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  ›   [Misión Simple] [E] El ladrón de la tinta
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[E] El ladrón de la tinta
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19-06-2026, 02:00 AM


Solo una noche
Solitaria y habitual
Se puede mejorar
Con alguien especial, ah

Aquella voz algo rasposa resonaba por el otro lado de la pared. Resonaba en el interior de la casa. Un mendigo con una voz inigualable, un talento que pocos podrían anticipar al verlo. Sus ropas algo andrajosas, un largo abrigo y su peculiar baile adornaban la escena. No, no podía ignorarse.

De pronto el tiempo
Se pausó en mi interior
Como el desorden
De mi sucia habitación

Su canto continuaba afuera de aquel edificio donde la oficina del escriba se hacía cargo de un caso poco usual. Y sí, aunque durante la tarde y la noche aquel hombre no paraba de escucharlo y de mover la pluma a su ritmo inusual, dejando la ventana entreabierta para escucharlo e inspirarse, en esa misma habitación se perdía algo noche tras noche.

El caso no era realmente importante para los altos mandos. Eran solo plumas, tintas, pinceles, tinteros y pequeñas pertenencias las que desaparecían. Lo importante era otra cosa. Era que... aquello que se perdía resultaba imposible de rastrear.

Estoy cansado
Sin saber a dónde ir
Fuiste tú
La linda parte de vivir, ah

La música inundaba el área mientras la academia simplemente envió a un ninja para cumplir una misión que, quizás, bien pudo haber sido destinada a un equipo de investigación.

El escriba, Caffeine-kun, era un hombre de bien. Vestía ropas andrajadas, tenía la cabellera completamente despeinada y descuidada, negra como la tinta. Grandes lentes redondos descansaban sobre su rostro, con cristales no demasiado gruesos. De piel tersa, aparentaba entre treinta y treinta y cinco años. Su vestimenta era tan rudimentaria que recordaba a esos japoneses que simplemente odiaban arreglarse y se enrollaban la primera túnica que encontraban.

Era delgado como un dedo, debiéndole grasa a sus huesos. Vivía de agua, una hogaza de pan y las migajas que les robaba a sus propios ratones de biblioteca.

Entre sus escritos podían encontrarse frases que llamaban la atención y, al mismo tiempo, daban algo de pena.

"Si los perros se comen mi carne, entonces, ¿cómo podré robarles la mitad?"

El hombre que permanecía afuera de la estancia seguía cantando. Su talento era innegable. ¿Acaso Caffeine-kun simplemente deseaba inspirarse en él? ¿O intentaba robar algo de aquel talento para sus propios escritos? Era difícil saberlo.

La melodía
Que bailamos cesó
Pero aún la oigo
En mi grande corazón


Orion Hoshigaki, deberás narrar cómo recibes la información y cómo te contactas con el escriba. Tienes total libertad para investigar o preguntar lo que desees, donde desees, y observar cualquier cosa que consideres relevante.

Hay manchas por doquier. Si te detienes a observar con atención, notarás la escasez de implementos que posee el escriba para realizar su trabajo. Los papeles parecen haber sido revueltos más de una vez y existen ciertas inconsistencias en este asunto. Si es cierto que el escriba contrató vigilantes para cuidar sus pertenencias, entonces, ¿qué vigilantes se supone que contrató? ¿Por qué las pequeñas manchas de tinta están efectivamente en todas partes? Y más importante aún, ¿por qué nunca se molestó en limpiarlas?

Hay mucho que averiguar.

Por ahora, simplemente indaga un poco.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Orión Hoshigaki
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19-06-2026, 10:08 AM
Dejó colgando el pergamino entre ambas manos, inmóvil durante unos segundos, antes de hacerlo desaparecer bajo la abertura que dejaba el chaleco ninja sobre un costado del pecho. El encargo era breve. Demasiado breve. Un escriba denunciaba el constante velatorio de sus herramientas. No por descuido ni por inutilidad; simplemente desaparecían. Al final de las líneas de tinta apenas había un nombre y una dirección. Orión apuró su taza de té de un solo sorbo y saltó por la ventana de su habitación.

