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¿Sabías que… los Yamanaka sufrían constantemente los gritos, recuerdos y emociones de otras personas dentro de sus propias cabezas?
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[Side Quest — Música en la Plaza de la Fuente]
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17-06-2026, 05:39 PM
Última modificación: 17-06-2026, 05:55 PM por Kyoshiro.
Side Quest — Música en la Plaza de la Fuente
Año: 150
Lugar: Piedra Conmmemorativa
Hora: 4:30pm
Plaza de la Fuente

[Imagen: 50c586db-1574-4693-98c7-fd7b7238c177.png]
La Plaza de la Fuente no estaba en silencio aquella tarde. Entre la niebla baja de Kirigakure, varias telas colgaban de los postes, pequeñas lámparas temblaban con el viento húmedo y un grupo de músicos tocaba una melodía alegre que parecía luchar contra el peso del ambiente. Había puestos de comida, máscaras pintadas a mano, juegos sencillos para niños y aldeanos reunidos alrededor de la fuente central. A simple vista, parecía un carnaval.

Pero no todos sonreían. Para muchos habitantes de Kiri, aquellas fechas seguían cargadas de recuerdos difíciles: pérdidas antiguas, mares violentos, familias rotas y nombres que todavía dolían al ser mencionados. Algunos caminaban por la plaza con flores en las manos. Otros permanecían apartados, observando la música con el rostro serio, como si cada nota les pareciera fuera de lugar.

—No deberíamos estar celebrando hoy —dice un hombre mayor cerca de la fuente, con la voz contenida—. Hay días que se respetan en silencio.

Frente a él, una mujer que acomoda máscaras sobre una mesa responde sin levantar demasiado la voz. Dice que celebrar no significa olvidar. Que la aldea ya ha llorado bastante. Que a veces encender música, servir comida caliente y dejar que los niños corran por la plaza también es una forma de resistir. La discusión no llega a gritos, pero varias personas empiezan a mirar. La tensión crece despacio, escondida debajo de los tambores, las flautas y el murmullo del agua.

Un soldado de Kirigakure vigila desde un lado sin intervenir todavía. Cerca de los músicos, un joven intenta mantener la melodía, aunque sus manos dudan cada vez que escucha una palabra amarga entre el público. Algunos aldeanos se acercan para apoyar la celebración. Otros se retiran, incómodos. La plaza parece dividida entre quienes quieren recordar en silencio y quienes necesitan creer que Kiri todavía puede tener momentos de vida.

La música continúa, más suave que antes. La fuente refleja las luces pequeñas del carnaval mientras la niebla cubre los bordes de la plaza. Tal vez no haya ningún misterio oculto tras las máscaras. Tal vez no exista una amenaza esperando entre la gente. Pero, para quienes decidan acercarse, escuchar o mediar, esta tarde puede revelar algo simple sobre Kirigakure: incluso una aldea marcada por la tragedia necesita encontrar razones para seguir celebrando.
Enjō Terumi
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17-06-2026, 06:08 PM
Última modificación: 17-06-2026, 06:10 PM por Enjō Terumi.
Me quedé un momento en el borde de la plaza con las manos metidas en las mangas y mirando tranquilamente a las personas, posando mis ojos pasando por encima de ellos... Había demasiadas caras, así que no me molesté en intentar reconocer a nadie. En cambio, me tuve que fijar en cosas más útiles: flores apretadas contra el pecho, manos tensas, gente mirando mal a los músicos, niños correteando sin enterarse mucho de nada. ¿Por que alguien miraría mal a unos músicos?.

La plaza de la fuente olía a humedad, la niebla se arrastraba como siempre... el sonido de la música era reconfortante, o por lo menos eso es lo que la mayoría de las personas debería pensar. Pero, pasando un poco el oído se podía notar de que no todos estaban de demasiado buen humor la verdad. Simplemente avancé despacio sin meterme de golpe en discusiones, el hombre malhumorado parecía cabreado y la mujer de las mascaras también. Que ganas que tenía la gente por discutir gracias a una canción.

- Si molesta tanto, bajad un poco la musica. - No levantaría demasiado la voz, lo justo para que me escucharan las personas cercanas vamos. Miraría a los músicos y luego al hombre mayor, no me decía nada su cara. - Pero, no la cortéis por favor - Me acerqué un poco más a la fuente, quedándome en un sitio donde se me viera bien pero sin querer buscar protagonismo, no tenía ganas de soltar un discurso. Entonces, miré directamente al hombre quejumbroso. - Mire, entiendo que hoy sea una mierda para usted. - Le diría sin suavizar demasiado las palabras por que no le encontraba el sentido. Había días que simplemente eran una basura. - Pero para otros quedarse quietos recordando también es una mierda. Hay críos aquí. Que yo tambien lo soy, no se confunda. Hay gente vendiendo comida, hay gente intentando pasar la tarde sin sentirse mal simplemente por respirar - Miré entonces hacía la mujer de las máscaras, más bien hacia sus manos, que todavía parecían ocupadas con cuerdas. - Y eso tampoco está mal, digo yo. -

Soltaría algo de aire por la nariz y volvería a mirar alrededor, la plaza estaba rara, era una oportunidad bastante buena eso si para empezar a crear opiniones frente al resto... ¿por que dejar que la tristeza nos ahogue mas que el propio mar que nos rodea?. - Yo creo que la aldea tiene demasiados lugares callados ya. - me encogería de hombros - Cementerios.. monumentos... casas vacias... Yo creo que sitios sobra, che. - Una aldea no servía de mucho si todo lo que hacía era recordar lo mal que lo había pasado. Eso podía quedar digno, si. ¡Pero tambien dejaba a la gente idiotizada!, debemos levantarnos, reforzarnos y aumentar nuestras capacidades.

-¡Si alguien quiere llorar, que llore!, si alguien quiere traer flores, que las traiga. Pero si otros quieren pasarlo bien. ¡Dejadles tambien!, no seais egoistas creyendo que vuestra forma de tristeza es la unica que existe joder - Luego miré de nuevo al hombre mayor. No sabía si iba a odiarme, entender lo que le decia o mandarme a callar. Cualquiera de las tres opciones me valía mientras no empezara a romper cosas. - La cosa no es celebrar por encima de los fallecidos. Es no dejar que se lleven todo con ellos - le diria de forma calmada, y en bajo. Antes de quedarme cerca de la fuente sin moverme demasiado. Si la plaza seguía viva, Kiri también. Y eso, aunque sonara raro, era útil para lo que tenia planeado en el futuro.

V&D importantes

Prosopagnosia
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Arako Heizu
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17-06-2026, 06:17 PM
Última modificación: 17-06-2026, 06:20 PM por Arako Heizu.
Arako había pasado por la plaza fuente como cualquier otro día, como quien va desde su hogar a comprar el pan… Hoy era uno de esos días que estaban cargados de emociones, los músicos tocaban al favor de las canciones, niños jugaban en diversos juegos y ella… Ella simplemente se había sentado en mitad de la plaza a despejarse y si algo sabia ella es que la única forma de quitar una mala cara era con una sonrisa.
 
Entonces seria que lo vería, un hombre y una mujer discutiendo… Al parecer ambos tenían formas distintas de ver la vida, por lo que levantando una ceja simplemente se acercaría a observar por el momento, los guardias parecían nerviosos, los músicos dudaban de que hacer con aquella pequeña discusión y poco a poco la gente empezaba a distanciarse unas de otras, de pronto la plaza estaba dividiéndose al igual que kiri lo hizo hace ya 1 siglo atrás por lo que la chica simplemente atino a pegar una ultima mirada de como reaccionaban… No las personas que estaban ahí, sino aquellos fantasmas que tanto habitaban la villa, suspiraría entonces la azulina intentando diferenciarles, pero… No tenia sentido… Muchos tomaban sus formas en vida, pocas almas en pena eran las que realmente parecían estar en el momento de sus muertes, por lo que por ahora decidió simplemente caminar hacia el centro de la plaza… -Esperemos que no me maten por esto. – Se comentaría en un susurro para si, momento en el cual un sujeto bastante guapo he de decir pasaría pegándose un pequeño monologo de lo que debían hacer.
 
-He… Nada mal… - Se diría para si en otro suspiro, empezando a aplaudirle al muchacho apoyándole -Tiene razón chicos… Hay que aprovechar los momentos que tenemos vivos ¡Sino para que lo estamos! – Gritaría intentando ir animando a todos acercándose al peli blanco tomándolo confianzudamente para decirle al resto...
 
