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  ›   [Común] Misión Rango C // Capullos
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Misión Rango C // Capullos
Raito Yamanaka
Rango Genin
Clan Yamanaka
Nivel 4
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia35(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu13
Sigilo9
275
305
Enlace al Post
20-08-2026, 08:04 PM
El aire matutino del Distrito Comercial de Konoha, habitualmente impregnado del aroma a pan fresco y té recién colado, amaneció viciado por un hedor seco y áspero, similar al polvo acumulado durante décadas en una buhardilla olvidada.

Las puertas de "Textiles del Valle", una de las boutiques de sastrería y confección más prestigiosas y acaudaladas de la aldea, permanecían abiertas de par en par. Sin embargo, no había clientes esperando en la entrada. En su lugar, un pequeño grupo de aldeanos curiosos se agolpaba a una distancia prudencial, contemplando con asombro la nube grisácea y densa que se filtraba hacia la calle desde los ventanales principales.

Al cruzar el umbral del establecimiento, la escena rozaba lo irreal. Los fardos de seda importada, las chaquetas de lino y los trajes bordados en hilo de oro que solían exhibirse en los maniquíes de madera aparecían desgarrados, roídos por miles de mandíbulas invisibles. Una densa marea de polillas grisáceas, de un tamaño inusualmente grande y alas cubiertas por un polvillo sofocante, revoloteaba en patrones erráticos por todo el salón, cubriendo el techo como una alfombra viva en permanente movimiento.

Al fondo del local, arrinconado contra el mostrador principal, el dueño del negocio temblaba mientras intentaba espantar a los insectos con un plumero destrozado. Al ver la presencia de los shinobi, el comerciante buscó refugio tras ellos y comenzó a murmurar con la voz quebrada por la paranoia y la rabia: —¡Esto no es un accidente natural, se los juro! Fue ese infeliz de la tienda vecina, "Sedas de la Luna"... ¡Lleva meses amenazándome con que se quedaría con todos mis clientes! Es el único capaz de una vileza como esta —.

El hombre señaló con mano temblorosa hacia la parte posterior del establecimiento, la zona reservada para el vestuario del personal y la bodega de insumos. Allí, el aire se volvía aún más denso y pesado, impregnado de una fina capa de hilos blanquecinos que se pegaban a la piel al pasar.

Adherido con firmeza sobre los casilleros metálicos del personal, extendiéndose como una deformidad orgánica hasta tocar el techo, se encontraba el centro de la infección: un capullo grotesco de casi un metro de largo, tejido con una seda gruesa, opaca y de tonalidades purpúreas. La estructura latía de forma tenue pero constante, emitiendo un chasquido hueco en su interior con cada pulsación. Entre los escombros de tela destruida a los pies del capullo, el brillo de un pequeño frasco de vidrio roto con un residuo sospechoso parecía confirmar las palabras del propietario.

Antes de que los ninjas pudieran inspeccionar de cerca la criatura, una carcajada sonora resonó desde la entrada del local. Un sujeto elegantemente vestido con túnicas de seda reluciente, el mismísimo dueño de "Sedas de la Luna",  entró al establecimiento con paso lento, mirando a su alrededor con una sonrisa de burla mal disimulada.

—Vaya, vaya... ¿pero qué tenemos aquí? ¡Qué tragedia tan desgarradora! —exclamó el recién llegado, fingiendo una falsa conmoción mientras se acomodaba las mangas— Qué lástima por tu inventario, vecino. Con todo tu local hecho trizas, me temo que no te quedará más remedio que cerrar por la temporada... Lo que significa que toda la alta clientela de Konoha no tendrá más opción que comprar en mi boutique. ¡Parece que el mercado finalmente reconoce el verdadero valor! —. 

El recién llegado cruzó los brazos con suficiencia, sin mostrar la menor empatía por el desastre frente a él, mientras el capullo en el fondo de la bodega emitía un vibrante crujido, como si estuviera a punto de rasgarse desde adentro.

Los shinobi se encontraban en un punto crítico: debían decidir si encarar e interrogar de inmediato al sospechoso que acababa de aparecer alardeando en la escena, priorizar la amenaza inminente del misterioso capullo gigante antes de que eclosionara, o dividirse para abordar ambos frentes al mismo tiempo.
Carina Aburame
Rango Genin
Clan Aburame
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu11
Sigilo14
320
425
Enlace al Post
21-08-2026, 01:59 PM
El olor fue lo primero que consiguió arrugarme la nariz. No porque fuera especialmente desagradable, había olido cosas considerablemente peores y algunas incluso de forma voluntaria, sino porque aquel aroma seco parecía meterse directamente en la garganta. Apenas crucé la entrada de Textiles del Valle levanté la mirada y durante unos segundos me olvidé completamente del comerciante, de sus acusaciones y probablemente también del compañero que habían decidido asignarme para aquella misión.