Las calles de la aldea conservaban esa humedad perpetua que tanto le agradaba al Hoshigaki. La bruma nacida sobre el mar se enredaba entre las construcciones, mientras diminutas gotas descendían por los cristales que hervían de vida desde el interior de las viviendas. Caminó en silencio, contando sus pasos como era costumbre. "Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve…" Siempre en silencio.

Avanzó habitando las calles, fluyendo entre ellas hasta abandonar su barrio costero. Mil treinta y nueve pasos después, los ecos de su cabeza fueron interrumpidos por una melodía que apareció de improviso. La voz era áspera. Una voz de inviernos, de barriles donde el alcohol envejecía con paciencia. Orión levantó apenas el semblante. Sus ojos buscaron un rostro que nunca había habitado sus recuerdos. Era un hombre bailando. Interpretaba la canción con una entrega extraña. Su baile, su voz e incluso su olor le resultaban completamente ajenos. Lo ignoró. Aunque era difícil dejar de escucharlo.

“Mil cuarenta y dos…” La vivienda de destino apareció poco después. Se detuvo antes de alcanzarla. No buscó la puerta. Jamás habría tocado un pestillo. Recorrió con la mirada el exterior con absoluta calma. La ventana permanecía demasiado abierta para alguien que temiera un robo. Era el lugar perfecto para estudiar el interior de la vivienda. Inspiró con fuerza. Primero llegó la humedad. Después la madera. Ni rastro de tinta. Ni del olor de algún merodeador habitual. Sin embargo, desde una de las casas vecinas escapaba un aroma exquisito a hogar y caldo de bacalao. Se guardó aquella impresión para sí mientras el estómago protestaba con un rugido discreto.

"Si realmente alguien vigila esta casa, no tardará en advertir mi presencia." Su descomunal anatomía no estaba hecha para ocultarse. Y tampoco era esa su intención. Solo quería comprobar una cosa. Esperó. Un instante. Dos. Tres. Sin acercarse todavía al recibidor, recorrió el frente de la vivienda con absoluta naturalidad, como si aquella casa fuera una más del barrio. Sus ojos recorrieron lentamente los límites de la propiedad. No perseguía al ladrón. Quería descubrir quién vigilaba el lugar.

Entonces se aproximó a la ventana y, procurando no hacer más ruido del necesario, irrumpió en el interior de un solo salto. Lo único sobrio en aquella escena era el uniforme de Kirigakure y la banda ajustada sobre su frente, que brillaba bajo la escasa luz del interior. Permaneció en cuclillas sobre el postigo. Su voz fue más un bramido que una rima.

-Si el pez no pica,el agua explica.
Ibuki Inuzuka
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20-06-2026, 06:25 AM
La edificación era bastante vieja. El escriba, de hecho, vivía en un pequeño complejo habitacional, en el segundo piso, con una puerta que daba al patio interior y tres ventanas orientadas hacia el exterior. Una de ellas estaba cubierta con tablones, como si se hubiera querido impedir su apertura. Otra, por su parte, estaba tan oxidada que resultaba evidente que nunca se abría, ni siquiera para ventilar la vivienda. La tercera ventana, la de la sala, si es que podía llamarse sala al espacio común de un departamento tipo estudio, daba directamente hacia la calle.

Bajo aquella ventana, a unos metros de distancia, se encontraba el cantante, quien continuaba con su canción mientras el Hoshigaki realizaba su inspección.

Observándolo con más detenimiento, podía apreciarse una manta tejida extendida sobre el suelo. Encima de ella descansaba un libro acompañado de varios papeles arrugados. A un lado había un sombrero con algunos ryō obtenidos durante el día y unas cuantas espinas de pescado como pobre recompensa para una voz tan angelical. Sus ropas eran harapientas, y aquella bufanda de franjas blancas y azules estaba tan desgastada y sucia que resultaba desagradable a la vista.