-¡Aprovechemos de celebrar!- Mirándolo directamente sonriente.

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Datos importantes... Arako tiene:
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-Rasgo Diferente II
-Atractivo
-TDAH
-Traicionable
Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=OHAjc-ay...rt_radio=1]
Kaguya Kuren
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17-06-2026, 06:52 PM
Última modificación: 17-06-2026, 07:11 PM por Kaguya Kuren.
La Plaza de la Fuente no era un lugar al que hubiese planeado ir aquella tarde. Había llegado hasta allí por simple tránsito, siguiendo el camino más corto entre una calle secundaria y la zona donde pensaba entrenar antes de que cayera la noche. Pero la música, el olor de la comida caliente y el movimiento de los aldeanos reunidos alrededor de la fuente me obligaron a disminuir el paso antes incluso de entrar por completo en la plaza. A simple vista, parecía una celebración.
Telas colgando de los postes. Máscaras pintadas sobre mesas improvisadas. Niños corriendo entre adultos distraídos. Músicos intentando sostener una melodía alegre bajo la niebla húmeda de Kirigakure. Todo aquello tenía una apariencia casi amable. No me gustaba.
No por la música. Tampoco por los niños, ni por la comida, ni por las máscaras pintadas a mano. Me desagradaba la facilidad con la que una aldea podía confundir alivio con olvido. Había una diferencia entre seguir viviendo y aprender a mirar hacia otro lado. Y, yo creía, Kirigakure no se había ganado el lujo de mirar hacia otro lado todavía.
Me detuve cerca de uno de los puestos, lo suficiente como para observar la discusión sin participar.
Un hombre mayor hablaba con el rostro tenso, como si cada nota de la música le hubiese sido arrojada a la cara. Frente a él, una mujer acomodaba máscaras y defendía la celebración con una calma que no alcanzaba a ocultar del todo su cansancio. Cerca de los músicos, un joven dudaba con las manos sobre su instrumento. El soldado que vigilaba la plaza permanecía quieto, pero no tranquilo.
Entonces habló Enjo Terumi.
Lo reconocí antes de que terminara su primera frase. No por una cuestión de cercanía personal, sino porque en Kirigakure ciertos nombres circulaban con demasiada facilidad. Los rumores le daban forma a la gente incluso antes de conocerla. Enjo Terumi era de esos hombres a los que la aldea parecía mirar un instante más de lo necesario. Lo escuché sin cambiar de expresión.
No me pareció un mal discurso. Tenía fuerza. También tenía algo de verdad. Una aldea que solo sabía guardar silencio terminaba convirtiéndose en un cementerio con murallas. Pero había una clase de vida que se parecía demasiado al adormecimiento, y una clase de alegría que servía para debilitar la memoria hasta volverla inofensiva.
Después intervino una joven de cabello azulado que no reconocí. Aplaudió, se acercó con una confianza que a mí me habría resultado imprudente y animó a los demás a celebrar. Su sonrisa era amplia.
Observé al hombre mayor. Luego a los músicos. Luego a los niños.
La aldea estaba dividida, sí, pero aquello no era una pelea. Era algo más pequeño y peligroso: una discusión sobre qué debía hacerse con el dolor.
Avancé hasta quedar a un lado de la fuente, sin acercarme tanto como para interrumpir a Enjo ni tan lejos como para parecer un simple espectador. Me detuve con las manos relajadas a los costados y observé primero al hombre mayor.
—Estoy de acuerdo con él —dije, sin elevar demasiado la voz.
La frase bastó para que algunas miradas se volvieran hacia mí.
—No porque crea que los muertos necesiten silencio. Los muertos no necesitan nada. Hasta donde sabemos, podrían estar mejor que nosotros.
Miré entonces hacia la mujer de las máscaras, hacia la joven que sonreía y hacia Enjo Terumi.
—Pero los vivos sí necesitan recordar.
Dejé que la música continuara unos segundos antes de hablar de nuevo.
—Una aldea que se permite olvidar sus pérdidas se vuelve cómoda. Una aldea cómoda baja la guardia. Y una aldea que baja la guardia empieza a creer que la guerra es algo lejano, algo que les ocurre a otros, en otra costa, bajo otra niebla.
Volví a mirar al hombre mayor.
—El problema no es la música. El problema es que algunos parecen tener demasiada prisa por sentirse bien.
Luego observé a los niños que corrían cerca de la fuente.
—Que toquen, si quieren. Que vendan comida. Que los niños corran. Pero no finjan que eso es resistencia. La resistencia no consiste en sonreír encima de una tumba. Consiste en mirar la tumba el tiempo suficiente para entender por qué no debe repetirse.
Mi mirada volvió a Enjo.
—Kiri ya tiene demasiados lugares callados, es cierto.
Después miré a la plaza entera.
—Pero quizá tiene muy pocos lugares donde alguien se atreva a decir que el dolor también sirve. Que la rabia también sirve. Que recordar no es quedarse quieto, sino mantenerse afilado.
El agua de la fuente deformaba el reflejo de las lámparas y de los rostros reunidos alrededor. Durante un instante pensé en los cuerpos flotando en las dársenas del Mizuchi, en la carne hinchada por el agua salada, en los novatos apartando la mirada y en los veteranos comiendo pan junto a una pila marcada con estampas blancas.
—Celebren si quieren. Yo no tengo la autoridad para impedirlo —añadí finalmente—. Pero les pido que no conviertan la celebración en una excusa para olvidar lo que esta aldea es, lo que ha perdido y lo que todavía puede volver a perder. El odio y la ira son de las pocas armas que nos quedan.
Soma Hozuki
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17-06-2026, 07:08 PM
Aquellas celebraciones se hacían en honor a tiempos anteriores a Soma, antes de su nacimiento, e incluso antes de que fuese siquiera una idea en la mente de sus padres. Aun así, no podía dejar de pensar en los suyos, en aquellos a quienes sí llegó a conocer en persona.

Los primeros minutos en la Plaza de la Fuente fueron agradables. Las lámparas pequeñas colgaban de los postes y vibraban con el viento húmedo sin apagarse del todo. Los puestos de comida olían a caldo caliente, parecido al que su madre solía cocinar años atrás. Por un momento solo escuchó la música y el agua de la fuente, y respiró hondo.

A su padre le habría encantado estar ahí aquel día. Habría montado un puesto junto a los mercaderes o se habría colado entre los músicos. Tocaba la flauta mejor que nadie que él conociera, con un repertorio que parecía no tener fin. Cerró los ojos un segundo e intentó recordar alguna melodía, pero no llegó ninguna.

Un hombre mayor gritaba con el rostro tenso. Las palabras no llegaban enteras hasta donde estaba Soma, pero el tono sí: enojo. Soma no quería formar parte de aquello, así que subió al tejado de un edificio bajo que daba a la plaza y recogió las piernas contra el pecho. La teja estaba fría, pero era preferible a quedarse en medio de aquello. La niebla lo envolvía por los costados. Desde arriba, la plaza parecía más grande: luces sueltas, la fuente en el centro devolviendo cada cosa con un brillo que no pegaba con la tarde.

Abajo, un chico joven tomó la palabra. Soma no le conocía. Habló rápido, sin mirar demasiado a nadie, de cementerios y de casas vacías, de dejar que la gente llorase si quería y que celebrase si podía. Nada que Soma pudiera discutirle. Una chica de cabello azul aplaudió y animó al resto. Luego llegó otro que habló de no bajar la guardia y de mantenerse afilado. Eso también tenía algo de verdad, aunque Soma no quería escucharla.

Se encogió un poco más, las rodillas apretadas contra el pecho. Sora. Le habría visto aquel día junto a los soldados, pendiente del orden, mirando el gentío con esa cara dura que usaba cuando no quería que nadie le viera preocupado.

Empezó a jadear.

Sí, tal vez la mujer tenía razón: la aldea había llorado bastante. Pero él seguía igual.
Orión Hoshigaki
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18-06-2026, 02:12 PM
La plaza traía con la música un hedor a nostalgia. Una fragancia que no le resultaba desagradable, aunque lo hacía pisar distinto. Había llegado allí por accidente, dejándose llevar por aquel mar de caras que lo ignoraba constantemente y por un carcaj de recados vacío. Los tazones de caldo hirviendo peleaban con la humedad de la aldea; un desfile de máscaras convivía con flores recién cortadas, flores todavía aferradas a terrones de tierra húmeda, fragancia a petrichor. Pese a todo, siempre estaba la sal. Siempre había sal.

