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[E] Reabastecimiento de Carbón
Koga
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20-06-2026, 01:54 AM
El verano a veces traía consigo uno de esos días en los que el centro comercial de Konohagakure parecía incapaz de detenerse con el flujo constante de aldeanos avanzaba entre puestos, y tiendas, mientras el aire cargaba con el aroma de especias, comida recién preparada y madera quemada. En medio de aquel movimiento incesante, una sencilla misión de rango E aguardaba cumplimiento para quienes tuvieran la diligencia de cumplirla. No era demasiado peligrosa, ni le traería la fama a quienes la completasen, pero continuaban siendo cosas que la aldea necesitaba.

La cocinería que había solicitado ayuda no podía permitirse reducir el ritmo de trabajo. Sus fogones permanecían encendidos desde el amanecer y la demanda de clientes no hacía más que aumentar con el paso de las horas. Sin carbón suficiente, el establecimiento corría el riesgo de quedarse sin combustible antes de terminar la jornada, motivo por el cual la administración de la aldea había asignado a un genin para encargarse del transporte.

El almacén de suministros se encontraba apenas a unas calles del mercado principal, separado del bullicio por una serie de callejones amplios utilizados para la carga y descarga de mercancías, allí el ruido de los comerciantes se convertía en un murmullo distante, sustituido por el rechinar ocasional de ruedas sobre piedra y el eco de cajas siendo movidas entre edificios de almacenamiento.

La construcción en particular destacaba por el aspecto práctico y robusto que tenia, con grandes puertas de madera reforzada permanecían abiertas para facilitar el tránsito de mercancías, mientras varias pilas de suministros aguardaban organizadas junto a los muros exteriores. Sacos de arroz, barriles de aceite, herramientas de trabajo y montones de leña compartían espacio bajo la vigilancia informal de un único empleado ahora. El trabajador ocupaba una posición cercana a la entrada principal.

La jornada parecía haberle concedido unos minutos de descanso, pues permanecía apartado del movimiento habitual mientras una tenue columna de humo ascendía desde el cigarrillo que sostenía. Sus ojos recorrieron la calle con desinterés hasta detectar la llegada del joven shinobi asignado a la misión. Al reconocer el protector de la aldea (como lo eran todos los Shinobi, en realidad) y la dirección de la que provenía, el hombre pareció comprender de inmediato el motivo de aquella visita, lo más probable es que hasta fuese conocido de la cocinera en particular.

Enderezó ligeramente la postura, expulsó una última bocanada de humo y levantó una mano a modo de saludo— Ah, debes ser el genin que enviaron por lo del carbón. Llegas en buen momento. —La colilla descendió hacia el suelo mientras el trabajador observaba con expresión tranquila la llegada de Daeru— Los sacos ya están preparados. Pensé que tardarían más en mandar a alguien pero... ¿Estás seguro que vas a poder con ello? Son bastante pesados...

Detrás de él, visibles a través de las puertas abiertas del almacén, varias bolsas oscuras aguardaban apiladas junto a una pared interior. El carbón solicitado por la cocinería estaba listo para ser transportado, y con ello la misión acababa de comenzar oficialmente. Quizás, darle las gracias al trabajador que se había tomado el trabajo de facilitar el suyo no estaría de más, tampoco.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Daeru Uchiha
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21-06-2026, 02:54 AM
Era un día soleado, una jornada común de verano. Las temperaturas comenzaban a aumentar conforme avanzaba la mañana. Fue entonces cuando a Daeru se le encomendó una nueva misión, una de esas que ya había realizado antes. A decir verdad, era una tarea que prácticamente cualquier persona podría cumplir, incluso sin ser ninja. Era algo rutinario, pero poco importaba; todo shinobi debía pasar por labores como aquella para ganar experiencia e ir aumentando poco a poco la complejidad de sus responsabilidades.

Esta vez debía reabastecer de carbón una popular cocinería ubicada en el centro comercial de la aldea. Al recibir la misión, el instructor le explicó que se trataba de un establecimiento bastante concurrido y que, debido a la constante demanda de combustible para sus cocinas, era habitual solicitar ayuda a Genin recién graduados para transportar los suministros desde un almacén cercano.

Fue así como el Uchiha recorrió las calles de la aldea a paso ligero. Esta vez no estaba particularmente emocionado ni tenía grandes expectativas sobre lo que ocurriría; después de todo, solo debía mover objetos de un lugar a otro, o al menos eso imaginaba.

A medida que se acercaba al lugar indicado, el bullicio del sector comercial comenzó a transformarse. Los pregones de los vendedores fueron reemplazados por el constante ir y venir de carretas, los gritos de quienes coordinaban la carga y descarga de mercancías y el movimiento apresurado de trabajadores que transportaban provisiones de un lado a otro.