Un pequeño pulpo se arrastraba cerca del sombrero, utilizando sus tentáculos para mover las espinas e intentar extraer los restos de carne que aún conservaban. El animal tenía marcas azules sobre la cabeza, ojos amarillos y algunas zonas moradas repartidas por el cuerpo. Era bastante peculiar y hasta bonito, para tratarse de un simple pulpito del tamaño de una palma.

Durante su recorrido alrededor del complejo, Orión pudo notar un par de perros merodeando por la zona y algunos ratones en plena búsqueda de alimento. Cerca de la posada se encontraba una mujer de cabello rubio, piel clara y branquias visibles a ambos lados del cuello. Vestía un traje rosado acompañado de un mandil blanco. Sobre la cabeza llevaba varios rulos de madera con los que intentaba mantener el cabello ordenado y recogido.

La mujer barría despreocupadamente la entrada del pórtico principal, rascándose una axila sin el menor pudor. Sin embargo, al percatarse de la presencia del Hoshigaki y reconocerlo como tal, no tardó en espantarlo con la escoba, como si quisiera mantenerlo lejos del lugar o simplemente no deseara tener nada que ver con alguien de su especie.

Al otro lado del callejón también había un par de jóvenes haciendo de las suyas. Trataban de espiar el interior de una vivienda vecina, aparentemente perteneciente a una pareja joven que residía en el mismo complejo habitacional. Los propietarios parecían demasiado despreocupados como para ahuyentar a los muchachos que observaban por las ventanas. Era difícil saber si aquellos niños planeaban algún pequeño atraco o si simplemente eran unos curiosos intentando descubrir algo más interesante que la imagen de una pareja cenando tranquilamente sobre un sofá, recostados el uno sobre el otro con absoluta comodidad.

Cuando Orión se acercó a la ventana, pronunció aquellas extrañas palabras a modo de saludo. Fue entonces cuando la música del cantante comenzó a cambiar. Esta vez, el joven dejó de cantar y empezó a tararear una melodía mientras improvisaba un ritmo golpeando una vieja lata.

La tonada sonaba más o menos así:



Cultiva tus sueños, luego idealízalos,
motiva tu ira y cuenta te darás,
sube montañas, no descenderás,
y aunque el viento sople, no te caerás.

El cantante comenzó a cantar poco a poco aquella melodía tan entrañable, como un himno capaz de alzar un alma descarriada. El escriba caminaba de un lado para otro dentro de la estancia y, cuando Orión se asomó con su saludo tan peculiar, este simplemente optó por mirarlo directamente a los ojos y responder - Si el pez no pica... el agua explica... salpica... no, el agua maldita... sí, sí...

Dijo aquello mientras corría hacia un lado de la habitación, buscando desesperadamente un papel y algo con lo que escribir - Tú... el agua maldita... porque... no sé qué con falsificaciones o temores... porque te odiarás al final...

Aquel hombre balbuceaba mientras garabateaba aquellas palabras sobre una hoja cualquiera. Luego comenzó a revolver sus escritos. No... no lo encontraba. Aquel papel que tanto buscaba había desaparecido.

¿Eres el ninja de la Niebla? Viniste a ayudar, ¿cierto? - Preguntó mientras tomaba un puñado de papeles y se acercaba a él. - Pasa, pasa - Dijo sin prestarle demasiada atención, empujándolo al interior de la vivienda con las manos repletas de hojas. Luego se asomó brevemente por la ventana y, tras lanzar el montón de papeles al suelo, la cerró un poco, lo suficiente para dejar entrar la música, pero no el frío.

El cantante continuaba.

