21-06-2026, 01:00 PM
Última modificación: 21-06-2026, 01:04 PM por Kuroto Uchiha.
Razón: Correción de errores ortográficos (Me daban tok)
Las lluvias habían sido generosas durante las últimas semanas. Beneficiosas para algunos cultivos, molestas para otros y poco amables con los pequeños jardines comunitarios que decoraban parte de la zona residencial de Konohagakure. Kuroto llegó al lugar poco después de recibir el encargo. El jardín ocupaba una esquina tranquila del vecindario, rodeado por varias viviendas y atravesado por senderos de piedra que serpenteaban entre arbustos, flores y pequeños árboles. A simple vista era evidente que el lugar necesitaba atención. Las malas hierbas habían comenzado a extenderse, algunas ramas caídas permanecían dispersas por el suelo y varios arbustos habían crecido sin control tras días de lluvia constante. Junto a un cobertizo de herramientas lo esperaba el jardinero encargado del mantenimiento. Era un hombre de edad avanzada que parecía agradecido por recibir ayuda adicional.
- Buenas joven... Tú debes ser la ayuda que pedí ¿Verdad? Un placer chico, me llamo Takeshi. -Saludo cordialmente a Kuroto-
- Un placer señor Takeshi. -Le devolvió el saludo cordial- Estoy aquí a su completa disposición.
-Muy bien chico, manos a la obra, cuanto antes acabemos antes nos iremos a casa. -Dijo esbozando una sonrisa- Mira... ¿Ves esas zonas de allí?
Takeshi empezó a señalar las zonas más afectadas y dejó a Kuroto libertad para comenzar. Kuroto no perdió tiempo. Se arrodilló junto al primer grupo de flores y observó con detenimiento la tierra húmeda que las rodeaba. Las malas hierbas se habían abierto paso entre los tallos aprovechando las condiciones favorables de las últimas semanas. Una a una fue arrancándolas desde la raíz, evitando dañar las plantas que debían permanecer allí. El trabajo era lento y repetitivo. La mañana transcurrió entre montones de hojas, raíces arrancadas y ramas acumuladas en una carretilla. Poco a poco los senderos comenzaron a despejarse y los parterres recuperaron parte de su aspecto original.
Mientras trabajaba, algunos vecinos cruzaban ocasionalmente el jardín. Niños que corrían de un lado a otro, comerciantes que regresaban a casa o ancianos que aprovechaban las horas tranquilas del día para pasear. Muchos apenas reparaban en los cambios que se estaban produciendo a su alrededor.
Kuroto no les prestó demasiada atención. Continuó trabajando en silencio, concentrado en la tarea que tenía delante. Al fin y al cabo, aquella misión no consistía en buscar reconocimiento. Consistía en devolver algo de orden a un lugar que formaba parte de la vida cotidiana de la aldea. Tras unas horas de intensa jardinería, Takeshi fue junto a Kuroto.
- Tienes buena mano para esto... -Dijo mientras descargaba varias macetas de una carretilla cercana.
Kuroto alzó la vista brevemente antes de volver a arrancar una mala hierba. - No especialmente.
La respuesta provocó una pequeña risa en el hombre. -Pues podrías engañar a cualquiera. He visto a más de uno arrancar media plantación antes de darse cuenta de que estaba quitando las flores en lugar de las malas hierbas.
Kuroto observó durante unos instantes el jardín que tenía delante.
- Supongo que observar primero evita cometer errores después.
- Ojalá más gente pensara así. -El anciano se apoyó unos segundos sobre el mango de una pala mientras contemplaba el jardín.
- La mayoría de los vecinos ni siquiera se fija en estos lugares hasta que empiezan a verse mal. Cuando están cuidados, simplemente forman parte del paisaje.
Kuroto no respondió de inmediato. Sus manos continuaron trabajando mientras dirigía una breve mirada a los senderos que atravesaban la zona residencial.
- Eso significa que hace bien su trabajo.
El jardinero parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada.
- Puede que tengas razón.
La conversación terminó allí. No porque hubiera nada más que decir, sino porque ambos tenían todavía trabajo por delante. Las horas siguientes transcurrieron entre arbustos podados, flores replantadas y senderos despejados de hojas y ramas. Poco a poco, el jardín fue recuperando el aspecto que probablemente había tenido antes de que las lluvias lo castigaran durante semanas. Cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, el cambio era evidente. Takeshi observó los jardines restaurados con una sonrisa de satisfacción antes de limpiarse las manos en su peto de trabajo.
- Hemos avanzado más hoy de lo que esperaba. Te agradezco la ayuda, muchacho. No todos los que vienen a ayudar aguantan tanto sin empezar a quejarse..
Kuroto asintió levemente mientras dejaba las últimas herramientas en su lugar.
- No había motivo para quejarme... Solo cumplía con mi deber.
El jardinero soltó una breve carcajada, negando con la cabeza.
- Claro…!!! Que chico tan serio... -Dijo esas últimas palabras en voz baja, para él mismo-
Por un instante, el ambiente quedó en calma, acompañado solo por el sonido lejano del vecindario y el viento moviendo ligeramente las hojas recién acomodadas. Sin alargar más la despedida, Kuroto inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto y dio un paso atrás.
- Ha sido un placer conocerle y ayudarle señor Takeshi.
