Entre esos claros y senderos poco transitados, Koga entrenaba en soledad.
El bosque era su único testigo durante esa tarde. Las ramas más altas apenas se mecían, y solo de vez en cuando una ráfaga de viento lograba arrancar algunas hojas que descendían lentamente hasta el suelo. El entrenamiento había dejado señales visibles en el entorno. La tierra de uno de los claros se encontraba removida y surcada por numerosas marcas; algunas raíces habían quedado al descubierto y varias piedras mostraban grietas recientes. Sobre los troncos cercanos podían apreciarse cortes, impactos y pequeñas astillas esparcidas en torno a ellos, vestigios silenciosos de las horas de esfuerzo.
El sudor se mezclaba con el polvo y la humedad del ambiente. La ropa se adhería al cuerpo de manera sutil y el cansancio se hacía notar en cada respiración apenas un poco más profunda, pero el bosque permanecía indiferente. Las cigarras seguían cantando, un pájaro alzó el vuelo desde algún matorral cercano y, más allá de las copas, el sol continuaba su lento descenso hacia el horizonte.
Aún faltaba tiempo para el ocaso.
La luz anaranjada comenzaba a alargarse entre los árboles, dibujando sombras extensas sobre el suelo del claro. Era esa hora del día en la que el calor empezaba, muy lentamente, a ceder, aunque el verano se resistía a dejar marchar la calidez acumulada. En aquella parte del Bosque Senju, apartada del bullicio de Konohagakure, solo existían el murmullo de la naturaleza y era por esos motivos que a Koga le agradaba. La reputación que tenía no era desconocida en la aldea, la rama particular de su familia tenia una sombra particular sobre ella gracias a las acciones de su hermano mayor, pero lo cierto es que no todo el mundo lo conocía de por si.
![[Imagen: RoaK1gc.png]](https://i.imgur.com/RoaK1gc.png)