Mi rodilla sigue temblando como si tuviera doce años,
saliendo del aula por la puerta trasera.
Un hombre me censuró dos veces, aunque...
pero no me importa.
Esperar es desperdiciar, para gente como yo.
Lo... lo siento. Mi nombre es Caffeine. ¿Quieres un café o algo? Pasaremos la noche en vela. Este ladrón siempre se adentra por las noches, así que será mejor que vigilemos hasta el amanecer - Dijo mientras corría de un lado a otro de la estancia, colocando agua al fuego. - ¿Dónde estará...? ¿Dónde estará...?

De pronto, la canción del joven de afuera terminó. Estaba inconclusa, y se notaba. Sin embargo, aquello no era lo importante. Lo importante era que la noche estaba próxima a alcanzar su punto más oscuro.

Dentro de la casa reinaba un desorden molesto. Había papeles por doquier, tazas de café descansando sobre veladores y, ahora que Orión se encontraba en el interior, el aroma de la cafeína impregnaba toda la vivienda. Las profundas ojeras del escriba evidenciaban una peligrosa costumbre de permanecer despierto hasta la madrugada, escribiendo un texto tras otro.

Historias de fantasía.

Poemas a medio terminar.

Canciones que jamás podrían interpretarse.

Las manchas de tinta sobre las paredes eran pequeñas, pero imposibles de ignorar. Y, conforme avanzara la noche, llegaría también la hora de cerrar por completo la ventana. Aunque algo pareciera moverse o no dentro del apartamento, lo importante era decidir qué hacer durante la vigilancia y, más importante aún, dónde dedicar la atención.

Contenido Oculto
El pulpo que se encontraba con el cantante ingreso por la ventana antes de que esta sea cerrada

Lamentablemente, los implementos del escriba estaban tan dispersos que no existía un único lugar que vigilar. Había rendijas por toda la vivienda, pequeños espacios por donde los ratones entraban y salían como Pedro por su casa. Algunos incluso interactuaban con el propio escriba, quien parecía llevarse bastante bien con ellos.

Por otro lado, el ruido de los niños jugando cerca de una de las ventanas era constante. También se escuchaban los pasos de la cacera que había visto antes recorriendo los pasillos y los frecuentes resoplidos que provenían de su habitación y la de su marido.

Extrañamente, el lugar del que menos ruido provenía era el departamento de la joven pareja al otro lado de la calle.


OFF
Deberás decidir a que prestarle mayor atención y si vas a vigilar, podrás ver donde vigilar con mayor atención. Si gustas, hasta puedes salir de la estancia durante la noche. Hagas lo que hagas, yo me adaptaré
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Orión Hoshigaki
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21-06-2026, 09:55 PM
Orión rechazó el ofrecimiento con una leve sonrisa, apenas perceptible. Mientras tanto, su mirada recorría la habitación, contemplando el desastre de tinta que cubría paredes, hojas y muebles. Fuera obra del escriba o del ladrón, el lugar parecía haber sido consumido por una batalla silenciosa. Los pocos útiles de escritura que aún permanecían enteros descansaban dispersos entre el caos, quizá lo único que el propietario había logrado conservar

-Prefiero el agua fría.

No añadió nada más. Apartó la vista de las manchas y permitió que el escriba continuara con su rutina sin interrupciones.

-Ignora mi presencia. Haz lo de ayer; el pez sabrá volver.

Si alguien aprovechaba aquellas noches para irrumpir en la vivienda, alterar las costumbres solo serviría para espantarlo antes de tiempo. En lugar de caminar sin rumbo, el Hoshigaki comenzó a pensar como lo haría un infiltrado. Si la guerra lo obligara a robar información tras las líneas enemigas, ¿cómo actuaría? ¿Por dónde entraría? ¿Qué ruta elegiría para no levantar sospechas? El sigilo era el camino que deseaba recorrer como shinobi, y pocas lecciones eran mejores que intentar comprender la mente de quien vivía ocultándose.

"¿Por dónde lo haría?"

La respuesta no tardó en tomar forma. No existía un único acceso. El edificio era viejo, castigado por el tiempo, lleno de pequeñas oportunidades para quien supiera aprovecharlas. Sin embargo, el destino siempre era el mismo, los escritos y utensillos de escritura. Quien entraba debía acercarse inevitablemente a ellos. No importaba el camino elegido; el objetivo nunca cambiaba.

