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  ›   [Evento] [Side Quest] — El Gran Desfile de las Hojas
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[Side Quest] — El Gran Desfile de las Hojas
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
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23-06-2026, 08:44 PM
Última modificación: 23-06-2026, 08:51 PM por Narrador General.
[Side Quest] — El Gran Desfile de las Hojas

Año: 150
Lugar: Konoha
Hora: 8:00am

[Imagen: c6eec687-a7c0-4e3a-8918-9bbbbb2cb815.png]

A las 8:00 de la mañana, las afueras del Edificio Kage ya estaban llenas de ruido, color y movimiento. Desde temprano habían cerrado el paso frente al edificio, con guardias acomodando cuerdas, comerciantes gritando instrucciones y familias enteras buscando buen lugar en las aceras antes de que arrancara el desfile. La ruta estaba clara: salir desde el oeste, tomar la avenida ancha frente al corazón administrativo de la aldea y cruzar Konoha en línea recta hacia el este, atravesando esa vena principal que partía la aldea de lado a lado. No era un día cualquiera. Era el Día de Konoha, y se notaba en cada techo decorado, en cada ventana abierta y en cada niño subido sobre los hombros de su padre para ver mejor. Las primeras carrozas avanzaron despacio, pesadas, adornadas con flores frescas, ramas trenzadas, cintas de colores y emblemas de clan pintados con cuidado. No había prisa. El desfile tenía ese ritmo de celebración grande, de evento que todos querían saborear desde el primer tambor hasta la última rueda.

Cada clan había puesto algo suyo sobre una carreta. Los Sarutobi llevaban una carroza sobria, con madera oscura, fuego simbólico y flores rojas bien ordenadas, seria pero elegante, de esas que no necesitaban exagerar para llamar la atención. Los Senju venían con una carreta cubierta de verde, flores blancas y ramas vivas sujetas a los bordes, mientras algunos vecinos aplaudían más fuerte al verla pasar, recordando que buena parte de la infraestructura y las barreras de la aldea tenían historia ligada a ellos. Los Uchiha habían montado una carroza más pulida, con detalles negros y rojos, faroles apagados por la luz de la mañana y un diseño limpio que parecía preparado hasta en el último clavo. Los Hyuga pasaron con flores pálidas y telas claras que ondeaban suave con el movimiento. Los Nara, Yamanaka y Akimichi iban juntos en una sección más cálida, llena de comida, arreglos florales y pequeños mensajes de unidad; la gente los recibía con sonrisas porque esa alianza ya tenía peso en la memoria de la aldea. Más atrás se escuchaban tambores, flautas y palmas desde las carrozas de negocios: panaderías, tiendas de dangos, librerías, puestos de ramen, vendedores del mercado y artesanos que habían decorado sus carretas con lo mejor que tenían a mano.

La avenida se fue llenando por ambos lados mientras el desfile avanzaba hacia el este. La gente miraba desde las aceras, desde balcones, desde esquinas apretadas donde apenas cabían dos personas. Algunos ninjas de guardia caminaban al borde de la ruta sin romper el ambiente, atentos a cualquier empujón raro o movimiento fuera de lugar, porque Konoha celebraba, sí, pero nunca dejaba de vigilar. Desde el Cuartel Yamanaka, más de uno sabía que la red sensorial seguía despierta, sosteniendo ese pulso invisible de seguridad que permitía que la fiesta respirara tranquila. La música iba cambiando con cada tramo: primero tambores formales cerca del Edificio Kage, luego melodías más alegres al pasar frente a las calles comerciales, después voces de niños cantando cuando las carrozas se acercaban a los barrios del este. Flores caían al suelo y quedaban aplastadas bajo las ruedas, dejando manchas de color sobre la calle. El olor a comida caliente se mezclaba con perfume de pétalos, polvo levantado y madera recién barnizada. Por una mañana, la aldea entera parecía caminar en la misma dirección, orgullosa de seguir en pie, de estar unida y de poder celebrar su nombre sin bajar la mirada. 


Código:
Requisitos: Ninguno
Frecuencia: Se posteará 1 vez cada 48 horas o cada vez que todos los usuarios hayan posteado.
Recompensa: Solo para quienes participen en todas las rondas.
No se puede unir al Sidequest luego de finalizada la primera ronda
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Koga
Rango Genin
Clan Nara
Nivel 9
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23-06-2026, 09:08 PM
Koga se había mantenido lejos de las primeras filas desde el principio. No había sido difícil perderse entre la multitud aquella mañana, las calles estaban tan llenas de vida que incluso alguien acostumbrado a los bosques y al silencio podía caminar entre la gente sin llamar demasiado la atención. Permanecía cerca de la avenida principal, aunque nunca lo suficiente como para quedar atrapado entre los hombros y las risas de las familias que se apretaban contra las cuerdas de seguridad. Avanzaba despacio, siguiendo el mismo ritmo del desfile, como una sombra que acompañaba la celebración sin formar parte de ella. Sus ojos recorrían cada detalle, viendo como las carrozas pasaban una tras otra, y él las observaba con la misma atención con la que estudiaría un terreno desconocido. Los adornos de los Sarutobi, las flores de los Senju, la pulcritud casi impecable de la carreta Uchiha. Todo aquello era familiar y, al mismo tiempo, extraño. Era la aldea que conocía, pero vista desde otro ángulo, despojada por unas horas de misiones, entrenamientos y preocupaciones.

Un niño pasó corriendo delante de él, sosteniendo un pequeño molino de viento de papel. La madre lo alcanzó enseguida, riendo mientras le acomodaba la ropa. Más adelante, un anciano intentaba vender brochetas dulces a cualquiera que se detuviera el tiempo suficiente para escucharlo. Un grupo de genin señalaba las carrozas con entusiasmo, discutiendo entre ellos cuál era la mejor, y él... él se limitaba a observar.

De vez en cuando avanzaba unos pasos para no perder de vista el desfile, manteniendo siempre una distancia prudente de las carretas y de quienes las acompañaban. Lo bastante cerca para escuchar la música y el crujir de las ruedas sobre la piedra; lo bastante lejos para no verse arrastrado por la corriente de personas. No estaba asignado a vigilar el perimetro, entonces... ¿Por qué no estaba con su clan? Había algo en él que lo había detenido, momentos antes, excusandose de cualquier cosa y de cualquier aparento de situación social para distanciarse y socializar con otras personas en vez de eso.

Solo como un habitante más de Konoha.

Resumen
Koga se mantiene a una distancia de los carros, lejos de su familia, también, caminando entre la gente.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
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23-06-2026, 09:26 PM
El día de Konoha había comenzado temprano. Demasiado ruido. Demasiado color. Demasiada gente reunida en un mismo lugar con la absurda confianza de quien cree que una cuerda extendida entre dos postes basta para separar la celebración del desastre.

Kyōraku Senju permanecía sentado sobre un techo al costado de la avenida principal, una pierna colgando al vacío y la otra flexionada sobre el borde, con el antebrazo reposando sobre la rodilla y el mentón apoyado sobre este.

Estaba ligeramente apartado de la gran multitud de espectadores. No le disgustaba el festival. Simplemente no quería mezclarse con la multitud. No deseaba confundirse con la euforia común ni entregarse a los placeres vulgares del gentío.

No había elegido el lugar solo por comodidad, sino por visibilidad. Desde allí podía observar el avance de las carrozas, las azoteas cercanas, los balcones abiertos y los pequeños huecos que se formaban entre la multitud cada vez que alguien intentaba ganar mejor posición. Desde aquella altura, la avenida principal parecía un rio vivo de colores, de alegría y sonidos.

Kyōraku no llevaba expresión festiva. Tampoco hostil. Solo aquella calma fría que parecía volverlo ajeno incluso al ruido de los tambores.

A pesar de todo, el día era agradable, cálido sin ser invasivo. Las voces se mezclaban unas con otras hasta volver difícil reconocer palabras formadas o si quiera distinguir los temas de conversación.

Las primeras carrozas pasaron frente a su posición con lentitud ceremonial. Flores, cintas, madera barnizada, emblemas de clan. La aldea entera parecía haberse vestido con la intención de recordarse a si misma que seguía en pie.

Kyōraku no aplaudió. Sus ojos siguieron la carroza Sarutobi durante un instante, luego se movieron hacia los guardias apostados en los bordes de la ruta. Correctos, Atentos. Disciplinados.

Después llegó la carroza Senju. Verde, blanca, viva. Ramas sujetas a los bordes. Flores claras. Aplausos mas fuertes desde algunos sectores de la avenida. Vecinos sonriendo con esa gratitud fácil que convertía la historia en decoración.

Kyōraku mantuvo la mirada sobre la carreta, las ramas trenzadas se mecían suavemente con el movimiento de las ruedas. Por un instante no vio una carroza. Sintió orgullo y también rechazo. El nombre Senju segua siendo grande. Antiguo. Fundacional. Un nombre que obligaba a mirar hacia arriba incluso a quienes no entendían del todo el peso de su historia.

Pero en su mejoría, ese mismo nombre estaba atado a otra imagen. Su padre. Su caída. La transgresión absurda de los límites de la naturaleza.

Su mayor decepción no era cargar con aquel apellido. Era que una parte de ese nombre aún pudiera conducir hasta él. Hasta ese hombre. Hasta la ruina privada de una rama que había perdido su grandeza.

Sus dedos se cerraron apenas bajo la manga. Solo un instante. Luego la emoción desapareció de su rostro con la misma severidad con la que había surgido.
Exhaló en un suspiro profundo, buscando nuevamente la paz fría del control.

El desfile continuó.

Niños cantaban desde algún punto al este. Comerciantes ofrecían comida caliente. Flores caían al suelo y eran aplastadas por las ruedas, dejando manchas de colores sobre la calle.

Kyōraku apartó la mirada de la carroza Senju y volvió a observar la multitud. Una celebración no anulaba el deber. Solo lo hacía más difícil de ver. Sus ojos recorrieron los techos, los balcones, las esquinas. Las manos demasiado ocultas entre mangas. Los movimientos que no seguían el ritmo del desfile.

<<Mucha gente concentrada en un mismo punto siempre será mala idea… >>
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yokubari
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 17
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23-06-2026, 09:29 PM
Su apartamento quedaba en el tercer piso de un edificio viejo, justo entre el Puesto de Ramen y la Tienda de Dulces, en una de esas partes de la calle principal donde el ruido subía entero por las ventanas aunque uno no quisiera escucharlo. Ben estaba junto a la ventana abierta, sin camisa, con la piel marcada por cicatrices viejas y golpes que nunca habían terminado de curar del todo. En una mano sostenía una botella medio vacía  de licor seco y barato en el sabor aunque no en el precio. En la otra, un puro encendido que dejaba una línea espesa de humo subiendo hacia el techo. 

