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[D] Sombras en la Floreria
Koga
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19-06-2026, 03:19 PM
Durante el día la zona era normalmente bastante populada, llena de personas que se movían entre coloridos puestos, bajo estandartes que ondeaban perezosamente con la brisa veraniega. Por la noche, las multitudes se dispersaban, las voces se suavizaban y el distrito se transformaba en algo más tranquilo. Las linternas reemplazaban la luz del sol. Los comerciantes cerraban sus puertas. El aroma de los productos frescos daba paso al persistente perfume de la madera, las flores y la piedra que se enfriaba con la llegada de la noche.

La Florería Yamanaka se alzaba entre los establecimientos más elegantes del distrito, con su fachada decorada por maceteros cuidadosamente dispuestos y exhibidores de madera pulida que seguían siendo visibles incluso después del cierre. Aunque las persianas ya habían sido bajadas por sus dueños y las puertas aseguradas para la noche, el edificio conservaba una apariencia acogedora que contrastaba notablemente con las quejas que habían llegado recientemente a la Oficina de Misiones.
Y sin embargo los informes habían sido consistentes.

Grupos de vagos habían comenzado a aparecer después del anochecer. Se reunían cerca de la entrada y permanecían allí durante horas. Obstruían parte del paso peatonal, discutían ruidosamente entre ellos y dejaban tras de sí restos de comida y botellas vacías. Los vecinos habían reportado golpes contra las persianas a altas horas de la noche. Otros afirmaban haber visto a algunos de los hombres observando el interior del local a través de rendijas y ventanas, como si estuvieran buscando algo, ¿Pero quién podría saber qué?. Ninguno de aquellos actos había llegado a constituir un crimen serio, pero la situación se había vuelto lo bastante molesta como para requerir intervención antes de que escalara.

El genin llegó antes de la hora señalada en las denuncias. El mercado todavía tenía un poco de actividad, y no todas las tiendas se encontraban cerradas, algunos comerciantes trasladaban cajas hacia el interior de sus negocios mientras que los ayudantes que tenía barrían los frentes de los locales, preparandose para retirarse. La florería parecía completamente normal: No había ventanas rotas o señales de intento de robo. No existían daños visibles de ningún tipo. Aún.

Sin embargo, permanecían algunos rastros de las molestias recientes.

Junto al borde de la calle descansaban varios trozos de papel arrugado que habían escapado a la atención de quienes limpiaban la zona. Una tenue marca podía apreciarse sobre una de las persianas cerradas... El pavimento frente a la entrada conservaba restos de manchas secas dejadas por bebidas derramadas. Pequeños detalles, insignificantes por sí solos, pero suficientes para demostrar que las quejas no habían sido exageradas.

Varios comerciantes cercanos notaron la presencia de un shinobi y parecieron visiblemente aliviados.

La noticia se había extendido con rapidez por el distrito. El establecimiento Yamanaka gozaba de cierto reconocimiento entre los vecinos. Algunos lanzaban miradas ocasionales hacia la florería mientras terminaban sus labores, como si esperaran que la simple presencia de un ninja de Konoha bastara para poner fin al problema. Uno a uno, los escaparates fueron apagando sus luces y cerrando las persianas, las conversaciones iban desapareciendo y el bullicio comercial se retiraba de las calles hasta que pronto solo quedarían algunos peatones dispersos atravesando el distrito de camino a sus hogares.

Si Ben tenía intención de hacer algunas preguntas a los vecinos que aún estaban terminando de cerrar, ahora sería el momento. Aunque también, podía simplemente buscar un lugar menos a la vista para esperar a quienes llegaban de noche, o simplemente esperarlos a la vista. La decision era suya.
Yokubari
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19-06-2026, 05:02 PM
Yokubari Ben llegó al mercado central con un puro encendido entre los labios y el escudo ajustado al brazo, como si incluso para una vigilancia de tienda necesitara recordarles a todos que seguía siendo un soldado. No llevaba espada, ni kunai visibles, ni más herramientas que aquella placa de guerra atada a su cuerpo. Para una misión como esa, le bastaba. Eso era parte del problema...Una florería... Vagos haciendo ruido... Basura en la entrada... Persianas golpeadas por idiotas con demasiado tiempo libre. Ben leyó esa clase de encargos con desprecio, pero sin poder ignorarla. Le daba rabia estar ahí. Pero más que rabia, le daba vergüenza. No por la misión en sí, sino por lo que significaba. Recordaba como antes, hace cinco años, lo mandaban donde la aldea necesitaba fuerza real. Ahora, por una estupidez a quien no tenía otra persona que culpar más que a él mismo; tenía que probar, con encargos pequeños y noches perdidas, que todavía servía de algo...Que Yokubari Ben no se había quedado enterrado en aquella operación fallida.

