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[Misión | D] Tres botes perdidos
Naoto
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia95(4)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu10
Sigilo15
430
370
Enlace al Post
09-08-2026, 11:45 PM
12 de Verano del año 150,
Puerto de Kirigakure
Misión autonarrada protagonizada por Naoto Heizu

Tres botes perdidos


La niebla todavía cubría buena parte del puerto de Kirigakure cuando Naoto llegó hasta los embarcaderos. No era nada fuera de lo común para aquella región, mucho menos durante las primeras horas de la mañana, pero volvía difícil distinguir cualquier cosa más allá de unos cuantos metros y transformaba las embarcaciones más alejadas en simples manchas oscuras balanceándose sobre el agua. Los trabajadores ya habían comenzado con sus tareas y el puerto poco a poco recuperaba su movimiento habitual, aunque existía cierta concentración de personas alrededor de uno de los muelles. Allí se encontraban los tres botes que habían aparecido durante la madrugada, atados de manera improvisada después de haber sido encontrados flotando sin rumbo. Eran pequeñas embarcaciones de pesca, bastante similares entre sí, desgastadas por el uso y todavía cargadas con buena parte de aquello que sus dueños habían llevado al mar.

Uno de los encargados se acercó cuando vio al shinobi. Primero observó su protector, después los vendajes que cubrían prácticamente todo su rostro y finalmente sus ojos. Esa última mirada se extendió un poco más de lo necesario antes de que el hombre carraspeara y señalara los barcos.

—El primero apareció antes del amanecer. Chocó contra uno de los pilotes y casi se nos vuelve a escapar. Los otros dos llegaron poco después desde la misma dirección —explicó, caminando junto a él hasta el borde—. No encontramos a nadie dentro.

Naoto bajó sin responder demasiado. En el primer bote encontró dos redes mojadas extendidas sobre el suelo, herramientas utilizadas para destripar pescado y una caja de madera con alimentos preparados para más de una persona. El arroz estaba frío, aunque no completamente reseco, y todavía quedaban restos de pescado cocinado y verduras dentro de pequeños recipientes. Algunas prendas permanecían guardadas bajo uno de los asientos y tampoco parecía faltar dinero ni nada que alguien pudiera considerar valioso. Todo estaba demasiado completo para tratarse de un abandono intencional. Naoto pasó entonces a las redes, apartando con cuidado algunos filamentos que se habían enredado entre sí. Apenas contenían pescado, pero estaban cargadas de algas y pequeños restos vegetales arrancados desde la raíz. Una de aquellas redes incluso conservaba adheridos pedazos de una superficie verdosa y húmeda que no tenía sentido encontrar en aguas profundas
.
—¿Había tormenta anoche?

—No —respondió el encargado desde arriba—. Mucho viento. Y niebla. Los pescadores dicen que durante algunas horas no se veía una mierda.

El segundo bote parecía haber pasado por algo parecido, aunque allí encontró otros detalles. Una cuerda gruesa había sido asegurada alrededor de la popa de una forma poco habitual y uno de sus extremos presentaba un corte limpio, como si alguien hubiese utilizado un cuchillo para desprenderla rápidamente. La funda de una herramienta permanecía vacía junto al resto del equipo. Cerca de ella, el agua acumulada en el fondo arrastraba barro, pequeñas conchas y restos de grava entre las tablas. Naoto se inclinó y apartó algunas cosas con los dedos enguantados hasta encontrar algo de mayor tamaño.
Una piedra.

No tenía nada de especial. Era pequeña, oscura y todavía estaba cubierta parcialmente de barro, pero no había llegado hasta allí flotando. Naoto la sostuvo durante unos segundos antes de devolverla junto al resto. Las tres embarcaciones no provenían del mar abierto, o al menos no durante sus últimos momentos ocupadas.
El tercer bote terminó de reforzar esa idea. Faltaba uno de sus remos y el restante se encontraba atravesado entre los asientos como si hubiese sido colocado allí con prisa. También había una mancha de sangre seca sobre uno de los bordes, pequeña, demasiado escasa para pensar inmediatamente en una muerte. Podía pertenecer a alguien que se hubiese abierto la mano, golpeado contra las rocas o recibido cualquier herida menor. Más interesante resultaban los raspones a lo largo del casco; eran recientes, varios se encontraban por debajo de la línea habitual del agua y recorrían la madera lateralmente, algo bastante compatible con una embarcación desplazándose sobre piedras.

Naoto regresó al muelle.

Desde allí observó nuevamente los tres botes, intentando ordenar lo que había encontrado mientras los trabajadores continuaban hablando a sus espaldas. No existían rastros claros de una pelea, nadie había robado las pertenencias y resultaba demasiado improbable que todos los ocupantes de tres barcos diferentes hubiesen caído al agua por accidente. Las redes cargadas de vegetación, el barro, las piedras y las marcas en los cascos hablaban de aguas poco profundas. La cuerda cortada podía haber servido para sujetar el bote a algún lugar antes de que alguien se viera obligado a liberarlo.

