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Lazos fuertes, golpes fuertes.
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza44(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud11
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
420
435
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22-06-2026, 02:20 AM
El verano caía sobre Konoha con esa pesadez que solo esa época del año sabía traer. El sol pegaba directo sobre los techos de tejas, sin piedad, y el aire caliente se quedaba flotando entre las calles sin ninguna intención de moverse. Algunos comerciantes ya habían sacado toldos improvisados sobre sus puestos, otros simplemente cerraban temprano, resignados a que nadie quisiera comprar nada bajo ese calor. Hasta los perros de la aldea preferían quedarse tirados a la sombra antes que moverse un metro de más.

En el distrito Uchiha, las calles estaban más vacías de lo normal. Un mensajero caminaba entre las casas con paso cansado, secándose el sudor de la frente cada pocos pasos, revisando direcciones en un papel arrugado que llevaba en la mano. Se detuvo frente a una de las viviendas, buscó el buzón correspondiente y, sin mucha ceremonia, dejó caer un sobre adentro antes de seguir camino hacia la próxima entrega, ansioso por terminar la ronda y volver a cualquier lugar con sombra.
Dentro del sobre, la carta esperaba a ser leída.



Carta
[Imagen: content.png?ex=6a39ec77&is=6a389af7&hm=9...e47d2a949&]


Del otro lado de Konoha, lejos del ruido de las calles y los puestos del mercado, el bosque Senju mantenía esa quietud particular que solo los árboles más viejos sabían ofrecer. Raizen estaba sentado sobre un tronco caído, con las piernas estiradas y la espalda apoyada contra una rama gruesa que sobresalía hacia atrás. Amaru dormitaba a su lado, panza arriba, completamente entregado al sol que se filtraba entre las hojas.

La luz caía justo sobre su cara, cálida, sin el peso agobiante del calor que castigaba el resto de la aldea. Ahí, bajo la sombra de las copas, el verano se sentía distinto. Más amable. Raizen tenía los ojos entrecerrados, mirando el cielo a través del entramado verde de las hojas, ese tono particular que el bosque solo mostraba en esa época del año.

— Qué lindo sería ser una hoja... — murmuró, casi para sí mismo, sin esperar que nadie lo escuchara. — Sin nada que hacer y sin hambre.

Lo dijo con una calma placida, sin pensar mucho lo que decía. Amaru abrió un ojo ante el sonido de su voz, lo miró un segundo, y volvió a cerrarlo sin darle mayor importancia al comentario.
A su costado, sobre el tronco, descansaba una cajita de madera abierta con seis onigiris cuidadosamente acomodados adentro, todavía con la forma triangular bien marcada y el alga envolviendo cada uno en su lugar correspondiente. Los había hecho él mismo esa mañana, con más entusiasmo que técnica, pero el resultado había salido lo bastante decente como para sentirse orgulloso.

Raizen sonrió sin razón aparente, esa sonrisa tranquila que solo aparecía cuando realmente no tenía nada de qué preocuparse por un rato. Esperaba que la carta llegara a tiempo, que Kana todavía se acordara de ese rincón del bosque donde tantas veces se habían escapado de chicos para comer a escondidas, lejos de cualquier adulto que les dijera que entrenaran en cambio. Por ahora, solo quedaba esperar. Y bajo esa sombra fresca, esperar no era tan mala idea..
Kana
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia60(3)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo10
580
495
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24-06-2026, 07:34 AM
El interior de la casa de Kana se podía definir como un horno de herrería, o no tanto, pero se entiende. El calor en el interior era bastante alto, la Uchiha estaba sola ahí, ninguno de sus padres estaba en casa, seguramente habrían salido por una misión ninja, era la costumbre, y también tenían el mal hábito de no avisar o por lo menos tomarse la molestia de dejar una carta.

La muchacha caminaba por la casa, haciendo un poco de sus deberes de limpieza, de vez en cuando se limpiaba las pequeñas gotas de sudor que caían desde su frente con la manga de la tela de su uniforme. Todo transcurría con total normalidad, como un día cualquiera, hasta que el ruido del buzón de fuera rompió con toda esa monotonía. La atención de Kana entonces se desvió en esa dirección, aunque desde el interior no podía verlo, sabía que había algún correo esperando ahí a ser abierto, o una carta para ser leída.

Las misiones de la joven de cabellera azabache a veces llegaban de esa forma, escritas en un papel que caía directamente en el buzón de la casa — ¿Misión? ¿Ahora? ¿Con este calor? — Se dijo mientras movía las piernas para salir al exterior, ahí donde el sol golpeaba peor que un ninja de Kirigakure. Se dirigió hasta la cajita y la tomó, sus ojos, negros como su cabello, miraron a su alrededor, nada, calles vacías — Parece que no soy la única que no soporta este sol — Y finalmente metió su mano para tomar el correo y volver al interior de su casa. Ahí, sus dedos se movían entre los sobres, en varios de ellos estaba escrito el nombre de sus padres, y justo cuando estuvo a punto de soltar el correo sobre la mesa, leyó su nombre en uno de esos sobres sellados. Pero aquel no parecía un aviso de misión, sino una carta casual.