Orión avanzó lento, contando los pasos. Su cabeza era un eco de números guiados por la matemática siniestra de una vieja manía.

"Ciento siete... ciento ocho..."

En sus narinas desfilaba un sinfín de fragancias desconocidas. Eran tantas que, precisamente por eso, le resultaba poco sencillo distinguir las conocidas. La gente lo ignoraba, pero también lo notaba. Se abrían pequeños centímetros a su alrededor para evitar rozarlo; ante la inmensidad que se erguía en casi dos metros de altura era imposible no hacerlo, más aún con aquella amplitud descomunal de hombros y espalda. Dos metros de músculos vestidos por una piel añil, opaca y gastada, no necesitaban presentación. Él no pedía permiso. Simplemente fluía entre la gente, habitaba la inmensidad de su físico sin interrumpir el pensamiento ajeno.

"Ciento noventa... ciento noventa y uno..."

Se detuvo de golpe y tomó una bocanada de ambiente. De humedad. De olores. Le molestaba que aquella paleta cambiara con cada paso que contaba. Había nervios mezclados con cansancio, niños que todavía olían al sol y un tenue rastro de hierro escondido entre la multitud. No buscó un solo rostro. No quería contacto. Un murmullo empezó a llegarle, lento, tímido, y las caras volvieron a mezclarse unas con otras hasta hacerle imposible descubrir quién movía los labios.
Las palabras comenzaron a alcanzarlo recién entonces, tontas y fuera de contexto. Fue incapaz de unir rostros con nombres, o voces con olores.
Una discusión terminó por ensuciar la música. Los recuerdos parecían haberse agarrado de los pelos en mitad de la calle, como si aquello que salía de una caja de madera, de un puñado de cuerdas y de unos tubos de viento pudiera desafiar los tendones de cuerpos desmembrados que, de la misma manera, también habían compuesto melodías de guerra.

No prestó demasiada atención. La dejó pasar. En la aldea todos habían aprendido a adaptarse. Si la memoria reclamaba silencio, así sería. Si la música quería ser escuchada, también lo sería.

"Doscientos veinte."

Contó el último paso que lo dejó frente a la fuente. Apoyó la mano sobre la piedra buscando un qué sé yo imposible de nombrar. Estaba húmeda. Todo allí respiraba humedad, colándose por las grietas de sus manos mientras observaba el agua correr. Las fuentes siempre le parecieron una maldición. Eran agua que soñaba con ser mar y, sin embargo, jamás encontraba el valor de marcharse. Maldito capricho de los hombres.
Pasaron algunos minutos de inmovilidad hasta que la abstinencia golpeó uno de sus viejos reflejos. El brazo descendió al bolsillo. Los dedos encontraron un pequeño trozo de madera, un pedazo de naufragio secado al sol. Lo llevó a la boca. Mordió con alivio. Después lo retiró para hacerlo bailar entre los dedos mientras el reflejo de las lámparas temblaba sobre el agua.

Por un instante creyó reconocer otra silueta entre las ondas. La ilusión desapareció antes de que pudiera decidir si realmente quería encontrarla. No sintió decepción. Sabía demasiado bien que era el mar quien decidía qué cosas regresaban y cuáles no. Había aprendido hacía tiempo que la espera también era una forma de avanzar.
Brolk
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18-06-2026, 04:40 PM
Hoy era uno de esos días difíciles para todos en la aldea. Pese al ambiente amigable y ameno, los recuerdos de un pasado lleno de horrores habían desgarrado la esperanza de Kirigakure. Brolk lo sabía; su propia historia, al igual que la de muchos, estaba repleta de dolor, migajas y trabajo duro. Su padre siempre se lo recordaba: que el pasado de la Niebla estaba escrito con sangre y que las personas estaban condenadas a repetirlo.

Esas palabras le daban vueltas y vueltas en la cabeza. Aunque las entendía por completo, por alguna razón su corazón no sentía ese rencor por la vida. Era la forma en la que había crecido: él siempre esperaba que todo mejorase. Tenía que hacerlo.

Por ello, ese día no llevaba su uniforme ninja. Su vestimenta era un poco más llamativa de lo habitual, llena de colores y flores que lo hacían resaltar de inmediato entre la niebla. Sumado a ese atuendo floral, la gran sonrisa del genin contagiaba a algunos aldeanos mientras caminaba.

Llevaba la calabaza entre los dedos y, mientras bebía un sorbo, observaba los puestos de comida. Ese día, a diferencia de los demás, el ambiente en la aldea parecía más vivo que nunca.

Brolk lo disfrutó. Junto a las lámparas y la música, se deleitaba viendo pasar a las personas e, incluso, hizo un par de amigos rápidamente. Pero las palabras tienen poder, y aquellas frases fuertes del anciano, seguidas por los discursos tensos de los demás acabaron con toda la alegría en un instante. ¿Cómo podrían estar discutiendo en un momento así? Brolk observó los puestos de comida y la felicidad en los rostros de los jóvenes, pero el descontento también era real. Aunque no lograba comprenderlo del todo, la rabia siempre formaría parte de Kirigakure.

El gigante se mantuvo allí, observando. Aunque no era propio de él, se quedó callado ante las opiniones de los presentes. Estaba claro que la aldea se dividía entre ideales; por supuesto, todos parecían tener algo de razón a su manera, y Brolk no lograba procesar tanta seriedad. ¿No era aquello una celebración?

Tomó un sorbo más de agüita y continuó su camino. Avanzar era parte de la vida; crecer, vivir... eso lo tenía claro y, por su parte, no dejaría de disfrutar por culpa de nadie. Brolk se acercó a uno de los puestos y, sacando unas monedas de su última misión, compró uno de aquellos perros calientes que olían tan delicioso. Mientras lo devoraba, se sentó directamente en la tierra, justo al frente del puesto de comidas rápidas. Por un momento, olvidó por completo todo el drama que estaba pasando a su alrededor.
Narrador General
Rango Genin
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18-06-2026, 04:41 PM
Última modificación: 18-06-2026, 04:45 PM por Narrador General.
Crack...

Desde uno de los puestos cercanos a la fuente, la plaza se veía más tensa de lo que sonaba. La música seguía ahí, sí, pero ya no llenaba el lugar de la misma forma. Ahora cada nota parecía pasar entre miradas duras, manos apretadas y gente que no sabía si quedarse, irse o meterse donde nadie la había llamado. Primero habló el muchacho Terumi, Enjō, pidiendo que bajaran un poco la música si hacía falta, pero que no la apagaran. Luego la chica Heizu, Arako, se le sumó con aplausos y una sonrisa grande, empujando el ambiente hacia la celebración, hacia ese lado más simple y terco de la vida. Pero entonces habló Kuren Kaguya, más serio, más frío, diciendo que recordar también era necesario, que la rabia servía, que el dolor mantenía despierta a una aldea que no podía darse el lujo de ponerse cómoda. Algunos asintieron con Enjō. Otros con Kuren. Otros miraron al suelo. Desde un tejado, Soma Hozuki se había quedado aparte, encogido, tragándose algo que no quería compartir con nadie. Cerca de la fuente, Orión Hoshigaki estaba quieto, enorme, tocando la piedra húmeda y mirando el agua con la calma pesada de quien escucha más de lo que habla. El anciano, por su parte, masculló algo entre dientes, arrugó más la cara y miró primero a Enjō y luego a Kuren. —Bah, mocosos —soltó al final, con una mezcla rara de enojo cansado y derrota—. Hablan mucho para tener tan pocos años. Pero no volvió a gritar. Solo apretó las flores contra el pecho y se quedó ahí, todavía molesto, pero ya sin fuerza para romper la tarde. Puso las flores en la fuente, dijo algo para sí mismo. Aún enojado, una lágrima le bajó por la mejilla. Besó sus dedos, los colocó en las flores y luego se fue.

Crack...

