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[Autonarrada D] Cuchillos entre Pescados
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
26-06-2026, 05:19 PM
La misión empezó como muchas otras: con un encargo tan simple que cualquiera habría pensado que era una pérdida de tiempo. Me presenté en el punto de reunión a primera hora de la mañana, donde un funcionario me entregó un informe breve y una descripción bastante escasa de la situación. Durante las últimas semanas, un grupo de jóvenes estaba causando problemas en distintos puestos del mercado. Robaban mercancía, intimidaban a los comerciantes y desaparecían antes de que la guardia pudiera atraparlos. No eran shinobi entrenados, pero sí lo bastante organizados como para aprovechar el bullicio del mercado y escapar por los callejones antes de que nadie pudiera reaccionar.

— Si esto les está costando tanto... es porque han sido demasiado blandos.

El mercado ya estaba completamente despierto cuando llegué. Los puestos se extendían a ambos lados de las calles, cubiertos por toldos de distintos colores que apenas conseguían ocultar la humedad que corroía la madera de sus estructuras. El aire olía a pescado, especias y leña mojada, mientras decenas de personas iban y venían cargando cajas, discutiendo precios o simplemente intentando ganarse el día. A primera vista parecía un lugar normal, pero bastaba detenerse unos minutos para notar la tensión. Algunos comerciantes miraban constantemente por encima del hombro y otros mantenían las mercancías más valiosas demasiado cerca de ellos. No hacía falta preguntar mucho para entender que el problema era real.

Recorrí varias calles sin decir una palabra, limitándome a observar. No buscaba a alguien que pareciera culpable; buscaba patrones. Había demasiada gente pendiente de su propio trabajo como para fijarse en pequeños detalles, pero precisamente por eso resultaba sencillo detectar a quienes hacían lo contrario. Tardé cerca de media hora en encontrar el primero. Era un muchacho que aparentaba mi edad o algo menos. Fingía caminar sin rumbo mientras lanzaba miradas rápidas hacia los puestos y hacía pequeñas señales con la mano que casi nadie parecía notar. No iba solo, ya que poco después identifiqué a otros cuatro repartidos entre la multitud, moviéndose con una coordinación demasiado evidente para ser casualidad.

Así que eran cinco.

Esperé, no tenía sentido intervenir antes de tiempo. Los seguí durante varios minutos hasta que uno de ellos aprovechó un descuido para meter la mano bajo el mostrador de un comerciante y desaparecer con una pequeña bolsa antes de echar a correr. Los demás hicieron exactamente lo mismo en distintas direcciones, obligando a los tenderos a decidir a quién perseguir. Era un truco bastante simple y precisamente por eso funcionaba.

Me impulsé rápidamente con las piernas y atravesé la multitud sin perderlos de vista. No tardé en alcanzar al que llevaba la bolsa robada, y cuando notó mi presencia intentó girar por un callejón estrecho, pero ya era tarde. Lancé un kunai, sin buscar herirlo, solo intimidarlo. El arma pasó rozando su costado y terminó clavándose contra la pared justo delante de él, obligándolo a detenerse por puro reflejo. Antes de que pudiera reaccionar terminé de acortar la distancia y le lancé un puñetazo directo al estómago. El aire abandonó sus pulmones de golpe mientras se doblaba sobre sí mismo, y aproveché el momento para sujetarlo del cuello de la ropa y lanzarlo contra el suelo.

— Levántate. Quiero ver si todo ese valor era solo para robar a los ancianos.

Ni siquiera respondió. Poco después, los otros cuatro aparecieron casi al instante. Habían vuelto al escuchar el golpe y, por la forma en que empezaron a rodearme, quedaba claro que no pensaban abandonar a su compañero. Uno sacó un cuchillo corto; otro levantó una barra metálica oxidada. Los demás simplemente cerraron el círculo.

Suspiré—. Cinco contra uno... y aun así necesitáis armas. Bastante decepcionante.