Miró a lo lejos la carroza Senju, cubierta de ramas, flores blancas y verde por todos lados. Ben soltó una bocanada lenta por la nariz y mantuvo los ojos fijos en aquella carreta. Era su clan, sí. Su sangre, su apellido, y en teoría su historia metida en flores y adornos para que el pueblo la mirara con cariño. Pero él nunca había sentido esa pertenencia limpia que otros parecían cargar con tanta facilidad. Para él, el apellido Senju no significaba nada más que un nombre más que poner en los papeles del banco. Levantó la botella y bebió directo, sin hacer gesto aunque el licor le quemó la garganta. Abajo, algunos vecinos seguían aplaudiendo. Arriba, en el tercer piso, Ben apretó el puro entre los dedos y dejó que la ceniza cayera sobre el marco de la ventana. La celebración se veía bonita desde lejos

Cuando pasaron las carrozas de negocios, los tambores se mezclaron con el olor del ramen caliente y el azúcar de los dulces recién preparados. La calle parecía viva de verdad. Ben apoyó el hombro contra la pared, mirando hacia abajo con expresión dura. Vio a un grupo de genin reírse cerca de la cuerda de seguridad, vio a una familia acomodarse para tomar mejor vista, vio a los guardias mover a un par de curiosos que se habían acercado demasiado. Todo seguía avanzando hacia el este. Él dio otra calada al puro y bajó la mirada un segundo hacia la cadena que llevaba colgada al cuello, donde el anillo de su esposa descansaba contra su pecho desnudo. Luego volvió a mirar el desfile, tragó otro poco de licor y murmuró con voz ronca, apenas para él mismo: —Mierda de día bonito...—. Y se quedó en la ventana sin formar parte de nada, viendo a Konoha celebrar desde arriba mientras el humo del puro se le quedaba pegado al rostro.
[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
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23-06-2026, 10:51 PM
El Día de Konoha llegó con esa energía especial que solo un festival así podía traer. Raizen lo sintió desde temprano, viendo cómo su madre se sumaba al grupo de mujeres del clan para ayudar con los preparativos, mientras su padre también se ponía al servicio de la organización. Los dos se fueron de casa antes del amanecer, dejando a Raizen con la tarea sencilla de aparecer un poco más tarde. Ya había arreglado con Mayura encontrarse en el festival, y de paso, tenía pensado hacer algunas compras de esas que después terminaban costándole caro. Salió de su casa y llegó al festival entre la multitud y los puestos que ya cubrían cada esquina. Vestía un kimono blanco con detalles en bordó, un estilo que le gustaba particularmente y sobre el cual esperaba la opinión sincera de su mejor amigo.

— ¿Dónde estarán mis hermanos y Mayu? Bueno, mejor hago algo... ya tengo hambre.

Apenas terminó la frase, Amaru soltó un quejido desde su hombro, seguido por el ruido inconfundible de su panza reclamando comida. El gordito había vuelto a tener hambre, otra vez, y aunque normalmente eso le sacaba algún reproche a Raizen, hoy el ánimo era distinto. Día de festival, día de gastar sin pensar demasiado.
Se sumó a la fila de un puesto que tenía bastante gente esperando, y cuando finalmente llegó su turno, pidió dos bandejas de media docena de takoyaki. Pagó con las últimas monedas que le quedaban de su última misión, esas mismas que había usado para saldar parte de su deuda. Gastador compulsivo de nacimiento, hoy sentía que tenía vía libre para serlo sin culpa. Caminó entre los pasillos llenos de gente, rodeado de gritos, risas y carrozas decoradas con estilos tan distintos entre sí que costaba no quedarse mirando cada una.

— Mi mamá hizo un buen trabajo. La amo — comentó con la boca llena, mientras Amaru asentía con uno de los takoyaki también en la boca, sin que le importara demasiado de dónde había salido la comida con tal de que siguiera llegando.

Sus ojos iban de un lado a otro buscando a Mayura entre la multitud, hasta que se detuvieron en alguien conocido. Koga Nara, parado a unos veinte metros, con esa postura suya tan reconocible incluso entre tanta gente. Raizen sonrió de inmediato y empezó a gritar su nombre antes de terminar de acercarse.

— ¡Nara! ¡Nara!

Llegó hasta él con la misma energía con la que llevaba todo el día, esa que el festival solo terminaba de encender más.

— ¡Qué hacés acá! ¿Apoyando a tu clan? Todavía no vi la mía, pero seguro mi mamá hizo un trabajo increíble.

Amaru asintió de nuevo, completamente ajeno a la conversación, más concentrado en el takoyaki que en cualquier otra cosa.

— Ando esperando a mi mejor amigo. ¿Vos estás esperando a alguien?

Vestimenta de Raizen
[Imagen: content.png?ex=6a3c5e98&is=6a3b0d18&hm=6...height=828]


Resumen: Raizen llega en conjunto con Amaru y compra takoyakis para compartir con Mayura. Mientras él lo espera, lo vió a Koga Nara y lo fue a saludar.
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
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Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
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23-06-2026, 10:57 PM
Yugen se preparaba en su casa para el Desfile de las Hojas, un evento de gran celebración en el que los clanes de la aldea se unían para ofrecer un día de gozo y felicidad para los demás. Aquél día los Sarutobi también tomaban parte de aquél evento como uno de los clanes principales, lo que comprometía a sus miembros a asistir al lugar del evento.
 
La familia Hakuen del clan Sarutobi también se había propuesto ir al desfile, vistiendo aquellas ropas caras de colores blanco y negro con símbolos de la llama blanca. A pesar de que Yugen se preparaba para el evento este no sabía si sus hermanos se les unirían, pues todo lo que sabía era que Khira seguía enfermo y que los otros dos podían estar ocupados en una misión.
 
— Un evento así es perfecto para aprender de los demás clanes. Me pregunto si estos piensan lo mismo. —

El Sarutobi preparaba sus herramientas y armas shinobi, ocultandolas en lugares entre su kimono. Este finalmente contaba con sus chakura to, unas nudilleras kunai especiales con las que podía canalizar su jutsu especial al máximo, ofreciendo habilidades en el combate que pocos clanes eran capaces de ofrecer.
 
Una vez fuera de la propiedad, Yugen caminaría junto a su familia hacia el principio del evento, admirando como la carroza de los Sarutobi era la primera en lucir sus colores y símbolos del clan. Era todo un orgullo estar ahí, presenciando el resultado de una unión ocurrida décadas atrás. 
 
— Mucha seguridad... Será que el sistema de vigilancia lo tiene tan difícil para prevenir un ataque desde adentro? —
  
Yugen tampoco lo encontraba muy raro, pero este también era un shinobi, tomándose aquella seguridad como parte de su trabajo. Yugen vería como otros shinobis harían lo mismo, empezando a caminar entre la gente que asistía al desfile.

Resumen
Yugen prepara sus armas y herramientas para asistir al desfile con su familia, vistiendo kimonos caros de colores negro y blanco. Este empezaría a caminar entre la gente del evento, copiando a varios otros shinobis.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
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24-06-2026, 02:40 PM
Normalmente, a Mayura le encantaría ser el centro de atención. Le encantaba utilizar su encanto y astucia para sacar el mejor provecho de la situación. ¿Pero por qué no estaba en la carroza Hyuga a pesar de ser parte de la línea directa para la herencia? Sencillo, estar en la carroza venía con reglas y tradiciones impuestas que no pretendía seguir, entre ellas utilizar ropa “más acorde con la situación” o al menos así le dijo su madre.

Esta mañana se había escapado de casa, pretendía saltarse el desfile y juntarse con Raizen para disfrutarlo desde el público. Hoy le tocaría ser espectador y no protagonista. Se alistó con más prendas y accesorios que de costumbre, el día del festival siempre contagiaba adrenalina y positivismo, era como si toda la aldea fuera una gran familia, como si se olvidaran disputas internas como las de un hijo que probablemente perecería esa noche a manos de su madre por escapar de la caravana.

Hoy era un día para relajarse y ser feliz. Mayura ni siquiera portaba su bandana ninja consigo, al menos no a la vista pues no cuadraba con su atuendo. Se escabulló entre la multitud para mantenerse en primera fila y seguir la caravana desde la salida hasta el final. Todo era precioso como para perderse algún detalle, aunque claro él se guardaba sus opiniones para sí mismo como las mejoras que pudo haber tenido la caravana Hyuga con las decoraciones y plumas de pavo real que sugirió antes de que le sermonearan con lo importante que era mantener las tradiciones.

Mientras bajaba entre la multitud, al ritmo de la caravana, pudo distinguir a lo lejos a Raizen con Amaru y Koga. Por supuesto, su vista era tan buena como para ver a esa distancia lo que Amaru se llevaba a la boca. — ¡Takoyakissss! — Exclamó emocionado corriendo hacia Raizen y saltándole desde un costado para darle un abrazo. Claro, Mayura tenía hambre, al momento de escapar y cambiar sus vestimentas comunes dejó en casa cosas que solía llevar en el mismo bolsillo como su monedero y porta-kunais. Al llegar, les sonreiría a los tres y trataría de forzar a Raizen con abrazos y súplicas. — Takoyakis, takoyakis… — se mantendría cantando al ritmo de la caravana hasta que le callaran con un takoyaki en la boca.

Resumen

Mayura escapa de su madre para no participar en la caravana.
Se acerca a Raizen, Amaru y Koga con su habitual escándalo.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
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24-06-2026, 04:42 PM
Fue así como entonces la chica salió de la forma más sigilosa y discreta posible de su hogar. Ella lo sabía, lo sabía, lo sabía… de verdad que lo sabía, a su padre jamás le había gustado mucho la idea de que ella, su única hija y a la vez su única heredera, fuese una shinobi más de la aldea de la Hoja, y es que él era de la férrea idea de que ser una Kurai y una kunoichi a la vez, era algo completa y absolutamente incompatible. Sin embargo, la joven sentía que en lo único que ella realmente podía en serio destacar, era precisamente perfeccionarse como shinobi, en vista que, al menos en las actividades exigidas por las señoritas hijas de familias nobiliarias, pues ella era era un auténtico y rotundo fracaso. ¿Cómo es que la joven podía destacar en cosas cómo era dibujar, bordar o tocar un instrumento apropiado a su rango, por decirlo de alguna forma, cuando había demostrado un claro talento al momento de ejecutar técnicas relacionadas con los jutsus? Y es que sí, ciertamente, la muchacha efectivamente había resaltado en su estancia en la Academia Ninja, antes de graduarse cómo genin, aún cuando todavía no contaba en lo absoluto con el visto bueno, con la aprobación de su familia materna, el tan respetado y afamado clan de los Uchiha. ¿Acaso había esperanza para su persona, en el sentido de que ella pudiera ser finalmente aceptada por dos familias? ¿O era eso tal vez demasiado pedir, muy difícil de conseguir?