Al llegar frente a la Florería Yamanaka, supo de inmediato qué era lo prudente. Preguntar a los comerciantes, revisar las marcas, ver desde qué ángulo miraban por las ventanas, seguir los restos de botellas, buscar patrones, hablar con los vecinos antes de que cerraran del todo... Todo eso lo sabía. Y tenía suficiente experiencia para armar una investigación decente en pocos minutos. Pero le valió un culo. Ben examinó la zona con la mirada dura, pasando los ojos por las persianas, las manchas secas en el pavimento, los papeles arrugados junto al borde de la calle y las luces que se iban apagando una por una. Los comerciantes cercanos lo miraban con alivio, algunos peatones bajaban la voz y Ben no dijo nada. Solo les devolvió un gesto seco con la cabeza, un “ya los vi” sin palabras, y caminó hasta un cajón de madera abandonado cerca de un puesto cerrado. Lo giró con el pie, lo probó con el peso de una bota y se sentó encima.


[Imagen: 0c549602-d1a6-4f31-9dc7-13fd66d95f67.png]


Ahí se quedó, fumando frente a la florería, con el escudo descansando sobre el antebrazo y los hombros quietos bajo la armadura. El humo le salía lento por la nariz mientras la calle se vaciaba. No intentó esconderse tampoco. No buscó una esquina oscura ni un techo desde donde vigilar mejor. El quería que lo vieran. Quería que esos vagos llegaran y entendieran, antes de abrir la boca, que la noche ya no les pertenecía. En su cabeza no había paciencia para charlas largas ni para sermones de orden público. Si venían a molestar, los iba a sacar. Si venían a robar, los iba a romper. Si venían buscando algo dentro de la Florería Yamanaka, entonces al menos la noche iba a dejar de ser una pérdida de tiempo. Ben bajó la mirada al cigarro entre sus dedos y apretó la mandíbula. Una florería, pensó con desprecio. Una maldita florería. Pero aun así, si Konoha le pedía guardar esa puerta, esa puerta no caía.
[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]
Koga
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19-06-2026, 05:49 PM
La calle frente a la Florería Yamanaka continuaba vaciándose con una lentitud casi ritual. Las últimas luces del mercado central se fueron apagandose una tras otra, dejando únicamente el brillo intermitente de algunas linternas distantes y el reflejo tenue de la luna sobre la piedra húmeda del pavimento. El silencio que se instaló no era absoluto, pero sí lo bastante denso como para que cualquier sonido menor desde un paso tardío hasta una puerta mal cerrada destacara con claridad incómoda.

Fue en ese margen entre la calma y el cierre definitivo de la noche cuando comenzaron a aparecer.

Primero fueron sombras desordenadas al final de la calle principal del mercado, figuras que no seguían el ritmo de los últimos transeúntes responsables ni el paso disciplinado de los comerciantes que ya se retiraban. Pero luego esas sombras adquirieron forma: un pequeño grupo de individuos avanzando sin coordinación, ocupando demasiado espacio, riendo demasiado alto para la hora que era.

No caminaban como criminales organizados ni como shinobis entrenados, al menos no a simple vista. En ese momento, se veían más bien como personas que habían perdido la noción del límite entre una taberna y la calle. Ropa arrugada, movimientos inestables, gestos amplios que rompían la quietud del distrito. El olor a alcohol barato parecía precederlos incluso antes de que sus voces llegaran a la floristería.

Entre ellos había una diferencia sutil.

Uno no reía con la misma facilidad. No se tambaleaba con la misma exageración. Su paso, aunque integrado en el grupo, mantenía una coherencia que el resto no tenía. Observaba más de lo que participaba, y aunque no imponía autoridad de forma evidente, su presencia parecía contener al grupo en una forma mínima, como si sin él la dispersión sería aún peor.

