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[SOCIAL]Vivir es como comer un ramen.
Raizen Sarutobi
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19-06-2026, 10:34 PM
Raizen y Amaru
[Imagen: content.png?ex=6a371507&is=6a35c387&hm=4...980ffb281&]


El atardecer caía sobre Konoha con ese color naranja que volvía todo más cálido de lo que realmente estaba. Las calles empezaban a vaciarse de a poco, los comercios bajaban sus cortinas o encendían sus primeros faroles, y el aire ya no pesaba tanto como al mediodía. Para Raizen, esa hora siempre tuvo algo especial. El día perdía su urgencia y la aldea respiraba distinto. Venía de cumplir una misión que lo dejó con el cuerpo pesado y las piernas un poco temblorosas. Nada grave, solo el cansancio acumulado de varias horas sin descanso real. Llevaba a Amaru sobre el hombro, igual de agotado, con los ojos entrecerrados y la cabeza apoyada contra su cuello.


— ¿Vos también sentís que hoy fue eterno? — le preguntó, más por costumbre que porque esperara una respuesta clara.

Amaru soltó un quejido bajo, casi un eco de su propio cansancio, y se acomodó un poco mejor contra el hombro. Caminó sin rumbo fijo durante un rato, con la mochila vacía golpeándole la espalda a cada paso y la mente todavía atrapada en los detalles de la misión recién terminada. Fue entonces cuando el olor lo alcanzó antes de que pudiera ver de dónde venía. Caldo caliente, especias, algo de cerdo a la parrilla. Giró la cabeza y encontró el puesto: un local pequeño de ramen, con mesas bajas, un toldo gastado por el sol y un cocinero que movía los fideos con la misma rutina de siempre. El estómago le habló antes que la cabeza.

Hacía meses que no comía un buen plato de ramen. Entre las deudas, el presupuesto recortado y la dieta forzada que también le tocó imponerle a Amaru, ese tipo de gustos habían quedado relegados al fondo de la lista. Se acercó un poco más al puesto, lo suficiente para leer el menú colgado en un cartel de madera, y el precio le cayó como un balde de agua fría sobre el entusiasmo recién encendido.
No era caro. Pero tampoco era gratis, y su billetera todavía recordaba la mosca que había salido volando de su interior hacía poco.
Se quedó parado ahí, con Amaru medio dormido sobre el hombro, en esa indecisión particular que aparece cuando el cuerpo pide una cosa y la billetera exige otra completamente distinta. En su casa había comida. Tal vez no ramen, tal vez no nada tan rico como lo que olía en ese momento, pero comida de todas formas, sin gastar una sola moneda más de las que ya tenía contadas para la semana.

— ¿Qué hago, Amaru? — Le habló al mono en voz baja, como si esperara que el animal tuviera una opinión formada al respecto. — Si entro, me quedo sin nada hasta el viernes. Si no entro, me voy a la cama pensando en este olor toda la noche.

Amaru abrió un ojo, miró el puesto con una pereza absoluta, y volvió a cerrarlo sin aportar ninguna solución útil. Raizen suspiró y se cruzó de brazos, todavía parado a mitad de camino entre el local y la calle, sin terminar de decidirse hacia ningún lado.
Kia Akimichi
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20-06-2026, 10:39 PM
[Imagen: Z7w7POP.jpeg]

Había un chico parado justo frente al puesto de ramen. Sobre su hombro descansaba un pequeño mono que no dejaba mucho espacio para las dudas. —Un Sarutobi, seguro.— Pensé mientras me acercaba tranquilamente al puesto. En el camino iba terminándome una bolsa de papas fritas que había comprado unos minutos antes, bueno, terminándome era una forma amable de decir que apenas quedaban unas pocas migajas. El delicioso aroma del caldo caliente llegó hasta mí una vez más, haciendo que mi estómago protestara incluso después de haber estado comiendo durante el camino. Honestamente, comenzaba a creer que mi estómago era un ninja más persistente que yo.

