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[Side Quest] — Fuego en el Gran Mercado
Narrador General
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Clan Senju
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23-06-2026, 08:18 PM
[Side Quest] — Fuego en el Gran Mercado
Año: 150
Lugar: Zona COmercial
Hora: 11:00am
(Este tema ocurre entre días después de las sidequest de Kiriminato y Plaza, y el día antes a la Búsqueda del Kiridaibune)

[Imagen: d55d1a5b-77e5-445e-ab63-48ad71ad1acd.png]

El Gran Mercado de Kirigakure alcanzó el final de la mañana convertido en un desastre vivo. El fuego empezó en un viejo almacén pegado al costado este del mercado, una construcción vieja, húmeda por fuera, pero llena por dentro de madera seca, cajas de tela, aceite para lámparas, cuerda, carbón y mercancía barata que ardió rápido. Primero fue una columna de humo negro subiendo entre los techos bajos del Distrito Comercial. Luego vinieron los gritos. Después, las llamas se comieron las paredes del almacén y saltaron hacia los puestos del ala este del mercado, agarrando toldos, carteles, cajas de pescado salado y puestos de comida que todavía tenían brasas encendidas. La gente empezó a correr en todas direcciones, algunos hacia los puentes del Canal Mizuchi, otros hacia las calles internas del mercado, empujando carretas, soltando bolsas, dejando mercancía tirada en el suelo. Los vendedores gritaban nombres, los clientes tosían con los ojos rojos, y varios guardias trataban de abrir paso mientras el humo se metía por los callejones estrechos y bajaba pesado entre los edificios.

El problema grande no era solo el mercado. Dentro del almacén seguía habiendo gente atrapada. Se escuchaban golpes desde el segundo piso, voces roncas pidiendo ayuda y el llanto de alguien cerca de una ventana bloqueada por tablones medio quemados. Un cargador quedó atrapado bajo unas vigas caídas cerca de la entrada trasera, dos comerciantes estaban encerrados en una oficina del fondo, y al menos una familia que vivía en una habitación improvisada sobre el almacén no había logrado salir. Cada minuto que pasaba, el techo crujía más fuerte. Las llamas ya habían mordido parte del ala este del Gran Mercado y amenazaban con avanzar hacia los puestos centrales, donde había más gente, más telas, más aceite y más madera. Algunos civiles intentaban formar una cadena con cubos desde los canales Hōzuki cercanos, pero el humo los obligaba a retroceder. Otros querían entrar a la fuerza por sus pertenencias y estaban empeorando el caos.

Cuando llegaron los shinobi, la escena ya estaba al límite. Los guardias locales les abrieron paso entre la multitud y señalaron tres frentes claros: primero, sacar a los atrapados del almacén antes de que el techo cediera; segundo, cortar el avance del fuego en el ala este del Gran Mercado; tercero, mantener a los civiles lejos de las calles donde podían caer vigas, puestos o paredes completas. El calor pegaba fuerte en la cara, la niebla de Kiri se mezclaba con el humo y el suelo estaba resbaloso por agua, ceniza y mercancía aplastada. Desde el oeste se veían los accesos hacia los puertos y astilleros Funato, pero la emergencia estaba concentrada allí, en el corazón comercial de la aldea, donde una chispa mal apagada o una mano criminal podían dejar sin sustento a docenas de familias. No había tiempo para discursos. Había personas adentro, el mercado seguía ardiendo y Kirigakure necesitaba manos rápidas antes de que el incendio se tragara todo el distrito.


Código:
Requisitos: Ninguno
Frecuencia: Se posteará 1 vez cada 48 horas o cada vez que todos los usuarios hayan posteado.
Recompensa: Solo para quienes participen en todas las rondas.
No se puede unir al Sidequest luego de finalizada la primera ronda
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
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23-06-2026, 10:41 PM
Última modificación: 23-06-2026, 10:45 PM por Kyūso Kyōdai.
Qué lamentable, honestamente, enterarse de una noticia así. Si Kirigakure ya estaba sufriendo de tiempos aciagos, sumida en la pobreza y la miseria, no le haría un gran favor la hecatombe de su centro económico, que en los hechos es su núcleo de suministros. Cuando los hermanos Kyuso, Jinbei y Yabei, observaron las columnas de fuego levantarse por sobre los maderos carbonizados, no podían hacer menos que pensar en cuánta comida se estaba perdiendo aquel día, y quién sabe por qué. Se perdían inventarios, comida en sí misma, y se perdían fuentes de ingresos, comida futura. Yabei miró de reojo a su hermano mayor, preocupado y melancólico, y encontró a un Jinbei inquieto y consternado. Era de esperar que fueran de los primeros en presentarse al servicio para enfrentar la catástrofe, sin importar lo raros que se veían unos enmascarados entre los guardias. 

Yabei dirigió su mirada a su famiiar, en esa forma que se traduce cómo un "¿qué haremos?". Normalmente es el hermano del medio el que traza los planes, pero para tareas inmediatas y decisiones urgentes, es la voluntad práctica y de hierro del mayor la que asume autoridad. 

— Hay que evitar más pérdidas...— Una vaguedad, pues eso podría significar muchas cosas. ¿Personas? ¿Objetos? Yabei lo entendió de inmediato.
— Los puestos centrales... — De esta forma, estaba claro que su foco estaba en que no se destruyesen más zonas del mercado. Más que rescatar gente atrapada o mantener a raya a los civiles, contener la emergencia mientras el resto barría las coyunturas actuales parecía el más razonable curso de acción.
— Vamos a ayudar con el cortafuegos. — Indicó Jinbei a algún guardia, mientras caminaba frenéticamente hacia los pasillos que se dirigían desde el ala este hacia el centro del mercado. 
— Pero Jinbei... ¿Entrenaste elemento agua mientras estaba haciendo cuentas...? No somos Hozuki-... — Susurró el otro, queriendo poner paños fríos a la prisa.
— ¿Y no tienes manos acaso, imbécil? Vamos a sacar todo lo inflamable del camino. — Ya lo tenía visualizado: mover aceites y sacos, arrancar lonas y toldos, cortar las cuerdas... dejar vacíos en la ruta de las llamas antes de que lleguen a consumir, generar descontinuidad. 
Yabei se convenció de inmediato.
— ¡Ah! — Exclamó aquel, imaginando una hilera de piezas donde sacas algunas, dejando un vacío en su centro.

Por ahora, los hermanos se están movilizando y observando a lo que se enfrentarán.
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
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24-06-2026, 02:49 AM
Última modificación: 24-06-2026, 03:01 AM por Sayuri Yuki.
La mañana estaba siendo bastante agradable. Había terminado algunas obligaciones temprano y decidí aprovechar el tiempo libre dando una vuelta por el Distrito Comercial, que se situaba al occidente de la isla, cerca de los puertos. No tenía ninguna necesidad real de comprar nada, pero eso nunca me había detenido antes. Había demasiadas cosas interesantes en los mercados de Kirigakure como para pasar de largo sin al menos echar un vistazo.

Mientras caminaba entre los puestos, observando telas, accesorios y pequeños objetos traídos desde otras islas, terminé deteniéndome frente a un comerciante que exhibía varias piezas bastante llamativas. Algunas no eran especialmente útiles, pero sí lo suficientemente bonitas como para captar mi atención. Estaba considerando seriamente gastar dinero en algo que probablemente no necesitaba cuando una columna de humo negro apareció por encima de los tejados cercanos.

Mi primera reacción fue de curiosidad. Los pequeños accidentes no eran raros en una zona tan concurrida, pero los gritos que comenzaron a escucharse poco después dejaron claro que aquello era algo mucho más grave. Varias personas empezaron a correr por las calles, alejándose del mismo punto. Algunos comerciantes abandonaban sus puestos, otros intentaban recoger mercancías a toda prisa y el nerviosismo se extendía con rapidez entre la multitud. Alcancé a detener a una mujer que pasaba apresurada junto a mí y le pregunté qué estaba ocurriendo. —¡Hay un incendio en el mercado!— respondió antes de seguir corriendo. Guardé rápidamente mis cosas y me dirigí hacia allí.

Cuanto más me acercaba, más evidente se volvía la magnitud del desastre. El aire estaba cargado de humo y ceniza, y el calor comenzaba a sentirse incluso desde varias calles de distancia. Cuando finalmente llegué a la zona afectada, me encontré con un panorama mucho peor de lo que esperaba.

Las llamas envolvían gran parte de un almacén situado junto al ala este del Gran Mercado. El fuego ya había alcanzado varios puestos cercanos y amenazaba con seguir extendiéndose. Había mercancías abandonadas por todas partes, carretas volcadas y grupos de civiles intentando escapar mientras los guardias hacían lo posible por mantener cierto orden. Fruncí el ceño al observar la escena. Aquel lugar era una parte importante de Kirigakure. Muchísimas personas dependían de esos comercios para vivir y, si el incendio seguía avanzando, los daños serían enormes.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención fueron las voces que seguían llegando desde el interior del almacén. Entre el ruido de las llamas y el caos de la multitud todavía podían escucharse gritos de auxilio provenientes de los pisos superiores. Había personas atrapadas y, por la forma en que crujía la estructura, no parecía que les quedara demasiado tiempo. 'Maldita sea...' Pensaba mientras sin titubear mucho, me tape la nariz subiendome la tela que cubría el cuello. 

Mi mirada recorrió rápidamente el edificio mientras avanzaba hacia la zona donde trabajaban los guardias. Antes de pensar en detener el incendio o en cualquier otra cosa, había una prioridad evidente. Sacar a esas personas de allí. Si el techo terminaba cediendo, nadie tendría una segunda oportunidad. 

—Se presenta Sayuri del clan Yuki. Genin de la aldea.— Guiño un ojo al guardia que me prestase atencion. —Escucho bastantes voces ahi dentro, creo que debe de ser la prioridad rescatar a esa gente. No aguantaran mucho mas. ¿Hay algún plan?— 

Volví a escuchar los gritos procedentes del interior del almacén y esta vez distinguí algo que me hizo tensar la mandíbula. Entre las voces desesperadas de los adultos también se escuchaba el llanto de niños. El humo seguía saliendo por las ventanas superiores y cada cierto tiempo la estructura soltaba crujidos que no inspiraban ninguna confianza. —¿Cuánta gente sigue dentro?— pregunté a uno de los guardias mientras me acercaba.

En realidad no espere ninguna respuesta, simplemente ya tenia decidido lo que iba a hacer. —Voy a entrar.— El guardia me miró como si fuera a discutirlo, así que continué antes de que pudiera decir nada. —Puedo crear estructuras de hielo. No van a sostener el edificio para siempre, pero quizá puedan reforzar algunas zonas o impedir que algo se venga abajo mientras sacamos a la gente.— Mi mirada volvió a dirigirse hacia el almacén. El calor era insoportable incluso desde fuera y el humo no dejaba de acumularse, pero seguir perdiendo tiempo tampoco iba a mejorar las cosas.

—Necesito que algunos de ustedes vengan conmigo, si son shinobis, mejor. Cuantos más seamos, más rápido podremos sacar a los atrapados. Ellos son Kirigakure, son nuestra sangre y nuestra vida.— No intenté sonar valiente ni heroica. De hecho, la preocupación era evidente incluso para mí. Aquellas personas seguían ahí dentro y el edificio parecía cada vez más cerca del colapso.

Sin esperar una respuesta definitiva, ajusté la banda de Kirigakure, observé una última vez la entrada principal y comencé a avanzar hacia ella. Si alguien iba a acompañarme, tendría que alcanzarme en el camino. Porque yo ya había tomado una decisión.
Resumen
Llego donde estan los guardias y decido ir a por la gente que esta en el almacen para rescatarlas. Le grito al guardia que esté cerca que vengan conmigo.
Hayato Miyashi
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 5
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24-06-2026, 03:54 AM
Última modificación: 24-06-2026, 03:56 AM por Hayato Miyashi.
La mañana había sido tranquila hasta ese momento. El mercado de Kirigakure estaba tan vivo como siempre, lleno de voces, puestos abiertos y el ir y venir constante de comerciantes y clientes. Hayato caminaba entre ellos sin demasiada prisa, observando el lugar con la calma habitual, hasta que un olor a quemado le hizo alzar la vista.

Una columna de humo negro se elevaba por encima de los tejados del ala este.

Los gritos no tardaron en llegar.

En cuestión de segundos, el ambiente cambió por completo. La gente empezó a correr, algunos comerciantes intentaban salvar mercancía y los guardias trataban de abrirse paso entre el caos. Hayato apretó un poco la mandíbula y se dirigió hacia el origen del humo sin pensarlo demasiado. A medida que se acercaba, el calor se volvía más intenso y el aire más pesado. Cuando por fin vio el almacén en llamas, entendió enseguida que aquello era más grave de lo que parecía desde lejos.
No era solo el fuego. Había gente dentro.

Los gritos de auxilio y el llanto de un niño alcanzaban a escucharse incluso desde fuera. La estructura crujía de una forma poco tranquilizadora y el incendio ya empezaba a extenderse a los puestos cercanos. Hayato recorrió la escena con la mirada, intentando ordenar el desastre en su cabeza, hasta que distinguió a varios shinobi reunidos cerca de la entrada. Entre ellos reconoció a Sayuri, del clan Yuki, hablando con los guardias y dejando bastante claro que la prioridad era entrar a sacar a los atrapados.

Hayato se acercó lo suficiente para hacerse oír.

—Hayato Miyashi. Genin de Kirigakure... del clan Yuki —se presentó con rapidez, primero ante los guardias y luego mirando a Sayuri.

Después volvió la vista al almacén.

—Si todavía se escucha gente dentro, no hay mucho que pensar. Hay que sacarlos antes de que esto se venga abajo.

No sonó brusco, solo serio. Mientras hablaba, seguía buscando con la mirada algún acceso seguro, o al menos uno menos peligroso que la entrada principal.
—Yo también me ofrezco de ayuda—añadió, esta vez dirigiéndose a Sayuri—. Quizá pueda reforzar parte del camino o abrir otra salida si hace falta.