Los demás, en cambio, avanzaban como una corriente desordenada con comentarios sueltos y carcajadas que se cortaban a medias. La serenidad del lugar a la noche, con sus persianas cerradas y su fachada cuidada, chocaba directamente con la actitud descuidada del grupo. Algunos de ellos señalaron la entrada, otros soltaron risas al ver el establecimiento, como si aquel rincón del mercado fuera simplemente otro punto de reunión más en su recorrido nocturno.

El grupo se detuvo a unos metros de la entrada.

Hubo un breve intercambio de murmullos entre ellos, una especie de desacuerdo leve que no llegó a escalar. El individuo más sereno del conjunto observó la escena con más atención que los demás, como evaluando la situación antes de permitir que avanzaran más. Uno de los hombres, claramente el más inestable del grupo, se separó ligeramente del resto. Sus pasos eran irregulares, trazando una línea torcida sobre el pavimento. La distancia entre él y el grupo aumentó lo suficiente como para que su voz, cuando habló, quedara dirigida directamente hacia la figura del shinobi frente a la florería.

— ¿Eh…? —soltó primero, como si necesitara confirmar que realmente había alguien ahí. Sus ojos se entrecerraron un instante, recorriendo a Ben con una mezcla de curiosidad y confusión embotada por el alcohol antes de añadir, con una sonrisa ladeada— ¿Tú estás aquí... también para pasarla bien?

Detrás de él, el resto del grupo permanecia observando, algunos aún riendo en voz baja mientras que el más compuesto entre ellos mantenia la mirada fija en la escena con una atención más calculada, aún medio oculto entre esas sombras.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Yokubari
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20-06-2026, 12:14 AM
Ben no respondió de inmediato. Se quedó sentado sobre el cajón, con el cigarro entre los dedos y el escudo ajustado al brazo, mirando al hombre borracho con ese desprecio profundo. El tipo hablaba, sonreía, se movía mal. Pero eso no era el problema, era el ruido. Ben dejó que el humo le saliera lento por la nariz y levantó apenas la mirada hacia el resto del grupo, pero no hacia los que se reían, sino hacia el único que no estaba actuando como idiota completo. Ese era el que importaba. Ese que caminaba recto y que miraba demasiado. Ese que definitivamente no venía solo a pasar la noche.

—No — dijo Ben, seco, sin levantar la voz—. Estoy aquí para asegurarme de que ustedes no la pasen bien.

Entonces se puso de pie, tomándose su tiempo. Primero apoyó una bota en el suelo, luego la otra, y el cajón crujió cuando su peso dejó de cargarlo. El puro siguió encendido en su mano izquierda. El escudo quedó visible en el brazo derecho, no levantado todavía, pero listo. No dio un paso hacia el borracho ¿Para qué? No hacía falta. Solo enderezó la espalda y miró por encima de él, directo al hombre más sereno del grupo.

—Esta entrada está cerrada. La calle sigue abierta. Ustedes van a seguir caminando.

Mientras hablaba, Ben hizo algo más. Algo pequeño, casi invisible bajo esa fachada de hombre cansado y molesto. Su respiración bajó. Sus hombros dejaron de moverse. La presión de sus dedos sobre el cigarro se volvió pareja. El peso de su cuerpo se acomodó sobre las plantas de los pies, listo para responder en cualquier dirección. Estaba escuchando la calle detrás de él, sintiendo la vibración mínima del pavimento, midiendo el crujido de la madera, el roce de las ropas, el arrastre torpe de las sandalias. Si alguno intentaba hacerse el listo por la espalda, Ben quería saberlo antes de que el golpe saliera completo.

Para ellos seguía siendo el mismo viejo sentado a la entrada de una florería, fumando con mala cara y demasiado orgullo encima. Pero por dentro, Ben ya había cerrado el mundo alrededor de sí. Cada sombra tenía un borde. Cada cuerpo, una distancia. Cada mano, una intención posible. La noche dejó de ser una calle vacía y se volvió un campo de combate pequeño, estrecho y desagradable. Ben bajó la vista al borracho por un segundo, suficiente para dejar claro que lo tenía medido, y luego volvió a mirar al otro.

—Y tú —añadió, señalando con el cigarro al hombre más compuesto—. Si tienes algo que decir, dilo tú. No me mandes borrachos a hablar por ti.

