Año 150 — Gran Mercado, Kirigakure
Hora: 7:00am
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El Gran Mercado de Kirigakure estaba despierto desde temprano, lleno de voces, pasos rápidos y olor a pescado fresco, especias húmedas y madera mojada. La niebla bajaba suave entre los toldos, pegándose a las lonas y a los techos bajos de los puestos. Comerciantes discutían precios, cargadores cruzaban con cajas al hombro y varios civiles se apartaban de una zona marcada con cuerdas cerca de uno de los pasillos laterales.
Kuren Kaguya fue enviado hasta ahí con una orden sencilla: encontrar y capturar con vida a un perro rastreador de gran tamaño que se había escapado minutos antes. El animal pertenecía a un pequeño grupo de entrenamiento usado para rastreo urbano, pero todavía no estaba listo para operar entre multitudes. Según el encargado, el perro detectó un rastro de sangre cerca de una carnicería del mercado, rompió la correa de cuero y salió disparado entre los puestos. El problema era claro: había sido criado para perseguir, morder y no soltar. Si encontraba a alguien herido, asustado o cubierto con ese olor, podía atacarlo sin esperar orden.
La zona no estaba tranquila. Un puesto de frutas tenía varias cajas volcadas, una mujer sostenía a su hijo contra el pecho y dos comerciantes gritaban versiones distintas de lo ocurrido. Uno decía que el perro había cruzado hacia los pasillos internos del Distrito Comercial; otro juraba que lo vio bajar hacia el borde del Canal Mizuchi, con el hocico pegado al suelo y las orejas tiesas. En el barro quedaban marcas profundas de patas, demasiado grandes para un perro común, mezcladas con gotas oscuras que no parecían venir del animal.
El encargado del animal, un shinobi joven con el brazo vendado y la cara pálida, le entregó a Kuren una correa reforzada y un bozal de cuero grueso. Le explicó rápido que el perro respondía al nombre Garo, pero solo a veces, y que los gritos podían ponerlo peor. La Guardia Jōnin ya había contenido a los civiles más cercanos, pero no podían cerrar todo el mercado sin provocar pánico. Kuren tenía que actuar antes de que el rastro llevara al perro hasta una zona más llena, o peor, hasta alguien que estuviera sangrando de verdad.
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