Se llevó una mano a la tela de su cuello para cubrirse mejor del humo, sin apartar la vista del incendio.

—Si vas a entrar, iré contigo. Será más fácil si nos dividimos a la gente.

No dijo nada más. No hacía falta.
Con el calor golpeándole el rostro y el sonido de la madera crujiendo cada vez con más fuerza, Hayato dejó que el chakra empezara a concentrarse en sus manos y dio un paso al frente, listo para entrar hacia el interior del almacén.
Ryudan
Rango Genin
Clan Terumi
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24-06-2026, 07:12 AM
Parecía que el día iba a ser igual de tranquilo que ayer, nada fuera de lo ordinario. Eso pensaba el joven genin que se acostumbró a vivir en modo supervivencia la mayor parte de su vida, marcada por un trauma con el que perdió mayor parte de su sensibilidad emocional. Su reacciones ahora son simples y cortas, siguiendo un código, pues ya no tiene tiempo para sentir, reflexionar o caer en dilemas dramáticos. La presión de su instructor, el asesinato de sus padres, por el odio hacia aquellos que nacen diferentes. En este caso, ser descendiente de dos clanes que no tenían nada en común pese a ser de la misma aldea.

Pese a todo, estaba bien, en su casa tomando un refresco hasta que... Sin más, avistó una explosión de fuego desde la ventana a dos calles de su casa, que justamente cerró antes de salir para que el olor del humo no llegase al interior. Ryudan tenía la sospecha de que aquel acontecimiento fuera origen de un atentado planificado. Cualquier ninja de kirigakure que hubiese estudiado bien en la academia, se daría cuenta de que los ataques a espacios importantes de una aldea eran evidentemente criminológicos, si con seguridad se trazase, podía tratarse de una escalera del cielo de las victorias enemigas o la escalera al infierno de sus derrotas.

Ryudan ya había llegado al lugar, presenciándolo con un improvisado turbante rodeando su cabeza y dejando apenas al descubierto sus ojos. Aquel turbante estaba hecho con una de sus toallas caseras para cubrirse el rostro y protegerse del humo mientras perseguía su procedencia. Como bien sabe un ninja, este no tiene tiempo para dudar ni para esperar, tiene que actuar en base a su criterio; ya sea para proteger al aliado o para atacar al enemigo. Sobretodo en escenarios como este.

Y entonces desde una posición elevada, concretamente el tejado de la plataforma más proxima a la parte oeste del edificio, observó una sombra moverse tras una ventana del segundo piso. Ya que el fuego avanzaba por el este, Ryudan aprovechó el tiempo para cumplir con su deber shinobi desde la parte oeste, la zona con menos fuego. —¡Alejaos de la ventana!—. Acercándose con cautela y desde una posición segura, empezó a lanzar piedras y fragmentos duros de la primera explosión hacia la ventana para romperla y que asimismo parte del humo se liberase del interior. Al menos de momento, esa era la única idea que se le ocurrió para evitar más desastres.
[Imagen: 31Hpgjx.png]
Brolk
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
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25-06-2026, 04:51 AM
Última modificación: 25-06-2026, 05:04 AM por Brolk.
El Distrito Comercial era sin duda alguna uno de los lugares favoritos de Brolk en toda la aldea. ¿Por qué? pues allí estaba la comida. Por eso, había decidido pasar el rato en este lugar, quería probar un nuevo ramen para pasar el mal sabor del día de la plaza. 

Llevaba su atuendo de ninja, y aunque le quedaba bastante ajustado, era una cosa realmente cómoda... En fin, era un día como cualquiera, hasta que vio el humo negro elevarse sobre el cielo, y por un momento se quedo observando atento, hasta que sintió el inconfundible olor a pescado quemado, su sonrisa desapareció de su rostro. ¡Se estaba quemando el mercado!

Avanzó a grandes pasos entre la multitud, unos corrían para alejarse, y otros en su intento por ayudar, estaban respirando aquel humo. Se abrió paso como pudo entre los civiles que corrían hacia los puentes del Canal. Al llegar al lugar del incendio, el calor le golpeó la cara, haciendo que el agua de su cuerpo reaccionara un poco a la temperatura. Vio a lo lejos a dos enmascarados arrastrando cosas, y escuchó a los dos Yukis gritar, hasta desaparecer en el fuego. 

Brolk se detuvo un momento a analizar lo que estaba pasando, que podría hacer? La respuesta era clara, tendría que ayudar a salvar a sus hermanos de Kirigakure. Notó que unos aldeanos intentaban llenar unos baldes con agua, pero eran incapaces de armar una cadena por culpa del humo.

—¡A un lado familia, déjenme, perdón lo pise, permiso! —gritó Brolk con su voz gruesa. [b]—¡El aire cerca del suelo es mas limpio, no se expongan al humo, busquemos otra forma de ayudar. —[/b]Tras esto, se acerco a uno de los canales y metiendo sus brazos, comenzó a absorber la fuerza del agüita, sus brazos de pronto se veían mas grandes y fuertes. —¡A un lado familia, dejen pasar que llevo agüita.—gritó mientras comenzaba a entrar en el humo, con dos baldes entre sus brazos intentando evitar respirar lo máximo posible.

Rodeó el edificio en llamas y termino en una entrada trasera. No lograba ver con claridad, por culpa del humo que salía de aquella entrada, pero unos gemidos de dolor alertaron que alguien estaba en medio del incendio, comenzó a correr hacia el lugar para intentar ayudar al hombre, se sentía fuerte, poderoso, era un ninja recién graduado! ¿Qué podría malir sal?

—¡No te Cooof preocupes, Co -her qgg mano! ¡Ya Cof cof el! —Brolk no pudo terminar su frase, era mejor que hiciera esto rápido o podría caérsele el mundo en cima, y su madre no se lo perdonaría, pero tenía que intentarlo, era su labor como ninja. Tosió un par de segundos mas, y un poco ahogado, empezó le rescate. 

Al verlo, noto que aquello no era algo bueno para su salud, pero solo se vivía una vez, y sonriendo, lanzo los baldes de agua sobre las maderas y el hombre, y agarró los maderos ardientes con sus manos, al final él era agua. El vapor se hizo presente al instante, pero Brolk apretó los dientes y tiró hacia arriba, dispuesto a levantar todo lo que fuera necesario para sacar al hombre de allí.

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Puntos de Hidratación: 12 -1 = 11

Vida: 280/280

Chakra: 220/245

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Suiton
✦Nivel: Cero
#ID: HOZU002R
◔Coste
25 de Chakra, 15 de Chakra por Turno
▣Descripción

Mediante un control de la hidratación de su propio cuerpo, el usuario del clan Hōzuki es capaz de reforzar su estructura física de manera voluntaria, manipulando la composición líquida de su organismo para mejorar su rendimiento en combate. A través de esta técnica, el usuario destina su hidratación para potenciar su desempeño físico, canalizando esa reserva hacia el refuerzo de su musculatura y estabilidad corporal. Como resultado, los músculos del usuario se densifican y aumentan de tamaño, volviéndose más marcados y firmes, lo que refleja el incremento de potencia que su cuerpo es capaz de generar mientras la técnica se encuentra activa.

Mientras este estado se mantenga, los Taijutsu y Bukijutsu del usuario se ven potenciados, incrementando su daño o su resistencia según corresponda al movimiento ejecutado, acompañado también de un aumento de un aumento en la estadistica de Fuerza. Este jutsu posee un costo de mantenimiento de 1 punto de hidratación por turno, además del gasto de chakra habitual, y puede mantenerse durante múltiples turnos siempre que el usuario disponga de recursos suficientes para sostener el efecto.

✧Efecto
1 (MCCK) de Daño de Taijutsu o Bukijutsu - 1 (MCCK) de Fuerza - [-1] de Hidratación


Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
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25-06-2026, 09:37 AM
Última modificación: 25-06-2026, 09:39 AM por Orión Hoshigaki.
El humo apareció mucho antes que las llamas. Orión lo vio elevarse por encima de los tejados mientras caminaba desde el oeste de la aldea. Era una columna espesa, negra, tan compacta que parecía querer sostenerse sola, como si la tierra hubiese decidido exhalar toda la mugre acumulada durante generaciones. No aceleró el paso. Continuó avanzando con la misma cadencia pesada que lo acompañaba desde niño. “Doscientos treinta y ocho, doscientos treinta y nueve”.

La cuenta terminó sola cuando el calor comenzó a sentirse sobre la piel. No era el calor amable del abrazo tibio de un verano. Era una temperatura que empujaba el aire contra el rostro hasta volverlo difícil de respirar. El humo raspaba la garganta con la delicadeza del vidrio molido. Cada inspiración sabía a madera vieja, aceite quemado y tela convertida en ceniza.

Entonces partió la última esquina. El mercado ya no era un mercado. Las calles se habían convertido en un río desordenado de personas que corrían sin dirección, comerciantes abrazando mercancías inútiles, niños llorando y guardias tratando de abrir un camino donde el miedo había decidido amontonarse. El incendio no rugía; respiraba. Cada bocanada de aire hacía crecer las llamas como si el edificio entero tuviera pulmones.

El tiburón permaneció quieto; no buscaba entender las llamas, quería entender a la gente. Volvían al derrumbe de sus puestos mientras algunos intentaban impedirle el paso. Los gritos cargaban nombres que no conocía, nombres que nadie respondía. El joven tragó saliva; las tragedias siempre cantaban la misma melodía.

Un guardia reparó en la banda de Kirigakure que descansaba sobre su frente y le abrió paso con un ademán urgente. Orión avanzó sin hablar. Las palabras brotaron como brasas desde la boca de un guardia que buscaba ordenar la situación. Personas atrapadas, segundo piso, techo inestable, llamas avanzando endemoniadas, alejar a la horda de tontos que se apegaban a un bien material; era imposible no juzgarlo cuando la prioridad era la vida. Tres gigantes problemas, tres.

Escuchó sin interrumpir, con las manos quietas a ambos lados del cuerpo y los ojos fijos sobre el edificio que ardía frente a él. Las vigas gemían con un sonido profundo, antiguo, como si cada crujido anunciara el momento exacto en que la construcción dejaría de recordar que alguna vez estuvo erguida. No había necesidad de preguntar, había gente dentro. “La prioridad es la vida”, un recuerdo lo sacó de eje unos segundos.


La mano furiosa de su hermano le había abofeteado el rostro mientras Orión siguió el camino que su abuelo le había marcado.
-¡La prioridad es la vida, idiota! - gritó con ternura Inti; más que un golpe fue una lección, una caricia, una traída a la realidad, un sermón entero.

Volvió a su mente, mientras varias siluetas atravesaron la línea improvisada de seguridad y corrieron hacia el almacén. Shinobis. No conocía sus nombres. Apenas distinguió la determinación con la que desaparecieron entre el humo, humo que hacía imposible reconocer aromas cercanos, conocidos. Debería despojarse de aquel sentido que tanto lo acompañaba.

Sus fauces comenzaron a trabajar lentamente sobre un pequeño trozo de madera que había rescatado en el empantanado desastre que era el piso. La fibra seca crujió entre los dientes con un sonido diminuto, casi ridículo en medio del estruendo del incendio. Un gusto ahumado, caliente, infernal lo invitó a apretar fuerte los colmillos y estallar en pequeñas fibras el caramelo.

El fuego podía esperar, las personas no. Sus dedos rozaron apenas el borde de su chaleco y metió la mano entre sus herramientas que colgaban de su cintura; nada útil la verdad. Permaneció allí apenas un instante. No era momento de improvisar. Un jutsu mal empleado podía derribar una estructura debilitada o condenar a quienes todavía respiraban entre aquellas paredes. Primero debía entrar y desde dentro, no ser héroe, solo proteger lo “suyo”. El agua encontraría su lugar cuando pudiera servir para salvar una vida y no para alimentar otro desastre.

Exhaló despacio. Su enorme figura comenzó a avanzar hacia el almacén con esa calma extraña que siempre parecía equivocada en medio del caos. No corría. Nunca corría. Cada paso era una decisión tomada antes de tocar el suelo. Al pasar junto al guardia inclinó apenas la cabeza y, con aquella costumbre absurda que nadie terminaba de entender, dejó escapar una rima desprolija, casi infantil.

-Si el pez ya nadó

Hizo una pausa breve. La sombra de una sonrisa apareció apenas en una comisura de los labios.

-el tiburón llegó.

Y, sin esperar respuesta, cruzó el umbral del edificio siguiendo el mismo camino que habían tomado los otros shinobis, mientras el incendio respiraba sobre su cabeza y el techo amenazaba con recordarles a todos que la madera también sabe caer.
Narrador 6
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
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25-06-2026, 08:22 PM
Última modificación: 26-06-2026, 05:10 AM por Narrador 6.
Las llamas avanzaban por el ala este del Gran Mercado con paciencia, mordiendo madera, tela y cuerda. El humo negro se pegaba a los techos bajos, bajaba por los callejones y volvía torpes las voces. La gente tosía, gritaba nombres, empujaba carretas o intentaba volver por mercancía que ya estaba perdida. Los guardias hacían lo que podían, pero el caos corría demasiado rápido.
Entonces una mujer vestida con el uniforme de la unidad de emergencia cruzó la línea de humo con una tablilla en una mano y una voz que no necesitaba gritar para imponerse.
—¡Los heridos junto al canal! ¡Los cubos en cadena, no todos juntos! ¡Nadie vuelve por mercancía! ¡Si alguien intenta entrar por una caja de telas, lo tiran al suelo!
Mizuki Hozuki, operadora de evacuación, veía el incendio como un navegante veía un mapa. Sus ojos pasaron por la entrada principal, por la ventana oeste del segundo piso, por los puestos del ala este, por la parte trasera del almacén y por los civiles que seguían chocando unos contra otros.
—¡Shinobi al frente! —ordenó—. Rescate, cortafuegos y control de civiles. Todo el que llegue después se presenta conmigo. Todavía hay gente dentro.

