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  ›   [Misión Simple] [Autonarrada D] El loro bocón.
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[Autonarrada D] El loro bocón.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
18-07-2026, 01:39 PM
Kirigakure no Sato
Año 150 - Día 12 de Primavera


El Puerto Funato despertaba mucho antes que el sol. Cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse bajo una espesa capa de nubes, las primeras embarcaciones ya regresaban con las bodegas repletas y las redes chorreando agua salada. El golpe constante de los cascos contra los pilotes se mezclaba con el graznido de las gaviotas y las voces de los pescadores que negociaban la venta del día incluso antes de tocar tierra. El aire estaba cargado del aroma a sal, algas, madera húmeda y pescado fresco, un olor que para muchos resultaba desagradable, pero que para Orión Hoshigaki significaba simplemente hogar.

El enorme shinobi caminaba entre los muelles con la calma habitual. Cada paso hacía crujir las viejas tablas de madera mientras un pequeño trozo de rama seca descansaba entre sus dientes, costumbre que mantenía desde hacía años sin siquiera ser consciente de ello. Contaba cada pisada en silencio, dejando que el sonido del océano marcara el ritmo de su marcha. No tenía prisa. Nunca la tenía. El mar jamás corría para llegar a la costa.

El pergamino de misión apenas ocupaba unas pocas líneas. Un comerciante necesitaba escolta para transportar una mercancía especialmente valiosa desde el puerto hasta una residencia ubicada en uno de los barrios acomodados de Kirigakure. Nada hacía pensar que se tratara de una misión complicada, aunque la experiencia le había enseñado que las tareas aparentemente sencillas eran las que más terminaban desviándose de lo esperado.

El almacén señalado en el informe era una construcción antigua levantada junto al agua, con paredes oscuras por la humedad y grandes puertas de madera abiertas de par en par. En su interior se acumulaban barriles, redes, cajas y jaulas cubiertas por lonas, mientras un hombre bajo y rechoncho caminaba de un lado a otro con evidente nerviosismo. Apenas distinguió la enorme silueta azul del Hoshigaki, dejó escapar un suspiro de alivio.

-¡Gracias a los mares! Pensé que mandarían a un genin cualquiera.

Orión simplemente inclinó la cabeza a modo de saludo. El comerciante lo condujo hasta una enorme jaula cubierta por una tela azul descolorida. Dudó unos segundos antes de retirar la manta, como si incluso él temiera lo que pudiera suceder después. Dentro descansaba un loro de plumaje verde intenso, pecho amarillo y largas plumas azuladas que caían elegantemente detrás de la cola. El ave permaneció inmóvil durante un instante, observando con curiosidad al gigantesco shinobi.
Entonces abrió el pico.

-¡Qué tiburón más feo!

Las carcajadas no tardaron en llegar desde el exterior del almacén. Algunos estibadores habían escuchado perfectamente el comentario y asomaban la cabeza por la puerta intentando descubrir quién había sido. Orión permaneció completamente inmóvil. El comerciante se llevó una mano a la frente.

-Él es Kenta.

-¡Y vos seguís debiéndole dinero al pescadero!

- ¡Kenta!

- ¡No me pegues, viejo miserable!

Las risas aumentaron todavía más. El hombre respiró profundamente antes de volver a dirigirse a Orión, intentando ignorar por completo los comentarios del ave.

-Como verá, habla demasiado. Escucha una conversación una sola vez y es capaz de repetirla meses después con la misma voz, el mismo tono y hasta las mismas pausas. Por eso hay gente dispuesta a pagar una fortuna por él.

Como si quisiera demostrarlo, el loro cambió completamente el timbre de su voz.

-"Escondé el sake debajo del suelo. Los inspectores nunca revisan ahí."

El comerciante quedó blanco.

-Eso, eso fue hace años.

-¡Y seguís escondiéndolo en el mismo lugar!

Orión desvió lentamente la mirada hacia unas tablas del piso.

El dueño tragó saliva.

-No, no mire ahí.

