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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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[Misión rango E] ¡Drenaje atascado! Ayuda
Alex Arceo
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21-06-2026, 06:12 AM
70 Verano del 150
Fortaleza Shoseki



No era una sorpresa que en la aldea oculta en la niebla se hubieran sentado las mejores tecnologías en cuanto al flujo y control de los líquidos que si bien alimentaban a la tan concurrida ciudad, así como lograban llevar a buen flujo los desechos que de esa transformación se generaban, la ingeniería tras de esto escapaba la compresión metódica, física y espiritual que los ninjas solían enfocar en sus vidas… ¿Por qué te llenaría el corazón hacer cálculos para que cierta cantidad de agua que entra pueda ser transportada sana y salva fuera de la aldea? Solo los ingenieros entendían aquello y en realidad, realmente, era por ellos que esta maravilla de la tecnología podría proveer la seguridad que se necesitaba a la niebla.

Nuestro personaje había recibido de manos de la bella Aiko unos planos de las alcantarillas de la villa, realmente todo “podía ser” una entrada, cualquier alcantarilla a diferencia de las creencias comunes se comunicaba a un foso, habilitado por una escalera marina y un estrecho espacio suficiente para bajar dos personas de ser necesario.

El mapa daba total libertad al muchacho de escoger cual alcantarilla seleccionar, básicamente se respetaba la lógica de “todos los caminos llegan a Roma” pero este Roma, era el vaso regulador y al parecer estaba a punto de reventar.

Las alcantarillas de la niebla son túneles precisos de ladrillo musgos, ratas y demás animales se pasen por ahí, se podría decir que existen dos banquetas donde puede pasar solo una persona, con un barandal de acero, al centro el “rio” de todo lo que pueda viajar por el liquido vital… este, algunas veces inocuo por ser de lluvia, otras amarillento y pútrido por ser desechos… el vaso regulador se puede decir que es un gran túnel donde 20 o más túneles colindan, la única diferencia es que este gran túnel tiene una “reja” que por así decirlo filtra los desechos mas grandes para no dejarlos pasar… al momento, esta tapado, poco fluye y el olor comienza a ser insoportable.

Al llegar al vaso regulador tal y como lo señala el mapa, existirá una caseta de maquinas la cual solo cuenta con una manivela… al parecer eso abre la reja, pero cuidado, debido al peso y cantidad de basura, básicamente usar la manivela podría causar problemas que no se desean… no al menos el día de hoy, aquella manivela mide tres metros de diámetro y la gran reja mide unos diez metros de diámetro, todo se conecta por puentes para el paso “físico”.
Kishue
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21-06-2026, 09:50 PM
Antes de hablar de Kishue en el drenaje de la aldea, deberíamos hablar un poco de cómo llegó a dicho lugar. Todo empezó en la oficina de Aiko Hozuki, la ingeniera hidráulica de Kirigakure, una mujer de suma importancia en la aldea por el trabajo que realiza y a quien Kishue le debe mucho respeto, no solamente por su cargo, sino por lo capaz que es y por hacerle entender la importancia de su labor dentro de la aldea. Básicamente, sin ella, la aldea estaría cientos de metros bajo el agua, o al menos eso es lo que Kishue piensa cada vez que escucha hablar de tuberías, compuertas, drenajes y sistemas de presión.

La relación entre Kishue y Aiko no era cercana en un sentido familiar o afectivo, pero sí existía entre ambos una dinámica bastante clara. Ella era una adulta con una responsabilidad enorme sobre sus hombros. Kishue, por otro lado, era un joven shinobi que había aprendido a obedecer, observar y actuar, aunque su curiosidad natural muchas veces lo llevara a prestar más atención de la que quizás otros chicos de su edad prestarían. No veía a Aiko solamente como una superior o como una ingeniera importante, sino también como una persona que representaba una clase de fuerza distinta a la que se enseñaba en la academia ninja.

Quizás por eso él la trataba con tanto respeto. No era solamente porque tuviera autoridad sobre aquella tarea, ni porque su apellido Hozuki tuviera peso dentro de la aldea, sino porque Kishue había aprendido de ella que incluso los trabajos más sucios podían tener una importancia enorme. Para un niño normal, limpiar un drenaje podía ser un castigo o una tarea desagradable. Para un shinobi de Kirigakure, en cambio, podía ser una misión de mantenimiento, prevención y servicio. Y aunque sonara raro hablar de profesionalismo con un chico de 12 años, el cargo de Kishue ya no era el de un niño común, sino el de un adulto responsable en formación. Una vez la banda de la aldea estaba puesta en su frente —figurativamente hablando, porque generalmente la llevaba en su cintura—, ya no era un niño más, sino un miembro importante de la aldea, encargado de su protección y de que todo funcionara como debía ser.

