Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kinzo modo seguro
忍 SG
知
¿Sabías que… los Yuki comenzaron como una familia de investigadores y alquimistas?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
« Anterior 1 2 3 4 5 … 7 Siguiente »
  ›   [Común] El Aroma del Té y el Filo del Acero
Responder
El Aroma del Té y el Filo del Acero
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
Enlace al Post
23-08-2026, 02:26 PM
El olor a madera vieja, polvo de papel de arroz y óxido de hierro fresco impregna el pequeño local de dos plantas situado en una de las esquinas más tranquilas del distrito comercial de Konoha. Akira cruza el umbral con las manos en los bolsillos de su túnica oscura, dejando que la pesada cortina de lino se deslice a su espalda para cortar el murmullo de la calle. Tras él, con un paso elegante y deliberado, Makey atraviesa la puerta. El gato sacude las orejas y detiene su marcha sobre las tablas recién enceradas del suelo; la luz de la tarde que se cuela por el ventanal frontal se quiebra en su rostro, encendiendo un destello de un azul celeste glacial en el ojo derecho y un violeta profundo e iridiscente en el izquierdo.

—Bien, Makey. Oficialmente ya no tenemos dónde caernos muertos, pero al menos este lugar tiene potencial —murmura Akira, recorriendo con la mirada el amplio espacio vacío que pronto se convertirá en su refugio y su negocio—. ¿Qué te parece? ¿Ves futuro aquí o crees que terminaremos comiendo arroz con sal antes de que termine el mes?

Makey emite un maullido seco, un sonido grave que resuena en la estancia vacía antes de dar un salto ágil para posarse sobre el alféizar de la ventana. Desde allí, con el ojo celeste fijo en el exterior y el violeta vigilando el interior, el felino parpadea con parsimonia, como si estuviera evaluando los metros cuadrados con ojo crítico.

—No pongas esa cara. Sé lo que estás pensando: un Hyūga metido a comerciante de té y chatarra metálica suena a broma de mal gusto para los ancianos del clan —continúa Akira, esbozando una sonrisa torcida mientras camina hacia el fondo del local, donde una escalera de madera cruje bajo sus botas—. Pero prefiero mil veces limpiar tazas y afilar kunais bajo mi propio techo que seguir sonriendo en mesas donde solo se habla de linajes y pureza de sangre. Aquí las reglas las ponemos nosotros.

El local ha sido concebido con una dualidad muy clara, un reflejo exacto de su propia mentalidad. La planta baja estará destinada al salón de té: mesas bajas de madera pulida, cojines de lino oscuro y el aroma constante a hojas de matcha, jazmín e infusiones terrosas que invitarán a los shinobi de paso a buscar un respiro lejos del estrés de las misiones. Pero al cruzar hacia la parte trasera, o al levantar los paneles de madera noble del mostrador, el aire cambiará por completo. Ahí se alzarán los estantes de acero y nogal para exhibir armas de filo impecable —tantōs equilibrados al milímetro, espadas kunai de doble hoja y herramientas tácticas diseñadas para quienes entienden el combate sin florituras—, junto a una cuidada selección de coleccionables, pergaminos antiguos y curiosidades que Akira ha ido recopilando en sus viajes por los límites de la aldea.

Makey baja del alféizar con un movimiento fluido y camina hasta el centro de la sala, sentándose con elegancia sobre sus patas traseras y lanzándole a su dueño una mirada fija y penetrante.

—¿Qué pasa? ¿Crees que la parte de las colecciones de rarezas no va a despegar? —pregunta Akira, cruzándose de brazos y adoptando un tono de falso reproche—. Te recuerdo que hay todo un mercado de genins excéntricos y chunins aburridos dispuestos a pagar bien por un buen juego de dados shinobi o una réplica de pergamino táctico. Además, el té atraerá a la gente, y los metales les darán razones para quedarse. Es un negocio redondo.

El gato emite un ronroneo áspero, un murmullo que parece una mezcla de aprobación y escepticismo, antes de estirar las patas delanteras y bostezar con desgana.

—Descansa mientras puedas, viejo —concluye Akira, exhalando un suspiro profundo mientras pasa una mano por la superficie lisa del futuro mostrador, sintiendo el grano de la madera bajo sus dedos—. Mañana empezaremos a traer las cajas, a montar los estantes y a perfumar este lugar para que deje de oler a abandono. A partir de ahora, este es nuestro bastión.
[Imagen: JK2RddW.png]
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)