10-09-2026, 06:58 PM
06 de Otoño del 150
Caminando.
Pedralba no tardó demasiado en volverse pequeña.
Apenas habían transcurrido unos días desde su llegada y todavía había nombres que no asociaba correctamente, senderos cuyos cruces no había memorizado del todo y costumbres que apenas comenzaba a comprender, tan nuevas todavía como cuando las había visto por primera vez. Pero una villa levantada entre pendientes, huertos y peñascos podía recorrerse con relativa facilidad cuando se prestaba suficiente atención; bastaba alcanzar uno de sus puntos más elevados para abarcar buena parte del lugar con la mirada.
Durante aquellos días descubrió nuevas formas de organizarse. Aprendió de los lugareños una especie de lenguaje silencioso, hablado a través de costumbres que se repetían y perpetuaban entre sus hábitos y celebraciones.
Su visita, sin embargo, no era para esas cosas, y Amida ya había marcado el nuevo destino.
—Nos iremos al monasterio, Hachi.
Fueron sus únicas palabras antes de comenzar a empacar.
Según la información que había reunido, aquel lugar histórico era más que un sitio recóndito entre las montañas. Allí se conservaban registros, mapas y conocimientos acumulados durante generaciones; información que podía resultar útil para alguien que pretendiera conocer mejor el país. Sin mencionar que alcanzar un sitio semejante podía convertirse, por sí mismo, en un buen entrenamiento para su hijo.
Hachibi mantuvo la mirada sobre su padre durante dos segundos, tal vez tres.
No obtuvo mayor explicación, por lo que simplemente lo imitó.
Ambos desayunaron en la posada una última vez, se aprovisionaron de agua y alimentos para el viaje y partieron.