Me coloqué junto al muchacho con naturalidad, como si nos conociéramos de toda la vida. Nunca había sido buena manteniendo distancias con la gente, conocer personas nuevas siempre me parecía algo emocionante. Con una enorme sonrisa dibujada en el rostro y una de las últimas papas entre los dedos, levanté ligeramente la vista hacia él. —¿A que huele rico, verdad? —pregunté alegremente, sin esperar demasiado, extendí la bolsa hacia él y hacia el pequeño mono. —¿Quieren una? Me quedan pocas, pero compartir comida hace que sepa mejor. — Mis ojos viajaron un instante hacia el animal, observándolo con genuina curiosidad.

—Aunque si seguimos aquí mucho tiempo, creo que voy a terminar pidiendo tres platos de ramen. Uno para mí, otro para mí cuando termine el primero y uno para tu amigo. — Solté una carcajada sincera —JAJAJAJAJA—, incapaz de ocultar lo mucho que disfrutaba un momento tan simple como aquel. Después de todo, el olor de una buena comida, una tarde tranquila y la posibilidad de hacer un nuevo amigo eran suficientes para alegrarme el día. El aroma del ramen era demasiado bueno como para quedarse parado afuera observándolo. Mi estómago llevaba varios minutos recordándome ese detalle con absoluta insistencia. Miré al chico y luego al pequeño mono sobre su hombro. No parecían estar pasando un mal rato precisamente, pero tampoco vi ninguna razón para no compartir una comida. Después de todo, la comida siempre sabía mejor cuando había compañía.

Una enorme sonrisa apareció en mi rostro mientras señalaba la entrada del local con el pulgar. —Vamos, entremos. Les invito un tazón de ramen, sus caras lo merecen, y yo quiero compañía mientras como.— Solté una pequeña risa antes de comenzar a caminar hacia el interior sin preocuparme demasiado por la respuesta inmediata. En mi cabeza ya estaba imaginando los platos llegando a la mesa. —Además, si me dejan comer sola probablemente termine pidiendo suficiente comida para alimentar a un escuadrón entero de shinobis. Me estarán haciendo un favor. —Empujé la cortina de la entrada y giré apenas la cabeza para asegurarme de que me seguían.

—Y no acepto un no como respuesta. Mi abuela siempre decía que rechazar comida gratis era una tragedia. Bueno, quizás no lo decía exactamente así, pero estoy bastante segura de que habría estado de acuerdo. — La sonrisa nunca abandonó mi rostro. Una buena comida, una conversación nueva y una tarde tranquila eran exactamente el tipo de cosas que me hacían feliz.
Raizen Sarutobi
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21-06-2026, 03:13 AM
La sonrisa de Raizen apareció casi como reflejo ante tanta energía condensada en una sola persona. No todos los días alguien se le acercaba con esa naturalidad, ofreciéndole papas fritas y armando planes de comida en menos de un minuto. Y la verdad, le gustó. Era el tipo de gente con la que conectaba sin esfuerzo.

— Mirá que generosa — dijo, con una risa corta, mientras Amaru abría un ojo apenas al escuchar la palabra "comida" en el aire, ese radar suyo nunca fallaba. — Pero te advierto, yo como bastante. De los que piden dos platos y todavía les queda lugar para el postre. Así que no sé si te conviene invitarme tan rápido, mi panza representa a un Akimichi.

Soltó otra risa, esta vez más relajada, mientras señalaba la entrada del local con la cabeza, listo para seguirla adentro. Fue en ese movimiento que sus ojos bajaron sin querer hacia el pecho de la chica, justo donde el símbolo bordado quedaba a la vista. Se quedó un segundo de más mirándolo, procesando lo que eso significaba.
Ah.
Una sonrisa incómoda le apareció en la cara, mezcla de gracia y vergüenza ajena hacia sí mismo.

— Bueno, ahora que lo pienso, capaz no era el mejor chiste para hacerle a una Akimichi. — Se rascó la nuca, soltando una risa nerviosa. — Vos sí que sabés de comer mucho. Yo solo estaba inventando.