Pasó un rato. No demasiado, pero lo suficiente para que la discusión dejara de ser el centro de todo. Los músicos terminaron la canción con cuidado, alargando las últimas notas hasta que la flauta se apagó y el tambor dio un golpe final, seco, claro. Para entonces ya había unas cincuenta o sesenta personas repartidas por la plaza. No era una multitud enorme, pero sí bastante gente para que el lugar respirara distinto. Hubo un segundo de duda. Luego alguien aplaudió. Después otro. Y en cuestión de nada, la plaza entera empezó a aplaudir a los músicos. Entonces un hombre subió a la tarima. Era una estructura de madera oscura, levantada con tablones húmedos, sogas gruesas en las esquinas y dos faroles colgando al frente. Tenía telas azul grisáceas a los lados, algo viejas, pero limpias, y al fondo un símbolo pintado de la niebla entre olas. El hombre era Kenji Kaguya, instructor de reclutas, espalda recta, brazos fuertes, cara de pocos juegos y voz de alguien acostumbrado a que lo escuchen. Se paró al centro, levantó una mano y miró a todos con una sonrisa breve. —¿Cómo estamos, Kiri? ¿Se están divirtiendo o vinieron solo a poner cara larga? —preguntó, y algunas risas sueltas le respondieron desde el público—. Eso está mejor. El festival apenas empieza. Tenemos comida, juegos, música, actividades para todos y suficientes puestos para que más de uno pierda sus monedas antes de que caiga la noche. Así que a movernos, comer, hablar, reírnos un rato y demostrar que esta aldea todavía tiene sangre en el cuerpo. 

Crack...


La plaza, vista con más calma, tenía más vida de la que parecía al principio. A un lado estaba el puesto de tiro al blanco, con tablones marcados, muñecos de paja y kunais de práctica clavados en una mesa. Cerca de ahí, una muchacha ofrecía tatuajes temporales con tinta oscura y azulada: olas, espadas, peces, huesos, símbolos de clanes y frases cortas que seguramente muchos se iban a arrepentir de llevar en el brazo al día siguiente. Más al fondo había un puestito cubierto con telas moradas donde una mujer de ojos muy abiertos decía leer las cartas y ver el futuro por unas pocas monedas; tenía velas, conchas, cartas gastadas y una sonrisa demasiado tranquila. A un lado de la tarima, un grupo de adolescentes se mantenía pegado entre sí, susurrando cosas, riéndose bajo, mirando a la gente y fingiendo que no estaban planeando alguna estupidez. Cerca de la fuente había una mochila sola, apoyada contra la piedra húmeda, cerrada con dos correas y sin nadie al lado. Abandonada, olvidada o puesta ahí a propósito, eso no estaba claro. También había un puesto de sopa caliente donde una señora servía caldo en tazones de barro, y un juego de pescar anillos de madera en una tina llena de agua turbia, donde los niños metían las manos aunque el encargado les gritara que usaran las varillas.

Kenji dejó que el ruido creciera un poco más antes de volver a hablar. Luego golpeó dos veces el suelo de la tarima con el talón y señaló hacia el espacio despejado frente a los músicos. —Ahora vamos con el Baile del Mar Cambiante —anunció. Las reglas son sencillas, así que presten atención y no me hagan repetirlas. Nuestros cinco bailarines estarán en la pista. Cada uno tomará a una persona del público para bailar un rato. Cuando la música cambie, los bailarines originales saldrán de la pista, y quienes fueron elegidos tendrán que escoger a su nueva pareja entre los demás presentes. Luego bailarán con esa persona. Nadie puede salir de la pista sin haber bailado con su reemplazo. Nadie se esconde detrás de los puestos. Nadie finge que le duele la pierna. Y no se vale decir que no. ¿Listos? Músicos, ¡A darle!

Y la música comenzó: Mira como va, la arena al bailar, todo el barrio gira sin querer parar...



Los cinco bailarines bajaron de la tarima entre aplausos y silbidos. Llevaban cintas azules en las muñecas, ropa ligera para moverse y esa seguridad incómoda de la gente que sabe que todos la están mirando. No tardaron mucho en escoger. El primero tomó de la mano a Rina, la mujer del puesto de caldo, que protestó riéndose mientras intentaba no derramar nada. El segundo eligió a Tobei, un pescador de barba corta que levantó las manos como si lo estuvieran arrestando. La tercera jaló a Mina, una joven que vendía flores cerca de la fuente y que se puso roja de inmediato. El cuarto fue directo hacia Enjō Terumi, le ofreció la mano con una sonrisa firme y no le dejó mucho espacio para hacerse el desentendido. Y la quinta, con una vuelta rápida y una risa clara, terminó frente a Arako Heizu. La música arrancó otra vez. Más rápida. Más viva. Y la plaza, aunque todavía cargaba flores, recuerdos y heridas viejas, empezó a abrirse alrededor de la pista.
Kaguya Kuren
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18-06-2026, 06:02 PM
Última modificación: 19-06-2026, 06:32 PM por Kaguya Kuren.
Me mordí la lengua. Apenas aquella verborragia escapó de mi boca, me di cuenta de que habría sido mejor tragármela. Nadie me había preguntado mi opinión y, por ese defecto mío de no pararme a pensar, ahora tenía a unos mirándome con desaprobación por un lado y a otros asintiendo ante mis palabras por el otro. Y, sinceramente, no sabría decir cuál de los dos grupos me caía peor. El anciano, por su parte, no volvió a gritar y eso fue lo que terminó de incomodarme. Refunfuñó, estrujó unas cuantas flores contra su pecho, masculló algo que no alcancé a distinguir y avanzó hasta la fuente. Llevó a cabo un pequeño ritual. Un gesto de cariño hacia algún fallecido. Se me entrecerraron los ojos y se me fruncieron las cejas, y no pude disimular ni una cosa ni la otra. Noté cierta rabia subirme desde el estómago hasta la garganta y chasqueé la lengua. «Qué estupidez», me dije a mí mismo. Me di media vuelta y me perdí entre la multitud, pero no abandoné la plaza.
Los músicos terminaron su canción y, de a poco, la gente comenzó a aplaudir. Yo no los seguí. Me disponía a marcharme cuando llegaron a mis oídos las palabras de Kenji Kaguya, a las que presté atención por ningún otro motivo que el de su apellido y, sin embargo, había dicho algo que sabía bien en boca:
—Demostrar que esta aldea todavía tiene sangre en el cuerpo —murmuré para mí.
Exhalé lentamente y descrucé los brazos. Me pareció que Kenji sabía manejar una plaza mejor de lo que yo había sabido manejar una opinión. Eso también me irritó un poco.
Volví a mirar la plaza con más calma y detuve mis ojos sobre los diferentes puestos: tiro al blanco, tatuajes temporales, lecturas del futuro. Noté también a un grupo de adolescentes que susurraban y se reían en secreto, intentando que no se les notara la picardía. Luego me percaté de una mochila sola, cerca de la fuente, que yacía apoyada contra la piedra húmeda. Abandonada, extraviada o puesta allí a propósito. ¿Tendrían los adolescentes algo que ver con aquello? ¿Sería parte de alguna broma que estaban planeando?
Mis pensamientos se detuvieron en seco con la llegada del aroma a caldo de la sopa caliente que venía de alguno de los puestos. Me rugió el estómago y dirigí la mirada al lugar de donde provenía el olor. Luego volví a mirar la mochila y, una vez más, a los adolescentes. Suspiré y me llevé la mano al estómago antes de ir a hablar con ellos.
—Mocosos —dije—. Esa mochila junto a la fuente, ¿es de alguno de ustedes? Parece estar abandonada y pensaba llevarla a objetos perdidos.
Pensé que, si los niños no tenñian nada que ver con la mochila, al menos les habría advertido (aunque indirectametne) de que se comportaran. Poco me importaba el Baile del Mar Cambiante. De hecho, me había aliviado no ser elegido. Quizá de algo sí había servido abrir mi bocota.
Orión Hoshigaki
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19-06-2026, 11:17 AM
Los aplausos colmaron los rincones de la plaza, mientras Orión mantenía la vista fija en el agua. Empezaron tímidos; algunas palmas llegaron primero, luego otras y, poco a poco, todas fueron contagiándose de algarabía. En la cabeza del joven, el sonido del agua terminaba de envolver el chapoteo constante e inútil del caudal circulando de manera perpetua.

Siguió quieto, observando al anciano que, en pleno ritual, se alejaba. El joven estaba convencido de que tenía la espalda más encorvada de lo que la había visto antes. Tenía olor a nostalgia, fragancias que solo aceptan la compañía del silencio. Se quedó con el beso sobre las flores. Le trajo recuerdos de puerto y pescadores, de rituales eternos que siempre había respetado. Era muy común dejarle ofrendas al mar; incluso el propio mar se quedaba con cosas que jamás devolvería.

Hizo girar la madera entre sus dedos. Estaba un poco más ansioso que de costumbre y murmuró para nadie. Para luego tragar de un bocado el pedazo de arbol, buscando disimular aun mas lo que habia soltado.

-El mar también guarda nombres.