Cerca de la entrada principal, la presencia de Sayuri Yuki ya había empezado a producir efecto. Algunos guardias que habrían intentado discutir con cualquier otro genin se limitaron a escucharla. El apellido Yuki, la seguridad con la que hablaba y esa facilidad natural para atraer la atención hicieron que uno de ellos respondiera de forma verborrágica, aun con los ojos rojos por el humo.
—U-Un hombre quedó bajo una viga cerca de la entrada trasera. Dos comerciantes están encerrados en la oficina del fondo. A-Arriba hay una familia. N-No sabemos cuántos. La escalera interior cruje demasiado y el-el pasillo del segundo piso está lleno de humo.
El guardia miró después a Hayato Miyashi. Su presencia no pasó desapercibida. Algunos civiles se apartaron antes incluso de entender quién era. Había algo en él, en la cicatriz, en la máscara y en esa forma severa de ocupar el espacio, que forzaba a los otros a retroceder. Un niño que tosía junto a una mujer herida lo miró durante un instante y se pegó más a su madre, pero el guardia, en cambio, pareció agradecer que alguien capaz de imponer silencio estuviera allí.
—Tengan cuidado —añadió, mirando a ambos Yuki—, no creo que la estructura vaya a aguantar mucho.
Después miró a otros dos guardias cercanos, ambos cubiertos de hollín y con las mangas empapadas por la cadena de cubos.
—Ustedes dos vayan con ella. Hagan lo que les diga y no se separen.
Los guardias dudaron apenas un instante, pero la seguridad de Sayuri, el peso de su apellido y la forma en que había tomado la situación sumados a la imponente presencia de Hayato hicieron que obedecieran sin discutir. Uno ajustó la tela que le cubría la boca. El otro tomó una pequeña hacha de emergencia. La voz de Mizuki se dejó oir una vez más.
—Yuki. Si van a hacer algo, que sirva para sacar personas, no para salvar paredes. El edificio ya está perdido.
La entrada principal respiraba humo. Desde dentro llegaban golpes sordos, gritos roncos y el llanto irregular de alguien pequeño. El calor era fuerte incluso desde fuera. Cada tanto, una tabla ardía por dentro y soltaba un chasquido seco, como un hueso rompiéndose.
Pero Sayuri, con ese ojo atento que iba más allá de la urgencia, podía notar algo que no encajaba del todo. El olor no era solo madera quemada, aceite y tela. Debajo había otra cosa: un rastro dulzón, húmedo y terroso. Cerca de la entrada, medio pisoteado entre escombros y ceniza, había papel chamuscado. No era papel de embalaje ordinario sino envoltorios doblados con cuidado, manchados por dentro con restos claros y pequeñas fibras oscuras.
No era suficiente para afirmar nada pero sí para recordar ciertos rumores recientes. Waraitake. Aquellos hongos habían sido mencionados hace apenas unos días en el boletín La Voz de la Niebla. El Waraitake, conocido también como hongo de la risa, una sustancia de efectos alucinógenos, había estado presente durante el colapso de la Plaza de la Fuente.

Más allá, en el ala este, los hermanos Akizu avanzaban hacia los pasillos que conectaban con los puestos centrales. Entre los guardias y comerciantes, sus máscaras de rata atrajeron miradas incómodas. Hubo quien se apartó con desconfianza, quien bajó la voz al verlos pasar y quien apretó contra el pecho lo poco que había logrado salvar. El Nido cargaba con sus propios rumores, y en medio del humo la gente miraba cualquier cosa extraña como si pudiera ser parte del desastre pero Mizuki no perdió tiempo en eso.
—¡Ustedes, los enmascarados! —les gritó desde la línea de evacuación—. Ayuden con el cortafuegos. Retiren aceite, telas y cuerdas. Todo lo que arda rápido. No quiero que las llamas lleguen al centro.
Jinbei y Yabei podían ver con claridad el problema. No hacía falta tener Suiton ni manos de Hozuki para entender cómo se alimentaba un fuego. Había toldos tensados de puesto a puesto, cuerdas secas colgando entre columnas, cajas de tela barata apiladas junto a barriles de aceite para lámparas y sacos de carbón mal cerrados cerca de una carreta volcada. Si el fuego llegaba a esa línea, el centro del mercado ardería antes de que la cadena de cubos pudiera hacer algo útil. Pero el ojo de los Kyuso, acostumbrado a recuperar, reparar y distinguir lo útil de lo condenado, podía ver más. Aquel desorden no era natural. Algunas cajas inflamables parecían colocadas demasiado cerca de los puntos de paso. Un barril de aceite yacía sin tapón, y desde él bajaba una línea oscura por la madera mojada, casi invisible bajo la ceniza. La mancha no iba hacia el fuego por accidente, era algo deliberado y conectaba de forma demasiado conveniente con el pasillo que llevaba al centro. Más adelante, bajo una lona medio quemada, había otra caja rota con envoltorios chamuscados, similares a los que Sayuri podía ver cerca de la entrada. Entre la ceniza había tallos finos, ya negros, que no parecían cuerda ni astillas.

Desde el lado oeste, el golpe de una piedra contra una ventana hizo que varios civiles miraran hacia arriba. Ryudan Terumi estaba sobre una posición elevada, con el rostro cubierto por una toalla improvisada y los ojos apenas visibles entre el humo. Un guardia levantó la mano hacia él, alarmado al principio por ver a alguien arrojando fragmentos contra el edificio, pero la siguiente piedra terminó de quebrar el vidrio y una bocanada espesa de humo salió de la habitación superior.
—¡Alejaos de la ventana! —había gritado Ryudan.
Su acción abrió una vía. El humo escapó con violencia y, detrás, apareció una silueta baja, tosiendo, demasiado cerca del marco. No era fácil distinguir si era un niño o alguien encorvado por el humo. Se oyó un golpe desde dentro y luego una voz quebrada.
—¡Aquí! ¡Ayuda!
Pero el aire fresco también entró. Las llamas del lado oeste lamieron el interior con más fuerza, atraídas por la nueva corriente. No alcanzaron la ventana todavía, pero el cambio fue evidente: el humo salió a costas de que el fuego respirara mejor. Mizuki lo vio al instante.
—¡Tú, el del tejado! ¡No abras más huecos sin cubrirlos! ¡El viento va a avivar el fuego! ¡Y saca a esa familia de allí inmediatamente! ¡Empieza por quien tengas delante!
No era una reprimenda, pero Mizuki debía asegurarse de que todos entendieran la gravedad de la situación. Y, dicho sea de paso, estaba empezando a cansarse de que su equipo estuviera exclusivamente conformado por genin.

Desde el canal, una voz gruesa empezó a abrirse paso entre los civiles.
—¡A un lado familia, déjenme, perdón lo pisé, permiso!
Brolk Hozuki avanzaba entre el humo con dos baldes y el cuerpo todavía cargado de agua. Sus brazos ya no tenían el mismo tamaño que antes. La hidratación absorbida del canal se había concentrado en ellos, hinchando la musculatura hasta volverla más densa y marcada. Bajo la piel azulada, el agua parecía desplazarse con pequeños movimientos internos, tensándose alrededor de los hombros, antebrazos y manos como si su cuerpo estuviera hecho de una corriente contenida a la fuerza.
Algunos civiles retrocedieron al verlo pasar. Era demasiado grande, demasiado ancho y demasiado extraño como para no llamar la atención incluso en medio de una emergencia. La piel azulada, los dientes afilados, los brazos deformados por el jutsu y su tamaño bastaban para que más de uno se apartara con cierta incomodidad. Pero Brolk no se detuvo.
—¡El aire cerca del suelo es más limpio, no se expongan al humo, busquemos otra forma de ayudar!
Mizuki giró la cabeza al escuchar su voz. Al verlo rodear hacia la entrada trasera, entendió rápido sus intenciones.
—¡Tú, grandulón! —gritó—. ¡Entrada trasera! ¡Hay un cargador atrapado bajo vigas! ¡Muéstrame que esos brazos no son solo de adorno y hazlo ya!
El humo de la parte trasera era más espeso. Allí el fuego no rugía con tanta fuerza como en el ala este, pero el calor quedaba atrapado entre paredes quemadas y restos de techo. Los gemidos del cargador todavía podían oírse, débiles, enterrados bajo madera, vapor y ceniza. Cuando los baldes de Brolk cayeron sobre los maderos ardientes, el agua respondió con un siseo violento. Una nube de vapor se levantó de golpe, blanca, caliente y pesada.
Los brazos de Brolk podían soportar mucho más que los de un civil común. El Gosuiwan no Jutsu mantenía su musculatura reforzada, firme, llena de presión líquida y potencia bruta. La madera bajó de temperatura lo suficiente para ser tocada. Al tomar los maderos, Brolk pudo sentir cómo una de las piezas cedía un poco. No solo la que cubría al hombre. Otra, más arriba, conectada al resto del marco trasero. Si levantaba con fuerza bruta, quizá salvaría al cargador, pero también existía la posibilidad de que arrastrara media entrada con él.

Desde la entrada principal, otra figura cruzó el umbral.
Orión Hoshigaki no entró corriendo. Avanzó con una calma pesada que parecía equivocada en medio del incendio. Algunos guardias lo miraron de reojo. Algunos civiles también. No era solo su tamaño ni sus colmillos, ni la manera en que el humo recortaba su silueta hasta volverla casi monstruosa. El apellido Hoshigaki cargaba su propio peso, y la sangre Funato, aunque nadie la nombrara en voz alta, podía volver algunas miradas más duras de lo necesario. Pero no había tiempo para rumores. Mizuki apenas le dedicó un vistazo antes de señalar el interior.
—¡Tú! ¡Entra y busca vivos! ¡No mercancía, no pruebas, no heroísmos inútiles! ¡Vivos!
Orión siguió el mismo camino que habían tomado los otros shinobi. Dentro, los rostros no servían de mucho. El humo los volvía manchas, sombras, figuras incompletas. Para alguien que no dependía de las caras, eso no cambiaba tanto las cosas. Importaban más las voces, la altura, la forma de caminar, el peso de una silueta al moverse entre humo y fuego. Dos figuras de chakra frío habían avanzado por delante. Eran los Yuki. Más allá, una voz infantil seguía tosiendo arriba. En algún punto del fondo, una madera golpeaba contra otra de forma irregular. Pero Orión podía notar algo más. El fuego dentro del almacén no se comportaba como una sola bestia. Había mordido algunas zonas con demasiada rapidez y dejado otras casi intactas. Cerca de una pared lateral, el suelo tenía una línea oscura que no era sombra, sino aceite. No derramado en charco, sino arrastrado en una dirección concreta. Junto a una estantería caída, varios paquetes chamuscados se habían abierto. Papel húmedo. Manchas claras. Tallos delgados, ennegrecidos por el calor, pegados a la madera como pequeñas espinas quemadas. Orión había estado allí el día del colapso de la plaza y, sin lugar a dudas, habría escuchado los rumores de los Waraitake.

Dentro del almacén, algo pesado cayó. El golpe sacudió la estructura y levantó una nube de chispas desde la entrada. La multitud retrocedió de golpe. Alguien gritó que su hermano seguía dentro. Otro intentó cruzar la línea de guardias y fue detenido antes de llegar al fuego. Mizuki apretó la tablilla contra el pecho y señaló cuatro direcciones con movimientos rápidos.
—¡Yukis, rescate interior por la entrada principal! ¡Tú, el de la ventana, saca a quien tengas delante y revisa si hay más gente arriba! ¡Entrada trasera para el cargador! ¡Ratas, cortafuegos en el pasillo central! ¡Civiles fuera de las calles estrechas! ¡Todo shinobi que llegue ahora tiene trabajo!
El cargador atrapado cerca de la entrada trasera volvió a gemir bajo las vigas mientras Brolk intentaba liberarlo. Una vez. Luego otra. Después, nada.
En el segundo piso, la silueta detrás de la ventana seguía tosiendo frente a Ryudan. El humo salía en oleadas. En el ala este, una lona prendida se desprendió de un puesto y cayó sobre varias cajas cercanas al pasillo central: la línea de fuego que los Akizu debían cortar acababa de encenderse un poco más.
Dentro, hacia el fondo, una puerta golpeó contra su marco. Una vez. Dos. Los comerciantes encerrados seguían allí y, con todos los demás ocupados, sus vidas dependían de los dos Yuki y de Orión.
Bajo el olor del incendio, entre aceite, madera y tela quemada, seguía flotando aquel rastro dulzón y terroso.

OFF
Los Akizu, Sayuri y Orión han notado la presencia de envoltorios y olores extraños provenientes de los Waraitake debido a sus virtudes de Investigador. Los demás no saben de esto actualmente.

Brolk, necesito que vayas a el canal (mecha-naruto-bot) en discord y uses el comando /roll 1d10. Si logras 5 o más podrás levantar la viga y liberar al cargador sin complicaciones. De lo contrario la estructura cederá y la entrada trasera colapsará. Puedes sumarle tu modificador de Fuerza al resultado de la tirada. Taggeame cuando tires el dado.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
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26-06-2026, 10:01 AM
La voz de la organizadora apenas necesitó alcanzarlo una vez para entender que el tiempo debía deformarse por hoy, debía ser más rápido, ajustarse a las pausas de las llamas, sí, pero acudir rabioso al lamento de los atrapados. No respondió, ni siquiera con un gesto.

El tiburón atravesó el umbral mientras el incendio respiraba a su alrededor, latía. Era tan consciente del peligro como de lo incómodo que estaba en aquella temperatura. El calor empujaba hacia afuera, las vigas crujían con paciencia, la de un árbol viejo antes de caer, y el humo reducía el mundo a sombras desdibujadas. Para cualquiera aquello habría sido un laberinto. Para Orión apenas cambiaban las formas. Los rostros nunca habían significado demasiado.

Caló por instinto un trago de ambiente. El humo arañó su garganta, lo doblegó por un momento y le tomó un instante recuperar el paso, producto de una delicada tos. Entonces sus narinas se llenaron de un perfume, uno dulce, húmedo, terroso.

