18-06-2026, 12:47 AM
Había sido un sueño? Todos los días era lo mismo, el mismo sueño, la misma cosa. Era un ninja de la niebla y de pronto, una enorme luz roja comenzaba a tragarse todo. Los dioses habían decidido terminar el mundo, la existencia misma, y cuando la luz me alcanzaba, cuando ya no podía seguir huyendo, me despertaba.
Mi habitación era una habitación amplia, con una cama de agua, almohada de tiburón y muebles, tapiz, cortinas y cosas con motivos de mar. Afuera, como siempre, era nubloso y lloviznaba. Era el día, finalmente había llegado el momento de tomar acción para ayudar a la aldea.
Bajé a la cocina. La casa era amplia, frente al mar, el aire marino levantaba las cortinas de la sala. El aroma indicaba que mi madre había preparado un caldo de camarón y pescado empanizado. Me apresuré a comer, bebí te de jazmín y partí hacia la academia.
Corrí entre los callejones, saltando entre los techos cuando me lo permitía la situación. Finalmente, llegaría hasta la academia de Kiri: un lugar grisáceo, de madera y tejas. Arte japones.
Entré al aula, y tomé mi asiento. Había pasado un rato, mirando a otros alumnos que probablemente se graduarían ese mismo día. Muchos estaban nerviosos, otros no. Yo no lo estaba, yo había aprendido de mis entrenamientos y había tenido una aprobación por encima del promedio.
Pensé en mi familia, en mi aldea, en mis amigos. Recordé cuantos habían caído por la guerra, y cuantos murieron por culpa de esos Uchiha, con sus ojos rojos malditos.
El sueño de anoche por momentos me hacía pensar que, quizás, en otro mundo yo había sido un gran ninja y habría podido con ellos, pero no podía perderme en sueños, sino en lo que ahora sucedía.
Finalmente, una sensei apareció, literalmente, frente a nosotros. Era una chica Terumi alta, de largo cabello rojo, bastante pechugona, vestida con chaleco y uniforme ninja. La maestra Nadeshiko apareció para dirigirnos unas palabras.
De pronto, comenzó la lista. Uno a uno fueron pasando, y la bandana se le fue entregada. Finalmente llegó mi turno, Kalak Hozuki. Ese era yo.
Caminé hacia ella, la ví hacia arriba. Había una diferencia de medio metro. Ella me entregó un pergamino y mi bandana. Era oficialmente un ninja de Kiri.
Eramos la "nueva ola" de Kiri. Me coloqué mi bandana en la frente, hice mi reverencia, observé su pecho un segundo más y regresé a mi lugar. Un par de chicos no obtuvieron su bandana, y fueron rechazados. Pero ahora sí, era momento de la verdad. Cantamos el himno de Kiri, hicimos el juramento y luego, se nos pidió salir de la academia.
Felices, salimos de ahí. Estábamos finalmente listos para comenzar a realizar misiones, y a emplear nuestras habilidades para proteger la aldea y enfrentarnos al enemigo.
Mi habitación era una habitación amplia, con una cama de agua, almohada de tiburón y muebles, tapiz, cortinas y cosas con motivos de mar. Afuera, como siempre, era nubloso y lloviznaba. Era el día, finalmente había llegado el momento de tomar acción para ayudar a la aldea.
Bajé a la cocina. La casa era amplia, frente al mar, el aire marino levantaba las cortinas de la sala. El aroma indicaba que mi madre había preparado un caldo de camarón y pescado empanizado. Me apresuré a comer, bebí te de jazmín y partí hacia la academia.
Corrí entre los callejones, saltando entre los techos cuando me lo permitía la situación. Finalmente, llegaría hasta la academia de Kiri: un lugar grisáceo, de madera y tejas. Arte japones.
Entré al aula, y tomé mi asiento. Había pasado un rato, mirando a otros alumnos que probablemente se graduarían ese mismo día. Muchos estaban nerviosos, otros no. Yo no lo estaba, yo había aprendido de mis entrenamientos y había tenido una aprobación por encima del promedio.
Pensé en mi familia, en mi aldea, en mis amigos. Recordé cuantos habían caído por la guerra, y cuantos murieron por culpa de esos Uchiha, con sus ojos rojos malditos.
El sueño de anoche por momentos me hacía pensar que, quizás, en otro mundo yo había sido un gran ninja y habría podido con ellos, pero no podía perderme en sueños, sino en lo que ahora sucedía.
Finalmente, una sensei apareció, literalmente, frente a nosotros. Era una chica Terumi alta, de largo cabello rojo, bastante pechugona, vestida con chaleco y uniforme ninja. La maestra Nadeshiko apareció para dirigirnos unas palabras.
De pronto, comenzó la lista. Uno a uno fueron pasando, y la bandana se le fue entregada. Finalmente llegó mi turno, Kalak Hozuki. Ese era yo.
Caminé hacia ella, la ví hacia arriba. Había una diferencia de medio metro. Ella me entregó un pergamino y mi bandana. Era oficialmente un ninja de Kiri.
Eramos la "nueva ola" de Kiri. Me coloqué mi bandana en la frente, hice mi reverencia, observé su pecho un segundo más y regresé a mi lugar. Un par de chicos no obtuvieron su bandana, y fueron rechazados. Pero ahora sí, era momento de la verdad. Cantamos el himno de Kiri, hicimos el juramento y luego, se nos pidió salir de la academia.
Felices, salimos de ahí. Estábamos finalmente listos para comenzar a realizar misiones, y a emplear nuestras habilidades para proteger la aldea y enfrentarnos al enemigo.