-Juntemos tus herramientas aquí.

Con la diestra señaló el espacio bajo la mesa. Reducido, incómodo y protegido por el propio mobiliario, era el lugar más lógico para reunir lo poco que aún conservaba el escriba. Si todo quedaba concentrado en un único punto, también lo haría el interés del ladrón.

Sin perder tiempo, se aproximó a una de las paredes más castigadas por la humedad. Deslizó lentamente la yema de los dedos sobre la madera, sintiendo cada irregularidad antes que observándola. No buscaba compartimentos ocultos; pretendía descubrir señales de uso frecuente. Bordes suavizados por el roce, astillas recientes, polvo desplazado, cualquier indicio capaz de revelar un trayecto repetido noche tras noche.

Fue entonces cuando un leve movimiento captó el rabillo de su ojo. Un pequeño molusco terminó de filtrarse por la ventana. Orión apenas giró la cabeza. Reconocía bien aquella clase de criaturas. Él mismo convivía con un joven kraken que dormía la mayor parte del tiempo oculto entre sus pertenencias con forma de filo, una pequeña kunai. Aun así, no encontró motivos suficientes para intervenir. Registró el detalle en silencio y volvió a concentrarse en la inspección.

-¿Siempre desaparecen las mismas cosas, o el ladrón toma lo primero que encuentra?

La pregunta no era casual. Si el objetivo cambiaba cada noche, probablemente se tratara de un oportunista. Pero si las pérdidas seguían un patrón, plumas, tinta o determinados escritos, entonces existía una intención mucho más concreta detrás de aquellas visitas.

Sin esperar una respuesta inmediata, continuó examinando la vivienda desde una perspectiva distinta. Ya no buscaba puntos de entrada, sino posibles rutas de escape. Su mirada enlazó la ventana, las rendijas del suelo, las separaciones entre los muebles y cualquier espacio lo bastante estrecho como para desaparecer en cuestión de segundos. Finalmente eligió un rincón donde la penumbra jugaba a su favor. No era el más cómodo, sino el que le permitía dominar casi toda la estancia sin convertirse en el primer blanco para quien cruzara el umbral. Apoyó un hombro contra la pared, relajó la respiración y unió ambas manos formando un sello, dejando que el flujo de chakra ayudara a la arquitectura de su concentración.

No pensaba perseguir al ladrón. Prefería comprender por qué aquel apartamento, perdido entre tantos otros del complejo, seguía recibiendo visitas una noche tras otra. Porque quien regresaba con tanta insistencia rara vez robaba por necesidad.Lo más probable era que aún siguiera buscando algo que todavía no había encontrado.


✔Aprendida · 17-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: DEFE101B
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

El ninja adopta una postura de concentración absoluta, preparándose con antelación para detectar cualquier ataque, incluso si proviene desde su espalda. Para activarla, debe entrar en este estado al menos un turno antes de recibir una ofensiva, enfocando todos sus sentidos en el entorno.

Una vez activada, esta técnica reinicia el Coldown de sus habilidades defensivas: Esquiva, Bloqueo y Choque. Además, reduce el sigilo de todos los ataques que se dirijan directamente hacia él, facilitando su detección. Esta preparación puede ocultarse mediante un [Hide], evitando que otros noten su estado de alerta.

✧Efecto
2 (MDES) de Disminución de Sigilo Oponente


Chakra: 243/275

[Imagen: l93r50D.png]

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23-06-2026, 04:20 AM
Prefiero el agua fría. - Ah, qué bien… el café está frío - respondió el hombre, al darse cuenta de que ya no tenía combustible para encender el fuego.

Sin demasiada ceremonia, le sirvió una taza de café insípido con agua fría al tiburón, casi sin comprender del todo lo que este había pedido.

