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[D] Suministros Para el Puerto
Narrador 10
Rango Staff
Clan Terumi
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
30-06-2026, 11:46 AM
Dia 18 de Verano | Año 150 | Kirigakure no sato

El verano se hacía sentir desde las primeras horas del día sobre Kirigakure no Sato. La espesa neblina que acostumbraba a cubrir las calles se había disipado parcialmente, permitiendo que la luz del sol se filtrara entre los edificios de madera y piedra húmeda. El constante murmullo del agua recorriendo los canales de la aldea acompañaba la rutina de comerciantes, pescadores y trabajadores que iniciaban otra jornada de labores, aquella mañana, sin embargo, una tarea aparentemente sencilla requería de la supervisión de dos jóvenes shinobis.
 
En uno de los tablones de misiones había aparecido un encargo de rango D emitido por la administración portuaria. Diversos suministros debían ser trasladados desde un almacén ubicado en el sector comercial hasta un pequeño puerto pesquero situado varios kilómetros al sur de la aldea. Aunque el recorrido no representaba un gran peligro, el contenido de los cargamentos era importante para el funcionamiento diario del puerto y cualquier pérdida supondría retrasos para los pescadores que dependían de ellos.
 
Tras aceptar el encargo, ambos genin recibieron las indicaciones necesarias y fueron dirigidos al punto de encuentro. El almacén destacaba entre las demás construcciones por su tamaño. Sus amplias puertas permanecían abiertas mientras varios trabajadores terminaban de organizar cajas, barriles y sacos cuidadosamente apilados. El lugar olía intensamente a madera húmeda, cuerda recién trenzada y sal marina. Cerca de la entrada aguardaban dos robustas carretas de carga, cada una uncida a un caballo acostumbrado a recorrer aquel trayecto diariamente. Un hombre de mediana edad, con el cabello entrecano recogido bajo un pañuelo azul y una libreta de registros entre las manos, revisaba una lista mientras murmuraba números para sí mismo. Al notar la llegada de los jóvenes shinobis, levantó la vista y dejó escapar un suspiro que parecía mezclar alivio con cansancio.
 
—Ah, ustedes deben ser los ninjas enviados por la aldea. Me alegra verlos. Soy Daichi, encargado de este almacén. — Con gesto amable, aunque claramente apresurado, cerró la libreta y caminó hacia ellos. —Normalmente este trayecto transcurre sin problemas, pero últimamente hemos tenido algunos inconvenientes. Nada demasiado grave, cajas mal aseguradas, mercancía que termina mojándose por descuido, barriles que llegan golpeados o herramientas que simplemente desaparecen durante el viaje. No creemos que haya ladrones organizados, la mayoría parecen accidentes provocados por las prisas, aun así, los compradores no distinguen entre un accidente y una mala gestión. — Mientras hablaba, señaló el contenido de ambas carretas. Había sacos de arroz, harina y sal, varias cajas con utensilios para reparar embarcaciones, rollos de cuerda, redes de pesca perfectamente enrolladas, pequeños barriles de aceite para lámparas y algunos cajones marcados con un sello rojo que indicaban que contenían instrumental delicado para mantenimiento de los botes. Todo estaba sujeto mediante gruesas correas de cuero, aunque algunas parecían necesitar un último ajuste antes de partir.
 
Daichi volvió a consultar rápidamente su libreta. —Su labor será sencilla, acompañar el convoy hasta el puerto, asegurarse de que todo llegue en buenas condiciones y ayudar si surge cualquier inconveniente durante el recorrido. No espero que tengan que luchar contra nadie, pero unos ojos atentos siempre vienen bien cuando hay tanta mercancía de por medio. — El hombre dio un par de palmadas, haciendo que los dos carreteros terminaran los preparativos finales. Uno revisó las ruedas mientras el otro comprobaba el estado de los arneses de los caballos. El camino hacia el puerto atravesaba parte de la aldea antes de internarse por una ruta costera bordeada por pequeños bosques de bambú y varios puentes de madera que salvaban estrechos canales de agua. Era un recorrido conocido por los comerciantes locales, aunque el constante tránsito de personas obligaba a mantener la atención para evitar accidentes.
 
Todo parecía listo para iniciar la marcha. Solo restaba que los dos shinobis decidieran cómo organizarían la escolta y realizaran las comprobaciones que consideraran necesarias antes de que las carretas abandonaran el almacén rumbo al puerto pesquero.


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