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  ›   [Común] [Side Quest] — El Sonido del Bosque Senju
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[Side Quest] — El Sonido del Bosque Senju
Narrador General
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17-06-2026, 05:20 PM
Última modificación: 17-06-2026, 05:50 PM por Kyoshiro.
[Side Quest] — El Sonido del Bosque Senju
Año: 150
Lugar: Puesto de Ramen
Hora: 5:26pm
Puesto Ramen

[Imagen: 11111.png]


El puesto de ramen seguía abierto cuando la tarde empezaba a apagarse sobre Konoha. El vapor de los tazones subía lento, mezclándose con el olor del caldo caliente, la madera húmeda de los bancos y el murmullo habitual de los aldeanos que pasaban después de una jornada larga. Nada parecía fuera de lo común, salvo por dos personas sentadas al fondo, hablando en voz baja mientras miraban de vez en cuando hacia la dirección donde creía apuntaba el Bosque Senju.

—Te digo que volvió a sonar anoche —murmura uno de ellos, sujetando los palillos sin comer—. Ya van dos semanas. Siempre igual. Cuando todos duermen...Ese maldito sonido.

La otra persona baja la mirada hacia su tazón, incómoda.  Asiente con la cabeza mientras pesca un par de fideos con bastante facilidad. Dice que su hermana también lo escuchó, cerca del amanecer, y que no quiso volver a pasar por esa ruta desde entonces. — Según ella, dijo que el sonido le pareció disperso ¿Sabes? Como parece moverse entre los troncos... No se viejo, yo ahí no me acerco ni de loco.

El dueño, un señor ya cansado a esta hora, intenta restarle importancia al asunto. Con una sonrisa cansada, limpia la barra y dice que en Konoha siempre hay rumores cuando la gente no tiene nada mejor que hacer. Sabe que el Bosque Senju es viejo, que la madera cruje, que los animales se esconden donde pueden y sabe que no todo sonido extraño merece una investigación. Sin embargo, incluso él deja de hablar cuando una tercera persona, sentada cerca de la entrada, comenta que esa misma mañana encontró ramas partidas en un sendero que normalmente nadie usa.

Poco a poco, la conversación empieza a llamar la atención de otros clientes. El ambiente cambia. Algunos fingen no escuchar, otros hacen preguntas discretas, y más de uno mira hacia la calle como si esperara ver algo salir desde la oscuridad entre los árboles. Entre broma y broma, alguien sugiere que quizá sería bueno que algunos shinobi fueran a revisar antes de que el rumor crezca demasiado.

La noche aún no cae por completo, pero el camino hacia el Bosque Senju ya empieza a verse más oscuro de lo normal. Desde el puesto de ramen no se, pero todos lo imaginan; entre el vapor, las voces bajas y el ruido de los tazones, queda flotando una pregunta sencilla: ¿será solo madera vieja crujiendo con el viento… o habrá algo más escondido entre los árboles?[/align]
Yūgen Sarutobi
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17-06-2026, 05:56 PM
Personaje
https://shinobigaiden.net/sg/ficha.php?uid=712
Yugen se encontraba caminando por las calles al norte de la aldea, curioseando mientras se ponia al dia con las novedades de la aldea. Varios niños correrian por su lado, golpeando el brazo de Yugen sin querer. El Sarutobi sonreiria, levantando la mano para mostrar su palma en señal de que todo estaba bien y que podian seguir jugando. La juventud de Konoha mostraba mucha promesa aunque en un mundo como lo era el de un shinobi la vida era algo muy efimero para aquellos sin preparacion.  

Unos metros mas adelante Yugen miraria con asombro todo un tumulto entrando y escuchando algo en un puesto de ramen, lo que se gano el interes del joven shinobi. Este caminaria hacia el puesto, evadiendo a varias personas para intentar acercarse un poco mas. Aparentemente se trataba de rumores de algo que se ocultaba dentro del gran bosque de los Senju y pocos o nadie se atrevia a investigar por su propia cuenta. Yugen miraba aquello... tapandose la boca para evitar reirse de todos alli presentes. 

Aquello podia perfectamente tratarse de un mapache o algun animalito indefenso o a mas pedir podria tratarse de un espiritu sin descanso. Estar parado en medio de un puesto de ramen ya le habia dado hambre a Yugen pero con tanta gente ahi este se moria de calor. Fue cuando escucho a los demas hablar de enviar a un shinobi al bosque a investigar aquel asunto que Yugen presto finalmente interes en el tema. 

- Yo me hago voluntario!!! -

Yugen gritaba, levantando su voz por encima de todos en el puesto de ramen. 

- Lo mas probable es que solo sean animales de la zona buscando comida cerca de nosotros, pero le dare un vistazo si hace falta. -

Este mantuvo una voz firme y razonable, intentando calmar los nervios en el lugar, girando su cabeza a ver si encontraba a algun otro joven shinobi presente. 

- Alguien mas quiere acompañarme dentro del Bosque Senju, alguien? -

V&D
Venganza: -3

Nunca eludi: -3

Solo Uno: -1

Sangre Caliente: -2

Lealtad: -2

Sin herencia: -5

Adiccion: -3



Total: -19

---------------------

Sangre res: 2

Medium: 4

Voluntad ferrea: 1

Lider Nato: 1

Presencia intimidante: 1

ninja prodigio 2: 5

brujula: 1

Adinerado: 1

Buen Flujo: 3


Total: 19
[Imagen: VDdYHBx.png]
Naoe Senju
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17-06-2026, 08:43 PM
El vapor caliente del tazón de ramen ascendía perezoso en la tarde de Konoha, pero para Naoe, la calidez del caldo no alcanzaba a disipar la rigidez militar que gobernaba sus hombros. Sentado cerca del rincón, el joven de quince años mantenía una postura impecable; su larga cabellera oscura, perfectamente recogida, caía con elegancia sobre un uniforme pulcro que no permitía una sola mota de polvo o desorden. Sus dedos, largos y acostumbrados al tacto frío del metal de su espada, sostenían los palillos con una precisión quirúrgica, la misma que aplicaba al moldear cada pizca de su chakra. Naoe no comía. Escuchaba.

Aquel murmullo sobre el Bosque Senju y los crujidos que se movían entre los troncos no eran simples habladurías para él. Llevaba el apellido de los arquitectos que habían erigido la infraestructura y las defensas de este refugio. Que se hablara de ramas partidas en senderos olvidados y de un sonido disperso que alteraba la paz de los aldeanos activaba de inmediato sus alarmas como guardián de la Hoja. Cuando la conversación empezó a tornarse en un debate sobre enviar a un shinobi, Naoe ya se disponía a actuar. Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar palabra, una voz enérgica rompió el murmullo general del puesto de ramen.

—¡¡¡Yo me hago voluntario!!!

Los ojos oscuros de Naoe se desviaron con parsimonia hacia la entrada. Un joven shinobi acaba de irrumpir en el lugar. ¿Era un Sarutobi?, a juzgar por su fisionomía, y su tono cargado de un optimismo desbordante buscando calmar a los civiles restándole importancia al asunto, tachándolo de simples animales buscando comida. La mirada de Naoe se mantuvo serena cuando el recién llegado, quien miró a su alrededor buscando compañía: «¿Alguien más quiere acompañarme dentro del Bosque Senju, alguien?» Los palillos del Senju descendieron sin hacer un solo ruido contra la madera de la barra. No había hostilidad en su rostro, solo la seriedad de quien se toma su oficio con absoluta solemnidad.

—No todo sonido extraño es una amenaza, es cierto, pero la prudencia dicta que no debemos confiarnos —comentó Naoe en voz baja. Su tono, de un eco limpio y pausado, se abrió paso con naturalidad sobre el bullicio del local. Se puso en pie con un movimiento fluido. Su figura, dotada de la imponente estampa de su linaje, se alineó con la del otro shinobi. Ajustó la empuñadura de su arma al cinto con pulcritud marcial, dejó las monedas exactas sobre el mostrador y miró a Yugen con cortesía, aunque con una firme autoconfianza.

—Un reconocimiento oficial calmará los rumores de los aldeanos de manera más efectiva que una simple conjetura, Sarutobi. Si hay animales alterando las rutas, o algo más, es nuestro deber verificarlo antes de que caiga la noche. Naoe dio un paso hacia la salida, acomodándose los guantes con calma, asumiendo la responsabilidad de la marcha con la templanza que se esperaba de su apellido. Miró de reojo a su nuevo compañero y le dedicó un leve asentimiento de cabeza, aceptando su propuesta de inmediato.

—Iré contigo. Conozco bien los senderos de mi clan y dos pares de ojos cubrirán mejor el terreno si el sonido realmente es tan disperso como dicen. Vámonos antes de que baje la luz. Sin más dilación, el Senju avanzó hacia la calle. Frente a ellos, el camino hacia el Bosque Senju se abría denso y más oscuro de lo habitual, esperando a que ambos shinobis se adentraran entre sus árboles.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Kyōraku Senju
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17-06-2026, 10:29 PM
Kyōraku no solía frecuentar los puestos de comida a esa hora. El bullicio de la tarde, el roce de los tazones contra la madera y el olor espeso del caldo hirviendo le resultaban demasiado vivos, demasiado descuidados, como si la aldea entera olvidara por un momento la disciplina que sostenía sus muros para regodearse en la algarabía de la muchedumbre.

Aun así, aquella tarde se había detenido allí, no por hambre, sino por costumbre. Observar a Konoha desde sus márgenes siempre le había parecido más útil que hacerlo desde sus salones. Encontraba en los colores de la aldea esas distracciones necesarias que él mismo aceptaba como gustos culposos; tal vez un remanente de la necesidad de pertenecer a algo, o quizás esa fascinación que muestran los niños pequeños cuando observan desde arriba los comportamientos de las hormigas.
Allí estaba, sentado en el puesto de ramen, completamente en silencio y con el tazón intacto frente a él. Su escasa interacción había hecho que pasara desapercibido hasta ese momento.