Sea como sea, la verdad era que Ran ya a estas alturas estaba seriamente enfocada en su carrera cómo shinobi, a tal punto que ella sabía a ciencia cierta que no había vuelta atrás, aún cuando estaba plenamente consciente de que todavía su siempre tan esquivo y lejano padre, no miraba del todo con buenos ojos el camino que la muchacha había elegido para ella misma. Sin embargo, la joven estaba demasiado decidida a demostrarle a todos lo capaz que podía llegar  a ser, a pesar de que su padre se esmeraba que ella siguiera el camino habitual que todas las jóvenes Kurai hacían… o sea, preparase para ser madres, buenas esposas, y por sobre todas las cosas, preparase para dejar siempre el apellido familiar en lo alto. ¿Era que tal vez no contaba dejar el apellido en alto, si ella demostraba ser una kunoichi poderosa, y hasta eventualmente, relevante al interior de la aldea? Con todas esas preguntas vagando ruidosamente en su cabeza, y todavía haciendo que sus pasos fueran de lo más sigilosos, para así ni siquiera alertar a la servidumbre de ese magnífico palacete, la chica de alguna forma consiguió salir exitosamente bien de ahí sin que nadie se diera cuenta, y ya sintiéndose mucho, pero mucho más aliviada, continuó con su camino. Resultaba que ahora mismo se estaba celebrando ese tan famoso desfile, y la muchacha sabía a la perfección que sería el momento más adecuado, el instante más propicio, como para forjar vínculos con miembros de los clanes más poderosos del lugar. 

¿No que al vivir con los Kurai, la chica había aprendido de sobra que sin lazo, sin nexos, sin relaciones, sin alianzas, pues el camino era mucho, pero mucho más complejo? Con esa sola idea clara en su cabeza, haciendo la chica realmente todo lo posible por acallar esos ruidosos pensamientos que le decían a través de suaves murmullos que ella jamás, nunca podría finalmente lograr completar sus tan ambiciosas metas, después de un rato que se le hizo de lo más corto, llegó finalmente al lugar del desfile. Y si bien, era cierto que su familia paterna estaba invitada a ese evento, y cómo si ellos era parte de la alta nobleza y aristocracia de aquella aldea, la muchacha, para su gran, gran tranquilidad y alivio, sabía que al menos sus dos progenitores no estarían presentes, en vista que éstos se estaban preparando para una importante reunión, con una familia igual de poderosa e influyente que ellos, a la cual por ningún motivo podían faltar. Caminando ahora por esas concurridas calles, las cuales estaban tan, pero tan repletas que hasta costaba ligeramente no chocar con otras personas, de a poco, y de manera lenta y gradual, la chica consiguió mezclarse entre todo ese gentío. ¿No que, en cierta forma, ese era el objetivo principal por aquel día para la joven? Ya que sí, lo que ella estaba buscando era, precisa y justamente, era interactuar con los demás ninjas, con esas personas con las cuales Ran había asistido a la Academia, aún cuando nunca fue buena interactuando. 

¿Cómo podía ser esto de diferente forma, si tomamos en cuenta que ella al fin y al cabo había sido criada en un ambiente suma, sumamente hostil socialmente hablando, en donde no había ni espacio ni lugar para errores, sean cuales sean la naturaleza de éstos? Fue entonces cuando de un momento a otro que empezó el desfile en sí, y estando todavía Ran más que mimetizada entre todos los asistentes al evento, fue que ella posó su siempre apagada y ojerosa mirada, todo debido a su mal dormir,  hacia el frente, y tan pronto como cuando ella lo hizo, chocó de inmediato con una figura que se le hizo familiar. —¿Sarutobi-san…?—se preguntó la chica a sí misma, dudando ligeramente de la identidad de aquella persona, más que nada porque al haber tanta gente ahí, que hasta costaba un poco mirar del todo bien. Y sabiendo al mismo tiempo que no perdía nada con intentar acercarse a ese individuo, y comprobar a la vez de quién se trataba, la muchacha entonces caminó en dirección a él, aún cuando, la verdad de las cosas, él y ella no tenían una real relación, a tal punto que ni siquiera se podían definir cómo amigos… tal vez, y sólo tal vez, cómo ‘buenos conocidos’. ¿Pero no que al menos, ya que estaba ahí, tenía que hacer un intento…?—Muy buenos días—le dijo acto seguido Ran a Raizen, y fue cuando ella logró comprobar que sí, que se trataba de él—Aún no veo el carro de tu familia—añadió la muchacha. 


---
Resumen: Ran llega camuflada al evento, y al lograr distinguir a Raizen, se acerca a él.
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza6(1)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra19(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
266
314
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24-06-2026, 06:17 PM
Akira Hyuga
Lugar: Calle Principal de Konoha, durante el Desfile de las Hojas.

El peso de la seda sobre sus hombros se sentía extrañamente ajeno. Akira solía moverse en un mundo de madera húmeda, olor a salitre de los muelles y el aroma acre de la bebida barata en tabernas sin nombre; hoy, sin embargo, el mundo olía a flores frescas, incienso, aceite hirviendo de los puestos de takoyaki y a esa mezcla electrizante de multitud sudorosa y euforia contenida que solo un festival de esta magnitud podía generar.

Se ajustó el haori de seda negra, cuya tela pesada caía con una elegancia que él apenas reconocía como propia. En el pecho y la espalda, bordados en hilos de oro que destellaban con la luz del sol matutino, tigres agazapados parecían moverse cada vez que él exhalaba un suspiro o se movía entre la gente. Era un atuendo de gala, una armadura de nobleza que le quedaba como un guante, aunque su porte fuera el de un depredador que apenas disimulaba sus instintos.

La idea era simple y deliciosa: camuflaje.

Caminó entre la multitud con una distinción que obligaba a los civiles a abrirse paso instintivamente. Dos tipos de los muelles, pendencieros con los que solía compartir peleas y copas, pasaron a escasos centímetros de él, riendo a carcajadas. Lo miraron, pero no lo vieron; para ellos, él no era el tipo que partía bocas en la taberna del puerto, sino un joven señor de una familia influyente disfrutando del desfile. Akira contuvo una sonrisa cínica, levantando discretamente una pequeña petaca de metal que llevaba oculta en la manga izquierda. Un trago corto de sake fuerte, un calor seco bajando por su garganta, y el ruido ensordecedor del desfile —el retumbar de los tambores, el agudo sonido de las flautas, los gritos de los niños— se convirtió en una música de fondo casi placentera.

Sus ojos, sin embargo, no estaban en las carrozas, aunque su fachada sugiriera lo contrario. Estaban fijos en una figura familiar que se escabullía entre la muchedumbre con la misma falta de sutileza que lo caracterizaba.

Ahí estaba. Mayura.

Observarlo era un ejercicio de fascinación. Su hermano mellizo, ese espíritu inquieto que había decidido saltarse las obligaciones del clan para jugar a ser un civil cualquiera, se movía como un pez en el agua. Akira lo vigilaba desde una distancia prudente, aprovechando la masa humana como su escudo personal. Le causaba una gracia oscura verlo tan libre, tan desenfadado, tan ajeno al peso de la mirada familiar que probablemente lo estaba buscando a esas alturas.

—Vas a terminar metido en un problema serio, hermanito —murmuró para sí mismo, con la voz apenas audible bajo el estruendo de una carroza que pasaba, adornada con colores que le hacían daño a la vista.

Akira se detuvo un instante junto a un puesto de dulces, fingiendo interés en una bandeja de manju, pero sin quitarle el ojo de encima a Mayura. Se sentía de excelente humor; la festividad había logrado lo que pocas cosas conseguían: sacarlo de su rutina de sombras sin que tuviera que sacrificar su anonimato. La hipocresía del desfile le resultaba divertida. Todo era decorado, brillante, perfecto... una fachada tan impecable como la que él mismo lucía con su ropa de tigres dorados.

Vio a Mayura detenerse bruscamente, sus ojos iluminándose al divisar a sus amigos. Akira soltó un suspiro, relajando los hombros. Por ahora, el "príncipe fugitivo" estaba a salvo, entretenido con juegos y comida. Él se limitó a dar otro trago a su petaca, sintiendo el leve mareo de la bebida mezclarse con la adrenalina del acecho. No intervendría. No todavía. Si Mayura quería jugar a ser un plebeyo, Akira sería el espectador de primera fila, el guardián invisible que, bajo la máscara de la elegancia feudal, seguiría disfrutando del espectáculo desde las sombras, con la mirada puesta en su otra mitad.

—Disfruta, Mayura —susurró, con un brillo divertido en los ojos—. Mañana tendremos que pagar la cuenta, pero hoy... hoy el desfile es nuestro.

Con la elegancia de un depredador vestido de gala, Akira se fundió de nuevo en el gentío, sin ser notado, sin ser visto,aun atento a su mellizo, un tigre negro en medio de la fiesta de la Hoja.
[Imagen: JK2RddW.png]
Daeru Uchiha
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25-06-2026, 12:43 AM
Hoy era un día especial para toda la aldea, y para el Uchiha no era la excepción. La emoción no le permitió dormir demasiado. Se había levantado antes de que aparecieran los primeros rayos del sol y ya se encontraba vestido con su atuendo habitual: una camiseta negra, pantalones blancos holgados, el portaobjetos sujeto a la cintura y la banda ninja descansando sobre su frente, símbolo de que ahora era un shinobi de Konoha.

Caminó durante varios minutos hasta llegar a las inmediaciones del edificio del Hokage. Todo a su alrededor rebosaba vida. Las calles estaban decoradas con flores de distintos colores, banderines y numerosos puestos de comida y comercio. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue la enorme cantidad de personas reunidas para presenciar el desfile. Algunos incluso se empujaban entre sí para conseguir un mejor lugar desde donde observar.

Daeru prefirió mantenerse apartado. Encontró un espacio cercano a un callejón, lejos del tumulto. No tenía la mejor ubicación, pero era un lugar tranquilo y, sobre todo, seguro. Además, gracias a su aguda visión, podía observar el evento sin demasiados problemas.