Mientras Orión revisaba las manchas, el le dijo algo que tomó por sorpresa a Caffeine-kun. -Ignora mi presencia. Haz lo de ayer; el pez sabrá volver.

Qué extraño era aquel hombre. Era casi como un ente sacado de un cuento de hadas o de una fantasía. El escriba no pudo evitar observarlo con detenimiento, formando un recuadro con sus manos, como si intentara encuadrarlo para entenderlo mejor.

Qué criatura más fascinante eres… - dijo, atónito, tomando notas mentales de lo que aquel hombre era y representaba.

¿Qué lo habría convertido en alguien así? Su forma de expresarse era demasiado formal y, a la vez, antigua… más antigua de lo habitual.

El Hoshigaki continuaba con sus conjeturas, mientras el escriba seguía admirándolo y analizándolo. No de una manera vulgar, sino como quien observa a un héroe de una historieta, una narrativa, una canción… algo que le diera sentido.

¿Era realmente un buen hombre? Probablemente sí. Alguien muy educado… pero le faltaba algo: esa chispa de emoción que hacía que las multitudes se abalanzaran sobre ese tipo de relatos.

Y entonces volvió a hablar - Juntemos tus herramientas aquí.

Su voz grave y resonante llenó el espacio. - Oh… sí, sí, claro… - respondió el escriba, mirando su desorden y su caos.

Sin perder más tiempo, comenzó a reunir todo lo que pudo: tinta, plumas, papeles… todo, todo.

Hizo caso. Luego se preparó su café y se dejó caer en un sillón cercano, con una pluma y algunas hojas más para trabajar mientras tanto.

El pulpo entró en la estancia. El escriba ni siquiera se dio cuenta, y el Hoshigaki tampoco le prestó mayor atención. - ¿Siempre desaparecen las mismas cosas, o el ladrón toma lo primero que encuentra? - preguntó Orión.

No… la verdad no me lo había preguntado - respondió el escriba, mirándolo de reojo - Tampoco es que haya hecho inventario - añadió, algo decepcionado… o más bien triste, como quien se da cuenta de que le han obligado a ordenar su propio santuario. Ya no estaba tan complacido como antes.

Las horas comenzaron a pasar lentamente. Las luces del exterior fueron disminuyendo, pero la del escriba se mantenía encendida: una lámpara de fuego dentro de una botella de vidrio, alimentada por aceite, que iluminaba sin titubeos.

Los papeles que había recogido estaban desparramados sobre el regazo y el sillón. La mayoría de sus cosas seguían donde Orión le había indicado, pero, como buen procrastinador, aún faltaba mucho por ordenar.

El suelo seguía cubierto de papeles y herramientas. Y aquel pulpo, que Orión había visto antes, no parecía preocuparse en lo más mínimo por esconderse. Cruzaba la sala con naturalidad, llevando en su camino un papel hacia la ventana por la que había entrado antes.

Un palo, desde el otro lado, empujaba suavemente el vidrio. Ya eran las tres o cuatro de la mañana. No había alma alguna en el exterior.

Y, para desgracia del Hoshigaki, sería demasiado lento cualquier intento de reacción. En un parpadeo, el pulpo saltaría y se escabulliría por la ventana, que quedaría cerrada tras su paso.

Un simple papel era lo único que se llevaría.

[Imagen: df1be776de743a039c42c6171c468d5c.jpg]

Afuera, el cantante mal vestido lo esperaba. El pulpo descendía por el palo y le entregaba el papel antes de recostarse sobre su hombro.

Muy bien… muy bien - decía el cantante, mientras leía el texto y tarareaba algunas palabras con distinta entonación. Luego comenzó a caminar por el pasaje.

Era fácil de seguir. Aquel joven ni siquiera se molestaba en esconderse entre las sombras de la calle. Caminaba sin prisa y sin frío, como si el hielo ya formara parte de su naturaleza.

Caminaba en busca de aprender una nueva canción.

