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  ›   [Misión Simple] Repartidor Textil [E] - Kuroto Uchiha
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Repartidor Textil [E] - Kuroto Uchiha
Narrador 6
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23-06-2026, 01:11 AM
Misión de Rango E — Repartidor textil
Año: 150
Lugar: Zona Comercial, Konohagakure
Hora: 3:20 p. m.
Petición: Aquí

La tienda de Aiko no era difícil de encontrar.
Bastaba con seguir el olor a tela nueva, tinta de etiquetas y cansancio. Mucho cansancio. La entrada estaba entre una floristería de los Yamanaka y un local de utensilios de cocina administrado por el clan Akimichi. Sobre la puerta colgaba un cartel de madera pintado a mano: Costuras Aiko. Debajo, varias tiras de tela de distintos colores se movían con la brisa de la tarde.
Dentro, el taller parecía haber sobrevivido a una guerra menor: había rollos de tela apoyados contra las paredes, agujas clavadas en cojines, carretes de hilo desperdigados sobre la mesa y tres maniquíes vestidos a medias. En el centro de todo aquello estaba Aiko, que no debía de tener más de cuarenta años, usando el cabello recogido, las mangas arremangadas y los ojos cansados.
—Tú debes de ser el genin... —dijo, somnolienta, cuando se percató de que habías cruzado la puerta—. Bien. Perfecto. Maravilloso. No toques nada con lo que te puedas pinchar. O, lo que es lo mismo, no toques nada.
La costurera tomó tres paquetes envueltos en tela y los colocó sobre el mostrador, uno tras otro.
El primero era rectangular, envuelto en tela gris y atado con cuerda blanca.
—Uniforme de entrenamiento remendado. Va para la Academia Ninja. Debe llegar antes de la práctica de la tarde.
El segundo estaba envuelto en tela azul oscuro, con una etiqueta cuidadosamente doblada.
—Mantel bordado para la Casa de Té Higurashi. La dueña es detallista. Si pregunta, dile que el bordado está exactamente como lo pidió. Aunque no lo esté.
El tercero era más pequeño, pero estaba envuelto con mayor cuidado. Tela negra, cuerda roja y una etiqueta con dirección hacia una zona cercana al distrito Uchiha.
Aiko hizo una pausa antes de entregarlo.
—Haori ceremonial. Ese no puede mancharse, doblarse mal ni perderse. El cliente pagó por adelantado y no quiero volver a escuchar su voz si algo sale mal.
Luego sacó una tablilla con las direcciones y un pincel.
—Necesito las tres entregas hechas antes de que acabe el día. Que firmen aquí cuando reciban el encargo. Sin firma, no cuenta.
Aiko miró entonces el taller lleno de telas, suspiró y volvió a tomar una aguja.
—Puedes decidir el orden. Academia, casa de té o haori. Pero muévete.
Kuroto Uchiha
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23-06-2026, 10:38 AM
Kuroto avanzó entre los locales hasta detenerse frente a la tienda indicada. El cartel de madera colgaba sobre la entrada, moviéndose levemente con la brisa de la tarde. Costuras Aiko. No necesitó comprobarlo dos veces para confirmar que había llegado al lugar correcto. Entró directamente. El interior era un desorden organizado. Rollos de tela apoyados en las paredes, hilos de distintos colores cruzando mesas y varios maniquíes a medio vestir daban la sensación de un taller en pleno caos… o en plena guerra. La mujer que se encontraba en el centro no tardó en percatarse de su presencia.

- Tú debes de ser el genin… —dijo sin mucho entusiasmo—. Bien. Perfecto. Maravilloso.

Kuroto no respondió de inmediato. Se limitó a observar el entorno durante un segundo antes de dirigir su atención a ella.

- Kuroto Uchiha. Vengo por la misión.

La advertencia sobre no tocar nada con lo que pudiera pincharse fue recibida con un leve asentimiento de cabeza, como si fuese una orden de vida o muerte. Aiko no perdió tiempo, sobre el mostrador fueron colocados tres paquetes, uno tras otro, cada uno con su propia importancia y peso. Mientras los explicaba, Kuroto escuchaba y prestaba atención en silencio, memorizando destinos y prioridades. Cuando la costurera terminó, la tablilla de entregas quedó frente a él junto al pincel.

