La zona de entrenamiento al aire libre se extendía justo al costado del jardín principal de la Academia, separada del resto del edificio por una hilera de árboles bajos que apenas filtraban el ruido de las otras aulas. El suelo era de tierra compactada, marcado con líneas blancas desgastadas que delimitaban distintas áreas de combate, producto de años de pisadas y entrenamientos repetidos una y otra vez por generaciones enteras de alumnos.
Algunos postes de madera, usados normalmente para practicar golpes o esquivar ataques básicos, se alineaban contra el muro más alejado, mientras que un par de bancos desvencijados servían como lugar de espera para quienes todavía no entraban en acción. El sol caía con fuerza esa tarde, sin ninguna nube que ofreciera alivio, y el aire se sentía pesado, cargado del olor a pasto recién cortado que llegaba desde el jardín contiguo. A pesar del calor, era un espacio que los alumnos preferían frente a las aulas cerradas, ya que el contacto directo con el entorno natural, sumado al espacio amplio disponible, permitía que los combates de práctica se sintieran más reales, más cercanos a lo que algún día enfrentarían fuera de los muros de la Academia.
Ese día en particular, el profesor a cargo había decidido aprovechar justamente ese ambiente para evaluar el progreso de cada alumno, recurriendo a un sistema simple pero efectivo: parejas armadas completamente al azar, combates breves de pocos minutos cada uno, y una observación atenta y directa sobre cómo cada estudiante aplicaba las técnicas básicas que tanto se les había insistido en perfeccionar durante las últimas semanas de clase.
— El primer combate — anunció, revisando una lista en su mano. — Raizen Sarutobi contra Ran Kurai.
Raizen, que en ese momento estaba completamente metido en una broma con sus compañeros, riéndose a carcajadas de algo que ya nadie iba a recordar al día siguiente, quedó un poco perplejo al escuchar su nombre.
— ¿Yo? — preguntó, todavía con media sonrisa en la cara, señalándose a sí mismo como si hubiera alguna posibilidad de confusión o algo raro.
— Sí, vos. Acomodate en la zona de entrenamiento, Sarutobi.
El profesor lo miró con esa mezcla de paciencia y firmeza que reservaba para los alumnos más distraídos, dejando en claro que no era momento para preguntas innecesarias.
— Bueno, bueno, ya voy — masculló, todavía con esa sonrisa que no terminaba de borrarse del todo, y caminó hacia el centro del aula a regañadientes, más por la interrupción de su charla que por el combate en sí.
A su alrededor, varios compañeros empezaron a arengarlo entre risas y aplausos exagerados, algunos gritando su nombre como si se tratara de un torneo de mucho mayor importancia del que realmente era. Raizen desprendía esa energía suya tan característica, ese aura alegre y luminosa que parecía contagiarse fácil entre quienes lo rodeaban, y la mayoría aprovechaba cualquier excusa para sumarse al entusiasmo.
Se ubicó en su lugar dentro de la zona marcada y esperó a su contrincante, con las manos en la cintura y una actitud relajada que contrastaba con la seriedad del ejercicio. Cuando Ran Kurai se acomodó frente a él, la miró directo a los ojos.
— Me gustan las personas con el pelo negro — comentó, llevándose una mano a su propio cabello, justo donde los mechones blancos se mezclaban con el negro. — Somos casi lo mismo.
Lo dijo con un tono amigable y un poco pícaro, buscando, como siempre, generar algo de confianza antes de que el combate empezara. Para él, ese tipo de momentos merecían sentirse livianos y entretenidos, sin necesidad de tanta tensión innecesaria.
— Sarutobi Raizen, mucho gusto, Ran Kurai.
![[Imagen: RIHq6yv.png]](https://i.imgur.com/RIHq6yv.png)