Fue entonces cuando reparó en un pequeño dibujo pintado junto a una de las popas. Tres líneas blancas, curvas y bastante desgastadas.

—¿Esto pertenece al puerto?

El encargado negó con la cabeza, pero otro hombre que cargaba una caja de pescado escuchó la pregunta y terminó acercándose.

—Eso es de los pescadores de Tsukihama —dijo después de observar el símbolo—. Un asentamiento costero hacia el norte. Son pocos. Casi todos pescan entre las ensenadas.

Naoto levantó la mirada hacia la costa.

Ya tenía una dirección.

Consiguieron una pequeña embarcación y uno de los trabajadores se ofreció a manejarla. Ambos avanzaron hacia el norte manteniéndose relativamente cerca de tierra, siguiendo la dirección desde la cual habían llegado los tres barcos durante la madrugada. La niebla comenzó a perder densidad con el paso de las horas, permitiendo distinguir mejor las pequeñas playas, salientes rocosos y entradas naturales que interrumpían aquella parte de la costa. Naoto prestaba especial atención a esas zonas. No buscaba simplemente personas; buscaba un lugar donde las marcas encontradas pudieran tener sentido.

Pasaron varias ensenadas hasta que algo apareció entre las rocas.

Un pedazo de red permanecía enganchado entre dos salientes, rasgado y cubierto de algas. Más arriba encontraron una cuerda atada alrededor de una formación rocosa cuyo extremo había sido cortado. Naoto pidió detenerse y descendió allí, avanzando por una zona húmeda donde todavía podían distinguirse algunas pisadas sobre el barro. Algunas eran profundas, otras apenas habían sobrevivido al agua. Había además restos de vegetación aplastada y otra soga extendida hasta una zona más elevada, posiblemente utilizada para ayudar a alguien a subir.

Las voces aparecieron poco después.

Cinco pescadores se habían refugiado entre las rocas, aprovechando una pequeña cavidad natural protegida del viento. Dos estaban completamente mojados, otro permanecía sentado con una pierna envuelta en una prenda utilizada como vendaje y los restantes comenzaron a incorporarse al escuchar pasos aproximándose. La presencia de Naoto no pareció tranquilizarlos inmediatamente. Entre la niebla, su cuerpo cubierto de vendas y el kimono oscuro no componían precisamente la imagen más amistosa posible. Uno incluso retrocedió antes de distinguir el protector de Kirigakure.

Naoto se detuvo a unos metros.

—Encontramos sus barcos.

Uno de los pescadores dejó escapar una carcajada nerviosa y se cubrió la cara con ambas manos, mientras otro comenzó a preguntar inmediatamente por el estado de las embarcaciones. El mayor del grupo terminó explicando lo sucedido. Habían regresado juntos durante la madrugada cuando la niebla empeoró y el viento los obligó a acercarse demasiado a la costa. Una corriente empujó primero uno de los barcos hacia una ensenada y los otros intentaron aproximarse para ayudar. Entre la poca visibilidad y las aguas bajas, los tres terminaron golpeando contra las rocas. Intentaron sujetarlos utilizando cuerdas y redes mientras descendían, pero uno de los hombres resbaló y se lastimó la pierna. Cuando la corriente volvió a llevarse las embarcaciones, uno de ellos tuvo que cortar una cuerda para evitar que otro pescador fuese arrastrado al agua. Las demás terminaron rompiéndose.

—Íbamos a caminar hacia Tsukihama cuando amaneciera bien —explicó el hombre, ayudando al herido a levantarse—. Pensamos que los barcos se perderían mar adentro.

Habían llegado bastante más lejos que ellos.

El regreso al puerto fue tranquilo. Los trabajadores ayudaron al pescador herido apenas desembarcaron y enviaron un aviso hacia Tsukihama informando que sus habitantes habían sido encontrados con vida. Naoto permaneció apartado mientras todo volvía lentamente a la normalidad, observando por última vez los tres pequeños botes que unas horas antes habían provocado tantas preguntas. No había piratas, secuestradores ni criaturas escondidas bajo el agua. Solo un accidente provocado por la niebla, una corriente inoportuna y varios pescadores que habían tenido suficiente sentido común como para abandonar sus pertenencias antes que arriesgar sus vidas intentando conservarlas.

No era una respuesta espectacular.

Tampoco necesitaba serlo.

Naoto terminó apartándose del muelle mientras los demás continuaban trabajando. Para él, encontrar una explicación sencilla seguía siendo preferible a permitir que aquello desconocido permaneciera demasiado tiempo sin comprender.

La misión había terminado.
Masashi Kishimoto
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10-08-2026, 12:14 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión | D] Tres botes perdidos (TID 14498)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Naoto — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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10-08-2026, 12:15 AM
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Este tema ha sido cerrado.
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