<<Bosque Senju…>>

La mención surgió desde uno de los comensales. Kyōraku no levanto la mirada de inmediato, aun cuando aquellas palabras suscitaran en su mente una oleada de recuerdos que aparecían en su cabeza como una jauría de perros rabiosos, esperando a devorar a su presa. Dejó que los aldeanos hablaran. Que el rumor se extendiera ente el vapor y el calor. Que la historia terminara de construirse entre superstición, miedo y habladuría coloquial.

Entonces, rompiendo el entorno, otro comensal interrumpió con exceso de energía, casi como si hubiese esperado toda la vida por una oportunidad semejante.

- ¡Yo me hago voluntario!

Sus ojos desbordaban aventura e ímpetu, con esa valentía temeraria que suele conceder la juventud. No paso mucho tiempo antes de que otro joven se uniera a su causa. Este último, sin embargo, despertó en Kyōraku una familiaridad incomoda. Creía conocerlo de antes. Hizo un esfuerzo mental por ubicar aquel rostro que se le antojaba conocido, hasta concluir que lo había visto un par de veces en alguna reunión del clan, otro Senju.

Ambas figuras planeaban y disponían a adentrarse en el Bosque. Afuera, el sol se apagaba lentamente, ocultándose tras el horizonte. El ambiente empezaba a tornarse fresco, y algunas corrientes de viento frio, provenientes del bosque, adornaban la escena con una advertencia silenciosa.

Hubo algo en ambos ninjas que llamó su atención. Parecían motivados frente al misterio, frente a lo desconocido. Sus razones, aunque distintas resultaban intrigantes.
Kyōraku se hizo presente. se levantó de su butaca con calma, hecho que sorprendió a más de uno, pues algunos ni siquiera recordaban que hubiera estado allí. El tazón, ya frio, permanecía intacto frente a él. Ni siquiera emanaba vapor.

- Si su intención es adentrarse en el bosque Senju, Iré con ustedes - Exclamo con tranquilidad — Si algo está usando ese bosque para alimentar el miedo de la aldea, será retirado antes del amanecer. – Dio un paso hacia la salida ante los ojos incrédulos de los comensales, reuniéndose con sus nuevos compañeros —Y si es el bosque mismo el que está hablando… conviene escuchar que es lo que tiene por decir – Dirigiendo su mirada hacia la oscuridad creciente del camino.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Narrador General
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18-06-2026, 02:28 AM
Última modificación: 18-06-2026, 03:05 AM por Narrador General.
El dueño del puesto de ramen no dijo nada cuando los tres muchachos se levantaron, pero sí los miró con algo de... ¿Confusión? No exactamente, era esa forma en que miran los adultos cuando quieren intervenir, pero al mismo tiempo, saben que ya no les corresponde. Había visto primero al Sarutobi, a Yugen, entrando con esa vibra característica de quien todavía podía confundir el peligro con una buena historia para contar después; y lo vio ofrecerse de voluntario con una voz tan alta que hasta los más nerviosos dejaron de murmurar por un momento. Luego vio al Senju serio, Naoe, levantarse como si la palabra “bosque” le hubiera tocado una fibra vieja, de esas que uno no muestra en público. Dejó las monedas exactas (afortunadamente) y le escuchó hablar con esa calma rígida. Se notaba que era de esos indoctrinados en cargar un apellido como si fuera armadura, y así lo hizo ver cuando aceptó ir con un manto de responsabilidad sobre sí mismo . Y, por último, el dueño notó al otro Senju, Kyōraku, con el ramen intacto y la mirada puesta en algún lugar que no estaba dentro del local. Cuando este último habló, el ambiente se enfrió de una manera rara, daba la sensación de ser alguien que ya había escuchado antes algo parecido en su propia cabeza. Y los vio salir juntos. Tres genin, tres formas distintas de entender el miedo: uno queriendo quitarle peso, otro queriendo ordenarlo, y el último queriendo escucharlo. ¿Y él? Solo se dedicó a limpiar la barra aunque ya estaba limpia. 

La calle del norte se fue quedando atrás con una lentitud incómoda. Las últimas casas parecían más bajas bajo la luz naranja de la tarde, las ventanas cerradas parecían ojos cansados, y el camino de tierra empezaba a llenarse de hojas secas que crujían bajo los pies con una inocencia demasiado parecida al sonido del rumor. El aire olía a caldo, humo y madera húmeda al principio, pero mientras más avanzaban, el olor familiar de la aldea se iba deshaciendo poco a poco, tal cual conversación que se apaga al mencionar un nombre prohibido. El viento que venía del Bosque Senju no era fuerte, pero sí constante. Rozaba la piel como la mano fría de alguien que no quiere hacer daño, solo llamar la atención.

La entrada al bosque no tenía un arco, ni una puerta, ni una señal que dijera “no pasen”, pero tampoco hacía falta. Los árboles marcaban el límite con una claridad casi grosera. De un lado estaba la aldea, con sus voces, sus platos, sus lámparas encendiéndose una por una. Del otro, una oscuridad verde y vieja, apretada entre troncos demasiado altos, raíces salidas de la tierra como dedos dormidos y copas tan juntas que el cielo parecía haberse quedado atrapado arriba. El clima cambió al acercarse. No de golpe. Peor. De a poquito. La temperatura en descenso, luego los insectos, luego las aves nocturnas y funalmente esa sensación simple y humana de que, si uno gritaba, alguien iba a responder. Pero allí no... Allí el silencio no era ausencia de sonido... Era más presencia quieta, paciente, viva.

Y entonces eventualmente la verían. La puerta abierta. No era una puerta construida por manos humanas, al menos no del todo. Dos troncos enormes se inclinaban uno hacia el otro sobre el sendero principal, formando una abertura natural entre raíces y ramas entrelazadas. Pero había algo raro en esa entrada: las raíces no crecían al azar, sino que parecían haberse apartado para dejar pasar a alguien. Más allá de aquella abertura, el camino descendía hacia una zona donde la luz moría demasiado rápido. Si los tres daban el primer paso hacia adentro, notarían tres cosas casi al mismo tiempo:

Lo primero que notarían estaría en el barro. Unas huellas pequeñas avanzaban por el centro del sendero, tan ordenadas que daban más miedo que cualquier rastro caótico. ¿Animal? ¿Adulto? Era difícil saberlo. Eran marcas delgadas, hundidas apenas en la tierra húmeda. Iban una detrás de otra, sin desviarse, sin arrastrarse, sin señal de carrera...y hacia adentro. . Y luego, a unos metros de la entrada, se cortaban de golpe. 

Después vino el sonido. Toc...Toc...Toc... No era fuerte, pero se metía bajo la piel. Parecía venir desde lejos, desde algún punto enterrado entre troncos viejos, pero al mismo tiempo sonaba demasiado claro, demasiado cerca. Tres golpes. Una pausa. Tres golpes más. Tenía ritmo. Y eso era lo más incómodo, porque hasta el aldeano más cobarde podía soportar un ruido extraño si se convencía de que no significaba nada. Pero aquel sonido significaba algo. 

Y entonces, frente a ellos, una rama baja se movió sin que el viento la tocara...Colgaba a la altura del rostro, partida por la mitad, como un brazo viejo extendido desde la oscuridad. En la punta tenía una tira de tela amarrada con un nudo torpe, húmeda por la neblina, oscurecida por tierra o por algo que la luz ya no alcanzaba a revelar bien. La tela giró despacio. Una vez. Dos veces. Hasta mostrar unas palabras escritas con trazos temblorosos, como si quien las hubiera dejado no tuviera tiempo, o como si le hubiera costado mantener la mano firme. “No lo despierten.” Y el bosque guardó silencio...
Kyōraku Senju
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18-06-2026, 05:50 AM
Última modificación: 18-06-2026, 06:02 AM por Kyōraku Senju.
Toc… Toc… Toc…

Las voces, las lámparas y el olor a ramen quedaron atrás, como si pertenecieran a una vida distinta. Ante los tres gennin se extendia el bosque Senju, el bosque de su clan. Historia, grandeza, elegancia y decadencia. Un recuerdo vivo de las consecuencias de llevar al límite los poderes de la naturaleza.

El aire cambiaba con demasiada sutileza, no lo suficiente para suscitar amenaza, pero si con la insistencia necesaria como para impedirles bajar la guardia. Las copas entrelazadas y frondosas se cerraban casi a la perfección, formando una cúpula superior que encerraba aquella oscuridad verde y antigua que parecía tragarse el cielo antes de permitirle tocar el suelo.

Kyōraku avanzaba sin pronunciar palabra, mantenía la cabeza al frente, pero su atención recorría constantemente el entorno. Aquel lugar parecía gritar en silencio. Sus parpados apenas se estrecharon al encontrarse con un rastro en el barro, tan ordenado que parecía extraño. Como si su dueño supiera perfectamente hacia donde se dirigía.

<<Son huellas… pequeñas… ¿un animal pequeño? ¿un niño? >> Se pregunto a si mismo, Aún la tierra estaba húmeda y las marcas permanecían visibles. - No ha pasado hace mucho por aquí – dijo a sus acompañantes sin esperar realmente una respuesta y sin apartar la mirada del sendero. Sus ojos siempre encontraron entonces algo aun mas extraño. El rastro desaparecía a escasos metros de donde se encontraban, arrebatado o abducido, como si quien caminaba hubiera dejado de tocar el suelo. Como si entrara en un mundo diferente al que los tres shinobi habitaban.

Toc… Toc… Toc…

Rítmico, coordinado, intencionado. Algo o alguien reaccionaba a su presencia. Algo o alguien se comunicaba. El propósito aun no era claro. ¿estaban jugando con ellos? O ¿ellos eran precisamente el juego?

Kyōraku observo nuevamente donde las huellas desaparecían. Luego, Levantó la mirada, inspeccionando los alrededores en busca de una explicación. Fue entonces donde se fijó en una rama partida moviéndose aun en ausencia de viento. En su extremo, una tela atada, húmeda y sucia. El Senju no la arrancó, no tocó la rama, espero a que girara, una vez, dos veces, hasta que las palabras quedaron expuestas frente a ellos.