Amaru bajó del hombro de Raizen con un salto torpe, completamente despierto ante la mención reiterada de comida, y los tres terminaron entrando al local detrás de la cortina. Era chico, apenas unas pocas mesas bajas y un mostrador donde el dueño ya los esperaba con una pava hirviendo al fondo. Se sentaron en una de las mesas más cercanas a la entrada, y Amaru, sin pedir permiso ni esperar instrucciones, se subió directamente arriba de la mesa, acomodándose ahí como si fuera un asiento más.

— Bajate de ahí — le dijo Raizen, sin mucha convicción real, sabiendo de antemano que el reto no iba a servir para nada.
El encargado se acercó con una libreta gastada en una mano y la mirada de quien ya vio pasar todo tipo de combinaciones raras de clientes.
— ¿Qué les traigo?
— Un tazón de ramen con chashu, por favor — pidió Raizen, sin dudar, con esa expresión de quien lleva tiempo esperando exactamente esa combinación. — Y para él — señaló a Amaru con el pulgar — una sopa de verduras. Nada de carne, que si no se la pasa robando del plato de los demás.

Amaru pareció ofendido por la acusación, aunque no lo suficiente como para negarla.
Mientras el encargado anotaba el pedido y se perdía de nuevo hacia la cocina, Raizen se acomodó en la silla y soltó el aire, todavía con esa sonrisa medio avergonzada de antes.

— Igual mi situación no significa que el clan Sarutobi esté mal, ni nada — agregó, casi entre risas, divertido con su propia vergüenza al contarlo. — Sino que...hago gastos de más. Bastante de más, en realidad.

Se rió un poco más fuerte de lo necesario, como quien encuentra gracioso algo que en el fondo le incomoda reconocer.

— Mi mamá no quiere darme más plata hasta que pague lo que debo. Me invita a comer en casa, eso sí, y siempre voy, pero comemos cosas que, la verdad, no son tan de mi agrado. — Hizo un gesto hacia el local, hacia el olor del caldo que ya empezaba a llegar desde la cocina. — El ramen, en cambio, es una locura de rico. Por eso paré acá afuera dudando tanto antes de que aparecieras vos.

Se acomodó un poco mejor en la silla, mirándola con esa curiosidad genuina que no tardaba en aparecerle cuando alguien le caía bien.

— ¿Cómo te llamás, por cierto? Recién ahora me doy cuenta que no me dijiste tu nombre con toda esta charla de comida.

Mientras esperaba la respuesta, Amaru abrió los dos ojos de golpe, como si algo le hubiera disparado el interés desde el otro extremo de la mesa. Sin avisar, estiró el brazo hacia un papel arrugado que estaba apoyado contra el frasco de palillos, lo agarró con sus deditos torpes y lo arrastró hasta tenerlo bien sujeto.

— ¿Y eso qué es? — preguntó Raizen, frenando a mitad de su propia pregunta al ver al mono tan concentrado de repente.

Amaru no respondió, obviamente, pero le mostró el papel primero a él, empujándoselo casi contra la cara con una urgencia que no era normal en alguien tan vago. Raizen lo tomó y leyó.

"El que coma más de 5 tazones en 20 minutos, se gana un pase de comida gratis." Levantó la vista despacio, con una expresión que mezclaba la sorpresa con algo peligrosamente parecido al entusiasmo. Amaru ya se había dado vuelta hacia Kia, estirando el mismo papel en su dirección, como si acabara de encontrar la solución a todos los problemas económicos de la mesa.


