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[E] [Autonarrada] Memoria Perdida
Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza30(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo11
400
400
Enlace al Post
20-06-2026, 07:53 PM
Verano del año 150.
Kirigakure no Sato.

Temprano por la mañana, fresco pero lluvioso como siempre es en esta condenada aldea a pesar de la temporada estival, los hermanos Jinbei y Yabei tocaron la puerta de la choza indicada. El mayor de los hermanos se plantó frente al portón de madera vieja, no sin antes apreciar el ingenio del material del techo, compuesto de paja seca, similar a un abrigo mino. Su puño firme indicaba más rudeza y urgencia de la que se podría exhibir con cortesía. Yabei le miró con reprobación. A su contraparte no le gustaba para nada este regaño visual de un hermano menor, así que decidió ignorarlo. Aquel simplemente chequeó por octava vez que tenía consigo su equipo pórtatil de caligrafía, como una forma de desviar el asunto. Pronto fueron atendidos por un hombre flacuchento y maduro, de mirada cansada y nerviosa, que los reconoció de inmediato por sus extrañas máscaras de ratón.

— ¡Ah! ¡Ustedes! Buenos días, disculpen... pasen, pasen... — Invitó con un gesto leve.
— Buenos días, señor Aoyagi. — Contestó sonriente Yabei, tomando las riendas de la diplomacia. — Venimos a hacer un par de preguntas antes de realizar nuestra búsqueda. —
— Claro, claro... ¿quieren desayunar-...? — Amagó hospitalidad, pero fue pronto interrumpido por el más alto de los roedores humanos.
— Ya comimos. — Sentenció como quien sólo marca un hecho. Claro que lo sabe, él es quien prepara esa sopa miso todos los días.
— ...Gracias. — Agregó Yabei, como quien limpia las migajas que deja lo tosco de su pariente. — ¿Y el pequeño? —

El dueño de casa le llamó pronto, pero aquel no venía. Estaba sentado en un rincón, absorto en una especie de melancólica quietud. Cuando se le indicó que eran los buscadores de su caja musical, no obstante, por fin se levantó y casi corrió a conocerles.

— Uh... Ustedes son... ¿Hombres rata? — Consultó con inocencia y cierto miedo, siendo complementado por su cuidador.
— Son Kyuso... Shinobi del clan Akizu... ¿verdad? — Miró al par esperando una confirmación, con la ignorancia temerosa de quien no quiere faltarle el respeto a un grupo de marginados que son los únicos dispuestos a ayudarles a encontrar un juguete en medio de una guerra.
Jinbei asintió y miró a su hermano, esperando que empiece el interrogatorio.

Yabei sacó un papel junto a su pluma de tinta portátil. 
— ¿Cuándo perdiste esto? —
— Hace dos dáis... —
— ¿Dónde? —
— No lo sé... —
— ¿Y dónde estuviste? —
— En varios lugares... —
— ¿En cuáles? —
— Ehm... Bueno, en mi casa, al despertar... —
— ¿Y luego? —
— En la mesa... al comer... —
— Eso también es tu casa... — Interrumpe Jinbei.
— ¡Sssh! — Le silencia el otro. — ¿Buscaron en la casa? —
— Por todas partes, no está aquí... — Dijo el tío.
— No vaya yo y lo encuentre... — Sentenció Jinbei, que no esperó autorización para remover algunas cosas de la repisa.
— Señor Aoyagi, le pido permiso para una inspección final a su hogar... — Arregló Yabei.
— Ah, sí, adelante... — Estaba un tanto confundido, pero no tenía más remedio.
Jinbei era muy rápido en esto, como quien ha tenido que encontrar cien juguetes perdidos por sus hermanos.