“No lo despierten”

El silencio se hizo más pesado, más denso, agobiante. El Senju descansó su mano sobre la vaina de la katana, no para desenvainar, sino para recordar su peso.
<<Definitivamente algo nos observa>> dedujo.

- Las huellas, el ruido, la tela, y el mensaje expresamente dirigido – Comentó en voz alta ordenando sus pensamientos - Demasiados elementos, para ¿Genjutsu? – No lo afirmó, lo dejo suspendido como una posibilidad más sensata que cualquier superstición sobre criaturas o entidades del bosque. Para él, lo paranormal no era una explicación, era el refugio de quienes no sabían mirar.

- Parece incluso que nos invitara a seguir entrando… -
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yūgen Sarutobi
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18-06-2026, 08:01 PM
Yugen terminaria su pequeño discurso algo decepcionado de que nadie quisiera ir con el a descubrir si realmente se trataba de un espiritu maldito o un mapache en celos. Antes de poder darse la vuelta alguien le hablo usando un vocabulario digno de un sabio anciano. Sus ropas no eran baratas y el simbolo que llevaba lo dejaba todo bastante claro. Un miembro del clan Senju decidio unirse a Yugen, aunque la froma a la que se referia a este sonaba un tanto condescendiente. 

- Claro, nuestro deber es garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos, bien dicho. -
 
Mirandolo con mayor detalle aquel Senju era demasiado joven, siendo eso seguramente una de las razones de aquella filosofia tan ferrea que este cargaba consigo. Antes de poder decir otra palabra alguien mas se pronunciaba ante Yugen y el joven Senju, respondiendo al llamado del Sarutobi. Se trataba de otro chico mas o menos de la misma edad que el pelimarron, aunque sus modales parecian destacar un poco mas.
 
- Vaya vaya, y pensar que nuestra aldea tiene a jovenes tan capaces. Hoy es un dia para estar orgullosos. -

Yugen se limitaba a sonreir, escaneando a ambos jovenes de pies a cabeza, llegando a la conclusion de que ambos tenian un gran parecido lo que en un principio fue dejado como mera casualidad por Yugen. El grupo estaba listo y entonces el viaje hacia el bosque comenzo con el Senju pelimarron en el medio y Yugen a su izquierda a la vez que el pelinegro mantenia el paso por la derecha.
 
- Sin duda tendremos una noche espectacular hoy, deberiamos apurar el paso. -
 
La tarde ya caia y el grupo finalmente se adentraba al Bosque Senju, un lugar conocido por ser antiguo a la vez que venerado y cuidado por gran parte de la aldea. EL ambiente cambiaba drasticamente, dejando atras aquellas vibras de ciudad alegre para adentrarse en lo que parecia un bosque embrujado. El grupo pasaria por una especie de puerta natural la cual los guiaba a una bajada que devoraba casi cualquier luz que venia desde afuera.
 
- Bonito lugar para una emboscada. No bajen su guardia. -

Yugen finalmente dejaba de jugar y su semblante mostraba a alguien serio y listo para luchar. La mitad de su mano derecha estaria dentro de su kimono, sujetando una kunai escondida en este. Las huellas en el barro, el ruido con ritmo y aquella rama embrujada, todo esto tenia pinta de ser trabajo de un espiritu y aquellas palabras solo lo confirmaban.
 
- Mhmm... Ustedes dos, hagan silencio. -  Yugen sacaria un rosario con las aspas rojas, algo comun en monjes que adoran la Voluntad de Fuego en el Templo de Fujin.  - Este es el trabajo de espiritus. No sabemos nada a lo que nos estamos enfrentando aqui... -

Rosario
[Imagen: 82bfdb8c780110ddb26c71ff4d2b6ac8.jpg]


Yugen hablaba con seriedad a la vez que intentando no alzar la voz, siguiendo un poco las indicaciones de aquel supuesto espiritu. Ese era el momento, si alguien hubiera fallecido ahi entonces Yugen podria contactarse con estos, obteniendo informacion sobre lo que pasaba en aquel bosque.
Virtud usada

Cita:[color=oklab(0.89529 0.00118002 -0.00387371)]V037: Médium El ninja es capaz de servir como un puente entre vivos y muertos. Una vez por tema podrá intentar contactar con el espíritu de alguien fallecido (sabiendo de antemano que alguien murió ahí) para obtener información limitada a discreción del narrador. En temas sociales, se podrá usar las veces que se quieran pero no se puede obtener información importante o de peso para la trama global. Valor: 4[/color]
[Imagen: VDdYHBx.png]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
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18-06-2026, 09:37 PM
El sonido rítmico, seco e imperturbable (Toc... Toc... Toc...) continuaba cayendo sobre el bosque con la precisión de un metrónomo maldito. Sin embargo, para Naoe, la verdadera anomalía no había comenzado entre los árboles, sino varios minutos atrás, cuando cruzaron el umbral del puesto de ramen. Recordaba perfectamente la mirada del dueño del local: un rictus de sutil confusión, esa expresión densa de los adultos que desean intervenir pero asimilan que la situación ya no les pertenece. El hombre los había visto marchar como tres facetas distintas del deber y el miedo. Naoe, consciente de la impecable rigidez de sus propios hombros y de las monedas exactas que había dejado sobre la barra, sabía que el civil veía en él la encarnación de un apellido que operaba como una armadura; un contraste directo con la vibra ruidosa de Yugen y el aura gélida y distante que Kyōraku había dejado impregnada sobre su tazón intacto.

El tránsito por la calle del norte había sido un ejercicio de silenciosa transición logística. Mientras avanzaban, las últimas casas de Konoha parecían encogerse bajo la mortecina luz naranja de la tarde, y las ventanas cerradas asemejaban ojos cansados que preferían ignorar la marcha de los tres gennin. LE pelilargo observó cómo el entorno familiar de la aldea —el reconfortante olor a caldo caliente, la madera húmeda y el humo de las chimeneas— se iba desvaneciendo con una lentitud incómoda, tal y como se apaga un murmullo prohibido. Las hojas secas crujían bajo sus botas con una inocencia casi insultante. En el trayecto, Yugen se había permitido romper la tensión elogiando la capacidad del grupo, ganándose un leve asentimiento de cortesía formal por parte del Senju pelinegro, quien no alteró el paso marcial a la derecha de la formación.

Pero las conjeturas terminaron al alcanzar el límite grosero de la arboleda. No había puertas ni arcos artificiales; solo la oscuridad verde y vieja de su propio clan, con raíces que brotaban como dedos dormidos y copas tan apretadas que devoraban el cielo. Al cruzar la abertura natural formada por los dos troncos enormes inclinado sobre el sendero, la temperatura descendió bruscamente y el silencio dejó de ser ausencia de ruido para convertirse en una presencia quieta, paciente y viva. Fue allí donde Yugen detuvo en seco su optimismo, aferrando un algo oculto en su kimono y dictando aquella orden en un hilo de voz imperativo: «Mhmm... Ustedes dos, hagan silencio. Este es el trabajo de espíritus».

Naoe no se sintió ofendido por la brusquedad del mandato. La disciplina de ruido era un protocolo básico de infiltración, por lo que congeló su postura de inmediato, manteniendo una mano cerca de la empuñadura de su espada y la otra ajustando con parsimonia el lino blanco de su guante. Sin embargo, el misticismo del Sarutobi, al alzar aquel rosario de aspas rojas propio del Templo de Fujin, provocó una sutil y analítica duda en sus ojos oscuros. Mientras Kyōraku teorizaba sobre un Genjutsu refinado y Yugen se entregaba por completo al plano de lo invisible, Naoe permanecía en el centro. Él no poseía el don de ver a los muertos; para un arquitecto de la fortaleza, el Bosque Senju era tierra y perímetros que debían ser ordenados y defendidos con hechos tangibles.

Aprovechando el absoluto silencio ritual de su compañero, Naoe se deslizó con movimientos fluidos y felinos hacia el fango, agachándose con elegancia aristocrática cerca del punto exacto donde las pequeñas y ordenadas huellas del barro se interrumpían de golpe. Eran marcas delgadas, hundidas apenas en la tierra húmeda, que avanzaban en una línea recta perfecta, sin desviarse ni mostrar signos de carrera. Con un dedo enguantado, rozó el contorno del lodo, analizando la consistencia del terreno con ojo clínico.

—Si no es una ilusión, Kyōraku, la desaparición del rastro exige una explicación física —murmuró Naoe en un susurro limpio y pausado, dirigiendo la mirada hacia la vertical de la arboleda—. Las marcas en el barro son uniformes y carecen de presión lateral; no hay signos de un salto explosivo hacia las ramas ni marcas de arrastre que indiquen un ataque sorpresivo. Quien haya caminado por aquí, o bien conocía una ruta de escape aérea impecable... o su peso corporal se redujo a cero en un solo parpadeo.

El Senju se incorporó sin hacer el menor ruido, manteniendo el flujo de su chakra perfectamente estabilizado en sus extremidades inferiores, listo para un despliegue inmediato en caso de que la emboscada que predijo Yugen se materializara. Fue entonces cuando sus ojos se toparon con el tercer elemento: la rama baja partida por la mitad que se movía despacio sin que el viento la tocara. En su punta, la tira de tela húmeda y sucia giró una, dos veces, revelando aquellas palabras escritas con trazos temblorosos: “No lo despierten.”

Una exhalación casi imperceptible escapó de los labios del Senju. Que alguien osara profanar el bosque de su clan para dejar advertencias toscas e infundir el miedo entre los aldeanos activaba de inmediato sus alarmas como guardián de la Hoja. El mensaje no le causó temor; le causó una profunda e incómoda indignación por la falta de orden y disciplina de su autor.