- Puedes decidir el orden. Pero muévete.

Kuroto observó los tres paquetes durante unos segundos sin prisa, luego miró a Aiko e ignoró la urgencia que trasmitía, no paraba de fijarse en su cansancio. El tipo de cansancio que le recordaba a un duro entrenamiento. Finalmente, extendió la mano, tomó la tablilla, ajustó los paquetes con cuidado, asegurándose de que ninguno se dañara durante el transporte, y dio un leve paso hacia la salida.

- Entendido -dijo decidido a ayudar a Aiko-

Finalmente abandonó el taller y el sonido de la calle volvió a envolverlo. La zona comercial de Konohagakure siempre tenía un ritmo propio, distinto al del resto de la aldea. Voces cruzándose entre puestos, el sonido de pasos en todas las direcciones y el olor constante a tinta, comida y telas nuevas formaban parte del paisaje.

- Iré primero a la Academia Ninja.

No era una decisión al azar. Kuroto lo consideraba el punto más estructurado de los tres destinos puesto que era el más fácil de verificar, lo conocía muy bien y, probablemente, era más eficiente para continuar la ruta hacia el segundo encargo. Kuroto se volvió a asegurar bien los paquetes y empezó a correr entre las calles, rápido pero con cuidado, pues no quería cocar con nadie.

Al cabo de unos 20 minutos, la Academia Ninja de Konohagakure se alzaba sobre las casas y edificios. Conforme Kuroto se acercaba al lugar el sonido de entrenamientos en el patio trasero y las voces de los estudiantes se filtraban incluso hasta el exterior. Kuroto se tomó un minuto de descanso para adecentarse. Se secó el sudor con un pañuelo que portaba y empezó a inspirar y expirar para estabilizar su pulso. Quería entrar sereno, no quería causar mala impresión. Cruzó la entrada principal y en sus manos llevaba el paquete destinado, aún intacto pese al trayecto desde la zona comercial. El olor a tela nueva seguía siendo perceptible.

Huele a nuevo... -Pensó esbozando una leve sonrisa-

Se dirigió directamente al mostrador de recepción, donde una silueta de una persona revisaba varios documentos.

