.-Esa sí fue una hazaña ¿No les parece?.- Aquella era una voz emocionada, una fémina enérgica que parecía despreocupadamente estar alardeando sobre algo en particular. .-¿Es que no le dirás nada Ryu?.- Junto a ella y manteniendo difícilmente el paso, una pequeña chica de cabellos claros, similares al color de un pequeño estanque natural, parecía cansada, pero no de la actividad física sino más bien de los comentarios de quien parecía ser su compañera, a todas luces se dejaba ver que la energía presente en tan pequeño cuerpo no tenía forma alguna de acercarse a la de la primera chica, una alta mujer peliblanca de suave piel morena, una hija del desierto. .-No me metas, Min.- Aquella era una voz masculina que apenas se dejó oír en medio de un suave andar, era un hombre relativamente joven, probablemente de la misma edad que la peliblanca, es decir, un poco mayor a la pequeña niña .-Después de todo.- Dirigió entonces su vista hacia el despejado cielo de mediodía y sonrió en medio de un suspiro .-Sí que fue un movimiento increíble.- Los oídos de la peliblanca hija del desierto parecieron agrandarse en gran medida, como si aquellas simples palabras que para algunos podrían haber sido posibles susurros fuesen el más delicioso de los manjares en boca del hombre más hambriento del mundo .-¿¡Lo ves!? Ni siquiera pudo ver lo que sucedió, ¡Un "Relámpago Blanco" en medio del cielo!.- A medida que la chica hablaba, sus manos jugaban haciendo malabares con un fino collar de oro, el cual curiosamente desapareció al llegar a la altura de su cintura e inesperadamente fue "reemplazado" por un juego de anillos. Su destreza con las manos era evidente y el manejo con el que parecía manipular objetos sin duda lograría llamar la atención de quien la viese .-Lo lamentable fue que...- Un Kunai ensangrentado de manera inesperada se desprendió de entre sus pertenencias manchando por completo la tranquila escena que aquel grupo estaba protagonizando .-Resultaron ser más débiles de lo que creí...- Sus ánimos inesperadamente se habían reducido, su tono de voz era el de una clara decepción e incluso sus pasos que hasta ese momento habían sido constantes y firmes, se habían detenido .-Ya no lloriquees Nao, según nuestro itinerario...- La pequeña Min había sacado de entre sus ropas un viejo pergamino .-Nuestro próximo objetivo se encuentra cerca de Iwagakure, no imaginé que este "trabajo" fuese tan cansado.- Ryu entonces miró a Min, sus palabras eran muy comprensibles, no había pasado mucho tiempo desde que aquella pequeña los acompañaba a él y a Nao, contrario a ellos, esa chica no era una hija del desierto, pero para ese entonces tenían una relación tan cercana .-¿Aun no te acostumbras? Parecías más fuerte ¡cuan...!- Una pequeña patada a la canilla izquierda terminó abruptamente aquella intervennción.
Aquel era un grupo particular, siempre parecían estar disfrutando de sus libertades y haciendo del mundo su propio terreno de juegos, no parecía haber reglas, eran simplemente Tres Errantes que no tenían hogar, que no tenían sueños y que sencillamente no tenían esperanzas. Tres antiguos shinobi de aldea que se habían dedicado a ganarse la vida alejados de la mano de "Dios", cercanos a la idea de sus propias convicciones... Ryu era un chico tranquilo, conocía a Nao desde pequeña, era probablemente lo más cercano a una hermana que jamás había tenido, no eran familiares, no compartían línea de sangre, pero siendo huérfanos de la guerra sí que compartían una familia... Ella era una joven peliblanca dejada de lado por su pueblo, llevaba la pasión de la aventura en la sangre, después de todo era hija de errantes y nómades de las arenas, nunca conoció algo cercano a un padre o una madre, nunca estuvo cerca de algún tipo de instrucción reglamentaria salvo en sus entrenamientos como shinobi, Nao no conocía los límites de nada aunque en alguna oportunidad sí había experimentado algo cercano a la "piedad".
Min no era fruto más que de un accidente, no por ser producto del descuido de sus padres ni mucho menos, ella simplemente había llegado al grupo por simple casualidad. Aquellos que, antes de su llegada, eran el "Duo Errante", en uno de sus múltiples asaltos habían salvado a la pequeña de una amarga experiencia... En esa niña habían encontrado la seriedad y el temor que quizás ambos necesitaban, ella se había transformado muchas veces en la voz de la razón, el límite necesario para una mujer que se dejaba llevar por la velocidad de sus impulsos y un tipo cuyo carácter no era más que una serie de barreras que le impedían al resto conocer sus verdaderos sentimientos. Min era la ilusión de una familia constituida y quizás la promesa de un futuro de más esplendor. Sin duda alguna aquellos tres formaban un incipiente equipo de problemáticos, un grupo que lograba complementarse muy bien y que poco a poco, con sus limitadas habilidades, se estaban posicionando dentro de la amplia gama de criminales buscados a lo largo del amplio mundo shinobi. Para efectos del famoso libro, no eran más que un peligro de rango A, siendo sujetos que escapaban de la media pero que tampoco representaban una amenaza significativa .-¡Achis!.- De improviso Nao estornudó, como si de alguna manera supiese que en otro lugar del mundo se hablaba de ellos.
Pasado un tiempo, ya cerca de las 14:00 pm, el grupo había decidido tomar un descanso en medio de lo que parecían ser ruinas de una antigua aldea en la zona, probablemente aquellos no eran más que los registros de los muchos conflictos que se habían vivido en los últimos años o simplemente un grupo social que no había logrado adaptarse al avance del tiempo. Estaban justo en un claro en medio del bosque y su meta era continuar en dirección al norte. Aun les faltaba gran tramo para siquiera considerar estar cerca de Iwagakure por lo que tampoco se les veía presurosos en continuar. ¿Es que acaso eran conscientes de lo que podría ocurrir? ¿Caerían víctimas de la inexperiencia? Probablemente ninguno de ellos tres estaba completamente acostumbrado a ser constantemente perseguidos. Aquellos Errantes poco a poco comenzarían a pagar el precio de la fama y el reconocimiento puesto que ya en Konoha y dentro del mismo País de la Tierra, muchos se encontraban pidiendo justicia en razón de los múltiples robos con resultado de asesinato. La delgada línea de la libertad estaba en juego... Aquellos que no conocían límites quizás estaban cerca de encontrar su primera barrera en el mundo delictual.
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