—Quien haya escrito esto carecía de la templanza necesaria para mantener la mano firme bajo presión. Los trazos son titubeantes, producto del pánico o de una debilidad motriz severa —dictaminó Naoe con voz gélida, clavando sus ojos en la tela sin llegar a tocarla—. Sarutobi... si tus dotes te permiten comunicarte con lo que sea que haya dejado este rastro, hazlo ahora. Pero hazlo rápido. El ritmo de esos tres golpes no es casual...Lo que sea que esté pasando, podría estar abordándonos en cualquier instante—

Dando un paso al frente y rebasando el umbral de los dos enormes troncos entrelazados, Naoe desenvainó apenas un centímetro de su espada, la cual emitió un clic metálico casi inaudible mientras el frío destello del acero reflejaba la escasa luz moribunda de la tarde. Miró de reojo a Kyōraku y luego se mantuvo en absoluta e inmóvil guardia al lado de Yugen, esperando que el ritual del médium revelara si el bosque albergaba un alma en pena... o si algo de carne y hueso los acechaba desde la copa de los árboles esperando a que dieran el siguiente paso.
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19-06-2026, 04:28 AM
El bosque no respondió de inmediato. Los tres quedaron ahí, en esa entrada oscura donde las raíces parecían haber abierto paso solo para ellos, con la tela húmeda todavía girando despacio en la rama partida y el mensaje de “No lo despierten” colgando frente a sus caras. El sonido seguía metido entre los árboles. Toc… toc… toc… Tres golpes. Una pausa. Tres golpes más. No se apagaba. No se acercaba. No se iba. Solo seguía, terco, seco, desde algún punto más adentro del bosque. Yūgen intentó hacer lo suyo con el rosario entre los dedos, buscando ese puente raro entre los vivos y los muertos, pero no hubo voz, no hubo susurro, no hubo imagen ni respuesta desde el otro lado. Nada. El silencio que vino después no fue solemne ni espiritual. Fue incómodo. El llamó a la puerta pero nadie abrió. Tal vez no había ningún muerto conocido allí. Tal vez ningún espíritu quería hablar. O tal vez lo que rondaba ese bosque no estaba muerto en absoluto. El barro seguía fresco bajo las botas, las pequeñas huellas seguían cortadas de golpe a pocos metros del umbral, y el sendero principal se extendía frente a ellos como la única ruta visible entre los árboles. No había otro camino claro desde la entrada. Solo ese. Un sendero de tierra húmeda, angosto, apretado por troncos viejos y raíces salidas del suelo. A los lados, la maleza era demasiado densa para avanzar sin hacer ruido o perder tiempo. Arriba, las copas se cerraban tanto que la luz de la tarde llegaba rota, en pedazos pequeños, débiles, casi inútiles. El aire olía a madera mojada, hojas podridas y neblina fría. Cada paso hacia adelante parecía quitarle un poco más de mundo a la aldea que habían dejado atrás.

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Entonces, a lo lejos, siguiendo ese mismo sendero principal, algo rojo apareció entre los árboles. Estaba a unos sesenta metros, tal vez un poco más. Una llama. Pequeña, viva, sostenida por alguien o por algo que no se alcanzaba a ver bien desde la entrada. Ardió solo unos segundos, lo suficiente para pintar de rojo los troncos cercanos y marcar una silueta delgada detrás de la luz. Luego desapareció hacia la derecha. Para cualquiera habría sido una señal confusa, pero para quien conociera el Bosque Senju, aquella zona tenía sentido: más adelante, el sendero principal llegaba a una bifurcación vieja, una pequeña área de descanso donde había un cartel enorme con las reglas del bosque, varias bancas de madera oscurecidas por la humedad y un puesto cerrado del guardabosque, una caseta baja con ventanas cubiertas por tablones y un techo lleno de hojas secas. Desde allí nacían tres caminos.

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El primero iba hacia el oeste, más estrecho y torcido, metiéndose entre árboles más antiguos; de allí parecía venir el toc… toc… toc…, constante, paciente, sin fallar ni una sola vez. El segundo sendero seguía casi de frente, pasando junto al puesto del guardabosque y el cartel donde todavía podían leerse, desde lejos, algunas líneas grandes sobre horarios, advertencias y zonas restringidas del Bosque Senju. Ese camino parecía el más civilizado, el más usado, pero también el más expuesto. El tercero se abría hacia la derecha, hacia el este, bajando por una pendiente suave cubierta de raíces y arbustos bajos; y la luz roja, justo antes de desaparecer, pareció moverse en esa dirección, como si quien la cargaba hubiera doblado por allí. El bosque, por primera vez, les daba opciones claras.
Naoe Senju
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19-06-2026, 01:52 PM
El puente entre los vivos y los muertos jamás llegó a tenderse. Naoe mantuvo la inmovilidad de una estatua, con la mirada fija en el rosario de aspas rojas de Yugen y el flujo de su propio chakra perfectamente estabilizado en sus extremidades. Esperó un eco, un cambio de temperatura drástico o un susurro incorpóreo que justificara la rotunda fe del Sarutobi en lo invisible. Sin embargo, lo que vino a continuación no fue una revelación espiritual, sino un silencio material, espeso e incómodo. Nadie abrió la puerta al llamado del médium. Las palabras de la tira de lino, “No lo despierten”, continuaron girando perezosamente frente a sus rostros bajo la neblina fría, flotando como una burla silenciosa ante el fracaso del ritual.

Para un shinobi educado bajo la estricta doctrina del orden físico y la lógica de la fortaleza, aquel vacío místico no era una señal de derrota, sino un esclarecimiento táctico invaluable. Sus ojos oscuros, fríos y calculadores, se desviaron del rosario hacia el barro fresco donde las pequeñas huellas seguían interrumpiéndose de golpe a escasos metros del umbral.

—Tu llamado no ha obtenido respuesta, Sarutobi —comentó Naoe en un susurro limpio y pausado, rompiendo la densa quietud sin elevar un solo decibelio la voz—. Y en la praxis militar, la ausencia de actividad en el plano espiritual desplaza la prioridad de inmediato a la superficie. Si no hay un alma conocida aquí que responda por este territorio, significa que la anomalía comparte el mismo plano físico que nuestras botas. Quienquiera que haya dejado este rastro y amarrado ese lino con pulso vacilante... está vivo.

El sonido rítmico (Toc… toc… toc…) volvió a golpear la penumbra desde algún punto indeterminado más adentro. No se apagaba, no se acercaba, no se iba; se mantenía terco, seco e inteligente. Naoe irguió su pulcra postura por completo, evaluando la geografía restrictiva que el bosque les imponía. El sendero principal se extendía frente a ellos como una lengua de tierra húmeda, angosta y severamente apretada por troncos viejos y raíces salidas del suelo. A los lados, la maleza se alzaba como un muro intrincado de espinas y follaje podrido; intentar un flanqueo por ahí penalizaría al grupo destruyendo la disciplina de ruido y ralentizando el avance de forma inaceptable. Arriba, las copas entrelazadas desmenuzaban la escasa luz de la tarde en fragmentos débiles, rotos e inútiles para la orientación.

El aire comenzó a tornarse pesado, saturado por el olor acre a madera mojada, hojas en descomposición y neblina fría. Cada segundo detenidos en el umbral ensanchaba la distancia psicológica con la aldea que habían dejado atrás, absorbiéndolos en una atmósfera que parecía reclamar el territorio por derecho propio. Naoe, portador de un apellido estrechamente ligado a las raíces de ese entorno, no se permitió flaquear ante la opresión del clima.

—El terreno nos confina a avanzar en línea. Desviarse hacia la maleza es un error logístico; nos costará tiempo y delatará nuestra posición al menor crujido —dictaminó el joven Senju, ajustándose con parsimonia el lino blanco de su guante derecho antes de aferrar con firmeza la empuñadura de su arma—. La verticalidad de las copas sigue siendo la mayor ventaja del enemigo. Mantengan la distancia de seguridad reglamentaria entre nosotros para no obstruir los arcos de corte si caemos en un cuello de botella.

Dando el primer paso definitivo más allá de las huellas truncadas, Naoe desenvainó apenas un centímetro de su espada, permitiendo que el frío destello del acero reflejara los últimos y agónicos destellos de luz que lograban filtrarse en el sendero. Miró de reojo a Kyōraku y luego a Yugen, indicándoles con un leve e imperceptible asentimiento de cabeza que era hora de marchar. Con la guardia en alto y la mente enfocada en el patrón rítmico de los golpes, se adentró en la penumbra del sendero, dispuesto a imponer la disciplina de la Hoja sobre lo que sea que aguardara en la oscuridad.

Fue entonces cuando el bosque interrumpió el análisis. A unos sesenta metros de distancia, siguiendo la estrecha línea del sendero principal, un destello cromático rasgó la penumbra. Una pequeña llama viva, de un rojo intenso, ardió durante escasos segundos tiñendo las cortezas de los árboles y recortando una silueta delgada antes de desvanecerse hacia el flanco derecho. La aparición física del objetivo disipó cualquier vestigio de duda en la mente del joven de quince años, pero el color del fuego encendió una alarma paralela en su cabeza. —Rojo... Otra vez ese color—. La marca triangular de la Piedra Conmemorativa y ahora esta luminiscencia compartían un patrón cromático que Naoe no estaba dispuesto a catalogar como mera coincidencia.

Acelerando el paso con una sincronía felina y silenciosa, Naoe guio al grupo unos metros hacia adelante, reconociendo el terreno con la familiaridad de quien porta el apellido de los arquitectos de ese Refugio. El sendero desembocaba en una bifurcación vieja bien conocida por su clan: un área de descanso donde las bancas de madera se pudrían por la humedad, presidida por un cartel enorme de advertencias restrictivas y la silueta baja de la caseta del guardabosques, con sus ventanas cubiertas por tablones y el techo sepultado en hojas secas. Desde este nexo logístico, el bosque les planteaba tres vectores de avance claros.

—Tenemos contacto visual confirmado. Sesenta metros al frente, silueta antropomórfica y delgada —dictaminó Naoe en voz baja, deteniéndose justo en el centro de la bifurcación vieja, al amparo de la caseta del guardabosques. Sus ojos escanearon los tres senderos que nacían desde allí—. El bosque nos está dividiendo las prioridades. Hacia el oeste, por el camino más cerrado, el toc... toc... toc... mantiene una cadencia matemática; es una posición estática o un cebo sonoro. Hacia el frente, el camino principal sigue expuesto pero civilizado. Y hacia el este, descendiendo por la pendiente de raíces, es exactamente la ruta por donde se ha replegado la luz roja de la silueta.