Poco a poco comenzaron a aparecer los primeros carros. Cada clan exhibía con orgullo sus colores y símbolos, decorando sus estructuras con elementos representativos de su historia y tradiciones. Daeru observaba atentamente desde la distancia, siguiendo el recorrido de cada uno sin intención de acercarse más de la cuenta.

Cuando llegó el turno de los Uchiha, algo cambió. Sus ojos permanecieron fijos sobre el carro mientras avanzaba entre los aplausos de la multitud. Sintió un leve nudo formarse en la garganta. «Es mi clan...»

Sin embargo, aquella sensación de orgullo duró poco. Aunque compartía su apellido, nunca había sentido que realmente perteneciera a ellos. Desde la caída de su padre, muchos miembros del clan habían comenzado a mantener cierta distancia. Nadie lo rechazaba abiertamente, pero tampoco lo hacían sentir parte del grupo.

«Supongo que tampoco tendría sentido estar ahí arriba...» Desvió la mirada por unos segundos antes de volver a observar el desfile. No sentía envidia ni resentimiento. Solo una extraña sensación difícil de explicar, como si estuviera contemplando algo que era suyo y ajeno al mismo tiempo.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
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Uchiha Keisuke
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25-06-2026, 03:37 AM
Última modificación: 25-06-2026, 03:38 AM por Uchiha Keisuke.
Su familia prácticamente lo había obligado a salir de la casa. Que fastidio, el prefería quedarse en el cuarto escuchando música. No pasaría. Su padre cuidaba a su madre y sus hermanas estaban hyperactiva. Y aunque en un principio se le hizo divertido al jóven Uchiha, decidió aprovechar un momento de despiste de su familia para escaparse entre medio de la multitud. Necesitaba una sombra, un respiro. Suspiró y se dirigió hacia uno de los callejones no muy lejos de allí, no sin antes comprar un algodón de azúcar de color rosado. Sus vestimentas eran un kimono negro con el símbolo del clan Uchiha en la espalda.

Lamentablemente el callejón estaba ocupado por un muchacho de apariencia bastante común. Estaba entrando al mismo callejón que ya había entrado un chico callado, un tal Daeru Uchiha. Lo miró a los ojos, pero justamente empezó a pasar la carroza del clan Uchiha por al frente. Se quedó observando con orgullo la hermosa carroza, se le hizo la más hermosa de todas, los colores elegidos y la tenue luz… Keisuke hizo silencio al igual que el chico del callejón, y cuando terminó de pasar la carroza…

-¿Quieres un poco? - Extendió el algodón de azúcar hacia Daeru, mientras sacaba con la mano del otro extremo. -No es un funeral. ¿Todo bien? 

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Virtudes
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V006: Presencia Carismática
V007: Amigo de las Bestias
V015: Presencia Intimidante
V025: Voluntad Férrea
V026: Mentira Convincente
V033: Investigador
V037: Médium

Defectos
V047: Vicio
V055: Fobia I
V085: Venganza
V067: Pasado Oscuro II
V060: Alergia III
V086: Sangre Diluida
V089: Esquizofrenia
Uchiha buenazo :3

Ficha || [Registro] - Uchiha Keisuke || Cronologias del Doctor de la Muerte
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Kaito Sarutobi
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Clan Sarutobi
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25-06-2026, 05:30 AM
Última modificación: 25-06-2026, 05:31 AM por Kaito Sarutobi.
La sonrisa de Kaito fue inevitable al ver pasar la carroza de los Sarutobi, modesta entre tanto despliegue. Madera oscura, fuego simbólico, flores rojas bien ordenadas — sobria, pero con una presencia que no necesitaba gritar para hacerse notar. Conjugaba presencia y humildad, algo que otros clanes más orgullosos parecían tener más difícil de sostener al mismo tiempo.

Caminó tranquilo entre los distintos rincones del festival, que ofrecía un crisol de actividades y estímulos, cada uno más interesante que el anterior. El aroma de comida recién hecha se mezclaba con el polvo de pétalos aplastados bajo tantas pisadas, y el bullicio de tambores lejanos se transformaba, tramo a tramo, en risas de chicos y voces de vendedores anunciando sus puestos.

Las caras conocidas también eran parte del paisaje. Aunque estaba solo, no tardó en reconocer una figura familiar entre la multitud, abriéndose paso unos metros más allá: Raizen.
—¡Raizen! — llamó Kaito, alzando una mano para hacerse ver por encima de un grupo de niños que corría detrás de un vendedor de máscaras.
No esperó una respuesta inmediata; se limitó a acercarse, dejando que fuera su hermano quien decidiera cómo recibirlo. 

A su lado, dejó que la corriente de gente los empujara suavemente hacia el este, siguiendo el rumbo del desfile. Comentó algo sobre los puestos de comida que iban dejando atrás, sobre alguna misión aburrida que ambos solían recordar con la misma mueca de fastidio compartido — sin necesidad de mucho más para sentir, aunque fuera por un rato, esa cercanía simple que solo existe entre hermanos.

A lo lejos, entre la multitud, Kaito alcanzó a reconocer también a otros shinobi con los que había compartido alguna misión rutinaria — rostros que apenas merecían un gesto de cabeza a modo de saludo, sin necesidad de detenerse a conversar.

Por un rato, caminó atento a lo que el festival pudiera ofrecerle: el chisporroteo de las cajas de música mecánicas en un puesto de artesanos, los faroles apagados balanceándose sobre la carroza Uchiha, el aplauso espontáneo cuando la carreta verde de los Senju pasó frente al Edificio Kage. Era un día para mirar hacia arriba, no hacia adentro. Y, por una mañana al menos, Kaito se permitió justamente eso.
Naoe Senju
Rango Genin
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25-06-2026, 10:22 AM
Última modificación: 25-06-2026, 10:23 AM por Naoe Senju.
El crujir rítmico de los ejes de madera recién barnizada, el aroma a savia cortada mezclado con el dulzor denso de los takoyaki y el rumor ensordecedor de una muchedumbre entregada a la euforia civil componían un escenario que distaba severamente de los manuales logísticos de la fortaleza. Para Naoe, el Día de Konoha no era una invitación al desborde emocional, sino una monumental demostración de orden institucional y herencia marcial. Exactamente una semana después de haber examinado la enigmática marca triangular roja en el Aviario norte y en la base de la piedra conmemorativa, el contraste de la aldea era total. La paranoia soterrada de los mandos militares permanecía activa, camuflada tras la impenetrable red sensorial del Cuartel Yamanaka que seguro estaría haciendo horas extras, pero en la superficie, la avenida principal se había convertido en un río denso de colores que fluía imperturbable desde el oeste hacia las barriadas del este.

Para la ocasión, el de ojos claros había prescindido del chaleco táctico estándar, sustituyéndolo por un atuendo de gala civil que respetaba escrupulosamente los cánones tradicionales del clan Senju y la sobriedad que caracterizaba su porte marcial. Vestía un haori de lino de un blanco impoluto, con costuras reforzadas en los dobladillos que caían rectos y simétricos sobre sus flancos, sin una sola arruga que delatase descuido. Bajo este, un kimono cruzado de color verde pino, el tono exacto de las acículas de los cedros del bosque ancestral, se ceñía con un obi rígido de seda oscura, donde reposaba de forma estrictamente reglamentaria, y con la guarda orientada hacia el frente, su acero de esgrima. Sus guantes de lino blanco, limpios y tensos, cubrían sus manos con la parsimonia habitual, listos para cualquier despliegue dinámico pero manteniendo la etiqueta militar que dictaba su linaje. No portaba adornos superfluos; su orgullo residía en la simetría, en la pulcritud absoluta y en la severa dignidad de un apellido que otros, lamentablemente, preferían observar desde el fondo de una botella o el letargo de un tejado.

Desde su posición inicial en los márgenes de la calzada, los meticulosos ojos de Naoe evaluaron la disposición del entorno. Su mente analítica comenzó a trazar el mapa estratégico del desfile, cruzando los datos visuales para ubicar los focos de interés y a los shinobi conocidos que compartían el cuadrante:

Kyōraku Senju parecía haberse situado en la vertical superior, apostado de forma estática en uno de los tejados que flanqueaban la avenida principal. Con una pierna colgando y el mentón apoyado en la rodilla, desde ahí, observaba el avance de la carroza Senju, cubierta de ramas vivas y flores blancas, con una mezcla de orgullo y rechazo frío. Su posición elevada le otorgaba una ventaja táctica perimetral excelente, ideal para supervisar las líneas de escape o detectar anomalías en la masa humana, aunque su desconexión con la algarabía civil reflejaba las profundas fracturas internas que aún arrastraba su rama familiar.

Koga, Raizen, Mayura y Kaito a unos veinte metros más adelante, en la primera línea de la acera y rompiendo el cordón de seguridad civil, se estaba gestando un nodo de alta densidad social. Koga Nara se mantenía inicialmente a una distancia prudente de las cuerdas, observando el terreno con su habitual desgana analítica, intentando pasar desapercibido como un habitante más. Sin embargo, la disciplina del sector se vio alterada por la llegada de Raizen Sarutobi, quien vestía un vistoso kimono blanco y bordó, y avanzaba devorando takoyakis junto a su glotón compañero Amaru mientras llamaba a gritos al Nara. A este grupo se sumó de inmediato Kaito Sarutobi, aportando una cercanía fraternal más calmada, y finalmente Mayura Hyūga. El mellizo Hyūga, habiéndose escapado de los protocolos de su propio clan y vistiendo ropas civiles sin su banda ninja a la vista, se había abalanzado sobre Raizen en un efusivo abrazo al grito de "¡Takoyakissss!". El mellizo de Mayura completaba una pinza de vigilancia sumamente interesante. Ataviado con un suntuoso haori de seda negra con tigres de oro bordados, se mimetizaba perfectamente entre la aristocracia civil. Se le veía interés en un puesto de dulces mientras vigilaba a Mayura a una distancia prudente, actuando como un guardián invisible y cínico desde la masa humana, consciente de las represalias familiares que le esperarían a su hermano al caer la noche. Yugen, caminaba con el bloque oficial de la familia cerca de la cabecera del desfile, luciendo sus ropas de gala en blanco y negro con la llama blanca. Y Ran intentando forzar vínculos estratégicos con los clanes principales tras escabullirse de su palacete, se aproximaba hacia él tras confundir inicialmente su silueta.