Su marcha disminuyó nuevamente mientras perseguía aquel olor. Los envoltorios abiertos descansaban entre las tablas quemadas. Tallos ennegrecidos. Restos pegados al papel. La línea aceitosa seguía recorriendo el suelo como si alguien hubiera querido enseñarle el camino al fuego. En su mente no aparecieron culpables. Pensó en la plaza. Pensó en las carcajadas vacías, en los cuerpos que habían perdido el juicio por culpa de aquellos hongos.

-Qué mal momento para dejar de reconocer el infierno.

Murmuró para nadie. Si los Waraitake habían llegado hasta allí, no era imposible que hubiera consumidores dentro. Jóvenes. Curiosos. Comerciantes. Cualquiera. Personas incapaces de comprender que el humo no formaba parte de una alucinación, que las llamas no eran un juego de la mente. Alguien bajo aquellos efectos podía esconderse del fuego creyendo escapar de otra cosa, correr hacia las llamas buscando una salida inexistente o simplemente quedarse inmóvil mientras el edificio lo devoraba.

El rastro era algo más importante que una simple prueba. Era un sendero de víctimas que quizás no estuvieran pidiendo ayuda. Llenó los pulmones como pudo, ignorando el ardor. No quiso seguir solo el rastro; poco se veía allí. Trató de seguir aquella particular fragancia, que, con una mueca inquisidora, demostró que hasta los tiburones podían caer ante sus encantos. Dejó que sus narinas lo guiaran.

Hizo temblar ambas manos con un aplauso. Un sonido seco resonó por la sala hacia la que aquel olor lo había guiado.

-¡Si me escuchan, respondan!

Su voz grave recorrió el almacén nuevamente.

-¡No se muevan! ¡Hablen!

Cada respuesta, cada tos, cada golpe contra una puerta le permitiría ordenar el caos. Si el rastro de los hongos lo conducía hasta personas atrapadas por el incendio o por su propia mente, entonces ese era el camino correcto. Salvarlas ahora era su único objetivo.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Hayato Miyashi
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 5
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26-06-2026, 08:12 PM
El humo hacía imposible distinguir con claridad lo que ocurría unos metros más allá. Las llamas rugían entre los puestos del mercado mientras la madera crujía como si todo el lugar estuviera a punto de desplomarse. El calor golpeaba el rostro de Hayato con violencia, pero apenas le prestó atención; su mirada recorría los alrededores buscando cualquier señal de vida.

Entonces los escuchó. Un llanto. Luego otro.

Era tenue, ahogado por el estruendo del incendio, pero inconfundible. Sin perder un segundo, cambió de dirección y comenzó a correr hacia el origen del sonido, esquivando tablones caídos y mercancía esparcida por el suelo. A medida que avanzaba, el olor a madera quemada y barniz derretido se volvía más intenso, casi sofocante. Un pequeño puesto de joyas artesanales había quedado reducido a una montaña de vigas partidas, vitrinas rotas y colgantes dispersos entre los escombros.
—¡Ayuda! ¡Mis hijas siguen aquí! —gritó un hombre desde debajo del derrumbe.

Hayato se arrodilló junto a los restos y empezó a retirar tablones con rapidez, pero con cuidado. No tardó en ver la escena completa: el padre sostenía parte de la estructura sobre sus hombros mientras protegía con su propio cuerpo a una mujer y a dos niñas pequeñas, acurrucadas entre la madera.
—No se muevan —dijo con una voz firme, aunque por dentro la tensión era evidente—. Los sacaré de aquí.

Comenzó a apartar vigas una tras otra. Cada movimiento hacía que el puesto entero gemiera, y la madera, debilitada por el fuego, empezaba a ceder más de lo que debería. Hayato alzó la vista un instante y lo entendió de inmediato: no había tiempo. En segundos todo colapsaría.
Dejó de retirar escombros y juntó las manos, ejecutando sellos rápidos mientras el suelo reaccionaba a su chakra.

—Hyōton: Kōri no Tate.

El hielo surgió del suelo en un instante, condensándose alrededor del pequeño espacio donde estaba la familia. Una barrera gruesa, inclinada, los cubrió como una bóveda improvisada justo antes de que el techo se viniera abajo.
El impacto fue brutal.

Las vigas cayeron con un estruendo ensordecedor, abriendo grietas en el hielo, pero la estructura resistió lo suficiente.
—¡Ahora! — ordenó Hayato, entrando sin dudar en el espacio reducido.Tomó a la niña más pequeña en brazos y la sacó primero. Luego ayudó a la mayor, sujetándola de la mano.

—Corre. No mires atrás.

La niña obedeció de inmediato.

Volvió por la madre, retirando una tabla que le aprisionaba la pierna. Le ofreció su apoyo.

—Apóyese en mí.

Con esfuerzo consiguió sacarla. Solo quedaba el padre, aún sosteniendo parte del peso de lo que quedaba del puesto.
—Suéltela —le dijo Hayato.

El hombre dudó un instante, mirando la viga que aún resistía.

—Confía en mí.

Cuando finalmente la soltó, Hayato soportó el peso apenas lo suficiente para que pudiera escapar. Salió del refugio de un salto justo cuando todo terminaba de colapsar detrás de él, enterrando el Kōri no Tate bajo los escombros.

La familia seguía con vida.

No había tiempo para descansar. Recordó las órdenes: salvar personas, no estructuras. Todavía había civiles atrapados en el mercado principal.
Antes de moverse, localizó un barril de agua entre los puestos y empapó su haori hasta que la tela quedó pesada y fría. Luego cubrió a las niñas con lo que pudo, ayudó a la madre y le dio al padre el resto de la tela húmeda.

—Manténganse agachados y aléjense del humo. Busquen a los shinobi de evacuación. No se separen.

Esperó solo un segundo, asegurándose de que podían avanzar por sí mismos. Luego giró la mirada hacia el edificio envuelto en llamas.
Todavía había gente dentro.

Sin perder más tiempo, echó a correr de nuevo hacia el mercado en busqueda de otros civiles que necesitaran ayuda.

Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
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Ctrl. de Chakra15(1)
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26-06-2026, 09:21 PM
Los hermanos Akizu estaban más que acostumbrados a ser vistos con recelo por extraños, sobre todo en las primeras impresiones. A estas alturas, les importaba la nada misma tal situación. Las ratas no piden permiso; simplemente se adaptan y, en lo posible, se apoderan del lugar. Jinbei y Yabei avanzaban raudos para ayudar a una aldea que, a pesar de no aceptarlos del todo, era el hogar de su Nido, y por ende, su hogar también. Además, la historia de su familia les había impreso una solidaridad con la adversidad que se había transformado en un código moral de primera necesidad. Si Jinbei veía un problema, había que resolverlo, y si Yabei sopeasaba una injusticia, habría que corregirla.

En esta batalla contra el fuego ya había una comandante. Una Hozuki, por lo visto, lo cual resultaba bastante ad hoc a la emergencia. Los enmascarados recibieron la orden con seriedad y aceptación; después de todo, era lo que ya querían hacer. Cuando inventariaron rápidamente qué debían mover, se miraron mutuamente con perplejidad. ¿Cómo es que todo parecía reorganizado para expandir el incendio? ¿Acaso existe una sección comercial de material inflamable en el mercado? Las alarmas se dispararon entre los hermanos; sobre todo en Jinbei, que es siempre catastrofista. 

Ya en el área intermedia entre el ala este y el centro comercial, mientras el hermano mayor levantaba la carreta volcada, entendiendo que era el mejor mecanismo para mover lejos un gran volumen de objetos de interés en vez de ir correteando uno a uno, el otro, el del medio, saltó hacia unos extraños envoltorios, que no parecían ser nada común. El Kyuso más adepto al comercio de sus hermanos se enorgullecía de su amplio conocimiento y memoria sobre las especias que se tranzan en estas ferias, y esto no se parecía a nada que había visto anteriormente. Lo único que se le podía conectar era la información que transitaba en la prensa local sobre una epidemia de un hongo ilegal...

— Esto... ¿es un hongo? No... No lo conozco... — Se preguntaba Yabei, deslizando sus dedos por las fibras chamuscadas de uno de los envoltorios. Le recordaba a las setas enoki u otros tipos de fungus. Aunque tal vez estaba siendo sugestionado por los rumores locales. 
— ¿¡Y qué mierda importa!? ¿¡No desayunaste!? ¡MUÉVETE! — Le gritó Jinbei, ciertamente irritado por ser el único moviendo la carreta. 
— Creo que es la droga.... Waraitake... — Le indicó el otro con cierta duda.
— ¿¡QUÉ!? — Exclamó su contraparte, que ya creía estar en medio de la escena del crimen de una operación de narcotráfico. Suficiente para desconcertarlo.

Con la carreta ya levantada, Yabei se encargó de inspeccionar que las ruedas estuviesen en orden mientras Jinbei, refunfuñando, apilaba los barriles de aceite encima de esta. Tras este breve chequeo de mantenimiento, el hermano del medio ayudaría a almacenar en el vehículo las telas y carbones próximos al carromato tan convenientemente ubicado en el campo de guerra.

Ambos tenían la vena ardiente por investigar respecto a que hay más allá de esta situación, pero la urgencia de trabajo físico los mantenía ocupados por ahora.

Jinbei pensaba en narcotraficantes y delincuentes. Yabei pensaba en drogadictos y piromaniacos. Ambos dirigían miradas como dardos a su alrededor mientras montaban ese barril sin tapón sobre la carreta, puesto con la boca hacia arriba para que deje de perder líquido.

El trabajo era extenso y había aún bastante por hacer, pero la velocidad y coordinación característica de su clan era un plus para esta tarea.
[Imagen: AhAOZ2C.png]
— Jinbei, Yabei, Kihei —
Kyūso Kyōdai
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
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27-06-2026, 03:37 AM
Escuché con atención cada una de las indicaciones que tanto el guardia como Mizuki Hōzuki nos dieron antes de entrar. Había demasiadas personas atrapadas y muy poco tiempo para actuar, así que cualquier información podía marcar la diferencia. Dos comerciantes permanecían encerrados en una oficina de la planta baja, una familia seguía atrapada en el segundo piso y la escalera principal amenazaba con venirse abajo en cualquier momento. A eso había que sumar el incendio, el humo y una estructura que crujía cada pocos segundos.

Asentí con seriedad cuando Mizuki terminó de repartir las tareas. Aquello ya no era un intento desesperado por ayudar; ahora existía un plan y nosotros éramos parte de él. —Entendido.—

Los dos guardias asignados a mi grupo se colocaron a mi lado sin perder tiempo. Les dediqué una rápida inclinación de cabeza mientras comenzábamos a avanzar hacia la entrada principal del almacén. —Hola, que tal. Soy Sayuri, del clan Yuki. Gracias por acompañarme.— No era momento para presentaciones largas. Apenas cruzábamos unas palabras mientras caminábamos con rapidez hacia el interior.  —Hay una cosa que quiero dejar clara antes de entrar. Vamos a sacar a toda la gente que podamos... pero ustedes también son importantes. No quiero héroes. Si la situación se vuelve imposible, retrocedemos y buscamos otra forma.— Esperaba que entendieran el mensaje. Perder más vidas intentando salvar otras no serviría de nada. 

Antes de cruzar el umbral alcancé a ver al otro genin que se había ofrecido a ayudar. Había partido en una dirección distinta a la mía, respondiendo seguramente a otra necesidad de la emergencia. No me detuve a llamarlo. Si algo nos enseñaban desde pequeños era a actuar cuando la situación lo exigía. 'Seguro sabe lo que hace.' Con ese pensamiento continué avanzando.

Al entrar, una silueta alta llamó mi atención entre el humo. Tardé apenas un instante en reconocerlo. —¡Ah estas aqui Orión!. Que bien.— Me alegró encontrar otro shinobi dentro del almacén. Cuantos más fuéramos allí dentro, mayores serían las posibilidades de sacar con vida a los atrapados. —Me alegra verte. Seguro que esos brazotes los vamos a necesitar.—

El calor golpeaba con mucha más fuerza dentro del edificio. Instintivamente subí la tela que cubría mi cuello hasta proteger mejor la nariz y la boca. Aun así, respirar seguía siendo incómodo. Cada bocanada de aire arrastraba humo, ceniza y un olor extraño que no terminaba de encajar con un incendio común. 

Mientras avanzábamos, mi mirada fue recorriendo el suelo y las paredes. Barriles abiertos, manchas de aceite extendiéndose entre los tablones, cajas colocadas en posiciones demasiado convenientes para que las alcanzaran las llamas y varios envoltorios ennegrecidos que me resultaban extrañamente familiares. Incluso aquel olor dulzón despertaba un recuerdo reciente. '¿Waraitake...?' La idea cruzó mi cabeza apenas un instante. Demasiadas coincidencias para tratarse de un simple accidente. Sin embargo, otro fuerte golpe resonó desde el interior del almacén, seguido de nuevas voces pidiendo ayuda. Apreté la mandíbula y aparté aquellas sospechas de mi mente. Ya habría tiempo para investigar qué había ocurrido allí, si es que todos conseguíamos salir primero.

Un ruido seco volvió a repetirse, como si alguien golpeara una puerta desde el otro lado, asi que giré inmediatamente hacia el guardia que llevaba el hacha. —¡Por allí! Recuerdo que mencionaron a unos comerciantes atrapados en una oficina de esta planta. Si la puerta está bloqueada, utiliza el hacha. Rompe los tablones o la propia puerta si hace falta. Nosotros iremos detrás en cuanto encontremos una ruta segura.— Esperé apenas un segundo para asegurarme de que había entendido y después volví mi atención hacia Orión. —¿Ves alguna forma de subir al segundo piso? Las escaleras parecen a punto de venirse abajo y no pienso mandar a nadie por ahí si existe otra opción.— 

Mi mirada pasó entonces al segundo guardia. —Tú también echa un vistazo, pero no te alejes demasiado. Busca alguna estructura que todavía aguante o cualquier acceso alternativo. Si no encontramos ninguno... quizá pueda levantar algún apoyo de hielo para ganar unos segundos.— No estaba convencida de que fuera suficiente. Mis técnicas podían reforzar una estructura debilitada durante un breve tiempo, pero no detener un edificio entero si decidía desplomarse.