De pronto se armó una fachada, una pasión teatral nacida de la decadencia. Un tipo serio comenzó a hablar. El joven apenas giró el cuello, sin levantar demasiado la vista. La voz del instructor era firme, de esas que se clavan entre la multitud sin necesidad de gritar. Anunció el motivo de la fiesta e invitó a contagiar el júbilo y disfrutar del momento. Orión no era, precisamente, un ser festivo, pero entendía la importancia del júbilo en tiempos de guerra. Acompañaría a su gente desde un costado, observando y siendo parte de aquella armonía.

Simplemente dio un paso hacia un costado. Luego otro. La multitud se volvió un río, y él dejó que la corriente pasara. Ignoró la mochila que permanecía abandonada a escasos metros de él; no era prudente tomar algo ajeno.

Sus pies terminaron frente a una tina de agua turbia, donde pequeños remolinos nacían por culpa de las travesuras infantiles. Varios niños intentaban pescar pequeños aros utilizando delgadas varillas de bambú. Reían cuando fallaban. El encargado repartía resongos cada vez que las pequeñas manos se sumergían en la tina, aunque nadie parecía escucharlo. El joven permaneció unos segundos observando el puesto. Los aros asomaban cada vez que los infantes hacían trampa y no dudó en esbozar una pequeña mueca de alegría.

-Las redes grandes empiezan atrapando cosas pequeñas.

Con la deuda que lo perseguía no le quedaba ni una sola moneda. Revolvió uno de sus bolsillos y dejó caer sobre el mostrador un anzuelo antiguo, cargado de detalles artesanales. Quedó mirando al pescador, esperando que aprobara aquella ofrenda, y extendió la diestra para tomar una de las cañas de bambú. Solo quería sentir cuánto tardaba el agua en decidir hacia dónde mover un aro de madera.

El instructor volvió a romper los murmullos. El joven, aún masticando madera y con la diestra extendida, giró el cuello para observar el escenario. Escuchó las reglas. No le parecieron especialmente útiles, eran incapaces de cambiar la marea, pero podrían adornar la jornada y hacer que los ciudadanos se sintieran parte de una fraternidad que parecía haberse escapado hacía apenas unos momentos.

Los bailarines descendieron entre risas. La multitud respondió con la naturalidad de quien había olvidado, por unos instantes, el peso de la conversación anterior. Sus ojos viajaron sin prisa. Cuando se formó el primer pequeño círculo, los demás comenzaron a abrir espacio alrededor del baile mientras la música ganaba velocidad.

Devolvió la mirada al puesto y volvió a notar la mochila. Sola, permanecía cercana a la fuente. Solo la registró e intentó reconocer alguna fragancia familiar, pero fue imposible entre tantos olores y hedores. La música sonaba a sus espaldas mientras esperaba la caña de bambú.
Arako Heizu
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19-06-2026, 04:22 PM
Última modificación: 19-06-2026, 04:24 PM por Arako Heizu.
Arako entonces vio al joven Kaguya hablarle a su compañero Terumi, una leve mueca de incomodidad se formo en el rostro de la chica, después de todo, ese comentario a que los muertos no necesitaban era muy despectivo para alguien como ella que los veía a diario... Empezó entonces a soltar de aquel agarre al atractivo chico, incomoda por los dichos del hombre, dejándolo claro por aquella expresión sin fijarse todavía que tan extraño podría ser para el resto, que aquella chica que había llamado por que la pasaran bien, y había dicho que para algo estaban vivos… Era también una médium.

Lo cierto es que hasta ahora no había notado ningún espectro por las reacciones de la gente ante sus dichos, por lo que suspirando ante el viejo simplemente contestaria mientras aquel se iba con un -Y hablaremos más y más. – Poniendo una mueca que resaltaba que la chica era de las difíciles de tratar con ella cuando se enojaba, por lo que suspirando miraría de nuevo al Terumi para decirle -Creo haber oído que había varios espectáculos por este carnaval ¿Qué te gustaría hacer? – Sonriéndole ¡Tan alegre como siempre! ¿Acaso era bipolar? Mientras escasos minutos después, empezaba a hablar desde aquella tarima un hombre conocido por varios, aquel entrenador de los novatos Kenji Kaguya… El cual andaba dando su discurso motivador de siempre… Que solía seguir tal cual su personalidad.

-Y pensar que hace años debimos tenerlo de profesor… - Comentaría a Enjo mientras esta buscaba con la simple vista y varios gestos evidentes que andaba interesada en algo… hasta que lo encontró… -¡Oh! ¡Hay una lectora del tarot! Nunca me lo han leído… Me pregunto cómo será… ¡Te veo más tarde! – Diría emocionada saliendo despedida hasta ese sector empezando a insistirle a aquella dama de la fortuna que le hiciera el favor de leerle su futuro de aquí en adelante… O que simplemente le dijese si alguien iba enamorarse de ella… Cualquier cosa le valía… Después de todo, quería ver si había espectros de por medio.

Un rato más tarde… Saldría de aquella lectura tan feliz como solía estar, siendo intercedida por aquellos bailarines y bailarinas que buscaban a quien tomar para bailar, a lo cual simplemente seria ella quien empezase a poner el ritmo junto a quien la tomase para seguir la danza, sus pasos  eran agiles y certeros, seguían el son de la música como cualquier quisiera bailar, pero si era cierto que su compañero aun entrenado era difícil que le siguiera el ritmo, como si cada uno bailara por separado...

¿Qué podríamos esperar de esta pequeña fiesta…?

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Interactue principalmente con Enjo Terumi y sali corriendo a la dama de la fortuna para que me de una lectura.

A recalcar... Soy medium
Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
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Enjō Terumi
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20-06-2026, 04:48 PM
El cuarto bailarín vino directo hacia mí, sonriendo, su sonrisa me parecía bastante incomoda y acabó ofreciéndome la mano, me quedaría observándole viendo la cinta azul moviéndose en su muñeca y la música subiendo justo cuando todos empezaban a mirar más de la cuenta. Solo miré la mano un segundo, luego di medio paso hacia atrás y me aparté antes de que pudiera agarrarme. - Lo siento, pero no soy una persona con un mínimo de ritmo en el cuerpo. - Había gente a la que se le daba bien eso de dejarse arrastrar por el ambiente. Arako parecía hecha para ese tipo de cosas, tenia una especie de energía capaz de convertir la verguenza en algo casi divertido. Yo no. A mí me podían gustar las fiestas, el ruido y la vida en la plaza, pero no significaba que fuera a ponerme a dar vueltas, vaya estupidez, no me gustaba encima que me fueran a ordenar hacer algo.

Simplemente me deslicé entre las personas de la plaza y dejé que el bailarín pasara de largo o eligiera a otro, ni siquiera miré hacia atras. No era por hacerme el interesante. O bueno, quizá un poco, pero no principalmente. Es que había cosas que no iban conmigo y ya. Además, si alguien quería ver a un Terumi haciendo el ridículo, podían esperar sentados. Seguro que en algún momento otro primo mío se caía en una fuente o algo. Me quedé cerca de uno de los puestos, lo bastante apartado para que no intentaran pescarme otra vez, pero no tanto como para parecer que estaba huyendo. Desde ahí podía ver la pista, la fuente y parte de los puestos sin tener que meterme en el centro de todo. La música volvió a llenar la plaza poco a poco, más rápida y de forma tonta, podía observar como esta hacía que algunos niños saltaran y que varios adultos terminaran dando palmas aunque intentaran mantener la dignidad... en fin.
[Imagen: YR1E5qc.png]
Soma Hozuki
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20-06-2026, 05:12 PM
Soma bajó del tejado tan pronto dejó de llorar como un niño de siete años. Prefería quedarse ahí arriba, solito, con tal de no avergonzarse frente al resto de la aldea. Las piernas le fallaron en el último peldaño, y tuvo que agarrarse al borde de piedra con los dedos. La cal le dejó polvo blanco en los nudillos que ya de por sí eran muy claritos. Se frotó la cara con la manga blanca, se acomodó la bufanda de Sora y se metió en la corriente de gente antes de que el miedo a hacerlo pudiera con él.

Abajo, la plaza sonaba distinto que desde las alturas. La música no era un murmullo sino ruido mezclado con risas y con el traqueteo de los puestos. Soma fue abriéndose paso entre hombros y codos hasta que el primer rostro familiar le salió al paso: Brolk. El grandote estaba sentado en la tierra y con un perro caliente a medio camino de la boca. Las flores que llevaba cosidas en la ropa eran demasiado vivas para la niebla; le hacían parecer un bosque con piernas.