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✔Aprendida · 17-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: DEFE101B
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

El ninja adopta una postura de concentración absoluta, preparándose con antelación para detectar cualquier ataque, incluso si proviene desde su espalda. Para activarla, debe entrar en este estado al menos un turno antes de recibir una ofensiva, enfocando todos sus sentidos en el entorno.

Una vez activada, esta técnica reinicia el Coldown de sus habilidades defensivas: Esquiva, Bloqueo y Choque. Además, reduce el sigilo de todos los ataques que se dirijan directamente hacia él, facilitando su detección. Esta preparación puede ocultarse mediante un [Hide], evitando que otros noten su estado de alerta.

✧Efecto
1 (MDES) de Disminución de Sigilo Oponente

Chakra: 227/262
Vida: 263/263
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20-06-2026, 02:25 AM
Última modificación: 20-06-2026, 02:26 AM por Koga.
El hombre que había recibido la respuesta de Ben tardó apenas un instante en comprender el significado de aquellas palabras, y cuando lo hizo, la sonrisa confusa que llevaba en el rostro se torció hacia algo mucho menos amistoso. Sus hombros se tensaron y dio un paso adelante con la indignación característica de quien se siente humillado delante de sus propios compañeros. La embriaguez magnificó la ofensa, el rubor del alcohol y el orgullo herido se mezclaron en su expresión mientras señalaba hacia el genin con un dedo poco firme. —¿Y quién demonios te crees que eres para hablar así? —espetó, con la voz más alta de lo necesario— ¿Te pusieron aquí para cuidar flores o para andar jodiendo a la gente?

Detrás de él surgieron algunas carcajadas incómodas. No eran risas dirigidas a Ben, sino a la situación, a la torpeza de su compañero y al espectáculo que amenazaba con desarrollarse frente a ellos. El borracho parecía dispuesto a continuar, su postura ya sugería una discusión que difícilmente mejoraría la situación. Sin embargo, una mano se apoyó sobre su hombro antes de que pudiera seguir avanzando. Una presión firme y tranquila que bastó para detenerlo. El hombre vaciló. La rabia siguió allí unos segundos más, luchando contra el alcohol y el orgullo herido, pero finalmente cedió. Refunfuñó algo ininteligible y permitió que lo apartaran de la primera línea.

Fue entonces cuando el más silencioso de todos decidió avanzar. Abandonó el lugar que había ocupado hasta entonces entre las sombras del grupo y caminó hacia el frente sin prisa ni desafío abierto. A medida que se acercaba, la luz de una de las linternas comenzó a iluminarlo con mayor claridad. Y en ese momento algo cambió. Ya no era simplemente otro desconocido entre un grupo de vagabundos nocturnos. El rostro estaba más envejecido de lo que Ben recordaba. Las arrugas eran más profundas. El cansancio parecía haberse instalado detrás de los ojos de forma permanente. La ropa estaba descuidada, el cabello desordenado y el olor a alcohol resultaba evidente incluso desde cierta distancia. Pero seguía siendo inconfundible. Yuto Yamanaka. El hermano de su difunta esposa.

Durante un instante, la calle pareció quedarse extrañamente silenciosa. Las risas del resto del grupo se apagaron poco a poco, como si incluso ellos percibieran que algo diferente estaba ocurriendo. Algunos intercambiaron miradas confusas. Otros simplemente observaron sin comprender el peso que acababa de caer sobre aquella conversación. Yuto permaneció quieto bajo la luz. No tenía el equilibrio perfecto de un hombre sobrio, pero tampoco el tambaleo ridículo de los demás. Era otro tipo de embriaguez. Una más lenta. Más profunda. La clase que se acumulaba durante años. La clase que no nacía de una noche de fiesta sino de demasiadas noches intentando olvidar.

Sus ojos recorrieron a Ben durante varios segundos, como si estuviera comprobando que era real. Como si todavía no terminara de creer lo que estaba viendo. Cuando finalmente habló, su voz no sonó agresiva. Sonó cansada. Terriblemente cansada.

— Pensé que estabas muerto. —Nadie detrás de él dijo nada. Ni siquiera los más borrachos. Yuto soltó una risa breve que no contenía humor alguno, únicamente amargura.— La verdad... habría sido lo correcto.