Por esa razón, cuando Aiko le asignó aquel trabajo, Kishue no lo tomó como una simple orden molesta, ni como una burla hacia su reciente posición como shinobi. Lo tomó como una tarea necesaria. Tal vez no era gloriosa, tal vez nadie escribiría una historia sobre un drenaje desbloqueado, pero si Aiko Hozuki decía que aquel drenaje debía limpiarse, entonces para Kishue significaba que ese drenaje tenía una importancia real. Y si tenía importancia para la aldea, entonces también la tenía para él.

Con los planos de las alcantarillas en mano, Kishue se paseó por la aldea buscando la entrada más cercana hacia el vaso regulador. Para los que no saben, es un depósito temporal de agua que —como la palabra lo dice— regula la cantidad que entra por las alcantarillas para evitar inundaciones u otros desastres, permitiendo el paso del agua de manera controlada. Es fundamental para un lugar como Kiri, donde la lluvia es constante y la cantidad de agua que rodea la aldea debe ser cuidadosamente vigilada para evitar que cualquier desastre natural, como inundaciones o maremotos, afecte a la aldea; tarea que esta vez fue puesta en manos de Kishue.

Mientras otros ninjas podrían burlarse o menospreciar su trabajo, Kishue entendía que, en ese momento, su labor podía ser de mayor importancia que cuidar a cualquier político o aristócrata. Después de todo, si el depósito llegaba a rebalsarse, la aldea entera podría quedar sumergida bajo el agua y convertirse en la Atlantis. Para los que no saben, es una ciudad perdida debajo del agua, producto de probablemente una mala gestión del sistema de drenaje.

Es broma. Probablemente fue algo inevitable en la historia de la ciudad perdida.

Una vez Kishue ingresó al alcantarillado, tras caminar por sus pasillos, observar su infraestructura y el caudal una idea pasó por su cabeza, el cuerpo humano, es como si el alcantarillado de la aldea, o de cualquier lugar realmente, fuese las venas de la ciudad pasando por todo el sistema recogiendo en este caso el agua para depositarla en algún sitio y ahora el vaso regulador es el corazón y la obstrucción es como si hubiese una vena obstruida, al inicio no importa mucho, el flujo es menor la presión es más alta o baja dependiendo, pero una vez las venas están completamente obstruidas el resto del cuerpo se enferma y al final el sistema completo colapsa, así mismo pasaría con el sistema de drenaje de la aldea cuando ya no haya paso, el vaso regulador colapsa y la ciudad entera se inunda, se enferma y muere. Un drenaje bloqueado no era tan distinto a una arteria obstruida: si el flujo se detenía, todo lo demás empezaba a enfermar.

Una vez Kishue ingresó al alcantarillado, tras caminar por sus pasillos, observar su infraestructura y seguir con la mirada el caudal que corría a sus pies, una idea pasó por su cabeza: el cuerpo humano. Era como si el alcantarillado de la aldea, o de cualquier lugar realmente, fuese las venas de una ciudad, extendiéndose por todo el sistema y recogiendo, en este caso, el agua para depositarla en algún sitio. El vaso regulador era el corazón, el punto donde todo se reunía y desde donde el flujo debía mantenerse estable. La obstrucción, entonces, era como una vena tapada. Al inicio no parecía importar mucho; el flujo era menor, la presión cambiaba, a veces subía y otras parecía perder fuerza, pero una vez las venas estaban completamente obstruidas, el resto del cuerpo empezaba a enfermar. Al final, el sistema completo colapsaba. Así mismo pasaría con el drenaje de la aldea cuando ya no hubiera paso: el vaso regulador colapsaría y la ciudad entera se inundaría, se enfermaría y moriría. Un drenaje bloqueado no era tan distinto a una arteria obstruida; si el flujo se detenía, todo lo demás empezaba a enfermar.

El agua que corría por aquel lugar no era limpia ni tranquila. Se movía con un color oscuro, mezclada con tierra, hojas podridas y pequeños residuos arrastrados desde las calles de Kiri. En algunas zonas avanzaba con fuerza, golpeando las paredes de piedra y produciendo un sonido constante, como una respiración pesada dentro del cuerpo de la aldea. En otras, el movimiento era más lento y espeso, casi como si el agua dudara antes de continuar, atrapada por algo más adelante. Kishue observó aquello con atención, no solo mirando la superficie, sino también la manera en que el caudal se deformaba al pasar por ciertos puntos, cómo se acumulaban pequeñas burbujas cerca de las esquinas y cómo algunos restos giraban en círculos antes de ser tragados por la corriente.

El olor era, por supuesto, desagradable. Una mezcla de humedad vieja, barro, agua estancada y residuos que llevaban demasiado tiempo atrapados en un lugar donde no debían estar. Kishue frunció la nariz apenas entró, pero no retrocedió. Era un olor pesado, de esos que parecían pegarse a la ropa y meterse en la garganta si uno respiraba demasiado fuerte. Aun así, trató de mantener la calma. Después de todo, si podía soportar entrenamientos de Kirigakure, golpes, cansancio y órdenes estrictas, no iba a dejar que un mal olor venciera su concentración. Aunque, siendo sincero consigo mismo, pensó que tal vez prefería recibir un golpe antes que respirar aquello durante demasiado tiempo.