- Buenas tardes -dijo Kuroto serio y sin rodeos- Entrega para la Academia. Encargo de la costurera Aiko.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
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23-06-2026, 02:07 PM
Última modificación: 23-06-2026, 02:32 PM por Narrador 6.
La persona detrás del mostrador levantó la mirada de los documentos. Era una mujer de mediana edad, con el cabello recogido y lentes bajos sobre la nariz. Te miró con curiosidad. Luego al paquete. Luego otra vez a ti.
—¡Aiko! —dijo, como si el nombre explicara bastante—. ¡Qué bueno saber de ella! Somos amigas, ¿sabes? Pero hace tiempo que no hablamos. ¡Esa mujer siempre está tan ocupada!
Revisó una tablilla pequeña, pasó el dedo por varias líneas y se detuvo en una de ellas.
—Uniforme remendado, ¿verdad? ¿Podrías llevarlo hasta la clase de combate básico? Ahora mismo están en el patio trasero.
Desde fuera llegó un golpe seco y luego una voz adulta, femenina y grave:
—¡He dicho práctica, no guerra!
La recepcionista cerró los ojos durante un instante.
—Sí. Es ahí.
Señaló una puerta lateral con el pincel.
—Llévaselo a la instructora. Ella es la encargada de firmar la recepción de encargos para los alumnos. No se lo entregues a ningún alumno antes de verificar con ella.
El patio trasero de la Academia estaba lleno de estudiantes. Algunos practicaban combate cuerpo a cuerpo con kunais de madera. Otros esperaban sentados en fila. Una instructora joven intentaba mantener el orden. No parecía estar ganando.
Cerca de una pared, un niño de cabello negro y uniforme rasgado intentaba ocultar el agujero con una mano.
Entonces el niño vio el paquete en manos tus manos.
—¡Mi uniforme!
Dio un paso hacia él.
La instructora giró la cabeza.
—Renji. Quieto.
Renji se detuvo a medias, con una expresión de sufrimiento absoluto.
La instructora se acercó a ti, miró el paquete, luego la tablilla.
—Entrega de Aiko, supongo.
Firmó sin hacer demasiadas preguntas. Después tomó el uniforme, revisó la costura del hombro y se lo lanzó a Renji, que lo atrapó como si hubiera recibido un arma legendaria.
—Cinco minutos para cambiarte —dijo.
Renji asintió con demasiada energía antes de salir corriendo hacia el interior.
—Tú eres Kuroto Uchiha, ¿verdad? Tal vez no me recuerdes, pero alguna vez te di clases de combate básico. Fue durante tus primeros años en la Academia. Me alegra ver que te has graduado. Sigue con el buen trabajo.
Sin decir más, se dio media vuelta y volvió a su clase.
—¡Kirijima! ¡Los brazos más arriba! ¡No bajes la guardia!
La primera entrega estaba hecha.
En la tablilla, la línea correspondiente a la Academia ya tenía firma. Quedaban dos paquetes: el mantel bordado para la Casa de Té Higurashi y el haori ceremonial con dirección cercana al distrito Uchiha.
Al salir de la Academia, el sonido de la ajetreada aldea volvió a envolverte. Desde allí podías tomar el camino ancho hacia la casa de té, más concurrido y directo, o desviarte hacia el distrito Uchiha, para lo cual tendrías que dirigirte al sudeste.
Aún quedaba tiempo.
Kuroto Uchiha
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24-06-2026, 11:50 AM
Kuroto escuchó atentamente las instrucciones de la mujer de recepción, después, avanzó entre los distintos grupos de estudiantes mientras sostenía el paquete con una mano y la tablilla con la otra. El sonido de los entrenamientos llenaba el ambiente. Golpes de madera contra madera, órdenes de los instructores y las voces de los alumnos se mezclaban en una rutina que le resultaba muy familiar.

- Esa de ahí fue mi aula... -Pensó con nostalgia mientras cruzaba uno de los pasillos-

Cuando localizó a la instructora se dispuso a acercarse, pero no llegó a dar más de unos pocos pasos.

- ¡Mi uniforme!

La reacción del muchacho fue tan repentina que el cuerpo de Kuroto actuó antes que su mente. Al ver a Renji abalanzarse hacia el paquete, desplazó ligeramente un pie hacia atrás y giró el torso de forma instintiva, apartando el encargo de la trayectoria del niño mientras su brazo libre se adelantaba unos centímetros en un gesto defensivo. Apenas duró un instante, el chico ni siquiera parecía haber tenido intención de tocarlo, estaba demasiado concentrado en el paquete. La voz de la instructora puso fin a la situación.

- Renji. Quieto.

Kuroto relajó la postura tan rápido como la había adoptado. Años de entrenamiento habían convertido ciertas reacciones en simples reflejos. Por suerte, aquello no había sido más que el entusiasmo de un estudiante. La instructora se aproximó y la entrega se desarrolló sin problemas. La firma quedó registrada en la tablilla y el uniforme cambió de manos. La expresión de alivio que mostró Renji al recibirlo casi parecía propia de alguien que acababa de recuperar una posesión invaluable. Kuroto observó cómo desaparecía corriendo hacia el interior del edificio antes de volver su atención hacia la instructora

- Tú eres Kuroto Uchiha, ¿verdad? Tal vez no me recuerdes, pero alguna vez te di clases de combate básico. Fue durante tus primeros años en la Academia. Me alegra ver que te has graduado. Sigue con el buen trabajo.

La reconoció únicamente cuando mencionó la Academia. No era que hubiera olvidado su rostro por completo, más bien habían pasado demasiados años. Durante su etapa como estudiante había visto a numerosos instructores entrar y salir de las aulas y los campos de entrenamiento. Sin embargo, escuchar que había formado parte de aquellos primeros años despertó recuerdos dispersos de ejercicios básicos, correcciones constantes y largas jornadas de estudio. Ante sus palabras, Kuroto inclinó ligeramente la cabeza.

