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[Autonarrada Rango D] La campana del templo que no debía sonar
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo14
410
500
Enlace al Post
13-07-2026, 06:02 PM
29 de primavera. Año 150.

La misión llegó a Kyōraku Senju en un pergamino pequeño, limpio y profundamente ofensivo.

Misión Rango D
Asistencia en labores de mantenimiento ceremonial.
Templo menor del distrito norte.
Retiro, limpieza e inspección de campana antigua previa a ceremonia local.

Kyōraku leyó la descripción una vez. Luego una segunda. No cambió. Siguió siendo exactamente igual de absurda. El templo quedaba en una zona tranquila de Konoha, lejos del ruido de los mercados y de las avenidas principales. Un sendero de piedra subía entre arboles viejos, faroles apagados y cintas de oración que se agitaban suavemente con el viento. Al final del camino, una estructura de madera oscura sostenía una campana ceremonial bajo un pequeño techo inclinado, apoyado sobre cuatro vigas robustas de pintura roja, opaca ya por el paso del tiempo.

La campana era grande. Antigua y pesada. Cubierta de polvo, hojas secas, nidos abandonados y tiras de papel gastadas por la lluvia.

El monje encargado lo esperaba bajo la sombra del pórtico. Sus ojos parecían cerrados en dos líneas horizontales y curvas. Aun así, daba la incómoda impresión de verlo todo. Mantenía las manos ocultas dentro de las mangas y una sonrisa tan serena que a Kyōraku le resultó inmediatamente sospechosa.

- Ah, el joven shinobi enviado por la aldea. Te doy la bienvenida.

Kyōraku inclinó apenas el mentón.

- Excelente… - Continuó el monje con pasmada serenidad – La campana debe limpiarse antes de la ceremonia de esta noche. Sin golpes innecesarios, sin dañar las inscripciones y, por supuesto, sin hacerla sonar.

El Senju levantó la mirada hacia la campana. Después volvió a mirar al monje. - ¿Sin hacerla sonar? – Preguntó incomodo por el absurdo.

- Exacto – Hubo una pausa. El viento movió las cintas viejas.

- Es una campana – Dijo Kyōraku.

- Precisamente – El monje sonrío con más tranquilidad.

Kyōraku respiro profundamente, paciencia, disciplina, control. La tarea parecía simple en concepto y molesta en ejecución. Subir a la estructura, retirar la suciedad, limpiar el bronce, revisar las cuerdas, comprobar la madera y bajar sin convertir el templo en un espectáculo.

El primer problema apareció al tocar la escalera – Dicen que esta maldita – La voz llegó desde detrás de un árbol.

Kyōraku giró la cabeza. Tres niños lo observaban desde el sendero. Uno llevaba una rama como espada, otro sostenía un cascabel. La tercera tenia la expresión solemne de quien acababa de inventar una mentira y planeaba defenderla hasta la muerte.

- No lo está. Es solo una campana – Respondió sorprendido de haberse tomado el tiempo de contestarles.

- Si lo está.

- No

- Mi abuela dijo que, si suena antes de la ceremonia, el espíritu de la campana se enoja.

Kyōraku miró la campana. Luego al niño – Tu abuela… - se inclinó su cuerpo para quedar más cerca de su altura, aunque todavía los separaba la distancia de la plataforma. – ¡Tu abuela es una tonta!

El monje carraspeo detrás de él, apareciendo sin que el shinobi advirtiera su llegada – Joven Senju… - El reproche fue gentil. Casi una enseñanza.

Kyōraku exhaló – Tu abuela exagera –

Los niños intercambiaron una mirada, una mala mirada. La clase de mirada que precedía al crimen organizado de baja estatura.

Kyōraku subió la escalera sin dedicarles mas atención. La madera crujió bajo su peso. El olor a polvo viejo y humedad le llenó la nariz cuando alcanzo la campana. De cerca, la pieza resultaba mas delicada de lo que parecía desde abajo. El bronce guardaba inscripciones finas, círculos concéntricos, pequeñas figuras de aves y flores grabadas alrededor del borde inferior.

No era una simple reliquia ruidosa. Era memoria. Un símbolo. Kyōraku respetaba eso. Aquello exigía cuidado. Tomó un paño húmedo y empezó a limpiar la superficie con movimientos lentos, firmes, siguiendo la dirección de los grabados. El polvo se desprendió en capas oscura. Las hojas secas cayeron una a una sobre el piso de madera, Un nido vacío salió del espacio entre la campana y la viga superior.

Tin… Tin…Tin…

Un cascabel sonó a sus espaldas. Kyōraku se detuvo, atrás de él los niños que aparecieron esta vez abajo, al final de la escalinata, fingieron mirar hacia otro lado.

Tin… Tin…Tin…

El cascabel volvió a sonar. – Si quieren conservar los dedos – Dijo Kyōraku volviéndose a la limpieza de la campana – Aléjense de la escalera

Los niños retrocedieron medio paso. Solo medio. Durante los siguientes minutos, el templo intentó probar la profundidad de su paciencia. Una cuerda se enredó en el soporte superior. El polvo cayó sobre su cabello. Una araña descendió frente a su rostro con la confianza de quien no conoce jerarquías. Uno de los niños escondió el cepillo de cerdas finas. Otro movía el balde unos centímetros cada vez que Kyōraku extendía la mano.

No era una campana embrujada, tan solo unos niños con demasiado tiempo libre intentando poner a prueba la paciencia de un Shinobi.

La mañana llego a su fin. La campana limpia. El polvo, retirado, las inscripciones, intactas.

Kyōraku descendió de la escalera con el paño doblado entre los dedos y el rostro tan impasible como al inicio de la jornada. Otra misión cumplida. O eso habría pensado cualquiera que no hubiera escuchado, al pasar el paño por el borde inferior de la campana, aquel sonido bajo, opaco y enfermo que el bronce devolvió apenas un instante.

Un sonido que no pertenecía a una campana limpia. Sino a una campana rota.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Moderador 2
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13-07-2026, 06:26 PM
Recompensas entregadas.
Kyoraku: 500 Ryos, 5 Tobis, 70 de Exp


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