Con las tareas repartidas, regresé rápidamente hacia donde se dirigía el guardia del hacha. Los golpes seguían escuchándose detrás de aquella puerta y cada segundo que pasaba aumentaba la sensación de que el almacén entero estaba librando una carrera contra el tiempo.
Resumen
-Entiende que esto pudo haber sido provocado y que no fuese un accidente, pero no pierde mucho tiempo en eso, ya que su prioridad es la gente. 
-Escucha la puerta golpear, creyendo que es la de la oficina donde hay dos comerciantes atrapados, manda al guardia con el hacha a ver si puede ser util.
-Le pregunta a Orion si ve alguna forma de subir al segundo piso, lo mismo con el otro guardia.
-Se regresa con el guardia del hacha para ver como van las cosas.
Ryudan
Rango Genin
Clan Terumi
Nivel 4
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27-06-2026, 09:26 AM
Última modificación: 27-06-2026, 09:37 AM por Ryudan.
Todo ocurría con un frenesí que limitaba cualquier margen de actuación, especialmente si los que intentaban actuar eran ninjas de rango bajo. Para ellos también existía un peligro constante, que ponía sus cuerpos al límite, cargándolos de adrenalina y algo de miedo natural hacia la muerte. A Ryudan le pasaba lo mismo, y como muchos otros, se había acostumbrado a este tipo de sensaciones que a veces invadían el cuerpo de uno mismo sin dejar oportunidad alguna de autocontrol. Al menos por unos instantes.

En parte, él tampoco estaba seguro si romper la ventana fuera una buena idea. Las llamas se intensifican con el oxigeno, no obstante no había tiempo, nisiquiera para el autocontrol. Había una persona en peligro, y eso implicaba a que, de una forma u otra, había que actuar de inmediato. Y fue así lo que hizo, pese a que a la vista de otros fuera algo descabellado, contrario o con una supuesta mala intención. Pero resultó que no era el caso, Ryudan empezaría a hacer un buen trabajo después de que esa ventana se rompiera en pedazos. —Bien... Ahora toca sacarte de ahí.—Pensó en voz alta.

Tras el imprudente acto previo a su heroicidad, siguiendo el código social, escuchó la voz exclamada de una mujer situada en el tejado de otro edificio. Parecía una ninja de rango superior, pero no lograba discernir entre el humo si portaba o no el chaleco que otorgaban a los ninjas después de alcanzar un rango "más competente". La intuición le decía que obedeciese, que confiase, pues si es cierto que ella era aliada las consecuencias de no seguir sus órdenes podrían ser peores que morir.

La sospecha de que esto no se trataba de un simple accidente seguía en su cabeza en segundo plano.

Desde aquel tejado, sacó de su bolsillo un kunai con el que procedería a cortar las cuerdas de un tendedero que allí se encontraba. Todas las cuerdas unidas servirían para alcanzar aquella ventana rota del segundo piso del almacén en llamas, pero no desde su posición actual sino desde el suelo. Por lo que tendría que acercase y, una vez más, exponerse a sí mismo y a los demás al peligro.

Descendió al suelo por medio de saltos, agarres y balanceos, arrastrando la cuerda consigo. a tres metros de la calurosa pared del almacen. —¡Cuidado!—Alertó al civil que se encontraba atrapado, advirtiéndole de que iba a lanzar algo más. Y no lo hizo antes de inspeccionar la ventana o visualizar que clase de habitación se encontraba la víctima. Supuso que su estrategía funcionaría, después de lanzar el kunai con la cuerda atada en el aro del extremo de la empuñadura.

Durante el lanzamiento del arma, movió la cuerda casi en tensión para corregir la trayectoria del kunai, para que de esta manera, cuando atravesase la ventana, se bloquease entre los cristales rotos y los tablones de madera quebrados que aún se resistían. El kunai se engancharía con éxito. En cuanto a la cuerda era bastante fuerte y resistente, por lo que era casi improbable de que se rompiese, desde su posición estando a salvo de los cristales y de las llamas gracias al Kunai.

Hecho esto, subiría hasta la ventana haciendo uso de la fuerza de sus brazos y el apoyo de sus piernas contra la pared del almacen como si estuviese caminando sobre ella, pero con mas rapidez. Una vez en la ventana, estiró su mano hacia el interior. —¡Agárrame fuerte del brazo y salta sin soltarme, rápido, confía en mí, yo te sostendré!—Exclamó mientras se percataba de que la víctima en apuros se trataba de un adolescente. Si este terminase accediendo a su petición, Ryudan se deslizaría de la cuerda con él aunque bajando más rápido de lo que hubiese tardado en subir. Y para evitar cualquier daño, el joven agarraría con fuerza la cuerda justo antes de llegar a la superficie. No obstante, acabaría con la palma de la mano roja y con algún que otro rasguño debido a la fricción y el método de descenso.

Posteriormente, ayudaría al adolescente a alejarse del sitio hasta llevarlo a una zona segura. En este caso lo escoltó cargándolo en su espalda hasta la zona donde estarían las demás víctimas rescatadas. Probablemente después, cuando todos estén a salvo, tendrán que declarar o dar información de lo ocurrido. Mientras tanto, la misión era clara; rescatar cualquier persona que aún estuviese viva.

Sin vacilar ni un instante, daría la vuelta para regresar al lugar y trepar nuevamente hasta llegar a la ventana que rompió él mismo. De conseguirlo, esta vez accedería al interior y avanzaría agachado y presionando la toalla que cubria su cara. Se abriría paso en el segundo piso tras recuperar el kunai, sin desatarlo de la cuerda por si tuviera que utilizarlo en otro lugar. A su vez, utilizaba otro kunai para romper los obstáculos que encontrase en su camino hasta llegar a la escalera interior. Ahí encontraría otros shinobis que cumplían con su labor igual que él. —¡Oye vosotros, cuidado con las escaleras! ¿Os estáis encargando del primer piso?—Alertó con dificultades de evitar la tos, mientras avanzaba casi de cuclillas, sudando a montones tras inspeccionar cada habitación.

Claro que la explosión había dejado cadáveres, pero estaban tan chamuscados que eran insalvables.

Estadísticas de Ryudan
Ryudan
Estadísticas Generales
Fuerza
5 M: 1
Inteligencia
10 M: 1
Destreza
5 M: 1
Ctrl. Chakra
10 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
10
Vida 240 Chakra 230 Reg. Chakra 36
Técnicas usadas
✔Aprendida · 17-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI003R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El uso de herramientas en combate suele ejecutarse como una acción secundaria o táctica, que busca realizarse con la mayor sutileza posible. Estas pueden emplearse por cuenta propia o integrarse con otras armas y elementos del entorno, ya sea para unir un objeto a otro o para realizar acciones específicas, como el uso de un botiquín o una trampa. Cuando se trata de adjuntar una herramienta a otro objeto, el tiempo de ejecución es de 1 segundo. Sin embargo, preparar una trampa o utilizar herramientas complejas, como botiquines, sellos unidos a hilos o mecanismos, requiere todo un turno completo para su correcta aplicación.

En cualquier caso, al realizar estas acciones en presencia de un oponente, se intentará llevarlas a cabo de forma sigilosa. Unir una herramienta a un arma, cuerpo u objeto se considera una acción sigilosa, aunque si la ofensiva resultante es observada directamente, esta recibirá una desventaja en su tirada de sigilo. Por el contrario, las acciones más evidentes, como la preparación de trampas o el uso complejo de herramientas médicas que requieran un turno, no pueden ocultarse a plena vista del enemigo. Acciones simples, como pegar un pergamino en una pared, no se consideran una trampa, y pueden realizarse sin ser tratadas como maniobras sigilosas complejas.

✧Efecto
-9 (MINT) de Sigilo al usarlo de frente
Narrador 6
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
28-06-2026, 02:37 AM
Orión reaccionó rápido a las órdenes de Mizuki. Sin perder tiempo, atravesó velozmente el umbral que lo separaba de aquel caluroso infierno y se adentró en el edificio. Era exactamente como él sospechaba: allí dentro, por mucho que uno quisiera ser ágil y raudo, las llamas dictaban los senderos y, cual laberinto vivo, se movían y danzaban cambiando formas e intensidades, cerrando algunos caminos y abriendo otros.
El calor era, probablemente, especialmente hostigante para el Hoshigaki. Y el crujido de las vigas de madera que amenazaban con ceder solo incitaba al pánico. Sin embargo, para muchos en la posición de Orión, lo más difícil habría sido distinguir rostros y cuerpos entre el aire enturbiado por el calor y la humareda que todo lo cubría, pero no para él. Orión ya estaba acostumbrado a distinguir a los demás no por sus rostros, sino por indicios más tenues, de los que muchas veces ni siquiera ellos eran conscientes.
El humo traía consigo quemazón e irritaba los sentidos. Pero también cargaba con algo más, y Orión no demoró en darse cuenta: un aroma dulce, húmedo y terroso. Persiguió el rastro de aquel olor, quizá conocido, y notó los envoltorios abiertos, los tallos ennegrecidos y el trazo de aceite tan deliberado. Los Waraitake. La Plaza de la Fuente. La posibilidad de que la realidad del incendio fuera una fantasía para algunos...
Ciertamente, el olor podía guiar a posibles consumidores de Waraitake que estuvieran allí, atrapados entre las llamas. Orión siguió su instinto y recorrió el camino de aceite. Llenó sus pulmones de aquel aroma y lo siguió hasta la puerta de hierro desde la que se escuchaban golpes: la sala con los oficinistas atrapados.

Hayato estaba teniendo dificultades para orientarse dentro de las llamaradas y el humo. El calor golpeaba su cara con violencia, pero, por suerte, dentro de todo aquel caos logró escuchar pedidos de auxilio y llantos. Veloz, emprendió carrera hacia las fuentes de los quejidos, esquivando llamas, escombros y estructuras endebles. Sus pisadas resonaban contra el suelo de madera y su pie derecho estuvo a punto de hundirse cuando un tablón desgastado cedió, pero la velocidad del shinobi era demasiada y le permitía salir airoso incluso de situaciones como esa.
Finalmente, Hayato llegó a lo que quedaba de un puesto de joyas y oyó las súplicas de un padre: sus hijas seguían atrapadas bajo los escombros del negocio. Sin perder el tiempo, el joven del clan Yuki comenzó a quitar escombros y tablones tan rápido como le era posible, hasta que logró ver al padre de la familia sosteniendo a duras penas la estructura sobre su espalda, protegiendo a quienes debían de ser su esposa e hijas, quienes permanecían acurrucadas, con los rostros llenos de hollín y las respiraciones débiles. Hayato debía sacarlos de allí, de modo que reanudó su labor de apartar escombros y restos, pero, con cada movimiento y con cada escombro removido, la estructura tenía menos soporte y se tambaleaba más y más. Hayato comprendió que esta estaba a punto de colapsar y pensó con velocidad. Utilizó su dominio sobre el Hyoton para formar un escudo sobre la familia. La estructura cayó pesada sobre la barrera de hielo, destrozándose en pedazos y golpeando el suelo con un sonido seco. El hielo se agrietó, pero soportó el impacto sin romperse.
Hayato sacó primero a las niñas y luego a la madre. El padre debía ser el siguiente en salir, pero tenía miedo. Soltar la viga lo expondría a que aquel peso cayera estruendoso sobre su cuerpo. Miró a Hayato con ojos llorosos por el humo y una expresión que mezclaba tristeza y pánico. Hayato era imponente, atemorizante y estaba lejos de poseer la apariencia de un héroe. El hombre lo miró a los ojos y dudó, pero entonces se fijó en su bandana: el signo de Kirigakure. Una lágrima bajó por su mejilla y, confiando, soltó la viga. Hayato se mantuvo fiel a sus palabras y resistió el peso de la estructura lo suficiente como para que el hombre escapara. El escudo de hielo se había roto y la familia seguía con vida. Hayato mojó su haori y las ropas de la familia. Desde la distancia, un grito llamó la atención de los civiles recién rescatados: eran miembros del equipo de evacuación. El padre y la madre tomaron a sus hijas en brazos y se movieron hacia ellos.
Hayato, por su parte, todavía tenía trabajo que hacer. Continuó buscando civiles, pero lo que se encontró estaba lejos de ser uno: un gigante de dos metros y piel azul se hallaba de pie frente a una puerta de metal gruesa y trancada. Era Orión. Y, junto a él, se encontraban Sayuri y dos guardias. Mientras tanto, los oficinistas seguían atrapados tras esa puerta.

Los hermanos Akizu hicieron caso omiso a las miradas inquisidoras y los comentarios hechos en voz baja y se limitaron a seguir las órdenes de Mizuki. Tenían que montar un cortafuegos.
Rápidamente se dieron cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Efectivamente, todas las mercancías, cajas, telas y demás parecían organizadas meticulosamente para expandir y potenciar el incendio. Jinbei, especialmente, estaba muy alarmado. De todas formas, debían mover materiales inflamables. La carreta era una buena idea pero, ¿y esos envoltorios tan extraños? Yabei supo que no se trataba de algo que se comercializara allí. No había dudas: era Waraitake, el hongo ilegal.
La noticia golpeó a los hermanos Akizu como un cadenazo en los dientes. Con todo, no había tiempo de investigar. Los Akizu se movieron raudos y llenaron la carreta. Luego marcharon. Tenían que sacar todo ese material inflamable sin encenderlo. No parecía muy difícil: alejarse de las llamas y llegar a una de las salidas. Luego entregar los materiales a Mizuki. El problema surgió cuando, de golpe, la rueda delantera de la carreta se hundió en el hueco dejado por la misma tabla que había cedido ante el peso de Hayato. El golpe y el parón inmediato que siguieron fueron suficientes como para comenzar a voltear la carreta: si aquellos barriles se caían, seguramente se romperían contra el suelo, liberando todo el aceite que contenían. Los Akizu tenían que actuar rápido: podían enderezar la carreta antes de que los barriles cayeran, atraparlos, acolchonar la caída o lo que fuera, pero tenían que detener el desastre que estaba a punto de suceder.