El primero cargó sin pensar demasiado. Esperé hasta el último instante antes de desviar su brazo con el antebrazo izquierdo y responder con un codazo seco bajo la mandíbula. El impacto lo hizo trastabillar y, aprovechando el hueco que había dejado, lancé dos shuriken casi al mismo tiempo. Ninguno iba dirigido a un punto vital; uno golpeó la mano del que sujetaba la barra y el otro se clavó en el suelo justo delante del tercero, obligándolo a frenar de golpe.

No les di tiempo para reorganizarse. Arranqué de un tirón el kunai que había clavado en la pared y me lancé contra ellos antes de que recuperaran la iniciativa. El arma describía movimientos cortos y precisos, obligándolos a retroceder más por miedo que por otra cosa. Cada vez que alguno intentaba acercarse, la hoja aparecía delante de su rostro o golpeaba el arma que llevaba, rompiendo su ritmo. Mientras tanto, mis piernas seguían trabajando sin descanso, alternando rodillazos, patadas bajas y puñetazos rápidos que terminaban empujándolos unos contra otros.

Aun así, seguían insistiendo. Eran peores de lo que esperaba, y también bastante tercos. Uno consiguió lanzarse sobre mi espalda mientras otro intentaba sujetarme por el frente. Chasqueé la lengua con evidente fastidio—. Qué pesados...

El chakra comenzó a recorrer mi cuerpo mientras avanzaba un paso hacia delante. Sentí cómo ascendía hasta mis ojos y, al activarlo de forma consciente, el mundo cambió delante de mí. El azul apagado de mis iris se transformó en un intenso tono eléctrico y, al mismo tiempo, las pupilas adoptaron la forma característica de una flecha. El Aokigan volvió a despertar. El instante siguiente desaparecí de su lado impulsándome mediante una explosión de niebla. Mi cuerpo recorrió varios metros en un abrir y cerrar de ojos, dejando tras de mí una densa estela blanquecina que ocultó completamente mi posición.

— ¿Dónde...? —Ni siquiera terminaron la frase.

Mientras seguían buscando entre la niebla, concentré chakra de nuevo y el terreno cedió bajo mis pies como si la tierra fuera agua, tragándome por completo dejando un agujero y generando una ligera vibración. El silencio duró apenas unos segundos y aparecí detrás del primero. Mi brazo salió junto conmigo y el golpe descendió con precisión sobre la base de su nuca. Cayó inconsciente antes incluso de entender qué había ocurrido. Volví a hundirme bajo tierra, y entonces el segundo apenas tuvo tiempo de girarse cuando emergí detrás de él. Otro golpe seco resonó entre la niebla y el cuerpo se desplomó.

Repetí el mismo movimiento una tercera vez, luego una cuarta y finalmente una quinta. Cada aparición duraba apenas un par de segundos; suficiente para descargar un golpe limpio y desaparecer antes de que el siguiente pudiera reaccionar. Cuando la niebla terminó de disiparse, los cinco muchachos estaban tendidos sobre el suelo, completamente inconscientes.

Los observé durante unos pocos segundos. Era ridículo, habían provocado problemas durante semanas y no habían sido capaces de adaptarse cuando alguien les plantó cara de verdad. Me agaché para recoger las bolsas robadas y las dejé sobre un pequeño carro de mercancías antes de dirigirme hacia el mercado con los cinco delincuentes inmovilizados. Los comerciantes empezaron a salir de sus puestos al reconocerlos; algunos sonrieron con evidente alivio, otros simplemente recuperaron sus pertenencias sin decir demasiado.

Mientras entregaba a los muchachos a los agentes encargados de recogerlos, no pude evitar pensar en lo mismo que llevaba creyendo desde hacía años. La mayoría de los problemas existían porque nadie estaba dispuesto a imponer consecuencias de verdad. Se hablaba demasiado de comprensión, de segundas oportunidades y de esperar a que la gente cambiara por iniciativa propia, pero la realidad rara vez funcionaba así. Quien descubría que podía actuar sin pagar un precio siempre terminaba empujando un poco más los límites.

La fuerza no servía únicamente para vencer enemigos, también existía para recordar a los demás que había líneas que no podían cruzarse. Y, si algún día Kirigakure quería convertirse en una aldea que nadie se atreviera siquiera a desafiar, tendría que entender esa diferencia.
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Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
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Sigilo9
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26-06-2026, 11:03 PM
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