La curiosidad invadía los sentidos de Kana mientras abría aquel sobre y una vez accedió a su interior no demoró en leer el contenido de la carta — Raizen… — Susurró una vez terminó de leer. Hacía algo de tiempo que no hablaba con él, tampoco lo había visto salvo de lejos. Sus mejillas presentaban un sonrojo apenas visible que apareció luego de haber leído esa parte “donde comíamos onigiris a escondidas” — No era a escondidas — Pero mientras más se lo negaba más difícil se volvía el no pensar en esos momentos.

La Uchiha se preparó para salir y simplemente se fue, dejando a la mitad sus tareas domésticas, ya habría tiempo después para encargarse de ello.

El bosque Senju, un sitio al otro lado de Konoha, un poco lejos del Distrito Uchiha, el lugar de reunión. Los recuerdos de Kana de aquel lugar estaban frescos en su memoria, ¿cómo olvidarlo? Si ahí pasaba sus tardes años atrás con el chico Sarutobi, el tercero de cuatro hermanos y con la peculiar característica de su cabello bicolor.

La Uchiha no tardó en encontrar el lugar y acercarse de forma lenta y serena hasta el tronco donde descansaba Raizen. Su mirada, como siempre, ya estaba escaneando el lugar, y en eso pudo ver la cajita a un lado del joven, una parecida a las cajitas donde guardaban esos onigiris, y vaya cosa que la nueva caja albergaba esta comida en su interior. Ahí, el calor ya no era tan abrasador como las llamas de los Uchiha pues las sombras proyectadas por las copas de los árboles los protegían de los rayos del sol.

— Y aquí estamos de nuevo… — Fueron las palabras que salieron de sus labios cuando se encontró a escasos centímetros del tronco donde Raizen esperaba. Acompañadas de la típica voz seria, propia de ella — Ha pasado tiempo. — De reojo, visualizó la figura de Amaru y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro — ¿Qué tal has estado? — Una charla casual antes del tan esperado entrenamiento.
Hablo / Pienso
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza44(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud11
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
420
435
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25-06-2026, 06:08 PM
Los rayos de sol, el calor agradable y la quietud del bosque ya empezaban a arrastrar a Raizen hacia el sueño cuando una voz femenina apareció a pocos metros de él. El susto lo hizo saltar en el lugar, abriendo los ojos de golpe para encontrarse directamente con la mirada de Kana. Amaru, por su parte, ya tenía los ojos clavados en los onigiris con total gula, hasta que notó a la recién llegada saliendo del bosque y la saludó con su manito, sin abandonar del todo su concentración en la comida.

— Nunca voy a poder adivinar cuándo llegás, Kana.

Soltó un suspiro que terminó de calmarlo, y desde el suelo se incorporó con un movimiento simple del cuerpo hasta quedar parado y listo. Por educación, se pasó las manos por la ropa para sacarse la tierra encima, y después se acercó a ella con una sonrisa que le iluminaba toda la cara, casi compitiendo con el propio sol.

— Sí, desde la graduación que no nos vemos. No te veo con la bandana puesta.

Sus ojos se posaron un segundo en ella, buscando el protector si lo llevaba puesto, aunque él tampoco lo usaba en ese momento. El brazalete de tela roja en su brazo ya cumplía esa función como genin de Konoha, aunque en teoría debería llevar el que le habían dado en la Academia. También notó otros cambios en ella, sutiles, producto de los meses que habían pasado sin verse. Le causó algo de gracia descubrir que ahora sonreía apenas con la sola presencia de Amaru, al igual de ser muy linda ante sus ojos.

— Pues... bien — respondió a su pregunta, con un dedo apoyado en el labio mientras pensaba qué más agregar. Dio un par de pasos hacia atrás, estirando los brazos con una flexibilidad que parecía no costarle ningún esfuerzo.

— A ver, antes me podía escapar de los entrenamientos sin problema, con Mayura o con vos. Ahora me obligan, por un tema de seguridad y orgullo del clan.

Lo dijo con un tono que sonaba a enojo, aunque se disolvía rápido entre la alegría natural de su voz.

— Y ahora que volvió mi hermano, anda un poco agresivo, con ganas de que entrene con él y de que busque entrenamiento con más gente porque dice que soy débil. ¡Lo cual es mentira! Si fuera débil no sería tan amable, eso lo tengo en las venas.

Su risa delató un poco la incomodidad de volver a pensar en eso, y giró la cabeza para mirar de nuevo a su amiga. Amaru entendió la señal apenas cruzó miradas con él, y corrió hasta Raizen para subírsele por el cuerpo y acomodarse en su hombro de siempre.

— Traje onigiris. ¡Hechos por mí! No me vas a creer, pero te juro que salieron muy ricos. — Señaló la cajita a su lado con una sonrisa orgullosa. — Si terminamos el entrenamiento, comemos. Y si me ganás, vamos por un helado. Con este calor, se lo merece cualquiera.
[Imagen: rzcjrdo.png]
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