Sayuri escuchó con atención los comandos de Mizuki y actuó en consecuencia. Se presentó ante los guardias que le habían sido asignados y entró en el edificio seguida por ellos. Ninguno de los dos hombres habló inicialmente, pero intercambiaron miradas cuando Sayuri les dijo que priorizaran sus propias vidas. Entonces, uno alzó la voz.
—Señorita Yuki. Nosotros estamos preparados para dar la vida. Servimos a Kirigakure tan fielmente como los mejores.
El orgullo de los guardias parecía encontrarse en juego.
—No se preocupe, cumpliremos con nuestro deber. Este país no puede permitirse menos que eso.
Poco después de entrar, Sayuri notó la presencia de los Waraitake. Las pistas eran siempre las mismas: el aroma, los envoltorios y los tallos ennegrecidos. Pero lo más importante era la seguridad de los civiles. Eso ella lo sabía muy bien. Para su fortuna, se encontró con un rostro conocido: Orión. El grandote acababa de llegar al lugar donde una enorme puerta de hierro le bloqueaba el paso hacia los oficinistas del mercado, que seguían pidiendo auxilio desde dentro. El guardia sentenció que el hacha no serviría de nada frente a esa puerta.
—Lo bueno es que esa sala está aislada —dijo el segundo guardia—. Es poco probable que el fuego haya llegado hasta ahí, pero el humo se debe estar filtrando por los sistemas de ventilación. Si no hacemos algo, quien sea que esté dentro morirá por inhalación de humo.
El guardia que había recibido la orden de buscar una forma de llegar al segundo piso se marchó a cumplirla.
Hayato llegaría pronto hasta el mismo lugar y las decisiones en cuanto a qué hacer con la puerta serían confiadas a los tres genin allí reunidos: Orión, Sayuri y Hayato. Podían enfocarse en debilitar las bisagras en lugar de intentar tirar la puerta abajo, podían utilizar fuerza bruta para abrirla, usar algo para hacer palanca, abrir una vía alternativa o lo que se les ocurriera, pero debían actuar rápido. Desde dentro de la puerta, los golpes habían dejado de sonar: los oficinistas se habían desmayado por la cantidad de humo ingerido.

Como shinobi que era, Ryudan estaba acostumbrado al peligro, la adrenalina y el miedo a la muerte, pero eso no significaba que aquellos factores no le afectaran en absoluto. Sin embargo, entendía la importancia de actuar rápidamente en aquella situación y cómo eso significaba dejar de lado sus emociones al menos por un momento. Tenía que sacar a esas personas de allí. Su plan era inteligente: usar las cuerdas de un tendedero para escalar hasta la habitación de la ventana y ayudar a los atrapados a bajar por la misma cuerda.
Descendió hasta el suelo con gráciles movimientos y saltos, para después lanzar el kunai con la cuerda atada al aro en la empuñadura hacia la ventana. Por suerte, el civil dentro hizo caso a sus advertencias y se alejó, por lo que el kunai no lastimó a nadie y logró aferrarse tal cual Ryudan había planeado, dándole una vía de acceso y salida a la habitación. Ryudan trepó y, con sus palabras, logró darle seguridad a quien estaba atrapado allí: un adolescente de unos quince años. El muchacho se sujetó con fuerza del brazo de Ryudan y saltó. Ryudan sostuvo lo sostuvo y se deslizó por la cuerda hasta el suelo, la fricción provocándole ardientes y rojas lastimaduras en la palma de la mano. Después, escoltó al muchacho hasta la zona donde las víctimas rescatadas estaban siendo tratadas y escuchó la voz de Mizuki:
—¡Buen trabajo, genin! ¡Ahora vuelve ahí dentro y continúa!
Ryudan obedeció y accedió al segundo piso por la misma vía que él había creado. Avanzó agachado y con una toalla presionada contra el rostro hasta encontrar las escaleras que descendían a la primera planta. Llamó la antención de Orión, Sayuri y Hayato, que se encontraban allí reunidos frente a la puerta y, en ese instante, la escalera colapsó bajo los pies de Ryudan, dejándolo en caída libre hacia las llamas.


OFF

Orión, Sayuri y Hayato han dado con la puerta que conduce hacia los oficinistas atrapados.
Hayato ha logrado salvar a una familia en el primer piso.
Ryudan ha rescatado a un adolescente atrapado en el segundo piso.
Los Akizu tienen un gran problema con la carreta.

La familia que vive en una habitación improvisada sobre el almacén todavía no ha logrado salir.

Ryudan, necesito que vayas al canal mecha-naruto-bot y uses el comando /roll 1d10 para realizar una tirada y reaccionar a la caída tras el colapso de las escaleras. Si sacas 5 o más, te salvas sin problemas. De lo contrario, te harás daño. Puedes añadir tu modificador correspondiente a la forma en que quieras salvarte. Por ejemplo: si usas un arma como el kunai atado a la cuerda, añadís tu modificador de Destreza; si usas chakra, añadís tu modificador de CCK; si usas fuerza bruta, añadís tu modificador de Fuerza, etc. También, Orión, Hayato y Sayuri tienen la opción de salvarlo realizando una tirada según las instrucciones anteriores, ya que escucharon su voz y saben dónde está, pero esto no es compatible con sus tiradas, explicadas más abajo. Es decir, no pueden salvar a Ryudan y buscar un camino hacia los oficinistas en el mismo turno.

Akizu, necesito que vayas al canal mecha-naruto-bot y uses el comando /roll 1d10 para realizar una tirada y reaccionar a la caída de los barriles. Si sacas 5 o más, solucionas la emergencia. De lo contrario, los barriles se romperán contra el suelo y el fuego se avivará. Puedes añadir tu modificador correspondiente a la forma en que quieras salvarte. Por ejemplo: si usas armas o herramientas, añadís tu modificador de Destreza; si usas chakra, añadís tu modificador de CCK, etc.

Hayato, Sayuri y Orión, necesito que cada uno de ustedes vaya al canal mecha-naruto-bot y use el comando /roll 1d10 para realizar una tirada de acuerdo a cómo quiera entrar a salvar a los oficinistas. Si sacan 5 o más, entran; de lo contrario, no podrán llegar a ellos. Pueden sumar sus modificadores de acuerdo a cómo quieran solucionar el problema. Por ejemplo: si usan armas o herramientas, añaden su modificador de Destreza; si usan ninjutsu, su modificador de CCK; si usan fuerza bruta, su modificador de Fuerza; si usan la cabeza, Inteligencia. Una vez que uno de ustedes tres abra un camino, el resto no necesita realizar tiradas y puede entrar por ahí. Es decir, tienen tres chances de abrir un camino porque tienen tres tiradas, una por jugador.

Brolk no ha posteado esta ronda.

Todos tienen que taggearme en sus tiradas y especificar para qué son: salvar los barriles, abrir la puerta, etc.
Gracias y besis.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
28-06-2026, 12:38 PM
El perfume dulzón continuaba allí. Por momentos el humo intentaba devorarlo, castigando cada inspiración como si el propio incendio quisiera expulsarlo del edificio. Aun así, cada bocanada permitía al Hoshigaki separar aquel aroma húmedo y terroso del hollín, la madera y el aceite. No era intenso. Era constante. Un hilo invisible que se negaba a desaparecer entre el caos. Orión dejó que sus narinas marcaran el rumbo. Avanzó sin mirar atrás, esquivando vigas caídas, brasas y tablones consumidos mientras el calor envolvía su enorme cuerpo. El rastro no le hablaba de culpables. Nunca pensó en ellos. Pensó en quienes podían encontrarse al final de aquel camino.

El perfume comenzó a volverse demasiado intenso. Cada nueva inspiración arrastraba una pequeña parte de aquella fragancia húmeda hasta el fondo de sus pulmones. Frunció la nariz con desagrado y desaceleró apenas un instante. No era humo lo único que estaba respirando. Sacudió la cabeza con fuerza, como si quisiera expulsar cualquier pensamiento ajeno antes de que echara raíces. No podía permitirse perder claridad allí dentro.

Inspiró una vez más, ignorando el ardor que desgarraba su garganta. El humo le quemó el pecho, pero no consiguió frenar sus pasos. Creyó ver la silueta de su hermano entre la humareda. No supo decir si era un recuerdo o un espejismo nacido de aquella extraña fragancia. Inti le habló como solía hacerlo, recordándole que un shinobi no llegaba para contemplar una tragedia. Llegaba para permanecer cuando todos los demás escapaban. Aquellas palabras regresaron a su memoria con la misma fuerza que el rugido del incendio y comprendió que solo era eso, “un recuerdo”. Volvió al presente cuando unos intensos golpes comenzaron a resonar tras una puerta metálica. Si el humo terminaba por detener su corazón, al menos lo haría intentando sacar a alguien con vida. Era un precio pequeño comparado con abandonar a otro habitante de Kirigakure a su suerte.

Sus manos chocaron con fuerza. El aplauso seco recorrió el pasillo ennegrecido y se perdió entre el crujido de las vigas.

-¡No aflojen esos golpes, que ya los voy a encontrar!

Continuó siguiendo aquella fragancia hasta que el recorrido terminó frente a una pesada puerta de hierro. Desde las rendijas inferiores escapaban humo y el mismo aroma dulzón que había perseguido desde la entrada. El Hoshigaki se detuvo. Sus narinas captaron entonces otras presencias a pocos pasos de él. El olor del acero, del sudor y de la tela empapada por el esfuerzo le bastó para comprender que otros shinobi de Kirigakure y dos guardias también habían llegado hasta allí. No necesitó girarse para saber con precisión cuántos eran; tampoco quiénes. Si habían alcanzado aquella puerta, perseguían el mismo objetivo.

Los golpes murieron del otro lado. Aquello fue un brutal recordatorio de que el humo les estaba robando el aliento poco a poco. Orión llevó lentamente la diestra hasta la funda de su cintura y extrajo el kunai con un movimiento limpio. Sus ojos descendieron por el marco hasta detenerse en las bisagras. Ninguna puerta era tan fuerte como aparentaba; todo su peso descansaba sobre unos pocos puntos.

-¡Pie pa atrás, que viene el tiburón a morder metal!

Sujetó el kunai en agarre inverso y adelantó el pie izquierdo. No desperdiciaría fuerzas golpeando el centro. Descargó una única estocada brutal contra la bisagra superior, utilizando todo el peso de su cuerpo para deformar el anclaje. Sin concederle un instante al hierro para recuperar tensión, arrancó el arma y repitió exactamente el mismo movimiento sobre la bisagra inferior. Si alguna cedía, el resto dependería únicamente de él. Guardó el kunai de un movimiento, apoyó el hombro contra la hoja de metal y reunió toda la fuerza de un Hoshigaki en un único empuje brutal, decidido a arrancarla del marco antes de que el humo reclamara las vidas que todavía seguían resistiendo detrás de aquella puerta.

-JAJAJAMMM...

El perfume volvió a invadir sus pulmones. Una carcajada corta y áspera escapó de su garganta sin que pudiera contenerla. Durante un instante, el hierro pareció ondular bajo su mirada, blando como una inmensa gelatina oscura. Sacudió la cabeza con brusquedad y descargó toda la fuerza de su cuerpo contra la puerta, negándose a permitir que el humo o los hongos le arrebataran aquello que más importaba, las vidas del otro lado.


Resumen
Orión siguió el rastro de los Waraitake hasta localizar la oficina donde permanecían atrapados varios civiles. Tras advertir a quienes se encontraban cerca con su clásico "¡Pie pa atrás, que viene el tiburón a morder metal!", atacó las bisagras con su kunai y, gracias a una tirada de 5, logró abrir un acceso hacia el interior de la oficina para iniciar el rescate.

Técnica
✔Aprendida · 17-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: 1
#ID: BUKI001R
◔Coste
15 de Chakra
▣Descripción

Las armas empuñadas pueden ser utilizadas siempre que el usuario tenga la fuerza suficiente para sostenerlas. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá sujetar tantas armas como su Modificador de Fuerza pueda soportar al pagar el valor correspondiente por cada una. Si desea empuñar dos armas al mismo tiempo, deberá contar con la fuerza suficiente para cubrir ambas. De lo contrario, podrá alternar entre ellas, pero solo atacar con una a la vez. El número máximo de armas empuñadas está limitado por la cantidad de manos libres que tenga el usuario, y desenfundar un arma toma 1 segundo.

En caso de utilizar más de un arma durante una misma acometida, los efectos de Daño por Valor de Tamaño de cada una se aplicarán simultáneamente, al igual que el resto de sus efectos, sumándose al daño de la acometida final. Por otro lado, si se opta por atacar con un arma en cada mano de forma independiente, cada ataque se resolverá en un segundo distinto, debiendo pagar su costo correspondiente y mejorarse de manera individual. Por turno, el usuario podrá elegir entre realizar una única acometida con múltiples armas o efectuar múltiples ataques simples, sin embargo, independientemente de la opción elegida, cada arma solo podrá utilizarse para atacar una vez por turno.

✧Efecto
100 (FUE) de Daño - 5 (MFUE) de Fuerza para Valor de Tamaño
 

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza30(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo11
400
400
Enlace al Post
28-06-2026, 07:56 PM
Siempre pasa algo, ¿verdad? Siempre pasa algo malo. 

Mientras los Akizu seguían su camino en paz, cumpliendo con el deber extenuante pero no menos importante de retirar los elementos inflamables para evitar la expansión del fuego, se encontraron una alarmante sorpresa. Jinbei, que empujaba la carreta por la ruta, de repente sintió cómo el peso de esta parecía irse hacia delante, súbitamente desbalanceada con el crujir de maderas golpeándose. Había un agujero en el suelo. ¿Qué ocurre con el mantenimiento de este lugar? Bueno, la verdad es que era un subproducto de otras labores de rescate en curso.

— ¡Mierda-! — Exclamó, sobresaltado. La escena parecía ocurrir en cámara lenta. Sus manos firmes seguían sosteniendo las asas del transporte, pero su cuerpo se iba con ella. Los barriles de aceite parecían comenzar a balancearse... debía actuar rápido.

