundo cabo y dejó que ambas líneas encontraran por sí mismas una nueva posición. El cáñamo dejó de crujir. La vela volvió a inflarse con un sonido profundo y uniforme. El Daibune terminó el giro con una suavidad inesperada para una embarcación de semejante tamaño.

Orión permaneció inmóvil sujetando todavía la cuerda. Miró las fibras. Después observó sus propias manos como si esperara encontrar allí alguna respuesta. No sintió orgullo. Ni siquiera creyó haber hecho un buen trabajo. La sensación era otra. Extraña. Como si el océano hubiera esperado el instante justo para prestarle su fuerza. Como si el viento hubiese colocado sus manos exactamente donde debían estar y las olas hubieran terminado aquello que él jamás habría sabido hacer por sí solo.

Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios. Llevó el trozo de madera hasta la boca y dejó que crujiera lentamente entre sus colmillos. Después, con la mirada perdida sobre aquella inmensidad gris donde el cielo y el mar parecían haberse olvidado de separarse, dejó escapar apenas un murmullo.

-El mar siempre encuentra el camino, solo hay que dejarse llevar un instante.


Acciones
Logro la acción de corregir velas y amarras gracias a una tirada de 7 + MFUEx2=9

En este turno no interactuó con nadie mas que un murmuro al aire.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
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