21-06-2026, 06:22 AM
Última modificación: 21-06-2026, 06:23 AM por Koga.
Uno de los pequeños restaurantes de ramen destacaba por un detalle extraño en la zona comercial de Kirigakure: Sus puertas permanecían cerradas pese a la hora, las cortinas habían sido apartadas con evidente premura y el cartel que anunciaba que el local estaba abierto había desaparecido de la entrada. Apenas Yukine y Kyuso llegaron al establecimiento, la puerta se abrió de golpe y el propietario apareció desde el interior. El hombre apenas se detuvo a recibirlos antes de girarse y señalar con insistencia hacia una puerta al fondo del local.
— ¡La cocina! ¡Están ahí dentro!
El restaurante estaba completamente vacío. Las mesas habían sido despejadas y ningún empleado se veía por ninguna parte. El ambiente entero parecía suspendido en una inquieta espera. El dueño se pasó una mano por el rostro, visiblemente alterado.
— No sé de dónde salieron. ¡Lo juro! Ayer vi un par y pensé que habían entrado por alguna rendija, pero esta mañana... esta mañana estaban por todas partes. —Señaló nuevamente hacia la cocina.— Entre los sacos de harina, detrás de los barriles, debajo de las estanterías... ¡Por todos lados! Y algunos clientes las vieron. Si empiezan a correr rumores de que mi restaurante está lleno de ratas, estoy acabado.
Con un gesto casi suplicante, volvió a mirar a los dos jóvenes shinobi.
— Tienen que sacarlas de aquí. A todas. No me importa cómo lo hagan. —Entonces levantó un dedo, como si acabara de recordar algo importante.— ¡Pero no destrocen el local! No tiren las paredes, no rompan las mesas y, por favor, no incendien nada. Solo... solo desháganse de ellas.
Del otro lado de la puerta de la cocina llegó un leve rasguño, seguido por un chillido agudo y el sonido de algo pequeño cayendo al suelo. El propietario tragó saliva.
— ¿Escuchan eso? Hay muchísimas... muchísimas más de las que debería haber.
La puerta permanecía cerrada, pero los pequeños sonidos que provenían de detrás de ella dejaban claro que aquello estaba lejos de tratarse de un simple roedor perdido. Algo se movía en la cocina, y parecía hacerlo por decenas.
— ¡La cocina! ¡Están ahí dentro!
El restaurante estaba completamente vacío. Las mesas habían sido despejadas y ningún empleado se veía por ninguna parte. El ambiente entero parecía suspendido en una inquieta espera. El dueño se pasó una mano por el rostro, visiblemente alterado.
— No sé de dónde salieron. ¡Lo juro! Ayer vi un par y pensé que habían entrado por alguna rendija, pero esta mañana... esta mañana estaban por todas partes. —Señaló nuevamente hacia la cocina.— Entre los sacos de harina, detrás de los barriles, debajo de las estanterías... ¡Por todos lados! Y algunos clientes las vieron. Si empiezan a correr rumores de que mi restaurante está lleno de ratas, estoy acabado.
Con un gesto casi suplicante, volvió a mirar a los dos jóvenes shinobi.
— Tienen que sacarlas de aquí. A todas. No me importa cómo lo hagan. —Entonces levantó un dedo, como si acabara de recordar algo importante.— ¡Pero no destrocen el local! No tiren las paredes, no rompan las mesas y, por favor, no incendien nada. Solo... solo desháganse de ellas.
Del otro lado de la puerta de la cocina llegó un leve rasguño, seguido por un chillido agudo y el sonido de algo pequeño cayendo al suelo. El propietario tragó saliva.
— ¿Escuchan eso? Hay muchísimas... muchísimas más de las que debería haber.
La puerta permanecía cerrada, pero los pequeños sonidos que provenían de detrás de ella dejaban claro que aquello estaba lejos de tratarse de un simple roedor perdido. Algo se movía en la cocina, y parecía hacerlo por decenas.
![[Imagen: AhAOZ2C.png]](https://i.imgur.com/AhAOZ2C.png)
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