— ¿Y cuándo saliste de tu casa? —
— Cuando tenía que salir a jugar... —
— ¿Llevabas la caja musical? —
— Creo... —
— ¿Y qué jugaron? —
— Onigokko... —
— ¿Eras el oni? —
— No... —
— ¿Corriste mucho? —
— Sí... —
— ¿Te escondiste? —
— Sí... —
— ¿Dónde se juntaron, dónde jugaron y dónde te escondiste? —
— En el muelle... Luego corrí al mercado... Y volví a casa más tarde... —
— ¿En qué parte del mercado? —
— En un puesto de algas secas... —
— ¿Sólo allí? —
— Y... en un puesto de cabezas de pescado... —

Yabei estuvo un buen rato más sacándole datos a medias al crío. Mientras tanto, su hermano mayor había recorrido cada centímetro de la humilde morada.
— No está aquí. — Concluyó. Para entonces, Yabei ya llevaba varias líneas escritas. — ¿De verdad debes escribir todo eso? ¿No tienes memoria? — Le toreó. 
— No dominas ni la palabra hablada, mejor no hablemos de la escrita. — Rió el hermano del medio. No le hizo mucha gracia al otro.

Concluido el torpe interrogatorio, se despidieron y fueron a reconstruir la ruta del niño. En el camino de vuelta, Jinbei no ocultó su frustración sobre cómo el pequeño no parecía recordar nada. Yabei insistió en que sí recordaba, pero que no sabía recordar, por lo cual todo parecía retazos de un mal sueño. Jinbei cree que el mocoso está un poco tonto, pero que, de todos modos, hay un problema que resolver. Su convicción se vuelve más firme cuando Yabei le señala que esta caja habría sido de su madre fallecida, lo cual explicaba por qué su tutor era el hermano de esta en vez de ella. 

¿Y el padre? Quién sabe. Borracho y perdido por ahí, sin reconocer a su vástago. Así es la vida familiar de los suburbios de esta podrida ciudad.

Yabei y Jinbei estuvieron paseando por un par de horas recreando lentamente los posibles pasos del niño, hasta que concluyeron que la caja debió haber caído en manos de alguien más. Si fue en el muelle, la inmensidad de posibilidades era aterrorizante, al igual que en el mercado. No obstante, ya que el chico recordaba escondítes con productos específicos, sería una buena posibilidad que fuera resguardado por algún locatario que se encontró de repente con ello.

Lamentablemente, el chico rememoraba los productos, pero no las personas o ubicaciones singulares. Esto significó que Jinbei y Yabei debieron interrogar a cada vendedor de cabezas de pescado y algas secas hasta que una señora en particular tuvo una respuesta positiva.

— ¡Ah, sí! Encontré una caja musical cuando cerré el día... No tocaba bien su melodía, así que no tenía sentido quedármela... Así que se las vendí ayer a... ¡Los Kyuso! — Les informó, entretenida porque otros enmascarados de tal estirpe no supieran de la pequeña transacción.

¿Por qué sabrían? Su familia es numerosa y recolectan un millar de basuras y chatarras todos los días. ¡Tendrán que estar más atentos! Poco después de recopilar lo ocurrido, descubrieron que su hermano menor Kihei había realizado la compra y no la había inventariado todavía, para la molestia de sus hermanos mayores. Aquel estaba muy contento por haber pagado una absoluta miseria por un objeto tan bonito, aunque desgastado, y quería repararlo para quedárselo. Conocer su historia de origen le hizo quererlo aún más, pero tras una franca charla con Yabei, comprendió que estaba mal despojar a un niño de Kirigakure del recuerdo de su madre. Eso sólo es admisible con hijos de Konoha. Con este acuerdo, la cuestión estaba saldada.

Un niño despistado ahora puede tocar aquella vieja melodía. Parece ser que Kihei es bueno reparando mecanismos musicales y Jinbei recreó la pintura original. ¡Está como nueva! ¡Misión cumplida con creces!

Tal vez así sepan que los Kyuso no son tan malos, después de todo.
[Imagen: AhAOZ2C.png]
— Jinbei, Yabei, Kihei —
Kyūso Kyōdai
Moderador 2
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20-06-2026, 10:12 PM
Ñom Ñom Ñom... excelente misión recompensas entregadas
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