24-11-2023, 02:22 AM
Última modificación: 24-11-2023, 02:58 AM por Sadashi.
En lo profundo de la oscura noche, la pequeña Sadashi corría entre sombras, su corazón latía al ritmo de sus pasos rápidos y temerosos. Sus padres, pertenecientes a un clan de ninjas de la oposición habían desafiado al imperio por años, y finalmente, la fatalidad los alcanzó. Una emboscada se desató, arrebatándole la vida a sus progenitores y a gran parte de su clan. Las tropas habían sentenciado el cruel destino en las llanuras alejadas y secas de Iwagakure donde su clan se escondía y sobrevivía a duras penas. El silencio fue arrebatado, para ahora escuchar y esparcir el eco de los gritos y el choque de las armas que resonaban en su mente mientras huía, herida y asustada.
La luna, siendo una testigo silenciosa de la tragedia, arrojaba su pálida luz sobre el rostro ensangrentado de Sadashi mientras avanzaba por el bosque, con lágrimas que mezclaban dolor y rabia. La última orden de su padre resonaba en su mente: huir. Fue un escape desesperado, guiado por el instinto de supervivencia y la voluntad de cumplir con el último deseo de su familia.
Al menos dos días transcurrieron y lentamente, y Sadashi no se atrevía a salir de su improvisado escondite, donde se ocultaba en las sombras para evitar cualquier indicio de presencia. Su rostro, marcado por la crueldad de la batalla, exhibía una cicatriz que se convertiría en el emblema de su dolor y rencor. Aunque el miedo la acosaba, la necesidad de seguir adelante la impulsaba a persistir en su huida.
Las heridas que llevaba en su piel y en su corazón empeoraban con el tiempo. La infección amenazaba con consumirla, y el dolor se volvía cada vez más insoportable. Sadashi, en la soledad de la noche, se esforzaba por curar sus heridas con hierbas y ungüentos improvisados, pero su conocimiento en técnicas de curación era escaso.
La pequeña aprendiz de ninja, perdida en la vastedad del bosque, deseaba con todo su ser encontrar por alguien que pudiese auxiliarla. La desesperación y la debilidad la embargaban, y el temor de ser descubierta por las fuerzas imperiales la mantenía en constante alerta. No sabría con exactitud si sería buscada, era sólo una niña. Sin embargo, la ansiedad y aquella persecución que se creaba en su trastocada mente le atormentaba. Cada ruido, cada sombra, la hacía temblar de miedo, pero seguía adelante con la esperanza de encontrar refugio.
Finalmente, una noche, mientras la fiebre y el agotamiento la consumían, Sadashi decidió salir de su escondite para guiarse con sus últimas fuerzas y espíritu de supervivencia. Vagó hasta donde sus pies la llevaran hasta llegar un pequeño pueblo oculto en las cercanías del bosque. Desesperada, se acercó a la primera persona que encontró, una persona que le daba la espalda y destacaba entre las pocas personas que recorrían las calles gracias a su albo cabello. ¿Podría acaso auxiliarla o la apartaría rápidamente debido a su horrible aspecto ensangrentado?
La luna, siendo una testigo silenciosa de la tragedia, arrojaba su pálida luz sobre el rostro ensangrentado de Sadashi mientras avanzaba por el bosque, con lágrimas que mezclaban dolor y rabia. La última orden de su padre resonaba en su mente: huir. Fue un escape desesperado, guiado por el instinto de supervivencia y la voluntad de cumplir con el último deseo de su familia.
Al menos dos días transcurrieron y lentamente, y Sadashi no se atrevía a salir de su improvisado escondite, donde se ocultaba en las sombras para evitar cualquier indicio de presencia. Su rostro, marcado por la crueldad de la batalla, exhibía una cicatriz que se convertiría en el emblema de su dolor y rencor. Aunque el miedo la acosaba, la necesidad de seguir adelante la impulsaba a persistir en su huida.
Las heridas que llevaba en su piel y en su corazón empeoraban con el tiempo. La infección amenazaba con consumirla, y el dolor se volvía cada vez más insoportable. Sadashi, en la soledad de la noche, se esforzaba por curar sus heridas con hierbas y ungüentos improvisados, pero su conocimiento en técnicas de curación era escaso.
La pequeña aprendiz de ninja, perdida en la vastedad del bosque, deseaba con todo su ser encontrar por alguien que pudiese auxiliarla. La desesperación y la debilidad la embargaban, y el temor de ser descubierta por las fuerzas imperiales la mantenía en constante alerta. No sabría con exactitud si sería buscada, era sólo una niña. Sin embargo, la ansiedad y aquella persecución que se creaba en su trastocada mente le atormentaba. Cada ruido, cada sombra, la hacía temblar de miedo, pero seguía adelante con la esperanza de encontrar refugio.
Finalmente, una noche, mientras la fiebre y el agotamiento la consumían, Sadashi decidió salir de su escondite para guiarse con sus últimas fuerzas y espíritu de supervivencia. Vagó hasta donde sus pies la llevaran hasta llegar un pequeño pueblo oculto en las cercanías del bosque. Desesperada, se acercó a la primera persona que encontró, una persona que le daba la espalda y destacaba entre las pocas personas que recorrían las calles gracias a su albo cabello. ¿Podría acaso auxiliarla o la apartaría rápidamente debido a su horrible aspecto ensangrentado?