Mientras avanzaba, fue notando residuos más grandes acumulados cerca de las rejillas internas: ramas quebradas, piedras pequeñas, trozos de madera húmeda, telas enredadas y basura que probablemente había sido arrastrada por la lluvia. No todo estaba bloqueando el paso por completo, pero sí lo suficiente para alterar el flujo. Kishue se agachó, observó la dirección del agua y trató de imaginar el sistema como si estuviera viendo un cuerpo desde dentro. Si retiraba lo incorrecto primero, tal vez la presión empujaría el resto con demasiada fuerza. Si esperaba demasiado, la acumulación seguiría creciendo. No bastaba con meter la mano y sacar lo que encontrara; había que entender cómo se estaba comportando el agua.

Para él, aquello también era parte de ser shinobi. No siempre se trataba de correr, atacar o obedecer sin pensar. A veces obedecer significaba estudiar bien el problema antes de actuar, porque una mala decisión podía empeorar incluso una tarea sencilla. Kishue respiró con cuidado, sujetó mejor los planos para evitar que se mojaran y miró hacia el tramo donde el sonido del agua parecía cambiar. Allí la corriente no rugía igual. Allí el flujo golpeaba, se comprimía y buscaba espacio como si algo le estuviera cerrando el camino.

—Entonces ahí está el problema... —murmuró, más para sí mismo que para alguien más.

Y aunque la situación no tenía nada de heroica, Kishue sintió que había encontrado el primer indicio importante. La aldea respiraba a través de esos canales, y si una de sus venas estaba enferma, entonces su trabajo era abrir el paso antes de que el corazón se ahogara, en este caso el problema reside en el corazón, justo donde el vaso regulador dispersa el agua hacia el resto de los drenajes, su trabajo, limpiar la sección sin causar un daño mayor. ¿Cómo lo haría? Es lo que Kishue tiene que averiguar con sus conocimientos y razonamiento.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
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V090: Disciplina Ascética

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V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
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23-06-2026, 02:38 AM
El área era tal y como se esperaría de una alcantarilla con estructura de catacumba, simplemente era tétrica, húmeda y apestosa. Seria contrastante pensar que clase de personas apreciaban este tipo de mega construcciones y tecnologías relacionadas mas que al flujo del agua, al servicio de la aldea.

El torrente, así como lo había deducido Kishue en efecto era ofuscado por algo dentro del agua, pero claro, no era ni sanitario ni correcto que simplemente se lanzara al agua para actuar como destapador humano… ¿verdad?
El agua hacia tal y como analizaba el pequeño genin, su nariz que contaba con una gran capacidad de detección le vería afectada la capacidad de mantener el olfato a gusto, el olor era penetrante de por si y para ese muchacho… más.
Pero algo que si le recompensaban sus sentidos era el sonido del agua, por los lugares que pareciera no existir ningún problema el sonido era limpio y de flujo, unas cuantas ratas, pero nada más.
El gran diferencial se encontraba en el vaso regulador, cercana a esas rejas y esa manivela del sistema mecánico de apertura completa, ahí el sonido era de presión, pero a la vez de goteo… ¿era que había cosas tan grandes en los desechos mezclados con agua de lluvia que realmente habían tapado ya el sistema?
De repente y sin nada de aviso, unas ramas y maderas aparecieron a las espaldas del joven y estas se mantuvieron flotantes en el agua hasta encontrar equilibrio, en ese equilibrio, comenzarían a girar y girar pero realmente no “bajaban”, era como si aquello le indicara al chico donde aún existía succión y donde no, pero de un momento a otro, un gran sillón corroído por no sé qué cosa aparecería y aun manteniendo su flotabilidad al llegar a aquel punto de equilibrio… este se hundiría repentinamente.


[Imagen: MTPFBz1.png]

Grandes sonidos de maderas crujientes pero hundidas retumbarían en el espacio y poco a poco, el sonido de antes del “flujo” del agua y el goteo, comenzarían a aminorarse, aparecerían mas tablas, maderas, retazos de tela y todo, estaría enfocado en hundirse en aquel vaso regulador hasta que de repente… ya no hubo movimientos.
Aquel sonido de “flujo” se había detenido y ahora, solo teníamos paz… una inquietante paz… una alarma comenzó a sonar en las alcantarillas, lejana pero una alarma al fin.
Kishue
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05-08-2026, 09:19 PM
Última modificación: 06-08-2026, 03:35 AM por Kishue.
Kishue antes de tomar acción, analizaría la situación, de pie a un costado de la corriente de agua observaba todo lo que no debería de recorrer por ese sitio y qué es lo que sí, pero cada cambio o diferencia le daba las respuestas necesarias, dónde estaba corriendo el agua y dónde no, y si corría cómo corría, fuerte o débil. Todo lo que sucedía con el agua le daba un panorama de lo que está pasando y por qué está dando problemas. Ramas, objetos que no deberían de estar circulando por estos sitios estaban probablemente causando un atasco en aquellos filtros que seguramente ya no lograba sostener la basura y separarla de los líquidos y ahora está tan tapado que ni siquiera el agua, un estado tan maleable de la materia, logra pasar con fluidez.

