15-07-2026, 07:33 PM
Última modificación: 15-07-2026, 07:34 PM por Akira Hyuuga.
Nombre de la Misión: Travesura en los Tejados
Rango y Tipo de la Misión: Misión Simple - Rango E
[*]Fecha y Lugar: Día 45 del Verano del año 150, Distrito Comercial de Konoha.
[*]Cantidad de Usuarios: Adarel Hyūga, Akira Hyuuga (Narrador)
[*]Cantidad máxima de horas por ronda:flexible
[*]APROBADA AQUI
El calor estival del año 150 se sentiría como un manto pesado y sofocante sobre el Distrito Comercial de Konoha. El aire, denso y saturado por el aroma a incienso, carne asada y el sudor de la multitud, vibraría bajo la luz implacable del sol, creando espejismos que harían oscilar las siluetas de los edificios. El bullicio habitual del mercado se vería interrumpido de forma violenta por el eco metálico de un estallido de práctica, seguido por una secuencia de ladridos agudos y erráticos que rebotarían entre las tejas superiores, delatando el caos que tres cachorros ninken estarían sembrando en las alturas.
En la base de un edificio de muros ocres, una joven del clan Inuzuka de unos diecinueve años se encontraría apoyada contra la fachada, con las rodillas flexionadas y el pecho subiendo y bajando en espasmos rápidos. Sus ojos, de un tono ámbar intenso y salvaje, estarían inyectados en sangre por la frustración, escaneando los aleros con una ansiedad que le haría apretar los puños hasta que sus nudillos se tornaran blancos. Su cabello castaño, alborotado y sujeto con una coleta alta que desafiaría la gravedad, se le pegaría al cuello sudoroso, y sus mejillas lucirían las marcas rojas distintivas de su clan, ahora acentuadas por una expresión de desesperación absoluta. Vestiría un gi de combate desgarrado en el dobladillo y cubierto por el polvo de la persecución, mientras sus manos, pequeñas pero fuertes, estrujarían una bolsa de tela que desprendería un olor penetrante a carne seca y bocadillos especiales, atrayendo moscas que ella espantaría con movimientos bruscos y erráticos.
Al vislumbrar la figura de Adarel Hyūga acercándose entre la multitud, la joven se incorporaría de un salto, ignorando el dolor evidente en sus pantorrillas. Se abriría paso entre los mercaderes con un empujón poco protocolario y, al situarse frente al shinobi, señalaría con un dedo tembloroso hacia el tejado, donde tres figuras diminutas de pelaje grisáceo se moverían con nerviosismo entre las chimeneas y los conductos de ventilación.
—¡Tú, Hyuga! —exclamaría ella, con la voz ronca y quebrada por el esfuerzo, mientras sus ojos ámbar buscarían los de Adarel con una urgencia eléctrica—. ¡Han perdido la cabeza por culpa de ese maldito papel bomba de práctica! Están ahí arriba, aterrorizados y saltando sobre la mercancía de los civiles. Si alguien intenta atraparlos por la fuerza, se lanzarán al vacío sin pensarlo. No confían en nadie que no huela a su clan, pero tú… tú podrías acercarte sin que se conviertan en un desastre material. ¡Ayúdame a bajarlos antes de que se fracturen algo o que el jefe del recinto me haga pagar cada teja rota! ¡Por favor!
Ella soltaría la bolsa de bocadillos, permitiendo que un aroma a vísceras se expandiera por el aire caliente, y retrocedería un paso, dejando el campo de visión del tejado despejado para Adarel. Los cachorros, arriba, aguzarían sus orejas al notar la presencia nueva, erizando el pelo del lomo mientras sus ojos oscuros medirían la distancia hasta el siguiente saliente, dejando la decisión final —y la resolución del conflicto— en manos del Hyūga.
Rango y Tipo de la Misión: Misión Simple - Rango E
[*]Fecha y Lugar: Día 45 del Verano del año 150, Distrito Comercial de Konoha.
[*]Cantidad de Usuarios: Adarel Hyūga, Akira Hyuuga (Narrador)
[*]Cantidad máxima de horas por ronda:flexible
[*]APROBADA AQUI
El calor estival del año 150 se sentiría como un manto pesado y sofocante sobre el Distrito Comercial de Konoha. El aire, denso y saturado por el aroma a incienso, carne asada y el sudor de la multitud, vibraría bajo la luz implacable del sol, creando espejismos que harían oscilar las siluetas de los edificios. El bullicio habitual del mercado se vería interrumpido de forma violenta por el eco metálico de un estallido de práctica, seguido por una secuencia de ladridos agudos y erráticos que rebotarían entre las tejas superiores, delatando el caos que tres cachorros ninken estarían sembrando en las alturas.
En la base de un edificio de muros ocres, una joven del clan Inuzuka de unos diecinueve años se encontraría apoyada contra la fachada, con las rodillas flexionadas y el pecho subiendo y bajando en espasmos rápidos. Sus ojos, de un tono ámbar intenso y salvaje, estarían inyectados en sangre por la frustración, escaneando los aleros con una ansiedad que le haría apretar los puños hasta que sus nudillos se tornaran blancos. Su cabello castaño, alborotado y sujeto con una coleta alta que desafiaría la gravedad, se le pegaría al cuello sudoroso, y sus mejillas lucirían las marcas rojas distintivas de su clan, ahora acentuadas por una expresión de desesperación absoluta. Vestiría un gi de combate desgarrado en el dobladillo y cubierto por el polvo de la persecución, mientras sus manos, pequeñas pero fuertes, estrujarían una bolsa de tela que desprendería un olor penetrante a carne seca y bocadillos especiales, atrayendo moscas que ella espantaría con movimientos bruscos y erráticos.
Al vislumbrar la figura de Adarel Hyūga acercándose entre la multitud, la joven se incorporaría de un salto, ignorando el dolor evidente en sus pantorrillas. Se abriría paso entre los mercaderes con un empujón poco protocolario y, al situarse frente al shinobi, señalaría con un dedo tembloroso hacia el tejado, donde tres figuras diminutas de pelaje grisáceo se moverían con nerviosismo entre las chimeneas y los conductos de ventilación.
—¡Tú, Hyuga! —exclamaría ella, con la voz ronca y quebrada por el esfuerzo, mientras sus ojos ámbar buscarían los de Adarel con una urgencia eléctrica—. ¡Han perdido la cabeza por culpa de ese maldito papel bomba de práctica! Están ahí arriba, aterrorizados y saltando sobre la mercancía de los civiles. Si alguien intenta atraparlos por la fuerza, se lanzarán al vacío sin pensarlo. No confían en nadie que no huela a su clan, pero tú… tú podrías acercarte sin que se conviertan en un desastre material. ¡Ayúdame a bajarlos antes de que se fracturen algo o que el jefe del recinto me haga pagar cada teja rota! ¡Por favor!
Ella soltaría la bolsa de bocadillos, permitiendo que un aroma a vísceras se expandiera por el aire caliente, y retrocedería un paso, dejando el campo de visión del tejado despejado para Adarel. Los cachorros, arriba, aguzarían sus orejas al notar la presencia nueva, erizando el pelo del lomo mientras sus ojos oscuros medirían la distancia hasta el siguiente saliente, dejando la decisión final —y la resolución del conflicto— en manos del Hyūga.