Caminó por varios callejones amplios hasta llegar a unas enormes puertas de madera que permanecían abiertas de par en par. En el interior, una gran cantidad de mercancías se encontraba ordenada en distintos sectores. Vigilando el lugar se encontraba un hombre que sostenía un cigarrillo entre los dedos. Al verlo llegar, expulsó una bocanada de humo y levantó una mano para saludarlo, indicándole dónde se encontraban los sacos de carbón.

—Hola... Mi nombre es Daeru... Eh... supongo que podré llevarlos sobre mis hombros. — Dijo el muchacho con evidente nerviosismo.  «Había imaginado que encontraría alguna carreta o herramienta que facilitara el trabajo.» Pensó mientras una fina capa de sudor comenzaba a formarse sobre su frente.

Se colocó frente a los sacos de carbón y los observó durante unos segundos. A simple vista no pudo determinar cuántos había exactamente, pero sí que eran bastantes. Extendió ambas manos y tomó uno de ellos, balanceándolo ligeramente para calcular su peso. «Vaya... Pensé que serían más livianos. Creo que, de momento, solo podré llevar uno a la vez... No será una tarea sencilla.» Pensó mientras hacía un esfuerzo para acomodarlo sobre uno de sus hombros. El peso hizo que se inclinara ligeramente hacia un lado antes de recuperar el equilibrio.

—Gracias.— Murmuró al encargado antes de emprender el camino hacia la cocinería. Apenas había dado unos pasos cuando el peso del carbón le arrancó una mueca de incomodidad.
Koga
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21-06-2026, 04:31 AM
Última modificación: 21-06-2026, 04:32 AM por Koga.
El primer trayecto resultó mucho más pesado de lo que Daeru había imaginado. Apenas abandonó el almacén y regresó a las calles del centro comercial, el peso del saco comenzó a hacerse notar de inmediato. Cada paso exigía un esfuerzo mayor al anterior, y el carbón, acomodado sobre su hombro, parecía aumentar de peso con cada metro recorrido. El calor del verano tampoco ayudaba; el aire era denso y el sol se reflejaba sobre los tejados y las calles de piedra, arrancándole nuevas gotas de sudor que descendían lentamente por su rostro.

A su alrededor, la vida de la aldea continuaba con absoluta normalidad. Comerciantes discutían precios, clientes se detenían frente a los escaparates sin prestar mucha atención al joven genin que avanzaba con la carga sobre la espalda. Sin embargo, para Daeru el trayecto comenzó a sentirse mucho más largo de lo que realmente era.

La cocinería no tardó en aparecer al final de la calle. Desde el exterior ya era posible percibir el ambiente frenético del lugar. El establecimiento estaba repleto de clientes y un constante ir y venir de empleados mantenía las mesas abastecidas y los fogones encendidos. El aroma de la comida impregnaba el aire, mezclándose con el humo que escapaba de las cocinas.

Tan pronto como el muchacho cruzó la entrada con el primer saco, una mujer salió desde la parte trasera del local. Llevaba el evidente cansancio de alguien que llevaba horas trabajando sin descanso, y aun así, al ver al joven cargando el carbón, su expresión se suavizó de inmediato.

— ¡Ah, perfecto! ¡Eres el genin que enviaron! Muchas gracias por venir, de verdad nos estás salvando el día.

Su atención apenas permaneció sobre él unos instantes. Detrás de ella alguien reclamó su presencia y varios clientes esperaban ser atendidos. Aun así, antes de regresar a sus labores, volvió a dedicarle unas palabras.

— Estás haciendo un gran trabajo. Déjalo allí, junto a los otros, por favor. Todavía necesitaremos más.

La mujer apenas tuvo tiempo de terminar la frase antes de darse la vuelta y desaparecer nuevamente entre el bullicio de la cocina, donde el sonido de utensilios y voces apresuradas no parecía detenerse ni un solo instante. Entonces Daeru pudo darse cuenta de algo: El saco que acababa de transportar era solamente una pequeña parte del pedido. La pila destinada al combustible seguía viéndose insuficiente y, al recordar la cantidad de sacos que permanecían en el almacén, la magnitud de la tarea se hizo evidente.

El camino de regreso se sintió aún más largo.

Cuando alcanzó nuevamente el almacén, el alivio de haber dejado la carga apenas duró unos segundos antes de tener que levantar un nuevo saco. Los músculos de sus brazos comenzaron a resentirse, y el hombro que soportaba el peso del carbón ya se encontraba adolorido. El sudor humedecía sus ropas y su respiración se había vuelto más pesada. Poco a poco, el trabajo rutinario comenzó a convertirse en una verdadera prueba de resistencia. No había enemigos, técnicas ninjas ni grandes peligros, solamente el peso constante de los sacos y la exigencia de seguir avanzando bajo el calor del verano.