Sus ojos no abandonaron a Ben. Había alcohol en ellos, sí, pero también algo mucho más antiguo. Algo que llevaba demasiado tiempo pudriéndose en silencio.

— Ella está muerta por tu culpa. —La acusación no llegó envuelta en furia, era una herida abierta que nunca había terminado de cerrar— Mi hermana estaría viva si nunca hubieras aparecido en su vida...

El silencio volvió a extenderse por la calle. Las persianas cerradas de la Florería Yamanaka parecían observar la escena con la misma quietud implacable que el resto del mercado vacío. Detrás de Yuto, algunos de sus acompañantes comenzaron a incomodarse. Las sonrisas desaparecieron y la diversión de la noche se había evaporado. Porque aquello ya no era una discusión entre un shinobi y un grupo de vagos. Era algo mucho más viejo. Mucho más personal. Y mucho más doloroso.

— No tienen idea de quién es él... ¿Verdad...? Éste ese el gran —Dijo mientras ambos brazos se alzaban hacia los costados, un hombre herido, el reconocimiento era real pero ahora estaba teñido de amargura— Yokubari Ben...

Les dijo a sus tambaleantes compañeros, y hubo por un momento murmullos que atajaban rumores antiguos y recuerdos viejos, una chispa de recolección, de reconocimiento en algunos de ellos, que los dejaban más confusos que otra cosa.
Yokubari
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20-06-2026, 06:02 PM
No reaccionó cuando escuchó su nombre. Tampoco cuando vio el rostro de Yuto bajo la luz pobre de la linterna....El soldado solo se quedó quieto, con el puro casi gastado entre los dedos, la mirada clavada en aquel hombre que alguna vez había sido familia por obligación y ahora solo era otra herida caminando en medio de la calle. El rostro estaba peor. Más hundido, viejo y olía a alcohol y a noches perdidas. Tal vez esta versión se hubiera llevado mejor con Ben en tiempos pasados. Pero Ben lo reconoció igual. El dichoso Yuto Yamanaka... Hermano de ella... Sangre de la única persona que Ben todavía llevaba colgada bajo la armadura, en forma de anillo, aunque jamás lo admitiera delante de nadie. Como odió ver en el rastros de ella. El disgusto no lo pudo ocultar, y no quiso hacerlo tampoco.

La acusación cayó directa. Ella estaba muerta y fue por su culpa. Ben no apartó la mirada. Y si bien eso era debatible, no negó nada. Sus dedos apretaron el puro casi acabado, y por un segundo el silencio de la calle pesó más que todos los borrachos juntos. Entonces dio un paso hacia Yuto, corto y pesado. Alzó la mano y le tiró la colilla al pecho, sin fuerza ni rabia explosiva, apenas un gesto sucio con lo poco que quedaba del puro. La ceniza chocó contra la ropa de Yuto y cayó al pavimento entre los dos.

—Sí —dijo Ben, con la voz seca—. Debí haber sido yo.

Pero eso no era disculpa. Sus ojos siguieron fijos en Yuto, sin temblar, aunque por dentro el nombre de ella le estuviera raspando cada pensamiento. Los hombres detrás se quedaron callados, ya sin ganas de reír. El borracho que había hablado antes parecía más sobrio de golpe. Ben ni siquiera lo miró. Toda la calle se había reducido a Yuto, la florería cerrada y ese cadáver viejo que los dos seguían cargando de formas distintas.

—Ella habría estado mejor si nunca me hubiera conocido —añadió—. Eso querías oír, ¿no? 

La frase salió baja, fea y honesta. Suficiente para demostrar que aquella culpa no era nueva, y que Yuto no había llegado con una verdad reveladora o con una herida especial.No, Ben vivía con eso. Dormía con eso. Despertaba con eso. Lo tenía metido en los huesos desde hacía años y para siempre. Pero que Yuto lo supiera no le daba derecho a convertir la entrada de la Florería Yamanaka en un basurero de borrachos, ni a usar el apellido de su hermana para justificar esa miseria. Ben acomodó el escudo en su brazo y giró apenas el cuello, midiendo al grupo con la vista. La rabia quería empujarlo hacia adelante, pero el soldado dentro de él cerró la puerta antes de que el impulso tomara el mando. 