—Primo —dijo Soma una vez estuvo lo suficientemente cerca de él.

Se sentó en el suelo a su lado, con cuidado de no rozar el puesto ni acercarse demasiado a la comida. Detrás de ellos la melodía cambió de ritmo y alguien gritó algo sobre un baile.

—Espero no molestar. —Apoyó las manos en las rodillas y miró la plaza desde abajo. La gente pasaba y volvía entre juegos y puestos—. ¿Puedo hacerte compañía? No me pinta estar solo.

Sacó algunos ryos del bolsillo y se los mostró.

—Compro yo la próxima, si te parece.

Los tambores marcaron el compás a sus espaldas. Soma siguió mirando alrededor. Entre la gente que iba y venía, la mirada se le quedó detenida en la piedra húmeda del borde de la fuente. Había una mochila ahí. Desde arriba habría sido imposible ver un detalle como ese, pero ahí abajo resaltaba demasiado. ¿Quién carajos había dejado olvidada su mochila en medio de un festival? Estaba pidiendo a gritos que la robasen. Se encontraba apoyada contra la piedra y sin nadie cerca que pareciera vigilarla. A Soma le comenzaron a picar los dedos de la curiosidad, asíoo que le dio un codazo a Brolk en el brazo.

—Oye, primo. —dijo con lis ojos clavados en la mochila para no perderla de vista—. ¿Tú ves eso?

Hizo un leve movimiento con la barbilla hacia allá.

—La mochila. La de la piedra.
[Imagen: signature.png]
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20-06-2026, 06:38 PM
Crack...Crack...

Los adolescentes alzaron la vista cuando Kuren se les plantó cerca, pero ninguno respondió de inmediato. Estaban ahí, pegados entre ellos, con las sonrisas flojas, los ojos demasiado abiertos y la atención partida en pedazos. Uno miraba a Kuren, otro miraba detrás de Kuren, otro parecía entretenido con el movimiento de una lámpara colgada en la tarima. Las palabras del Kaguya les llegaron tarde, pesadas, estiradas, sintiendo como si la plaza se hubiera metido bajo el agua por un segundo. La mochila junto a la fuente quedó en medio de todo eso, quieta, cerrada, apoyada contra la piedra húmeda, demasiado presente para ser casual y demasiado sola para pasar desapercibida. Uno de los jóvenes tragó saliva. Otro soltó una risa corta, pero se le murió rápido. Vieron la figura de Kuren más grande de lo normal, una silueta dura entre luces y niebla, colores a su alrededor, un aura arcoiris y algo en sus caras cambió de golpe. El juego se les cayó encima. Sin decir si era suya, sin negar nada y sin inventar excusa, los tres salieron corriendo entre la gente. Empujaron a un hombre con un tazón de sopa, casi tiraron una cuerda de banderines y desaparecieron hacia una calle lateral, dejando atrás risas nerviosas, un par de quejas y la mochila exactamente donde estaba. 

En el puesto de los aros, el encargado miró el anzuelo antiguo que Orión dejó sobre la mesa. Era un hombre flaco, de barba rala, manos mojadas hasta las muñecas y una cara de cansancio que ya venía de fábrica. Lo tomó entre dos dedos, lo giró bajo la luz del farol y le dedicó un silbido bajito. —Esto no es moneda, muchacho, pero vale más que varias monedas juntas si uno sabe verlo —dijo, guardándolo en una cajita de madera bajo el mostrador—. Te doy un intento completo. Cinco aros. Una caña. Nada de meter la mano ni empujar la tina. —El agua estaba turbia de tanto manoseo infantil, con hojas pequeñas flotando, reflejos partidos y aros de madera que se movían lento por la corriente que nacía desde una esquina de la tina. La caña de bambú era ligera, casi ridícula en una mano grande, y el gancho del extremo apenas tenía curva. El reto no estaba en la fuerza. Estaba en esperar, medir el movimiento y no dejarse engañar por los remolinos que los niños seguían provocando cada vez que el encargado miraba a otro lado. Sobre una tablita, los premios estaban ordenados por puntos: con un aro, un dulce de sal marina; con dos, una pulsera trenzada azul; con tres, una concha pintada a mano; con cuatro, un vale para sopa caliente o tatuaje temporal; con cinco, una figurita tallada de una ballena con una campanilla pequeña en el vientre. El encargado le puso la caña enfrente y señaló la tina con la barbilla. —A ver si el grandote pesca fino.
Mecánica OFF
En Discord, ve al canal mecha-naruto-bot y usa el comando /roll 5d10. Por cada dado superior a 5 (Osea 6 a 10), logras pescar 1 aro. Cada aro equivale a 1 punto para reclamar premio según la tabla del puesto.


Crack...Crack...Crack...

La mujer de las cartas recibió a Arako con una calma rara. Extendió una tela oscura sobre la mesa, apagó una de las velas con los dedos húmedos y dejó que el humo subiera derecho antes de torcerse hacia la fuente. Luego tomó las manos de Arako, las giró despacio, le pasó el pulgar por las líneas de la palma y colocó tres conchas pequeñas entre sus dedos. Las cartas estaban viejas, hinchadas por la humedad, con bordes blandos y dibujos medio borrados. La primera mostró una torre inclinada sobre agua negra. La segunda, cinco figuras sobre una tabla partida. La tercera, una fiesta vista desde arriba, pero el dibujo estaba al revés. La mujer no entendió bien lo que veía. Su ceño se apretó. Volvió a barajar, volvió a sacar, y las cartas insistieron en lo mismo: madera, agua, fiesta, algo que cedía por debajo antes de que alguien quisiera aceptarlo. No era una predicción limpia...Era una sensación cercana, pesada, inminente. La médium apretó un poco más las manos de Arako antes de soltarlas, y por primera vez perdió esa sonrisa tranquila que vendía junto con las cartas. Le inventó una historia de amores y dinero y le dejó ir.

En la pista, el público soltó un largo —¡Aaaah!— de decepción cuando Enjō dio medio paso atrás y rechazó la mano del bailarín. Algunos se rieron y chiflaron. El bailarín de la cinta azul no se quedó insistiendo. Dio una vuelta, se recuperó con una sonrisa profesional y tomó a otro muchacho del público. La canción siguió. Rina bailó entre quejas y carcajadas, Tobei intentó no pisar a nadie, Mina dio vueltas con la cara roja, el nuevo aguantó como pudo y Arako marcó el ritmo con una facilidad que empezó a robarse miradas. La primera parte terminó con un golpe alegre de tambor. Entonces los cinco bailarines originales levantaron las manos, hicieron una reverencia breve y salieron de la pista. Ahora les tocaba a los elegidos. Arako, Rina, Tobei, Mina y el nuevo debían escoger a alguien nuevo entre el público y bailar con esa persona. Solo después de ese segundo baile podían ser libres. La pista quedó abierta, la gente empezó a retroceder para evitar ser elegida, y los músicos prepararon una versión más rápida de la misma canción.

La plaza siguió viva alrededor de todo eso. El puesto de sopa seguía soltando vapor caliente. Los niños del juego de aros gritaban cada vez que uno hacía trampa. La lectora de cartas guardaba sus conchas con movimientos más lentos que antes. Enjō estaba cerca de uno de los puestos, fuera de la pista, pero todavía visible desde la fuente. Kuren había quedado más cerca de la calle lateral por donde huyeron los adolescentes, con la mochila aún a su espalda si decidía volver la mirada. Orión estaba junto a la tina, con la caña en mano y la mochila a unos metros, todavía dentro de su campo de visión si prestaba atención. Soma, sentado junto a Brolk, ya la había señalado. La mochila estaba más cerca de ellos que de la tarima, aunque con tanta gente moviéndose nadie parecía querer hacerse responsable. Por debajo de los aplausos, de las risas y del golpe de los tambores, algo volvió a sonar muy bajo...