El lugar si bien era fétido y los sentidos de Kishue son agudos, es lo suficientemente profesional; más allá de ser un niño de 14 años (que realmente en esta época no se consideran niños), su oficio y su rápida necesidad de madurar le hizo ser una muralla férrea de emociones, lo que le gusta o no le gusta no lo va a demostrar en sus facciones faciales. Para que este tipo de situaciones no afecten su juicio ni sus acciones, continuó analizando con tranquilidad la situación, ahora escuchando con claridad de dónde proviene y qué tan fuerte viene la corriente de agua, curiosamente las cosas se estaban calmando un poco lo que le indica que tiene poco tiempo para actuar.

—Parece ser que puede haberse tapado en otro sitio y podría incluso venir una avalancha de agua... Será mejor que nos apresuremos Mekka (el nombre del pez). —el pez bailó en su esfera inquieta. —Ya lo sé, ya lo sé, ya voy.

El agua se quedó quieta rápidamente indicando que la salida de agua quedó completamente colapsada, y actuar es necesario, pensar más ya es avaricia o las cosas podrían salirse de control, sobretodo porque ya la aldea dio una alarma de colapso. ¿Se estará inundando ya afuera? Es posible.

De los brazos, piernas, cuello, rostro y todo lo que antes era piel, se recubrió de duras escamas que parecen pequeños dientes, o una lija, sus características de tiburón se hicieron presente al formarse pequeñas branquias en su cuello, sus dientes se afilaron y endurecieron completamente además de en lugar de ser blanco se tornó de un color azul oscuro tirando a gris. La transformación no duró más de un segundo y Kishue no demoró en absoluto en abalanzarse hacia el agua, su hábitat natural, su velocidad de nado es incluso mayor a la de tierra, con precisión y sin dificultad nadó hacia los escombros y materiales.

El agua estancada no oponía resistencia a su nado, pero tampoco lo ayudaba en nadar hacia su objetivo, pero no tardó demasiado en alcanzar aquél enorme sillón. ¿Cómo llegó eso ahí? No es momento de responder preguntas, sino de solucionar el problema, Kishue con sus garras y sus dientes empezó a destrozar el sillón en partes mientras con sus manos retira la basura que estanca la salida de agua, tirándola fuera del agua lo más rápido que puede. Al liberar un espacio el agua empezó a bajar con presión que le dificultaba a Kishue mantenerse, pero se sostuvo de una orilla mientras los materiales se empiezan a mover en el remolino, poco a poco fue retirando a tironazos los objetos para evitar que se vuelva a tapar, tendría que aguantar unos minutos hasta que el agua se regule y vuelva a caer a un paso más normal y poder retirarlo todo con mayor facilidad, mientras tanto Kishue solo se esmera en que los escombros no vuelvan a tapar completamente el agujero.

Una vez se regula, termina de coger las ramas, objetos indeseados y el mueble del regulador hacia la orilla.
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12-08-2026, 02:19 PM
El trabajo de Kishue tuvo el efecto que buscaba. El sillón terminó cediendo bajo sus dientes y garras, convertido en fragmentos lo bastante pequeños para poder apartarlos, y con cada rama, tabla y retazo que desaparecía de la abertura el agua recuperaba una salida que llevaba demasiado tiempo negándosele. Primero fue apenas un hilo entre los desperdicios, luego una corriente más firme y finalmente un tirón repentino que arrastró hacia el fondo todo aquello que todavía flotaba alrededor del vaso regulador. El nivel comenzó a descender varios centímetros y aquel silencio inquietante que había acompañado a la alarma desapareció bajo el estruendo del agua moviéndose otra vez. Kishue había acertado con el origen principal del problema; la acumulación que había encontrado era, efectivamente, la responsable de que el sistema hubiera dejado de drenar.

Sin embargo, al bajar el nivel quedó expuesto algo que hasta entonces había permanecido oculto bajo el agua sucia. La enorme reja de filtrado no estaba completamente libre. En su parte inferior se había formado una masa compacta de telas, raíces, cuerdas y desperdicios pequeños que el sillón había presionado durante quién sabía cuánto tiempo contra uno de sus extremos. No bloqueaba ya el paso del agua, pero sí había atrapado una de las piezas metálicas que conectaban la reja con el sistema de apertura de la caseta. Cada vez que el caudal atravesaba aquella zona, el mecanismo daba un tirón seco y la gigantesca manivela de tres metros respondía con un pequeño movimiento involuntario. Desde dentro de la pared comenzó entonces a escucharse un rechinar profundo, seguido por el golpe repetido de algún engranaje intentando girar sin conseguirlo.