—Pero no me morí —dijo—. Y mientras pueda levantar este escudo, esta puerta no se toca. 
Su postura cambió apenas, pero lo suficiente. El escudo quedó un poco más adelantado. La espalda firme. La mirada abierta, ya no solo sobre Yuto, sino sobre cada idiota que lo acompañaba. Ben escuchaba el roce de la ropa, el movimiento torpe de los borrachos, el silencio incómodo de los que empezaban a arrepentirse...¿Y la verdad? Joder, la verdad es que empezaba a desear que todo aquello se saliera de control. Si alguien intentaba rodearlo...y ojalá así pasara... lo iba a sentir. 

—Puedes odiarme toda la noche, Yuto. Puedes decirles a todos quién soy y qué hice. Me da igual. Pero te vas a llevar a tu gente de aquí. 
Ben bajó la vista a la colilla apagada entre ambos y luego volvió a mirarlo.
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✔Aprendida · 17-06-2026
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20-06-2026, 06:44 PM
La colilla que había golpeado su pecho terminó de caer al suelo entre ambos, apagándose sobre la piedra con un último destello rojizo. Sus ojos descendieron hacia ella durante apenas un instante antes de volver a elevarse hacia Ben. No había sorpresa en su expresión al escuchar aquellas palabras. Tampoco satisfacción. Si había esperado escuchar una negación, no la encontró. Si había esperado una disculpa, tampoco. Y sin embargo, algo en la respuesta pareció desarmar parte de la ira que había traído consigo. La calle permaneció en silencio. Los demás hombres observaban sin intervenir. Incluso el más escandaloso de ellos había olvidado momentáneamente cualquier intención de discutir. La conversación ya no les pertenecía. Había tomado una dirección demasiado personal, demasiado cargada de años y resentimientos que ninguno de ellos comprendía del todo.

Yuto permaneció inmóvil frente a la florería. Entonces giró lentamente la cabeza y su mirada se desplazó hacia la fachada cerrada del establecimiento, hacia las ventanas ocultas tras las persianas, hacia los maceteros y las viejas tablas de madera que habían formado parte de su vida mucho antes de que Ben apareciera en ella. Por primera vez desde que había avanzado hasta el frente, pareció olvidar la discusión.— ¿Sabes...? —murmuró finalmente, sin apartar la vista de la tienda— Nosotros ayudábamos aquí —La voz salió más baja que antes, más lejana. —Cuando éramos niños. Ella y yo. —Una sonrisa pequeña y amarga apareció en la comisura de sus labios. Las palabras parecían dirigidas a nadie en particular. Quizá a la tienda. Quizá a algún recuerdo que sólo él podía ver.— Antes de que el negocio fuera tan grande. Antes de que pusieran las nuevas vitrinas, antes de todo eso... Nos hacían cargar maceta, regar flores. Barrer la entrada. Pasábamos más tiempo aquí que en casa algunos días.

El silencio regresó durante unos segundos y nadie habló. Ni los hombres detrás de él, ni los comerciantes ocultos tras sus ventanas, ni siquiera el viento parecía tener intención de interrumpir. Yuto siguió contemplando la florería como si esperara encontrar algo perdido entre las sombras, como si buscara a dos niños que ya no existían. Finalmente volvió a mirar a Ben, y esta vez no había rabia en sus ojos. Aquello era peor, había cansancio. Había derrota. Había la expresión de alguien que llevaba años formulando la misma pregunta sin encontrar jamás una respuesta que le satisficiera.

— ¿Qué has hecho desde entonces?

La pregunta quedó suspendida entre ambos algo casi tangible en el aire.

— ¿Qué bien has traído al mundo desde entonces, Ben?

No fue una acusación lanzada con violencia. Esas palabras estaban hechas de algo mucho más cruel: una duda sincera. Yuto dio un pequeño paso hacia adelante, no de forma desafiante ni agresiva, sino simplemente acercándose lo suficiente para que sus palabras ya no tuvieran que competir con la distancia.

— Porque yo lo intenté. Ella lo intentó. Toda esa gente que trabaja aquí lo intenta todos los días.

Su mano hizo un gesto vago hacia la florería cerrada antes de caer nuevamente a su costado. La voz se quebró apenas durante un instante cuando mencionó a su hermana, pero continuó hablando antes de que la emoción pudiera apoderarse completamente de él.