Crack...Crack...Crack...
Kaguya Kuren
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20-06-2026, 08:34 PM
Ninguno de los mocosos quiso responderme y, en su lugar, se quedaron papando moscas, con sonrisas flojas y los ojos abiertos. «Esta panda de imbéciles ni siquiera está escuchando lo que estoy diciendo.» Noté cómo se me saltaban las venas de la frente y del cuello. Uno me miraba como abombado, otro miraba a mis espaldas, otro seguía como estúpido el movimiento de una lámpara que se balanceaba y ninguno parecía tener dos neuronas funcionales. «Estos tontos, ¿están drogados? Esa mirada perdida es como...» Entonces vi cómo, de la nada y sin motivo aparente, el pánico se apoderó de sus rostros antes de que escaparan hacia una calle lateral. Exploté en ira.
—¡Ey! ¡Niñatos de mierda! ¡¿A dónde creen que van?! ¡Vuelvan de inm...!
Un sonido me devolvió a mis cabales. Constante, incesante: «¿Crack?». Me volteé y volví a mirar la mochila, luego torné mis ojos hacia la tarima. «No puede ser...» Alcé la voz:
—¡Apártense de la fuente y de la tarima! —grité, con los ojos abiertos a más no poder—. ¡He dicho que se aparten! ¡Kenji Kaguya! —alcé la voz hacia la tarima—. ¡Algo está mal! ¡Que la gente se aparte de la fuente y de la pista!
Luego miré hacia los que estaban más cerca y también llevaban una bandana de Kirigakure:
—¡Y ustedes no se queden mirando como peces muertos! ¡Ayúdenlos!
«¿Hay algo peligroso en la mochila? Pero...»
Corrí hacia la mochila y la tomé, apretándola contra mi pecho con los dos brazos.
«Tengo que alejarme de todos.»
Y eso hice: me aparté de la multitud. No tanto como para perderlos de vista, pero sí lo suficiente como para que, si algo sucedía con la mochila, me afectara solo a mí. O eso esperaba. Tragué saliva y miré dentro de la mochila. «Si esto explota, se rompe o empieza a hundirse, voy a matar a esos mocosos aunque tenga que sacarlos de debajo de una piedra.»
Soma Hozuki
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20-06-2026, 09:29 PM
Soma se puso de pie incluso antes escuchar cualquier palabra por parte de Brolk. Y si la hubo, no escuchó la respuesta. Tenía la vista fija en la mochila cuando los gritos rompieron el rumor.

¿Kuren?

Lo reconoció por la voz casi al instante. El Kaguya del barco. El mismo día que conoció a Brolk y al Heizu, el condenado que lo había mandado al timón con cara de deuda impagada. A ese último no se lo había vuelto a cruzar desde entonces. Kuren chillaba algo sobre la tarima y sobre una mochila. Soma miró la mochila otra vez. ¿Esa? Kuren cruzó el espacio abierto junto a la fuente en unas pocas zancadas, se agachó de golpe, agarró las correas y apretó el bulto contra el pecho sin detenerse. Soma no alcanzó a escuchar sus intenciones exactas, pero claramente quería alejarse de todos.

Soma se volvió hacia su primo.

—Brolk —dijo, alzando la voz por encima del barullo—, el Kaguya ha visto algo. —Señaló hacia donde Kuren—. Gritó algo sobre la tarima. Ven, ayúdame a cubrirla.

Salió corriendo hacia la tarima en cuestión y tuvo que esquivar a un viejo que seguía plantado en mitad del camino, mirando la fuente como si los gritos no fueran asunto suyo.

«Más te vale no estar loco, Kuren», pensó y cerró los ojos un instante, intentando separar sonidos entre tanto ruido.

---

Off: no sé si valdrá de algo para la sidequest (o siquiera fuera de combate), pero tengo capacidad sensorial aumentada (oído) e intento escuchar algo entre tanta locura.
[Imagen: signature.png]
Orión Hoshigaki
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21-06-2026, 11:14 AM
Las palabras del viejo hicieron que el tiburón tomara la caña con cierto apego, con la nostalgia de alguien que había sido criado a toda prisa por el mar. No respondió. Solo lo observó, clavándole los ojos con tal profundidad que apenas una pequeña mueca en la comisura de sus labios rompió la tensión.

No era un joven al que un simple juego lo impulsara a darlo todo, pero pesca, pescar era otra historia.

Acercó la barbilla a la tina, cuya agua turbia apenas dejaba entrever la silueta sumergida de los aros. Aspiró con fuerza, como si pudiera distinguirlos por el olor. No era un ritual; era un reflejo que cargaba desde la infancia.

Después de aquella calma llegó el movimiento.Un leve giro de muñeca y un pequeño tirón del anzuelo desnudo bastaron para confirmarle algo, aquella vez no se llevaría el premio mayor. Tragó saliva y, al girar la cabeza, regaló una sonrisa de dientes afilados a los niños que seguían celebrando alrededor de la tina. Volvió a pensar. Esta vez no lanzó la línea. Simplemente dejó caer el anzuelo hasta el fondo, permitiendo que la gravedad hiciera su trabajo. Cuando sintió el tenue golpe del metal contra la madera, no tiró de inmediato. Se limitó a elevar la línea con la misma armonía con la que la había dejado descender. Entonces lo sintió. Un peso distinto. Un peso ajeno. No solo seguía siendo capaz de pescar; acababa de ganar El primer punto.

Retiró el aro y lo apoyó sobre el mostrador. Repitió exactamente el mismo movimiento en el siguiente intento, aunque esta vez el anzuelo regresó desnudo. Frunció ligeramente el ceño. El gigante realmente se sentía parte de la celebración. No era felicidad, exactamente, sino esa extraña sensación de pertenecer al momento.

En el siguiente intento volvió al primer método. Un tirón seco hizo que el aro abandonara el agua y describiera un pequeño arco en el aire. La zurda se adelantó y lo atrapó con naturalidad antes de que cayera. Sintió la madera entre los dedos. Y, por un instante, una ansiedad infantil le recorrió la mandíbula. Qué ganas de morderla. Depositó el segundo aro junto al primero. Solo quedaba un intento. La línea volvió a caer. El anzuelo regresó. Vacío. El juego había terminado.

Sin permitir que la decepción lo alcanzara, dejó escapar una escandalosa carcajada.

-Supongo que el mar también me enseñó a saber cuándo es suficiente.

Apoyó la caña sobre el mostrador, no con derrota, sino con la satisfacción tranquila de quien había disfrutado el viaje más que el resultado. Señaló la pulsera trenzada, cuya delicadeza le recordó el trabajo paciente de los pescadores al entrelazar sus redes.

-Quédate con la pulsera ¿Puedo llevarme uno de los aros que pesqué?

Pero un grito desgarró la armonía de la plaza. Toda aquella calma se quebró de golpe. Orión alzó la cabeza. No reconoció el rostro del hombre que vociferaba, aunque la banda de Kirigakure bastó para comprender que no se trataba de un civil presa del pánico. No fue el tono desesperado lo que captó su atención, sino lo que implicaba.

Inspiró una única vez, lenta y profunda, dejando que el bullicio desapareciera poco a poco de su mente. Los tambores, las conversaciones y las risas quedaron relegados mientras su mirada comenzaba a ordenar el caos. La mochila. La fuente. La tarima. La multitud. Su gente. La aldea.

Entonces, como una corriente que volvía desde el fondo del mar, la voz de su abuelo resonó en su memoria. “Nunca dejes que la paz te haga olvidar la guerra.”

Demasiadas piezas moviéndose al mismo tiempo. No corrió hacia la mochila ni detrás del shinobi de cabello verdoso. Si aquel hombre había decidido encargarse de ella, estorbar solo complicaría cualquier reacción. En cambio, encaro en la dirección opuesta, buscando altura visual y un ángulo desde el que pudiera dominar la plaza casi por completo.

Su mano descendió hasta la cintura y, sin extraerla del pequeño bolsillo, envolvió la empuñadura de su pulpo transformado en kunai. Casi podía sentir cómo la criatura despertaba de su letargo, inquieta, como un kraken que presiente el inicio de una tormenta.

Sin pronunciar palabra, continuó avanzando mientras sus ojos recorrían la multitud, intentando unir aromas con rostros. Era imposible. Pero eso no significaba que fuera a dejar de intentarlo.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
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21-06-2026, 08:23 PM
Accedí más alegre que niña en dulcería, después de todo, era la primera de varias personas que sabía lo que era ver lo sobrenatural, adelantándome rápidamente es que aquella lectora del tarot que, en un inicio… Parecía andar dando mas aura que ninja veterano regresado de la guerra, con el trofeo de la última pelea, después de todo, el mero hecho de leer el futuro era una capacidad sobrenatural que cualquier ninja quisiera tener… Accediendo por fin a aquella lectura, seria que aquella mujer, extendió aquella tela encima de la mesa sucia, apagando las velas una por una con sus propios dedos (Lo cual agregaba una seriedad digna de ninjutsu), tomando entonces así mi mano es que analizaría sin ni siquiera dudar de lo que hacía. Entonces coloco 3 conchas encima en aquella extraña presentación, puso las tres primeras cartas, y hizo la lectura… Pero, algo me extraño entre sus palabras su rostro parecía preocupado, volvió a revolver las cartas, con un resultado casi decidido por el destino... Si es que acaso es que dios si jugaba a los dados.