Amaru mostrando el cartel
[Imagen: content.png?ex=6a38a74a&is=6a3755ca&hm=d...height=930]
Kia Akimichi
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16-07-2026, 08:52 PM
La conversación había conseguido que mi sonrisa se hiciera todavía más grande. Raizen parecía una persona agradable, de esas con las que resultaba sencillo hablar incluso cuando apenas acababas de conocerlas. Y aunque había hecho un comentario sobre su apetito que, evidentemente, no podía compararse con el mío. —¿Dos platos y postre? —pregunté, llevándome una mano al pecho con una expresión de absoluta sorpresa —¡Raizen, eso no es comer bastante! ¡Eso es apenas entrar en calor!— Solté una carcajada mientras me sentaba frente a él. La verdad era que me agradaba encontrar a alguien que disfrutara tanto de la comida. Siempre era mucho más divertido comer con personas que no miraban el tamaño de los platos como si fueran a enfrentarse a una misión de rango S.
 
—Pero no te preocupes por la invitación. Si te invité, entonces te invité. No voy a echarme atrás solo porque comas mucho. —  Hice una pequeña pausa, pensativa. —Aunque ahora que lo dices, quizás debería haber traído más dinero. — Mi expresión se volvió seria durante apenas un segundo. —¡No! ¡Espera! ¡Eso no significa que vaya a dejarte sin comida! Siempre hay una solución. —  Y entonces, como si acabara de resolver el problema más importante de la historia de Konoha, sonreí nuevamente. —¡Podemos pedirle al dueño que nos fíe! —  No parecía una solución especialmente brillante, pero para mí sonaba bastante razonable.
 
—¡Ah! Y yo soy Kia Akimichi. —respondí finalmente a su pregunta, llevándome un dedo al pecho — Encantada de conocerte, Raizen. Y tú debes ser Amaru, ¿verdad? — Incliné ligeramente la cabeza hacia el pequeño mono, sonriéndole con toda naturalidad. —No te preocupes, Amaru. No voy a juzgarte por robar comida de los platos ajenos. De hecho, creo que todos merecemos una segunda oportunidad. — Entonces el papel apareció frente a mí, mis ojos grises recorrieron las palabras escritas.
 
"El que coma más de 5 tazones en 20 minutos, se gana un pase de comida gratis."
 
Hubo un silencio, uno muy breve y mi sonrisa desapareció, no porque estuviera enfadada, para nada. Era algo mucho más serio. Mis ojos comenzaron a brillar. —¿Cinco tazones? —Mi mirada se deslizó lentamente hacia Raizen, después hacia Amaru y finalmente hacia la cocina. —¿En veinte minutos? — Mi estómago rugió. Fue un sonido tan fuerte que incluso yo me quedé quieta durante un instante, entonces me puse de pie de golpe, apoyando ambas manos sobre la mesa. —¡RAIZEN! — Mi rostro estaba lleno de una emoción que probablemente no había tenido ni siquiera durante mis entrenamientos más intensos. —¡ACABO DE ENCONTRAR LA SOLUCIÓN A TODOS TUS PROBLEMAS ECONÓMICOS! —  Señalé el papel con absoluta convicción. —¡Vamos a ganar ese pase de comida! — Mi sonrisa se volvió enorme. —Bueno, yo voy a ganar ese pase de comida. — Me detuve y iré a Raizen, luego volví a mirar el papel. —Pero tú puedes intentarlo también. — Me senté nuevamente, ahora mucho más inclinada hacia delante, como si acabáramos de recibir una misión de máxima prioridad.  —Cinco tazones en veinte minutos no debería ser tan difícil. Aunque depende del tamaño de los tazones, la cantidad de chashu, la densidad de los fideos y la velocidad con la que el caldo pueda enfriarse. —  Mi expresión se volvió pensativa.
 
—¡Oh! Y también depende de si puedo pedir porciones extra. — De pronto levanté la mano hacia el encargado. —¡Disculpe! ¿La competencia sigue activa? ¿Y podemos participar los dos? ¿Y el pase de comida es individual? ¿Y puedo pedir más de cinco tazones si termino antes? ¿Y los tazones tienen el mismo tamaño? ¿Y...? — Me detuve, miré a Raizen con una sonrisa. —Perdón. Me emocioné. — Aunque, por la forma en que mis ojos seguían mirando hacia la cocina, era bastante evidente que no estaba arrepentida en lo más mínimo.
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