23-06-2026, 04:51 PM
Última modificación: 23-06-2026, 04:52 PM por Yokubari.
[Social] Licor Seco y Humo Viejo
Día: 13 de Verano
Hora: 4:30am
Lugar: Bar de Konoha
Era miércoles de verano y la madrugada tenía a Konoha medio apagada. En un bar pequeño, metido entre locales de comida y callejones cerca de la zona de las tiendas de BBQ, quedaban solo los que no tenían casa a la cual llegar con ganas. La madera del lugar olía a licor viejo, grasa caliente y humo pegado en las paredes. Afuera, la calle estaba casi vacía; apenas algún guardia pasando rumbo a la Estación de Policía y el ruido lejano del río golpeando bajo los puentes. Adentro, Yokubari Ben ocupaba una mesa del fondo con un vaso de licor seco, el puro encendido entre los dedos y la armadura todavía puesta, porque ese hombre no sabía descansar ni cuando el mundo le daba permiso.
No hablaba mucho. Bebía despacio, mirando el vaso con esos ojos avellana hundidos en algo que no estaba en la mesa. Cada tanto soltaba humo por la nariz y dejaba que el silencio le mordiera los hombros. La cadena bajo la armadura le rozaba el pecho cuando respiraba, y ahí colgaba el anillo de su esposa, escondido donde nadie pudiera verlo ni preguntarle ni meter la lengua donde no debía. Ben no venía al bar a divertirse...Quería matar horas y llenar la cabeza con alcohol antes de que los recuerdos agarraran fuerza.
El cantinero ya lo conocía y no le decía nada. Solo le rellenaba el vaso cuando Ben empujaba unas monedas por la mesa. Un par de borrachos en la barra reían demasiado duro por alguna estupidez, pero bajaban la voz cada vez que miraban hacia el fondo y lo veían. Ben tenía esa presencia pesada que ensuciaba el aire alrededor. Bastaba con verlo sentado ahí, ancho de hombros, barba descuidada, puro entre los dedos, para entender que molestar a ese tipo era una idea mala desde el primer trago.
Ben terminó el vaso, apretó la mandíbula y se quedó mirando la puerta cuando una ráfaga fresca entró desde la calle. La madrugada seguía encima de Konoha, húmeda, tibia, cansada. Afuera empezaba a clarear apenas, pero todavía faltaba para que la aldea despertara de verdad. Él apagó el puro contra el cenicero, dejó otra moneda sobre la mesa y continuó bebiendo.