- Me alegra saber que aún sigue formando futuros shinobi. -Volvió a mirarla con ojos de agradecimiento.- Gracias por sus lecciones.

Era una respuesta sencilla, pero sincera. La instructora no tardó en regresar junto a sus alumnos. Apenas unos segundos después ya estaba corrigiendo posturas y elevando la voz para imponer algo de orden entre los estudiantes. Kuroto permaneció observando la escena durante un momento, no hacía tanto tiempo que él mismo había ocupado uno de aquellos lugares. Finalmente guardó la tablilla y comprobó la firma recién obtenida. La primera entrega estaba completada.

Al abandonar la Academia, el ruido de la aldea volvió a recibirlo. Las calles continuaban tan concurridas como siempre. Aún quedaban dos encargos pendientes. Sacó la tablilla una vez más mientras caminaba y repasó las direcciones. Su mirada descendió brevemente hacia el paquete envuelto en tela negra y cuerda roja. Aiko había sido especialmente insistente respecto a aquel encargo. Precisamente por eso decidió dejarlo para el final. Guardó nuevamente la tablilla y modificó ligeramente su rumbo hacia La casa de Té Higurashi.

El camino hacia la Casa de Té Higurashi resultó más concurrido de lo esperado. Vecinos, comerciantes y clientes transitaban constantemente por aquella amplia calle, obligando a Kuroto a moderar el paso en más de una ocasión. Con el paquete sujeto bajo el brazo, procuró mantenerlo siempre alejado de posibles golpes o empujones accidentales. Varias veces tuvo que esquivar a transeúntes distraídos y apartarse ligeramente para dejar pasar carros de mercancías. Afortunadamente, cuando abandonó la zona más transitada, el encargo seguía tan intacto como cuando salió del taller de Aiko. Kuroto avanzó por las calles sin prisa, dejando atrás el bullicio de la zona más concurrida mientras el entorno se volvía progresivamente más tranquilo.

Conforme Kuroto salió de aquella calle concurrida, empezó a vislumbrar su nuevo destino. La Casa de Té Higurashi destacaba entre los negocios cercanos por su aspecto cuidado y elegante. Un pequeño jardín decoraba la entrada y varias cortinas de tela colgaban junto a la puerta principal, balanceándose suavemente con la brisa del día. Desde el interior llegaba el murmullo de varias conversaciones y el inconfundible aroma del té recién servido. Kuroto ascendió los últimos escalones y sostuvo con cuidado el paquete destinado al local. Sin más demora, cruzó la entrada.

- Buenas tardes. Traigo una entrega de la costurera Aiko.