Naoe colocó la palma de su mano enguantada sobre la madera húmeda de una de las bancas, para agudizar sus sentidos ante cualquier crujido perimetral. Su mirada, severa y analítica, se repartió de reojo entre Kyōraku y Yugen, esperando la unificación de criterios antes de tomar una determinación.

—Ir a ciegas tras la llama nos expone a un flanqueo desde el camino del sonido, pero ignorar la silueta es cederle la iniciativa táctica. Kyōraku, Sarutobi... ¿mantenemos el avance compacto hacia el origen del fuego, o dividimos la mirada para cubrir el vector del oeste? Hablen rápido, la luz útil de la tarde está por extinguirse por completo.
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Kyōraku Senju
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19-06-2026, 04:55 PM
Última modificación: 19-06-2026, 04:56 PM por Kyōraku Senju. Razón: una , :B
Kyōraku levantó levemente las cejas cuando Yūgen les ordenó guardar silencio. No pronunció palabra. No por obedecerlo, sino porque decidió no desperdiciar una reacción inmediata en aquella muestra de seguridad mal colocada.

Sus ojos descendieron al rosario de aspas rojas con algo de impaciencia y desdén. Las cuestiones fantasmales o esotéricas no era un área que le suscitara demasiado respeto. Aun así, observó en silencio, con irónica curiosidad, la puesta en escena del Sarutobi, quien en un desborde de convencimiento buscaba instaurar algún hilo comunicativo con un supuesto espíritu.

Nada paso.

<<Como era de esperarse…>> Kyōraku cerró los ojos y resopló débilmente por la nariz, sin ocultar del todo su arrogante decepción.

- Admirable – atinó a decir en voz baja y severa.

Fue Naoe quien se expresó con mayor extensión a continuación. Hablaba y organizaba con una disciplina casi militar. No era una mala lectura, el terreno, la maleza, el sendero, las copas cerradas, la tarde extinguiéndose entre los árboles. Todo apuntaba a una conclusión sencilla, permanecer inmóviles también era una forma de ceder terreno.

El único camino era seguir al frente confrontando aquel ambiente sórdido donde la humedad y la neblina fría no eran adornos sino protagonistas, con un agravante, la tarde caía y sí antes escasos haces se colaban entre la copa de los árboles, ahora la oscuridad empezaba a devorar en un abrazo inminente a los tres gennin.

A lo lejos el trio vislumbró una silueta imprecisa y difusa escondida tras lo que parecía ser una luz que el mismo ente sostenía. Roja. Intensa. Fugaz. Breve. Después, la nada. Había desaparecido hacia el tercer camino de una gran bifurcación del Bosque Senju. Una estancia conocida y que daba paso a tres caminos que se dirigían a áreas distintas del bosque.

Naoe volvió a tomar la iniciativa. Se desenvolvía con naturalidad a pesar de su juventud. Sin embargo, mientras su compatriota Senju organizaba posibilidades y vectores de avance, Kyōraku dejó que su mirada recorriera el paraje. Arriba, las copas entrelazadas. A los lados, la vegetación densa, hostil y enmarañada. Abajo, la tierra húmeda devolviendo frío hacia los cuerpos. Al frente tres rutas independientes

- Ir a ciegas tras la llama nos expone a un flanqueo desde el camino del sonido, pero ignorar la silueta es cederle la iniciativa táctica. Kyōraku, Sarutobi... ¿mantenemos el avance compacto hacia el origen del fuego, o dividimos la mirada para cubrir el vector del oeste? Hablen rápido, la luz útil de la tarde está por extinguirse por completo. –

<<Habla demasiado…>> Pensó para sí mismo, ahogando en su mente la voz de su compañero.

Toc… Toc… Toc

La cadencia seguía allí, paciente, casi insolente. Demasiado constante para ser un accidente. Demasiado cómoda para no parecer una invitación. Entonces Kyōraku abandonó la inmovilidad. En medio del análisis de Naoe, comenzó a caminar hacia el sendero del oeste, aquel del que provenía el sonido.

<<Una figura que se muestra y se aleja, guía y muestra el camino. La iniciativa está en sus manos, sea lo que sea. Correr detrás de una llama podría ser la forma más sencilla de convertirse en combustible >>

Kyōraku continuo en silencio hacia el origen del toc… toc… toc…, sin pedir aprobación. No le interesaba tenerla.

Virtudes y defectos

- Irritante :3
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yūgen Sarutobi
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20-06-2026, 12:03 AM
Tras ver que los intentos de comunicarse con el mas alla no resultaban en nada, Yugen guardaria el rosario, mirando al suelo mientras se daria cuenta de las reacciones de sus compañeros. Esto le irritaba y sabia que hablar del tema solo traeria mas problemas. El grupo seguiria por aquel camino habiendose asegurado que no lidiaban con fantasmas o algo parecido. Yugen mantendria su mano derecha metida dentro de su kimono todo el tiempo, esperando a la mas minima señal de ataque para usar su tecnica.
 
- No entiendo que hace tan especial a este bosque, tampoco creo que los Senju fueran tan especial como algunos lo hacen ver. -
 
Yugen miraria a su compañero Naoe de reojo, tirando uno que otro comentario ofensivo para divertirse con aquel chico simplemente porque podia y ya estaba aburrido de aquel lenguaje condescendiente. El grupo pararia tras ver a lo que parecia una figura humanoide a la distancia sosteniendo una llama. Yugen definitivamente veria aquello como una burla a la Voluntad de Fuego y ya estaria harto de tantas burlas al respeto y a Konoha misma. 

Yugen finalmente sacaria su kunai tras arreglarse las mangas y mostrar unos brazos que parecian estar a punto de explotar. El Sarutobi estaba listo para el combate con lo que sea que fuera eso, pues no se toleraria ni una burla a un simbolo tan importante como la llama roja. Aquella... cosa marcaria algunos arboles para marcharse hacia la derecha. Aquellos jovenes que acompañaban a Yugen se pararian para crear un plan o algo asi, una cosa que Yugen veria innecesario y contraproducente, pues ya sabian a donde se dirigio aquella cosa y si paraban ahora solo perderian tiempo.

Tecnica usada
✔Aprendida · 16-06-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: SARU101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Desde su infancia, los Sarutobi son criados bajo los ideales de la Voluntad de Fuego, convirtiéndose en fervientes protectores de sus tierras y de la aldea. Este profundo lazo con Konoha se refleja en combate, donde su espíritu arde más fuerte que el de cualquier otro. Los Sarutobi nunca dejan de hablar ni de recordar la Voluntad de Fuego, que los define como guerreros y como clan.

Siempre que el Sarutobi luche en defensa de Konoha o en una Misión de Guerra por Konoha, todos sus ataques y defensas obtienen un aumento pasivo en daño y resistencia. Si además se encuentra protegiendo algo, este aumento se vuelve a aplicar. De manera adicional, su fuerte voluntad les permite escoger libremente un elemento entre Katon, Fūton o Doton cada vez que obtenga un Elemento nuevo. No teniendo la obligación de hacer la tirada aleatoria si aún no posee estos elementos.

✧Efecto
3 (MCCK) de Daño/Resistencia
- Quedense esperando aqui si quieren, yo acabare con lo que sea esa cosa. - 

Yugen diria en un tono serio, intentando mantener la poca calma que le quedaba delante de aquellos jovenes.
[Imagen: VDdYHBx.png]
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20-06-2026, 04:50 PM
Kyōraku fue el primero en romper la falsa calma de la bifurcación. Caminó hacia el oeste sin pedir permiso, directo al sonido que seguía golpeando la madera desde algún punto imposible de fijar. Toc… toc… toc… Continuaba. Al principio parecía venir del fondo del sendero, pero apenas se alejara unos 30 metros, el ruido cambiaría de lugar. Notaría como subió por las copas. Luego cayó hacia la derecha. Luego volvió a sonar al frente, seco, terco, acompañado por un raspón metálico muy bajo que casi se perdía bajo el ritmo constante. El camino del oeste le llevó a una ruta apretada, llena de raíces levantadas, ramas bajas y troncos tan juntos que avanzar con espada o fuerza bruta podía dejarlo atorado en medio del paso. La tierra estaba húmeda y cedía mal bajo el peso. Algunas raíces crujían aunque no las pisara directo, y cada crujido parecía responderle al bosque. Arriba, algo grande movió las ramas por un segundo, pero la copa estaba tan cerrada que no se veía nada claro. Solo cayeron pedazos pequeños de corteza y una pluma oscura, larga, manchada de barro en la punta. El sonido volvió a repetirse. Toc… toc… toc… Esta vez más cerca.  Casi encima suyo pero alejándose. Kyōraku tenía el sendero frente a él, pero no limpio: si avanzaba sin cuidado, el bosque lo iba a delatar; si se detenía demasiado, aquello que golpeaba podía cambiar de lugar otra vez y perderse entre los árboles ¿Qué haría? ¿Cómo avanzaría por aquella zona?