Acomodándose el guante derecho con total parsimonia, Naoe trazó una línea de avance diagonal a través del flujo de la multitud. Su paso era pausado, limpio, esquivando con sutiles giros de cadera los empujones de los civiles que intentaban ganar la primera fila. El desorden emocional de la masa le resultaba levemente molesto, pero la presencia de sus compañeros de armas requería unificar el reporte verbal de la semana transcurrida. Al aproximarse al sector donde Mayura continuaba su rítmico cántico por comida, Naoe detuvo sus pasos a escasa distancia del grupo. Su porte aristocrático y la impecable pulcritud de su haori verde y blanco destacaron de inmediato entre la algarabía. Inclinó levemente la cabeza a modo de saludo formal, reconociendo la presencia de Koga, Kaito y los demás con una cortesía estrictamente estructurada.

—La dispersión logística de esta unidad en un entorno de alta densidad civil resulta llamativa—comentó Naoe, con su voz limpia y envuelta en esa modulación pausada que denotaba una estricta etiqueta militar—. Hyūga-san, asumo que tu ausencia en la línea de la caravana principal responde a una estrategia de reconocimiento periférico y no a un flagrante desacato de las directivas de vestimenta de tu clan.

Sus ojos claros se movieron un instante hacia Koga y luego hacia las azoteas superiores, detectando la silueta estática de Kyōraku a lo lejos antes de regresar al joven Hyūga. Había una sutil chispa de magnetismo formal en su mirada, un escrutinio meticuloso que apreciaba la audacia de Mayura pero exigía, por encima de todo, la preservación de la disciplina.

—Nara-san, Sarutobi-san —añadió, dirigiendo una mirada severa pero desprovista de hostilidad hacia las bandejas de takoyaki—. Confío en que, una vez saciado el déficit calórico de sus respectivos acompañantes, unifiquemos los sectores de observación; un shinobi de la Hoja no debería bajar la guardia, ni siquiera cuando la aldea decide decorar sus muros con ramas vivas y aplausos complacientes. Mantengamos la corrección; el festival aún requiere nuestra estricta vigilancia.

Resumen
Naoe cruza la multitud con movimientos limpios y se aproxima al grupo de Mayura, Raizen, Kaito y Koga. Con su habitual tono pausado, formal y severo, reprende ligeramente a Mayura por saltarse la etiqueta de su clan y andar sin su banda ninja. Finalmente, insta a todos a unificar sus esfuerzos de observación y no bajar la guardia, recordándoles que la seguridad de la fortaleza sigue siendo la máxima prioridad.
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Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Narrador 10
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26-06-2026, 12:19 AM
Última modificación: 26-06-2026, 12:37 AM por Narrador 10. Razón: Poner temporizador
En apariencia, el día apenas comenzaba y todo apuntaba a convertirse en una celebración digna de ser recordada durante años. La avenida principal de Konoha era un río de vida donde cientos de voces se mezclaban con el sonido constante de tambores, flautas y aplausos. Los bailarines que seguían a las carrozas ejecutaban coreografías perfectamente ensayadas, girando entre serpentinas y pétalos que el viento levantaba con suavidad antes de volver a depositarlos sobre el empedrado. Los comerciantes lanzaban pequeños obsequios a los niños, los artistas callejeros arrancaban sonrisas a los adultos con acrobacias improvisadas y el aroma de dangos recién preparados, ramen caliente y pan horneado flotaba sobre la multitud como un ingrediente más de aquella fiesta. Era un espectáculo donde parecía imposible fijar la vista en un solo lugar, pues siempre había algo nuevo ocurriendo unos metros más adelante, convirtiendo el desfile en un auténtico carnaval de maravillas que hacía olvidar, aunque solo fuera por unas horas, el peso de la vida shinobi.

Entre todas aquellas carrozas destacaba la perteneciente a la tienda de armas ninja Kuzunoha, una estructura robusta decorada con estandartes verdes y marrones, donde kunais ornamentales, shuriken de exhibición y réplicas ceremoniales relucían bajo el sol de la mañana. La carreta era arrastrada por cuatro caballos; tres de ellos eran animales veteranos, acostumbrados desde hacía años al bullicio de festivales y desfiles, capaces de mantener un paso firme sin importar los gritos de la multitud o el estruendo de la música. El cuarto, sin embargo, era mucho más joven y carecía de aquella experiencia. Desde hacía varios minutos cualquiera que prestara suficiente atención habría notado la diferencia: sus orejas permanecían inquietas, respiraba con mayor fuerza y sus cascos rompían constantemente el ritmo marcado por los otros tres, evidenciando que aquel ambiente desbordante de ruido, colores y movimiento estaba poniendo a prueba su temple. Nadie pareció darle demasiada importancia; después de todo, continuaba avanzando y el desfile no se detenía por una simple muestra de nerviosismo.

Fue entonces cuando el equipo encargado de la pirotecnia decidió anunciar el paso de las carrozas comerciales con una potente salva de petardos. El estallido resonó entre los edificios de Konoha como una cadena de pequeños truenos, arrancando exclamaciones de entusiasmo y vítores entre los asistentes, mientras decenas de niños señalaban al cielo entre risas. Sin embargo, para el joven caballo aquel sonido no fue motivo de celebración. Sus ojos se abrieron de golpe, relinchó con desesperación y se irguió sobre las patas traseras, rompiendo por completo la formación del tiro. En cuestión de segundos comenzó a tirar con violencia de las riendas, transmitiendo el pánico al resto del arnés y amenazando con arrastrar la pesada carroza fuera de la ruta establecida. Los comerciantes apenas alcanzaron a gritar órdenes contradictorias mientras varios espectadores de la primera fila retrocedían instintivamente. Si el animal conseguía zafarse o desviar la trayectoria de la carreta, no tardaría en irrumpir contra la multitud, donde cientos de ciudadanos permanecían completamente desprevenidos, disfrutando de una celebración que, en un abrir y cerrar de ojos, estaba a punto de convertirse en un verdadero desastre.


Por desgracia, el destino pareció decidir que un problema jamás llegaba solo. Justo delante de la carroza de la tienda Kuzunoha desfilaba una de las más populares de toda la celebración: la del célebre restaurante del clan Sarutobi, Chango Dango, cuya presencia despertaba vítores y sonrisas a cada metro recorrido. Decorada con enormes réplicas de dangos, faroles coloridos y estandartes que ondeaban con el viento, la carreta era acompañada por cocineros, camareros y artistas que hacían del recorrido un auténtico espectáculo culinario. Entre ellos destacaba uno de los comerciantes, un hombre de manos ágiles que, aprovechando el entusiasmo del público, realizaba un elaborado número de malabarismo utilizando una alta torre de bandejas repletas de dangos recién preparados. Con movimientos precisos lanzaba una bandeja tras otra al aire, haciéndolas girar mientras el vapor de los dulces aún escapaba de ellas y el aroma azucarado envolvía a quienes observaban fascinados desde la primera fila.

Sin embargo, el relincho desesperado del caballo sobresaltado rompió por completo su concentración. Bastó un único vistazo por encima del hombro para comprender que algo iba mal detrás de él, y ese breve instante de distracción fue suficiente para que el delicado equilibrio desapareciera. Las bandejas dejaron de seguir la trayectoria perfecta que había mantenido durante todo el espectáculo; una chocó contra otra y, en un efecto dominó imposible de detener, la torre comenzó a inclinarse peligrosamente hacia el borde de la carroza. Decenas de dangos aún humeantes amenazaban con precipitarse sobre un grupo de niños que ocupaban la primera fila, pequeños que, ajenos al peligro, observaban con ojos brillantes a su restaurante favorito esperando atrapar alguno de los dulces que normalmente lanzaban al público como parte del espectáculo. En apenas unos segundos, la celebración se había transformado en dos emergencias simultáneas: una pesada carroza desbocada avanzando sin control y una lluvia inminente de bandejas y dangos ardientes a punto de caer sobre los espectadores más indefensos del desfile.

Y como suele ocurrir en cualquier lugar donde el caos asoma la cabeza, nunca falta quien decida utilizarlo en su propio beneficio. Mientras la atención de comerciantes, guardias y ciudadanos se dividía entre el caballo desbocado y la inminente lluvia de bandejas calientes, un hombre de cabello entrecano y rostro curtido por los años comenzó a abrirse paso entre la multitud con una tranquilidad inquietante. No era un anciano, pero tampoco conservaba la juventud; tenía la apariencia de alguien completamente corriente, el tipo de persona que pasaría desapercibida en cualquier calle de Konoha. Sin embargo, sus manos se movían con una rapidez sorprendente. Aprovechando que muchos tenían la vista fija en las emergencias, deslizaba carteras, monederos y pequeñas bolsas de los cinturones o mangas de sus dueños con una habilidad casi profesional. Lo más llamativo no era su destreza, sino su descaro: no ocultaba demasiado sus movimientos ni parecía preocupado por ser descubierto. Actuaba con la confianza de quien sabía que, en medio del desorden, muy pocos apartarían la vista de los verdaderos problemas para fijarse en un simple ladrón.

Precisamente por eso, cualquiera que conservara la calma y dedicara unos segundos a observar lo que ocurría más allá de las dos emergencias principales podría descubrirlo sin demasiada dificultad. Varias víctimas ni siquiera habían notado la ausencia de sus pertenencias, mientras el hombre seguía avanzando entre los espectadores con un pequeño botín oculto bajo el brazo, buscando a su siguiente objetivo. Aquellos que decidieran intervenir tendrían dos opciones: dar aviso inmediato a Takeru Uchiha, capitán de la Guardia Interna de Konoha y responsable de mantener el orden durante el desfile, para que procediera con el arresto; o actuar por cuenta propia, interceptando al delincuente y reduciéndolo antes de entregarlo a las autoridades. Después de todo, proteger a la aldea no siempre significaba enfrentarse a grandes amenazas; a veces bastaba con impedir que alguien aprovechara la desgracia ajena para ensuciar un día que había comenzado con el propósito de celebrar la unión de todo un pueblo.

Mecanicas
 
Hola a todos los participantes de esta Sidequest que me complace llevarles, quiero que sepan que mi intención es que se diviertan y pongan a prueba sus capacidades de reaccion ante situaciones de riesgo minima como ninjas de la hoja que son. 

Mecánica #1: El caballo asustado.
Uno de los caballos que arrastra una carroza comercial se espanta por el estallido de unos petardos, ¿su trabajo? buscar la forma de calmarlo, detenerlo o sacarlo de camino sin afectar el desfile y claramente sin que haya ningun herido entre los civiles.


Mecánica #2: La torre de Dangos.
Un comerciante pierde el equilibrio y toda una estructura de bandejas comienza a caer sobre la multitud. ¿su trabajo? Evitar que esos dangos caigan sobre la multitud de niños que se encuentran viendo, evitar la perdida material del restaurante y como un plus darle uno que otro dango a los niños.