- Igualmente, muchacho. Vuelve cuando quieras… aunque espero que la próxima vez no sea para sacar tantas hierbas.
El comentario arrancó una leve exhalación casi imperceptible en Kuroto, algo entre respuesta y gesto de cortesía, antes de girarse finalmente hacia la salida del jardín. Tras despedirse del anciano, abandonó el jardín y emprendió el camino de regreso. A sus espaldas quedaban senderos limpios, flores ordenadas y un pequeño rincón de la aldea que, gracias a una jornada de esfuerzo, volvía a lucir como debía.
- Buenas joven... Tú debes ser la ayuda que pedí ¿Verdad? Un placer chico, me llamo Takeshi. -Saludo cordialmente a Kuroto-
- Un placer señor Takeshi. -Le devolvió el saludo cordial- Estoy aquí a su completa disposición.
-Muy bien chico, manos a la obra, cuanto antes acabemos antes nos iremos a casa. -Dijo esbozando una sonrisa- Mira... ¿Ves esas zonas de allí?
Takeshi empezó a señalar las zonas más afectadas y dejó a Kuroto libertad para comenzar. Kuroto no perdió tiempo. Se arrodilló junto al primer grupo de flores y observó con detenimiento la tierra húmeda que las rodeaba. Las malas hierbas se habían abierto paso entre los tallos aprovechando las condiciones favorables de las últimas semanas. Una a una fue arrancándolas desde la raíz, evitando dañar las plantas que debían permanecer allí. El trabajo era lento y repetitivo. La mañana transcurrió entre montones de hojas, raíces arrancadas y ramas acumuladas en una carretilla. Poco a poco los senderos comenzaron a despejarse y los parterres recuperaron parte de su aspecto original.
Mientras trabajaba, algunos vecinos cruzaban ocasionalmente el jardín. Niños que corrían de un lado a otro, comerciantes que regresaban a casa o ancianos que aprovechaban las horas tranquilas del día para pasear. Muchos apenas reparaban en los cambios que se estaban produciendo a su alrededor.
Kuroto no les prestó demasiada atención. Continuó trabajando en silencio, concentrado en la tarea que tenía delante. Al fin y al cabo, aquella misión no consistía en buscar reconocimiento. Consistía en devolver algo de orden a un lugar que formaba parte de la vida cotidiana de la aldea. Tras unas horas de intensa jardinería, Takeshi fue junto a Kuroto.
- Tienes buena mano para esto... -Dijo mientras descargaba varias macetas de una carretilla cercana.
Kuroto alzó la vista brevemente antes de volver a arrancar una mala hierba. - No especialmente.
La respuesta provocó una pequeña risa en el hombre. -Pues podrías engañar a cualquiera. He visto a más de uno arrancar media plantación antes de darse cuenta de que estaba quitando las flores en lugar de las malas hierbas.
Kuroto observó durante unos instantes el jardín que tenía delante.
- Supongo que observar primero evita cometer errores después.
- Ojalá más gente pensara así. -El anciano se apoyó unos segundos sobre el mango de una pala mientras contemplaba el jardín.
- La mayoría de los vecinos ni siquiera se fija en estos lugares hasta que empiezan a verse mal. Cuando están cuidados, simplemente forman parte del paisaje.
Kuroto no respondió de inmediato. Sus manos continuaron trabajando mientras dirigía una breve mirada a los senderos que atravesaban la zona residencial.
- Eso significa que hace bien su trabajo.
El jardinero parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada.
- Puede que tengas razón.
La conversación terminó allí. No porque hubiera nada más que decir, sino porque ambos tenían todavía trabajo por delante. Las horas siguientes transcurrieron entre arbustos podados, flores replantadas y senderos despejados de hojas y ramas. Poco a poco, el jardín fue recuperando el aspecto que probablemente había tenido antes de que las lluvias lo castigaran durante semanas. Cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, el cambio era evidente. Takeshi observó los jardines restaurados con una sonrisa de satisfacción antes de limpiarse las manos en su peto de trabajo.
- Hemos avanzado más hoy de lo que esperaba. Te agradezco la ayuda, muchacho. No todos los que vienen a ayudar aguantan tanto sin empezar a quejarse..
Kuroto asintió levemente mientras dejaba las últimas herramientas en su lugar.
- No había motivo para quejarme... Solo cumplía con mi deber.
El jardinero soltó una breve carcajada, negando con la cabeza.
- Claro…!!! Que chico tan serio... -Dijo esas últimas palabras en voz baja, para él mismo-
Por un instante, el ambiente quedó en calma, acompañado solo por el sonido lejano del vecindario y el viento moviendo ligeramente las hojas recién acomodadas. Sin alargar más la despedida, Kuroto inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto y dio un paso atrás.
- Ha sido un placer conocerle y ayudarle señor Takeshi.
- Igualmente, muchacho. Vuelve cuando quieras… aunque espero que la próxima vez no sea para sacar tantas hierbas.
El comentario arrancó una leve exhalación casi imperceptible en Kuroto, algo entre respuesta y gesto de cortesía, antes de girarse finalmente hacia la salida del jardín. Tras despedirse del anciano, abandonó el jardín y emprendió el camino de regreso. A sus espaldas quedaban senderos limpios, flores ordenadas y un pequeño rincón de la aldea que, gracias a una jornada de esfuerzo, volvía a lucir como debía.