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  ›   [Misión Simple] [D] Uno de Cinco (Autonarrada)
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[D] Uno de Cinco (Autonarrada)
Koga
Rango Genin
Clan Nara
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza5(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud9
Velocidad18
Tenketsu9
Sigilo9
390
465
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23-06-2026, 02:25 PM
La mañana en el Bosque de la Muerte era extrañamente tranquila. La luz del sol apenas lograba atravesar el denso techo de ramas, y la humedad se aferraba a los troncos y a las hojas como una segunda piel. Koga avanzaba entre la vegetación con pasos silenciosos, moviéndose de árbol en árbol sin hacer más ruido que el leve roce de sus sandalias contra la corteza. En una de sus manos sostenía el pequeño pergamino de la misión, ya leído una docena de veces. Uno de cinco. Cinco bandidos habían sido avistados en distintos puntos del País del Fuego, cada uno con habilidades diferentes. El suyo era un especialista en taijutsu, un hombre que había golpeado y robado a varios viajeros antes de dirigirse hacia las cercanías de Konoha. La misión era simple: encontrarlo, neutralizarlo y regresar con pruebas de su muerte.

Nada más. Pero Koga sabía que el taijutsu nunca debía subestimarse. El sonido de un pájaro levantando el vuelo hizo que se detuviera sobre una rama gruesa. Entrecerró los ojos al percibir algo extraño entre la quietud del bosque: un movimiento, apenas una perturbación en la espesura. Descendió al suelo y se agachó, observando las huellas marcadas en el barro. Eran profundas, recientes y pertenecían a un hombre de gran tamaño. El rastro seguía hacia el norte, perdiéndose entre raíces y arbustos.

Emprendió la persecución sin perder tiempo. Durante casi una hora siguió aquellas pisadas, atravesando senderos apenas visibles y zonas donde la maleza era tan espesa que la luz desaparecía por completo. Finalmente llegó a un pequeño claro. Allí estaba el bandido. Era un hombre corpulento, de hombros anchos y brazos cubiertos de cicatrices, sentado sobre una roca mientras terminaba de comer algo que parecía un trozo de carne seca. Levantó la vista apenas percibió la presencia del shinobi y una sonrisa burlona apareció en su rostro.

— ¿Un niño? ¿Konoha manda niños ahora?

Koga permaneció inmóvil, con la mirada fija en él.

— Tu camino termina aquí.

La sonrisa del hombre se ensanchó todavía más.

— ¿Ah, sí?

Se puso de pie y entonces fue evidente que era incluso más grande de lo que Koga había imaginado. Dio un paso adelante y luego otro mientras sus nudillos crujían con un sonido seco.

— Entonces ven.

No hubo más palabras. El hombre salió disparado de repente y su velocidad resultó sorprendente para alguien de su tamaño. En un instante ya estaba frente a Koga, lanzando un puñetazo directo a su rostro. El joven se inclinó hacia atrás y el golpe pasó a escasos centímetros de su nariz, pero un segundo impacto llegó desde abajo, dirigido a las costillas. Lo bloqueó con el antebrazo y aun así el choque le hizo retroceder varios pasos. Era fuerte. Muy fuerte.

El bandido sonrió al ver su reacción y continuó el ataque sin darle tiempo a reorganizarse. Patadas, codazos y puñetazos comenzaron a caer uno tras otro con una agresividad brutal. Koga se vio obligado a esquivar y retroceder entre los árboles, incapaz de encontrar una apertura inmediata. El hombre peleaba como una bestia, y cada golpe parecía tener la intención de romper huesos y aplastar órganos.

Finalmente, una patada alcanzó el hombro de Koga y lo lanzó contra un tronco. La corteza crujió detrás de él y el bandido avanzó de inmediato, convencido de que tenía la victoria al alcance de la mano.

— ¡Eso es todo lo que tienen los shinobi!

Koga levantó la mirada y entonces una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Había conseguido exactamente lo que quería. El enemigo estaba donde necesitaba que estuviera.

Sus manos realizaron un sello y la sombra bajo sus pies se estremeció. Se deslizó sobre el suelo oscuro del bosque como una serpiente negra, extendiéndose rápidamente entre las raíces y las hojas caídas. El bandido apenas llegó a verla y, para cuando comprendió que algo se acercaba, ya era demasiado tarde.
La sombra se lanzó hacia él y luego se alzó de manera repentina. La oscuridad tomó forma, endureciéndose hasta convertirse en una punta negra, una estaca nacida de la propia penumbra del bosque. El pico de sombras atravesó el costado del hombre con un sonido húmedo y detuvo de golpe su avance.
Los ojos del bandido se abrieron de par en par.

— ¿Qué...?

El impulso de su carrera murió allí mismo. Un hilo de sangre descendió por sus labios mientras miraba la herida con absoluta incredulidad. La sombra seguía atravesándolo. Koga se incorporó lentamente.

— Los enemigos que sólo miran las manos de un shinobi olvidan observar el suelo.

El bandido intentó dar un paso, pero las fuerzas comenzaron a abandonarlo. Cayó de rodillas y luego se desplomó hacia adelante, inmóvil. El bosque recuperó el silencio y sólo quedó el murmullo de las hojas agitadas por una ligera brisa.

Koga permaneció observándolo durante unos segundos más. La misión exigía una prueba. Se agachó junto al cadáver y tomó una de las pulseras de cuero que el hombre llevaba en la muñeca, además de la pequeña daga que colgaba de su cinturón. Después comprobó que ya no respiraba, y terminó por tomar su cabeza. La sombra regresó lentamente a sus pies y el joven exhaló con calma. No había sido un combate largo, pero sí peligroso; de haber recibido de lleno alguno de aquellos golpes, el resultado podría haber sido muy distinto.

Miró hacia el cielo y descubrió que el sol ya comenzaba a descender. Era hora de regresar. Cuando las puertas de Konoha aparecieron ante él, la noche ya había caído. Los guardias le permitieron el paso tras identificarlo y Koga se dirigió directamente al edificio de administración de misiones. Las luces seguían encendidas en varias oficinas. Un chūnin encargado de recibir los informes levantó la vista al verlo entrar.

— ¿La misión?

Koga colocó la pulsera, la daga y la cabeza sobre el escritorio.

— Objetivo neutralizado en el Bosque de la Muerte. Especialista en taijutsu. No hubo más implicados.

El encargado de esos registros examinó los objetos y asintió antes de tomar un pincel y comenzar a escribir.

— ¿Sufriste heridas?

— Nada grave.

El hombre terminó de redactar el informe y selló el documento con un golpe seco.

— La misión queda registrada como completada.

Hubo un breve silencio. Finalmente, Koga inclinó ligeramente la cabeza y se dio media vuelta. Mientras abandonaba el edificio, el cansancio empezó a hacerse sentir en sus músculos. Sin embargo, una pequeña satisfacción permanecía en su interior. Uno de los cinco bandidos ya no llegaría jamás a las puertas de Konoha, y esa noche, al menos, la aldea dormiría un poco más segura.
[Imagen: RoaK1gc.png]
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23-06-2026, 03:08 PM
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MISIÓN REVISADA. RECOMPENSAS ASIGNADAS

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