Mecánica #3: El Carterista.
Entre la multitud alguien aprovecha el caos para robar bolsos y carteras. ¿su trabajo? Tienen dos opciones, informar de inmediato al capitan de la guardia interna o interceptarlo ustedes mismos, atraparlo y entregarselo a Takeru sin que se vea afectado el desfile; como plus devolver las carteras que ha estado robando.


Información adicional: Si no me equivoco, ustedes son 12 participantes, por lo que tendran que ponerse de acuerdo ya que por cada mecanica solo podran participar 4 personas, motivo por el cual puse 3 mecanicas diferentes, ponganse de acuerdo y cuadren quienes tienen las mejores capacidades para completar cual mecanica. 

Que se diviertan.


時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Yokubari
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 17
Estadísticas
Generales
Fuerza45(2)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad15
Tenketsu9
Sigilo9
370
320
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26-06-2026, 05:07 AM
Ben seguía en la ventana del tercer piso cuando el desfile dejó de sonar a fiesta y empezó a sonar a problema. Primero fueron los petardos, secos y fuertes, reventando entre los edificios. Luego vino el relincho del caballo joven, ese grito nervioso que cortó la música y levantó las voces de la gente. Desde arriba, con el puro entre los dientes y la botella casi vacía en la mano, Ben vio la carroza de la tienda Kuzunoha sacudirse en plena avenida. Los otros caballos intentaban mantener el paso, pero el cuarto ya iba perdiendo la cabeza, tirando de las riendas y arrastrando tensión por todo el arnés. Los comerciantes gritaban cosas distintas, los civiles de primera fila empezaban a echarse hacia atrás y los guardias corrían tarde, demasiado tarde para el gusto de Ben. Él soltó una risa baja, ronca, sin humor limpio. No era que le diera alegría...es que le salía risa cuando el mundo volvía a ser simple por un momento: algo estaba fuera de control y alguien tenía que pararlo. Levantó la botella, se tomó de un solo trago lo que quedaba de licor y la dejó caer dentro del apartamento, donde rodó por el suelo con un golpe hueco. Luego se apartó de la ventana, buscó una camiseta de tirantes negra tirada sobre una silla y se la puso mal, sin preocuparse por acomodarla. Seguía con los pantalones largos, descalzo, con el pelo revuelto y el puro apretado entre los dientes. —Bueno… —murmuró, mirando la calle desde arriba—. Al menos algo divertido tenía que pasar.

No bajó por las escaleras. Eso habría sido demasiado normal para alguien en ese estado de ebriedad. Ben subió un pie al marco de la ventana, agarró con una mano un tubo viejo que bajaba por la fachada del edificio y se lanzó hacia afuera sin pensarlo demasiado. El aire de la mañana le pegó en la cara, el ruido de la multitud le subió desde abajo y por un segundo todo fue pared, metal y peso cayendo. Sus manos se cerraron alrededor del tubo con fuerza, quemándose la piel por la fricción mientras bajaba rápido por la fachada. A cada tramo el metal vibraba bajo sus dedos, y los gritos de abajo cambiaban de tono cuando algunos civiles lo vieron descender desde el tercer piso sin camisa decente, sin calzado y con un puro en la boca. Ben no miró a nadie. Tenía los ojos clavados en la carroza que empezaba a desviarse. Cuando calculó que estaba a unos diez metros del suelo, soltó el tubo. Cayó pesado, doblando las rodillas al tocar tierra, con una mano contra el empedrado y la otra apenas rozando el suelo para no partirse de mala manera. El golpe le subió por las piernas...pero se incorporó de inmediato, escupió un poco de ceniza del puro y avanzó hacia la avenida con una sonrisa torcida. —¡Abran paso, carajo!— rugió, empujando el aire con la voz antes que con los brazos.

Ben no fue directo a golpear al animal ni a ponerse frente a toda la carroza. Borracho no significaba idiota, al menos no del todo. Su vista siguió el tirón de las riendas, la tensión del arnés, la dirección de las ruedas y el espacio libre que todavía quedaba antes de que la carreta se metiera contra la primera fila. Corrió descalzo sobre el empedrado, sintiendo piedras, pétalos aplastados y polvo bajo los pies, y se lanzó hacia el costado del caballo joven, no hacia la cabeza. Ben buscó entrar con el hombro bajo y una mano extendida hacia las correas, buscando cortar el pánico desde el punto donde más daño podía hacer. Con la otra mano agarró parte del arnés y tiró con toda la fuerza que tenía, plantando los pies contra el suelo aunque el arrastre le quemara las plantas. —¡Quieto, mierda! ¡Quieto!— gruñó, más para imponerse que para convencerlo. Su cuerpo entero se tensó, brazos, espalda y cuello marcándose bajo la camiseta de tirantes, mientras trataba de girar la línea del tiro lo justo para alejar la carroza de la multitud y obligar al caballo a perder impulso. El puro seguía entre sus dientes, apretado, casi ridículo en medio del desastre.

Estadísticas de Yokubari
Yokubari
Estadísticas Generales
Fuerza
45 M: 2
Inteligencia
25 M: 2
Destreza
10 M: 1
Ctrl. Chakra
10 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
15
Vida 370 Chakra 320 Reg. Chakra 36
[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra20(1)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo9
310
325
Enlace al Post
26-06-2026, 07:20 AM
Última modificación: 26-06-2026, 07:21 AM por Kyōraku Senju.
El desfile se iba nutriendo cada vez más de gente, colores, de flores, y algarabía.

Kyōraku conservaba aún la misma posición. No podría decirse que se encontraba en un estado vigilante, más bien permanecía ensimismado en sus propios pensamientos con la mirada profunda y perdida entre la multitud.

Pensaba todavía en lo que había vivido durante las últimas semanas.

Su recorrido nocturno por el bosque Senju. Aquella misión que, si bien no había fracasado, se sentía como si lo hubiera hecho. Las heridas de los hombros le ardieron apenas, obligándolo a llevarse una mano hacia el izquierdo.

Tampoco dejaba de pensar en las marcas distribuidas en tres puntos distantes de Konoha y en la figura que formaban entre sí. Le generaban incomodidad. La sensación persistente de que algo extraño estaba ocurriendo en la aldea. No podía abandonar la idea de que todo estaba relacionado, y no saber cómo le generaba una molestia aún mayor.

Tanto así que lo apartaba de su usual serenidad distante. Ahora, después de mucho tiempo, estaba siendo obligado a sentir y no sabía cómo responder ante eso.
Se mordió la yema del dedo pulgar hasta hacerse daño. Pero no el dolor lo que lo sacó de aquel estupor consciente. Fue el sonido retumbante de explosiones.
Los petardos anunciaron el paso de las carretas con una violencia seca que reboto entre los edificios. Luces blancas, verdes y rojas se dispersaron en el aire frente a él. Sin embargo, el verdadero espectáculo sucedía a sus pies.

Un caballo encabritado daba coces, nervioso. Alterado. Peligroso. Amenazaba con desviar una carroza completa tirada por otras tres bestias igual de fuertes y musculosas. Aquel animal joven era la anomalía, el punto de ruptura, la grieta desde la cual el desfile comenzaba a convertirse en desastre.

Ríos de personas se mezclaban en todas las direcciones sin saber realmente que hacer. Empujándose unos a otros. Demasiado juntos. Presas fáciles para ladrones, carteristas y estafadores.

Mas allá, el movimiento irregular de las carrozas había provocado otro peligro, una torre de dangos amenazaba con caer sobre un grupo de niños, era un riesgo inmediato, sí, pero la carroza desbocada podía causar mucho más daño si se abría paso entre la multitud como una sentencia de madera, hierro y carne.

Faltaba poco para que el desfile había dejara de ser una celebración. Kyōraku Saltó desde su posición hacia el lateral de la avenida, descendiendo por techos de menor altitud hasta alcanzar la vereda. Desde allí vio al hombre rubio. Descalzo, mal vestido, algo tambaleante, con un puro entre los dientes, pero no era momento de juzgar su falta de disciplina.

El hombre ya había entrado por el costado del caballo joven, sujetando el arnés con fuerza bruta, intentando corregir la línea del tiro antes de que el animal arrastrara el pánico hacia el público.

Kyōraku no perdió tiempo evaluando su estado, a pesar de que apestaba a licor y fluidos corporales. Alguien ya estaba sosteniendo el cuerpo del problema. al menos en parte.

Él iría por la cabeza, con un movimiento rápido buscó el costado opuesto del animal. Una mano fue hacia la bufanda blanca que rodeaba su cuello, la tela se desenrollo en un instante con un movimiento limpio.

El caballo relincho otra vez, los ojos abiertos de terror, devorando demasiadas cosas al mismo tiempo, colores, gente, manos, gritos, banderas, armas brillando al sol, petardos aun resonando entre los edificios. Necesitaba dejar de ver el mundo que lo alteraba.

Kyōraku entró desde el lateral de la cabeza, evitando el frente, una mano buscó la brida, la otra extendió la bufanda hacia los ojos del animal, tratando de cubrirle la visión sin ahogarlo ni forzarle el hocico y tratando de que el animal perdiera una parte del estímulo que alimentaba su pánico.

Estadísticas de Kyōraku Senju
Kyōraku Senju
Estadísticas Generales
Fuerza
25 M: 2
Inteligencia
5 M: 1
Destreza
25 M: 2
Ctrl. Chakra
20 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
14
Vida 310 Chakra 325 Reg. Chakra 36

Resumen
- Se dirige hacia el caballo por el costado opuesto de Ben
- Desenrolla su bufanda e intenta taparle los ojos al animal intentando que pierda los estimulos visuales que lo estan alterando
- Ben le huele feo
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza6(1)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra19(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
266
314
Enlace al Post
26-06-2026, 02:11 PM
Última modificación: 28-06-2026, 04:01 PM por Akira Hyuuga.
El estallido de la pirotecnia rasgó el aire de Konoha con la violencia de una tormenta repentina. El sonido de los petardos, que para los civiles atrapados en la euforia del festival no era más que el anuncio de las carrozas comerciales, para el cuerpo de Akira se tradujo en pura adrenalina. Un calor seco, el último trago de sake de su petaca, aún le quemaba la garganta cuando el ambiente idílico se desmoronó en un instante. Al retumbar de los tambores y las flautas lo devoró el pánico: el relincho desesperado de un caballo desbocado en la carroza de armas, el crujido de la madera, las bandejas de dangos humeantes tambaleándose en el aire y los gritos de terror de las familias que empezaban a retroceder en las primeras filas. El dulce olor a azúcar quemada se mezcló de golpe con el aroma acre de la pólvora y el polvo que la masa humana levantaba al dispersarse. 