[Imagen: 48a93b10-b6dd-4a32-856d-8941f26bf59e.png]



Yūgen optó en cambio por el sendero del este, donde podría continuar por unos 30 metros sin problema hasta que la pendiente dejó de sentirse bajo las botas y el bosque se abrió en un claro pequeño, ovalado, de unos veintiocho metros de ancho por veinte de fondo. Los árboles lo rodeaban demasiado cerca, formando una pared negra de troncos, raíces y ramas bajas. La poca luz que quedaba del día ya se había perdido entre las copas; técnicamente todavía podía llamarse tarde, pero allí abajo ya era noche. Sin fuego, sin linterna o sin alguna forma de mejorar la visión, distinguir detalles era casi imposible. A la entrada del claro había un cartel de madera clavado sobre dos postes viejos. Tenía un nombre escrito, seguramente el nombre de aquel sector del Bosque Senju, pero la oscuridad lo volvía inútil. Al igual que el cartel ignorado en la división de caminos...Las letras de este eran manchas negras sobre madera mojada. El suelo estaba cubierto de hojas húmedas, tierra blanda y raíces que sobresalían a medias, listas para hacer tropezar a cualquiera que avanzara con demasiada confianza. En el centro del claro estaba la persona de la antorcha. La llama roja no era grande, pero bastaba para marcar una silueta femenina agachada sobre algo que Yūgen a esa distancia no podía distinguir bien desde donde estaba. Había objetos en el suelo... varios de hecho... acomodados con cuidado alrededor de un punto central. Bolsas pequeñas, una cuerda, algo envuelto en tela, tal vez herramientas o recipientes bajos ¿Cómo saberlo?. La mujer se movía con rapidez, pero no con torpeza. Parecía concentrada en terminar antes de que algo pasara. La antorcha estaba clavada en la tierra a un lado, inclinada, y su luz golpeaba el rostro de la mujer por partes: cabello oscuro, mirada firme, ropa de campo, manos manchadas de barro. Cuando terminó de acomodar lo último, se levantó despacio, tomó una placa metálica que estaba apoyada contra una raíz y la sostuvo con una mano. Entonces golpeó la placa tres veces. Toc… toc… toc… Luego pausa. Otra vez. Toc… toc… toc…Una y otra vez. Con la placa en alto, respirando con cuidado, pendiente de la respuesta del bosque. Desde la distancia, Yūgen podía ver la kunai en su propia mano y la antorcha frente a él; podía ver a una desconocida repitiendo el mismo patrón que los había guiado hasta allí, en medio de un claro oscuro, rodeada de objetos que no alcanzaba a identificar. Pero...¿Qué haría? Si entraba con violencia, podía interrumpir lo que fuera que ella estaba preparando. Si esperaba demasiado, podía perder la iniciativa. Y si hablaba fuerte, tal vez llamaría la atención de algo que todavía no se dejaba ver.


[Imagen: 53cea1b4-3e24-4202-9386-d3eb768f740d.png]


Naoe por su parte (y ahora en un sentido bastante literal)...quedó en el centro de la bifurcación, justo donde el sendero principal se partía en tres rutas. A su izquierda, el camino del oeste se cerraba entre árboles más viejos y torcidos; desde allí seguía llegando el toc… toc… toc…cada vez mas lejos. A su derecha, el sendero del este bajaba por una pendiente suave, llena de raíces, arbustos bajos y tierra húmeda; por allí había desaparecido la luz roja que Yūgen acababa de seguir con la kunai en mano. Al frente, el sendero central continuaba junto al cartel grande del Bosque Senju y la caseta del guardabosque. El cartel estaba viejo, manchado por barro seco y cubierto de cortes torpes, un texto dificil de leer con la poca luz que había y un mapa de la zona, igualmente dificil de distinguir sin alguna fuente de luz. La caseta, por su parte, permanecía cerrada con una cadena gruesa y un candado oxidado. Las ventanas estaban cubiertas por tablones, el techo lleno de hojas secas y la puerta marcada por humedad vieja. Solo esa construcción abandonada, el cartel dañado y la decisión incómoda de qué priorizar mientras sus dos compañeros empezaban a separarse: Kyōraku hacia el sonido, Yūgen hacia la luz, y él en medio de todo, con la única parte “ordenada” del bosque frente a sus ojos.
Naoe Senju
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20-06-2026, 09:03 PM
La cohesión de la unidad se había desintegrado en menos de un parpadeo, y con ella, cualquier atisbo de protocolo militar. Naoe permaneció en el centro exacto de la bifurcación vieja, con la mano derecha aún firmemente asentada sobre la empuñadura de su espada, observando las estelas de sus compañeros con una severidad gélida que enturbió sus ojos claros. La insolencia de Kyōraku al romper la inmovilidad y marchar en solitario hacia el oeste sin mediar palabra, sumada al exabrupto infantil de Yūgen, quien antes de internarse por la pendiente del este se había permitido lanzar puyas absurdas contra el linaje Senju, representaba la antítesis de la disciplina que gobernaba su propia vida.

Naoe ni siquiera se inmutó ante las ofensas verbales del Sarutobi; para alguien instruido en los altos valores de la fortaleza, el diálogo estéril y las provocaciones baratas eran ruidos innecesarios que solo delataban el aburrimiento y la falta de templanza de un shinobi. Sin embargo, la fractura táctica sí que encendió sus alarmas. Dejar que dos gennin avanzaran a ciegas, aislados y sin cobertura mutua en un territorio confinado por maleza hostil, era una negligencia que un guardián de la Hoja no podía permitirse tolerar.

—La arrogancia desmantela ejércitos con mayor rapidez que una emboscada—, pensó para sí, regulando su respiración con una calma quirúrgica. El bosque ya no daba margen de error. La noche se había instalado de golpe en los niveles inferiores y la escasa luz útil de la tarde llegaba fragmentada, completamente inútil. Ante Naoe se alzaba la única sección estructurada del paraje: el cartel enorme del Bosque Senju y la caseta abandonada del guardabosques. Forzó la vista de forma estrictamente natural en medio de la penumbra, entrecerrando los ojos para intentar escudriñar los cortes torpes del letrero de madera, pero la falta de una linterna o una fuente de fuego volvió el esfuerzo estéril; las manchas negras del mapa mutilado y las líneas de texto eran un entramado indescifrable bajo la negrura de las copas.

La caseta baja, por su parte, permanecía sellada por una cadena gruesa y un candado oxidado. El abandono era evidente, pero la presencia de muescas e incisiones artificiales en el letrero no encajaba con el mero paso del tiempo. Alguien había estado manipulando deliberadamente las señalizaciones oficiales de su clan para desorientar a los transeúntes.

Mientras sus sentidos procesaban el entorno, los ecos de sus compañeros llegaron de forma indirecta. Desde el oeste, el toc… toc… toc… que seguía Kyōraku comenzó a desplazarse con una cadencia errática, rebotando y ascendiendo súbitamente hacia las copas de los árboles lejanos; una clara señal de un cebo móvil o una distracción aérea diseñada para fragmentar al grupo. Por el contrario, hacia el este, el destello de la llama roja que Yūgen perseguía seguro denotaría una actividad fija y focalizada. Al ser el mapa completamente ilegible debido a la oscuridad reinante, quedarse estático en la infraestructura era una pérdida de tiempo crítico. La lógica de la fortaleza dictaba que el Sarutobi, con su kunai en mano y su impulsividad encendida, se dirigía directo hacia el núcleo de la anomalía física.

—Dos deserciones tácticas en menos de un minuto. Si sobrevivimos a esta noche, el informe disciplinario ante los mandos superiores será severo para ambos —pronunció Naoe en un susurro gélida y limpiamente articulado, dirigido a la nada.

No había tiempo para intentar forzar el candado oxidado de la caseta abandonada. Kyōraku ya se había adentrado treinta metros en una ruta asfixiante donde el follaje cerrado entorpecería cualquier maniobra armada; pero el origen del fuego en el este representaba la prioridad de contención inmediata debido a la presencia humana confirmada.

Asegurando el broche de su vaina y ajustando por última vez la pulcritud de sus guantes blancos, Naoe abandonó el centro de la bifurcación. Con pasos fluidos, felinos y desprovistos de vibración sonora, se deslizó por la pendiente del este, siguiendo el rastro de Yūgen. No lo hacía por camaradería, sino por estricto sentido del deber: unificaría la línea de defensa antes de que la imprudencia del Sarutobi hiciera estallar el claro en un conflicto innecesario. Su figura pulcra y militar se disolvió en la penumbra del sendero, con el filo listo para imponer el orden de la fortaleza sobre cualquier peligro que pretendiera despertarse entre las raíces.
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Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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21-06-2026, 05:48 AM
Última modificación: 21-06-2026, 05:50 AM por Koga.
El puesto de ramen seguía abierto cuando Koga llegó, aunque ya quedaban pocos clientes sentados en los bancos de madera. El vapor de los tazones todavía se elevaba hacia el aire frío de la tarde, y el murmullo que llenaba el lugar no era el de una conversación normal. Había algo de inquietud en las voces, algo contenido. El joven Nara se detuvo apenas unos segundos antes de entrar, recordando las palabras de Raizen Sarutobi.

— "Si tienes tiempo, échale un ojo al Bosque Senju... dicen que se escuchan cosas raras por las noches."

Koga dejó escapar un pequeño suspiro por la nariz.

— Claro... porque nada bueno ha salido jamás de la frase "se escuchan cosas raras"...

Se acercó a la barra y no tardó en enterarse de que había llegado tarde. Los presentes le explicaron que tres genin ya se habían adelantado hacia el bosque hacía unos minutos. Uno de ellos incluso señaló la calle del norte. Indicaba que si se apuraba, aún podría alcanzarlos.

Aquello bastó para que Koga se diera media vuelta. Salió del puesto y tomó el camino hacia el Bosque Senju, siguiendo las huellas recientes sobre la tierra húmeda y las hojas removidas por el paso de quienes habían ido delante de él. El aire fue cambiando conforme avanzaba. El olor de la aldea quedó atrás, sustituido por el aroma de madera mojada y tierra fría. Las copas de los árboles se cerraban sobre el sendero, y la luz del atardecer se volvía cada vez más escasa. Incluso para alguien acostumbrado a la tranquilidad de los bosques, había algo incómodo en aquel lugar.

Finalmente alcanzó la bifurcación.

El gran cartel del Bosque Senju se alzaba delante de él, apenas visible en la penumbra. La vieja caseta del guardabosque permanecía cerrada y abandonada. Y allí, de pie en medio de los tres senderos, había otro shinobi. Koga no intentó ocultar su llegada. Dejó que sus pasos crujieran sobre las hojas secas antes de hablar para no alarmar a la persona que aún estaba allí.