-Oh...

Miles de polillas. Mis labios comenzaron a curvarse lentamente en una sonrisa.

-Oh, esto es maravilloso.

Una de ellas pasó revoloteando cerca de mi rostro y seguí su movimiento girando sobre mis talones, observando el tamaño de sus alas, el polvo que desprendía y la forma errática en que se desplazaba. Había demasiadas. Muchísimas más de las que deberían haber podido aparecer en una sola noche. Miré los tejidos destruidos, después el techo cubierto de insectos y finalmente los restos de prendas desperdigados por el establecimiento.

-No, no, no. Esto no funciona así.

Levanté un dedo mientras comenzaba a caminar hacia el fondo. 

-Puedes tener huevos. Puedes tener larvas. Puedes tener pupas. Puedes tener adultos. Lo que no puedes tener es todo un desastre comercial de esta magnitud apareciendo de una noche para otra porque a un grupo de polillas se le ocurrió desayunar seda.

Entonces escuché al propietario acusar al vecino. Giré la cabeza hacia él. Luego hacia el recién llegado. Luego otra vez hacia el propietario.

-¿Tienen una rivalidad comercial?

La sonrisa creció.

-Qué divertido.

La aparición del dueño de Sedas de la Luna fue todavía mejor. Lo observé mientras hablaba, especialmente aquella satisfacción tan poco disimulada ante la destrucción del negocio vecino. Podía ser culpable. También podía ser simplemente un imbécil con un sentido de la oportunidad extraordinariamente malo. Ambas posibilidades resultaban interesantes.

-Tengo aproximadamente catorce preguntas para usted.

El crujido procedente de la bodega me interrumpió.

-Quince.

Giré inmediatamente hacia el sonido. El capullo hizo que todas las demás cosas dejaran de existir durante unos segundos. Me acerqué despacio, inclinándome ligeramente hacia delante mientras mis ojos recorrían aquella seda purpúrea desde la base hasta el punto donde alcanzaba el techo. Casi un metro. Pulsaciones. Sonido interno. Una estructura aparentemente próxima a completar algún tipo de proceso biológico. Mi cabeza comenzó a trabajar demasiado rápido. Capullo. Polillas adultas. Desarrollo acelerado. Sustancia desconocida. Frasco. Sabotaje. Mutación. ¿Estimulante metabólico? ¿Feromonas? ¿Alguna técnica? ¿Un organismo diferente utilizando a las polillas?

-Espera, espera, espera.

Sin apartar los ojos del capullo estiré una mano hacia un costado buscando instintivamente a mi compañero. Encontré su brazo, tiré suavemente de él para acercarlo y, completamente abstraída, intenté hundir los dientes sobre la manga a la altura de su antebrazo. Un mordisquito. Nada violento. Solo unos segundos. Cerré los ojos.
Mucho mejor.

-Gracias.

Lo solté como si aquello hubiese sido el comportamiento más normal del mundo y me agaché inmediatamente frente al frasco roto.

-No lo pises.

Mi tono cambió de golpe. Seguía sonriendo, pero ahora toda mi atención estaba concentrada en aquellos restos. No los tocaría directamente. Primero observaría el recipiente, buscando alguna etiqueta, inscripción, coloración particular o cualquier detalle que permitiera determinar qué había contenido. Después prestaría atención al residuo, intentando reconocer por su aspecto u olor si se trataba de algún compuesto que conociera. Por ahora mis Kikaichū permanecerían conmigo. Me moría de ganas de observar cómo reaccionaban ante aquellas polillas, pero precisamente por eso no pensaba arriesgarlos todavía. Introducir una colonia propia en un ecosistema alterado sin saber qué había causado la alteración era una manera magnífica de convertir una misión interesante en una estupidez. Volví a mirar el capullo.

-No lo rompan todavía.

Me incorporé despacio.

-Si esto produjo todas esas polillas, quiero saber cómo. Si no las produjo, quiero saber por qué están aquí. Y si lo que hay dentro no es una polilla entonces quiero verlo.

Solo entonces recordé al hombre de Sedas de la Luna. Giré la cabeza hacia él y lo señalé.

-Y usted tampoco se vaya. Después del capullo vienen mis quince preguntas. Probablemente sean veinte para entonces.
Narro - Hablo - Pienso
[Imagen: Firma-Carina.png]
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