Con toda su fuerza, el hermano mayor recompuso su postura de un pisotón e hizo de ancla para balancear el efecto de la gravedad. Enderezó el carro con su propia fuerza y lo mantuvo en un ángulo lo suficientemente recto para evitar derrames. 

— ¡YABEI! — Le gritó, como comando de que necesitaba ayuda. 
— ¡AH! ¡SÍ! — El hermano del medio ayudó a levantar la carreta para sacar la rueda atascada por la tabla de madera faltante. Tras revisar que siguiera funcionando y apretar el perno si fuera necesario. Los familiares se miraron aliviados. Habían evitado un absoluto desastre, del cual probablemente les echarían la culpa.

— ¿Listo para seguir? — Le preguntó el que tenía las manos más libres.
— Las telas... Y las cuerdas... — Le dijo secamente el otro, diciéndole que estaban olvidando algo si acaso ya querían retirarse del lugar.
— Oh, cierto... —  Se resignó el otro.

Ahora con mucho más cuidado por dónde iban y con Yabei como guía por si acaso, volvieron momentáneamente a la zona intermedia para que, con el uso de un kunai, Yabei cortase las telas y cuerdas que pudiera, que son un material inflamable por excelencia, aunque menos combustible para las llamas que los aceite. Los restos de esta masacre textil fueron arrojados a la carreta y otros iban amarrados bajo el brazo de Yabei. Antes de irse definitamente, este último se llevó consigo una muestra de los envoltorios y los aparentes hongos chamuscados, como evidencia de alguna operación oscura posiblemente relacionada al incendio.

Los hermanos tomaron nuevamente su ruta hacia la salida para llevar todo el inventario hacia donde debieran encontrarse con Mizuki Hōzuki. Tenían toda una escena del crimen que reportar, entre el camino incendiable deliberadamente armado y las aparentes drogas ilegales en la zona. 

Resumen
Los hermanos logran enderezar la carreta antes de que se vuelque (1d10 --> 7+1= 8) y regresan al pasillo entre el ala este y la zona central para retirar cuerdas y telas además del resto del material inflamable. Tras ello, recolectan una muestra de Waraitake y se dirigen a la salida para presentar todo lo recolectado a Mizuki Hozuki.
[Imagen: AhAOZ2C.png]
— Jinbei, Yabei, Kihei —
Kyūso Kyōdai
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud12
Velocidad15
Tenketsu11
Sigilo10
490
530
Enlace al Post
29-06-2026, 03:31 AM
El estruendo del metal deformándose resonó por todo el pasillo. Giré justo a tiempo para ver cómo Orión descargaba toda su fuerza contra la enorme puerta de hierro. El marco entero tembló bajo el impacto y, aunque todavía no podía distinguir si había conseguido abrirla por completo, una pequeña sonrisa apareció bajo la tela que cubría mi rostro. —Siiii, sabía que esos brazotes Hoshigakis servirían para algo.— No era momento para quedarme mirando. Si la puerta había cedido, los comerciantes ya no estaban aislados detrás de un obstáculo imposible, sino al alcance de quienes podían sacarlos de allí.

Miré rápidamente al guardia que todavía permanecía junto a nosotros. —Quédate con ellos. Ayuda a sacar a los comerciantes en cuanto consigan abrir la puerta. Orión y el Hayato podrán encargarse del resto, pero necesitarán manos para cargar a los heridos. No los dejes solos.— El hombre asintió sin discutir. No perdí más tiempo y giré sobre mis talones para reunirme con el segundo guardia, al que había enviado unos instantes antes a buscar una forma segura de alcanzar el piso superior.

No llegué demasiado lejos.

—¡Oye vosotros, cuidado con las escaleras!

La voz retumbó entre el humo y casi al mismo tiempo escuché un crujido mucho más fuerte que todos los anteriores. Levanté la vista por instinto y lo que vi fue que la escalera terminó de ceder, y lo peor, es que una figura cayó junto con una lluvia de tablones envueltos en brasas. —¡No!—  Ni siquiera pensé, mis piernas simplemente comenzarno a llevarme hacia ese lugar, mis manos empezaron a formar sellos casi por puro reflejo mientras el chakra recorría todo mi cuerpo. El aire húmedo de Kirigakure respondió enseguida. El agua suspendida entre el humo empezó a condensarse y, desde el suelo, una gruesa estructura de hielo emergió con rapidez justo debajo de la trayectoria de la caída. No intenté crear un muro vertical, eso solo habría convertido el impacto en algo todavía peor.
Tecnica
Uso la tecnica
✔Aprendida · 23-06-2026
◈Hyoton
✦Nivel: 1
#ID: YUKI001R
◔Coste
15 de Chakra
▣Descripción

El usuario moldea chakra Hyōton tras la ejecución de sellos, generando una estructura de hielo de tamaño humano en un punto dentro de un radio de hasta 1 metro a su alrededor, la cual actúa como una barrera defensiva capaz de interceptar ataques directos. Esta creación combina la compresión del Suiton con la proyección del Fūton, permitiendo formar defensas de rápida aparición cuya forma puede adaptarse de manera básica según la intención del usuario, manteniendo su función principal de protección.

Si la estructura permanece en el campo por más de un turno, comienza a regenerar la mitad de los puntos de vida perdidos por turno tras haber recibido daño, representando la reconstrucción constante del hielo mediante chakra. Dependiendo del nivel de control de chakra del usuario, este puede generar múltiples estructuras mediante esta misma técnica, permitiéndole bloquear distintos frentes o establecer defensas simultáneas dentro del campo de batalla.

✧Efecto
80 (CCK) de Resistencia - 4 (MCCK) de Estructuras Simultaneas
-25 chakra
12 de Resistencia + 6(mejora) = 18 resistencia
Y le aplico dos mejoras. Rango para hacerla mas lejos de mi posicion, de ser nesecario. Y le aplico tambien mas resistencia, para intentar opacar el fuego y que no se rompa por las estructuras que caen.
Mejoras
✔Aprendida · 23-06-2026
◈Mejora
✦Nivel: 1
#ID: YUKI103M
◔Coste
20 de Chakra
▣Descripción

La resistencia de las estructuras de hielo creadas en el campo aumenta según el control de chakra del usuario, volviéndose más difíciles de romper o destruir en combate.

✧Efecto
12 (MCCK) de Resistencia
-25 chakra
+6 resistencia
✔Aprendida · 23-06-2026
◈Mejora
✦Nivel: Cero
#ID: YUKI104M
◔Coste
10 de Chakra
▣Descripción

El usuario puede generar estructuras de hielo a mayor distancia, ampliando su alcance de creación en función de su control de chakra.

✧Efecto
4 (MCCK) de Rango
-20 chakra

En lugar de eso hice crecer una rampa ancha e inclinada, sólida en su base y elevada hacia el punto donde el shinobi descendía. La superficie quedó cubierta por una fina capa de escarcha, buscando que el cuerpo resbalara sobre ella y que el golpe se repartiera a lo largo de toda la pendiente en vez de concentrarse en un único impacto. Apreté los dientes mientras mantenía el flujo de chakra. —¡Cae sobre el hielo! ¡Déjate llevar, no intentes frenarte!— Grite desesperada a la figura que habia caído. 

No sabía si me había escuchado. El estruendo del incendio era ensordecedor y el humo apenas permitía distinguir las siluetas unos metros más allá. Aun así, mantuve la técnica todo lo firme que pude. Sabía perfectamente que aquel hielo no detendría un edificio entero si decidía desplomarse, pero sí podía ganar unos segundos. Y, en una situación como aquella, unos segundos podían marcar la diferencia entre rescatar a alguien o perderlo para siempre.

Mientras sostenía la estructura, alcé la voz sin apartar la vista del joven que caía. —¡Guardia! ¡Si está consciente, sácalo de ahí inmediatamente! ¡Y avísame si encontraste alguna forma de subir al segundo piso!— La familia seguía atrapada arriba. Si aquella improvisada rampa conseguía salvar al muchacho, quizá también pudiera convertirse en el primer peldaño para llegar hasta ellos.
Resumen
Chakra: 215/285
-70

-Veo que Orion empieza a abrir la puerta, asi que confio en el y en Hayato para hacer este trabajo. 
-Dejo al guardia con ellos por si necesitan ayuda.
-Me voy a buscar al otro guardia, y en eso escucho a Ryudan caer.
-Decido ayudarlo invocando una estructura de hielo en forma de rampa justo debajo. 
-Mientras le grito al otro guardia para saber de el. 

El resultado del dado le sumo 2 por mi MCCK. Me sale un 10 en el dado, dando un total de 12
Hayato Miyashi
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza15(1)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad11
Tenketsu10
Sigilo9
280
300
Enlace al Post
29-06-2026, 10:16 AM
El estruendo del hierro deformándose hizo que Hayato levantara la vista de inmediato.
Orión había descargado toda su fuerza contra la puerta. El impacto recorrió el marco entero y, apenas un instante después, el metal comenzó a ceder.

—...Lo consiguió.

Sintió un breve alivio. Si aquella puerta terminaba de abrirse, los comerciantes todavía tendrían una oportunidad.
Sin embargo, el respiro duró apenas un segundo.
Un crujido seco atravesó el edificio.

Hayato giró por instinto justo a tiempo para ver cómo la escalera cedía bajo los pies de Ryudan. Tablones envueltos en brasas se desplomaron junto al joven mientras Sayuri reaccionaba sin dudar, haciendo emerger una amplia rampa de hielo que amortiguó su caída.
Una pequeña sonrisa apareció bajo la tela que cubría parte de su rostro. —Buen trabajo, Sayuri...
La estructura resistió.

Sin perder un instante, Hayato corrió hacia la rampa. Sus botas encontraron equilibrio sobre el hielo mientras ascendía con rapidez por la pendiente creada por su compañera, aprovechando el camino que ella había abierto entre el humo y los escombros.
Al alcanzar el extremo superior, comprendió que aún faltaban unos metros para llegar con seguridad al segundo piso.

—Todavía no alcanza...

Sin perder tiempo, llevó las manos a una rápida secuencia de sellos. El chakra Hyōton recorrió sus brazos y se proyectó hacia el extremo de la rampa. Desde allí hizo surgir una nueva estructura de hielo mediante Hyōton: Kōri no Tate. En lugar de moldearla como un simple escudo, aprovechó la versatilidad de la técnica, creando una sólida plataforma que se unió al hielo de Sayuri.
La barrera apareció con un fuerte crujido cristalino, encajando contra la rampa y extendiéndose hasta los restos del segundo piso. El hielo era grueso y compacto, suficiente para soportar el peso de varias personas y resistir la caída de pequeños escombros mientras el chakra del Yuki la mantenía estable.

Hayato apoyó una bota sobre la nueva plataforma para comprobar su firmeza y asintió satisfecho.
—¡Ya tenemos paso! ¡Ryudan, si puedes moverte, vamos.! ¡Sayuri, gracias por abrir el camino!
No esperó respuesta. Con la nueva superficie uniendo ambos niveles, emprendió el ascenso hacia la planta superior, decidido a encontrar a los civiles antes de que el fuego o el humo terminaran alcanzándolos. Cada instante que ganaban gracias a aquel improvisado puente de hielo podía significar una vida más salvada.

Ryudan
Rango Genin
Clan Terumi
Nivel 4
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza5(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo9
240
230
Enlace al Post
29-06-2026, 12:09 PM
Aquel fuego que fingía tener vida propia y trataba de escapar de lo que era, un elemento sin consciencia destinado a ser un propagador de caos desde que fue descubierto por cavernícolas, arrasaba las paredes debilitándolas hasta deshacerse en su descomposición. Los suelos tambien recibían daño, se hacían más peligrosos y menos sostenibles para cualquiera que no andase con cuidado. Por eso Ryudan avanzaba agachado, procurando que cada paso fuera lo menos brusco posible.

Cuando había llegado a la estancia donde yacían las únicas escaleras que conectaban con el segundo piso, dónde él se encontraba, pudo observar bajo el turbante improvisado que aquel lugar era amplio. Lo suficiente para que hasta el mismísimo fuego le costase propagar su presencia. Y entre los espacios que el fuego no había llegado a abrasar eran aprovechados por las futuras promesas de la aldea, las cuales estaban predispuestas a colaborar para salvar a los civiles atrapados. De eso se trataba.

Ryudan intentó observar a todos los presentes que estaban abajo, a los que alertó previamente el peligro de subir por las escaleras. Sin embargo, de una forma extraña, al final terminó siendo él el culpable de que aquellas escaleras se derrumbasen. Y aquello fue en un intento de poner un pie sobre el primer escalón de arriba, que condujo la destrucción completa del resto de los escalones. Como un circuito de fichas de dominó...— Mierda...—. Se quejó tan pronto como perdió el equilibrio.

El humo se estaba convirtiendo en un problema, y no importaba si no estabas completamente erguido para respirarlo directamente. Sus compuestos y las partículas nocivas derivadas de la combustión seguían latentes, aunque en menor medida, incluso en las bajas alturas. Y tras lo que acababa de pasar frente a los ojos de los presentes en aquella sala, todos llegarían a la misma conclusión. El edificio estaba a punto de colapsar, y si tenían que salvar a alguien más tenía que ser en el mismo momento en lo que tardasen en abandonar el almacen.

Mientras se precipataba al vacío, el joven genin del turbante que lo enmascaraba, desprendió el kunai con cuerda desde su riñonera y lo lanzo con todas sus fuerzas al techo. El impacto de la punta del filo crearía un pequeño hoyo que atravesaría completamente, enganchándose con un simple movimiento de mano para que el kunai quedara en horizontal sobre el mismo hoyo que penetró de forma vertical. Aquella maniobra no solo sirvió para mantener su equilibrio en el aire, mientras se sujetaba de la cuerda, sino que también le permitió bajar para unirse a los demás compañeros sin sufrir daños.