— Espero no haber llegado demasiado tarde. —Alzó una mano a modo de saludo mientras se acercaba unos pasos más, observando rápidamente los tres caminos que se abrían ante ellos.— En el puesto de ramen me dijeron que un grupo había venido hacia aquí... Pero me dijeron que habían más... —Entonces dirigió la mirada al Senju— ¿Dónde están los otros?

Resumen
Después de visitar el puesto de ramen, Koga llega un poco más tarde, encontrandose con la única persona que aún continua en la bifurcación, Naoe.
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo14
410
500
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21-06-2026, 07:22 PM
El avance se hacía dificultoso. El camino era estrecho, las ramas bajas junto a los troncos apretados entorpecían cualquier intento de avanzar con limpieza. El suelo lodoso cedía bajo cada paso, hundiendo apenas las sandalias del Senju en aquella humedad fría.

Los troncos le recordaron, por un instante, los rostros de su hermano y de su padre. La madera creciendo desde adentro de sus cuerpos. Las raíces abriéndose paso a través de la carne hasta absorberlos.

Kyōraku cerró los ojos con fuerza. Solo un instante. Se obligó a comprimir aquel recuerdo hasta volverlo silencio, a hundirlo bajo la humedad, la oscuridad y bajo el peso del mismo bosque.

Entonces algo se movió arriba. En la copa de los árboles, una presencia alteró las ramas. El sonido y el movimiento lo arrancó de la irrupción de su pasado. Fragmentos de corteza y algunas hojas cayeron sobre su ropa. Kyōraku abrió los ojos y alzó la cabeza hacia el origen de aquel desorden.

<<Hay algo allí>>

Al bajar de nuevo la mirada, notó una pluma oscura sobre el barro. Descendió su cuerpo con cuidado hasta quedar en cuclillas y la tomó entre los dedos. Era larga, oscura, y tenía la punta manchada de lodo.

Aquello le llamo la atención. Las huellas encontradas al inicio del recorrido. Su desaparición repentina. La pluma embarrada.

<<¿Un ave?...>>

La idea cruzó por su mente como una línea fría.

<< Eso explicaría por qué las huellas se cortaron. La criatura que las hizo no desapareció. Dejó de tocar el suelo. Puedo haber echado a volar…>>

No era una conclusión. Todavía no. Pero era mejor que hablar de espíritus.

Toc… toc... toc…

Allí estaba otra. Con la misma cadencia. Pero esta vez estaba mas cerca. Kyōraku se reincorporo lentamente. Con la mano izquierda recogió una piedra cercana, mientras guardaba la pluma entre sus ropajes, introduciéndola por la abertura del kimono a la altura del pecho. Luego llevó ambas manos a la parte posterior de su cabeza y desanudo el protector frontal de la aldea.

<<Veamos qué pasa>>

No golpeó de inmediato. Primero miró hacia el último punto desde donde había escuchado el sonido. Luego espero la pausa. Solo entonces golpeó la piedra contra la placa metálica de la bandana, procurando imitar la cadencia y la intensidad del patrón original. Toc… toc… toc…

Después guardo silencio. No miró al sendero, miró las copas, las ramas, el barro y la dirección de las raíces, si algo respondía, no quería escucharlo únicamente con los oídos.

Espero cualquier reacción y volvió a avanzar. Paso a paso. Con cuidado. Lentamente. No perseguía el sonido. Seguía las pruebas que el sonido dejaba atrás.

El destino de sus compañeros le era desconocido. Ninguno venía detrás de él. Por ahora.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud10
Velocidad17
Tenketsu10
Sigilo12
490
495
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21-06-2026, 10:15 PM
Yugen correria por aquel sendero oscuro, recorriendo unos treinta metros hasta que el cambio de terreno le hizo frenar en seco. Delante suya habia un claro en forma ovalada con algo de luz reflejandose en el medio, indicando que aun no era totalmente de noche alli fuera. Aquel claro era rodeado por arboles, como si este tuviera una pared natural protegiendolo de invitados no deseados. Yugen miraba a su alrededor con algo de preocupacion, pues habian pocas cosas que eran visible para este y con cada segundo que pasaba esto solo empeoraria. 
 
Mas adelante de este habria un cartel el cual era imposible de leer, pues el atardecer ya habia hecho su trabajo en aquella zona. Aquel lugar no era para nada bonito y con cada paso que Yugen daba no hacia mas que reforzar esta idea, teniendo que pisar hojas humedas, ramas viejas y una que otra pequeña roca que se topaba en el camino. El joven Sarutobi sostenia su kunai con fuerza mientras giraba su cabeza de lado a lado, intentando no ser tomado por sorpresa con tan poca iluminacion.
 
A la distancia Yugen pudo identificar una figura humanoide, una chica, agachada sobre algo extraño mientras que aquella antorcha le delataba, mostrando su ubicacion en todo momento. Eso volvio a encender la llama en Yugen, quien correria para meterse entre el muro de arboles para asi rodear a la chica y tener vision de su espalda, esperando el momento justo para capturarla.
 
- Debi haberlo imaginado, aquel Senju no es mas que una molestia en mi camino. - 
Yugen susurraria mientras se ocultaba entre los arboles, manteniendo su vision sobre aquella chica en todo momento. Esta no parecia estar alerta ni lista para recibir un ataque sorpresa, lo que podia ser usado por el Sarutobi para su beneficio. Yugen aun no consideraba que la situacion era la correcta para usar lo que este consideraba su jutsu secreto, una tecnica de clan que siempre le daba la victoria cuando estuvo en el Templo de Fujin, por lo que se lo guardaria para mas adelante.

Resumen
Yugen veria a la chica desde la distancia, corriendo a ocultarse entre los arboles para rodearla y solo entonces capturarla con el factor sorpesa.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
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22-06-2026, 04:10 PM
En el claro del este, la mujer de la antorcha seguía en el centro, concentrada en lo suyo, con las rodillas manchadas de barro y las manos ocupadas entre los objetos que había puesto sobre el suelo. La llama roja, clavada en la tierra, apenas alcanzaba para iluminarle medio rostro y parte del terreno alrededor. Allí abajo ya era noche. Los árboles encerraban el claro por todos lados, con raíces salidas del suelo y ramas bajas que cortaban la vista desde varios ángulos. Yūgen podía moverse entre el borde del bosque para intentar rodearla, pero cada paso mal puesto podía hundirse en hojas húmedas o quebrar una rama vieja. La mujer levantó otra vez la placa metálica y golpeó. Toc… toc… toc… Pausa. Toc… toc… toc… El sonido rebotó contra los troncos y se fue hacia el norte del claro, donde había otro sendero más estrecho, casi tragado por la oscuridad. Entonces apareció otra luz roja desde esa dirección. Una segunda antorcha a manos de una segunda persona. También mujer, con ropa de campo y una bolsa cruzada al hombro. Se acercó a la primera sin prisa, pero con urgencia en la mirada. Hablaron bajo durante unos minutos. Desde donde estaba Yūgen no todo se entendía, pero no sonaban como enemigas ni como bandidas. La recién llegada colocó su antorcha junto a la primera y el centro del claro ganó un poco más de luz. Ahora los objetos se distinguían mejor: Eran comida. Frutas grandes acomodadas en el suelo: melones, sandías, papayas, algunas abiertas, otras enteras, puestas en grupos alrededor del punto central. La primera mujer volvió a golpear la placa. Toc… toc… toc… Mientras tanto, la segunda empezó a acomodar las frutas con cuidado. Ahora Yugen y los otros dos recién legados, verían desde lejos a las dos mujeres trabajando en silencio, un claro oscuro, comida puesta en el centro y el mismo sonido que los había guiado hasta allí. 


Al oeste, Kyōraku golpeó la piedra contra la placa metálica de su bandana y repitió el patrón. Toc… toc… toc… Primero hubo silencio. Un silencio total, duro, incómodo. Luego el bosque dejó de crujir y las ramas dejaron de moverse. El aire pareció quedarse quieto entre los troncos. Y entonces...todo estalló arriba. Las copas comenzaron a sacudirse con violencia en varios puntos, avanzando hacia él desde la oscuridad. Ramas gruesas se doblaron, hojas y corteza cayeron sobre el sendero y el sonido dejó de alejarse. Ahora venía directo hacia Kyōraku. Cada vez más cerca... Más fuerte..Y por encima. Entonces algo enorme rompió la cortina de ramas y cayó frente a él con un golpe pesado contra el barro.


Era un ave gigantesca, parecida a un águila, pero demasiado grande para sentirse normal. Sus alas, al abrirse, medían cerca de cinco metros de punta a punta. El cuerpo rondaba los sesenta kilos, cubierto de plumas negras. En su garra izquierda llevaba un grillete metálico. De ese grillete colgaba una cadena rota de unos cinco metros, arrastrándose por el suelo con un ruido áspero. La criatura soltó un chillido agudo, irritante, tan fuerte que hizo vibrar las ramas cercanas. Luego bajó la cabeza hacia Kyōraku y lo miró de cerca, ladeando el cuello. Sus ojos lo revisaron durante un segundo. No pareció reconocerlo y chilló otra vez, ahora más fuerte. Pero entonces escuchó algo que Kyōraku no podía oír: otro toc… toc… toc… más al oeste, más profundo entre los árboles. El ave reaccionó al instante. Sus garras se cerraron sobre los hombros del Senju con fuerza brutal y, antes de darle tiempo de que entendiera la situación, batió las alas. El barro saltó bajo sus patas, la cadena rota golpeó raíces y troncos, y el ave emprendió vuelo con Kyōraku sujeto entre sus garras. Pasó sobre el sendero, luego sobre la bifurcación, arrastrando aire, hojas y pedazos de corteza. Todavía no llegaba al claro del este, pero la ruta aérea no estaba limpia. Las ramas del Bosque Senju crecían cerradas, bajas en algunos puntos, cruzadas entre sí. Volar allí dentro era avanzar por una jaula de madera viva, y Kyōraku iba directo contra esa maraña.