Su mirada recorrió brevemente el interior mientras esperaba a que algún responsable acudiera a recibir el encargo.
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24-06-2026, 05:59 PM
El interior de la Casa de Té Higurashi era tranquilo. Había mesas bajas de madera muy cuidada, cojines acomodados con precisión, lámparas de papel impolutas, cortinas limpias y varias fragancias suaves revoloteando por el lugar. Las conversaciones eran en susurros y, los pasos, medidos. Incluso el sonido de las tazas al apoyarse sobre la madera estaba cuidado.
Un muchacho joven, vestido con ropa sencilla de servicio, levantó la mirada al verte entrar.
—Buenas tardes —respondió, inclinándose apenas—. ¿Una entrega de Aiko?
Antes de que pudiera acercarse al paquete, una voz femenina llegó desde el fondo.
—Espera, Uioshi.
El muchacho se quedó quieto.
Desde una sala lateral apareció una mujer delgada, de cabello negro recogido con una aguja larga y rostro perfectamente sereno. Caminaba con las manos ocultas dentro de las mangas y sin prisa.
—Soy Higurashi Reina —dijo—. La dueña.
Extendió las manos y recibió el paquete con muchísimo cuidado. Observó el nudo. La cuerda. La tela azul oscuro. La etiqueta cuidadosamente doblada. No abrió nada durante unos segundos y solo se dedicó a inspeccionar.
—Aiko siempre ata los paquetes así cuando está apurada —murmuró.
El empleado bajó la mirada, claramente un tanto incómodo.
Reina deshizo el nudo con calma y desplegó el mantel sobre una mesa cercana. Era una pieza elegante, de tela clara, con bordados azules en los bordes y pequeñas formas de hojas, ondas y flores distribuidas con bastante cuidado. Para cualquiera con ojos normales, estaba bien. Pero Reina tenía una opinión distinta.
—Mmm.
Pasó un dedo sobre una de las esquinas.
—Aquí.
El empleado se acercó medio paso.
—Señora, yo no veo...
—Precisamente.
El muchacho volvió a quedarse quieto. Reina giró un poco el mantel para que la luz de la lámpara cayera sobre el bordado.
—La línea exterior debía quedar paralela al borde. Está ligeramente inclinada.
El silencio que siguió fue breve.
—Aiko sabe cómo lo pedí.
Sobre la mesa, la tablilla esperaba la firma.
Reina dejó una mano apoyada junto al mantel y luego suspiró.
No fue un suspiro fuerte. Apenas aire saliendo por la nariz. Pero el empleado se tensó como si hubiera escuchado una sentencia.
—Da igual —dijo al fin—. Aiko está ocupada. Yo estoy ocupada. Y el mantel, aunque imperfecto, servirá. Dile a Aiko que acepto el encargo. Pero también dile que iré a verla mañana.
Reina tomó el pincel de la tablilla y firmó con una letra limpia, pequeña y demasiado ordenada. Después dobló el mantel con cuidado y se lo entregó al empleado.
—Hay muchas cosas que me gustaría decir, pero de nada sirve desquitarme con el mensajero. Te serviré una taza de té y luego podrás irte.
La segunda entrega estaba hecha. En la tablilla, la línea de la Casa de Té Higurashi ya tenía firma. Solo quedaba el último paquete: el haori ceremonial, envuelto en tela negra y cuerda roja, con dirección cercana al distrito Uchiha.
Kuroto Uchiha
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25-06-2026, 12:57 PM
Kuroto permaneció en silencio mientras la mujer examinaba el paquete. Observó cómo sus ojos recorrían cada detalle con una atención quirúrgica. La cuerda, la tela, la etiqueta... parecía capaz de encontrar defectos donde otros ni siquiera mirarían. Cuando mencionó que Aiko solía atar los paquetes de aquella forma cuando estaba apurada, Kuroto dirigió una breve mirada al envoltorio.

- Si encuentra alguna irregularidad en el paquete, es posible que sea culpa mía. El camino hasta aquí estaba bastante concurrido. Tuve que esquivar varios carros y abrirme paso entre bastante gente. Procuré mantenerlo protegido en todo momento, pero no puedo garantizar que no se haya alterado ligeramente durante el trayecto.

No era una excusa, simplemente una posibilidad razonable. Después guardó silencio mientras Reina desplegaba el mantel y comenzaba a inspeccionarlo. La escena le resultó curiosa. A los ojos de Kuroto, el trabajo parecía impecable. Sin embargo, la dueña observaba cada hilo y cada costura con una precisión que rozaba la obsesión. Cuando finalmente señaló la ligera inclinación del bordado, Kuroto recordó las palabras que Aiko le había dicho antes de abandonar el taller y la respuesta llegó casi de inmediato.

- La costurera me pidió que le transmitiera un mensaje si surgía alguna duda respecto al bordado. -Hizo una breve pausa.- Dijo que está exactamente como usted lo pidió.

El empleado de Reina pareció contener el aire durante un instante. Kuroto, por su parte, mantuvo la misma expresión tranquila de siempre. Por un momento llegó a preguntarse si aquello empeoraría la situación. Afortunadamente, la mujer terminó aceptando el encargo. Cuando la firma apareció finalmente sobre la tablilla, Kuroto sintió una pequeña satisfacción, ya había dos entregas completadas. Guardó cuidadosamente la documentación antes de inclinar ligeramente la cabeza.