El Hoshigaki volvió a morder la madera. El crujido seco fue la única respuesta que recibió el comerciante. Tras unos minutos de explicaciones, el hombre terminó entregándole la jaula. Para él resultaba demasiado pesada como para recorrer toda la ciudad, pero Orión la levantó con una sola mano sin mostrar el menor esfuerzo. El recorrido apenas atravesaba parte del Puerto Funato antes de dirigirse hacia los canales principales de Kirigakure. Una misión sencilla. Al menos sobre el papel.

Apenas abandonaron el almacén, Kenta comenzó a observar todo cuanto ocurría a su alrededor. Parecía incapaz de permanecer callado más de unos segundos.

- ¡Ese pescado es de ayer!

Un cliente se giró inmediatamente hacia el vendedor señalado.

- ¡Mentiroso!

Gritó el comerciante ofendido.

Continuaron caminando.

- ¡Ese marinero tiene dos esposas!

Una mujer dejó caer la cesta que llevaba entre las manos. El aludido salió corriendo sin mirar atrás.
Orión seguía avanzando con la misma tranquilidad de siempre, completamente ajeno al caos que el ave iba sembrando a su paso. Unos metros más adelante, Kenta volvió a gritar.

- ¡Inspector de impuestos!

Tres comerciantes comenzaron a esconder mercancía debajo de los mostradores casi al mismo tiempo. El loro soltó una carcajada aguda, claramente satisfecho con el resultado. Durante varios minutos intentó obtener alguna reacción del enorme Hoshigaki.

- ¿Nunca hablás?

Silencio.

- ¿Te comieron la lengua los tiburones?

Ninguna respuesta.

- ¡Qué aburrido!

El puerto continuó desfilando frente a ellos mientras la niebla comenzaba a disiparse lentamente sobre el agua. Orión mantenía el mismo ritmo constante, ignorando por completo cada una de las provocaciones. Aquello parecía frustrar al loro, que terminó guardando silencio por primera vez desde que había comenzado el viaje. El Hoshigaki creyó que finalmente se había cansado. Entonces, con una voz completamente distinta, grave, envejecida y extrañamente familiar, el ave habló una vez más.

- El mar siempre devuelve aquello que todavía tiene una historia por contar.

Orión detuvo el paso. Muy despacio giró la cabeza hacia la jaula. Aquella frase no pertenecía a ningún refrán popular del País del Agua. Era una de las enseñanzas que su padre repetía durante las largas jornadas de pesca cuando ambos esperaban pacientemente a que el océano decidiera recompensarlos. Muy pocas personas la habían escuchado alguna vez. Kenta ladeó la cabeza, observó fijamente al Hoshigaki durante unos segundos y finalmente dejó escapar una estridente carcajada.

- ¡Ja, ja, ja! ¡Cara de pescado!

Orión retomó la marcha sin decir una sola palabra. Sin embargo, por primera vez desde que había aceptado aquella misión, sintió que el viaje acababa de dejar de ser una simple escolta. Había algo en aquel loro que el mar todavía no estaba dispuesto a revelar.

El camino continuó bordeando los canales principales de Kirigakure mientras la actividad del puerto iba quedando lentamente atrás. Las voces de los pescadores fueron sustituidas por el sonido del agua golpeando las bases de los puentes y el rumor lejano de las embarcaciones que cruzaban la ciudad. Orión mantenía el mismo paso firme de siempre, sosteniendo la jaula con una sola mano, sin demostrar cansancio alguno. A su lado, el comerciante caminaba mucho más tranquilo al comprobar que nadie parecía seguirlos.

Después de aquel extraño comentario sobre el mar, Kenta volvió a convertirse en el ave insoportable de siempre. Silbaba melodías desafinadas, imitaba el maullido de los gatos que descansaban sobre los tejados y repetía insultos al azar contra cualquier persona que pasara cerca. Un anciano terminó persiguiendo al comerciante con un bastón convencido de que había sido él quien lo había llamado "bacalao arrugado", mientras un grupo de niños reía a carcajadas siguiendo a la comitiva durante varias calles.