Y no… los artículos de escritura nunca fueron el verdadero objetivo del ladrón. Lo que robaba eran los escritos. El escriba sin talento se inspiraba en quien le robaba. Y quien le robaba solo robaba las palabras de aquel que escribía inspirado.

Ninguno lo entendía del todo. Solo se robaban entre sí intentando llenar, por separado, aquello que les faltaba… haciendo dinero con su arte.

Orión tiene carta blanca para decidir cómo cierra esta aventura. ¿Intentará atrapar al cantante ladrón? ¿Intentará unirlo con el escriba? ¿Asesinará al pulpo y al cantante? ¿Asesinará al escriba por servirle café frío? ¿Se quedará dormido y nunca sabrá lo que ocurrió?

Para el escriba, que le robaran un papel era… prácticamente lo mismo que no le hubieran robado nada. La misión estaba completa simplemente al evitar otro robo esa noche.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Orión Hoshigaki
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23-06-2026, 02:17 PM
El pequeño molusco y el pedazo de papel tras la ventana hicieron que abandonara la postura que lo mantenía en guardia. Fue imposible detener algo que jamás sospechó. Esperaba un ataque, el robo de alguna herramienta o una infiltración más elaborada; no una simple hoja de papel.

Sus ojos acompañaron al pulpo hasta que desapareció junto a su dueño entre la niebla de la madrugada. Durante unos instantes permaneció observando la calle tras el cristal. Las siluetas de ambos eran nítidas y extrañamente vivas entre las penumbras. Podía seguirlos. Aún estaban bastante cerca. Olfateó el aire, memorizando aquel hedor para reconocerlo en el futuro. Sin embargo, el instinto de protección terminó por imponerse. No había necesidad de dejar desprotegido al escriba. Su trabajo no consistía en perseguir sospechosos. Consistía en proteger al ciudadano que le habían encomendado. Abandonar la vivienda para seguir una pista significaba dejar atrás aquello que debía resguardar. Además, el vagabundo era demasiado llamativo. Su voz, única y armoniosa, no pertenecía a alguien difícil de encontrar. Si el informe concluía que debía perseguirse aquella pista, lo haría más adelante.

Se apartó del postigo y volvió a recorrer la morada con atención. Cada rincón. Cada sombra. Cada acceso por el que el peligro pudiera colarse. Esperó.

El tiempo se volvió eterno dentro del silencio que había echado raíces en la vivienda. La tensión de una posible distracción fue desapareciendo ronda tras ronda bajo la vigilancia de sus enormes ojos. No había enemigos. No había ladrones. Tampoco música. Solo entonces tomó la taza que había abandonado sobre la mesa. El café estaba tan frío como el agua de los muelles durante el invierno. Bebió un sorbo. Después otro. Y permaneció en silencio, observándolo todo.

Cuando las primeras luces del amanecer comenzaron a imponerse sobre el débil reflejo de la lámpara de aceite, improvisada dentro de una botella de vidrio, comprendió que la guardia había llegado a su fin. El responsable estaba identificado. Ya no quedaba café. El método era prácticamente deducible. El resto correspondería a quien decidiera seguir la pista del ladrón de tinta.

Orión extrajo de su chaleco el pequeño cuaderno que el mar alguna vez le había devuelto para seguir contándole historias a Inti. Lo abrió por una página antigua. Las frases incompletas no eran obra del descuido, sino del agua y la sal, que se habían encargado de borrar fragmentos enteros del relato. Recorrió varias páginas antes de detenerse en una de ellas. Un pedazo de texto sobrevivía entre manchas de humedad y tinta corrida.

“Cuando el pez abandonó el anzuelo…”

Sus dedos permanecieron inmóviles durante unos segundos. Luego apoyó la punta del carbón sobre las marcas que el salitre había dejado atrás y completó la frase.

“...se debe protege la caña.”

Cerró el cuaderno. El pequeño golpe de las tapas resonó en la habitación. Afuera, la aldea despertaba.

[Imagen: l93r50D.png]

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23-06-2026, 03:08 PM
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