Mecánica para Kyōraku
  • El ave te tira un agarre y sale volando contigo.
  • ✔Aprendida · 23-06-2026
    ◈Taijutsu
    ✦Nivel: 1
    #ID: TAIJ003R
    ◔Coste
    35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
    ▣Descripción

    Agarre es una técnica de sujeción que busca inmovilizar al oponente mediante fuerza y precisión, superando a los Golpes Fuertes durante Entablar Taijutsu. En este sistema, utiliza una comparativa entre los modificadores de Fuerza y Destreza combinados del usuario. Durante Entablar Taijutsu, el Agarre equivale a tomarle el brazo al oponente o agarrarlo por la ropa. Esto no inflige daño ni restringe totalmente a su oponente, pero, si tiene éxito, otorga ventaja a la siguiente maniobra del usuario sin importar el tipo de técnica contra la que se enfrente. Además, impide que el oponente rompa el Entablar durante su siguiente turno. En caso de que ambos realicen Agarre durante Entablar Taijutsu, el que posea más Fuerza será quien prevalezca.

    Fuera de Entablar Taijutsu, Agarre aplica Control Físico directo sobre el oponente, impidiendo que se mueva de su lugar y utilizando la estadística de Fuerza del usuario como base del sometimiento. Durante el Agarre, el usuario podrá mover a su objetivo, golpearlo con Golpe Rápido sin romper el agarre o arrojarlo al suelo con un Golpe Fuerte, rompiendo el Agarre. El Agarre no impedirá que el oponente intente defenderse, siempre manteniendo la lógica del agarre. Si el objetivo es agarrado por la espalda, será difícil que pueda defenderse; sin embargo, si es agarrado de frente, podrá golpear o incluso usar sus manos para defenderse.

    ✧Efecto
    0 (FUE) de Comparativa en Control Físico, 2 (MFUE+MDES) de Comparativa en Entablar Taijutsu

  • En el aire, tienes que tirar en ?│mecha-naruto-bot: Comando: /rol 5d10
  • Debes taggearme en la tirada.
  • El ave va volando contigo. Durante el trayecto, puede que te choques con 5 ramas.
  • Por cada dado que salga menor a 5, te comes -2PV por la rama.
  • Puedes sumarle tu MFUE, MIN o MDES a cada dado si usas fuerza, mente o armas para lidiar con las ramas.

Estadísticas del ave
  • Fuerza: 30
  • Destreza: 10
  • Control de Chakra: 0
  • Inteligencia: 5
  • Salud: 11
  • Velocidad: 10
  • Tenketsu: 9
  • Sigilo: 9
  • Vida: 280

Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud11
Velocidad13
Tenketsu11
Sigilo10
415
440
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22-06-2026, 08:33 PM
El crujido de hojas secas interrumpió la gélida quietud de la bifurcación vieja justo un instante antes de que Naoe pusiera un pie en la pendiente del este. El joven de quince años giró el torso con una parsimonia impecable, manteniendo la diestra sobre el pomo de su espada mientras sus ojos oscuros captaban la silueta recién llegada. El uniforme y la postura delataban su origen: ¿un genin? La pregunta de Koga resonó en la penumbra del letrero mutilado con una urgencia lógica, recibiendo como respuesta la mirada severa, analítica y desprovista de emociones edulcoradas del Senju. Fiel a su inquebrantable doctrina de sinceridad cruda, el de cabello largo no se molestó en maquillar la negligencia de la unidad.

—Has llegado a tiempo para presenciar el colapso de la disciplina básica de Konoha, soy Naoe Senju ¿Y tu? —dictaminó con una voz limpia y pausada que cortó el aire húmedo—. Mis dos compañeros decidieron que una anomalía perimetral era una invitación aceptable para desertar de la formación. Uno se internó en solitario hacia el oeste persiguiendo un cebo sonoro, y el otro descendió por la pendiente del este arrastrado por sus propios impulsos. Si buscas orden militar en esta patrulla, me temo que soy el único que queda custodiando el nexo logístico. Sin embargo, quedarse aquí quietos con un mapa ilegible es inútil. Muévete conmigo; vimos hace poco a una silueta humana, parecía tener una antorcha en sus manos, una señal lumínica ha sido lo único real que hemos visto.

Sin perder un segundo en florituras, Naoe avanzó por el sendero del este, permitiendo que Koga se acoplara a su marcha. El descenso por la pendiente suave fue un ejercicio de sigilo estricto; el Senju pisaba con una sincronía felina, evitando las raíces expuestas y los arbustos bajos que amenazaban con delatar su aproximación. El aire se enfrió drásticamente a medida que descendían unos treinta metros, hasta que el sendero se interrumpió para abrirse en un claro ovalado, envuelto casi por completo en una noche prematura y artificial debido al domo negro de las copas superiores. Agazapado entre la densa pared de troncos y ramas bajas del perímetro, Naoe estabilizó su postura al lado de Koga, descubriendo que Yūgen ya se encontraba en la zona, oculto entre la maleza. Los ojos claros del Senju se entornaron con fijeza marcial al examinar la escena central del claro, iluminada ahora de forma más nítida por una segunda antorcha.

No había bandidos, ni monstruos de pesadilla devorando la arboleda. Ante ellos, dos mujeres vestidas con ropas de campo trabajaban en un silencio sepulcral, ajenas a la presencia de los shinobi. El análisis visual de Naoe desmenuzó los elementos con precisión: en el fango, acomodados meticulosamente alrededor de un punto central, reposaban decenas de objetos que por fin salían de la penumbra. Era comida: Frutas de gran tamaño; melones, sandías y papayas; algunas enteras y otras toscamente abiertas, dispuestas en grupos específicos como si se tratara de una ofrenda o un comedero planificado ¿Alguna especie de secta?. Mientras una de las civiles se concentraba en reacomodar las piezas con las manos cubiertas de barro, la primera alzó una placa metálica y volvió a golpear con una cadencia matemática.

Toc… toc… toc… Pausó. Toc… toc… toc…

El sonido que había alterado a los aldeanos del puesto de ramen no era una señal de guerra, sino una llamada doméstica; un código de alimentación. Aquella revelación golpeó el orgullo del Senju, no por temor, sino por la absurda certeza de que la histeria civil y la indisciplina de sus compañeros los habían llevado a sitiar un huerto de recolección nocturna o un comedero de fauna controlada. Estaba a punto de emitir un susurro hacia Koga para coordinar una aproximación pacífica y un interrogatorio formal a las mujeres, cuando el bosque entero pareció temblar a sus espaldas. Un estruendo brutal, sordo y violento retumbó desde el oeste, la dirección exacta de la bifurcación que acababan de abandonar minutos atrás. El sonido llegó amortiguado por la distancia, pero cargado de un eco masivo: el crujido masivo de ramas desgajándose, un desorden de copas sacudidas con ferocidad y un estrépito pesado contra la tierra que alteró a las aves nocturnas en la lejanía.

Naoe congeló cada músculo de su cuerpo, suspendiendo la palabra en su garganta. No sabían qué había provocado semejante conmoción en el sector de Kyōraku, pero la magnitud del impacto indicaba que una fuerza física de gran escala acababa de irrumpir en el perímetro del bosque. El joven de quince años deslizó su pulgar sobre la guarda de la espada, liberando un milímetro de acero en un movimiento instintivo de guardia alta, mientras su mirada se dividía con tensión quirúrgica entre el extraño ritual de las frutas frente a sus ojos y la procedencia del violento estrépito que amenazaba con desplazarse hacia ellos.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Koga
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23-06-2026, 01:06 AM
La respuesta del Senju le arrancó un suspiro silencioso. Por supuesto... Tres genin, un rumor sobre ruidos extraños en un bosque y, de alguna manera, el grupo ya se había dividido antes de que cualquiera pudiera entender del todo lo que estaba pasando. Koga se presentó en voz baja, llevándose una mano al pecho en un gesto breve mientras comenzaba a caminar junto a él.— Kogarasu Nara —dijo, con un tono más resignado que formal— Encantado... supongo. —No discutió la decisión de seguir avanzando.

Mientras descendían por la pendiente, sus ojos se movían de un lado a otro del sendero, atentos a cualquier cambio entre las raíces y la maleza que pudiera delatar movimiento o presencia humana. El aire se volvía más frío con cada metro, como si el bosque fuera absorbiendo el calor de la tarde y devolviendo únicamente humedad, sombra y un silencio cada vez más denso.— ¿El ruido? —murmuró mientras avanzaban— ¿Ese patrón de golpes fue lo que los trajo hasta aquí?

Koga se detuvo apenas al llegar al límite de los árboles y se agachó ligeramente, observando desde la cobertura natural del follaje. Dos mujeres, antorchas, frutas cuidadosamente dispuestas en el suelo... y el mismo sonido que habían estado siguiendo desde el puesto de ramen. Sus cejas se fruncieron apenas por la desconexión entre lo que esperaba encontrar y lo que realmente tenía delante. Durante un segundo consideró que tal vez se trataba de algún tipo de práctica local, una forma extraña de alimentar animales del bosque o algún ritual de recolección nocturna; las frutas estaban demasiado organizadas, demasiado intencionales como para ser simples restos abandonados.

Sus manos, sin embargo, no se relajaron. Se mantuvieron cerca del pecho, con los dedos ligeramente separados, listos para entrelazarse en sellos en cualquier momento. Entonces llegó el estruendo desde el oeste, rompiendo la quietud del bosque como si algo de gran tamaño hubiera irrumpido violentamente entre las copas de los árboles. El impacto fue lo bastante fuerte como para hacer vibrar el entorno y levantar aves en algún punto lejano, y Koga sintió un escalofrío inmediato recorrerle la espalda. Instintivamente dio un paso lateral y se colocó bajo la sombra de un árbol cercano; no era un refugio real, pero sí suficiente para romper su silueta y darle una mínima sensación de cobertura. Desde allí, sus ojos se clavaron en la dirección del sonido antes de desviarse brevemente hacia el Senju, y luego bajó aún más la voz.

— ... Lo que sea que haya hecho eso... sonó enorme.

Sus dedos terminaron de acomodarse frente a su pecho, ya completamente preparados para formar un sello en el instante en que algo saliera de entre la oscuridad.
[Imagen: RoaK1gc.png]
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