Orión no modificó su expresión en ningún momento. Simplemente continuó avanzando. Si el loro buscaba sacarlo de quicio, estaba desperdiciando el esfuerzo. Apenas cruzaron el último puente antes de entrar al barrio residencial, tres hombres aparecieron bloqueando el camino. Vestían ropas sencillas y fingían ser cargadores, pero la forma en que distribuían el peso sobre sus piernas y la manera en que observaban la jaula resultaban demasiado familiares para cualquiera acostumbrado a las misiones.

-Bonito pájaro.

El comerciante tragó saliva.

-No, no está en venta.

Uno de los desconocidos sonrió.

-Qué casualidad nosotros tampoco pensamos pagarlo.

Los tres avanzaron apenas un paso. Orión no dijo una palabra. Simplemente dejó la jaula en el suelo con el mismo cuidado con el que alguien apoyaría una vasija de porcelana. Después dio un paso al frente. Su enorme sombra cubrió por completo el ancho del callejón. Los hombres se miraron entre sí. Recién entonces parecieron comprender el tamaño del shinobi que tenían delante. Uno de ellos intentó mantener la valentía.

- No queremos problemas…

Orión continuó caminando hacia ellos. Otro paso. El suelo de piedra resonó bajo el peso del Hoshigaki. Otro más. El más joven comenzó a retroceder.

- Creo que podemos buscar otro loro.

Sin necesidad de desenvainar un arma, sin levantar los puños y sin pronunciar una sola amenaza, los tres terminaron dándose media vuelta y desapareciendo calle abajo tan rápido como habían aparecido. El comerciante permaneció inmóvil durante unos segundos antes de dejar escapar el aire que llevaba conteniendo desde hacía rato.

- Jamás pensé que alguien pudiera espantar ladrones solo caminando.

Orión recogió nuevamente la jaula y retomó la marcha como si nada hubiera ocurrido. Kenta observó la escena en absoluto silencio. Aquello duró exactamente cinco segundos.

- ¡Cobardes! ¡Volvé, pelado!

Los tres hombres aceleraron todavía más la huida. El resto del trayecto transcurrió sin mayores incidentes. La residencia del comprador se alzaba sobre uno de los canales más tranquilos de Kirigakure, protegida por un pequeño jardín de piedra y un embarcadero privado. Un anciano de aspecto refinado salió a recibirlos acompañado por dos sirvientes que inmediatamente se hicieron cargo de la jaula.

Kenta giró la cabeza hacia Orión antes de ser retirado. Por primera vez desde que lo conocía, el loro no gritó. No insultó. Ni imitó ninguna voz. Simplemente inclinó ligeramente el pico.

- Buen viaje, tiburón.

Después desapareció tras la puerta de la residencia. El comerciante entregó la recompensa acordada y agradeció la escolta una docena de veces antes de marcharse, aliviado de haber completado el encargo sin perder a su peculiar compañero de viaje.

Orión permaneció unos instantes observando el canal que corría frente a la casa. El agua avanzaba lenta, reflejando la tenue luz de la tarde sobre la superficie. Introdujo una mano en el bolsillo, sacó el pequeño trozo de madera que había estado mordiendo durante todo el recorrido y lo lanzó al canal. La corriente lo arrastró despacio hasta perderlo de vista.

-Hay peces que hacen más ruido que las olas y, aun así, terminan siguiendo la corriente.

Con aquella ridícula reflexión, propia de un Hoshigaki que parecía encontrar filosofía hasta en las situaciones más absurdas, dio media vuelta y emprendió el regreso hacia el Puerto Funato. Aquella misión había terminado sin un solo golpe, pero Orión estaba convencido de una cosa, prefería enfrentarse a un oso hambriento antes que volver a escoltar un loro que hablaba demasiado.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Masashi Kishimoto
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18-07-2026, 07:14 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Autonarrada D] El loro bocón. (TID 14042)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Orión — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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