Ryudan creyó que acabaría aterrizando sobre los escombros que habían dejado las escaleras, que aún seguían en llamas, pero en el proceso apareció de la nada una placa de hielo bajo sus pies. Mientra su mano agarraba la cuerda, empezó a patinar sobre la pequeña masa de escarcha hasta llegar al suelo percatándose claramente de que era una técnica elemental de la rubia. —Gracias—Dijo tras reunirse con ella y los demás. Arriba no he escuchado a nadie todavía, supongo que esos son los últimos. Debemos salir para recuperar algo de oxígeno. Si esto sigue en pie podremos volver a reanudar la búsqueda. Pero lo dudo.[/b][/color]— Dijo, a unos pocos metros de la kunoichi, mientras observaba desde su costado un vigoroso hoshigaki liberando más personas tras romper una cerradura.

También dirigió la mirada hacia Hayato, su compañero asignado en la lista de equipos oficiales, quien pudo identificarlo a pesar de que estuviera enmascarado por un turbante improvisado con una toalla. No obstante, Ryudan también pudo identificar a su compañero.—¡Cuidado Hayato! ¡Las escaleras siguen siendo inestables!—Le gritó sin que le diese tiempo a responderle de frente.

Estadísticas de Ryudan
Ryudan
Estadísticas Generales
Fuerza
5 M: 1
Inteligencia
10 M: 1
Destreza
5 M: 1
Ctrl. Chakra
10 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
10
Vida 240 Chakra 230 Reg. Chakra 36
Técnicas usadas
✔Aprendida · 17-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI003R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El uso de herramientas en combate suele ejecutarse como una acción secundaria o táctica, que busca realizarse con la mayor sutileza posible. Estas pueden emplearse por cuenta propia o integrarse con otras armas y elementos del entorno, ya sea para unir un objeto a otro o para realizar acciones específicas, como el uso de un botiquín o una trampa. Cuando se trata de adjuntar una herramienta a otro objeto, el tiempo de ejecución es de 1 segundo. Sin embargo, preparar una trampa o utilizar herramientas complejas, como botiquines, sellos unidos a hilos o mecanismos, requiere todo un turno completo para su correcta aplicación.

En cualquier caso, al realizar estas acciones en presencia de un oponente, se intentará llevarlas a cabo de forma sigilosa. Unir una herramienta a un arma, cuerpo u objeto se considera una acción sigilosa, aunque si la ofensiva resultante es observada directamente, esta recibirá una desventaja en su tirada de sigilo. Por el contrario, las acciones más evidentes, como la preparación de trampas o el uso complejo de herramientas médicas que requieran un turno, no pueden ocultarse a plena vista del enemigo. Acciones simples, como pegar un pergamino en una pared, no se consideran una trampa, y pueden realizarse sin ser tratadas como maniobras sigilosas complejas.

✧Efecto
-9 (MINT) de Sigilo al usarlo de frente
Procedimiento
Tras tirar /roll 1d10 me salió 10 (10 + 1 (MDESx1)) en #mecha-naruto-bot
[Imagen: 31Hpgjx.png]
Narrador 6
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
30-06-2026, 01:19 AM
El kunai de Orión golpeó la bisagra superior con una violencia que hizo vibrar toda la puerta. El metal no cedió de inmediato, pero se deformó lo suficiente como para que el anclaje perdiera su firmeza. La segunda estocada cayó sobre la bisagra inferior y arrancó un chillido áspero del hierro. El hombro del gigante azul impactó contra la hoja de metal. El marco crujió. Las bisagras, ya vencidas por los golpes, se doblaron hacia dentro y la puerta se abrió de golpe con un sonido seco, pesado y definitivo. Una bocanada de humo escapó desde la sala y envolvió el pasillo con olor a madera quemada, encierro y Waraitake. El aroma dulzón volvió a colarse en los pulmones de Orión, insistente, húmedo y casi chistoso. Era hipnotizante, pero Orión sabía que aquel aroma tentador era una trampa y, de momento, lograba resistirse.
Dentro de la oficina, los golpes habían cesado. Dos hombres yacían en el suelo, inconscientes o a punto de estarlo, con los rostros manchados de hollín y la respiración débil. Uno estaba desplomado junto a la pared, cerca de una mesa volcada. El otro había quedado a unos pasos de la puerta, como si hubiera intentado seguir golpeando hasta que el cuerpo se le rindió. La sala no ardía todavía, pero el humo se había filtrado por las rendijas y los sistemas de ventilación hasta llenar el espacio de una niebla sucia. No quedaba demasiado tiempo.
El guardia que Sayuri había dejado allí se cubrió la boca con la manga y avanzó hacia el primero de los oficinistas sin esperar más órdenes. El otro seguía en el suelo, a merced del humo y de cualquier retraso. Detrás de Orión, el fuego continuaba masticando el edificio con paciencia. Ahora el camino estaba abierto. La pregunta era si lograrían sacar a los dos antes de que el pasillo se volviera imposible de atravesar.
Mientras tanto, los hermanos Akizu evitaron que la carreta terminara volcada sobre el suelo del almacén. Jinbei clavó los pies con fuerza y logró sostener el peso justo antes de que los barriles de aceite cedieran a la gravedad. Yabei acudió enseguida, levantó la parte comprometida y ayudó a liberar la rueda atascada en el hueco dejado por la tabla rota. Durante unos segundos, la carreta quedó suspendida en un equilibrio miserable. Luego volvió a asentarse sobre el suelo con un golpe pesado, pero entero. Nada se rompió. Los barriles siguieron en su sitio, todavía peligrosos, todavía llenos, pero sin derramar el aceite que habría convertido aquella zona en una trampa de fuego. Los Akizu no se fueron de inmediato. Antes de retirarse, cortaron telas, cuerdas y restos inflamables que alimentaban el avance de las llamas. Las hojas de los kunai se movieron rápido entre los tejidos chamuscados y las sogas tensas. Lo que podía retirarse fue arrojado a la carreta o cargado bajo el brazo. Yabei también se guardó una muestra de los envoltorios y de los hongos ennegrecidos, suficiente para que aquello dejara de ser solo un incendio mal manejado y empezara a parecer una escena del crimen.
Cuando la carreta finalmente avanzó hacia la salida, lo hizo con más cuidado que antes. Las ruedas crujían bajo el peso, los barriles se mecían apenas y el calor seguía empujando desde atrás. Afuera, Mizuki Hozuki levantó la vista al verlos aparecer con la carga. Al principio pareció dispuesta a dar otra orden rápida, una más entre tantas, pero entonces vio los envoltorios chamuscados y los restos ennegrecidos en manos de Yabei. Su expresión cambió. La mirada de Mizuki pasó de los envoltorios a la carreta, de la carreta al almacén en llamas y luego otra vez a los Akizu.
—Eso... —dijo, bajando la voz por primera vez desde que había empezado la evacuación.
Durante un instante, todo el ruido del mercado pareció quedar detrás de ella. Los cubos, los gritos, las órdenes, el crujido del fuego. Mizuki apretó la mandíbula.
—Waraitake —murmuró, más para sí misma que para los demás.
Después levantó la voz, recuperando el tono de mando, aunque ahora sonaba bastante menos tranquila.
—Ustedes dos, escúchenme bien. Quiero saber exactamente dónde encontraron esos envoltorios, qué había alrededor y si vieron más rastros como ese. Si esto fue provocado...
La palabra quedó suspendida en el aire.
Mizuki volvió la vista hacia el almacén en llamas. La familia seguía atrapada arriba. Los oficinistas todavía no habían salido. El incendio seguía creciendo.
—Mierda... —dijo entre dientes.
Luego volvió a señalar la zona segura.
—Primero aseguren esa carga. Después vuelvan conmigo.
El crujido de las escaleras resonó como una advertencia demasiado tardía. Ryudan cayó entre tablones envueltos en brasas y restos de madera partida. El humo se abrió alrededor de su cuerpo mientras el joven lanzaba el kunai con cuerda hacia el techo. La hoja se clavó, atravesó la madera debilitada y quedó enganchada al girar en horizontal dentro del agujero. La cuerda se tensó de golpe, provocando que las lastimaduras en las palmas de las manos del joven shinobi ardieran con más intensidad. Durante un instante, aquello bastó para frenar la caída.
Después apareció el hielo. La rampa creada por Sayuri surgió desde el suelo con un crujido cristalino, ancha, inclinada y cubierta por una fina capa de escarcha. Ryudan no cayó contra las brasas. Resbaló sobre la superficie helada mientras aún sostenía la cuerda, perdiendo velocidad a lo largo de la pendiente hasta llegar al suelo con el cuerpo frío, pero entero.
Sayuri mantuvo la rampa firme el tiempo suficiente para que el guardia pudiera acercarse a Ryudan y comprobar que seguía consciente. El hombre también miró hacia arriba, hacia el hueco dejado por las escaleras y la plataforma incompleta del segundo piso. Su rostro estaba cubierto de sudor y ceniza, pero sus ojos encontraron algo entre el humo.
—¡Allí! —gritó, señalando hacia lo alto—. ¡Hay una habitación al fondo! ¡Se ve movimiento!
Hayato no perdió tiempo. Subió por la rampa de Sayuri con rapidez, aprovechando el camino abierto entre el humo y los escombros. Cuando llegó al extremo superior, comprendió que todavía faltaban unos metros para alcanzar el segundo piso con seguridad. El hueco era demasiado ancho y los restos del suelo no parecían confiables. Entonces el chakra Hyoton volvió a tomar forma. Desde el final de la rampa, una nueva estructura de hielo emergió con un crujido firme y se extendió hacia los restos de la planta superior, uniendo ambos niveles como un puente improvisado. El hielo resistió bajo su pie. Desde aquella altura, Hayato pudo ver mejor el estado del segundo piso. La familia que aún quedaba atrapada se encontraba en una habitación improvisada al fondo, separada por un tramo de suelo ennegrecido, vigas bajas y humo espeso. Había una figura adulta y dos más pequeñas, agachadas cerca de una pared, cubriéndose la boca como podían. No gritaban porque no tenían aire suficiente para hacerlo.
Ryudan, ya abajo, vio a Hayato subir y alcanzó a advertirle que las escaleras seguían siendo inestables. Tenía razón, aunque las escaleras ya casi no existían. Lo que quedaba era peor: un segundo piso debilitado, una ruta de hielo improvisada y una familia que todavía no había salido. Hayato había logrado abrir un camino, pero no bastaba con eso. Eran tres personas atrapadas arriba, el suelo podía ceder en cualquier momento y cargar a todos por una ruta improvisada de hielo no era algo que pudiera resolverse con un solo par de manos.
Sayuri y Ryudan seguían en la zona de la rampa. Si querían sacar con vida a la familia, tendrían que apoyar a Hayato. Uno podía asegurar el paso, otro ayudar con los civiles y otro vigilar que el fuego no cerrara la retirada. La familia estaba al alcance, pero el margen se estaba agotando.
Frente a la oficina, Orión y el guardia tenían otro problema igual de urgente. La puerta estaba abierta y los oficinistas seguían vivos, pero el humo que salía de la sala confirmaba que no lo estarían por mucho más tiempo. El guardia ya se inclinaba sobre uno de ellos. El segundo permanecía tirado cerca de la mesa volcada.
—Tú carga con ese —le dijo el guardia a Orión—. Tenemos que salir... ja... salir de aquí... jaja...
La risa del guardia no sonó natural.
Fue corta, tensa, ahogada por el humo. Una risa que no pertenecía a la situación. Luego tosió, se cubrió mejor la boca y volvió a intentar levantar al oficinista, pero el detalle ya estaba allí. El olor dulzón se había vuelto más pesado. No solo estaba en la oficina. También se arrastraba por el pasillo, subía con el humo hacia el segundo piso y salía al exterior pegado a las telas, a las cuerdas, a la madera quemada y a los restos chamuscados que los Akizu habían retirado.
Afuera, Mizuki seguía coordinando gritos, cubos, civiles y heridos, pero ahora había algo más en su rostro. La certeza incómoda de que el incendio no solo estaba creciendo. Alguien lo había ayudado a nacer. El mercado seguía ardiendo. La familia del segundo piso seguía atrapada. Los oficinistas ya estaban al alcance, pero aún no fuera de peligro.
Entonces, por un instante, para todos el humo pareció moverse de una forma extraña.
El aroma dulce, húmedo y terroso del Waraitake se mezcló con el calor del incendio y empezó a colarse en los pulmones de todos los que llevaban demasiado tiempo cerca dentro del almacén. Las voces sonaron un poco más lejanas. Las llamas parecieron estirarse en formas imposibles. El crujido de la madera tuvo algo parecido a una risa. Ja... ja...

OFF
Orión ha logrado abrir la puerta de hierro. Dentro hay dos oficinistas afectados por el humo. Uno está siendo atendido por el guardia. El otro sigue en el suelo, cerca de una mesa volcada. Orión puede ayudar a sacar al segundo oficinista sin tirada si se limita a cargarlo y retirarlo por el camino abierto. Pero sí deberá superar primero la tirada contra los efectos del Waraitake.
Hayato ha creado un puente de hielo hacia el segundo piso y ha localizado a la familia atrapada: una figura adulta y dos pequeñas. La ruta existe, pero sigue siendo peligrosa por el humo, el fuego y la inestabilidad del suelo.
Sayuri y Ryudan están en posición para ayudar a Hayato con la familia del segundo piso. Deben ir con él si quieren evacuar a los tres civiles de forma segura. Si los tres colaboran, no necesitarán tirada adicional para cargar a la familia, pero sí deberán superar primero la tirada contra los efectos del Waraitake.
Akizu y Yabei han evitado el desastre de los barriles, retiraron material inflamable y sacaron muestras de los envoltorios y hongos chamuscados. Mizuki les ordena asegurar la carga y luego volver con ella para explicar exactamente dónde encontraron los indicios.
Brolk no ha posteado esta ronda.

Orión, Sayuri, Hayato y Ryudan Brolk deben ir al canal mecha-naruto-bot y usar el comando /roll 1d10 para resistir los efectos de la droga. Si sacan 5 o más, mantienen la claridad y pueden actuar con normalidad. Si sacan menos de 5, comenzarán a sufrir efectos leves de alucinación, risa involuntaria, confusión sensorial o percepción alterada del entorno. No se puede sumar ningún modificador a esta tirada. Gracias y besis.
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