Cada vez que regresaba a la cocinería, la mujer le dedicaba una breve mirada de agradecimiento antes de volver a quedar absorbida por sus obligaciones. Cada vez que volvía al almacén, los sacos restantes parecían esperarle con una paciencia implacable. La misión de reabastecimiento de carbón estaba resultando mucho más agotadora de lo que cualquiera habría pensado al escuchar su sencilla descripción. Y aun así, todavía quedaba trabajo por hacer.
Daeru Uchiha
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22-06-2026, 01:36 AM
Apenas dio un paso fuera del almacén notó el peso del saco que cargaba sobre sus hombros. Conforme avanzaba, sus pulsaciones comenzaron a aumentar y su respiración se volvió más agitada. Era momento de dosificar sus esfuerzos. Sabía que le quedaban muchos sacos por transportar, por lo que no tenía apuro; simplemente avanzaba con pasos cortos pero firmes.

«Vaya... pesa más de lo que imaginaba.» Pensó mientras acomodaba el saco sobre su hombro para distribuir mejor la carga.

Mientras se acercaba a la zona comercial comenzó a sentirse más agobiado. El sudor aparecía cada vez con mayor frecuencia y se apresuraba a limpiarlo con el brazo que tenía libre. Las calles volvían a estar pobladas de gente, el bullicio comenzaba a hacerse sentir y Daeru no podía evitar pensar que todos los ojos estaban puestos sobre él. Intentó tranquilizarse mientras continuaba avanzando por las calles de la aldea.

A lo lejos comenzó a distinguir las columnas de humo que se elevaban desde varios locales de comida. Gracias a su aguda vista no tardó en identificar la cocinería indicada en la misión. Incluso antes de llegar pudo observar el constante movimiento de clientes entrando y saliendo del lugar.

Al cruzar la entrada fue recibido por una mujer con evidentes signos de cansancio producto del arduo trabajo. Esta le agradeció por la ayuda y le indicó dónde debía dejar el carbón, señalando un espacio junto a una de las paredes cercanas a la cocina.

—No se preocupe, estará aquí todo lo solicitado.— Respondió con cierta timidez antes de descargar el saco.

Al liberar el peso de sus hombros volvió a sentirse liviano por unos instantes, aunque un molesto hormigueo recorrió la zona donde había apoyado la carga. Estiró los músculos de los brazos y la espalda mientras recuperaba el aliento.

«Solo es carbón... tengo que seguir caminando.» Se animó a sí mismo antes de emprender el regreso al almacén.

A partir de ese momento la tarea comenzó a repetirse una y otra vez. Iba y volvía entre el almacén y la cocinería transportando saco tras saco. Cada vez que regresaba, la mujer le dedicaba una breve mirada de agradecimiento antes de volver a sus labores, demasiado ocupada para decir mucho más.

Con el paso de las horas Daeru perdió la noción del tiempo y también la cuenta de cuántos sacos había cargado. La montaña de carbón crecía lentamente, mientras que sus fuerzas disminuían en la misma proporción. Aunque alternaba el hombro de carga en cada viaje, no podía evitar sentir cómo el dolor muscular se acumulaba en todo su cuerpo.

«¿Cuántos sacos quedarán todavía...?» Pensó agotado mientras iniciaba otro recorrido.

La misión no era complicada, pero comenzaba a comprender perfectamente por qué la cocinería solicitaba ayuda para realizar aquel trabajo.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
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22-06-2026, 02:28 AM
El trabajo continuó bajo el implacable sol del verano, convertido ya en una rutina tan simple como agotadora. El recorrido entre el almacén y la cocinería terminó por adquirir un ritmo propio: el crujir de las telas al ajustarse alrededor de los sacos, el roce áspero del carbón contra la tela de la ropa y el murmullo constante del distrito comercial se mezclaron en una secuencia que parecía repetirse una y otra vez.

Con cada nuevo viaje, las distancias comenzaron a sentirse más largas. El almacén, que al principio había parecido estar a apenas unas calles de distancia, ahora se antojaba situado al otro extremo de la aldea. Del mismo modo, la entrada de la cocinería se había transformado en una especie de meta temporal; un breve respiro antes de emprender nuevamente el camino de regreso.

La pila de carbón, sin embargo, crecía.

Al principio lo hizo de manera casi imperceptible. Un saco más junto a la pared, luego otro y después otro. Pero poco a poco la reserva destinada a alimentar los fogones comenzó a adquirir el tamaño suficiente para garantizar el funcionamiento del establecimiento durante el resto de la jornada. Al mismo tiempo, en el almacén, la montaña de sacos se reducía lentamente.

Los trabajadores que pasaban por la zona comenzaron a lanzar alguna mirada ocasional hacia el joven genin. Algunos parecían sorprendidos de verlo insistir con la tarea pese al evidente cansancio; otros simplemente continuaban con sus propios quehaceres. En un lugar tan concurrido, la labor de los shinobi rara vez se detenía en grandes gestas. A veces, el deber consistía simplemente en asegurar que una cocina no se quedara sin combustible.