- ¿Qué es lo que significa? – Cuestione a aquella que predicaba el destino, sacándome tantas dudas, como de casillas en cuanto en una dedicatoria de predicción intento convencerme de que mi destino era traer suerte… ¿Quería que me quedase conforme con eso? ¡Yo quería saber si sería líder de clan! Aunque la verdad casarme con un chico guapo tampoco me daba mucho problema… Igualmente me quede intranquila hasta que entonces uno de los bailarines se me acerco a pedirme la mano, haciéndome bailar durante escasos minutos hasta que de súbito a lo lejos escuche desde lo que parecía ser uno de mis viejos compañeros de academia un anuncio aterrador… ¡Un anuncio de bomba! Entonces corte con un solo movimiento la danza con aquel muchacho, moviéndome por un presentimiento de que algo olía a podrido llegó hasta alrededor de la tarima en busca de cualquier papel que pudiese parecer sellos bombas... O simplemente alguien que estuviera escondido o a alguien que fuera especialmente sospechoso por la parte trasera de está intentando que la gente saliese de la zona circundante animadores incluidos... Debido al trabajo mis compañeros.


resumen
En resumen Arako recibe la lectura del futuro, bastante decepcionada, baila hasta que dan el aviso de bomba el la tarima examinandola desde cerca y intentando que los animadores bajen al haber escuchado aquel anuncio.
Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=OHAjc-ay...rt_radio=1]
Brolk
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza70(3)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu14
Sigilo9
325
310
Enlace al Post
22-06-2026, 04:18 AM
El tiempo cuando comia algo parecía detenerse por unos instantes, y por ello, justo cuando termino de comer, logro ver al pequeño a su lado. Brolk le sonrio con la boca llena cuando su primo se sentó en la tierra a su lado. Para un Hōzuki alegre como él, pasar la tarde comiendo y charlando con alguien de su propio clan era el plan perfecto. Qué importaban las caras largas de los adultos; allí había perros calientes deliciosos y música de fondo.

Sin embargo, en esta aldea la paz nunca duraba demasiado.

Un grito desgarrador rompió la paz de la plaza. Era Kuren, el Kaguya del muelle, que gritaba algo sobre la tarima, la fuente y una mochila abandonada. Brolk se quedó con el perro caliente a mitad de camino, parpadeando con su única neurona intentando procesar por qué el chico del muelle ahora corría como un loco.

Antes de que pudiera sacar una conclusión, Soma comenzó a hablar mientras apuntaba hacia el escenario. antes de salir disparado hacia la tarima.

Al escuchar la voz de Soma y ver cómo corría hacia el peligro, Brolk se levanto de inmediato y limpiandose un poco el mugre, comenzó a correr detrás de su primo, no entendía aún que estaba pasando, pero esto no parecía normal, ¿Que estaba sucediendo?

Sin pensarlo dos veces, se comió del perro caliente, listo para la acción. Se aseguró la calabaza de agua a la cintura y siguio a su primo.

—¡Voy detrás de ti, primo! —intentó gritar, aunque el llamado casi no sonó, por culpa del pan que aún terminaba de tragarse.

Ignoró a la multitud que empezaba a entrar en pánico y se abrió paso a empujones lanzando maldiciones de uno que otro. No era el ninja más cauteloso, ni le importaba serlo; su objetivo era llegar al frente. Estiró sus enormes brazos al avanzar, listo para recibir el impacto de lo que fuera que amenazara con romper la tarde de Kirigakure. —Brolk listo para la acción — Grito, mientras se recuperaba un poco, y tomaba un poco de agüita.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
22-06-2026, 05:15 PM
La música se detuvo de golpe. No terminó con gracia. Se cortó mal y a medias, porque los músicos dejaron de tocar cuando vieron a Kuren correr con la mochila pegada al pecho. La gente se fue apartando tarde, primero con molestia, luego con miedo, después en silencio . —¿Qué está pasando? —preguntó alguien cerca de la fuente y otro señaló la tarima. Los que estaban bailando se quedaron quietos, con las manos todavía levantadas, mientras Arako rompía el ritmo y se movía hacia la parte trasera del escenario. Soma y Brolk avanzaban hacia la tarima entre cuerpos que no sabían si abrirles paso o correr en sentido contrario. Enjō, desde su puesto apartado, tenía vista clara de la pista, la fuente y el movimiento raro de toda la plaza. Orión buscaba altura y ángulo, ordenando el desastre con la mirada. Los músicos se quedaron con los instrumentos en las manos, tiesos, esperando una orden que nadie daba. Kenji Kaguya bajó un pie de la tarima, serio, mirando a Kuren y luego a la multitud. Cuando Kuren abrió la mochila, no encontró sellos bomba, ni mecanismos, ni cables, ni kunais, ni pólvora. Encontró hongos. Varios. Guardados en papel húmedo, con manchas claras y tallos delgados. Waraitake, el hongo de la risa. El tipo de hongo que no se lleva a una plaza llena de gente por accidente. La tarima seguía entera. La fuente seguía corriendo. La gente se quedó mirando el escenario, esperando una explosióno algo... Pero no pasó nada.

—Quédate con la pulsera. ¿Puedo llevarme uno de los aros que pesqué? —había preguntado Orión unos segundos antes, y el encargado del juego, que ahora tenía la cara completamente perdida, apenas miró los aros y le dijo. —Sí, sí, claro, llévate uno... llévate el aro, muchacho —respondió, sin entender ya qué parte del día seguía siendo su puesto y qué parte se había convertido en problema shinobi. La plaza intentó acomodarse al susto. Kenji levantó una mano para pedir calma, pero ni siquiera él alcanzó a hablar... Porque nada pasó... La mochila no hizo nada. Y justo cuando algunos empezaban a soltar el aire, el sonido volvió. Crack. Crack. Crack... Cada vez mas fuerte...y de todas partes.

Las primeras grietas grandes se abrieron alrededor de la fuente. Rajaduras gruesas que partieron el suelo con un sonido duro y profundo. Otras aparecieron cerca de la tarima...bueno...no exactamente en la tarima; si no debajo. El piso entero empezó a ceder. Las losas se separaron, el agua de la fuente salió disparada por los bordes y la mesa de tatuajes temporales se volcó con tintas, papeles y gritos. El puesto de sopa se inclinó, la olla cayó, el caldo se regó sobre la piedra y el vapor subió mezclado con polvo. La tina de los aros se partió de lado y el agua turbia corrió hacia una grieta que se abrió justo debajo. La plaza entera bajó de golpe. No toda al mismo tiempo. Primero el centro. Luego los bordes. Después el suelo se venció con un rugido seco y la Plaza de la Fuente se hundió en un socavón enorme de varios metros, tragándose tablas, puestos, lámparas, flores, instrumentos, gritos y cuerpos. La mayoría logró correr hacia las calles laterales o agarrarse de postes, cuerdas y bordes de piedra. Pero no todos. Al menos unas quince personas cayeron con el hundimiento, arrastradas entre polvo y pedazos de plaza. Entre ellas se alcanzó a ver a Rina, la mujer del caldo; Tobei, el pescador de barba corta; Mina, la vendedora de flores; el panadero de la manga harinada; y la lectora de cartas, que desapareció junto con su mesa morada y sus conchas. Abajo no se veía fondo limpio, solo niveles rotos de piedra, agua filtrándose, madera quebrada y gente pidiendo ayuda desde distintos puntos. La fiesta se acabó ya hora todos tenían el mismo reto: no irse con el suelo, no dejar que otros se hundieran más y actuar antes de que la plaza terminara de tragarse lo que quedaba.

Mecánica OFF
En Discord, vayan al canal mecha-naruto-bot y usen el comando /roll 1d10. Si logran superar más de 5, logran no irse con el sumidero. Pueden agregarle su MFUE, MINT, MCCK o MDES al dado si justifican su acción con fuerza, cerebro, chakra o armas.
Además, pueden intentar ayudar a salir a varias personas. Tiren otro 1d10 por cada persona que tratan de sacar. Logran rescatar personas con dados que superen el 5. Igual, pueden sumar su modificación depende de cómo justifiquen la acción.
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