- Le transmitiré su mensaje a Aiko.

La tensión pareció disiparse poco después, cuando le ofrecieron una taza de té, Kuroto aceptó por simple cortesía. El muchacho de servicio no tardó en regresar con una pequeña taza de porcelana. Kuroto la aceptó con ambas manos por educación y llevó el borde hasta sus labios. Mientras dejaba la taza sobre la mesa, dirigió una última mirada al interior de la casa de té.

- Gracias por la hospitalidad.

Tras despedirse con una leve inclinación de cabeza, recogió la tablilla y abandonó el establecimiento. Las calles de Konohagakure conservaban el movimiento habitual de la tarde, aunque el sol comenzaba a descender lentamente sobre los tejados de la aldea. Kuroto comprobó una vez más las direcciones anotadas en la tablilla mientras caminaba.

- Solo queda una entrega. 

Su mirada descendió hasta el último paquete, cuidadosamente envuelto en tela negra y sujeto con una cuerda roja. A diferencia de los anteriores, aquel encargo había recibido una advertencia específica por parte de Aiko. No podía permitirse ningún descuido. Ajustó ligeramente la posición del paquete bajo el brazo y puso rumbo hacia el sudeste de la aldea. A medida que avanzaba, las calles fueron cambiando poco a poco. Los comercios comenzaron a quedar atrás y el flujo constante de clientes y mercaderes dio paso a zonas más tranquilas y residenciales. Siguiendo las indicaciones de la tablilla, continuó recorriendo varias calles hasta aproximarse al área señalada por la dirección.

Frente a él se alzaba el edificio que coincidía con los datos proporcionados por Aiko. Kuroto se detuvo unos instantes ante la entrada, comprobó por última vez que el paquete permanecía en perfecto estado y, tras acomodarlo cuidadosamente entre sus manos, se dispuso a anunciar su llegada.

- Buenas tardes. Traigo una entrega de la costurera Aiko.
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25-06-2026, 09:02 PM
La zona cercana al distrito Uchiha era más tranquila que el mercado. Los gritos de los comerciantes quedaron atrás, como también lo hicieron el olor a comida, sudor y polvo levantado por la gente. Allí las calles eran más limpias, las casas más ordenadas y el movimiento más escaso. El tipo de lugar donde cualquier ruido parecía sonar un poco más fuerte de lo que debía.
El edificio señalado por la tablilla era una vivienda amplia, de madera oscura y entrada cuidada. No parecía lujosa, pero sí seria. En uno de los laterales colgaba una campanilla de viento que apenas se movía con la brisa.
Anunciaste la entrega y, durante unos segundos, no hubo respuesta. Luego se escucharon pasos lentos y medidos desde el interior. La puerta se abrió lo justo para mostrar a un hombre mayor, de cabello canoso recogido hacia atrás y rostro serio. Vestía ropa tradicional sencilla, bien colocada, sin una arruga.
—Entrega de Aiko —repitió.
No sonó muy amable. Abrió un poco más la puerta y extendió las manos.
—Dámelo.
El hombre recibió el paquete con cuidado. Observó la tela negra, la cuerda roja y la etiqueta. Pasó los dedos por los bordes, revisando que no hubiera manchas, dobleces o marcas de descuido.
—Pagado por adelantado —murmuró—. Antes del final de la tarde. Sin manchas.
Desató la cuerda roja y abrió el envoltorio apenas lo necesario para revisar el contenido. Dentro estaba el haori ceremonial, oscuro, limpio y bien doblado. El hombre levantó una manga, miró el cuello y luego el borde inferior. Finalmente, asintió.
—Muy bien.
Volvió a doblar el haori con cuidado y lo dejó sobre una mesa baja junto a la entrada. Después tomó la tablilla, revisó las firmas anteriores y soltó una exhalación breve por la nariz.
—Aiko acepta demasiados encargos.
Firmó con trazos firmes, rectos y sin adornos. Luego te devolvió la tablilla.
—Dile que el haori llegó en buen estado.
Hizo una pausa corta.
—Y dile también que tuvo buen juicio al elegir a un mensajero cuidadoso.
El hombre volvió a mirarte, esta vez con algo más de atención. Su vista bajó un instante hacia tus manos.
—Manos de espada —murmuró—. Eso explica el cuidado.
No parecía un elogio completo. Más bien una observación.
—Quien aprende a no maltratar una empuñadura suele entender que no todo se agarra con fuerza.
Después levantó la mirada otra vez.
—Tu nombre.
La última línea de la tablilla ya tenía firma.
Las tres entregas estaban hechas.
El uniforme de la Academia. El mantel de la Casa de Té Higurashi. El haori ceremonial.
Solo quedaba volver con Aiko.
Kuroto Uchiha
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26-06-2026, 10:46 AM
El anciano examinó el haori con el mismo cuidado que los anteriores destinatarios sus encargos. Kuroto mientras tanto esperaba el resultado un poco tenso. Solo cuando la firma apareció sobre la tablilla permitió que una pequeña parte de la tensión desapareciera. Las tres entregas estaban completas. Al escuchar la observación sobre sus manos, Kuroto bajó la vista de forma y durante unos segundos miró sus propios dedos. Podía ver algunas callos discretos, pequeñass marcas y la firmeza adquirida tras horas empuñando una katana.