Fue entonces cuando llegó la consecuencia de haber recuperado el drenaje. Toda el agua que había quedado acumulándose en los conductos superiores comenzó finalmente a encontrar camino hacia el vaso regulador. El primer golpe apareció por uno de los túneles laterales como una corriente mucho más fuerte que las anteriores; después llegó otro desde el conducto opuesto, y en pocos segundos el nivel que había comenzado a descender dejó de hacerlo. No se trataba de una nueva obstrucción, sino del sistema entero vaciándose hacia allí de golpe después de haber permanecido represado. La reja soportó el primer impacto, aunque uno de sus extremos se desplazó unos centímetros con un crujido metálico. La basura atrapada en el mecanismo se tensó todavía más y la manivela giró casi un cuarto de vuelta por sí sola antes de detenerse violentamente.

La alarma seguía sonando, pero ahora su ritmo había cambiado. El drenaje volvía a funcionar y la mayor parte del atasco estaba fuera; lo único que impedía que el sistema regresara por completo a la normalidad era aquella última tensión sobre la reja y su mecanismo de apertura. Con cada nueva oleada procedente de los túneles, el metal volvía a quejarse y el montón enredado alrededor de la pieza inferior se comprimía un poco más. Si aquello cedía mientras toda el agua retenida continuaba llegando al vaso regulador, la enorme reja dejaría de cumplir su función precisamente cuando más presión estaba recibiendo. Kishue había conseguido que el corazón de las alcantarillas volviera a latir. Ahora solo quedaba impedir que ese primer latido terminara rompiéndolo.
Kishue
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14-08-2026, 12:10 AM
El primer golpe de agua sacudió el vaso regulador con una fuerza muy distinta a la corriente que Kishue había estado combatiendo hasta entonces. No era únicamente el agua cercana encontrando por fin una salida, sino todos los conductos superiores descargando aquello que habían retenido mientras el sillón, las tablas y las ramas mantenían obstruido el sistema. El nivel, que apenas había comenzado a descender, volvió a detenerse y el agua golpeó el cuerpo transformado del muchacho desde dos direcciones diferentes.

Kishue giró sobre sí mismo, utilizando las piernas para recuperar el equilibrio antes de chocar contra uno de los bordes. Bajo aquella forma podía nadar con una velocidad y una precisión muy superior a la de una persona común. El agua era su entorno natural y sus branquias le permitían permanecer sumergido sin preocuparse por regresar a la superficie para respirar, pero ninguna de esas ventajas convertía su cuerpo en algo inamovible. La corriente seguía siendo más fuerte que él. Podía atravesarla, resistirla durante algunos segundos y aprovechar sus cambios, pero intentar imponerse directamente sería como pedirle a un pez que detuviera un río empujándolo con la frente, literalmente. Entonces la rejilla crujió...

El sonido atravesó el agua como una vibración grave que Kishue sintió antes de terminar de escuchar. Uno de los extremos metálicos se desplazó varios centímetros y la enorme manivela de la caseta giró por sí sola, deteniéndose con un golpe que hizo temblar los engranajes ocultos en la pared.

Kishue observó la parte inferior de la estructura. Ahora que había retirado el sillón y la mayor parte de los objetos grandes podía distinguir el problema real: telas empapadas, raíces, cuerdas y basura de menor tamaño se habían comprimido alrededor de una de las piezas que conectaban la rejilla con el mecanismo de apertura. El sillón no solo había cerrado el paso. Su peso había presionado todo aquello contra el metal hasta convertir residuos separados en una sola masa endurecida. Era como retirar una piedra de una herida y descubrir que debajo todavía quedaban astillas.

Una nueva oleada entró por el túnel lateral y Kishue tuvo que cubrirse detrás de uno de los soportes. El agua sacudió su gabardina, tiró de sus piernas y empujó los fragmentos que todavía flotaban hacia la rejilla. Extendió una mano para detener un tablón antes de que volviera a encajarse entre los barrotes y lo desvió hacia un extremo donde la corriente pudiera arrastrarlo sin permitirle atravesar el filtro.

—No podemos arrancarlo todo de una vez —dijo, aunque debajo del agua sus palabras se transformaron en un conjunto de sonidos deformados y burbujas—. Si libero la pieza mientras está soportando toda esa tensión, podría abrirse sola.

La pequeña esfera de Mekka continuaba asegurada entre sus ropas. El pez espada se movía con inquietud dentro del cristal, quizá porque había comprendido la explicación o, de forma mucho más probable, porque llevaba varios minutos siendo golpeado de un lado a otro por la corriente. Kishue prefirió interpretar lo primero. Hablar con Mekka solía funcionar así: él exponía una idea, el pez nadaba en alguna dirección y Kishue decidía que acababa de recibir una opinión razonable.

—Sí, ya sé que tampoco podemos dejarla así.