La mayoría de la gente miraba hacia arriba o hacia el frente, atrapada en el doble desastre inminente. Akira no. Su mente, forjada en la brusquedad de los muelles y las peleas de taberna donde un parpadeo costaba la vida, filtró el ruido y mantuvo la cabeza fría. Miró de reojo la posición de su hermano Mayura y el despliegue formal de Naoe; ellos y los demás genin ya se estaban moviendo hacia las emergencias evidentes. Pero Akira conocía el submundo de la aldea. Sabía perfectamente que las ratas no atacan cuando el agua está calma, sino cuando el río se revuelve. 

En lugar de mirar el espectáculo, sus ojos escanearon el oleaje de las cinturas y las manos de la multitud. Y allí, entre el torbellino de capas, kimonos y empujones, lo vio. 
Un hombre de cabello entrecano y rostro corriente se movía con una tranquilidad que resultaba insultante en medio del caos. Akira lo vio deslizar una mano ágil bajo la manga de un civil que gritaba por los dangos, extrayendo un monedero con la soltura de un profesional. El descaro del carterista, confiado en que los ojos de Konoha estaban fijos en la tragedia, encendió una chispa de diversión oscura en el Hyūga. 
Aprovechando el propio flujo de la multitud que retrocedía asustada, Akira se dejó llevar por la corriente de personas, acortando la distancia con una fluidez pasmosa. Se movió sin brusquedad, como una sombra que se desliza entre los árboles, usando el haori de seda negra y los tigres de oro bordados para camuflar la tensión de sus músculos. Para el entorno, solo era un joven noble arrastrado por el gentío; para su presa, era un depredador cerrando el ángulo de caza. 
Justo cuando el ladrón guardaba su último botín bajo el brazo y se disponía a dar un paso para buscar una nueva víctima, una figura imponente le bloqueó el paso de frente. 
Si el carterista levantase la vista de golpe, topáriase con el pecho bordado en oro de Akira. Veria Los rasgos aristocráticos del joven Hyūga se tensos y, con una rigidez severa, las venas de sus sienes se hinchadas de forma abrupta, ramificándose alrededor de sus órbitas. 
—Byakugan —susurró Akira, con una voz tan baja y gélida que quedó sepultada bajo el estruendo del festival. 
A través de su visión de trescientos sesenta grados, Akira no solo ve el botín oculto y los nervios del carterista disparándose; calcula al milímetro cada articulación, cada punto de presión y cada ruta de escape posible en el empedrado. El peso de su cuerpo se distribuiria sutilmente sobre las plantas de los pies, adoptando la postura inicial del Juuken. Si la rata intentaba correr, si amagaba con un solo movimiento en falso para huir entre la multitud, Akira lo metería de golpe en el radio de su Hakke, sellando su destino antes de que pudiera dar el primer paso. 
—Has elegido un pésimo día para salir a trabajar —añadió el Hyūga, con una sonrisa cínica y peligrosa, manteniéndose firme frente a él mientras esperaba su reacción.

OFF

✔Aprendida · 19-06-2026
◈dōjutsu
✦Nivel: 1
#ID: HYUG101B
◔Coste
20 de Chakra| 10 de Chakra por Turno
▣Descripción

Al activarse, este dōjutsu otorga al usuario la visión característica del clan Hyūga. En combate, el usuario obtiene una cantidad de puntos de visión independientes equivalente a su modificador de Destreza, los cuales puede mover libremente dentro de un rango definido. Estos puntos le permiten ver a través de paredes y objetos físicos, aunque sin atravesar estructuras creadas o reforzadas con chakra. Si un punto se ubica sobre el propio usuario, este reduce el sigilo de las ofensivas dirigidas hacia él, independiente de la distancia. Si un punto se fija sobre un objetivo, el usuario puede observarlo en todo momento a menos que se oculte mediante una técnica, reduciendo el sigilo de sus acciones y ofensivas. El usuario puede concentrar múltiples puntos de visión sobre un mismo objetivo o sobre sí mismo, potenciando los efectos de las técnicas del estilo Hyūga empleadas en esas zonas. El usuario puede reubicar cada punto una vez por turno, siempre que el nuevo objetivo sea visible dentro de su campo visual, o bien realizar una tirada de búsqueda adicional por cada punto de visión dedicado a detectar si un objetivo se encuentra oculto.

Fuera de combate, el Byakugan amplía su rango de visión al doble del habitual, manteniendo la reducción de sigilo y permitiendo rastrear presencias en amplias zonas con notable precisión. Gracias a sus múltiples focos visuales, el usuario puede controlar el entorno, detectar amenazas y anticiparse a los movimientos enemigos, consolidando la fama del Byakugan como los verdaderos “ojos que todo lo ven".

✧Efecto
20 (MDES) de Rango de Visión, 2 (MDES) de Puntos de Visión, 2 (MDES) de Reducción de Sigilo


Vida: 246/246

Chakra: 296/334

Estadísticas de Akira Hyuuga
Akira Hyuuga
Estadísticas Generales
Fuerza
6 M: 1
Inteligencia
0 M: 1
Destreza
35 M: 2
Ctrl. Chakra
19 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
13
Vida 266 Chakra 314 Reg. Chakra 36

[Imagen: JK2RddW.png]
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza34(2)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud10
Velocidad11
Tenketsu9
Sigilo10
281
299
Enlace al Post
26-06-2026, 05:02 PM
Cuando lo saludaba y le preguntaba a Koga Nara si esperaba a alguien, el oído de Raizen captó algo claro: una voz suave gritaba el nombre de lo que él estaba comiendo. Se dio vuelta con una sonrisa cómplice, ya sabiendo quién venía, y antes de que pudiera reaccionar del todo, recibió un abrazo de costado acompañado de una risa que nacía más de la sorpresa y la felicidad del momento que de cualquier otra cosa.

— ¡Por fin apareciste!

Lo dijo con una voz levemente más aguda y enérgica que de costumbre, dejando claro lo feliz que estaba en ese punto del día. Amaru, mientras tanto, saltó al hombro de Mayura para mostrarle el takoyaki que estaba comiendo, presumiendo lo rico que estaba con esa mirada tan suya. El propio Raizen tomó uno de los palillos del envoltorio y se llevó otro takoyaki a la boca con una precisión bastante segura. Tampoco tardó mucho en seguir comiendo el chico bicolor, saltando un poco en el lugar de pura felicidad.

— ¡Qué rico! Y lo bueno es que salió barato. Debería pedir mucho más.

Justo cuando el momento llegaba a su mejor punto, escuchó su apellido a sus espaldas. Raizen giró con un takoyaki todavía en la boca, saboreándolo despacio mientras sus ojos se posaban en una chica de pelo negro, ojeras notorias y ojos azules. Tardó un par de segundos en ubicarla, hasta que recordó que habían sido compañeros en la Academia.

— ¡Mmm! Sí. ¡Buenos días, Kurai!

No recordaba bien su nombre, pero sí el de su clan, una rama Uchiha si no se equivocaba.

— Seguro que ya sale la carreta de mi familia.

Le respondió mientras terminaba el bocado. Apenas acabó de saludarla, otra voz lo interrumpió: su hermano menor, Kaito.
El nombre sonó fuerte detrás de él, y Raizen lo escuchó al instante. Buscó con la mirada hasta dar con un chico de pelo castaño, y sin dudarlo levantó la mano con bastante energía para que también lo vea y se acerque.
En medio de esa pequeña reunión improvisada, apareció Naoe Senju, su compañero de equipo. Con su dialecto característico, les advirtió a él y a Koga que debían mantenerse alerta, que eran ninjas.

— ¿Somos ninjas? Ahora soy alguien que disfruta del sol y la comida. Ya no soy shinobi, al menos por unas horas.

Lo dijo con orgullo y una risa despreocupada, aunque el destino parecía tener otros planes guardados para él.
La pirotecnia empezó entonces, llenando el cielo azul de colores artificiales que arrancaron gritos de alegría entre el público. Menos entre los caballos. En especial uno. Raizen estuvo a punto de correr a ayudar con eso, pero algo más grave llamó su atención: una de las carrozas, la del restaurante de su propia familia, tan popular entre la gente, tenía un problema serio. Los dangos estaban a punto de caer encima de un grupo de niños.

— ¡Se le va a caer la comida, vamos equipo!

Lo dijo con una expresión que ya anticipaba lo feo que podía ponerse el festival. Apoyó la mano sobre el hombro de Ran Kurai a modo de despedida apresurada y salió corriendo a toda velocidad hacia la zona de los niños junto a sus compañeros.

— ¿No se da cuenta que se le va a caer encima de los niños?

Lo gritó fuerte para que Mayura y Naoe lo escucharan mientras esquivaba transeúntes e intentaba planear algo rápido. Lo único que se le ocurrió fue quitarse el saco blanco que llevaba encima, dejando a la vista el rojo que tenía debajo.

— ¡Amaru! Vení, volvete bastón. ¡Mayu, sostenelo para que no me caiga!

Llegaron justo cuando la bandeja estaba a centímetros de volcarse del todo. Amaru saltó al suelo y se transformó en el bastón de siempre, esta vez extendido hasta cerca de 1,80 metros. Raizen se subió arriba, manteniendo el equilibrio mientras el propio bastón seguía creciendo, lo suficiente para que pudiera abrir el abrigo frente a él y usarlo como red improvisada, intentando atrapar la mayor cantidad posible de dangos. Amaru, además, sacó una de sus extremidades para sujetarle los pies y evitar que se cayera, aunque todavía necesitaba un punto de apoyo firme en el suelo. Por eso esperaba que Mayura llegara a tiempo para sostenerlo.
Raizen, concentrado en el abrigo extendido, calculaba el ángulo exacto: si la bandeja terminaba de caer, necesitaba atrapar la mayor cantidad de dangos posible antes de que llegaran al rango donde estaban los niños.

Off
Estadísticas de Sarutobi Raizen
Sarutobi Raizen
Estadísticas Generales
Fuerza
10 M: 1
Inteligencia
6 M: 1
Destreza
34 M: 2
Ctrl. Chakra
10 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
9
Sigilo
10
Velocidad
11
Vida 281 Chakra 299 Reg. Chakra 36

Chakra: 279/309

✔Aprendida · 17-06-2026
◈Doton
✦Nivel: Cero
#ID: SARU003R
◔Coste
30 de Chakra, 20 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario aprende a imbuir un Bō especial, otorgándole la capacidad de alargarse y contraerse a su tamaño original. Mientras mantenga contacto con el Bō, puede extenderlo para aumentar su rango de ataque, aplicando el efecto Rocoso para lograr alargarlo. Si el usuario posee afinidad con el elemento Doton, ya no necesitará mantener la técnica para que el Bō mantenga su variación de tamaño, pudiendo así maniobrar con mayor libertad y precisión.