Las horas avanzaron de manera silenciosa.

El sudor se había convertido ya en una presencia constante. El cansancio se acumulaba en los brazos, en los hombros y en la espalda. Cada vez que un saco abandonaba sus manos, los músculos parecían reclamar un descanso que todavía no podían permitirse. Incluso el polvo de carbón había terminado por adherirse a la piel y a la ropa, dejando pequeñas manchas oscuras como prueba del esfuerzo realizado. Y aun así, el trabajo avanzaba.

Hasta que, finalmente, llegó el último viaje.

Cuando el último saco fue depositado junto a la creciente reserva de combustible, el rincón destinado al carbón estaba completamente abastecido. Los fogones podrían seguir ardiendo durante muchas horas más. Fue entonces cuando la mujer de la cocina volvió a aparecer. Lo hizo apenas por unos instantes, emergiendo del frenético ir y venir del establecimiento. El sonido de utensilios golpeando ollas y las voces de los clientes continuaban reclamando su atención, dejando en evidencia que apenas podía concederse un momento de descanso.

Aun así, se detuvo. Su mirada se dirigió hacia la montaña de carbón y luego hacia el joven shinobi. La expresión de agotamiento que llevaba desde el inicio de la jornada se vio acompañada por un sincero alivio.— ¿Lo trajiste todo?... Vaya, de verdad lo has conseguido. Muchísimas gracias. —Una nueva voz la llamó desde la cocina casi de inmediato. La mujer suspiró con resignación y se apresuró a regresar, aunque antes de hacerlo se volvió una última vez.— Nos has ayudado más de lo que imaginas. Me encantaría poder agradecértelo como corresponde, pero hoy el trabajo no nos da tregua.

Y con eso desapareció nuevamente entre el humo y el bullicio de la cocina.

La misión había sido sencilla en su planteamiento y agotadora en su ejecución. No había habido combate alguno, ni técnicas espectaculares, ni peligros dignos de un relato heroico. Solo el peso de innumerables sacos de carbón y la perseverancia necesaria para transportarlos uno tras otro. Sin embargo, al contemplar la reserva finalmente completa y escuchar cómo los fogones continuaban crepitando en el interior del establecimiento, quedaba claro que incluso las tareas más humildes sostenían la vida cotidiana de la aldea.

Off
Con tu próximo post, ya puedes dar por terminado el tema y enviarlo para recibir tus recompensas en el tema de recompensas!
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22-06-2026, 08:08 PM
El día avanzaba cada vez más lento para el muchacho. Cada ida y vuelta suponía un esfuerzo aún mayor. El constante movimiento de los sacos había manchado toda la parte superior de su cuerpo; su rostro estaba casi cubierto por una fina capa de polvo negro mezclada con gotas de sudor que recorrían su piel de vez en cuando. La suciedad en sus manos, brazos y ropa ya se sentía completamente normal.

Cada tanto creía que no lograría completar aquella sencilla, pero agotadora misión. «Ya queda poco, pero mis fuerzas también se están agotando. Quizás no pueda cumplir mi palabra a la mujer.» Pensaba mientras avanzaba tambaleándose, exhausto, con un saco apoyado sobre su hombro derecho en dirección a la cocinería.

Tras un largo rato consiguió apilar el último cargamento en su sitio. A simple vista no parecía una gran cantidad, pues a medida que entregaba los sacos estos eran utilizados para mantener las cocinas funcionando. Depositó el último de ellos y apenas logró mantenerse en pie. Apoyó ambas manos sobre sus muslos y tomó una profunda bocanada de aire, satisfecho, pero completamente agotado.

Poco después apareció la mujer para agradecerle por su trabajo. —No hay de qué.— Respondió el Uchiha entre jadeos mientras ella regresaba a sus labores. «Podría haber pedido un vaso de agua...» Fue lo único que alcanzó a pensar en ese momento.

Buscó un lugar apartado de la entrada de la cocinería y se sentó sobre un tronco que descansaba a un costado del camino. Con la cabeza agachada contempló sus manos ennegrecidas por el carbón. Su cuerpo no dejaba de sufrir pequeños temblores producto del cansancio acumulado.

«Ahora toca cobrar la recompensa e ir por una ducha.» Pensó mientras se ponía nuevamente de pie. Aún debía dirigirse a la Academia Ninja para realizar los trámites correspondientes y entregar el informe de la misión. No había sido ninguna hazaña digna de recordar, pero las normas eran las mismas para cualquier encargo. Con esa idea en mente emprendió el regreso, deseando que el resto del día terminara tan rápido como fuera posible.
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24-06-2026, 09:12 PM
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