— ¿Y tú?

La pregunta pesó más que cualquiera de las anteriores. Más que la culpa o el resentimiento porque no hablaba del pasado. Hablaba de todo lo que había ocurrido después, de todos los años transcurridos. De todas las decisiones tomadas y de todas las vidas tocadas. Sus ojos permanecieron clavados en los de Ben mientras buscaban una respuesta que quizá llevaba años esperando.

Yuto tomó una respiración profunda. El alcohol seguía presente en él, pero ya no parecía ser quien hablaba. Era el dolor, era el duelo, el hermano que nunca había logrado aceptar la pérdida.

— Dime una cosa.

La voz descendió casi hasta convertirse en un murmullo.

— ¿Por qué sigues vivo?

Esas palabras eran como ver caer una piedra arrojada a un estanque inmóvil. Detrás de Yuto nadie se movió, nadie se reía o hablaba. Las luces lejanas del mercado parecían más tenues que antes y la Florería Yamanaka permanecía cerrada a sus espaldas, silenciosa e inmóvil como un testigo incapaz de intervenir. Durante un instante, toda la misión, todos los vagos, toda la noche de vigilancia y todas las órdenes de Konoha dejaron de importar por ese momento de sinceridad. Sólo quedaron dos hombres frente a frente, unidos por una pérdida compartida que ninguno de los dos había conseguido dejar atrás, y el fantasma de una mujer ausente suspendido entre ellos.
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Yokubari
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22-06-2026, 05:26 PM
Ben escuchó la pregunta y algo se le murió en la cara. En su rostro ahora vivía el fastidio puro. La rabia. Yuto había venido a meterle la mano en la herida y moverla hasta encontrar hueso. Ben lo miró unos segundos más, quieto, con el escudo listo y el deseo de romperle la cara todavía firme bajo cada músculo.  Entonces Ben dio un paso hacia él. Uno solo. Queriendo invadirle el espacio y obligarlo a sentirlo encima. Levantó la mano libre y le clavó el índice en el hombro, empujándolo apenas hacia atrás. Un toque seco de hombre grande marcando distancia con alguien que ya le estaba cansando. —¿Y tú qué bien trajiste, Yuto? —le soltó con veneno en la voz—. ¿El niño que le robó a su propia abuela para comprarse drogas viene a hablarme de hacer el bien?

Y Ben volvió a empujarlo con el índice, esta vez un poco más fuerte, sin apartar la mirada de sus ojos. —¿Qué creíste? ¿Que tu hermana no me contó? —dijo, y ahí sí el nombre de ella salió como un arma—. Tú eras una mierda antes de que ella muriera. Y ahora solo tienes una excusa más triste para seguir siendo igual de mierda. No me vengas a hablar de intentarlo, parado aquí, borracho, con esta tropa de inútiles haciendo fila para limpiarte el culo.

El escudo se adelantó apenas, cerrando la línea entre ambos. Ben no le pegó todavía, pero ya estaba en ese borde. El cuerpo fijo, las botas plantadas, la mirada abierta sobre todos, listo para bloquear, chocar o partirle la cara al primero que se moviera mal. —No me preguntes por qué sigo vivo —dijo, más bajo todavía—. Pregúntate por qué todavía no te he tirado los dientes al suelo. Luego señaló la calle con el mentón, sin dejar de presionarlo con su presencia. —Te vas o te juro que la próxima respuesta te la doy con los nudillos.
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Koga
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22-06-2026, 11:28 PM
Última modificación: 22-06-2026, 11:29 PM por Koga.
Por un momento pareció que aquello iba a terminar de la peor manera, el dedo de Ben se clavó en el hombro de Yuto una vez y luego otra, esta vez con más fuerza, y durante un breve instante algo se encendió en los ojos del hombre. La tristeza que había cargado hasta ese momento retrocedió y dejó espacio a otra cosa. La mandíbula se le tensó. Los músculos del cuello se marcaron bajo la luz de la linterna. Una de sus manos incluso se cerró en un puño involuntario, como si una parte de él quisiera responder al empujón, devolver la agresión o, al menos, negarse a seguir siendo tratado como un niño al que se podía reprender.