Se desplazó hacia la parte inferior de la rejilla aprovechando el breve intervalo entre dos oleadas. No nadó directamente contra el flujo. Avanzó en diagonal, pasando de un soporte a otro y utilizando las zonas donde los barrotes dividían la corriente. Cada vez que el agua ganaba fuerza, clavaba las garras alrededor del metal y esperaba; cuando la presión disminuía apenas, soltaba una mano y progresaba.

Al alcanzar la masa de residuos comprendió que morderla sin orden solamente empeoraría el problema. Las telas se habían enrollado alrededor de las raíces, las raíces atravesaban nudos formados por varias cuerdas y toda aquella estructura sujetaba la pieza móvil desde ángulos diferentes. Si cortaba primero lo que mantenía el montón unido, la corriente podría arrancarlo completo y hacer que tirase del mecanismo antes de liberarse. Debía desmontar la obstrucción de la misma forma en que se deshacía un nudo, desde los extremos.

Kishue aseguró ambas piernas alrededor de uno de los barrotes verticales y hundió las garras en una tela gruesa. Tiró con cuidado, no hacia él, sino en dirección contraria a la pieza atrapada. La tela no cedió. Estaba tan impregnada de barro y residuos que parecía haberse fusionado con el barrote. Acercó la cabeza y hundió los dientes transformados en una sección alejada del metal. La primera mordida atravesó varias capas, pero no logró separarlas por completo. Tuvo que sacudir la cabeza mientras sostenía el resto con ambas manos. Las fibras se rompieron una tras otra.

Un fragmento quedó libre y la corriente se lo arrebató inmediatamente. Kishue alcanzó a desviarlo con el antebrazo antes de que se enredara más abajo. No podía limitarse a cortar la basura; también tenía que impedir que cada pedazo regresara al mismo sitio. Comenzó entonces a sujetar los fragmentos entre los barrotes de la sección ya despejada, dejándolos temporalmente atrapados del lado seguro. Cuando el caudal se regulara podría retirarlos y llevarlos hasta la orilla.

Repitió el procedimiento con otro tramo de tela y después con una cuerda. Esta última estaba tensada alrededor de la conexión metálica. Kishue deslizó dos dedos bajo ella, comprobó hacia dónde ejercía presión y mordió únicamente el extremo que no sostenía la pieza. La cuerda se soltó de una raíz, azotó el agua como una serpiente y se enroscó alrededor de su muñeca. La corriente tiró.

Por un instante su brazo fue arrastrado hacia la abertura inferior. Kishue cerró la otra mano alrededor del barrote y flexionó todo el cuerpo. La cuerda se tensó hasta hundirse entre las escamas de su antebrazo. No podía cortarla con los dientes sin soltar la rejilla, así que giró la muñeca, atrapó el extremo libre entre sus garras y lo rasgó varias veces hasta romperlo. El fragmento desapareció en la oscuridad del conducto.

—Eso pudo salir mejor —murmuró. Mekka se agitó dentro de la esfera. —También pudo salir peor.

Kishue continuó trabajando. Arrancó puñados de raíces blandas y retiró pequeños desperdicios adheridos entre ellas: mechones de cabello, fibras vegetales, tiras de embalaje y una cantidad de material irreconocible que no tenía interés en examinar. Las garras servían para separar lo flexible; los dientes, para atravesar aquello que se resistía. Cuando encontraba algo enrollado directamente sobre el mecanismo, dejaba de tirar y lo desenvolvía poco a poco para no transmitir más fuerza a la rejilla.

El trabajo era lento, desagradable y agotador. La corriente no mantenía una intensidad constante. Llegaba por golpes, empujándolo contra los barrotes durante unos segundos y aflojando después lo suficiente para permitirle moverse. Kishue comenzó a reconocer el aviso de cada oleada mediante el sonido: primero un rumor distante en alguno de los túneles, luego una vibración grave y finalmente el impacto. Su oído desarrollado seguía siendo útil bajo el agua, aunque allí no percibía los sonidos como en la superficie; los sentía atravesar el líquido, las escamas y los huesos. Cada rumor le daba unos pocos segundos. Cuando lo escuchaba, se aseguraba a la rejilla y protegía la cabeza. Cuando el golpe pasaba, volvía a limpiar.

Así consiguió despejar la mitad superior del nudo y dejó expuesta la pieza metálica atrapada. No parecía rota, pero estaba inclinada por la presión. Una raíz gruesa pasaba por detrás y dos cuerdas tiraban de ella en direcciones contrarias. Kishue estudió el conjunto sin tocarlo. Si cortaba ambas cuerdas primero, toda la fuerza recaería sobre la raíz. Si arrancaba la raíz, las cuerdas podrían hacer girar la conexión. Decidió debilitar las tres de manera alternada.

Mordió una cuerda hasta reducirla a unas pocas fibras, después rasgó parte de la raíz y finalmente repitió el proceso con la segunda cuerda. No terminó de cortar ninguna. Las fue debilitando hasta que la presión comenzó a repartirse por igual entre restos incapaces de mantenerla durante mucho tiempo. Entonces llegó otra oleada.

