La puerta del aula en cuestión permanecía cerrada. Sobre la madera, el número de la sala había sido escrito con tinta negra ya algo desgastada por los años. Desde el interior no llegaba ni el más leve murmullo, y a un lado de la entrada se encontraba el profesor encargado de la prueba. No había entrado en la habitación, sino que esperaba fuera con los brazos cruzados y la expresión cansada de quien llevaba demasiados años viendo desfilar a jóvenes aspirantes. Antes de permitir el paso, dirigió unas palabras que parecían más una advertencia que una explicación.
— Hay demasiados niños que quieren convertirse en genin. Más de los que la aldea necesita. Solo los mejores llegan a ponerse la banda en la frente.
Su mirada se detuvo unos instantes sobre la puerta cerrada.
— El muchacho de ahí dentro está convencido de que merece graduarse este año. Yo creo que todavía le falta mucho. Quizá esta sea la lección que necesita... De todas formas, nadie te obliga a entrar. Si piensas que esto es una pérdida de tiempo, todavía puedes marcharte. Siempre habrá otro año para intentarlo.
Tras aquellas palabras, el profesor se apartó de la entrada. La puerta permanecía entre ambos, inmóvil, ocultando un aula casi vacía. Dentro solo había unas pocas mesas apartadas hacia las paredes para dejar el centro despejado, un gran ventanal por el que la luz gris de la mañana se filtraba débilmente y una pizarra cubierta por antiguas anotaciones de tácticas básicas y ejercicios de lanzamiento de kunais que nadie se había molestado en borrar por completo.
En medio de aquella habitación silenciosa aguardaba el estudiante problemático, la razón de aquella peculiar misión de rango E y, quizá, el obstáculo que determinaría si aquel día terminaba siendo una simple prueba académica o una amarga lección para alguien que deseaba convertirse en shinobi. Y, si a Yukine no le parecía correcto aquello... Aún estaba a tiempo de retirarse.
![[Imagen: RoaK1gc.png]](https://i.imgur.com/RoaK1gc.png)