Detrás de Yuto, algunos de los hombres se removieron incómodos. Uno de ellos dio medio paso hacia adelante antes de detenerse. Otro apartó la mirada. La posibilidad de una pelea se volvió algo tangible, una presencia suspendida en el aire, tan real como las sombras que se extendían sobre el pavimento. Pero entonces ocurrió algo más. La ira no desapareció; luchó. Permaneció allí unos segundos, disputándole el espacio al dolor, a la vergüenza y al alcohol. La expresión de Yuto se endureció, se quebró y volvió a endurecerse otra vez. Parecía un hombre tratando de decidir qué parte de sí mismo iba a hablar a continuación.

Finalmente, cerró los ojos y permaneció así durante un largo instante. Cuando volvió a abrirlos, algo de la tensión había desaparecido. No toda, pero sí la suficiente. Su mano se relajó lentamente hasta quedar abierta otra vez a su costado. El puño dejó de existir y la respiración, que por un momento había sido irregular, recuperó un ritmo más tranquilo.

— He cambiado.

La respuesta salió baja y cansada, sin desafío ni orgullo, sólo como una afirmación sencilla tanto para otros como para él mismo, aunque algo de lo que había dicho.. Lo hizo reflexionar. Yuto guardó silencio unos segundos más y entonces giró la cabeza hacia los hombres que lo acompañaban. Los observó uno por uno y el como estaban, las caras enrojecidas por el alcohol, las ropas descuidadas, la forma en que algunos evitaban su mirada mientras otros aguardaban sin saber qué hacer. La expresión de Yuto se volvió extrañamente amarga.

— ... Aunque quizá no lo suficiente.

Las palabras parecieron dolerle más a él que a cualquier otra persona presente. Permaneció inmóvil unos instantes, contemplando al grupo como si estuviera viendo el reflejo de una versión de sí mismo que creía haber dejado atrás. Después exhaló lentamente.

— Nos vamos.

No alzó la voz, eso no era una orden militar ni parecía interesado en ejercer alguna clase de poder sobre alguien más. Él se iba, si alguien quería quedarse, dependía de ellos. Yuto ya había tomado su propia decisión. Los hombres intercambiaron miradas entre ellos. Hubo algunos murmullos de protesta, un par de expresiones confundidas, pero ninguno discutió. El primero que había hablado con Ben pareció dispuesto a quejarse, aunque bastó una sola mirada de Yuto y después a Ben para que terminara guardándose las palabras. Poco a poco comenzaron a darse la vuelta, y Yuto hizo lo mismo. Dio un paso y luego otro, aparentemente dispuesto a marcharse sin añadir nada más.

Entonces se detuvo.

Permaneció de espaldas a Ben durante unos segundos, observando las silenciosas calles del mercado que se abrían ante él. Cuando habló de nuevo, la voz salió más firme de lo que había sonado en toda la noche.

— Si yo puedo cambiar... tú también puedes.

Ni los hombres que ya habían comenzado a alejarse ni el propio Yuto se movieron por un momento.

— Verla a ella quererte... y luego ver en qué te has convertido...

La frase se interrumpió por un instante, como si las palabras fueran más difíciles de pronunciar de lo que había imaginado.

— Ver al hombre que mi hermana amó convertido en alguien que sólo sabe relacionarse con el mundo a través de la rabia... eso también me rompe algo. —Bajó la cabeza apenas. La luz de la linterna dibujó una sombra alargada a sus pies mientras la quietud del mercado parecía envolverlos a todos.— Si tiras tu vida por la borda... si terminas tus días convertido en esta cáscara de persona... nunca te lo voy a perdonar.

La amargura había desaparecido de su voz, incluso la ira en es estado de languidez, de tristeza borracha. Lo que quedaba era algo mucho más sencillo y mucho más difícil de ignorar, era una clase de sinceridad desnuda, nacida de años de duelo y resentimiento. Después de aquello, el hermano de la mujer ausente permaneció unos segundos más en silencio, como si ya no le quedara nada más que decir, y se marchó con el resto de los hombres.

Off
Yokurabi convence a Yuta de retirarse evitando así una pelea que podría causar daños a la florería, influyendo también para que no regresen. Con ésto la misión está completa, y ya la puedes poner en el tema de recompensas!
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23-06-2026, 03:27 AM
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MISIÓN REVISADA. RECOMPENSAS ASIGNADAS

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