- Kuroto Uchiha.

Respondió con serenidad antes de volver a levantar la mirada. Las palabras del hombre permanecieron unos intsantes en su cabeza.

"Quien aprende a no maltratar una empuñadura suele entender que no todo se agarra con fuerza."

Inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.

- Le transmitiré sus palabras a la costurera. Gracias por recibir el encargo.

Kuroto no djo nada más, guardó la tablilla y emprendió el camino deregreso hacia la tienda de Aiko. Mientras recorría nuevamente las calles de Konohagakure, comprobó una última vez las tre firmas. Academia. Casa de Té Higurashi. Haori ceremonial. Solo quedaba informar a Aiko de que todos los encargos habían llegado a su destino. Kuroto volvió a ver el cartel de Costuras Aiko, que seguía balanceándose suavemente con la brisa final de la tarde. Ascendió los pocos escalones de la entrada, comprobó una última vez que la tablilla permanecía en su sitio y cruzó la puerta del establecimiento. Al cruzar la puerta, el inconfundible olor a tela e hilo volvió a recibirlo. El taller seguía tan abarrotado como cuando había salido horas atrás. Aiko permanecía inclinada sobre su banco de trabajo, concentrada en una nueva costura. El constante movimiento de la aguja y el suave sonido del hilo atrvesando la tela dejaban claro que no había abandonado su puesto ni un instante desde que Kuroto se marchó. Kuroto se aproximó con paso tranquilo, esperó el momento oportuno para no interrumpir el trabajo de Aiko y, cuando la costurera levantó la vista, depositó la tablilla frente a ella antes de comenzar el informe.

-Las entregas se realizaron sin problemas. La señora Higurashi me pidió que le dijera que aceptó el encargo, aunque pasará mañana por el taller. El último cliente también le envía un mensaje: el haori llegó en perfecto estado. -Hizo una breve pausa antes de tenderle la tablilla-. Ha resultado una misión más interesante de lo que esperaba.
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28-06-2026, 02:46 AM
Aiko tomó la tablilla con una mano y revisó las tres firmas en silencio. Academia. Casa de Té Higurashi. Haori ceremonial. Sus ojos cansados recorrieron cada línea y, por primera vez desde que Kuroto había entrado en el taller aquella tarde, sus hombros parecieron bajar un poco. Después dejó escapar una risa breve, seca, casi perdida entre el sonido de la aguja y el movimiento de las telas.
—Entonces salió mejor de lo esperado.
Guardó la tablilla bajo el mostrador y tomó un pequeño sello de madera. Lo presionó sobre el comprobante de misión con un golpe suave.
—Buen trabajo, Kuroto Uchiha. Todos los encargos llegaron a tiempo y nadie vino a gritarme todavía. En mi oficio, eso cuenta como una victoria.
El sello ya estaba puesto.
La misión había terminado.
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30-06-2026, 10:27 PM
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