Como parte de la tradición del clan, al dominar esta técnica el usuario recibe un compañero Mono Ninja, el mismo mono con quien entrenó para aprender a utilizar el Bō. Estéticamente, el usuario puede invocar o desinvocar al mono a voluntad, y la transformación del mono en el Bō especial funciona simplemente como equipar o desequipar un arma. El mono no puede interferir en combate mientras se encuentre en su forma de mono, siendo su función exclusiva la de servir como extensión del Bō.

✧Efecto
5 (MCCK) de Rango

✔Aprendida · 23-06-2026
◈Especialidad
✦Nivel: Cero
#ID: SARU302E
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El Bō desarrolla la capacidad de manifestar brazos o piernas desde sus extremos, lo que permite al usuario ejecutar Taijutsu directamente a través del arma. Al adoptar su Forma Animal, el Mono cobra vida y actúa como una extensión del usuario, capaz de canalizar sus técnicas de Taijutsu y defensas desde la distancia. No obstante, esto no permite que ambos golpeen simultáneamente para generar un doble ataque, el Mono simplemente se convierte en un punto desde el cual el usuario proyecta sus habilidades.

En este estado, tanto el usuario como el Mono comparten los mismos costos de chakra y restricciones, y los Puntos de Vida del Mono son equivalentes a la Resistencia otorgada por los efectos Rocosos del Jutsu. Si esta Resistencia es superada, el Mono se retirará del campo de batalla sin posibilidad de volver durante el resto del tema. La velocidad del Mono es idéntica a la del usuario y nunca se alejará más allá de la distancia que ambos puedan recorrer en un segundo de movimiento. Si son separados por la fuerza, el Mono permanecerá inmóvil, sin defenderse ni contraatacar, hasta que el usuario vuelva a su lado.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.


Resumen

-Saludé a Mayura, Naoe, Ran, y Kaito.
-Raizen ve lo que iba a pasar en la carreta y decide ir ayudar en conjunto con su equipo.
-Se saca su abrigo blanco para usarlo como red provisional.
-Amaru se vuelve un bastón, y Raizen se sube arriba del bastón para que empiece a crecer y asi tener mas chance de agarrar mas Dangos.
-Le pide a Mayura que sostenga la base del bastón o sino va perder el equilibrio.
-Amaru saca una de sus extremidades para agarrarle las piernas a Raizen así no pierda el equilibrio.
[Imagen: rzcjrdo.png]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud11
Velocidad13
Tenketsu11
Sigilo10
415
440
Enlace al Post
26-06-2026, 10:10 PM
Para Naoe, la flagrante ligereza con la que Raizen Sarutobi había decretado su suspensión temporal como shinobi duró exactamente lo que tardó en extinguirse el eco de la primera salva pirotécnica. Mientras las detonaciones aún reverberaban entre las cornisas de la avenida, el entorno idílico mutó instantáneamente en un escenario operativo multifocal. Un caballo joven encabritado amenazaba con desviar la pesada carroza de armamento de la tienda Kuzunoha hacia los civiles, un carterista se filtraba silenciosamente entre el oleaje humano, y justo en frente, la imponente estructura del restaurante Chango Dango perdía el eje. La alta torre de bandejas repletas de dulces humeantes e incisivos jugos azucarados comenzó a inclinarse de forma irreversible sobre la primera fila de espectadores, compuesta mayoritariamente por niños.

La reacción de Raizen fue tan impetuosa como desprovista de un protocolo logístico formal, arrojándose al vacío defensivo mientras despojaba su haori y ordenaba a su compañero Amaru transformarse en un bastón extensible. La maniobra, aunque bienintencionada, carecía de un vector de anclaje estático. Raizen requería un soporte inmediato en la base para que el bastón no cediera ante la inercia del peso y el balanceo, mientras intentaba usar su abrigo rojo a modo de red improvisada.

Naoe no malgastó milisegundos en reproches verbales. La preservación de la integridad civil y la contención de pérdidas materiales para el patrimonio de un clan de la aldea eran prioridades absolutas que exigían una ejecución limpia y geométrica.

—Contención de masa e intercepción de caída limpia. Despliegue dinámico, Hyūga-san —dictaminó Naoe, con su voz cortando el aire con la frialdad de un filo templado mientras sus piernas ya se tensaban bajo el kimono verde pino.

Su juego de pies, perfeccionado en los viñedos y en la limpieza técnica de esgrima, se activó con absoluta precisión. En lugar de correr de forma atropellada entre la muchedumbre en pánico, Naoe trazó una línea de avance diagonal, esquivando los hombros de los civiles con sutiles fintas y rotaciones de cadera que no alteraron en un solo milímetro la pulcritud de su haori blanco. En tres zancadas fluidas, se plantó exactamente en la base del bastón en el que Raizen intentaba erigirse.

Deslizando sus manos cubiertas por los guantes de lino blanco con total parsimonia pero velocidad fulminante, Naoe atrapó el cuerpo extendido de Amaru justo por encima de donde Mayura se disponía a afianzarlo, actuando como el puntal rígido que estabilizaría el eje vertical. Sus botas se aferraron al empedrado, distribuyendo sutilmente el peso de su cuerpo para absorber el impacto y la oscilación de Raizen en las alturas.

—Sarutobi-san, estabilización de base completada. Modifique el ángulo del abrigo quince grados hacia el norte para contrarrestar el vector del viento. No tolere que el líquido azucarado sature las fibras textiles; la viscosidad reducirá la tensión de retención —instruyó Naoe con voz pausada, manteniendo los ojos oscuros firmemente fijos en la trayectoria parabólica de los objetos en caída, calculando los puntos de impacto remanentes que escaparían a la red improvisada de su compañero.

A través de su análisis periférico, Naoe detectó que, si bien Raizen interceptaría el grueso de la torre, dos de las bandejas inferiores, cargadas con docenas de dangos ardientes, se habían zafado debido al efecto dominó y caerían irremediablemente fuera del alcance del abrigo, directo sobre los rostros de tres niños paralizados por la fascinación y el susto.

—Hyūga-san, proceda con la recolección fina mediante la precisión de sus reflejos. El cuadrante inferior este presenta dispersión de unidades dulces —indicó el Senju ¿pero que quería decir? seguro nadie e entendía pero seguía manteniendo la rigidez de su postura de soporte, impasible ante el caos, asegurándose de que ni un solo dango ardiente tocara la piel de los infantes y de que la dignidad del festival de la fortaleza se mantuviera con absoluta corrección.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo11
305
330
Enlace al Post
27-06-2026, 03:31 AM
Aquél desfile realmente había revivido el espíritu de celebración en toda la aldea, siendo un deleite absoluto para los ciudadanos de todas las edades y ocupaciones. Las carrozas eran las protagonistas, luciendo cada una una temática distinta a la anterior. Yugen no podía evitar admirar aquél, desfile, pues pasar diez años en un templo lejos de la aldea realmente te privaba de muchas cosas, mas de lo que el Sarutobi se pudo imaginar.
 
Después de separarse de su familia Yugen finalmente veía a sus hermanos desde la distancia, alegrandose de que se lleven tan bien el uno con el otro. Este por su lado pensaba que su presencia solo empeoraría las cosas, evitando a aquél grupo por el bien de sus hermanos, dejándoles disfrutar del desfile. Fue cuando una escena captó el interés de Yugen, pues uno de los caballos que llevaba la carroza con temática de armas y herramientas shinobi no parecía estar muy cómodo con aquél desfile y menos con los fuegos artificiales que se usaban en este.
 

Yugen se quedó mirando a aquél caballo, esperando que su preocupación fuera solo su imaginación. Lamentablemente no sería así y un pequeño accidente en otra carroza de comida solo empeoraría las cosas para aquél inexperto caballo. En caso de no pararle aquél animal pasaría por encima de la gente, causando un desastre que nadie quisiera ver en un día como aquél.
 
— ¡Maldición! —

Yugen gritaría justo antes de lanzarse a por aquél caballo. Este correría a toda velocidad, abrazando aquél caballo con un poderoso agarre. Pese a la fuerza de Yugen este no sería capaz de aguantar aquél agarre por mucho tiempo, teniendo que recurrir a la ayuda de alguien del público.

✔Aprendida · 16-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: TAIJ003R
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

Agarre es una técnica de sujeción que busca inmovilizar al oponente mediante fuerza y precisión, superando a los Golpes Fuertes durante Entablar Taijutsu. En este sistema, utiliza una comparativa entre los modificadores de Fuerza y Destreza combinados del usuario. Durante Entablar Taijutsu, el Agarre equivale a tomarle el brazo al oponente o agarrarlo por la ropa. Esto no inflige daño ni restringe totalmente a su oponente, pero, si tiene éxito, otorga ventaja a la siguiente maniobra del usuario sin importar el tipo de técnica contra la que se enfrente. Además, impide que el oponente rompa el Entablar durante su siguiente turno. En caso de que ambos realicen Agarre durante Entablar Taijutsu, el que posea más Fuerza será quien prevalezca.

Fuera de Entablar Taijutsu, Agarre aplica Control Físico directo sobre el oponente, impidiendo que se mueva de su lugar y utilizando la estadística de Fuerza del usuario como base del sometimiento. Durante el Agarre, el usuario podrá mover a su objetivo, golpearlo con Golpe Rápido sin romper el agarre o arrojarlo al suelo con un Golpe Fuerte, rompiendo el Agarre. El Agarre no impedirá que el oponente intente defenderse, siempre manteniendo la lógica del agarre. Si el objetivo es agarrado por la espalda, será difícil que pueda defenderse; sin embargo, si es agarrado de frente, podrá golpear o incluso usar sus manos para defenderse.

✧Efecto
25 (FUE) de Comparativa en Control Físico, 4 (MFUE+MDES) de Comparativa en Entablar Taijutsu

 
— ¡Rápido, que alguien corte las correas o me ayude aquí! —

Yugen empujaría hacia el suelo con todo su cuerpo el cuello del caballo, sabiendo que aquél caballo podría fácilmente encajarle una patada mortal.

OFF
Personaje
Estadísticas de Yūgen Sarutobi
Yūgen Sarutobi
Estadísticas Generales
Fuerza
25 M: 2
Inteligencia
0 M: 1
Destreza
25 M: 2
Ctrl. Chakra
25 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
11
Velocidad
12
Vida 305 Chakra 330 Reg. Chakra 36
Gastos
Chakra: 314/345
[Imagen: VDdYHBx.png]
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