La rejilla se movió y las fibras comenzaron a romperse por sí solas. Kishue se aferró al metal, dispuesto a intervenir cuando la corriente terminara el trabajo, pero el impacto también sacudió con violencia sus ropas. La correa que mantenía asegurada la esfera de Mekka se deslizó desde su posición. El cristal golpeó su costado, rebotó contra uno de los barrotes y quedó libre. Durante un segundo, Kishue vio la pequeña esfera suspendida frente a él. Después la corriente se la llevó hacia la rejilla.

—¡Mekka!

Soltó una mano y se impulsó pateando una superficie bajo el agua. Sus dedos rozaron el cristal sin conseguir cerrarse a su alrededor. La esfera giró entre residuos pequeños y pasó junto a una abertura demasiado amplia. Si atravesaba la rejilla, terminaría en algún conducto inferior al que Kishue no sabía si podría seguir sin quedar atrapado por la succión. Abandonó su posición y nadó tras ella a toda velocidad.

El agua lo empujaba en la misma dirección, de modo que alcanzar la esfera no era el problema. El problema era detenerse después. Kishue extendió el brazo, recibió un golpe de madera contra el hombro y cerró finalmente ambas manos alrededor del cristal. Protegió la esfera contra su pecho mientras la corriente los arrastraba hacia los barrotes. Giró el cuerpo antes del impacto.

Su espalda chocó contra la rejilla y el aire que todavía quedaba en sus pulmones escapó en una columna de burbujas. Las branquias siguieron trabajando, permitiéndole respirar, pero el golpe dejó un dolor extendido entre los hombros. Mekka nadaba frenéticamente dentro de su prisión transparente.

—Estás bien —preguntó Kishue, observando el cristal para asegurarse de que no tuviera grietas —Yo también. Creo.

El rechinar del mecanismo le recordó que todavía no habían terminado. No podía volver a guardar la esfera de la misma manera. La correa se había soltado y el agua continuaría golpeándola. Kishue desenredó de su ropa una tira resistente, rodeó el cristal dos veces y lo aseguró contra la parte frontal de su torso, debajo de la gabardina. Tiró del nudo para comprobarlo.

—No vuelvas a hacer eso. Mekka respondió nadando en un círculo. —Sé que no fue tu culpa. Déjame estar molesto un momento.

Regresó hacia la pieza inferior con mayor esfuerzo que antes. Haber abandonado la protección de los soportes lo había situado directamente en la ruta del caudal. Avanzó aferrándose a los barrotes, uno después de otro, como si escalara horizontalmente sobre una pared que intentaba arrojarlo hacia el vacío. Al llegar descubrió que la oleada había terminado de romper la primera cuerda. La raíz estaba desgarrada y la segunda apenas conservaba la mitad de sus fibras. Kishue sostuvo la conexión metálica con una mano para impedir que girara libremente y mordió la raíz en el punto que ya había debilitado. Cerró la mandíbula y tiró. La raíz se resistió. Volvió a tirar, acompañando el movimiento con todo el cuerpo. La corriente empujó desde atrás en el mismo instante y la raíz terminó desprendiéndose de la masa con una sacudida. Kishue no la soltó. La enrolló alrededor de su antebrazo y la trabó entre dos barrotes despejados. Solo quedaba la última cuerda.

El mecanismo dio un tirón seco. La manivela respondió desde la caseta y el metal emitió un quejido tan profundo que pareció provenir de toda la estructura. Kishue sujetó la pieza para mantenerla alineada y utilizó las garras de la otra mano sobre la cuerda. No podía acercar los dientes sin abandonar el soporte, así que rasgó una fibra tras otra. La cuerda se rompió. La conexión metálica recuperó su posición con un golpe. La rejilla vibró de arriba abajo, pero esta vez la manivela no giró. El engranaje oculto produjo un último rechinar y después quedó quieto. La obstrucción estaba libre. Eso no significaba que Kishue pudiera marcharse.

Al desaparecer la última masa que deformaba el flujo, el agua encontró una ruta más limpia a través de la sección inferior. La corriente se concentró alrededor del cuerpo del muchacho y lo aplastó contra los barrotes. Sus ropas y hasta los fragmentos de basura retenidos a un lado apuntaron hacia el conducto como si algo enorme respirara detrás de la rejilla. Kishue intentó impulsarse hacia arriba, pero la fuerza lo devolvió a la misma posición. No era momento de competir contra la corriente. El sistema entero estaba vaciando el agua acumulada y tarde o temprano la presión disminuiría; solo tenía que permanecer allí hasta que eso ocurriera. Introdujo ambos antebrazos entre dos espacios de la rejilla y cerró las manos alrededor de los barrotes desde el otro lado. Después acomodó una pierna contra un soporte horizontal y la otra junto a la conexión recién liberada, sin tocarla. La postura era incómoda, pero distribuía la fuerza entre brazos, piernas y torso. Si dependía únicamente de sus dedos, acabarían cediendo. El agua tiró de él.

