— Ese aspecto, y esa Katana... Tiene que ser un espadachín entrenado. — Shin mantenía una postura de guardia, conservando una distancia de nueve metros del cazador albino, quien se mostraba seguro y confiado, además de tener una botella de Sake en la mano derecha — No, no nos vamos a rendir. Derrotaremos a este Imperio de mierda, cueste lo que cueste. — Shin suelta un gruñido y desenfunda un Tantō y separaría un poco los pies, afilando la mirada.
— De eso no hay duda, es un auténtico espadachín. Mató a Kenta y Shuhei de tajos tan precisos y limpios, que ni siquiera la hoja de su sucia Katana se manchó con la sangre de nuestros amigos. — Hyuna destaca por ser la más inteligente del grupo y entre lo que habla, buscaba medidas para poder abatir al cazador, aquel que tuvo el atrevimiento de beber un sorbo de la botella de Sake, tambaleándose un poco, en su diálogo — Es un hecho que no vamos a rendirnos, tenemos una opción atacaremos todos al mismo tiempo y buscaremos abrumarlo con un aluvión de ataques, agotaremos todas nuestras energías... Puede que resulte. — La Kunoichi habló, teniendo un tono de voz bastante serio, firme y confiado. Volteó la cara hacia Kentaro, el hermano del difunto Kenta. Kentaro está asustado y no habla, no reacciona a las palabras de sus compañeros.
— ¿Ohhhh? ¿Pelearan todos a la vez? — Los cabellos del Jōnin se levantan poco a poco, y un aura violenta de Chakra es expulsada a través de sus Tenketsu, como una muestra de intimidación y superioridad. — ¡¡¡.....!!! —. ¿Qué quería lograr? Provocar que se rindieran. Pero eso no bastó.
Minutos después, se escucharían el sonido del metal chocando continúas veces y produciendo aquel eco que abraza gran parte del Bosque de Sakura. Rhooh estaba blandiendo la Katana con solo una mano, realizando movimientos gráciles y graciosos. El soniteo metálico cesó y lo último que pudo escucharse fue el grito desgarrador de uno de los rebeldes...
*¡SWING!*
— ¡AGHHHHHHHH¡ — Shin cayó al suelo, boquiabierto y ojos en blanco, todo apuntaba a que no había sido cortado. ¿Qué pasó? Durante el corto enfrentamiento, recibió un potente golpe con la parte sin filo de la Katana del cazador albino en la nuca, lo suficientemente fuerte para dejarlo fuera de combate.
*¡SWING!*
— ¡SHIN! ¡DESPIER...! — Hyuna cuando volteó a ver a Shin de reojo... Descuidado un punto ciego, bastó para que recibiera un golpe de potencia similar en la misma zona. La fémina escupiría algo de sangre, antes de caer a un lateral con todo su peso levantando una polvareda.
— P-parece que solo queda uno de ellos. Los voy a vender al País del viento a un buen precio, tal vez pida unos veinte mil por cabeza. Me servirá para comprarle a mi pequeña hija algunas cosas que necesita... Hmmm. Ahora que lo pienso, requiere un mejor armamento. — El borracho y despiadado espadachín pudo incapacitar a dos de ellos, pero aún quedaba uno. Uno que estaba frente a él. Tenía ojos llorosos, un Kunai empuñado y las rodillas casi juntas, debido a los temblores que recorren todo ser. — ¿Eh? ¿Y tú qué tienes? Tienes el valor para colaborar a armar disturbios, pero una vez que llega la hora de pasar factura por tus actos, lo afrontas, pero con una despreciable cobardía, debería matarte sólo a ti. — Devolvería la Katana a la funda, en un enfunde suave y despreocupado,produciendo tal sonido seco. Y de un movimiento fugaz con la mano, imperceptible por los ojos de Kenta, Rhooh le lanzó un Kunai que estaría destinado a impactar entre ceja y ceja.
— M-m-mierda... — La luz en sus ojos abandonaron a Kentaro enviándolo a los brazos de la muerte y al mundo impuro. Primero cayó arrodillado y luego se desplomó hacia un lateral. Leyendas cuentan que al borde de la muerte, ves pasar tu vida entera en un parpadeo, pero Kenta no tuvo esa suerte que pocos han llegado a tener, ni siquiera pudo dar un último aliento, tuvo una muerte rápida.
— Serán dos... Tendré que encontrar mi contacto y enviarlos vendados al desierto infernal. — Murmuró Rhooh, bebiendo un sorbo más de Sake y esta vez, guardó la pequeña botella. El mayor desprendía aquel olor a alcohol, combinado con un hedor a sangre fresca. Anteriormente había abatido a dos más, por lo que su vestimenta estaba repleta de sangre y su pecho descubierto igual.
El viento sopla en dirección al Oeste, trayendo una calma y silencio mortal a la escena del "crimen". ¿Crimen? Es un Shinobi, por supuesto tiene el permiso para actuar de esta forma. El albino acompaña esta tranquilidad con un retorcido silbido.
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