23-06-2026, 01:11 AM
Misión de Rango E — Repartidor textil
Año: 150
Lugar: Zona Comercial, Konohagakure
Hora: 3:20 p. m.
Petición: Aquí
La tienda de Aiko no era difícil de encontrar.
Bastaba con seguir el olor a tela nueva, tinta de etiquetas y cansancio. Mucho cansancio. La entrada estaba entre una floristería de los Yamanaka y un local de utensilios de cocina administrado por el clan Akimichi. Sobre la puerta colgaba un cartel de madera pintado a mano: Costuras Aiko. Debajo, varias tiras de tela de distintos colores se movían con la brisa de la tarde.
Dentro, el taller parecía haber sobrevivido a una guerra menor: había rollos de tela apoyados contra las paredes, agujas clavadas en cojines, carretes de hilo desperdigados sobre la mesa y tres maniquíes vestidos a medias. En el centro de todo aquello estaba Aiko, que no debía de tener más de cuarenta años, usando el cabello recogido, las mangas arremangadas y los ojos cansados.
—Tú debes de ser el genin... —dijo, somnolienta, cuando se percató de que habías cruzado la puerta—. Bien. Perfecto. Maravilloso. No toques nada con lo que te puedas pinchar. O, lo que es lo mismo, no toques nada.
La costurera tomó tres paquetes envueltos en tela y los colocó sobre el mostrador, uno tras otro.
El primero era rectangular, envuelto en tela gris y atado con cuerda blanca.
—Uniforme de entrenamiento remendado. Va para la Academia Ninja. Debe llegar antes de la práctica de la tarde.
El segundo estaba envuelto en tela azul oscuro, con una etiqueta cuidadosamente doblada.
—Mantel bordado para la Casa de Té Higurashi. La dueña es detallista. Si pregunta, dile que el bordado está exactamente como lo pidió. Aunque no lo esté.
El tercero era más pequeño, pero estaba envuelto con mayor cuidado. Tela negra, cuerda roja y una etiqueta con dirección hacia una zona cercana al distrito Uchiha.
Aiko hizo una pausa antes de entregarlo.
—Haori ceremonial. Ese no puede mancharse, doblarse mal ni perderse. El cliente pagó por adelantado y no quiero volver a escuchar su voz si algo sale mal.
Luego sacó una tablilla con las direcciones y un pincel.
—Necesito las tres entregas hechas antes de que acabe el día. Que firmen aquí cuando reciban el encargo. Sin firma, no cuenta.
Aiko miró entonces el taller lleno de telas, suspiró y volvió a tomar una aguja.
—Puedes decidir el orden. Academia, casa de té o haori. Pero muévete.
Año: 150
Lugar: Zona Comercial, Konohagakure
Hora: 3:20 p. m.
Petición: Aquí
La tienda de Aiko no era difícil de encontrar.
Bastaba con seguir el olor a tela nueva, tinta de etiquetas y cansancio. Mucho cansancio. La entrada estaba entre una floristería de los Yamanaka y un local de utensilios de cocina administrado por el clan Akimichi. Sobre la puerta colgaba un cartel de madera pintado a mano: Costuras Aiko. Debajo, varias tiras de tela de distintos colores se movían con la brisa de la tarde.
Dentro, el taller parecía haber sobrevivido a una guerra menor: había rollos de tela apoyados contra las paredes, agujas clavadas en cojines, carretes de hilo desperdigados sobre la mesa y tres maniquíes vestidos a medias. En el centro de todo aquello estaba Aiko, que no debía de tener más de cuarenta años, usando el cabello recogido, las mangas arremangadas y los ojos cansados.
—Tú debes de ser el genin... —dijo, somnolienta, cuando se percató de que habías cruzado la puerta—. Bien. Perfecto. Maravilloso. No toques nada con lo que te puedas pinchar. O, lo que es lo mismo, no toques nada.
La costurera tomó tres paquetes envueltos en tela y los colocó sobre el mostrador, uno tras otro.
El primero era rectangular, envuelto en tela gris y atado con cuerda blanca.
—Uniforme de entrenamiento remendado. Va para la Academia Ninja. Debe llegar antes de la práctica de la tarde.
El segundo estaba envuelto en tela azul oscuro, con una etiqueta cuidadosamente doblada.
—Mantel bordado para la Casa de Té Higurashi. La dueña es detallista. Si pregunta, dile que el bordado está exactamente como lo pidió. Aunque no lo esté.
El tercero era más pequeño, pero estaba envuelto con mayor cuidado. Tela negra, cuerda roja y una etiqueta con dirección hacia una zona cercana al distrito Uchiha.
Aiko hizo una pausa antes de entregarlo.
—Haori ceremonial. Ese no puede mancharse, doblarse mal ni perderse. El cliente pagó por adelantado y no quiero volver a escuchar su voz si algo sale mal.
Luego sacó una tablilla con las direcciones y un pincel.
—Necesito las tres entregas hechas antes de que acabe el día. Que firmen aquí cuando reciban el encargo. Sin firma, no cuenta.
Aiko miró entonces el taller lleno de telas, suspiró y volvió a tomar una aguja.
—Puedes decidir el orden. Academia, casa de té o haori. Pero muévete.
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