Kishue apretó la mandíbula y mantuvo la cabeza inclinada. Podía respirar, pero cada golpe hacía difícil conservar el ritmo. Las branquias absorbían el oxígeno del agua mientras residuos diminutos chocaban contra su piel escamosa. No sentía el mismo dolor que habría sufrido con su cuerpo humano, aunque la presión comenzaba a quemarle los músculos. Los minutos se extendieron con la lentitud particular de aquello que duele. Para distraerse imaginó nuevamente las alcantarillas como el cuerpo de la aldea. Él había retirado el bloqueo de una arteria y ahora estaba aferrado a una válvula mientras toda la sangre acumulada intentaba llevárselo. La comparación había resultado mucho más agradable cuando caminaba seco por las banquetas.

También pensó que Aiko probablemente podría explicar todo aquello con palabras técnicas: presión hidráulica, caudal acumulado, tensión mecánica y otras expresiones que hacían parecer razonable que un joven transformado en tiburón estuviera abrazando una rejilla dentro de agua sucia. Kishue habría preferido una explicación más sencilla. No soltarse. Esa era toda la ingeniería que necesitaba por el momento.

—Mekka —dijo entre dientes —Cuando salgamos de aquí vas a necesitar agua nueva. —El pez apenas era visible bajo la ropa, pero la esfera seguía asegurada. —Yo también.

La corriente volvió a golpear y sus garras resbalaron unos centímetros sobre el metal. Kishue corrigió el agarre inmediatamente. No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Podían ser dos minutos o diez; dentro de aquella masa oscura, con la alarma amortiguada y el cuerpo sometido a una presión constante, el tiempo había perdido cualquier medida útil. Sin embargo, los cambios comenzaron a aparecer. Primero dejó de sentir golpes separados. Los conductos ya no descargaban oleadas completas, sino un flujo continuo. Después algunos fragmentos pequeños dejaron de pasar a tanta velocidad. Por último, su gabardina ya no permaneció completamente extendida hacia la rejilla y comenzó a moverse de forma irregular alrededor de sus piernas.

Kishue no se soltó inmediatamente. Esperó un poco más, comprobando que la reducción no fuera solamente el intervalo anterior a otra descarga. Escuchó los túneles. El estruendo seguía presente, pero había recuperado un ritmo uniforme, parecido al que había percibido en los tramos sanos del alcantarillado. Ya no había golpes aproximándose ni vibraciones violentas en el metal. La manivela permanecía inmóvil y la conexión inferior continuaba libre. Soltó primero una mano. La corriente tiró de ella, pero pudo recuperarla sin esfuerzo excesivo. Liberó después una pierna, se impulsó hacia un costado y abandonó finalmente la rejilla. Nadó cerca de los soportes hasta alcanzar una zona donde el flujo perdía fuerza y desde allí ascendió hacia la superficie.

Su cabeza emergió entre agua oscura y restos dispersos. Kishue inspiró por costumbre, aunque no lo necesitaba, y se sostuvo unos segundos en el borde de la banqueta. Luego se impulsó hacia arriba y salió del vaso regulador, dejando que el agua escurriera de sus ropas y de las escamas que todavía cubrían su cuerpo. Antes de hacer cualquier otra cosa revisó la esfera de Mekka. El cristal estaba intacto, su pequeño compañero continuaba nadando y el improvisado nudo había resistido.

—Te dije que lo solucionaríamos. —Mekka giró dentro del agua.

Kishue contempló la enorme rejilla. El caudal la atravesaba sin volver a sacudirla, la pieza inferior ya no permanecía atrapada y el mecanismo había dejado de luchar contra sí mismo. A un lado seguían acumulados los restos que él había retirado: telas, raíces, cuerdas, fragmentos del sillón y toda clase de basura que tendría que sacar del alcantarillado para impedir que terminara regresando con la próxima lluvia. Pero eso podía esperar un momento. Kishue se dejó caer sentado sobre la piedra húmeda, todavía transformado, con los brazos doloridos y la gabardina pegada al cuerpo. La aldea volvía a respirar. Y él, después de haber pasado varios minutos respirando agua sucia, consideró que ambos merecían descansar antes de comenzar la limpieza final. Mientras su cuerpo palpitaba a mas no poder y el agua se mezclaba con su propio sudor, su color de piel fue cambiando a su tono piel natural y sus branquias a desaparecer así como las escamas se volvieron a convertir en piel, vellos y poros, así como sus dientes fueron volviéndose más normales.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Masashi Kishimoto
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14-08-2026, 01:07 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión rango E] ¡Drenaje atascado! Ayuda (TID 13573)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Kishue — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Akimichi Alex — Narrador Oficial (80%): 400 Ryos, 0 Tobis, 28 Exp
  • Kyoshiro — Narrador Oficial (20%): 100 Ryos, 0 Tobis, 7 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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14-08-2026, 01:08 PM
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